Nuku Hiva (isla)

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Nuku Hiva
Nuku Hiva 02.jpg
Localización geográfica / administrativa
Archipiélago Islas Marquesas
Océano
Pacífico
País(es) Bandera de Francia República Francesa
Colectividad de ultramar Bandera de Polinesia Francesa Polinesia Francesa
Datos geográficos
Superficie 387 km²
Punto más alto 1.224 msnm (monte Tekao)
Demografía
Población 2.966
Otros datos
Descubrimiento Joseph Ingraham (1791)
Coordenadas 8°52′00″S 140°06′00″O / -8.8666666666667, -140.1Coordenadas: 8°52′00″S 140°06′00″O / -8.8666666666667, -140.1
Mapa de localización
Nuku Hiva ubicada en Polinesia Francesa
Nuku Hiva
Nuku Hiva
Ubicación (Polinesia Francesa).
Localización en el archipiélago
Localización en el archipiélago

Nuku Hiva es la más grande de las islas Marquesas, en la Polinesia Francesa. Está situada en el grupo norte del archipiélago.

Geografía[editar]

La isla tiene una superficie total de 387 km², y una altitud máxima de 1.224 m en el monte Tekao situado al noroeste. La parte central de la isla es una planicie elevada llamada Tōvi‘i. Hacia el este y el sur se abre en unos profundos valles que recogen el agua de lluvia y en la costa forman bahías protegidas. Las más notables son Hakaui, Taiohae y Taipivai. En cambio, la parte norte y oeste son más secas, hasta el punto que el extremo noroeste se denomina «el desierto». Es en este desierto donde está el aeropuerto de la isla.

Bahía de Taiohae

La bahía de Taiohae es de hecho un antiguo cráter hundido. A cada lado de la entrada hay un islote: el Centinela Este y el Centinela Oeste. En el fondo de la bahía se encuentra la villa de Taiohae, centro administrativo de las islas Marquesas que sustituyó a Atuona de Hiva Oa como capital. Detrás de Taiohae se levanta el monte Muake de 864 metros de altitud. Al este de la villa destaca la catedral de Notre-Dame.

La isla está dividida en tres comunas asociadas: Taiohae, Taipivai y Hatiheu. La población total era de 2.652 habitantes en el censo del 2002. Las principales actividades económicas son la agricultura, el artesanado y el turismo.

En la vegetación de la isla abundan los árboles frutales (cocoteros, bananeros, mangos, papayos, ananás, pomelos, naranjos y limoneros) y las flores (buganvillas, frangipanes, laureles, tiarés, hibiscos, jazmines y rosas). Entre los insectos se encuentran mosquitos, moscas, ciempiés, abejas, escorpiones no venenosos y los famosos «nonos» de picada desagradable.

El clima es tropical suavizado por los vientos alisios. La temperatura varía entre 25 °C y 34 °C. La estación de lluvias es de abril a agosto.

Historia[editar]

Los restos arqueológicos datan los primeros establecimientos humanos alrededor del año 150 a. C. Entre los siglos XII y XIII se edificaron numerosas construcciones de piedra: templos (me'ae), plataformas como base para las cabañas (pa'epa'e), y estatuas antropomorfas (tiki) relacionadas con los moai de la isla de Pascua. Debido a la orografía de la isla, con valles aisladas y sólo comunicadas por mar, se producían muchas guerras tribales y los habitantes eran temidos como guerreros y caníbales. Tradicionalmente los hombres se tatuaban completamente el cuerpo, incluida la cara, dando un aspecto todavía más feroz.

El primer navegante que la descubrió fue el norteamericano Joseph Ingraham, en abril del 1791, que lo llamó Federal. Los franceses reclamaron el descubrimiento cuando llegó Etienne Marchand en julio del mismo año, y la llamó Baux, nombre del armador de la primera expedición comercial francesa en el Pacífico. Los ingleses acreditaron el descubrimiento a Richard Hergest que el año siguiente lo bautizó como Henry Martin. La espléndida protección de la rada de Taiohae hizo que acto seguido fuese visitada por numerosos barcos comerciales, balleneros y aventureros.

En 1804 el ruso Krusenstern hizo la primera descripción de la isla y sus habitantes. Encontró al inglés Robarts y al francés Cabry, que hacía seis años habían naufragado un ballenero. A punto de ser sacrificados fueron salvados a petición de la hija del cabecilla que acabó casándose con el francés. Esto los enemistó y, para poner paz, Krusentern retorná al francés a Europa donde acabó exhibiendo sus tatuajes en los circos.

En 1813, durante la segunda guerra anglo-americana, el estadounidense David Porter estableció su base de operaciones en Nuku Hiva, haciendo la guerra de corsario a los barcos ingleses. Con la ayuda del inglés Wilson, que se había establecido en la isla, construye el Fuerte Madison, nombre que también va dio a la isla honorando al presidente estadounidense James Madison. Los prisioneros ingleses, con la ayuda de Wilson, se rebelaron y consiguieron huir de la isla. Cuando volvió Porter encontró como único superviviente al inglés Peters. Anteriormente Peters ya se había escapado de la justicia española e inglesa. Ahora, nuevamente, se salvó de ser sacrificado gracias a la hija de un cabecilla.

En 1842, Jules Dumont d'Urville tomó posesión por Francia. Un espectador de la ceremonia fue el norteamericano Herman Melville que acto seguido desertó de su ballenero y se escondió en Taipivai. La vida en un paraíso, pero a la vez prisionero de unos caníbales, lo describió después en la novela Typee, iniciando el género romántico de la literatura de los Mares del Sur. En 1902, la Corbeta General Baquedano de la Armada de Chile hizo el crucero de instrucción siguiendo el camino probable de los Rapanui desde esta isla hasta la Isla de Pascua, llegando a ella desde las Islas Desventuradas.

La población quedó drásticamente reducida debido a las enfermedades importadas, como la viruela, el consumo de opio introducido por los chinos, y el alcohol. De unos 12.000 habitantes que vivían en 1842, sólo quedaban 635 en 1934.

Teoría de una visita inca a la Polinesia[editar]

La base del Ahu Vinapú, mostrando su tallado similar a la arquitectura incaica.[nota 1]
Arquitecturas superpuestas del Coricancha, el Convento de Santo Domingo y la época actual. El muro más cercano es de factura inca y se puede comparar con los muros de Ahu Vinapú.

A partir de las crónicas realizadas por cronistas españoles Pedro Sarmiento de Gamboa,[1][nota 2]Martín de Murúa y Miguel Cabello Valboa durante la conquista recogieron un relato sobre que, Túpac Yupanqui, estando en la costa norte (En las islas Puná) habría tenido conocimiento de unas islas lejanas, decidiendo ir en pos de ellas. Alistado una gran flota de balsas,[nota 3]​ habría zarpado con 20.000 hombres, llegando a unas islas llamadas Ninachumbi[nota 4]​ y Auachumbi;[nota 5]​ algunos historiadores postularían como hipótesis de que estas islas serían verdaderas y estarían ubicadas en la Polinesia.[2][nota 6]​ Esta crónica dio pie, al historiador José Antonio del Busto, para la formulación de una teoría sobre que esas dos islas serían Mangareva 23°8′3.13″S 134°58′25.25″O / -23.1342028, -134.9736806 y Rapa Nui, basándose en treinta pruebas que considera haber descubierto, entre ellas el hecho que en Mangareva existe una leyenda sobre un rey Tupa, que vino del este en balsas con velas, trayendo orfebrería, cerámica y textilería y del que hasta hoy existe una danza. Un relato similar existiría en las islas Marquesas. Igualmente destaca la presencia de la totora en los cráteres de la isla, lo cual apoyaría está hipótesis.

Según la tesis de Jean Hervé,[3]​la construcción del Ahu Vinapu es de arquitectura idéntica a la de un Chulpa de Sillustani, cerca del Lago Titicaca en los Andes, hasta las pequeñas piedras en el centro es el mismo. Según la tesis de Jean Hervé Daude, el acompañamiento de Orejón Túpac Inca Yupanqui son la causa de los monumentos y los ritos religiosos del hombre-pájaro y en makemake[4]​ Además, agrega que el Ahu Vinapú, en Rapa Nui, está construido en forma similar a las construcciones incaicas del Cusco, y que el rey tupa en Rapa Nui habría tomado el nombre de Mahuna-te Ra'á, traducido como "hijo del sol" sobre la base de una leyenda rapa nui.[5]​ Retornó a los dos años trayendo consigo gente negra, sillas de latón, pellejos y quijadas de caballos que fueron conservadas en la fortaleza de Sacsayhuamán. Esta hipótesis es apoyada por la travesía que hizo el explorador noruego Thor Heyerdahl, denominada Kon-tiki en honor al dios de los incas, Wiracocha, el creador del universo, pues Kon-tiki es una advocación del mismo.[6]

"andando Topa Inga Yupanqui conquistando la costa de Manta y la isla de la Puná y Túmbez, aportaron allí unos mercaderes que habían venido por la mar de hacia el poniente en balsas, navegando a la vela. De los cuales se informó de la tierra de donde venían, que eran unas islas, llamadas una Auachumbi y otra Niñachumbi, adonde había mucha gente y oro. Y como Topa Inga era de ánimos y pensamientos altos y no se contentaba con lo que en tierra había conquistado, determinó tentar la feliz ventura que le ayudaba por la mar... y... se determinó ir allá. Y para esto hizo una numerosísima cantidad de balsas, en que embarcó más de veinte mil soldados escogidos". Y concluye la crónica: "Navegó Topa Inga y fue y descubrió las islas Auachumbi y Niñachumbi, y volvió de allá, de donde trajo gente negra y mucho oro y una silla de latón y un pellejo y quijadas de caballo...". El hecho es tan inusitado que Sarmiento se ve obligado a explicar: "Hago instancia en esto, porque a los que supieren algo de Indias les parecerá una caso extraño y dificultoso de creer".

Referencias y notas[editar]

  1. La expedicion marítima de Túpac Yupanqui
  2. Peruredes (2006). «Túpac Yupanqui. El inca que descubrió Oceanía». Consultado el 2 de marzo de 2007. 
  3. Jean Hervé Daude: Île de Pâques - L'empreinte des Incas
  4. "Isla de Pascua.Île de Pâques - L'empreinte des Incas
  5. TNP, Televisión Nacional del Perú (2006). «Entrevista a José Antonio del Busto». Consultado el 18 de abril de 2007. 
  6. Historia de los Incas (“Segunda Parte de la Historia General llamada Indica”), de 1572, escrita en el Cusco por orden del virrey D. Francisco de Toledo

Notas[editar]

  1. Allí existe, caso oculto, el templo de Vinapú, de innegable arquitectura incaica, la imperante en la época de Túpac Inca. Es la prueba irrefutable de la presencia incaica en la isla. Nos recuerda, en pequeño, Ollantaytambo y Sacsahuamán. No es lo único. También está la evidencia de un filón de raza andina entre la población nativa de la ínsula. Es un bolsón andino que, si atendemos escritos posteriores, hablaba el quechua o runa simi. Finalmente, como nota romántica y nostálgica, se recuerda la leyenda de la dulce Uho, doncella raptada por un grupo de tortugas marinas que la llevó, navegando, al país donde nace el astro rey. Este país, cosa notable, estaba protegido por un banco de neblina. Por eso la doncella Uho se alarma, se asusta y teme adentrarse en una creciente oscuridad. Y le dice a su amado, un "príncipe" amo de la tortuga mayor, entiéndase de la balsa real con su caseta, pues las tortugas viajan como las balsas, con su casa a cuestas: "Es oscura como la noche esta tierra, esposo mío, Mahuna-te-Ra’a. Mi tierra es luminosa y clara, por eso mis ojos la buscan con anhelo, esposo mío, Mahuna-te-Ra’a..." El "príncipe", quien está llamado a ser monarca en su país, no se llama Tupa o Túpac, pero se nombra Mahuna-te-Ra’a, nombre exótico que para sorpresa nuestra se traduce Hijo del Sol. La leyenda hace a Uho reina al lado de su regio esposo, pero es del caso entender que nunca llegó a Coya, pues se destino sería ser Pihui, esposa secundaria, si no Shipacoya, concubina... Hoy en la isla de Pascua, acaso desde entonces, se denomina "tupa" a las torrecillas de piedra desde las cuales se espera y avista la llegada anual de las tortugas. El príncipe regresó a su país con los vientos sures, en otras palabras, por la ruta del noreste primero y del noroeste después. De este modo atravesó la Corriente de Humboldt –verdadero río antártico que produce, por evaporación, la "camanchaca" o gran neblina que asustó a la bella Uho- y siguió por una costa orillada de pinnípedos hasta el reino del Gran Chimú. Allí reparó en un trono de metal, "una silla de latón" a decir de los cronistas. También recogió oro, mucho oro. Luego, siempre dejándose llevar por los vientos y las corrientes, arribó a su punto de partida, Manta, en la región manabita. El gran periplo, el mayor y más importante viaje marítimo de la antigüedad peruana, había terminado. Lo último fue el desfile de la victoria, el ingreso triunfal de los expedicionarios al Cusco. La crónica es parca, explicará que hubo fiestas y sólo nos va a decir que el príncipe entró a la Ciudad Sagrada llevando a su padre –aparte de oro, mucho oro- tres trofeos, verdaderas novedades: hombres negros (melanesios de Mangareva y Pascua), huesos y pellejos de unos animales que parecían caballos (los pinnípedos o lobos marinos del litoral) y un trono de reluciente metal (la gran silla de "tumbaga", logro de la metalistería chimú). El pueblo se admiraría, el Hatun Auqui estaría feliz, se decrépito padre felicísimo. Sin embargo, para todos regía una verdad oculta, incluso para el afortunado príncipe cusqueño. En efecto, nunca supo Túpac Yupanqui –igual que Colón respecto a América- que había descubierto Oceanía.
  2. El cronista Pedro Sarmiento de Gamboa es uno de los cuales registra el suceso para lo cual me permito que el mismo nos ilustre “y andando topa ynga Yupanqui conquistando la costa de Manta, la isla de la Puna (Ecuador) y Tumbes (Perú), abordaron ahí unos mercaderes que habían venido por la mar de hacia el poniente en balsas, navegando en vela. De los cuales se informo de la tierra de donde venían, que eran unas islas, llamadas auachumbi y la otra ninachumbi, adonde había mucha gente y oro y como topa ynga era de animo y pensamientos altos y no se contentaba con lo que en tierra Había conquistado, determino tentar la feliz ventura que le andaba por la mar” Después de atisbar de cómo Túpac Yupanqui se entero de la existencia de unas islas auachumbi y ninachumbi, esto avisado y confirmado por un mercader llamado Autarqui.
  3. Agustín de Zárate en su “historia del descubrimiento y conquista del Perú” nos cuenta de cómo se dio la expedición se dio en “balsas construidas de palos largas y livianas atadas sobre dos palos y siempre los de encima son nones comúnmente cinco y algunas veces siete o nueve” eran balsas en donde entraban hasta 50 tripulantes.
  4. Pascua seria Ninachumbi, isla de fuego llamada así por las muchas llamas encandiladas que presenta en la noche por sus habitantes y por los volcanes apagados . En la isla de la Pascua como prueba del arribo de Yupanqui existe las construcciones arquitectónicas de carácter religioso como las de Vinapú, esta construcción dice el Busto es similar al de Sacsaywaman, pero esta en menor relevancia. En la isla de Pascua se halla la leyenda de Uho, esta cuenta que existió una doncella de Rapa Nui llamado Uho quien cuenta haber sido “desposada por un príncipe que le ha hecho reina, pero que vive triste por la nostalgia de volver a su isla” el nombre del príncipe soberano es Mahuna – Tera´á el cual significa hijos del sol. “pero el final es dramático el cual cuenta, en que una muchacha regresa a la isla y es amorosamente recogida por sus padres que preparaban una fiesta de bienvenida” Las pruebas son verosímiles, del Busto nos muestra que no solo fue Túpac Yupanqui quien descubrió Oceanía sino que más bien existen otros peruanos quienes llegaron y dieron a conocer al mundo sobre los países que integran Oceanía.
  5. Túpac Yupanqui salio de manta junto con su hueste, el alimento se baso en pescado, charqui, carne seca de auquénido, camote, maíz tostado o cancha y animales marinos los cuales fueron extraídas en pleno viaje, al igual que el agua que fue en gran proporción agua marina mezclada con agua dulce llevadas en mates o cañas huecas y muchas veces asidas de la precipitación. Túpac Yupanqui y sus hombres también chaccharon la coca para poder neutralizar el hambre y la sed. Yupanqui primero llego a Nuku Hiva en donde existen vestigios de la presencia de Yupanqui como la leyenda del caudillo tupa quien llego con su armadilla y muchos hombres, la construcción arquitectónica de Aátupa, posteriormente llega a Mangareva en donde existe una danza conmemorativa al rey tupa, dado esto en alusión a la llegada de Túpac Yupanqui, también existe el gran estrecho de tupa en el atolón de Timoe en Mangareva.
  6. Llegar a Oceanía por balsa desde las costas del Perú en el Pacífico Sudeste es una empresa colosal. La leyenda dice que un Inca del Tawntinsuyo peruano lo hizo alrededor del año 1489. En 1947 Thor Heyerdahl replicó la travesía en su balsa Kon Tiki. El inca Túpac Yupanqui aparece como un conquistador buscando expansión para su imperio allende los mares; según los registros orales, partió al frente de una flota de 400 embarcaciones en un viaje marítimo que lo habría llevado hasta la Polinesia. Del Busto explora las dos posibilidades del itinerario de la flota incaica que, según la tradición, halló las islas de Poniente, Auachumbi y Ninachumbi. La primera opción que revisa es la de la tesis de que habría navegado por el Océano Pacífico, dentro del ámbito de América, a las Islas Galápagos. En este caso, sería probable que la Isabela, la mayor del archipiélago de las Galápagos haya sido Ninachumbi, visitada en primer lugar. Al no encontrar en las Galápagos -islas de aspecto rocoso, seco y volcánico- nada preciado ni curioso como digno trofeo que mostrar a su retorno, habría centrado sus esperanzas en Auachumbi, la otra Isla que, en este caso habría sido Terarequí, la mayor de las islas de las Perlas en la bahía de Panamá. Examina luego la segunda posibilidad: la travesía a Oceanía, cuyo derrotero habría sido muy largo. Siguiendo la Corriente Ecuatorial Sur, habría navegado al oeste, hacia la Polinesia. Llega a la conclusión de que la Isla de Pascua podría ser Ninachumbi; también que Túpac Yupanqui habría llegado primero a Mangareva –Auachumbi- y que habría avistado Pascua después. En el epílogo, después de considerar las dos hipótesis, la americana y la de Oceanía, manifiesta que se inclina por la última, señalándola como la más plausible, más real y más evidente. Expone veinte motivos que la fundamentan, entre ellas, las leyendas polinésicas sobre el rey Tupa y su armadilla de balsas a vela en la isla Tangareva, procedentes de un país situado donde nacía el Sol; y la leyenda de Uho, que habla de una doncella isleña y del príncipe Mahauna Te Ra’a, cuyo nombre se traduce “Hijo del Sol”.

Bibliografía[editar]