Dinero

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Sede del Banco Central Europeo, el que controla la mayor parte de las finanzas de la Unión Europea.
Monedas y billetes de banco, dos de las formas más comunes del dinero.

Dinero (del latín denarius, denario, moneda romana) es todo medio de intercambio común y generalmente aceptado por una sociedad que es usado para el pago de bienes (mercancías), servicios, y de cualquier tipo de obligación (por ejemplo deudas). Actualmente, el tipo de dinero que manejamos en el día a día es dinero fiduciario.[1]

Introducción[editar]

El dinero permite el intercambio de bienes y servicios en una economía de una manera más sencilla que el trueque.

Por tanto, para que un bien pueda ser calificado como dinero se deben satisfacer los siguientes tres criterios y que son las tres principales funciones que cumple el dinero en un sistema económico moderno:[2]

  1. Medio de intercambio: para evitar las ineficiencias de un sistema del trueque. Cuando un bien es requerido con el solo propósito de usarlo para ser intercambiado por otras cosas, posee esta propiedad. Por ejemplo, muy pocas personas conservan billetes para colección. En cambio, la mayoría de las personas los conservan por la posibilidad de intercambiarlos cuando lo deseen por otros bienes. Además, el dinero debe ser un bien ligero y fácil de almacenar y de transportar.
  2. Unidad contable: Cuando el valor de un bien es utilizado con frecuencia para medir y comparar el valor de otros bienes o cuando su valor es utilizado para denominar deudas, se dice que el bien posee esta propiedad. Por ejemplo, si los miembros de una cultura se inclinan por medir el valor de las cosas en referencia a las cabras, las cabras serían la principal unidad contable. Un caballo podría costar 10 cabras y una cabaña unas 45 cabras. La unidad de cuenta significa que es la unidad de medida que se utiliza en una economía para fijar los precios.
  3. Conservación de valor: Cuando un bien es adquirido con el objetivo de conservar el valor comercial para futuro intercambio, entonces se dice que es utilizado como un depósito de valor. En el ejemplo anterior, una cabra tendría un problema a la hora de servir como dinero, puesto que es un bien perecedero: con el tiempo muere. Otros materiales, como el oro y la plata, conservan sus propiedades a pesar del paso del tiempo. Es un medio de acumulación o atesoramiento. El dinero, como representante de la riqueza, tiene el poder de comprar cualquier mercancía y se puede guardar en cualquier cantidad. En otras palabras, la función de atesoramiento sólo puede realizarla el dinero de pleno valor: monedas y lingotes de oro, piedras preciosas, objetos de oro, etc. El bien escogido como medio de acumulación debe ser siempre algo que pueda guardarse durante largos periodos sin que se deteriore. El dinero es un depósito de valor pero no el único, cualquier activo que mantenga su poder adquisitivo a lo largo de tiempo servirá como depósito de valor.

Además de los puntos anteriores, el dinero debe ser reconocido por la sociedad que lo usa, permitiendo su identificación y valoración de una forma clara.

El dinero, tal como lo conocemos hoy (billetes y monedas sin valor propio), debe estar avalado o certificado por la entidad emisora. Actualmente son los gobiernos, a través de las leyes, quienes determinan cual es el tipo de dinero de curso legal, pero son otras entidades, como los bancos centrales (Banco Central) y las casas de la monedas (Ceca), los que se encargan, primero, de regular y controlar la política monetaria de una economía, y segundo, de crear las monedas y billetes según la demanda y la necesidad de tener dinero físico.

Sintetizando, podemos afirmar que el dinero es un activo financiero neutro o plenamente líquido, que sirve de plataforma intermedia para optimizar el intercambio bienes y servicios, evitando las inexactitudes propias del trueque, es decir, del intercambio directo de bienes y servicios.

Historia del dinero[editar]

En el neolítico, con la aparición de la agricultura y la ganadería, apareció la primera economía de producción y se produjo un excedente; una cantidad de bienes que no necesitan ser consumidos. Esto dio lugar a la posibilidad de alimentar a personas que no necesitaban trabajar la agricultura o la ganadería y podían dedicarse a producir otros productos, como la cerámica, e intercambiarlo por el excedente producido. Ello permitió la primera forma de comerciar, el trueque, intercambiando directamente bienes y servicios por otros. Con el tiempo, esta forma de intercambio se consideró ineficiente y se puede explicar con el siguiente ejemplo:

Desde el neolítico, en las sociedades agriculturas-ganaderas, el hombre ha intercambiado los bienes obtenidos como fruto de su trabajo productivo por otros. De ese modo, el que había recolectado frutos de la tierra en un determinado momento podía desear cambiar parte de ellos por ejemplo por pieles. Así surgió el trueque. El problema es que, en ese momento, los intercambios dependían de la demanda de cada individuo en cada momento, siendo un trámite lento y difícil adaptarse a las urgencias inmediatas de cada individuo.

En el ejemplo planteado, es posible que el cazador que tenía las pieles no desea frutos de la tierra sino bastones de madera. La tarea del trueque podía resultar ardua, ya que en primera instancia, el recolector de frutas requeriría encontrar a alguien dispuesto a cambiar las frutas por madera, para ir posteriormente a cambiar ésta por las pieles. En algún momento pudo suceder que el recolector de frutas diera las frutas al que poseía bastones de madera, y le pidiera una nota equivalente al valor de las frutas; y luego pudo haber ido con esta nota junto al dueño de las pieles, pidiendo le cambiaba ese documento (el cual tenía un valor en madera) por pieles, pues más tarde podría reclamar la madera al emisor de la nota (al dueño de la madera). Y probablemente, en esa hipotética situación, el poseedor de las pieles pudo haber recibido la nota y no ir luego a canjearla por bastones de madera, sino usarla para con ella obtener algún otro bien o servicio en otro lugar. Obviamente, en algún momento la nota pudo haber regresado a su emisor original a efectos de cambiarla finalmente por los bastones de madera. Pero también pudo haber sucedido, que algunas notas muy especiales nunca hubieran regresado a su emisor original, y quedaran circulando por un muy largo tiempo en el circuito de los intercambios hasta su eventual destrucción o hasta su eventual pérdida de valor, cumpliendo así una función monetaria; esto bien pudo haber pasado con notas de entrega de metales emitidas por personas en lo alto de la estratificación social, como reyes o faraones.

Al final, acabaron apareciendo ciertos bienes que son más fácilmente intercambiables que otros, de forma que los individuos los demandan, no por su utilidad, sino por su especial capacidad para circular por el mercado, para servir de moneda de cambio. O sea en definitiva, por su liquidez. Un claro ejemplo serían los cigarrillos en el ambiente carcelario, que serían utilizados incluso por los no fumadores para cambiar por otros bienes, o los chocolates en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, producto que por su aguda escasez sirvió informalmente para niños y adultos como moneda de cambio de otros bienes. Estos ejemplos ilustran que estas circunstancias permiten el intercambio de bienes y servicios. Y en las civilizaciones más próximas a la actualidad, esa especie de aceptación generalizada es el dinero, que facilita las transacciones comerciales de una manera más fácil y sencilla que el trueque, favoreciendo de este modo la expansión del comercio.

Naturalmente, el dinero que fue usado en sus inicios, desde el neolítico, no fue como hoy lo conocemos. Distintas civilizaciones adoptaron distintos bienes para suplir con ellos la función de dinero: alimentos, conchas, metales, plumas, piedras preciosas, etc.

Con el paso del tiempo, el oro y la plata fueron ampliamente usados como dinero debido a que su valor es aceptado mundialmente, y también debido a la facilidad de transporte, a las ventajas de la conservación, etcétera. Para garantizar o certificar que un trozo de metal o moneda contenía una cierta cantidad de oro y/o plata, se comenzó la acuñación, a modo de garantía o certificación, por parte de entidades reconocidas y respetadas (reinos, gobiernos, bancos), que avalaban el peso y la calidad de los metales que contenían.

Las primeras monedas que se conocen, se acuñaron en Lidia, la actual Turquía en el Siglo VII a. C.

Monedas de un tercio de estátera, acuñadas a principios del siglo VI a. C.

De acuerdo con Heródoto, el pueblo lidio fue el primero en introducir el uso de monedas de oro y plata, y también el primero en establecer tiendas de cambio en locales permanentes. Se cree que fueron los primeros en acuñar monedas estampadas, durante el reinado de Giges, en la segunda mitad del siglo VII a. C.[3] Otros numismáticos remontan la acuñación a Ardis II. La primera moneda fue hecha de electro (aleación de oro y plata),[4] con un peso de 4,76 gramos, para poder pagar a las tropas de un modo regulado.[5] El motivo del estampado era la cabeza de un león, el símbolo de la realeza. El estándar lidio eran 14,1 gramos de electrón, y era la paga de un soldado por un mes de servicio; a esta medida se le llamó estátera.

Fue necesaria una evolución en la cual los Estados emitían billetes y monedas, que daban derecho a su portador a intercambiarlos por oro o plata de las reservas del país. La evolución del respaldo del papel moneda es el siguiente:

  • En los siglos XVIII y XIX, muchos países tenían un patrón de dos metales, basado en oro y plata.
  • Entre 1870 y la Primera Guerra Mundial se adoptó principalmente el Patrón oro, de forma que cualquier ciudadano podría transformar el papel moneda en una cantidad de oro equivalente.
  • En el periodo entre guerras mundiales se trató de volver al Patrón Oro, si bien la situación económica y la crisis o crack del 29 terminó con la convertibilidad de los billetes en oro para particulares.
  • Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los aliados establecieron un nuevo sistema financiero en los acuerdos de Bretton Woods, en los cuales se establecía que todas las divisas serían convertibles en dólares estadounidenses y sólo el dólar estadounidense sería convertible en lingotes de oro a razón de 35 dólares por onza para los gobiernos extranjeros.
  • En 1971, las políticas fiscales expansivas de los EE.UU., motivadas fundamentalmente por el gasto bélico de Vietnam, provocaron la abundancia de dólares, planteándose dudas acerca de su convertibilidad en oro. Esto hizo que los bancos centrales europeos intentasen convertir sus reservas de dólares en oro, creando una situación insostenible para los EE.UU. Ante ello, en diciembre de 1971, el presidente de EE.UU., Richard Nixon, suspendió unilateralmente la convertibilidad del dólar en oro para el público y devaluó el dólar un 10%. En 1973, el dólar se vuelve a devaluar otro 10 %, hasta que, finalmente, se termina con la convertibilidad del dólar en oro también para los gobiernos y bancos centrales extranjeros.
  • Desde 1973 hasta nuestros días, el dinero que hoy usamos tiene un valor que está en la creencia subjetiva de que será aceptado por los demás habitantes de un país, o zona económica, como forma de intercambio. Las autoridades monetarias y Bancos Centrales no pretenden defender ningún nivel particular de tipo de cambio, pero intervienen en los mercados de divisas para suavizar las fluctuaciones especulativas de corto plazo, con el objetivo de mantener a corto plazo la estabilidad de precios, y evitar situaciones como la hiperinflación, que hacen que el valor de ese dinero se destruya, al desaparecer la confianza en el mismo, o como la deflación.

El dinero y la liquidez de los activos[editar]

Como se ha visto en la definición del Dinero, este puede ser cualquier bien (activo), contrato, certificado o cualquier cosa que tenga valor para las partes que intervienen en una transacción. De hecho, cualquiera puede crear su propio dinero, y se hace en la actualidad, por ejemplo, en los comercios minoristas con la emisión de los vales de compra, pero este tipo de dinero tiene un inconveniente, que sólo es aceptado por la misma tienda que los emitió, por lo que su liquidez es muy limitada.

En la actualidad el único tipo de dinero propiamente dicho que se considera legalmente como tal, es el emitido por los bancos centrales (billetes y monedas), también denominado dinero legal, y siempre ha de ser aceptado como forma de pago. Se considera que el dinero legal es el activo más líquido al cual se pueden convertir el resto de activos (bienes, servicios, deudas u obligaciones) y viceversa.

En sentido amplio, hay que entender por dinero mucho más que el mero dinero legal. Hay diferentes tipos de activos financieros que constituyen el dinero en sentido amplio; se pueden clasificar según su grado de liquidez. El dinero en sentido estricto sería solo el plenamente líquido. Para empezar a hablar, las cantidades en cuentas bancarias corrientes o depósitos a la vista también han de considerarse como dinero convertible en dinero legal en una relación de 1:1, de forma inmediata; estos depositantes dispondrán de su dinero a través de su chequera de cuenta corriente, pero el banco depositario, en el ejercio de su actividad comercial, se lo entregará a un tercero que podrá disponer de él con otra chequera, la de una cuenta de crédito. De este modo, las entidades de depósito y, en general, todas las entidades de crédito, multiplican el dinero legal (cfr. creación de dinero bancario, cuasidinero).

Cuando hacemos un depósito en efectivo en una cuenta corriente o a la vista, el Activo (Tesorería) del banco se incrementa pero, también, aparece una anotación contable en el Pasivo para representar la deuda de esa cantidad de dinero con el depositante. Desde el punto de vista del patrimonio de éste, lo que ha sucedido no es nada más que un cambio de un activo plenamente líquido (dinero legal) por un derecho de crédito de máxima liquidez contra el banco despositario, ya que existe el compromiso por parte del banco de convertirlo en dinero legal a instancia del depositante. Con el dinero legal depositado por los clientes de pasivo, el banco hace su negocio (cfr. depósito irregular), prestando una parte a sus clientes de activo o invirtiéndolo, pero debe mantener reservada una parte "en Caja" (Encaje) para poder hacer frente a los eventuales reintegros.

Lo dicho en relación con las cuentas corrientes y depósitos a la vista puede aplicarse, con las correspondientes variaciones, a los depósitos de ahorro, a plazo fijo y demás activos financieros emitidos por el sistema financiero. La clasificación completa de los activos financieros, de mayor a menor liquidez, agrupados en los llamados agregados monetarios, no es más que la forma ordenada de referirse la Oferta Monetaria.

Hay que añadir que, al igual que los bancos, las empresas también pueden emitir títulos negociables de deuda que pueden ser considerado un tipo especial de cuasidinero. Este tipo de emisiones se denominan de diversas formas, por ejemplo, papel comercial (letras de cambio endosables), pero no forman parte de ninguno de los agregados monetarios, reservados al Sistema Financiero. Parte de la doctrina denomina "dinero financiero" a este conjunto de activos financieros no bancarios. Desde el punto de vista material, no cabe duda de su naturaleza dineraria; piénsese, por ejemplo, en mecanismos tales como la pignoración de títulos-valores o en que, con las acciones cotizadas de una empresa, pueden adquirise directamente participaciones en otras empresas, como se ve muchas veces.

Creación de dinero[editar]

En los sistemas económicos actuales, el dinero es creado por dos procedimientos:

  • Dinero legal, es el creado por el Banco Central mediante la acuñación de monedas e impresión de billetes, es el dinero en efectivo. La cantidad de dinero legal es medida por el M1.
  • Dinero bancario,[6] es el creado por los bancos privados mediante la anotación en cuenta de los créditos como depósitos de los clientes prestatarios, con un respaldo parcial indicado por el coeficiente de caja. En la UE este coeficiente es inferior al 2%[cita requerida], lo que supone que un banco sólo precisa dejar en depósito 200 euros de cada 10.000 euros depositados por los clientes para dar créditos por valor de 10.000 euros a otros clientes, la medida de esta multiplicación del dinero bancario es medida por el multiplicador monetario. Normalmente en la actualidad el dinero bancario se crea como dinero electrónico. La cantidad de dinero bancario es medida por los agregados monetarios distintos del M1.

La cantidad de dinero creada es medida mediante los agregados monetarios. La forma actual de creación y control de la cantidad de dinero es inspirada en el monetarismo.[7]

Respaldo del dinero[editar]

Se considera que el valor del dinero debería estar respaldado en metales preciosos (oro, plata, etc.) o en divisas extranjeras; sin embargo, ninguno de estos métodos es seguro, considerando que su valor está sujeto a la oferta y la demanda, y no se puede garantizar que de repente no se descubran grandes reservas minerales del metal o se genere una aplicación que aumente su demanda. Lo mismo sucede con las divisas. Puesto que el dinero no está actualmente respaldado por ningún activo tangible es denominado Dinero fiduciario. La doctrina ha cuestionado ambas relaciones, tanto del respaldo oro como la ley de la oferta y demanda, en el valor del dinero.

De hecho, el dinero es resultado de un pacto social, donde todos aceptan entregar sus bienes o servicios a otros, a cambio de los símbolos monetarios (billetes, monedas, etc.); por lo tanto, el respaldo del dinero es la suma de los bienes y servicios de la Población; o sea, el Producto Interno Bruto o PIB.

El Gobierno debe impedir que el avance del agregado monetario esté descorrelacionado con el del PIB, para sostener su valor. Sin embargo, el gobierno puede optar por imprimir más billetes que derivaría en inflación y la devaluación de su moneda, como una manera de financiarse, de manera reciproca.

Referencias[editar]

  1. Scheurer, Vincent (1 de julio de 2011). The Motley Fool (ed.): «Can our current system of fiat money survive in the long term?». The Magic of Money. Consultado el 2 de julio de 2011.(en inglés)
  2. Ramírez Solano, Ernesto (2001). Moneda, banca y mercados financieros: Instituciones e instrumentos en países en desarrollo. Person educación. ISBN 970-26-0082-0. Consultado el 9 de febrero de 2011. 
  3. Antiguas civilizaciones de Mesopotamia, J. M. Walker, Edimat Libros S.A. 2002; página 144 (cronología comparada: año 700 a. C.)
  4. Madden, Coins of the Jews, págs. 19-21.
  5. Enciclopedia GER
  6. La creación del dinero bancario [1]
  7. Richard Roca El Monetarismo Moderno

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]