Revolución de 1944 en Guatemala

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Revolución de 1944
Miembros de la junta revolucionaria de gobierno que se instaló el 20 de octubre de 1944. De izquierda a derecha: capitán Jacobo Árbenz Guzmán, ciudadano Jorge Toriello Garrido y mayor Francisco Javier Arana.

La Revolución de 1944 fue un movimiento cívico-militar ocurrido en Guatemala el día 20 de octubre de 1944,[1] encabezado por militares, estudiantes y trabajadores, que derrocó al gobierno de facto del General Federico Ponce Vaides,[2] dio lugar a las primeras elecciones libres en ese país, e inauguró un período de diez años de modernización del Estado en beneficio de las mayorías de clase trabajadora. La historiografía posterior ha denominado a dicho período como los «Diez años de primavera» o la «Edad de oro» de Guatemala, y actualmente el día 20 de octubre es una fiesta nacional en ese país centroamericano, conmemorada como el Día de la Revolución de 1944.[3] [4]

Antecedentes[editar]

Con la salida de la grana de los mercados internacionales, el gobierno de Justo Rufino Barrios se vio obligado a producir café,[5] el cual requería de grandes extensiones de tierra y de una gran cantidad de mano de obra a bajo costo.[6] A fin de satisfacer esta necesidad, en 1873 Barrios expropió las «tierras de indios» que se habían mantenido desde la Colonia Española[7] y las convirtió en fincas cafetaleras para sus correligionarios liberales, y luego emitió el «Reglamento de Jornaleros» el cual prácticamente convertía a la población indígena en colonos mal pagados en dichas fincas.[8] [9] [10]

Gobierno de Manuel Estrada Cabrera[editar]

Licenciado Manuel Estrada Cabrera.
Primer presidente civil de Guatemala
Gobernó entre 1898 y 1920
Museo Nacional de Historia de Guatemala[11]

Durante el gobierno del primer presidente civil de Guatemala, licenciado Manuel Estrada Cabrera (1898-1920), se mantuvo el sistema del reglamento de jornaleros de Barrios, y además la United Fruit Company (UFCO)[7] se convirtió en la principal fuerza económica de Guatemala, gracias a grandes concesiones otorgadas por el gobierno ya que Estrada Cabrera tenía acciones en la compañía; a Estrada Cabrera, además, le interesaba obtener el apoyo norteamericano para evitar un posible ataque de la flota británica;[a] y en cuanto a la política exterior de los Estados Unidos para Centro América, ésta consistía en mantener gobiernos afines y los más pacíficos posible para facilitar la construcción del canal interoceánico que primero estuvo planificado para Nicaragua, luego en Colombia y por último en Panamá, tras la Separación de Panamá de Colombia.[12]

Siguiendo el estilo de los gobiernos autoritarios: no toleró oposición a su gobierno, persiguió a sus enemigos políticos y restringió la libertad de prensa, pero a pesar de esto, es considerado como un administrador eficiente, ya que logró mantener la economía del país pese a que ésta se vio afectada por:[13]

Mapa de rutas de la «Flota Blanca» de la United Fruit Company, la cual tenía el monopolio de transporte de carga y personas desde y hacia Puerto Barrios, tras las generosas concesiones otorgadas por Estrada Cabrera.

La UFCO controló más del 40% de la tierra del país, las instalaciones del único puerto en el Atlántico (Puerto Barrios) y el transporte en ferrocarril con apoyo incondicional del gobierno guatemalteco. Esta situación se mantendría hasta 1944.[18]

Guatemala: República Bananera[editar]

El término despectivo «República bananera» (del inglés «Banana Republic») frecuentemente se utiliza para describir a pequeños países que son pobres y subdesarrollados y que tienen un gobierno inestable, con corrupción galopante y una relación sumisa con los Estados Unidos.[19] El término fue acuñado por el escritor norteamericano O. Henry, quien lo utilizó para describir al imaginario país «Anchuria» en su novela Cabbages and Kings. Henry se inspiró en lo que vio durante un viaje a Honduras, que había sido invadida en 1910 por la corporación frutera Cuyamel Fruit, y que estuvo a punto de irse a la guerra por rivalidades corporativas con su vecina, la Guatemala del licenciado Manuel Estrada Cabrera, la cual a su vez estaba controlada por la United Fruit Company. [20] [21] [22]

Otros escritores siguieron utilizando el término para describir a los corruptos países de América Central[23] y el poder casi absoluto que en los mismo tenían las fruteras norteamericanas.[b]

Después de Estrada Cabrera[editar]

Carlos Herrera y Luna

El presidente interino Carlos Herrera y Luna heredó un desorden fiscal, monetario y bancario;[24] se opuso a ratificar varios contratos con compañías norteamericanas que había firmado Estrada Cabrera[25] y que Herrera consideraba lescivos para el país.[c] Entre éstos se encontraban:

  • Venta de la Empresa Eléctrica, que había sido expropiada a los accionistas alemanes después de la Primera Guerra Mundial[25]
  • Contrato con la International Railways of Central America (IRCA),[d] para poner en vigor el Contrato Ferrocarrilero Méndez-Williamson de 1908 firmado en el período del presidente Manuel Estrada Cabrera[e]
  • Contrato sobre servicio de luz, calor y fuerza eléctrica con Central America Power Company[25]
  • contrato con Washington Serruys, para la instalación de un tranvía eléctrico[25]
  • contrato entre el Ministerio de Fomento y la Compañía All America Cables Incorporated, para el establecimiento en la capital de una oficina pública de cablegramas.[26]

Herrera fue derrocado en un violento golpe de estado el 5 de diciembre de 1921. El golpe estuvo dirigido por el general José María Orellana, quién había sido Jefe del Estado mayor de Estrada Cabrera y quien ratificó todos los contratos con compañías internacionales.[27]

El Poder de la United Fruit Company en el gobierno de Orellana[editar]

José María Orellana
  1. La Huelga de los Muelleros: A mediados de 1924, los portuarios de Puerto Barrios, claves para la exportación de banano y para las importanciones a Guatemala, demandaron la jornada de 8 horas y aumento de sus salarios. La UFCO se negó a aceptar y no cedió; los trabajadores entonces se fueron a la huelga, a la cual se solidarizaron todos los trabajadores de las fincas de la «frutera». La UFCO pidió ayuda al gobierno, que actuó con rapidez: tropas fueron enviadas a imponer el orden en Barrios; el choque fue brutal, saldándose con muerte y heridos entre los obreros. La huelga tardó 27 días, pero la represión logró acabarla: 22 dirigentes fueron encarcelados y luego expatriados.[28]
  2. Huelga ferrocarrilera: A finales de 1924, los trabajadores de la International Railways of Central America (IRCA) demandaron la reducción de horas de trabajo, el aumento de salario y el respeto para su organización «Sociedad Ferrocarrilera». Una vez más, la «frutera» (propietaria de la IRCA) se negó rotundamente a aceptar estas demandas y movilizó al gobierno de Orellana para reprimir violentamente la huelga de cinco mil trabajadores.[28]
  3. Grandes extensiones de tierra ociosa: Un mecanismo ampliamente utilizado por la UFCO era comprar a precios bajos grandes cantidades de tierras como una herramienta para evitar que surgieran competidores y mantener así un monopolio sobre la producción de plátanos, inclusive conservando extensas zonas agrícolas sin cultivar bajo pretexto que sequías o huracanes le obligaban a mantener «en reserva» grandes extensiones de terreno sin usar.[28]

Gobierno del general Jorge Ubico[editar]

General Jorge Ubico Castañeda: Presidente de Guatemala de 1931 a 1944.

Cuando Ubico tomó el poder en 1931, eran numerosos los países que se inclinaban por gobiernos autoritarios;[f] de esta manera, una vez en el poder, Ubico Castañeda asumió poderes autoritarios y métodos de espionaje y represión similares a los de Barrios y Estrada Cabrera, y mantuvo una Asamblea legislativa obediente a sus mandatos. Inteligente, dinámico y temperamental, se caracterizaba por controlar hasta el más mínimo detalle de la vida de Guatemala,[29] siendo uno de sus principales objetivos fue el de lograr una reorganización de la administración pública, para lo que nombró a varios allegados suyos, los llamados Ubiquistas, en posiciones claves del gobierno.[30] Su gobierno se caracterizó por un esfuerzo por estabilizar las finanzas del estado, reduciendo el gasto público: demostró ser un administrador muy capaz al reducir los sueldos de los empleados públicos en un 40% para contrarrestar el déficit del gobierno;[g] [29] y también por las acciones de una policía y poder judicial implacables en contra del delito, de la corrupción y de cualquier tipo de oposición al régimen[29] Finalmente, completó la centralización del poder al eliminar a los alcaldes popularmente electos por intendentes que eran nombrados por el propio presidente.[30]

Es significativo su impulso a la construcción de obra pública, especialmente carreteras, en beneficio de la actividad cafetalera, dominada por inmigrantes alemanes en la Veparaz[h] y por terratenientes guatemaltecos en el resto del país. Para la construcción de carreteras empleó trabajo forzado de indígenas, vigilados por el cuerpo de ingenieros del ejército. Por medio del decreto 1995 de 1934 canceló las deudas impagables que los jornaleros tenían con los hacendados, suprimiento así el Reglamento de Jornaleros impuesto por Justo Rufino Barrios en 1877; pero para contrarrestar una potencial escasez de mano de obra para las fincas, promulgó el Decreto 1996: la «Ley de Vagancia» y la «Ley de Vialidad», las cuales obligaban a todo campesino que no tuviera un mínimo de tierras a trabajar cierta cantidad de días al año de servicio de un hacendado; si esto no se podía comprobar, el jornalero debía trabajar gratuitamente en los caminos.[29] [31]

Puede decirse que su administración se mantuvo gracias al monopolio bananero de la «frutera» (la United Fruit Company), a la que le otorgó generosas concesiones en Tiquisate y para el usufructo del ferrocarril. Conforme avanzaron los sucesos de la Segunda Guerra Mundial, la política norteamericana y sus compromisos con la «frutera» lo obligaron no sólo a declarar la guerra a las naciones del eje[i] sino a permitir el establecimiento de bases norteamericanas en el Guatemala.[j] Entre los beneficios que recibió del gobierno norteamericano a cambio de su alianza en la guerra hubo armamento moderno para el ejército y entrenamiento en la Escuela Politécnica por militares norteamericanos.[30]

Renuncia de Jorge Ubico[editar]

Profesora María Chinchilla Recinos en 1940. Su muerte durante la manifestación del 25 de junio de 1944 precipitó la renuncia del presidente Jorge Ubico.

En mayo de 1944 se organizó el «Partido Social Democrático» (PSD),[30] que aglutinó a profesionales universitarios[k] y militares, y que se autodefinía como «socialista democrático: socialistas depurados y demócratas efectivos».[32] Entre sus miembros estaban:

Los miembros del PSD tuverion una participación activa en los movimientos sociales que se desarrollando en junio de ese año.[32]

El 1ro. de junio de 1944, el gobierno de Ubico Castañeda incrementó el salario de los empleados públicos en un 15%, pero sólo para los empleados que ganaban menos de 15 quetzales mensuales. Esto dejaba fuera a los maestros, quienes iniciaron una serie de protestas pacíficas para ser incluidos en este aumento.[30] Por su parte, los estudiantes universitarios iniciaron marchas pacíficas para exigir la destitución de sus decanos, ya que durante el gobierno del general Ubico la Universidad Nacional era dependencia del Ministerio de Instrucción Pública y las autoridades eran nombradas directamente por el Presidente de la República;[30] Ubico Castañeda accedió a cambiar a los decanos, pero los sustitutos que nombró no fueron del agrado de los estudiantes, quienes redoblaron sus protestas.[30]

La carta de los 311[editar]

Esta fue un documento firmado por 311 individuos, principalmente jóvenes universitarios, que fue enviado al presidente Ubico Castañeda tras la supresión de las garantías constitucionales que éste ordenó tras las protestas de los estudiantes universitarios. Se reproduce a continuación por su importancia histórica:[36]

Señor Presidente de la República:

Los suscritos ciudadanos guatemaltecos, en ejercicio del derecho garantizado por el artículo 22 de la Constitución de la República, nos dirigimos a usted con las protestas de nuestro mayor respeto y exponemos:

El día de hoy promulgó su gobierno el Decreto No 3114 que restringe las garantías constitucionales. La parte considerativa de esta disposición consiga que elementos disociadores de tendencias nazi-facistas perturban gravemente la paz de la República procurando obstaculizar al gobierno el mantenimiento del orden.
Es por todos conocida la génesis de ese Decreto, y la propia Secretaría Presidencial, en un boletín dado a publicidad en la prensa, la funda en la acción de problemas de orden interno de la Universidad. La opinión pública espontáneamente se ha solidarizado con las aspiraciones de los estudiantes en esta hora trágica en que la flor de la juventud de los países libres ofrendan sus vidas en defensa de los altos ideales de la humanidad y de la democracia, a cuya causa está afiliada nuestra patria.Es por ello doloroso ver que el Primer Magistrado de la Nación, sin duda basado en informaciones inexactas, tendenciosas e interesadas, haya lanzado a la juventud el grave cargo de nazi-fascismo.[m] La juventud, señor Presidente, jamás vibra al impulso de mezquinas tendencias y por el contrario, interpreta y encarna los ideales más limpios y las más nobles aspiraciones. La de Guatemala no es en este caso una excepción.
Convencidos de la pureza de los ideales de la juventud universitaria guatemalteca, nos sentimos obligados, como ciudadanos conscientes a solidarizarnos plenamente con sus legitimas aspiraciones.
Es así como movidos tan sólo por nuestro fervoroso patriotismo venimos a rogar la ilustrada atención de usted acerca de los apremios de la hora actual y del imperativo del deber, sentido por todos, de que el gobierno se encauce hacia metas prometedoras que aseguren el derecho y satisfagan las legítimas aspiraciones de la familia guatemalteca.
El decreto de suspensión de garantías ha venido a crear una situación de intranquilidad y zozobra que agudiza la angustia de la hora en que vive la humanidad, en vez de asegurar la paz y el orden que pareció inspirarlo.
La restricción de garantías crea una situación de hecho, en la cual el pueblo carece de medios legales para manifestar sus justos anhelos y es susceptible de provocar consecuencias funestas que, como guatemaltecos conscientes, seríamos los primeros en deplorar.
Ante un régimen de derecho, la ciudadanía actúa dentro de la legalidad. Una situación de hecho engendra tarde o temprano, un reacción de violencia.
Con toda hidalguía reconocemos que la actual administración presidida por usted, ha hecho, en lo material, obra constructiva. Empero, su labor, como todo lo humano, no ha llegado a satisfacer muchas aspiraciones populares por falte de medios de libre expresión.
Alrededor de los gobernantes actúan y medran fuerzas burocráticas e intereses creados que se fortalecen con el transcurso de los años, y que llevan al mandatario visiones falseadas de la realidad ambiente. Por esta razón debe desconfiarse siempre de las “adhesiones” que, nacidas del temor o del interés, llegan hasta el gobernante a través del mecanismo oficial, las cuales jamás presentan el auténtico “sentimiento popular”. Seguramente corresponderá a usted, aquilatar muy pronto el valor de tales “adhesiones” a diferencia de la genuina sinceridad que nos anima.
Guatemala no puede substraerse a los imperativos democráticos de la época. Es imposible frustrar con medidas coercitivas los incontenibles impulsos de la generosa ideología que está reafirmándose en la conciencia universal a través de la más sangrienta de las luchas libradas entre la opresión y la libertad.[n]
Estamos seguros, Señor Presidente, que su espíritu comprensivo acogerá la presente gestión con el mismo interés patriótico que nos mueve a dirigírsela, confiados en el, pedimos lo siguiente:
1o. El restablecimiento de las garantías suspendidas, para que el pueblo pueda gozar, sin demora, de la plenitud de sus derechos constitucionales; y

2o. Dictar las disposiciones pertinentes a fin de que tales garantías tengan plena efectividad.

Guatemala, 22 de junio de 1944.

Este memorial fue redactado en casa del doctor el Dr. Julio Bianchi y firmado por 311 personas, entre quienes estaban:

Ubico no respondió favorablemente a este memorando, como se desprende de la segunda misiva que se le dirigiera pocos días después, y en la que se le exige su renuncia:[38]

Señor Presidente de la República:

El día sábado 24 de junio, a las dieciséis horas, se presentó a Ud. un memorial suscrito por más de trescientas personas, pidiéndole: a) el restablecimiento, sin demora, de las garantías constitucionales; y b) la plena efectividad de tales garantías. Hicieron la entrega de ese memorial, en nombre de los firmantes, los licenciados Federico Carbonell y Jorge A. Serrano, quienes, al día siguiente en la mañana, fueron llamados al Palacio Nacional con el objeto de que reunieran a un grupo de personas firmantes de la solicitud, a fin de discutir la forma más conveniente y patriótica de conjurar la gravísima situación creada en el país. Atendiendo esa insinuación y guiados únicamente por móviles del más puro interés patriótico, celebramos una Junta con los secretarios Salazar, Anzueto, Sáenz de Tejada, González Campo, y Rivas, y como única gestión posible por nuestra parte, ofrecimos acercarnos a los diversos sectores representados en las manifestaciones populares, con el objeto de conocer en forma precisa todas y cada una de sus aspiraciones y transmitirlas al Gobierno de la República. Con ese exclusivo propósito solicitamos que se nos otorgaran por escrito las garantías necesarias: seguridad personal, libertad de prensa, de asociación y de libre expresión de palabra. Ninguna de ellas nos fue concedida y el acta, que principiaba a redactarse, quedó inconclusa ante la imposibilidad de conciliar dos criterios totalmente opuestos: el nuestro, que consieraba indispensable para solucionar la aguda crisis del país, la obtención de los medios indicados; y el del Gobierno, que apelaba a mantener inalterable la situación de fuerza creada por la suspensión de garantías y que se negaba a otorgarnos en lo personal las seguridades por escrito que tan de buena fe le solicitábamos.

En vista de tales circunstancias dimos por concluida nuestra misión.

En la tarde del propio día de ayer, el Honorable Cuerpo Diplomático acreditado en el país se sirvió convocarnos al edificio de la embajada Norteamericana par comunicarnos que el gobierno de la República del había solicitado abocarse con nosotros y conocer si estábamos en disposición de reanudar las conversaciones suspendidas esa mañana. Ante la situación, cada vez más tirante, y a pesar de que ya eran conocidos de todos los incalificables atropellos del mediodía, aceptamos la iniciativa del Gobierno y acudimos nuevamente a Palacio. Encontramos la misma actitud de intransigencia de parte de la Delegación del Gobierno, formada por algunos Secretarios de Estado y de la Presidencia. Fueron inútiles todos nuestros razonamientos y esfuerzos por lograr del Gobierno las facilidades que pudieran acercarnos al éxito de la misión que se quería confiarnos y que, por aquellos deplorables sucesos, aparecía cada vez más remoto. Llegados a este punto, solicitamos entrevistarnos directamente con Ud. esperando encontrar mayor armonía con nuestro criterio.

Usted, señor Presidente, recordará todas nuestras observaciones: la insistencia sincera y razonada con que le hicimos ver el origen popular y espontáneo del movimiento reivindicador que conmueve al país, provocado por los largos años en que el pueblo se ha visto privado del ejercicio de sus derechos; la necesidad ingente de restablecer las garantías ciudadanas; el distanciamiento real en que se ha mantenido Ud. del pueblo, debido a la falta absoluta de medios de libre expresión; de haberse creado hacia Usted, en el país, por su actuación y dla de sus colaboradores, más que un sentimiento de respeto, uno de temor individual e inseguridad social; la inconveniente centralización de las funciones públicas; el desequilibrio que significa la existencia de un Gobierno rico frente a un Pueblo pobre; la justificada impaciencia del pueblo de Guatemala ante la inmutabilidad de su Gobierno por el largo espacio ede catorce años; sus sistema de gobierno en pugna con las realidades del presente; la resistencia de su Administración a realizar las necesarias reformas sociales; los abusos de autoridad reiteradamente cometidos durante su administración; los perturbadores intereses creados entre sus servidores que han contribuido a falsearle la realidad ambiente; y, en fin, señor Presidente, todas aquellas circunstancias que han llevado al país a la presente situación de unánime protesta pública.

En un principio, nuestras esperanzas se vieron alentadas por la actitud receptiva de Usted ante la franqueza de nuestras expresiones, ante la sinceridad de nuestros propósitos y ante el común interés patriótico que en Usted suponíamos. Nos manifestó Usted que la única forma de gobernar al país es la que Usted ha puesto en práctica; que no restituiría las garantías constitucionales; que la libertad de imprenta suponía la inseguridad del gobierno; que la organización de partidos políticos de oposición era incompatible con el orden público y que no los permitiría mientras estuviera en el poder; que el actual movimiento de opinión tiene su origen en corrientes ideológicas que vienen de fuera. Ante nuestra más profunda sorpresa afirmó Usted que por su prestigio y experiencia gubernativa su alejamiento del poder significaría el caos para Guatemala, dándonos la impresión de conceptuarse insustituible al frente de los destinos del país.

Le reiteramos la solicitud ya hecha al Gabinete, de todos los medios necesarios para ponernos en contacto con la opinión pública y traerle una clara expresión de los deseos ciudadanos. Accedió Usted únicamente a que, sin hacer reunión de clase alguna, nos pusiéramos en contacto en forma individual con personas de los distintos sectores y le transmitiésemos las verdaderas aspiraciones del pueblo guatemalteco.

Para el debido cumplimiento de nuestra gestión patriótica, y con la única garantía que nos fue concedida por Usted, salimos del Palacio a cumplir la misión que voluntariamente nos habíamos impuesto.

¡Cuál sería nuestra sorpresa al darnos cuenta de que mientras parlamentábamos en Palacio, y el Honorable Cuerpo Diplomático estaba dedicado a las nobles funciones de Mediador, la policía y la tropa acribillaban a balazos a hombres, mujeres y niños que pacíficamente desfilaban por las calles, entre cuyas damas se contaba doña Julieta Castro de Rölz Bennett, esposa de uno de nosotros!

La indignación general por tan reprobables hechos era profunda e incontenible. La sangre de las víctimas robustecía las ansias de libertad. Considerábamos que la crueldad de la fuerza pública era insuperable obstáculo a nuestros propósitos, y así quedó confirmado al entrevistarnos con personas de los diferentes sectores sociales.

Con tan dolorosa convicción volvimos a presencia del Cuerpo Diplomático, y le expusimos el fracaso de nuestras gestiones, debido a los últimos acontecimientos, de los cuales ya estaba enterado ese Honorable Cuerpo, cuyos sentimientos humanitarios fueron de nuevo evidenciados.

Esta mañana a las nueve horas fuimos llamados por el señor director General de Policía, quien, en cumplimiento de las instrucciones recibidas del señor Secretario de la Presidencia, nos notificó que la autorización que Usted nos había otorgado quedaba sin efecto y que tendríamos que atenernos a las consecuencias emanadas del Decreto de suspensión de garantías.

La misión patriótica que habíamos aceptado quedaba definitivamente concluida por disposición del Gobierno.

Como obligada consecuencia de los hechos narrados, consideramos que es nuestro deber ineludible, según lo acordamo con usted, llevar a su conocimiento la expresión inequívoca de los anhelos populares que hemos podido palpar y que son el verdadero origen de la situación angustiosa porque atraviesa Guatemala. Tales aspiraciones se concretan visiblemente, palmariamente, y de manera incontrovertible en la necesidad sentida por todos, com única solución patriótica y conveniente, la de que Usted renuncie de forma legal a la Presidencia de la República.

Protestamos al señor Presidente, en nuestra más alta calidad de ciudadanos, que lo que dejamos expuesto se ciñe por entero a la realidad de los hechos y del momento que vive nuestra Patria.

Guatemala, 26 de Junio de 1944.

Firmas autógrafas: Ernesto Viteri B., José Rölz Bennett, Francisco Villagrán, Eugenio Silva Peña, Federico Carbonell, Federico Rölz Bennett.

Manifiesto de renuncia[editar]

Ante las anteriores misivas, y el descontento popular generalizado, Ubico Castañeda decidió renunciar el 1ro. de julio de 1944[o] :[36]

Manifiesto del General Jorge Ubico al Pueblo de Guatemala

El día de hoy presenté a la Honorable Asamblea Legislativa la renuncia del cargo de Presidente de la República. La presenté con carácter de irrevocable.

Volveré así a la vida privada, después de consagrar al servicio del país mis energías y experiencia en la vasta labor de dirección de un gobierno de orden y progreso.

Me retiro del poder dejando tras de mí una obra realizada; que si no llena ni hubiera llegado nunca a colmar mis aspiraciones de guatemalteco, es prueba no refutable del amor que como ciudadano profeso a mi patria y del cuidado que le dediqué como gobernante.

Jamás mis antecesores tuvieron que hacer frente, como yo, a una época tan preñada de dificultades y peligros; y me satisface poder asegurar que los que juzguen mi actuación, hoy y mañana con espíritu ecuánime y sereno, ajustarán su veredicto a la medida de mis pretensiones.

Un movimiento que empezaba a tomar caracteres de violencia, iniciado y proseguido hasta ahora por una minoría de los habitantes de la capital, me llevó a la decisión de resignar el mando pues a pesar del pequeño número de quienes se rebelaron como descontentos del régimen gubernativo, es manifiesto, en las peticiones que ellos me dirigieron, su deseo principal y unánime de que renunciara al ejercicio de la presidencia. Así lo hice, en seguida, sin dudas ni vacilaciones, porque en ningún momento del lapso de mi mandato abrigué el propósito de afirmarme en el poder contra la voluntad de mis condicionales.

Al cesar en las fatigas y sinsabores del elevado cargo que acepté en cumplimiento de un deber de ciudadano, hago expresa mi gratitud para el pueblo leal que estuvo a mi lado en circunstancias prósperas y adversas, lo mismo que para los funcionarios y empleados que me prestaron meritoria ayuda; y formulo votos muy sinceros por la ventura de mi patria y la armonía entre mis ciudadanos.

Guatemala, 1o. de Julio de 1944

Jorge Ubico

Motivaciones de la renuncia[editar]

Los escritores liberales han dicho que Ubico Castañeda renunció luego de los acontecimientos de los últimos días de junio de 1944 para evitar un inútil derramamiento de sangre en el país;[29] pero, por su parte, los opositores a su régimen indican que lo hizo para darle un escarmiento a Guatemala, y dejó en su lugar a los tres militares de su plana mayor: Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda.

Cuentan que cuando la situación estaba ya inclinándose a favor de la renuncia de Ubico Castañeda, los altos jerarcas del Ejército de Guatemala conferenciaron para determinar a quienes nombrar para una comisión que le pregunta al Presidente de la República a quien pensaba nombrar como sus sucesor para tan alto cargo. Los militares determinaron que lo más prudente era comisionar para esto a los generales que tuvieran menos jerarquía dentro de la institución armada guatemalteca: Eduardo Villagrán Ariza, Federico Ponce Vaides y Buenaventura Pineda. Estos solicitaron la correspondiente entrevista con el Presidente, la cual, aparentemente, transcurrió en términos como éstos:

- Permiso para hablar con el Señor Presidente...

Ubico Castañeda, quien acostumbraba a no apartar la vista de sus documentos mientras atendía a sus visitantes, contestó sin mirarles:

- Sí, ¿qué quieren?

Los generales, temerosos, continuaron:

- Entre los miembros de su Plana Mayor, se quisiera saber que si en caso, ¡que Dios no lo permita!, su Excelencia llegara a faltar quien consideraría Usted que es el más apropiado para sucederle.

Sin pensarlo siquiera, Ubico Castañeda levantó la vista un momento, y señalándoles con su pluma fuente contestó:

- ¡Ustedes tres!

Tomado de: Entrevista con miembro de las juventudes universitarias que participaron en los sucesos de junio de 1944. Realizada el 10 de abril de 1984.

Novela Los Ojos de los Enterrados de Miguel Ángel Asturias[editar]

Miguel Ángel Asturias en la década de 1940.

Miguel Ángel Asturias en su obra Los Ojos de los Enterrados, tercera y última entrega de su Trilogía Bananera, describe una interesante teoría: relata una historia ficticia en la que la causa de la renuncia del presidente Ubico[p] fue debida a una huelga generalizada en las instalaciones de la United Fruit Company tanto en Bananera como en Tiquisate, a la que siguió un paro nacional y las protestas en la capital. Aunque los movimientos que resultaron en la renuncia de Ubico se dieron principalmente en la Ciudad de Guatemala la teoría de Asturias, aunque ficticia, es interesante y hasta hubiera sido posible, dados los siguientes factoresː[39]

«Derrocar a la fiera militar de turno dejando a la frutera intacta era engañarse, y atacar a la compañía con el dictatorzuelo encima era imposible. Había que acabar con los dos al mismo tiempo».

Tomado de: Asturias, M.A. (1978). Los ojos de los enterrados. Buenos Aires: Lozada. [39]

  • Luego de la caída del gobierno de Ponce Vaides en octubre de 1944, tanto la Junta Revolucionaria de Gobierno[q] , como Juan José Arévalo con su Código de Trabajo y Jacobo Árbenz Guzmán[r] atacaron de frente a los intereses de la United Fruit Company y de sus compañías afiliadas la IRCA y la Gran Flota Blanca.[39]
  • La frutera se encontraba de momento debilitada, ya que la Segunda Guerra Mundial no había terminado, y algunos buques de su flota habían sido hundidos por los submarinos alemanes y otros eran utilizados para el traslado de pertrechos de guerra y tropas a los frentes.
  • La política conocida como New Deal del entonces presidente de Estados Unidos Franklin Roosevelt no favorecía a las empresas multinacionales como la UFCO.[40]

Formación del Frente Popular Libertador[editar]

El 4 de julio, los estudiantes universitarios principalmente de las facultades de Derecho y de Medicina formó el Frente Popular Libertador (FPL). La mayoría de estos jóvenes estudiantes eran de clase media y había incluso algunos de las élites del país. El 18 de julio celebraron su primera junta general, y se nombró a Manuel Galich, Mario y Julio César Méndez Montenegro, Manuel y Marco Antonio Villamar Contreras como su primera junta directiva. Entre los participantes a esa reunión estuvieron Ricardo Asturias Valenzuela, Alfonso Bauer Paiz y José Manuel Fortuny.[34]

Los fundadores del partido explicaron el significado del nombre que habían adoptado de la siguiente forma:[34]

  • Frente: porque los que lo forman marchan siempre a la vanguardia, con la frente en alto.[34]
  • Popular: porque le abre los brazos a cuanto guatemalteco honrado desee pertenecer a él.[34]
  • Libertador: porque propone hacer una patria democrática y libre.[34]

La Revolución[editar]

Papel de la Escuela Normal para Varones[editar]

Dirigentes del movimiento revolucionario del 20 de octubre de 1944. De izquierda a derecha: Jacobo Árbenz Guzmán, Jorge Toriello Garrido y Francisco Javier Arana.

A finales del gobierno del general Ubico la Escuela Normal estaba militarizada y para su funcionamiento se integraba de una unidad administrativa a cargo de militares de profesión y encargada de impartir órdenes y disciplina castrense, y una unidad académica integrada por un claustro de catedráticos civiles encargados de la enseñanza. La escuela se caracterizaba entonces por tener un internado obligatorio, régimen y disciplina militar, estudiantes becados en condiciones económicas bastante reducidas, predominio de alumnos de la provincia, y un claustro altamente calificado liderado por Luis Martínez Mont. Los estudiantes de esa época sufrieron arrestos indefinidos, palabras grotescas, golpes y prácticas militares agotadoras de tres y cuatro horas diarias, en menoscabo de las horas de estudio.[41] [s]

Tras la caída del general Ubico, los estudiantes de la Escuela Normal a través de un telegrama solicitaron al presidente Ponce Vaides la desmilitarización del plantel el 15 de julio de 1944, pero no fueron atendidos. Alentados por las circunstancias, insistieron y el nuevo gobierno les otorgó la desmilitarización del establecimiento educativo. Los normalistas fueron reunidos en los corredores de la Escuela Normal para escuchar la orden militar del día, que trató sobre la desmilitarización de la Escuela Normal. Los estudiantes fueron desarmados y rompieron filas.[41] El 1ro. de agosto el personal administrativo de la Escuela Normal pasó al control del nuevo director, el profesor Jorge Luis Arriola.[41]

Durante esta corta administración, la administración de la Escuela Normal mejoró la alimentación de los internos, cambió a los inspectores, desarrolló el arte literario y fomentó las relaciones inter-escolares que no existían hasta entonces. Las primeras visitas fueron de las alumnas del Instituto Normal Central para Señoritas Belén y luego se establecieron los jueves deportivos donde se invitaban a institutos de secundaria de la Ciudad de Guatemala para practicar encuentros deportivos, tanto de mujeres como de hombres.[41] Estos cambios hicieron que el presidente Ponce Vaides viera con recelo a la Escuela Normal, por lo que destituyó a Jorge Luis Arriola el 25 de septiembre de 1944 y nombró como director en su lugar a Carlos Alberto Quintana quien era miembro activo del Partido Liberal y a quien la institución declaró non grato.[41] Como protesta, renunciaron los profesores de la administración y los estudiantes emprendieron varias acciones:

  • elaboraron un manifiesto pidiendo la reinstalación del Dr. Arriola como director [42]
  • hicieron aclaraciones a la prensa para salvar al Dr. Arriola [42]
  • emprendieron jornadas de protesta para la liberación de su director [42]
  • convocaron a una huelga general en que los internos abandonaron el edificio de la Escuela.[41]

La huelga convocada por los estudiantes normalistas fue uno de los precursor de la Revolución del 20 de Octubre. [42]

Muerte de Alejandro Córdova[editar]

En la madrugada del 1 de octubre de 1944, Alejandro Córdova y el industrial Fredy Koenisberger[t] asistieron a una reunión y a eso de las 3 de la mañana se dirigieron a la Villa de Guadalupe, donde vivía Córdova. Cuando estacionaron frente al chalet las Gardenias[u] fueron interceptados por un grupo de hombres armados. Uno de ellos les dijo: «Dos palabras». Y Córdova le respondió: «¿Qué quiere, amigo?» Entonces les dispararon.[35]

Los autores del atentado[v] corrieron hacia una camionetilla que los esperaba los esperaba Humberto Mendizábal Amado; se dirigieron al Tercer Destacamento de Policía, en el barrio de San Pedrito y dejaron abandonada la camionetilla. Momentos después se despidieron y Paiz Madrid, jefe del grupo, les dijo que tenían que separarse y que no olvidaran presentarse al despacho del coronel Evaristo Orozco para informarle de que habían cumplido la misión.[w] Todos los autores materiales fueron capturados al caer el gobierno de Ponce Vaides el 20 de octubre 1944, pero Madrid y del Cid escaparon de la cárcel.[35]

Con el nuevo Gobierno, la Policía Nacional fue sustituida por la Guardia Civil y prometieron capturar a los prófugos en el menor tiempo posible; el 22 de octubre, unos guardias que rondaban por Gerona vieron a un individuo sospechoso y lo reconocieron como Federico Paiz Madrid.[35] En la 16 avenida y Callejón del Administrador, hoy 15 calle “A” –según el reporte de las autoridades- «Madrid los atacó a balazos y ellos para defender sus vidas le dispararon hasta darle muerte». El resto de los asesinos de Córdova fueron sentenciados a muerte en Primera Instancia, pero en Segunda Instancia, las condenas quedaron así: Luis Ochoa del Cid y José Muñoz Herrera, 30 años de prisión y Humberto Mendizábal Amado, 20 años.[35]

Caída de Ponce Vaides[editar]

Presidente Federico Ponce (1944).

De julio a septiembre del mismo año, Ponce comenzó a dictar medidas coercitivas contra la ciudadanía, apoyado por el Partido Liberal Progresista, con el objeto de perpetuarse en el poder. Varios oficiales militares de rango intermedio de alta en el batallón de la Guardia de Honor, comenzaron a cambiar impresiones y a proponer soluciones para evitar el entronamiento de una nueva dictadura en el país.[43] Entre los militares estaban Manuel J. Pérez, el mayor Carlos Aldana Sandoval, el capitán Jacobo Arbenz y Francisco Javier Arana, a quienes se sumó prácticamente toda la oficialidad de aquel cuerpo militar. Algunos se encargaron de mantener contactos con diversos activistas civiles que colaborarían durante la lucha armada. Los enlaces principales que mantuvieron fueron los militares de baja Jacobo Arbenz Guzmán y Enrique de León Aragón. Además, el hombre de negocios Jorge Toriello, el dirigente obrero Silverio Ortiz, el doctor Julio Bianchi y un grupo de estudiantes encabezados por Mario y Julio César Méndez Montenegro, Oscar de León Aragón y Julio Valladares Castillo, entre otros.[44]

En la noche anterior al 20 de octubre de 1944, después de coordinar las unidades que estarían en combate, de comprobar las comunicaciones, adjudicar misiones y objetivos de establecer un puesto de mando, los mayores decidieron iniciar las operaciones de acuerdo con el plan estratégico establecido, sin la asistencia del mayor Aldana Sandoval y del coronel Humberto Díaz, quienes por diversas razones no estuvieron presentes en la hora convenida: dos piezas de artillería fueron situadas en la zona 5 para cañonear el Castillo de Matamoros mientras que dos tanques cubrían el frente del cuartel para evitar fugas;[45] desde los altos del Cerrito del Carmen, otras dos unidades bombardearon el Castillo de San José, también sitiado por otro par de tanques. Fue neutralizado el campo de aviación del Aeropuerto Internacional La Aurora y luego fueron ubicados cuatro cañones más contra Matamoros y el Castillo de San José produciendo, en ambos, estragos materiales en los edificios y una considerable cantidad de bajas entre muertos y heridos. Finalmente, fueron colocados cuatro tanques frente al Palacio Nacional con la orden de atacar en caso de encontrar resistencia.[46]

En cuanto a Árbenz, Jorge Toriello y el teniente Enrique de León Aragón, éstos estuvieron repartiendo armas a los civiles que las solicitaban para unirse a la lucha. Los primeros civiles que se incorporaron a la lucha armada fueron quince estudiantes universitarios que llegaron a la Guardia de Honor a las dos de la la mañana, quienes fueron armadas inmediatamente. Otro contingente civil muy valioso fue el constituido por obreros armados liderados por el legendario dirigente Silverio Ortiz[x] Entre todos ellos lograron reunir ochocientos hombres que pelearon en diversos barrios de la ciudad, entre otros, «La Palmita», «La Reformita», «Santa Cecilia» y en las calles céntricas, enfrentándose a la policía nacional y a los francotiradores que cobraron muchas vidas humanas. El contingente obrero estuvo integrado por albañiles, carreteros, maestros, tipógrafos, ferrocarrileros, jornaleros y toda una amplia gama de oficios.[47]

En las primeras horas de la mañana del 20 de octubre, el Castillo de Matamoros elevó la bandera blanca en señal de redención y a las 10:30 am hizo lo mismo el Castillo de San José. Algunos hechos callejeros violentos por parte de la resistencia obligaron al ejército revolucionario a integrar con estudiantes y maestros un cuerpo de vigilancia llamado «Guardia Cívica», que patrulló la Ciudad de Guatemala desde la noche del 20 de octubre en adelante, en sustitución de la policía nacional. Los boy scouts también colaboraron con los triunviros dirigiendo el tráfico en las esquinas más concurridas y las mujeres guatemaltecas prestaron su labor como ayudantes de enfermería en los hospitales y puestos de socorro.[48]

El 20 de octubre de 1944 selló por primera vez en la historia republicana de Guatemala la unión entre ejército y civiles revolucionarios. Después de las rendición de los dos bastiones militares defensores del gobierno de Federico Ponce, el mandatario y su gabinete levantaron la bandera blanca del cese de hostilidades. Para ello fue necesario que los combatientes revolucionarios llegaran al acuerdo de integrar un mando unificado integrado por Francisco Javier Arana, representando a los jóvenes oficiales de la Guardia de Honor y Jacobo Árbenz Guzmán y Jorge Toriello Garrido, en representación de los sectores militares democráticos egresados de la Escuela Politécnica, así como a los estudiantes, obreros y políticos que coadyuvaron a derrocar los gobiernos de Jorge Ubico y Ponce Vaides.[49]

Los dirigentes exigieron telefónicamente la renuncia escrita de Ponce, desde la embajada de Estados Unidos. Después de solicitar la mediación del cuerpo diplomático y de cuatro horas de negociación, ambas partes acordaron los términos de la rendición del gobierno y el cese total de hostilidades de las fuerzas militares que lo apoyaron.[50]

Junta revolucionaria de gobierno[editar]

Revolución de 1944
Jacobo Árbenz y su esposa María Vilanova

Luego de estos sucesos se difundió la noticia de que Ponce Vaides había solicitado asilo político en México y el gobierno había sido tomado por un triunvirato compuesto por un civil y dos militares: El civil Jorge Toriello Garrido, el Mayor Francisco Javier Arana y el Capitán Jacobo Árbenz Guzmán.[49]

Las principales funciones del gobierno de transición fueron, derogar los decretos que había realizado la administración anterior. Convocó a una Asamblea Nacional Constituyente que produjo una nueva Carta Magna. Quedó instituida la Junta Revolucionaria del 20 de octubre de 1944, con el propósito de garantizar a los guatemaltecos un marco constitucional para llevar a Guatemala a una democracia representativa.[49] Entre los decretos más importantes que firmó la Junta Revolucionaria se encuentran:

  • Decreto No. 1 Disolución de la Asamblea Nacional y convocatoria para elección de Diputados para integrar la Asamblea Revolucionaria.
  • Decreto No. 7 Se deroga el Decreto No. 1474 desde el 1 de enero de 1945, anulando el servicio personal (trabajo forzoso) por pago de impuesto de vialidad.
  • Decreto No. 14 Se otorga autonomía a la Universidad Nacional, que pasa a llamarse Universidad de San Carlos de Guatemala.

Constitución de 1945[editar]

Los dirigentes del movimiento armado de octubre formaron una junta de gobierno que conservó el mando de la República hasta el 15 de marzo de 1945. Durante este período se promulgó la nueva Constitución de la República de Guatemala que fue redactada y aprobada por una Asamblea Nacional Constituyente, y en la cual figuraron elementos de todas las clases sociales y corrientes políticas.[49]

Entre otras cosas, la nueva Constitución autorizó la organización de sindicatos, los cuales estaban prohibidos en los gobiernos liberales y creó el cargo de jefe de las fuerzas armadas.[51]

Los gobiernos de la Revolución[editar]

La Revolución de Octubre ha sido interpretada como el período en que emerge la pequeña burguesía guatemalteca y del proceso de hegemonización de la burguesía en el manejo del poder político. El nuevo papel del Estado requería de un número creciente de servidores públicos; su apertura democrática estimuló la organización popular y el mayor protagonismo de las capas urbanas logró que sus áreas de vida ubicadas en las periferia de la Ciudad de Guatemala fueran atendidas por el Estado[y] ya que son partes de la base social que sustenta los regímenes revolucionarios.[52]

Cuando ocurrió la Revolución de 1944, la ciudad tenía un escaso desarrollo urbano, que se reflejaba en una deficiente y diferenciada cobertura de servicios esenciales[z] así como pocas posibilidades de trabajo para la población, por la casi inexistente industrialización; excepto por una fábrica de cerveza, otra de cemento y algunas textileras y jaboneras, las principales actividades económicas eran agrícolas y artesanales. Guatemala dependía en todo de la importación de artículos tanto sunturarios como necesarios. [53]

Con los gobiernos revolucionarios se inicia un nuevo concepto de la administración municipal, basada en la autonomía y en la elección de las corporaciones por la población de los municipios, aunque desde el principio, esta situación tuvo repercusiones en el desarrollo urbano de la ciudad, ya que existieron fricciones políticas entre el gobierno y las corporaciones ediles, principalmente con la de Juan Luis Lizarralde, quien fue electo en 1951 tras ser postulado por los partidos anticomunistas de Guatemala.[54]

Gobierno de Arévalo[editar]

Toma de posesión de Arévalo, 15 de marzo de 1945.
Juan José Arévalo

El gobierno del primer presidente electo democráticamente en la historia de Guatemala, Juan José Arévalo, se distinguió por sus numerosas realizaciones educativas y de beneficio para la mayoría de las capas medias urbanas y de los intelectuales más consecuentes. Sin embargo, la oligarquía y los sectores influyentes, apoyados por el sector conservador del Ejército, comenzaron a conspirar contra el nuevo gobierno. El presidente Arévalo Bermejo inició su gobierno en 1945, y desde el principio utilizó un lenguaje a veces disociador, que empezó a polarizar a la sociedad guatemalteca, causando entre los terratenientes la sensación de que sólo era el gobernante de una parte de los guatemaltecos. En el libro «Despacho Presidencial» de Arévalo, se observa que el gobierno se inició con sanciones a la oposición,[aa] intervencionismo económico del Estado[ab] y un decidido apoyo a un movimiento sindicalista recién surgido. Así entonces, las fuerzas de oposición al gobierno arevalista[ac] poco a poco fueron marginadas y empezaron a temer la implementación de un socialismo en el país.[29] Por otra parte, es importante destacar que el presidente Arévalo tomó posesión con poder limitado, restringido por los militares, que estaban acaudillados por el teniente coronel Arana.[55]

El frente de lucha del gobierno arevalista fue preponderantemente urbano y, a diferencia de su sucesor, no enfrentó los problemas de la tenencia de la tierra y el trabajo agrícola, a pesar de que la mayoría de la población era rural e indígena, salvo en lo relacionado con los trabajadores de la agricultura tecnificada norteamericana aposentada en las vastas y fértiles regiones de Bananera y Tiquisate. Por otra parte, el régimen revolucionario, impulsado y dirigido por miembros de las capas medias directa e indirectamente, fortaleció las posiciones de aquéllas y las acrecentó[ad] Por su parte, el sector terrateniente se organizó a través de las asociaciones de agricultores, comerciantes, industriales, banqueros, aseguradores y especuladores financieros, etc.[56]

Los precios del café, principal producto agrícola que exportaban los guatemaltecos, ya que el banano era negocio exclusivo de los norteamericanos, alcanzaron los precios que habían perdido en 1930, y, aunque la beneficiada en primer término fue la élite cafetalera, hubo una derrama suficiente para abrir nuevos negocios o ampliar los ya existentes en los rangos sociales intermedios de la capital y de algunas cabeceras departamentales. Asimismo, durante el gobierno de Arévalo hubo considerable expansión de las clases medias urbanas y ladinas del país, a las que hasta el sindicalismo recién organizado favoreció, puesto que muchos de los nuevos dirigentes y diputados obreros salieron de sus distintas capas.[57]

Arana y Árbenz fueron ascendidos al grado de coronel y teniente coronel, respectivamente.[ae]

El 16 de diciembre de 1945, Dr. Arévalo, en compañía de un periodista estadounidense y dos bailarinas rusas que estaban de visita en Guatemala, tuvo un terrible accidente automovilístico en la carretera a Panajachel: cayó al barranco y quedó gravemente herido, mientras que todos sus acompañantes murieron.[58] [59] [60] Creyendo que la recuperación del presidente iba a ser prolongada, los dirigentes del Partido Acción Revolucionaria (PAR) suscribieron un pacto con el ya teniente coronel Arana, en el que éste se comprometía a no intentar ningún golpe de estado contra el presidente convaleciente, a cambio de que los partidos revolucionarios apoyarían a Arana como su candidato oficial en las siguientes elecciones. Éste fue el famoso «Pacto del Barranco», Sin embargo, la recuperación del presidente fue casi milagrosa y pronto pudo hacerse cargo del gobierno nuevamente, aunque no estuvo de acuerdo en aceptar el Pacto del Barranco.[af] Arana había aceptado este pacto porque quería ser conocido como un «héroe demócrata» de la sublevación contra Ponce y creyó que el Pacto del Barranco garantizaría su posición cuando llegara el momento de las elecciones a presidente.[62]

Arana era una persona muy influyente en el gobierno de Juan José Arévalo, y había logrado ser nominado como el siguiente candidato a la presidencia, por delante del capitán Arbenz, a quien se le dijo que por su corta edad (apenas 36 años en ese tiempo) no tendría problema en esperar su torno para las elecciones siguientes.[58] Pero la élite social no estaba conforme con el gobierno arevalista, pues por primera vez en la historia del país la clase media urbana tenía poder y lo había utilizado para que el gobierno adoptara medidas en favor de los obreros de la ciudad.[63] La élite consideraba nocivas las reformas sociales y consideraba que era más fácil hacer negocios y dinero -y que era más seguro para ellos- vivir en un régimen dictatorial como el de Ubico.[63]

Los terratenientes tradicionales empezaron a cortejar al teniente coronel Arana, para que liderara un golpe de estado contra Arévalo y se opusiera a las nuevas reformas que éste había emprendido.[63] Pero Arana estaba indeciso porque eso significaba perder el apoyo de los recién formados sindicatos urbanos, quienes eran sus votos seguros en las elecciones de 1950, en donde estaba garantizada su candidatura presidencial por el partido oficial.[63] La división entre Arana y el gobierno arevalista empezó a notarse más en 1948, cuando se eligió a la mitad del congreso y Arana apoyó a sus propios candidatos, de los cuales ninguno resultó electo por la ineptitud de su jefe de campaña, el oficial Ricardo Barrios Peña -quien era nieto de Justo Rufino Barrios.[64] A partir de ese momento, las relaciones entre Arana tanto con el presidente Arévalo como con el Congreso se fueron distanciando, y se empezó a rumorar un posible intento golpista del militar y un posible descontento del presidente con el movimiento «Arana para Presidente» que ya se había iniciado.[65]

Existen varios relatos de intentos golpista liderados por Arana que fueron detenidos por diversas circunstancias: en una ocasión, durante una celebración en octubre de 1948 en la Quinta Samayoa -entonces una propiedad rural en las afueras de la Ciudad de Guatemala- Ricardo Barrios Peña y sus amigos habrían convencido a Arana para iniciar un golpe de estado, pero el joven oficial Carlos Paz Tejada lo habría evitado diciéndole enérgicamente a Arana que se conviertiera en «otro Ubico».[66] . En otra oportunidad, a mediados de 1949, Arana habría girado instrucciones a sus hombres en la Guardia de Honor para que lo esperaran en la noche para iniciar un golpe contra el gobierno; pero Arana ya no llegó porque pasó la noche bebiendo con Arévalo en la Casa Presidencial.[66] A pesar de que Árbenz tenía muchos seguidores en las fuerzas armadas, Arana sabía que había varios grupos independientes y numerosos oficiales indiferentes a la situación; además, tenía a sus más cercanos colaboradores en posiciones clave en el ejército, aprovechando su puesto de Jefe de las Fuerzas Armadas; pero a Arana lo detuvo su indecisión entre liderar un golpe y alcanzar la presidencia por medios legales.[66]

Tras el fracaso en las elecciones legislativas Arana fue rechazado por el PAR y el Frente Popular Libertador (FLP) -partido de los estudiantes universitarios-, en el que únicamente la facción de Mario Méndez Montenegro lo apoyaba; de hecho, en abril de 1949 se produjo un cisma en el FLP, formándose el Frente Popular Libertador Ortodoxo que apoyaba a Arana y que inició la campaña presidencial de éste en el interior de la república.[67] Al mismo tiempo, se empezaba a perfilar la candidatura del teniente coronel Árbenz porque parecía favorable a los obreros y respetuoso de la Constitución y porque en el interior de la república únicamente un militar podría derrotar a Arana.[67]

Muerte de Francisco Javier Arana[editar]

Mayor Javier Arana
«En las últimas horas de la mañana del 18 de julio de 1949, varios hombres armados salieron a toda velocidad de la Ciudad de Guatemala en dos vehículos. Cerca de un pequeño puente -el Puente de la Gloria- esperaron por Francisco Arana, jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala. No tuvieron que esperar mucho. Cuando Arana y sus tres acompañantes se acercaron al puente, había del otro lado un Dodge gris, y viendo que les impedía el paso, el coronel Arana detuvo su vehículo. Se produjo entonces una corta balacera. Arana resultó muerto. No hubo investigación sobre su muerte. Sus asesinos nunca fueron capturados.»
—Piero Gleijeses[68]

La muerte del teniente coronel Francisco Javier Arana es de crítica importancia en la historia del país, pues fue un evento pivotal en la historia de la revolución guatemalteca: su muerte no sólo abrió las puertas a la elección del coronel Jacobo Arbenz como presidente de la república en 1950[ag] sino que también provocó una aguda crisis en el gobierno del doctor Arévalo Bermejo, quien se vio enfrentado contra un ejército que había sido fiel al mayor Arana, y a grupos civiles de derecha que aprovecharon la ocasión para protestar fuertemente contra su gobierno.[69]

De acuerdo a la constitución guatemalteca vigente en 1949, para que un oficial del ejército pudiera participar en las elecciones presidenciales debía renunciar a las fuerzas armadas en mayo de 1950, es decir seis meses antes de los comicios.[70] Arana se vió entonces en la encrucija entre el camino legal y el golpe de estado, pues perdería su poder sobre el ejército al iniciar su candidatura presidencial, la cual se veía cada vez más débil. El sucesor de Arana como jefe de las Fuerzas Armadas era elegido por el Congreso de Guatemala entre tres nomidados postulados por el Consejo Superior de la Defensa (CSD), ente formado por veintitrés oficiales, que incluía a Arana y a Árbenz como miembros por ser los mayores jerarcas militares del país, pero que también incluía miembros que eran electos cada tres años.[70] Arana sabía que su sucesor iba a ser un oficial no-aranista y decidió influir en las elecciones del CSD de 1949; las reuniones dentro del CSD fueron tensas y no se llegó a ningun acuerdo, más que posponer las elecciones de nuevos miembros para julio de 1949.[70] El viernes 15 de julio finalmente los aranistas aparentaron doblegarse y aceptaron que el voto fuera libre en las zonas militares y que los comandantes locales no supervisaran las votaciones.[71]

Pero ese mismo día, Arana destituyó al coronel Francisco Cosenza, jefe de la Fuerza Aérea de Guatemala, y único arbencista entre los jefes militares; lo sustituyó por Arturo Altolaguirre Ubico sin pedir permiso al ministerio de la Defensa. Árbenz supo en ese momento que un golpe de estado estaba en marcha y Arana, que estaba cansado de esperar, fue al despacho de Arévalo a enfrentar el 16 de julio; allí -según relatos posteriores pues no hubo testigos presenciales- le dió un ultimatum: Arévalo tenía que destituir a todo su gabinete y sustituirlo por colaboradores del militar o sería derrocado.[71] Arévalo le dijo que le diera unos días para realizar los cambios ordenamente, a lo que Arana accedió, dando como plazo hasta las diez de la noche del 18 de julio -fecha en que se iban a inicar las elecciones para el CSD-.[70] Ricardo Barrios Peña le recriminó a Arana este acuerdo, pues consideraba que Arana debió haber tomado el poder inmediatamente; pero Arana estaba seguro de su victoria y porque iba a quedar como un presidente constitucional tras ganar las elecciones, en vez de un líder de facto.[72]

Después de que Arana se retiró, Arévalo mandó a llamar a Árbenz y a otros importantes colaboradores, quienes al conocer del ultimatum acordaron secuestrar a Arana y enviarlo al exilio; el 17 de julio, mientras Arana estaba en la Quinta Samayoa, seguro de su triunfo, el comité permanente del Congreso de Guatemala se reunió secretamente para destituirlo como jefe de las Fuerzas Armadas. El presidente de Cuba Carlos Prío Socarrás, quien era amigo de Arévalo, estuvo de acuerdo en otorgar exilio al coronel Arana, quien sería transportado a Cuba por el coronel Cosenza.[72] El gobierno de Arévalo estaba seguro que luego del destierro de Arana, se iniciaría un alzamiento militar por parte de sus seguidores.[69]

El lunes 18 de julio por la mañana, Arana se presentó en el palacio presidencial y le dijo a Arévalo que iba a El Morlón, la residencia presidencial a orillas del Lago de Amatitlán, para confiscar un lote de armas que Arévalo había escondido allí luego de que las autoridades mexicanas las confiscaran a un grupo de exiliados dominicanos a quienes el gobierno guatemalteco se las había regalado para derrocar a Rafael Leónidas Trujillo.[69] Las armas habían sido sustraídas de la base militar del Puerto de San José y ahora iba a confiscarlas en la residencia presidencial.[69] El historiador Piero Gleijeses considera que la visita de Arana a Arévalo fue «la de un hombre impulsivo cuya paciencia estaba agotada y que fue al palacio para presumir de su poder y para apurar al humillado presidente a que cumpliera con su ultimatum rápidamente».[73] Pero en lugar de amedrentar a Arévalo, lo único que consiguió fue que éste supiera en donde iba a encontrarse y pusiera en marcha el plan para sacarlo al exilio; hábilmente, Arévalo le sugirió que se llevara al coronel Felipe Antonio Girón -jefe de la guardia presidencial- lo que confirmó a Arana de su aparente triunfo y de que Arévalo y Árbenz jamás se le enfrentarían.[73]

Arévalo llamó a Árbenz para que se hiciera cargo de la situación, y éste envió a varios hombres armados, quienes salieron desde la capital en dos carros e iban bajo las órdenes del jefe de la policía, teniente coronel Enrique Blanco y por el diputador del PAR Alfonso Martínez, un oficial retirado y amigo de Árbenz.[73] Cuando Arana llegó al puente de La Gloria, un Dodge gris estaba parado allí obstruyéndole el paso. Después de la corta balacera quedaron tres fallecidos: Arana, su asistente el mayor Absalón Peralta y el teniente coronel Blanco.[74] Los testigos presenciales nunca confirmaron cual fue el detonante de los disparos y si la intención había sido capturar a Arana como estaba previsto.[74]

Al conocerse la noticia de su muerte, la Guardia de Honor se alzó en armas y se iniciaron los combates e la ciudad, que tardaron durante veinticuatro horas mientras el resto del país esperaba el resultado. Aunque pareció que los aranistas iban a triunfar aquél 18 de julio, no lograron su objetivo porque carecían de un líder que los dirigiera contra las escasas fuerzas leales al presidente que estaban dirigidas por Árbenz, quien demostró mucha perspicacia y habilidad militar.[74] El coronel Carlos Castillo Armas, uno de los principales colaboradores de Arana, estaba en Mazatenango observando las elecciones para el CSD y no se atrevió a regresar[74] mientras que el comandante de la Guardia de Honor, coronel Juan Francisco Oliva, fue detenido en el ministerio de la Defensa, a donde lo había llamado Árbenz menos de una hora después de la muerte de Arana.[74]

Para el amanecer del 19 de julio, el gobierno había la iniciativa: el coronel Cosenza había arrestado a Altolaguirre Ubico en la Fuerza Aérea y numerosos civiles habían tomado las armas de los depósitos del fuerte de Matamoros y de un pequeño cuartel que Árbenz había tomado durante la noche.[75] Los leales al gobierno sitiaron la Guardia de Honor, que también fue atacada por la Fuerza Aérea, con bombas obsoletas que muchas veces no estallaron; finalmente, el cuartel se rindió y la lucha se dió por concluída con un saldo de ciento cincuenta muertos y más de doscientos heridos.[76] La versión oficial era que los miembros reaccionarios de la sociedad guatemalteca habían sido los culpables de la muerte del coronel Arana, algo que muchos guatemaltecos vieron con incredulidad desde el principio, pues se sabía que Martínez estaba herido y que éste era incondicional de Árbenz; esto dió pie para que se iniciaran los rumores de un complot para asesinar al coronel Arana,[76] los cuales han persisitido hasta la actualidad.

Gobierno de Jacobo Árbenz[editar]

Teniente Coronel Jacobo Árbenz Guzmán

Múltiples complots y asonadas militares no lograron derribar el gobierno de Arévalo, debido al fuerte apoyo popular y sindical con el que contaba, tanto así que no solo logró culminar su mandato sino que incluso pudo entregar el poder en un contexto pacífico y de elecciones democráticas a su sucesor, el coronel Jacobo Árbenz Guzmán quien tenía tendencias revolucionarias más radicales que las de Arévalo; es importante mencionar que los autores liberales como Carlos Sabino han puesto en duda la transparencia de las elecciones que dieron por ganador a Árbenz, aduciendo que como candidato oficial, se aprovechó de los recursos del estado para movilizar votantes en toda la República,[29] mientras que los autores socialistas las recuerdan como un ejemplo de transparencia.[77]

Cuando inició el gobierno de Árbenz, el 76% de los habitantes poseían menos del 10% de las tierras; mientras que un 2.2%, el 70%. La United Fruit Company era dueña de más del 50% de las tierras cultivables del país, de las que únicamente cultivaba el 2.6%; y los campesinos tenían sueldos miserables. Por otra parte, desde el gobierno de Manuel Estrada Cabrera existían monopolios norteamericanos de empresas subsidiarias de la UFCO y que se dedicaban al transporte de carga por ferrocarril y vapores, los que salían de Puerto Barrios, Izabal, puerto controlado por la frutera. Asimismo, controlaban la generación de la electricidad, los teléfonos y telégrafos del país. Estas empresas no pagaban ningún tipo de impuesto por el uso de los recursos nacionales, gracias a las generosas concesiones otorgadas por Estrada Cabrera, y ratificadas por los gobiernos de José María Orellana y Jorge Ubico.[77]

Dado que Arbenz era de tinte izquierdista nacionalista, dijo en su discurso inicial:

«Nuestro gobierno se propone iniciar el camino del desarrollo económico de Guatemala, tendiendo hacia los tres objetivos fundamentales siguientes:

  • convertir nuestro país de una nación dependiente y de economía semicolonial en un país económicamente independiente;
  • convertir a Guatemala de país atrasado y de economía predominantemente semifeudal en un país moderno y capitalista; y
  • hacer que esta transformación se lleve a cabo en forma que traiga consigo la mayor elevación posible del nivel de vida de las grandes masas del pueblo».

En base a su plan de gobierno, realizó lo siguiente:

  1. Promulgó el Decreto 900, para expropiar los terrenos ociosos de la UFCO.
  2. Inició la construcción de la carretera al Atlántico[ah]
  3. Inició la construcción del puerto Santo Tomás de Castilla en donde se encontraba el puerto Matías de Gálvez, para competir con Puerto Barrios, puerto controlado por la UFCO.[ai]
  4. Inició los estudios para la planta de generación Jurún Marinalá, para competir con la empresa eléctrica en manos de norteamericanos.[77]

En 1952, ganó las elecciones a alcalde Juan Luis Lizarralde, apoyado por el Partido de Unificación Anticomunista (PUA), el Comité de Estudiantes Universiarios Anticomunistas (CEUA), la Unión Patriótica y la Juventud Nacionalista, en una muestra de elecciones verdaderamente democráticas. Esta administración tuvo enfrentamientos con el gobierno del coronel Arbenz, pero el gobierno, mediante obra pública[aj] intervino en la producción de nuevos espacios en la ciudad y, en algunos casos, en la valorización de la tierra que fue incorporada a la ciudad por medio de los nuevos ejes viales como la carretera Interamericana que se construyó a partir del Hospital Roosevelt.[53]

La Contrarrevolución[editar]

Teniente Coronel Carlos Castillo Armas
Obra «Gloriosa Victoria»

Diez años después de la Revolución de 1944, en 1954, los opositores al gobierno de Arbenz se unificaron en el llamado Movimiento de Liberación Nacional. Bajo el mando del Teniente Coronel Carlos Castillo Armas y con el apoyo de Juan Córdova Cerna, director de la CIA en Centro América, quien fue el verdadero líder del Ejército de Liberación y se infiltró en el gobierno de la Junta Revolucionaria como Ministro de Gobernación, esta acción fue el preámbulo para que se iniciarán los planes para el derrocamiento en la denominada "Operación PBSUCESS", la cuál, bajo otro nombre tenía como objetivo derrocar a la Junta Revolucionaria, sin embargo se logró hasta con el presidente Árbenz.[78]

Con el apoyo de las dictaduras de Nicaragua y Honduras se planeó una invasión desde este último país, se reunió un pequeño ejército, cuyos aviones incursionaron sobre Guatemala, arrojando propaganda contra el gobierno y atacando objetivos militares. El 18 de junio de 1954, el Ejército de Liberación invadió el país por Esquipulas y tomó Chiquimula. Al presidente Arbenz solamente una sección del ejército le dio su apoyo por lo que no pudo oponer una resistencia efectiva, y la invasión ya había avanzado demasiado. Arbenz renunció el 27 de junio, dejando la presidencia en manos del Coronel Carlos Enrique Díaz, jefe de las Fuerzas Armadas, y se asiló en la embajada de México.[79]

El Coronel Díaz fue sustituido por una junta militar integrada por los coroneles Elfego H. Monzón, José Luis Cruz Salazar y Mauricio Dubois.[80] El Coronel Monzón, presidente de la junta militar, firmó con Castillo Armas, en San Salvador, un pacto que puso fin a la guerra, y le otorgó el poder a éste, quien había traicionado a el Lic. Juan Córdova Cerna e inmediatamente devolvió las tierras a los terratenientes e inauguró un período de sucesivos gobiernos militares en el país que incurrieron en una considerable deuda externa.[ak]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Lo cual era muy posible debido a las deudas que dejara su antecesor, el general Reyna Barrios tras el fracaso de la Exposición Centroamericana
  2. Entre ellos los ganadores del premio Nobel: Miguel Angel Asturias (con sus novelas Viento Fuerte, El papa verde y Los ojos de los enterrados), Pablo Neruda con su poema United Fruit Company y Gabriel García Márquez con su novela Cien años de soledad.
  3. Tras su derrocamiento, en diciembre de 1921, su sucesor el general José María Orellana (que había sido Jefe del Estado Mayor de Estrada Cabrera) ratificó todos estos contratos
  4. Compañía de la United Fruit Company
  5. El contrato era lescivo para Guatemala y se refería a hacer los arreglos necesarios a efecto de principiar los trabajos del Ferrocarril, que pondría en comunicación a Guatemala con El Salvador, en la ruta Zacapa-Anguiatú- frontera con El Salvador
  6. Existía el gobierno fascista de Benito Mussolini en Italia, la dictadura del PRI en México y la dictadura imperial de Hirohito en Japón; además, pronto se instaurarían los regímenes fascistas de Adolfo Hitler en Alemania (1933)y de Francisco Franco en España (1936).
  7. Esta medida no provocó resistencia, porque se les empezó a pagar en efectivo en lugar del uso de unas tarjetas que sólo podían revender tras aceptar fuertes descuentos
  8. En donde había sido Jefe Político
  9. Alemania, Italia y Japón
  10. Hubo tres bases en el país: El Aeropuerto La Aurora en la Capital, en el Puerto de San José en el Pacífico, y en Puerto Barrios en el Caribe.
  11. Mayoritariamente abogados
  12. Zachrisson aparece en los billetes de 50 quetzales, y se indica que fue el ministro que promovió la creación del quetzal como moneda guatemalteca.
  13. En junio de 1944 todavía seguía la Segunda Guerra Mundial, la cual enfrentaba a los ingleses, norteamericanos y soviéticos contra la Alemania (nazi) y la Italia fascista.
  14. Se refieren aquí a la Segunda Guerra Mundial.
  15. No lo hizo el 30 de junio para no coincidir con la fecha en que se celebraba la victoria liberal de la Reforma de 1871.
  16. A quien llama «la fiera del Guacamolón» -nombre coloquial del Palacio Nacional que construyó Ubico Castañeda, por su color verde
  17. Que derogó los reglamentos de vialidad y de vagancia que favorecían la mano de obra barata de los terratenientes
  18. Con el Decreto 900 de Reforma Agraria, la construcción de la Carretera al Atlántico, la construcción del Puerto Santo Tomás de Castilla y la planificación de la hidroeléctrica Jurún Marinalá
  19. Años más tarde, algunos maestros normalistas ejercieron esta misma disciplina férrea, a través de castigos corporales que reñían con los principios pedagógicos y didácticos.
  20. dueño de la ferretería El Candado Dorado
  21. 8.ª avenida entre 2.ª. y 3.ª calles
  22. Federico Paiz Madrid, Luis Ochoa del Cid y José Manuel Herrera Muñoz
  23. Orozco los había citado el día anterior y con voz enérgica les dijo de que «por órdenes del presidente provisional Federico Ponce Vaides tenían que matar al periodista Alejandro Córdova esa noche y si se negaban, serían fusilados inmediatamente»
  24. miembro prominente de los artesanos y obreros que combatieron en 1920 contra el entonces presidente Manuel Estrada Cabrera.
  25. Areas como «El Gallito» y «La Palmita».
  26. Estos son: dotación de agua, drenajes, electricidad y pavimentación de calles
  27. Cada vez que se sospechaba un complot en contra del gobierno, se restringían las libertades civiles, los sospechosos eran apresados y luego enviados al exilio
  28. Con la emisión de la «Ley de Emergencia Económica»
  29. Revolucionarios moderados y «ubiquistas»
  30. Es decir, que optó por favorecer a los sectores de la población urbana y ladina que conforman lo que algunos sociólogos llaman «las instancias morales de la sociedad», o sea, la universidad, los centros de enseñanza secundaria (que duplicó en los primeros 6 años), los tribunales, la burocracia (principalmente la militar), la prensa, las iglesias, los intelectuales, los profesores y los profesionales universitarios, a los que se englobó a través de la colegiación obligatoria.
  31. De los Ríos, Efraín (1948). Ombres contra Hombres. México: Fondo de la cultura de la Universidad de México. «El gobierno revolucionario eliminó la figura militar del generalato, e incluso expulsó del ejército a los generales Jorge Ubico y Federico Ponce Vaides por considerar que no habían servido a los intereses de la Nación». 
  32. El periódico satírico No Nos Tientes de la Huelga de Dolores de los estudiantes de la Universidad de San Carlos se refiere satíricamente a esta situación llamando a Juan José Arévalo «Superjuancho» por su rápida recuperación y las circunstancias de su accidente.[61]
  33. Arbenz sería derrocado por los Estados Unidos en junio de 1954, así terminando la revolución.
  34. La cual lleva su nombre desde 2012, por decreto del presidente Alvaro Colom y que fue terminada por los gobiernos de Carlos Castillo Armas y de Miguel Ydígoras Fuentes debido a la importancia económica de la misma. Tal y como había previsto el gobierno de Arbenz, una vez concluida la carretera, el monopolio ferroviario de la IRCA se derrumbó.
  35. Esta construcción no se terminó sino hasta después del Terremoto de Guatemala de 1976.
  36. Escuelas, hospitales, guarderías y comedores infantiles e infraestructura vial
  37. Ni Ubico Castañeda, ni Arbenz Guzmán dejaron deuda para el Estado de ninguna especie; Ubico pagó la Deuda Inglesa cuando renunció el 1 de julio de 1944, y Arbenz no necesitó de préstamos para sacar adelante su gestión.

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]