Admeto

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En la mitología griega, Admeto (en griego antiguo, Ἄδμητος Ádmêtos, ‘indómito’, ‘insumiso’), hijo de Feres y Periclímene, fue rey de Feres en Tesalia.

Mito[editar]

Admeto debe morir (Admetus must die). Ilustración para la obra de Charles Mills Gayley (1858 - 1932) Los mitos clásicos en la literatura inglesa y en el arte (The Classic Myths in English Literature and in Art, 1893; reed. en 1911).

En su juventud, Admeto tomó parte en la expedición de los Argonautas y participó en la caza del jabalí de Calidón. Cuando sucedió en el trono a su padre, Admeto fue famoso por su hospitalidad y justicia. Tras ser condenado a servir un año a un mortal como castigo por matar a los Cíclopes, Apolo escogió la casa de Admeto y se convirtió en su pastor (aunque, según algunas fuentes, Apolo sirvió a Admeto por apego a éste). Apolo quedó tan impresionado por el trato que le dispensó Admeto que hizo que todas las vacas parieran terneros gemelos.

Apolo también ayudó a Admeto a lograr la mano de la princesa Alcestis, la hija de Pelias, rey de Yolco. Alcestis tenía tantos pretendientes que Pelias exigía una tarea aparentemente imposible a éstos para obtener la mano de la princesa: debían uncir un jabalí y un león a un carro. Apolo ató los animales al yugo y Admeto condujo el carro hasta Pelias, logrando así casarse con Alcestis.

Sin embargo, Admeto no se encargó de hacer un sacrificio para Artemisa. Ésta, ofendida, llenó el aposento nupcial con serpientes, y Apolo tuvo que ayudarle de nuevo: aconsejó a Admeto que hiciese un sacrificio a Artemisa, y la diosa retiró así las serpientes.

La mayor ayuda que Apolo prestó a Admeto fue convencer a las Moiras de que aplazasen la muerte de Admeto de su día predestinado. Apolo emborrachó a las Moiras, y éstas accedieron a indultar a Admeto si lograba encontrar a alguien que muriese en su lugar. Admeto creyó inicialmente que uno de sus ancianos padres moriría con gusto en lugar de su hijo, pero cuando éstos terminaron negándose, fue Alcestis quien murió en su lugar por amor a él.

La escena de la muerte se describe en la obra de Eurípides Alcestis, donde Tánatos, el dios de la muerte, lleva a ésta al Inframundo. Mientras Alcestis desciende, Admeto descubre que en realidad no quiere vivir:

Creo que el destino de mi esposa es más feliz que el mío, aunque no pueda parecerlo. Ningún dolor volverá a tocarla, y ha dado fin con gloria a los muchos problemas de la vida. Pero yo, que he escapado a mi destino y no debería estar vivo, viviré ahora mi vida con pena.

Esta situación fue remediada por Heracles, quien hizo un alto en Feres de camino a su trabajo con las yeguas de Diomedes. Al conocer lo que ocurría, Heracles entró en la tumba de Alcestis y luchó con Tánatos hasta que el dios accedió a liberarla, llevándola entonces de vuelta al mundo de los mortales. Otras versiones cuentan que fue Perséfone, admirada por el sacrificio de Alcestis, quien la liberó.

Admeto tuvo tres hijos: Eumelo (el más famoso, que mandó un contingente de Feres para luchar en la Guerra de Troya), Perimela e Hípaso.

Adaptaciones artísticas de la historia[editar]

Admeto figura prominentemente en:

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]

  • Admeto en el Proyecto Perseus.