Sociología de la ciencia

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La sociología de la ciencia considera las influencias y componentes sociales en la ciencia. Investiga la forma en que se organiza socialmente la comunidad científica en la producción, difusión y reclutamiento o entrenamiento de sus integrantes; de qué forma se construye el discurso de una comunidad específica y de la ciencia en general; del conocimiento científico en la neutralidad u objetividad de la producción de ideas, teorías, etc.

Difiere de la sociología del conocimiento, que investiga los orígenes sociales de las ideas y el efecto que las ideas dominantes tienen sobre las sociedades. Como la sociología del conocimiento, se aproxima en averiguar la forma en la cual es válido o aceptado el conocimiento en la sociedad, así como la conexión entre los diversos actores y los usos que se da o legitima la ciencia. Específicamente que técnicas, teorías y medios de difusión son considerados como dominantes o la forma que adquieren supremacía sobre sociedades.

Robert King Merton se considera el fundador de la sociología de la ciencia en los años cuarenta, luego muy influida por La estructura de las revoluciones científicas de Kuhn, sobre todo el concepto de paradigma. La primera sociología de la ciencia distinguía unos factores internos de la propia ciencia (metodología, objetivos, etc.) que eran independientes de otros factores externos (sociológicos, políticos, etc.) no pertenecientes a la ciencia. Pero una parte de la sociología de la ciencia posterior prescindió de esta distinción. David Bloor y Barry Barnes son los principales exponentes. Afirman que los científicos son personas que se pueden ver tan afectadas por los factores sociológicos que debemos pensar que todas las creencias son igualmente problemáticas. Bruno Latour y Steve Woolgar proponen un concepto antropológico de la ciencia y, por tanto, su estudio por esta disciplina. Junto con las influencias antropológicas, aúnan también corrientes filosóficas como el pragmatismo, para crear algo así como una epistemología alternativa.

Desarrollo y autores[editar]

Trabajos iniciales de Karl Mannheim y Norbert Elias empiezan la reflexión y estudio de la ciencia como actividad social y el estudio de la comunidad que lo compone (los científicos). En contra en los años 1970 empieza la fase funcional-estructuralista de su estudio. Merton impulsa un subcampo de estudio denominado sociología del conocimiento, el cual aborda la ciencia moderna como institución social y se interesa por el ethos específico que la caracteriza.

A mediados de la década de los 70 se forman algunas escuelas que continúan, si bien ampliando la visión, la propuesta de Merton. Entre ellas destaca la Escuela de Edimburgo con David Bloor a la cabeza. Este autor ya no concibe la ciencia como un saber esotérico, sino que pone en relevancia el componente social en la producción del conocimiento científico.

No sin generar cierta controversia, un nutrido grupo de teóricos protagonizó lo que Steve Woolgar denomina como “el giro hacia la tecnología”, desplazando a la ciencia, en buena medida, como objeto estudio y centrando su esfuerzo en la investigación de las tecnologías desde el campo de los estudios sociales. Este giro vino inspirado, entre otros, por la figura de Langdon Winner y sus trabajos en dicha área.

Hoy en día este campo tiene continuidad en varias vertientes, aunque se suelen nombrar dos escuelas:

  • Constructivismo social de la tecnología: Representan un enfoque fuertemente constructivista. Desde esta perspectiva se supone que la construcción de los aparatos tecnológicos viene determinada socialmente a través de las pugnas y negociaciones que se producen entre grupos sociales relevantes. Sus máximos exponentes son Pinch y Bijker.
  • Teoría del Actor-Red: Esta escuela rechaza la primacía de las relaciones humanas en la constitución de entramados socio-técnicos. Por lo contrario, aplica el principio de "simetría generalizada" y proclama la existencia agentes sociales híbridos que se constituyen a través de la negociación y el enrolamiento entre entidades humanas y no humanas. Este enfoque teórico cuenta entre sus autores más destacados con Bruno Latour, Michel Callon y John Law.

Sin embargo, desde la teoría feminista, también se han realizado importantes aportes al campo. En este sentido, destaca la figura de Donna Haraway y su metáfora del cyborg para designar aquello que hoy somos. Aunque con reminiscencias de la literatura de ciencia ficción y un lenguaje muy metafórico, su enfoque es cercano al de la Teoría Actor-Red. Sin embargo, Donna Haraway resalta las necesidades ético-políticas de la teoría.

Véase también[editar]

Lecturas[editar]

Referencias[editar]

  1. Alonso, Luis (2015). «Sociología de la ciencia. Impacto cultural de la física clásica y cuántica.». Investigación y Ciencia. Consultado el 3 de septiembre de 2016.