Fauno

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Dibujo de un fauno.
Un fauno tocando la flauta, por Pál Szinyei Merse.

Fauno (en latín Faunus, ‘el favorecedor’ —de favere— o quizá ‘el portador’ —de fari—) era, en la mitología romana, una de las divinidades más populares y antiguas, los di indigetes, identificado con el griego Pan debido a la similitud de sus atributos.

Mito[editar]

En las fábulas Fauno aparece como el tercero de los reyes del Lacio, hijo de Pico, nieto de Saturno, y padre de Latino con la ninfa Marica (que también era a veces su madre). Como sus dos predecesores, Fauno había promovido la agricultura y la cría de ganado entre sus súbditos, y también se distinguió como cazador.[1] Igualmente, se creía que en su reinado el arcadio Evandro y Heracles llegaron al Lacio.[2]

Fauno desempeña un papel muy prominente en la historia mítica del Lacio, pues, con independencia de lo que hizo por la agricultura, era considerado uno de los grandes fundadores de la religión del país, por lo que Lactancio le sitúa a la altura de Numa Pompilio.[3] Tras su muerte fue elevado a la posición de deidad tutelar del país, por sus muchos servicios a la agricultura y la ganadería.

Existe la tradición de que Numa, mediante una estratagema, obligó a Pico y a su hijo Fauno a revelarle el secreto de invocar el relámpago desde el cielo (véase «Elicio») y de purificar las cosas golpeándolas con el rayo.[4]

En las Dionisíacas, de Nono de Panópolis, Fauno acompañaba a Dioniso cuando éste fue a la campaña de la India.

Roles y funciones[editar]

Fauno fue adorado en dos roles diferentes: como el dios de los campos y los pastores, y como una divinidad oracular y profética. Como deidad rústica, era un espíritu bueno del bosque, las llanuras y los campos, y cuando hacía fértil al ganado se le llamaba Inuo (Innuus).

Como dios profético, llamado por el nombre de Fatuo (Fatuus), se creía que revelaba el futuro al hombre parte en sueños y parte mediante voces de origen desconocido, que eran comunicados a quienes iban a dormir en sus recintos, tumbándose sobre el vellón de los corderos sacrificados.[5] [6] Lo que era Fauno a este respecto al sexo masculino, su esposa Fauna o Faula (a veces considerada su madre o su hija; véase Bona Dea) era al femenino, por lo que llevaban los epítetos Fatuus/Fatua o Fatuellus/Fatuella, derivados de fari (‘hablar’) y fatum (‘hado’, ‘destino’).[7] Se decía que daban sus oráculos en verso saturniano, de lo que quizá pueda inferirse que existieron en el Lacio colecciones de oráculos en esta métrica.[8] W. Warde Fowler sugirió que Fauno es idéntico a Favonio,[9] uno de los dioses-viento romanos (véase «Anemoi»).

Debido a la forma en que daba sus oráculos, se consideraba a Fauno el autor de apariciones espectrales y sonido terroríficos;[10] y por tanto se le describía como un dios lascivo y voluptuoso, que moraba en los bosques y era aficionado a las ninfas.[11]

Culto[editar]

Los lugares en los que se daban estos oráculos eran arboledas sagradas: una cerca de Tibur (actual Tívoli), en torno a la fuente Albunea, y otra en el Aventino, cerca de Roma.[5] [12] Los ritos observados en el primer lugar son minuciosamente descritos por Virgilio: un sacerdote ofrecía una oveja y otros sacrificios, y la persona que consultaba el oráculo tenía que dormir una noche sobre la piel de la víctima, dando entonces el dios una respuesta a sus preguntas bien en un sueño o mediante voces sobrenaturales. Ovidio describe ritos parecidos celebrados sobre el Aventino.[13]

En Roma había un templo redondo de Fauno, rodeado por columnas, sobre el monte Celio, y se le construyó otro en el 196 a. C. en la Isla Tiberina, donde se le ofrecían sacrificios el ides de febrero, día en que los Fabii habían perecido en Cremera.[14]

El escritor cristiano Justino Mártir identificó a Fauno con Luperco (‘el que protege del lobo’), el protector del ganado, siguiendo a Livio, que bautizó su aspecto de Inuo como el dios que fue originalmente adorado en la Lupercalia, celebrada en el aniversario de la fundación de su templo (15 de febrero), cuando sus sacerdotes (Luperci) llevaban pieles de cabra y golpeaban a los espectadores con cinturones de piel de cabra.

En el festival de la Faunalia, que se celebraba el 5 de diciembre, la gente del campo con gran alegría y banquetes, hacía referencia a Fauno como dios de la agricultura y el ganado.[11]

Genios[editar]

Copia moderna de la antigua estatuilla romana en bronce de Fauno bailando que da nombre a la Casa del Fauno de Pompeya.

Al igual que Pan era acompañado por los Paniskoi, o ‘pequeños Panes’, también se asumía la existencia de muchos faunos además del principal, idea que parece haber tenido su origen en la forma en la que el dios se manifestaba. Estos faunos son genios del bosque salvaje, descritos como monstruos, mitad cabra, y con cuernos.[15]

Como se creía Fauno, y más tarde los Fauni, eran seres alegres y caprichosos, especialmente aficionados a asustar a la gente de diversas formas, no es improbable la conjetura de que Faunus sea un eufemismo relacionado con faveo.[16]

Fauno pasó gradualmente así a ser identificado con el Pan arcadio, y los faunos como idénticos a los sátiros griegos, los seguidores salvajes y orgiásticamente ebrios de Dioniso; de aquí que Ovidio use la expresión Fauni et Satyri fratres (‘hermanos faunos y sátiros’).[17] Sin embargo, faunos y sátiros eran originalmente criaturas bastante diferentes: ambos tenían cuernos y se parecía a cabras por debajo de la cintura y a humanos por encima de ésta, pero originalmente los sátiros tenían pies humanos y los faunos pezuñas cabrunas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Plinio, Naturalis Historia ix.6; Propercio iv.2.34.
  2. Plutarco, Vidas paralelas 38.
  3. Lactancio i.24.9.
  4. Arnobio v.1; Plutarco, Numa 15; Ovidio, Fastos iii.291 y sig.
  5. a b Virgilio, Eneida vii.81 y sig.
  6. Cicerón, De natura deorum ii.2, iii.6, De divinatione i.45.
  7. Justino xliii.1; Lactancio i.22.
  8. Varrón, De lingua latina vii.36.
  9. Fowler, W. W. (1899). The Roman festivals of the period of the Republic; an introduction to the study of the religion of the Romans. Londres: Macmillan & Co. p. 259. OCLC 1245910. 
  10. Dionisio v.16.
  11. a b Horacio, Carmen Saeculare iii.18.
  12. Ovidio, Fastos iv.649 y sig.
  13. Comp. Isidoro viii.11.87.
  14. Livio xxxiii.42, xxxiv.53; Publio Víctor, De regionibus urbis Romae 2; Vitruvio iii.1; Ovidio, Fastos ii.193.
  15. Ovidio, Fastos v.99; Heroidas iv.49.
  16. Hartung, J. A. (1836). «Die Religion der Römer». Erlangen Palm. pp. vol. ii. p. 183 y sig. OCLC 165744288. 
  17. Ovidio, Las metamorfosis vi.392.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]