Historia de Gibraltar

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Gibraltar fue conocida en la antigüedad como promontorio o monte Calpe (en latín: Mons Calpe), una de las dos míticas columnas de Hércules, y posteriormente renombrada como derivación del árabe Ẏabal Tāriq (جبل طارق), o «montaña de Tariq»,[1] en recuerdo del general Táriq ibn Ziyad, quien dirigió el desembarco en este lugar de las fuerzas del Califato Omeya de Walid I en 711. Integrada en la Corona de Castilla desde la segunda mitad del siglo XV, fue ocupada en 1704 por una escuadra angloholandesa en apoyo del pretendiente Carlos III de España durante la Guerra de Sucesión Española, al término de la cual, fue cedida a la Corona británica en aplicación del Tratado de Utrecht en 1713. Desde entonces, el devenir político de Gibraltar ha sido objeto de controversia en las relaciones hispano-británicas.

Prehistoria[editar]

Existen evidencias acerca del poblamiento del peñón por el hombre de Neandertal. Se encontró un cráneo perteneciente a dicha especie en la cantera de Forbes en 1848, de hecho antes del descubrimiento "original" en el valle de Neander. En 1926, se encontró el cráneo de un niño neandertal en la Torre del Diablo.

Edad Antigua[editar]

Los fenicios visitaron la zona en una época tan temprana como el 950 a. C. Gibraltar y Abila (antigua ciudad y promontorio en la actual Ceuta) formaban las llamadas Columnas de Hércules, que los marineros fenicios marcaron con unas columnas de plata para señalar a los pueblos mediterráneos los límites seguros de navegación.

Aunque es posible que los primeros en navegar por el peñón fueran los fenicios, los antiguos griegos creían que el héroe mítico Hércules abrió el estrecho de un solo golpe para poder unir el mar mediterráneo con el Océano Atlántico para así seguir en busca del ganado de Gerion, rey del pueblo indígena Tartessos en Andalucía, que según cuenta la leyendas helénicas, era un gigante deforme.

Edad Media[editar]

Poco se construyó durante los cuatro primeros siglos de control musulmán. No fue hasta 1160 que el califa almohade Abd al-Mumin ordenó la construcción del primer establecimiento permanente, incluyendo una fortificación. La torre principal de este castillo sigue en pie en la actualidad.

Posteriormente pasó al reino de Granada. En 1309 fue conquistada por Alonso de Guzmán al servicio de la Corona de Castilla y con ayuda de Aragón. Poco después, en 1333 es tomada por los meriníes (conocidos tradicionalmente como benimerines), que habían invadido la España musulmana. En 1374 cae en manos de los nazaríes del Reino de Granada. El 26 de agosto de 1407 una escuadra castellana derrotó a una flota conjunta granadina, tunecina y tremecení. En 1411 los nazaríes tienen que reconquistar la plaza, al rebelarse sus habitantes y pasarse a los benimerines.

Tras un infructuoso intento de conquista en 1436, Gibraltar pasó definitivamente a manos cristianas en 1462, cuando es conquistada por Alonso de Arcos, al servicio del duque de Medina Sidonia, bajo cuyo señorío quedó la plaza, que poco después fue reclamada como dominio realengo por la Corona de Castilla. Aprovechando las turbulencias del reinado de Enrique IV, los Medina-Sidonia tomaron Gibraltar a la fuerza en 1467, apoyándose en una donación del pretendiente "Alfonso XII".

A la muerte de Enrique IV, en 1474, su hermana y heredera Isabel recabó apoyos para cimentar su posición en la Guerra de Sucesión que la enfrentaba con Juana la Beltraneja. Los Medina-Sidonia fueron así gratificados con el Marquesado de Gibraltar (30 de septiembre de 1478). La ciudad permaneció bajo dominio asidonense hasta que los Reyes Católicos suprimieron el título en 1501 y reincorporaron el territorio a los dominios realengos de la Corona de Castilla. Sin embargo, el Duque de Medina-Sidonia intentó de nuevo hacer valer sus derechos sitiando la plaza en 1506.

De Gibraltar era Gonzalo Piña Ludueña, quien fundó la ciudad de Gibraltar en Venezuela en 1592, a orillas del Lago de Maracaibo.

Siglos XVIII y XIX[editar]

Príncipe de Darmstadt Gobernador Austriacista de Gibraltar

Inglaterra y Holanda, eran contrarias a la aspiración de Felipe de Anjou al trono de España, lo que reforzaría el trono francés. En julio de 1702, durante la Guerra de Sucesión Española, llegaron a Cádiz y desembarcaron en Rota y El Puerto de Santa María, pero fracasaron a la hora de tomar las plazas. A su vuelta a Gran Bretaña destruyeron la flota de Indias en el puerto de Vigo, aunque el tesoro que ésta contenía pudo salvarse.

En agosto de 1704, otra escuadra angloholandesa, al mando del almirante Rooke y del Príncipe de Hesse-Darmstadt, se dirigió a Gibraltar. Exigieron la entrega incondicional de la plaza y un juramento de fidelidad al Archiduque Carlos. El gobernador de Gibraltar rechazó el ultimátum el 1 de agosto. Durante la noche del 3 al 4 de agosto, el castillo y la misma ciudad sufrió intensos bombardeos. Sólo 80 soldados y 300 milicianos, con escasa o nula instrucción militar, dotados con 120 cañones (de los que un tercio estaban inservibles) lo defendían, frente a una flota anglo-holandesa que totalizaba 10.000 hombres y 1.500 cañones, apoyada por un batallón de 350 soldados catalanes partidarios del Archiduque Carlos de Austria (que desembarcaron en una playa conocida desde entonces como Bahía de los Catalanes). Tras cinco horas de bombardeos la plaza se rindió, pero no a Inglaterra, sino a Carlos III de España, como se autotitulaba el Archiduque, en cuyo nombre fue ocupada por el Príncipe de Hesse-Darmstadt, a quien el gobernador entregó la ciudad. La rendición fue hecha bajo la condición de que, al haber jurado los sitiados lealtad al Archiduque Carlos, los nuevos gobernantes permitirían a los habitantes ejercer sus libertades y derechos habituales; sin embargo la condición no fue respetada por las tropas anglo-holandesas, quienes saquearon y profanaron todas las iglesias católicas de la ciudad atancado así la libertad de culto de los lugareños. Ante esta situación, la población se rebeló contra los ocupantes tratando de matar a los militares extranjeros. Las autoridades consiguieron restablecer el orden, pero para la mayor parte de la población del Peñón ya era demasiado tarde: renovando su lealtad a Felipe V de España, huyó de la localidad y se refugió en diversos lugares; la mayoría se trasladó a la ermita de San Roque, dando lugar a la creación del municipio de San Roque, el cual aún hoy tiene la denominación oficial de «Muy Noble y Más Leal Ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar». Allí se conservan objetos importantes de la historia española de Gibraltar, como una imagen de la Virgen Coronada, o los documentos históricos firmados por los Reyes Católicos en 1502, concediendo su escudo de armas a la ciudad. Uno de los protagonistas de estos acontecimientos es el célebre duque de Marlborough (llamado Mambrú por los españoles).

Pasados veinte días de la rendición de Gibraltar, el 24 de agosto de ese mismo año, una flota franco-española intentó reconquistar la plaza, pero el almirante Rooke consiguió salir a su encuentro y frenarla en la Batalla de Vélez-Málaga. Durante el resto de ese año y casi todo el siguiente, la España borbónica volvió a intentarlo en más ocasiones, sin éxito. Ante los sucesivos ataques, en octubre de 1705 la reina Ana de Gran Bretaña decidió tomar el control de la plaza: aprovechando la ausencia y muerte del gobernador austracista de Gibraltar, el Príncipe de Hesse, dio la orden de expulsar de allí a la poca población que quedaba y a las autoridades civiles, reclamando la villa como fortaleza militar británica. En 1706 la reina nombraría a su propio gobernador de Gibraltar, el general inglés Roger Elliott; y finalmente, en 1711, expulsó a todas las tropas extranjeras, quedando tan sólo los británicos a cargo de Gibraltar.

Nueve años más tarde del ataque anglo-holandés, la conquista se formalizó mediante el Tratado de Utrecht (1713), en el cual España cedía a Gran Bretaña «la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno». Sin embargo esta cesión no fue total, pues aunque se concedía a perpetuidad la propiedad de Gibraltar (la ciudad con sus castillos, puerto, defensas y fortalezas), España no quiso ceder su jurisdicción territorial sobre ella; es decir, que las leyes que debían seguir imperando sobre el peñón eran las españolas, y que por lo tanto la soberanía sobre dicho territorio continuaba siendo de España. Así lo expresa el escrito cuando especifica que «para evitar cualesquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el rey católico y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra». Finalmente, la cesión de la propiedad de Gibraltar quedó sujeta a su retorno a la corona española en caso de que la corona británica decidiese deshacerse de ella: «si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.». Desde entonces, Gibraltar tendría la denominación oficial de Town and Garrison of Gibraltar in the Kingdom of Spain (Ciudad y Guarnición de Gibraltar en el Reino de España).

Las condiciones del tratado no fueron respetadas en su totalidad por los británicos, quienes no respetaron las leyes españolas, traficaron con diversos tipos de mercancías y terminaron ocupando en 1724 el Molino y la Torre del diablo, situados en la costa occidental y oriental respectivamente del istmo que une el peñón con el resto de la Península ibérica (el cual no se había cedido a Gran Bretaña por no formar parte de la ciudad, castillos, puerto, defensas ni fortalezas de Gibraltar). Esta invasión ocasionó un nuevo intento por parte de España para recuperar Gibraltar en 1727, finalizando el correspondiente conflicto con el Tratado de Sevilla (1729) que, entre otras cosas, confirmaba la posesión británica de la villa. España y Gran Bretaña acordaron la institución de una zona neutral, donde no hubiera presencia de ninguno de los países, que ocuparía el istmo y a la cual, los británicos deberían aportar los territorios del mismo que había ocupado, cosa que nunca sucedió. Asimismo, España estableció un puesto de control y un campo militar tras la zona neutral a fin de defenderse frente a futuros conflictos.

El mayor intento de recuperar Gibraltar por parte de España, sin embargo, ocurrió entre 1779 y 1783 en el llamado Gran Asedio, en el contexto de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos; el escritor español nacido en Cádiz, José Cadalso, murió en ese último intento. Desde entonces, Gran Bretaña no hizo más que continuar con la ocupación del terreno neutral y consolidar su conquista: en 1815, acabada ya la Guerra de la Independencia Española y con permiso de España, los británicos ocuparon temporalmente la zona neutral y construyeron un hospital para hacer frente a una epidemia; en 1830, Gibraltar cambió su denominación y estatus por el de British Crown Colony of Gibraltar (Colonia británica de Gibraltar), robando así su soberanía a España; en 1838 los centinelas se pegaron a lo largo de la línea de alto el fuego entonces existente; en 1854, una nueva epidemia sirvió de excusa para levantar un nuevo hospital; y en 1881 los británicos sellaron sus nuevas adquisiciones territoriales construyendo una nueva frontera. La expropiación territorial continuaría también durante el principio del siglo XX.

Con la apertura del canal de Suez en 1869, Gibraltar aumentó de importancia estratégica (y por tanto su importancia para Gran Bretaña), y su posición como puerto de aprovisionamiento y escala resultó notablemente fortalecida. Pero aún así la importantcia de Gibraltar no dejaba de ser militar y comercial. Durante todo el siglo XIX la población de Gibraltar fue muy limitada: desde la marcha en 1705 de sus últimos habitantes originarios, el Peñón sólo fue poblado por militares británicos y refugiados de distintas partes del Mediterráneo; además las sucesivas epidemias que sufrió Gibraltar en este siglo no ayudaron a consolidar una nueva población en el municipio. De hecho, no es hasta la segunda mitad de siglo cuando aparece el concepto de «nativo de Gibraltar», y no es hasta finales del mismo siglo cuando aparece el concepto de «gibraltareño». La enorme despoblación del Gibraltar británico contrasta con la consolidación de la población al otro lado del istmo: los exresidentes de Gibraltar en 1704 se habían establecido «temporalmente» con la insignia de su municipio en San Roque y junto a este pueblo creció el llamado Los Barrios; más tarde fue repoblada Algeciras (abandonada desde 1379).

Durante los primeros años del siglo XX, el peñón fue excavado para construir túneles que uniesen las partes este y oeste. El material extraído fue utilizado para ganar unas 26 hectáreas a la bahía de Algeciras (que estaba y sigue estando bajo soberanía española), permitiendo así la expansión de las instalaciones portuarias y del atestado enclave a costa de las aguas españolas.

Siglo XX[editar]

En 1909 los británicos construyeron una cerca de siete pies de altura (la famosa "verja de Gibraltar") consagrando la ocupación de más de 800 metros de istmo situado en el territorio neutral.[2] De esta forma Gibraltar se apropiaba de más de la mitad de un terreno cuya neutralización se había acordado en el siglo XVIII por parte de España y Gran Bretaña.

Paso fronterizo entre Gibraltar y España

Se siguió una política similar con respecto a las aguas territoriales, que de acuerdo con los términos del Tratado de Utrecht eran reconocidas como "aquella área circundante a la colonia hasta la cual podían alcanzar los cañones de la fortaleza del Peñón". A lo largo de los años estas aguas territoriales han sido incrementadas unilateralmente de facto por el Reino Unido, basándose en lo establecido por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del mar que permite llegar hasta el límite de 12 millas náuticas. España ha considerado tal incremento como contrario a derecho, por cuanto contravenía los términos del Tratado de Utrecht, y por tanto no reconoce al Reino Unido más aguas que las del puerto de Gibraltar (cedido por el Tratado de Utrecht) ni más espacio aéreo que el situado sobre la vertical del Peñón.

Gibraltar, sin estatuto definido durante las primeras décadas de ocupación británica (en la era conocida simplemente como the Town and garrison of Gibraltar in the Kingdom of Spain, la Ciudad y guarnición de Gibraltar en el Reino de España) fue declarada en 1830 crown colony (colonia de la corona).

Durante la Guerra Civil Española (1936-39), miles de españoles, de ambos lados, se refugiaron en Gibraltar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Gibraltar fue la base de operaciones militares británicas entre el Atlántico y el Mediterráneo, y un punto de escala vital para los convoyes aliados, ya que era uno de los pocos territorios de la Europa continental que se mantuvo libre de ocupación por las fuerzas del Eje o sus aliados.

En 1938 se aprobó la construcción de un aeropuerto militar en el territorio situado entre la verja y el peñón. En 1941 se dio el visto bueno al trazado del aeropuerto, cuya pista de aterrizaje se introducía más de 800 metros en la bahía de Algeciras, en una interpretación unilateral hecha por Gran Bretaña del alcance de las aguas jurisdiccionales de la colonia, considerada ilegal por España a la luz de los términos del Tratado de Utrecht y de otros convenios internacionales

En 1946 y por el Capítulo XI de la Carta de las Naciones Unidas, el Reino Unido registró a Gibraltar como "territorio no autónomo". Gibraltar fue incluido en la lista de territorios sometidos a descolonización, y por lo tanto dentro del ámbito de actuación del Comité Especial Encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales (Comité de los 24). De acuerdo con los gibraltareños, la Carta de la ONU y el apartado 2º de la resolución 1514 (XV) garantizarían el derecho de autodeterminación de los gibraltareños. La postura española y la de Naciones Unidas es diametralmente contraria, y se basa en primer lugar en el propio Tratado de Utrecht, que establece que si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender o enajenar, de cualquier modo, la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla, por lo que la culminación del proceso de descolonización se traduciría indefectiblemente en la retrocesión de la colonia a España; en segundo, en la misma resolución 1514 (XV) que al mismo tiempo que garantiza en su apartado 2º el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos también afirma taxativamente en su apartado 6º que todo intento a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Por todo ello, el gobierno español y las autoridades internacionales ha considerado a los gibraltareños como meros colonos en territorio español.

Los gibraltareños argumentan que la cuestión de la integridad territorial no es aplicable, puesto que Gibraltar es territorio británico y no español. Además, invocan el artículo 73 de la Carta de las Naciones Unidas (que establece que Los Miembros de las Naciones Unidas que tengan o asuman la responsabilidad de administrar territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio [...] se obligan [...] a desarrollar el gobierno propio, a tener debidamente en cuenta las aspiraciones políticas de los pueblos, y a ayudarlos en el desarrollo progresivo de sus libres instituciones políticas) para justificar el gradual aumento de autogobierno (asunto que siempre ha sido rechazado por España como contrario a lo establecido en el Tratado de Utrecht y que motivó el cierre de la verja en 1969). Finalmente, se acogen al artículo 103 que establece que en caso de conflicto entre las obligaciones contraídas por los Miembros de las Naciones Unidas en virtud de la presente Carta y sus obligaciones contraídas en virtud de cualquier otro convenio internacional, prevalecerán las obligaciones impuestas por la presente Carta. España, por su parte, niega que exista contradicción entre el Tratado de Utrecht y la Carta de las Naciones Unidas, acogiéndose de nuevo a la integridad territorial de España.

En su resolución 2231 (XXI), de 20 de diciembre de 1966 (texto aquí, "Cuestión de Gibraltar"), las Naciones Unidas declararon:

La Asamblea General, habiendo examinado la cuestión de Gibraltar,[...]. 1. Lamenta la demora en el proceso de descolonización y en la aplicación de la resolución 1514 (XV), de la Asamblea General a Gibraltar. 2. Invita a las partes a que continúen sus negociaciones, teniendo en cuenta los intereses de la población del territorio y pide a la Potencia administradora que acelere sin ningún obstáculo, y en consulta con el Gobierno de España, la descolonización de Gibraltar [...]

Un año después, en su resolución 2353 (XXII), de 19 de diciembre de 1967 (texto aquí, "Cuestión de Gibraltar"), las Naciones Unidas declararon:

La Asamblea General, habiendo examinado la cuestión de Gibraltar, [...]. Considerando que toda situación colonial que destruya parcialmente o totalmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y específicamente con el párrafo 6º de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General, [...]. 1. Lamenta la interrupción de las negociaciones recomendadas en las resoluciones 2070 (XX) y 2231 (XXI) de la Asamblea General; 2. Declara que la celebración por la Potencia administradora del referendum de 10 de septiembre de 1967 contraviene las disposiciones de la resolución 2231 (XXI) de la Asamblea General y las de la resolución aprobada el 1 de septiembre de 1967 por el Comité Especial [...]. 3. Invita a los Gobiernos de España y del Reino Unido [...] a reanudar sin demora las negociaciones previstas en las resoluciones 2070 (XX) y 2231 (XXI) de la Asamblea General, con miras a poner fin a la situación colonial de Gibraltar y a salvaguardar los intereses de la población al término de esa situación colonial

Ante tales resoluciones, el gobierno de Gibraltar pone el énfasis en la obligación de salvaguardar los "intereses" de la población de la colonia, declarando que aquellos no son salvaguardados si no se respetan sus deseos y derechos democráticos.

Por el otro lado, España se ha opuesto siempre a cuantas modificaciones ha ido introduciendo el gobierno británico en el estatus político de los gibraltareños, porque tales modificaciones suponían la dotación de unos instrumentos cada vez más representativos que menoscababan el carácter estrictamente colonial de Gibraltar. Por todo ello, ante la celebración de un referéndum en 1967, dando la oportunidad a los gibraltareños para elegir entre la soberanía española o continuar unidos a Gran Bretaña (opción que ganó por un abrumador 12.138 a 44 votos), y la consiguiente promulgación de la Constitución de Gibraltar el 30 de mayo de 1969 (que garantizaba un pleno autogobierno en cuestiones internas, al tiempo que establece en su preámbulo que El Gobierno de Su Majestad nunca entrará en tratos consecuencia de los cuales el pueblo de Gibraltar pudiera pasar a estar bajo la soberanía de otro estado en contra de sus deseos expresados libre y democráticamente), el gobierno franquista tomó la decisión de cerrar la verja ese mismo año, lo que impidió la comunicación directa entre las poblaciones a uno y otro lado de la frontera. El gobierno español sostuvo que tal decisión era conforme a derecho internacional ya que el tratado de Utrecht establece que "la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra". Durante el primer gobierno de Felipe González, se reanudó el paso de viajeros y mercancías por la verja el 5 de febrero de 1985, después de que la CEE impusiera la apertura de la verja como requisito indispensable para admitir a España. El Tratado de Roma establece que los territorios europeos tiene que permitir el libre movimiento de personas.

Actualidad[editar]

En la actualidad el Gobierno español sigue reclamando la soberanía del Peñón, aunque esta reclamación siempre ha sido rechazada por el Gobierno británico. Los habitantes de Gibraltar han defendido "su derecho de autodeterminación" y, en referendos, en los que éstas han apoyado claramente la opción de no reintegrarse a España. En el último, celebrado en 2002, se rechazó por un margen de un 98,97% la cosoberanía hispano-británica.

El Gobierno español mantiene diversas restricciones en relación a Gibraltar en defensa de lo que considera sus legítimos derechos (por ejemplo, dado que el istmo nunca fue cedido por España, ni mediante el Tratado de Utrecht ni por otro acto o tratado, no reconoce el carácter de frontera internacional del límite actual marcado por la verja, en pleno istmo, a unos 800 metros al norte de la línea de control pactada en 1713, situada justo a los pies del Peñón).

Referencias[editar]

  1. «History of Gibraltar». Government of Gibraltar. Consultado el 20 de diciembre de 12.
  2. Simon J. Lincoln (1994 !accessdate=2013 September 26). «The Legal Status of Gibraltar: Whose Rock is it Anyway?». Fordham International Law Journal, Volume 18, Issue 1 page 308.

Bibliografía[editar]

  • Abulafia, David (2011). The Great Sea: A Human History of the Mediterranean. London: Allen Lane. ISBN 978-0-7139-9934-1.
  • Aldrich, Robert; Connell, John (1998). The Last Colonies. Cambridge University Press. ISBN 978-0-521-41461-6.
  • Alexander, Marc (2008). Gibraltar: Conquered by No Enemy. Stroud, Glos: The History Press. ISBN 978-0-7509-3331-5.
  • Andrews, Allen (1958). Proud Fortress: the fighting story of Gibraltar. London: Evans Bros. OCLC 656066535.
  • Archer, Edward G. (2006). Gibraltar, Identity and Empire. London: Routledge. ISBN 978-0-415-34796-9.
  • Ayala, Lopez de (1845). The History of Gibraltar from the earliest period. Translated by James Bell. London: Pickering. OCLC 28301900.
  • Baptiste, Fitzroy André (1988). War, Cooperation & Conflict: The European Possessions in the Caribbean, 1939–1945. New York: Greenwood Press. ISBN 978-0-313-25472-7.
  • Bond, Peter (2003). "Gibraltar's Finest Hour The Great Siege 1779-1783". 300 Years of British Gibraltar 1704-2004 (1st Edition ed.). Gibraltar: Peter-Tan Publishing Co. pp. 28–29.
  • Bradford, Ernle (1971). Gibraltar: The History of a Fortress. London: Rupert Hart-Davis. ISBN 0-246-64039-1.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]