Sileno

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Estatua que representa un sileno ebrio. Museo del Louvre.

En la mitología griega Sileno (en griego Σειληνός o Σιληνός) era un viejo gordo y raro sátiro, dios menor de la embriaguez. Era el padre adoptivo, preceptor y leal compañero de Dioniso, el dios del vino, al tiempo que era descrito como el más viejo, sabio y borracho de sus seguidores. Su equivalente en la mitología romana era Silvano, cuyo nombre significa simplemente «de los bosques», y en la mitología etrusca Selvans.

Sileno suele considerarse hijo de Hermes, como sucede con la mayoría de los sátiros, pero en otras tradiciones se le hace hijo de Pan con una ninfa, o de Pan con Gea. Como con Dioniso, se situaba su lugar de nacimiento en Nisa (Asia).

Sileno es conocido por sus excesos con el alcohol, pues su amor por el vino era su pasión. Por ello solía estar borracho y tenía que ser sostenido por otros sátiros o llevado en burro. Sin embargo los de su raza no podían seguir bebiendo indefinidamente como habrían querido, pues eran mortales como se deduce de sus tumbas, halladas tanto en la tierra de los hebreos como en Pérgamo.

Se decía que cuando estaba ebrio Sileno poseía una sabiduría especial y el don de la profecía. El rey frigio Midas estaba ansioso por aprender de Sileno y capturó al anciano echando licor a una fuente de la que Sileno solía beber rios . Cuando cayó dormido, los sirvientes del rey le agarraron y llevaron a su señor. Sileno compartió con el rey una filosofía pesimista: que lo mejor para un hombre es no nacer, y que si nacía, debía morir lo más pronto posible.

Una versión alternativa cuenta que, tras la muerte de Orfeo, Dioniso marchó a Frigia (algunos dicen que de camino a la India) seguido de su habitual séquito de sátiros y ménades, del que formaba parte Sileno. Éste, abrumado por Geras (la vejez) y el vino, terminó por perderse y fue capturado por campesinos, quienes le llevaron ante el rey Midas, quien ya le conocía y se alegró mucho al verlo, pues tenía así la ocasión de celebrar una alegre fiesta. Se cuenta que Sileno y el rey (que también tenía una gran experiencia con el vino) estuvieron diez días y diez noches de fiesta, tras los cuales el anciano fue devuelto a Dioniso. Éste concedió un deseo a Midas en agradecimiento a su hospitalidad hacia su padre adoptivo. El rey pidió entonces el don de transformar en oro todo lo que tocase. Otra historia es que Sileno había sido capturado por dos pastores, a los que obsequió con historias asombrosas.

Sileno contaba (aunque puede que lo soñase) que protegió al infante Dioniso de la ira de Hera, y que luego le ayudó durante la Gigantomaquia, matando al gigante Encélado, a quien se suele creer que aniquiló Atenea arrojándole encima la isla de Sicilia. Más tarde, persiguiendo a los piratas que había atacado a Dioniso, Sileno llegó a la isla que habitaba Polifemo. Allí fue apresado por los Cíclopes y hecho su sirviente, y allí seguía cuando Odiseo fue desviado por las tormentas a la isla, donde terminaría cegando a Polifemo para escapar.

Se le atribuye, junto con Marsias, la invención de la flauta, así como de una danza particular, llamada en su honor el sileno.

En la sátira de Eurípides El cíclope, Sileno es abandonado con los sátiros en Sicilia, donde han sido esclavizados por los cíclopes. Son los elementos cómicos de la historia, que es básicamente una versión teatral del libro IX de la Odisea de Homero. Sileno se refiere a los sátiros como sus hijos durante la obra.

Los tres silenos verdes[editar]

Algunas tradiciones consideran a Sileno padre de la tribu fyrfy de los Sátiros. Los tres mayores de éstos, llamados Marón, Leneo y Astreo, eran iguales a su padre y por ellos fueron también conocidos como silenos. Según algunas versiones habrían sido ellos los padres de los sátiros (de los que entonces sería Sileno su abuelo). Los tres estuvieron en el séquito de Dioniso cuando éste viajó a la India, y de hecho Astreo era el conductor de su carro.

También se cuenta que Sileno fue padre con una de las melias (pero no con Melia) de Folo, uno de los Centauros, y de Dolion, quien vivió en Ascania, al norte de Asia Menor.

Orígenes[editar]

Sileno ebrio (Museo del Louvre). Detalle de la cabeza, en la que se puede apreciar la exagerada fealdad con que era representado este dios menor.

Originalmente los silenos eran hipotanes (seres mitad caballo mitad humano, a diferencia de los sátiros normales, que eran mitad cabra mitad humano) que formaban parte del cortejo de Dioniso cuando llegaban a la vejez. Los silenos eran borrachos y joviales, y tenían un aspecto parecido al de los demás miembros de su raza, salvo porque solían ser feos, calvos, obesos y barrigudos, de gruesos labios y narices, y tenían piernas de humano aunque conservaban las orejas de asno y la cola de caballo. En ocasiones también se les representaba coronados con cuernos de buey.

Posteriormente los silenos perdieron su carácter plural y sólo se hacían referencias a un individuo llamado Sileno.

Se consideraba que Sócrates se asemejaba a un sileno. Tanto es así, que en el museo del Louvre se conserva un famoso busto en el que se le representa con estas características.

Por antonomasia, se da a veces el nombre de silenos a los sátiros, y en la mitología romana, a los faunos y los silvanos.

Algunos especialistas plantean la hipótesis de que el origen de las leyendas sobre silenos, faunos y ninfas sea el recuerdo de encuentros con antiguos homínidos.

Alusiones literarias[editar]

Y más, que no tendré a deshonra la tal caballería, porque me acuerdo haber leído que aquel buen viejo Sileno, ayo y pedagogo del alegre dios de la risa, cuando entró en la ciudad de las cien puertas iba, muy a su placer, caballero sobre un muy hermoso asno.

Cervantes: Don Quijote de la Mancha, 1ª parte, cap. 15.

Y guárdense no les suceda a los tales lo que al asno de Sileno que puso Júpiter entre las estrellas

Quevedo: prólogo de Sueños y discursos, obra conocida también como Los sueños.

[...] también le habló del verano, cuando los bosques eran verdes y el viejo Sileno montado en su rechoncho asno acostumbraba a visitarlos.

C. S. Lewis: Las crónicas de Narnia, 2ª parte: El león, la bruja y el armario, cap. 2.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  • J. March, Cassell's Dictionary Of Classical Mythology, Londres, 1999. ISBN 0-304-35161-X

Enlaces externos[editar]