Siembra directa

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Cultivo de Soja sembrado bajo Siembra Directa sobre un rastrojo de Sorgo Granífero

La siembra directa, labranza de conservación, labranza cero, o siembra directa sobre rastrojo es una técnica de cultivo sin alteración del suelo mediante arado. La labranza cero sin arado incrementa la cantidad de agua que se infiltra en el suelo, aumenta la retención de materia orgánica y la conservación de nutrientes en el suelo. En muchas regiones agrícolas evita la erosión del suelo[1]​ y previene organismos causantes de plagas, ya que se mantiene el equilibrio ecológico del suelo debido a que también se protegen los organismos que contrarrestan las enfermedades. El beneficio más importante de la siembra directa es la preservación de las características físicas, químicas y biológicas del suelo, haciendo que los suelos adquieran más resiliencia.

Historia[editar]

Si bien la siembra directa es una tecnología desarrollada a fines del siglo XX y difundida desde comienzos del XXI, su origen es mucho más antiguo. Ya en Sumeria se utilizaba en el tercer milenio antes de Cristo un “arado-sembradora” que a la par de poseer una reja que abría el surco, contaba con una especie de embudo por el cual se vertía la semilla. En Sudamérica, en la época incaica usaban el “palo sembrador” con el cual se hacía un pequeño hoyo en el suelo en el cual vertían la semilla.

Durante la década de 1930, en especial de 1932 a 1939, el centro oeste de Estados Unidos sufrió prolongadas sequías que provocaron una persistente e intensa erosión eólica, con desastrosas tormentas de polvo, especialmente en el denominado Dust Bowl. Este desastre ecológico fue creando conciencia sobre los problemas ambientales en Estados Unidos. En 1943, Edward H. Faulkner (1886-1964), un exagente de extensión de Kentucky y Ohio, publicó Plowman’s folly (La insensatez del labrador), un libro herético para las ciencias agrarias de la época. Al comienzo de su primer capítulo resume su doctrina sosteniendo que el arado de reja y vertedera “… es el implemento menos satisfactorio en la preparación del suelo para la producción de los cultivos”[2]​ y aboga por la labranza mínima y la incorporación de materia orgánica al suelo. Esta obra y los libros y trabajos de otros autores heterodoxos llevaron poco a poco a replantear el rol de la labranza en agricultura. Y con ello estimularon la investigación y experimentación de la siembra directa, que tuvo sus comienzos, tímidos y esporádicos, durante la década de 1960 en Estados Unidos.

En Argentina, uno de los países donde más se ha extendido la siembra directa, los primeros ensayos fueros realizados por Marcelo Fagioli y Carlos Senigagliesi (n. 1946) durante la segunda mitad de la década de 1960.[3]

Cultivo de Soja sembrado bajo Siembra Directa sobre un rastrojo de Soja

Al principio, la difusión de la nueva tecnología tropezó con varios problemas. El primero fue el control de las malezas, pues los herbicidas químicos de la época aún no las dominaban adecuadamente. Recién con la difusión del glifosato y la soja RR, inmune a éste, se logró superar el problema en su cultivo. El segundo problema fueron las sembradoras. Las convencionales estaban construidas para sembrar sobre una “cama de siembra” resultante de una labranza primaria y varias secundarias que dejaban un suelo libre de restos vegetales, refinado, suelto y mullido. La sembradora de siembra directa, en cambio, debe trabajar sobre un rastrojo, a veces muy abundante como el de maíz, un suelo sin labrar y generalmente desparejo. Esto implica máquinas más complejas, robustas y pesadas, y por consiguiente una mayor inversión para el productor. Un tercer problema fue convencer a agricultores y profesionales de la factibilidad y las ventajas de la siembra directa. La imprescindible necesidad de una labranza adecuada y una cama de siembra apropiada para el normal desarrollo de un cultivo era un dogma milenario. A ello agrega Senigagliesi “No sólo los productores son reacios a las innovaciones y a los cambios. Los técnicos también solemos tener esas actitudes y somos más difíciles de convencer.”[4]​ Poco a poco, estas dificultades se fueron superando permitiendo la expansión de la siembra directa.

Beneficios[editar]

La productividad de los suelos suele bajar de manera importante debido a la reducción de la materia orgánica, producto del laboreo excesivo del suelo. Al arar el suelo, se produce una modificación de su atmósfera interior al ingresar O2 de la atmósfera externa, que aumenta los procesos oxidativos de la materia orgánica y libera CO2 (gas de efecto invernadero) a la atmósfera. Esa pérdida de materia orgánica libera una gran cantidad de nutrientes, lo que aumenta la fertilidad inmediata del suelo. El arado año tras año hace disminuir la densidad aparente del suelo y por tanto la resistencia a la penetración de la capa arable, liberando cada vez más los nutrientes propios del suelo. Al cabo de varios años el suelo ya no tiene más materia orgánica y la producción agrícola disminuye, lo que suele obligar a los agricultores a usar fertilizantes químicos, a dejarla en barbecho o a abandonar la tierra. La siembra directa busca proteger ese suelo año tras año, ya que protegiendo esa capa superficial de materia orgánica se mejora la permeabilidad y el aireamiento y disminuye la erosión del suelo.

La labranza cero es una respuesta a la caída del contenido de materia orgánica en suelos agrícolas sometidos a labranza convencional. El objetivo es remover lo menos posible el suelo, disminuir los ciclos de oxigenación intensos de la materia orgánica y, por ese medio, evitar la destrucción de la misma.

No obstante, el arado de los suelos es una eficaz herramienta de eliminación de malezas, o plantas indeseables. Con la labranza cero, éstas deben ser eliminadas por medios biológicos, utilizando herbívoros (ovejas, vacas) para controlar las malezas. Algunos agricultores optan por controlar la maleza mediante herbicidas los cuales matan los microorganismos del suelo no consiguiendo mantener la materia orgánica en él. Por otro lado, también exige aportes extras de nitrógeno, en forma de fertilizantes.

Inesperadamente, la labranza cero también resultó una buena respuesta a la erosión en suelos particularmente expuestos a la misma, especialmente los suelos arenosos, que sufren habitualmente erosión por el viento. También se benefician de esta técnica los suelos con fuertes pendientes, que suelen sufrir erosión por el agua superficial.[5]

Por último, en ciertas zonas húmedas, se utiliza esta tecnología porque permite acceder a los suelos anegadizos poco después de lluvias, en períodos en que, después de haber sido arados, resultarían lodazales, en que las máquinas no lograrían desplazarse. En casos extremos, la labranza cero ha llegado a regenerar suelos erosionados.

Recomendaciones[editar]

Previo a la siembra directa y cuando ya se ha decidido trabajar en labranza cero, se recomienda diagnosticar capas densas para así tratarlas con el arado cincel, con el propósito de romper estratos endurecidos del perfil del suelo.

Difusión en el mundo[editar]

En el mundo, los países que tienen las mayores superficies de cultivo en labranza cero son: Argentina, Uruguay, Brasil, EE.UU. y Paraguay. En EE.UU., la labranza cero gasta cerca de un 45% menos de los requerimientos energéticos (combustibles) utilizados para labores de precosecha que los sistemas de labranza tradicional.

En Argentina, en la campaña 2014/15 el 84 % de la superficie de cereales y oleaginosas fue cultivada mediante siembra directa, o sea unas 37 millones de hectáreas.[6]

En España este método ha sido estudiado por varias autoridades agrícolas.[7]

Experiencia en Chile[editar]

Chile cuenta con alrededor de 400.000 ha de trigo, de las cuales el 50% está bajo sistema de labranza cero; y se encuentran entre la VIIIª y la IXª región, especialmente en suelos Trumaos (volcánicos) de la precordillera y suelos rojo arcillosos de origen granítico de la cordillera de la costa.

Los agricultores chilenos están adoptando la labranza cero fundamentalmente porque mejoran su oportunidad de siembra y bajan sus costos, por la reducción de uso de maquinaria. La oportunidad de siembra se da porque al mantenerse el rastrojo en el suelo, éste se mantiene firme, por lo que permite sembrar en menor tiempo después de una lluvia, situación que en labranza tradicional no es posible. Se puede sembrar una mayor superficie de suelo en un menor período de tiempo.

La secuencia de cultivo que se aplica en labranza cero, en la zona central de riego, es: trigo – maíz; en el secano costero es: trigo – garbanzo y en la VIIIª región: raps – trigo – lupino.

El monocultivo de trigo, a pesar de ser el trigo un cultivo que otorga buenos dividendos, no se utiliza por problemas fitosanitarios provocados especialmente por hongos que completan su ciclo de vida en el rastrojo, entre los que se puede citar el Mal del pie cuyo agente causal es Gaeumannomyces graminis var. tritici.

  • Lupino: especie leguminosa utilizada en alimentación de ganado, ave y salmón. Es cultivo de invierno, cuya mayor superficie de cultivo (90%) se encuentra en la IXª región. Los tipos de lupino cultivado en Chile corresponden al lupino hoja angosta o australiano (angustifolio) y el albo o blanco (albus).
  • Raps: especie Brassicaceae, oleaginosa, importante por la extracción de aceite y actualmente para la alimentación animal (pavo, cerdo, pollos). La superficie sembrada de raps a través del tiempo ha tenido altos y bajos, de haber llegado a 35.000 ha, bajó bruscamente a 5.000 para encontrarse actualmente con unas 15.000 ha.

Ventajas del rastrojo[editar]

El rastrojo es la biomasa aérea de los cultivos anuales que no es cosechada, queda en el campo como residuo después de la cosecha. Este aporta materia orgánica al suelo, brinda cobertura para reducir la erosión hídrica y eólica o puede ser usado para pastoreo por el ganado.

Referencias[editar]

  1. http://Guía%20de%20Siembra%20Directa%7Ctítulo=Guía de Siembra Directa|autor=Gobierno de Uruguay.
  2. Faulkner, Edward H. Plowman’s folly. Norman, Univ. of Oklahoma Press, 1943. 155 p.
  3. Alapin, Helena. Rastrojos y algo más; historia de la siembra directa en Argentina. Buenos Aires, Teseo, 2008. 132 p.
  4. Senigagliesi, Carlos A. Desarrollo de la siembra directa en la Argentina. Anales de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria 57:98-104. 2003.
  5. En zonas de baja pluviometría por ejemplo en Chile: Antumapu, Región Metropolitana, se requiere establecer riego por aspersión con cañón o aspersor grande que abarca 40 m de radio y 30 mm/h de agua; side roll (con motor y ruedas para su avance) y, aspersores fijos bajos con un alcance de 12 m de radio y 12 mm/h de agua.
  6. Datos de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID).
  7. http://www.jcyl.es/web/jcyl/binarios/1014/658/0.3.-%20ENSAYO%20DE%20S.%20DIRECTA_22%20CAMP_.pdf?blobheader=application%2Fpdf%3Bcharset%3DUTF-8&blobheadername1=Cache-Control&blobheadername2=Expires&blobheadername3=Site&blobheadervalue1=no-store%2Cno-cache%2Cmust-revalidate&blobheadervalue2=0&blobheadervalue3=JCYL_AgriculturaGanaderia&blobnocache=true%7Cautor=Junta de Castilla y León|título=ENSAYO COMPARATIAVO DE SIEMBRA DIRECTA Y SIEMBRA CONVENCIONAL EN EL CFA VIÑALTA DE PALENCIA

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]