Raymond Monvoisin

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Raymond Monvoisin
Raymond Quinsac Monvoisin.JPG
Autorretrato
Nombre de nacimiento Raymond Quinsac Monvoisin
Nacimiento 31 de mayor de 1790 o 1974
Bandera de Francia Burdeos, Francia
Fallecimiento 26 de marzo de 1870 (75 o 79 años )
Bandera de Francia Boulogne-sur-Seine, Francia
Nacionalidad Bandera de Francia francés
Área Pintura
Género Retrato, cuadros históricos y mitológicos
Movimientos Neoclasicismo, Romanticismo
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Raymond Auguste Monvoisin, seudónimo de Raymond Auguste Quinsac Monvoisin (Burdeos, 31 de mayo de 1790/94,[Nota 1] - Boulogne-sur-Seine, 26 de marzo de 1870), fue un pintor francés.

Biografía[editar]

Primeros años y estudios[editar]

Desde muy temprano mostró una gran facilidad para el dibujo, pero en su adolescencia comenzó la carrera de ingeniero militar por indicación paterna. Sin embargo, a los dieciocho años la abandonó decidido a dedicarse por completo a la pintura. Ingresó en la Escuela de Bellas de Burdeos —estudió en el taller de Pierre Lacour—, de la que egresó en 1812. Durante estos años de formación obtuvo varios premios y ganó fama en su ciudad natal como uno de los mayores jóvenes talentos locales. Cuando la familia real visitó Burdeos, Monvoisin, de 25 años, retrató a la duquesa de Angulema, hija del guillotinado Luis XVI, y que pasaría a la historia como María Teresa de Francia. El cuadro gustó a Luis XVIII el nuevo rey restaurado, con cuyo sobrino estaba casada la retratada, lo que significó que Monvoisin fuera recompensado con una buena suma de dinero y que su fama aumentara.[1]

En 1815 se muda a París para completar su formación artística; después de un año de esfuerzos, logra ingresar en marzo en la Escuela de Bellas Artes y se convierte en alumno del taller de Pierre-Narcisse Guérin con quien trabajó en el neoclasicismo y la mitología, temas de plena vigencia en aquel momento entre los académicos. Para subsistir, trabaja como profesor de dibujo en una escuela.[2]

Ansioso de conquistar la capital francesa, participa activamente en los Salones de París, donde, entre 1817 y 1841, presentó 72 obras.[1] Su trabajo obtuvo el apoyo de muchos artistas; pronto empezó a vender cuadros a comerciantes, banqueros y, en general, a la nueva clase social burguesa emergente. En 1819 participó en su primera exposición colectiva en el Museo del Louvre. Pero Monvoisin no se conformaba con este éxito y como todo pintor joven, anhelaba ganar el Premio de Roma que otorgaba la Casa Real y que consistía en una beca de tres años, con todos los gastos cubiertos, para estudiar arte en la Academia de Francia de la Ciudad Eterna.

Los primeros intentos no fueron coronados por el éxito. En 1820 estuvo cerca de lograrlo, cuando su tela Aquiles pidiendo a Néstor el premio de la sabiduría en los juegos olímpicos obtuvo el segundo lugar en el codiciado galardón, que aunque era importante por aumentar su fama, no le permitía ir a estudiar a Roma. Al año siguiente volvió a quedar a un paso del triunfo, pero gracias a la protección de su maestro —que lo protegía y que incluso había logrado conseguirle el encargo de pintar un retrato de Luis XVIII para la Corte de Justicia de Aix-en-Provence— obtuvo un premio de honor por Orestes y Pílades con una suma de dinero suficiente para plasmar su sueño: a fines de 1821 Monvoisin dejó París y partió a la Ciudad Eterna, donde, como todo los becados del rey, se alojó en la Villa Médici.[1]

Su estancia en Roma no significó para Monvoisin un gran cambio en su formación, no solo porque el neoclasicismo seguía siengo la tendencia preponderante en Europa, sino también porque al año siguiente llegó a dirigir la Academia de Francia su maestro y protector Guérin, con lo que de hecho, fue como si contiuara en el taller parisino de este último.

Lo más importante que le ocurrió a Monvoisin en Roma fue el haber conocido a Doménica Festa (1805/7- 1881), hija menor del pintor Felice Festa (n. 1763/4) y pintora miniaturista ella misma, con quien se casó en la iglesia de San Luis, el 5 de marzo de 1825, al final de su estadía. Aunque su beca de consuelo cubría solo un trienio, gracias a Guérin pudo permanecer hasta ese año, cuando regresó a Francia con su flamante esposa. Se instalaron en un apartamento en la calle Odeón de París, Doménica dio a luz a una hija, Bianca (Blanca), en 1834 y Raymond se dedicó a ganar dinero pintando retratos.

Fueron años felices en los que Monvoisin, aunque siguiendo básicamente en el neoclacisimo, se ve influenciado por Dominique Ingres y Francisco de Goya, lo que se refleja en cuadros como el retrato de su hija Blanca, a los tres meses de edad, y el de su esposa; pinta asimismo entonces el primero de sus cuatro autorretratos. A fines de los años 1820 y principios de la siguiente década el orientalismo y la nostalgia por lo exótico se ponen de moda —el gran Eugène Delacroix, por ejemplo, realiza en 1932 un viaje de seis meses por Marruecos y Argelia, lo que influirá a partir de entonces en toda su obra—, a lo que no permanecerá ajeno Monvoisin. Esta fascinación por el Oriente está presente en la enorme tela Alí Pachá y Vasiliki (345 x 272 cm), que expuso en el Salón de 1833 y que estaría entre los cuadros que decidió llevar consigo a América (pertenece ahora a la pinacoteca del Palacio Cousiño).

Monvoisin recibe el encargo de realizar unos cuadros para el Palacio de Versalles y también pedidos de otros personajes como el duque Luis Felipe de Orleans, futuro último rey de Francia con el título de Luis Felipe I, para el que pinta, por ejemplo, Pastora soninesa. Precisamente esta última obra, junto con La partida, ambas inspiradas en Oriente, marca el cambio de estilo en el bordolés.[3] El duque le encarga también Telémaco y Eucaris (294.6 × 251.5 cm, pertenece a la colección del Instituto de Artes de Minneapolis, pero en 2015 no se estaba expuesto).[4]

Hacia 1836 la estrella de Monvoisin comienza a apagarse, aunque no de inmediato: al año siguiente ganará su segunda medalla de oro en el Salón de París (la primera la había obtenido en 1831 con La exaltación de Sixto V) y en 1839 será condecorado con la Legión de Honor. Pero por ese entonces se juntan varios problemas: a raíz de un cuadro encargado por Luis Felipe, entra en conflicto con, Alphonse de Cailleux (1788- 1876), secretario general de los museos reales que en 1836 había sido nombrado director adjunto del Louvre.

Cailleux critica La batalla de Denain —pintada en 1835 y que Monvoisin se había negado a mostrársela, a pesar de las peticiones recibidas, antes de terminarla—, y le exige que modifique algunos aspectos del lienzo. El bordelés se niega y surge una enemistad con Cailleux que le envenenará su espíritu. La tela encargada por el duque de Orleans el 5 juillet 1834 (por la que se había pagado 12.000 francs) para la Galería de las Batallas del Palacio de Versalles nunca llegó a destino y se conserva en los depósitos del Museo de Bellas Artes de Burdeos.

Monvoisin estaba insatisfecho también con los cuadros de los reyes merovingios y mariscales de Francia que había comenzado a pintar a comienzos de la década para la galería histórica del citado palacio con el fin de ganar dinero para vivir, lo que se reflejaba en el resultado de las pinturas. Por ello, se puede decir que el conflicto surgido en torno a La batalla de Denain resultaba, a fin de cuentas, natural y predecible.

A esto se le unieron las desaveniencias con su esposa[5] y problemas de salud que culminaron en una bronconeumonia que casi lo mata en 1840. Como explica Ana Francisca Allamand: «Resumiendo, para 1842 Monvoisin estaba enemistado con Cailleux, el encargado del arte real; su salud era delicadísima; se había separado de su esposa; y era víctima de una creciente sensación de decepción y rechazo —real o sentida— por parte de su sociedad. Sumando todos los factores, el pintor decidió buscar nuevos horizontes, pues París le parecía agotado.»[1] matrimonio que finalmente se quiebra (aparentemente ella lo abandonó).

El bordelés había hecho buenos amigos chilenos en la capital francesa. Había retratado a Mariano Egaña en 1827, cuando este era encargado de negocios en Francia. Egaña lo contactó con Pedro Palazuelos, cónsul general en Francia y los Países Bajos, y José Miguel de la Barra (que lo reemplazó en su cargo en 1830 después de que en 1829 Egaña regresó a Santiago), con quienes era cercano. Además, Monvoisin pintó en 1938 a Francisco Javier Rosales, quien, a su vez, ese año asumió el cargo que dejaba De la Barra. Rosales era tío de José Manuel Ramírez Rosales, alumno de Monvoisin en su taller parisino, y ambos se convirtieron en grandes amigos del pintor.

Monvoisin contempló la posibilidad de irse a Rusia, donde tenía amigos que le invitaban, pero, debido a su frágil salud, temió partir a un país de clima tan frío, por lo que terminó inclinándose a favor de Chile. Egaña le había insinuado que se necesita una academia de pintura, que podría fundar con el apoyo del Gobierno. Francisco Javier Rosales le cursó la invitación y Monvoisin, a pesar de tener ya más de cincuenta años de edad, decide lanzarse a la aventura americana. El 28 de febrero redacta su testamento en París y parte a El Havre, desde donde zarpa solo, sin su esposa e hija, con destino a Valparaíso llevando consigo una veintena de cuadros.[6]

El viaje y su paso por Argentina[editar]

La travesía, como solía ocurrir en aquella época, fue una auténtica aventura que le impidió llegar a Valparaíso, como era su intención en un principio. Los primeros 120 días de navegación fueron tranquilos, pero en las zonas australes todo se complicó y el periplo casi terminó en naufragio cuando se acercaban al cabo de Hornos en medio de tempestades. El capitán del barco había enfermado y la tripulación decidió no arriesgarse: dieron media vuelta y enfilaron hacia el Río de la Plata para desembarcar en Montevideo, adonde arribaron sanos y salvos. Pero Monvoisin ya no quiso tomar nuevos riesgos marítimos y optó por la vía terrestre, llegando a Buenos Aires a mediados de septiembre de 1842.

El bordelés se quedó en la capital de Argentina tres meses, que resultaron ser de los más fructíferos de su carrera, pues los especialistas en su obra consideran que aquí pintó tres obras maestras, todas por encargo del barón Henri Picolet d'Hermillon (1797-1864), cónsul general del Reino de Cerdeña en Buenos Aires y Montevideo. Se trata de el Gaucho federal, Soldado de la guardia de Rosas y Porteña en el templo (conocido también como Porteña en la iglesia o Retrato de Rosa Lastra).

Para el escritor Martiniano Leguizamón el primer cuadro es "el mejor documento gráfico sobre el gaucho de esa época memorable; no solo por el ambiente de la pampa, el colorido del cielo y la valentía y propiedad de la airosa figura, pintada con mano maestra, sino también por la fiel reproducción de la indumentaria gauchesca".[1]

El pintor argentino Eduardo Iglesias Brickles, sin embargo, ha considerado "amanerada" la representación que hace Monvoisin del gaucho en estas pinturas y escribe que el bordelés vio un "enorme parecido en las costumbres" de estos "con los beduinos del norte de África, coincidiendo con algunas descripciones que hace Sarmiento en el Facundo". El cuadro en el que más se notan las influencias orientalistas y el gusto por lo exótico es en el segundo, pintado sobre un cuero de potro: "Este gaucho es una especie de caballero andaluz, que al mismo tiempo recuerda a algunas de las composiciones que Delacroix realizó en sus incursiones por Tánger y Argel. El personaje se supone que es un miembro de La Mazorca que monta guardia en la casa de Rosas en Palermo de San Benito. La actitud es displicente y está reclinado sobre un muro de ladrillos, apoyado sobre los aperos del caballo y ligeramente en escorzo. La mano derecha sostiene el mate, calza botas de potro y aún lleva puestas las espuelas. El color rojo de la chaqueta y del gorro, además de ser el color federal, sirve para poner en evidencia el chiripá y la nota blanca de los calzoncillos cribados. La rastra de cuero muestra el lujo de cuatro monedas de plata, lo que nos da la idea de que su rango no es el de un gaucho raso". Agrega Iglesias que aunque valioso, el cuadro "mantiene cierta extrañeza con el espectador argentino. Ese gaucho está viciado de mirada foránea. Casi es tan exótico para nosotros como para el que lo pintó".[7]

El tercer cuadro pinta a una joven mujer de luto, rezando en una iglesia. La retratada es Rosa Lastra, hija de Domingo Lastra, quien junto con su hijo pereció degollado en la batalla de Chascomús, durante la derrota de la conjura planeada en 1839 contra la política de Juan Manuel de Rosas. Tres años más tarde, cuando la vio Monvoisin, seguía guardando luto de acuerdo a la antigua usanza española. Los templos bonaerenses de aquella época no tenían reclinatorios ni bancos, y las damas se sentaban y arrodillaban sobre una alfombra que era llevada por un sirviente negro, el que aparece representado detás de la mujer; el blanco de su rostro y la luminosidad de las manos contrasta con la su oscura vestimenta y con la piel del sirviente.

En la capital argentina, Monvoisin se alojó en una quinta en la parte sur de la calle larga de Barracas (hoy avenida Mitre en Avellaneda), donde recibió muchos encargos. Se convirtió en visita frecuente de Faustino Lezica (14.02.1798-09.03.1845) y su esposa Florencia Thompson (06.11.1812-1902), a cuyos hijos retrató, así como también a la familia Llavallol. Pintó asimismo a Rosas, cuadro que no terminó en Buenos Aires, de donde huyó cuando creyó que el dictador quería eliminarlo. El lienzo, reproducido con frecuencia, se lo llevó inconcluso a Chile y después a Francia, en donde en 1906 Eduardo Schiaffino, el director del Museo Nacional de Bellas Artes lo compró junto con una serie de otras obras.[7] "Tuve temor de caer bajo sus golpes a consecuencia de una circunstancia ajena a mí, y hube de partir secretamente", escribiría después Monvoisin en una especie de memorias. El bordolés emprendió su fuga en un coche de cuatro asientos que había comprado y que compartió con algunos viajeros en una caravana compuesto de otros 22 carros. En el camino, fueron perseguidos, según el pintor, por los hombres de Rosas: "me perseguían para degollarme", aseguró, pero la verdad es que bien podrían haber sido bandoleros los que seguían al convoy. El viaje fue difícil, pasaron hambre —lo que, según contó Monvoisin, lo hizo convertirse en cazador— y se demoraron 50 días en recorrer 100 kilómetros; durante el trayecto, perdió 9.000 francos que había ganado en la capital argentina con sus retratos. Cuando por fin llegaron a Mendoza, fueron celebrados con comidas y bailes. En esa ciudad realizó algunos cuadros, con el retrato grupal de la familia Serpa y Villanueva.[8] El 12 de enero de 1843 dejó Mendoza, el 23 llegó al paso de San Rosa y a fines de mes arribó a Santiago.

Monvoisin en Chile[editar]

El Gobierno de Chile, encabezado por Manuel Bulnes, lo había invitado a dirigir la Academia de Pintura, que finalmente se crearía el 17 de marzo de 1849, pero sin él. El pintor francés había llegado a Santiago de Chile con pocos recursos, pero precedido de fama, lo que le permitió introducirse entre las familias adineradas de la capital y trabajar como retratista de éxito.

Cumplió sus planes de crear una escuela de pintura, pero nunca fue estatal por falta de recursos de parte del gobierno, sino particular. Su intención de organizar lo más rápido posible una exposición de sus cuadros la cumplió prontamente y ya en marzo de 1843, es decir, a tres meses de llegado, inauguró, en la antigua Universidad de San Felipe (donde había instalado su escuela), una muestra para la que eligió nueve de la veintena de telas que había traído consigo. Estas eran: Alí Pachá y Vasiliki Blanca de Beaulieu (ambas presentadas en el Salón de París de 1833),[9] Aristómnes, Eloísa en el sepulcro de Abelardo, Juana de Arco, Mendigo español, Niño parisino pescando y el bosquejo Misa católica.

Sus óleos fueron decisivos para que la nueva sociedad chilena adquiriera los gustos de la moda europea, especialmente la francesa. Monvoisin participó activamente en la vida cultural chilena y realizó una gran cantidad de retratos —se calcula que pintó alrededor de quinientos—, los cuales funcionan como registro de la clase alta de chilena del siglo XIX. Además de pintar a las damas y caballeros de la aristocracia, Monvoisin ha dejado retratos de personajes ilustres, el presidente Bulnes, Andrés Bello (el original de este cuadro se encuentra en la Casa Central de la Universidad de Chile, en el despacho del rector, y en el Palacio de la Moneda hay una copia), Manuel Montt, Javiera Carrera...

Expuso con gran éxito sus óleos en la Universidad de San Felipe en 1843. Inquieto, no dejó de recorrer el país. Dio clases particulares de pintura y entre sus discípulos tuvo a Francisco Mandiola y Procesa Sarmiento.

Tenía Monvoisin un gran sentido comercial: invirtió en minas, compró la hacienda Marga Marga y, ayudado por su pareja, la también pintora francesa Clara Filleul, creó una auténtica fábrica de retratos, en la que cada parte del cuerpo tenía su precio. Así, dos manos valían más que una; si se pintaban los pies, el cuadro encarecía; también el tamaño de la tela influía en lo que cobraba. "El rostro era lo más caro. Es la tradición europea. Goya también cobraba por el rostro y si el cliente quería manos cobraba más. En el caso de Monvoisin, el fondo del cuadro lo pintan sus ayudantes. Los ropajes, él y Clara Filleul", comenta el director de cine y licenciado en Teoría del Arte, Mario Velasco.[5]

Últimos años de vida[editar]

La porteña en el templo, 1842

Tras viajar por distintos países de Sudamérica, especialmente Brasil, regresó a Francia en 1858. Olvidado, murió en la pobreza doce años más tarde.

Retrato de una dama chilena

Estilo[editar]

Monvoisin se dedicó a pintar fundamentalmente al óleo; en cuanto a estilos, pasó por muchos: el neoclasicismo en el que fue formado, se enriqueció con su espíritu romántico, que lo llevó a viajar; en América descubrió el naturalismo, que lo contrala con un con rígido racionalismo a favor de un idealismo más convencional. Los temas que exploró son la alegoría, algunas escenas costumbristas italianas, y el retrato, género que constituye mayor parte de su producción en Chile.[10]

Antonio Romera, en su Historia de la pintura chilena, escribe en el capítulo dedicado a Monvoisin: "Tiene de David la pasión por la vuelta a la antigüedad (Telémaco y Eucaris). De Ingres, su ansia por retornar a la Edad Media a través de una concepción purista (reyes merovingios de las galerías históricas de Versalles). De Delacroix, la pasión y el pintoresquismo vernacular (Los refugiados del Paraguay)".[3]

Reconocimiento de Monvoisin en Chile[editar]

Monvoisin es reconocido en Chile como uno de los precursores de la pintura nacional y las exposiciones de sus obras despiertan permanente interés. Especialmente exitosa fue la que se realizó en 2015 en las Casas de Lo Matta, uno de los centros culturales de la comuna de Vitacura, con el título de Las mujeres de Monvoisin.

El cineasta Mario Velasco rodó (2006-2009) una serie televisiva sobre la vida de pintor francés en Chile (1843-1857), titulada Monvoisin, el retratista de América.[11]

Notas[editar]

  1. Distintas fuentes dan uno u otro año como el de su nacimiento. Así, la base de datos de los Salones de París, da 1794, igual que las fichas de los cuadros que sen encuentran en el Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina (véase, por ejemplo, la del retrato de Rosas; la página que le dedica Burdeos, 1790, al igual la mayoría de las fuentes chilenas, como la biografía en el portal Artistas Plásticos Chilenos, del Museo de Bellas Artes de Santiago

Referencias[editar]

  1. a b c d e Ana Francisca Allamand. Raimundo Monvoisin, retratista neoclásico de la elite romántica, colección Pintura Chilena del Siglo XIX, Origo Ediciones, 2008
  2. Biografía de Monvoisin en el portal de la Universidad Católica, s/f; acceso 01.09.2015
  3. a b Antonio R. Romera. Historia de la pintura chilena, capítulo dedicado a Monvoisin, Editorial del Pacífico, Santiago de Chile, pp.37-50
  4. Ficha de Telémaco y Eucaris, Instituto de Artes de Minneapolis, en inglés, s/f; acceso 01.09.2015
  5. a b Cecilia Valdés Urrutia. Los retratos de Monvoisin, artículo publicado originalmente en Artes y Letras de El Mercurio, 18.11.2007 y reproducido en la página de Mario Velasco el 26.01.2008; acceso 01.09.2015
  6. Cronología de Monvoisin en la página que le han dedicado sus coterráneos, en francés; acceso 02.09.2015
  7. a b Eduardo Iglesias Brickles. La identidad nacional y el gaucho amanerado de Monvoisin, revista Ñ, 22.08.2010; acceso 02.09.2015
  8. Los artistas viajeros en Mendoza, Enciclopedia virtual de la historia de Mendoza, s/f; acceso 03.09.2015
  9. Explication des ouvrages de peinture, sculpture, architecture, gravure et lithographie des artistes vivants exposés au Musée Royal le 1 mars 1833, Vinchon, Fils et successeur de Mme Ve Ballard, imprimeur des Musée Royal, rue J.-J. Rousseau, n° 8, 1833, pág.132; acceso 03.09.2015
  10. Monvoisin en el Portal de Arte de Chile, s/f; acceso 01.09.2015
  11. Gabriela González. Mario Velasco estrena largometraje histórico en televisión, Noticias, en el portal de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, 21.09.2009; acceso 01.09.2015

Enlaces externos[editar]