Mentira

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Pinocho, personaje literario ligado culturalmente a la mentira.

La mentira, según la RAE, es una «expresión o manifestación contraria a la verdad, a lo que se sabe, se cree o se piensa.»[1]​ El hecho de comunicar mentiras se llama mentir, y es utilizado por las personas para fingir, engañar, aparentar, persuadir o evitar situaciones. Por otro lado, es frecuente el uso de las mentiras piadosas, con intenciones benevolentes que eviten situaciones desagradables o dañinas.[2]

El término mentira tiene varios usos en el lenguaje y se aplica a niveles diferentes, por ejemplo al de la comunicación (cuando uno busca engañar con sus palabras), o al de las actuaciones (cuando uno finge algo contrario a lo que siente o a lo que es).

Concepto[editar]

Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad o la verdad en forma parcial o total.[3]​ Una cierta oración puede ser una mentira si el interlocutor piensa que es falsa o que oculta parcialmente la verdad. En función de la definición, una mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva, exagerar una verdad, si la intención es engañar o causar una acción en contra de los intereses del oyente. Las ficciones, aunque falsas, no se consideran mentiras. Mentir es decir una mentira. A las personas que dicen una mentira, especialmente a aquellas que las dicen frecuentemente, se las califica de mentirosas. Mentir implica falsear intencionalmente y conscientemente. Tiene como sinónimos parciales: embuste, bola, bulo, calumnia, coba o falacia.

También es mentira el acto de la simulación o el fingir. Por ejemplo: si alguien atropella a una persona y huye del lugar sin ser identificado y, después de un tiempo, regresa y se mezcla con los curiosos y finge indignación por lo ocurrido, está mintiendo a todos aquellos ante quienes simula o finge inocencia. En otras palabras, para mentir no se necesita decir palabra alguna.

Otra forma de mentira no verbal la constituye el hecho de hacerse pasar por una persona con discapacidad físico con el fin de obtener algún "favor" en provecho propio (limosnas, por ejemplo).

Moralidad de mentir[editar]

Mentir está en contra de los cánones morales de muchas personas y está específicamente prohibido como pecado en muchas religiones. La tradición ética y los filósofos están divididos sobre si se puede permitir a veces una mentira (pero generalmente se posicionan en contra): Platón[4]​ decía que sí, mientras que Aristóteles,[5]San Agustín[6]​ y Kant[7]​ decían que nunca se puede permitir.

El filósofo Leo Strauss acentuó la necesidad de mentir para ocultar una posición estratégica, o para ayudar a la diplomacia. Así lo hicieron también los representantes de la filosofía política, desde Maquiavelo hasta la "mentira piadosa" de Platón.

Tipos de mentiras[editar]

San Agustín distingue ocho tipos de mentiras: las mentiras en la enseñanza religiosa; las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie; las que hacen daño y sí ayudan a alguien; las mentiras que surgen por el mero placer de mentir; las mentiras dichas para complacer a los demás en un discurso; las mentiras que no hacen daño y ayudan a alguien; las mentiras que no hacen daño y pueden salvar la vida de alguien, y las mentiras que no hacen daño y protegen la "pureza" de alguien. Por otra parte, san Agustín aclara que las "mentirijillas" no son en realidad mentiras.[6]

Tomás de Aquino, por su parte, distingue tres tipos de mentiras: la útil, la humorística y la maliciosa. Según Tomás de Aquino, los tres tipos de mentira son pecado. Las mentiras útiles y humorísticas son pecados veniales, mientras que la mentira maliciosa es pecado mortal.[8]

El tipo más grave de mentira es la calumnia, ya que con esto se imputa siempre a algún inocente una falta no cometida en provecho malicioso.

Paradojas relacionadas con la mentira[editar]

Dentro de cualquier situación en la que se dan siempre respuestas duales (por ejemplo, sí/no, blanco/negro), una persona de la que sabemos que está mintiendo consistentemente sería, de forma paradójica, una fuente de verdad. Hay muchas paradojas de esta clase, siendo la más famosa la que se conoce como la paradoja del mentiroso, comúnmente expresada como «esta proposición es mentira» o «esta proposición es falsa». La denominada paradoja de Epiménides —«todos los cretenses mienten», declara Epiménides el cretense— fue una precursora de la paradoja del mentiroso, aunque el hecho de que sea o no una paradoja también está en discusión. Hay una clase de acertijos lógicos relacionados con este asunto que, en inglés, se conocen con el nombre de «knights and knaves» (usualmente "caballeros y escuderos", frecuentemente "caballeros y bellacos", de vez en cuando "caballeros y villanos" o rara vez "caballeros y sirvientes", en español), en los que el objetivo es determinar, de un grupo de personas, quién miente y quién dice la verdad.

Detección de las mentiras y su abordaje psicológico[editar]

La detección de mentiras es un campo de estudio de distintas ramas de la psicología, más concretamente, la psicología forense.[9]

Aunque tradicionalmente, tanto popular como científicamente, la detección de mentiras se basaba en criterios conductuales, los metaanálisis realizados a principios del siglo XXI constatan las limitaciones de ese planteamiento, ya que conlleva muchos errores. Por tanto, se investiga sobre todo dos aspectos: la de desarrollar estrategias activas a la hora de realizar entrevistas y prestarle más importancia a los indicios contextuales de la mentira.[10]

En general se tarda más en contestar con una mentira que diciendo la verdad.[11]

Comportamiento no verbal[editar]

Las creencias y cultura populares han contribuido a expandir la idea de que las personas son capaces para detectar mentiras en base al comportamiento no verbal del interlocutor. Estas ideas, sustentadas en parte por estereotipos populares sobre el comportamiento de las personas al mentir o en sesgos de veracidad, son sin embargo erróneas incluso en el caso de profesionales para los cuales la detección de mentiras es una tarea importante en su trabajo.

La realidad es que la capacidad del ser humano para realizar estas detecciones es muy limitada, rondando el 50% esperado por azar y llegando solo al 60% en el caso de ciertos profesionales; cifras muy alejadas del 100% que se correspondería con la precisión total.[12]​ Un experimento que puede demostrar esta información es el realizado por Bond, Howard, Hutchison y Masip (2013). Los participantes llegaban al laboratorio en pares. Uno de ellos era asignado al rol de emisor y el otro al de instructor. El emisor debía observar fijamente un gran reloj de cocina situado sobre su regazo durante 15 minutos, sin apartar la mirada ni un instante. Luego el instructor debía dar instrucciones al emisor. Las instrucciones eran que el emisor debía hacer una declaración y que podía escoger entre mentir o decir la verdad. Sin embargo, una de estas opciones era preferible para el experimento. Si hacía lo que convenía al experimento, podría irse de inmediato. Si no, debería quedarse durante 15 minutos adicionales, durante los cuales debería mirar fijamente el reloj de nuevo. A la mitad de los emisores se les dijo que vendría mejor que mintieran, mientras que a la otra mitad se les dijo que vendría mejor que dijeran la verdad. Tanto las instrucciones como la declaración subsiguiente (verdadera o falsa) se grabaron en vídeo.

En esta situación, todos los participantes hicieron lo que, supuestamente, convenía al experimento: todos aquellos que fueron invitados a mentir mintieron y todos los que fueron invitados a decir la verdad dijeron la verdad. Tanto unos como otros quisieron evitar el “castigo” de actuar contra los deseos del instructor (a saber, mirar fijamente el reloj durante otros 15 minutos). En consecuencia, las instrucciones dadas a los emisores constituyen un indicador 100% válido de la verdad o de la mentira. Tales instrucciones se relacionan de manera perfecta con la conducta final (veraz o mendaz) de los emisores. Posteriormente, Bond et al. (2013) mostraron las grabaciones a tres grupos de participantes:

a) Al primero le enseñaron sólo las grabaciones de los instructores dando las instrucciones a los emisores. Tras ver a cada instructor, los participantes de este grupo debían indicar en un cuestionario si el emisor correspondiente había mentido o había dicho la verdad. El índice de acierto fue del 97%; es decir, con acceso sólo a las instrucciones, los participantes podían saber casi a la perfección quién había mentido y quién había dicho la verdad.

b) Al segundo grupo le mostraron sólo la conducta no verbal visible (sólo imagen sin audio) de los emisores. Tras ver a cada emisor, los participantes de este grupo debían indicar en un cuestionario si dicho emisor mentía o decía la verdad. El índice de aciertos fue del 51%, que es equivalente al 50% que esperaríamos por azar. La conducta visible no tuvo ninguna utilidad para determinar quién mentía y quién decía la verdad.

c) Al tercer grupo le mostraron ambos tipos de informaciones: las instrucciones dadas a cada emisor, seguidas de inmediato por la conducta visible de dicho emisor. ¿Qué harían aquí los observadores? ¿Emplearían la clave perfecta de la mentira consistente en las instrucciones, o dejarían que sus juicios se vieran empañados por la conducta no verbal? En esta condición, los participantes alcanzaron una tasa de aciertos del 76%. Ésta es menor que la alcanzada por el grupo que sólo vio las instrucciones, lo que implica que los participantes del tercer grupo dejaron que la influencia de la conducta no verbal redujera el casi perfecto índice de aciertos que se podía alcanzar atendiendo sólo a las instrucciones.

Este estudio muestra el tremendo magnetismo que tiene la conducta como supuesto indicador de la mentira.

[13]

El polígrafo[editar]

Fármacos de la verdad[editar]

Un ejemplo es el tiopentato de sodio (pentotal sódico). Teniendo en cuenta que como agente hipnótico, con una dosis controlada, su actuación en el cerebro humano produce depresión de las funciones corticales superiores, se pensó que podría resultar de utilidad en interrogatorios. Se considera que la mentira es una elaboración compleja, consciente, mucho más complicada que la verdad, así que, si se deteriora la actividad superior cortical, al sujeto le resultará mucho más complicado mantener su voluntad y la “verdad” fluiría en su conversación con mayor facilidad. Eso es, al menos, la teoría, puesta en práctica durante decenios por los servicios de espionaje de muchos países. Hasta cierto punto, la idea es correcta, pero no garantiza, ni mucho menos, que el sujeto vaya a contar lo que se espera, puesto que hay muchos factores que pueden modificar el experimento, desde un entrenamiento especial hasta condiciones ambientales o, simplemente, una asunción de la mentira como verdad por parte del sujeto.[cita requerida]

¿Cómo se puede detectar una mentira?[editar]

La creencia popular sobre la detección de mentiras que ha persistido a lo largo de la historia trata sobre un fácil reconocimiento a través de rasgos conductuales entre personas comunes (Global Deception Research Team, 2006) Sin embargo, los especialistas en temas jurídicos e incluso psicológicos han llegado a respaldar también esa creencia. Por ello, para evitar tal falacia, la investigación a través del meta análisis y estudios varios han comprobado que el comportamiento humano fluctúa en muchas ocasiones y, aunque puede ayudar a un entendimiento mayor en casos concretos, no puede ser la única herramienta que se utilice para llegar a una mentira (Bond, Howard, Hutchison y Masip, 2013; Hartwig y Bond, 2011 )

La existencia de varias teorías que confirman lo dicho anteriormente pone en manifiesto el camino arduo y de riesgo que conlleva la detección de mentiras tanto en el ámbito judicial-policial (testimonios de testigos o declaraciones de sospechosos) como en las conversaciones comunes de a pie. Lo cierto es que las nuevas investigaciones y teorías coinciden con un enfoque diferente de estudio: la detección de la verdad frente a la mentira. Se muestra que el entrenamiento para detectar mentiras aumenta mucho más la detección de mentiras que la de verdades, y el entrenamiento para detectar verdades incrementaba la detección de verdades, pero no la detección de mentiras. La fiabilidad aumenta cuando se trata de una detección menos sesgada hacia la verdad y no la mentira. (El meta-análisis de Hauch, Sporer, et al. 2014)

Una teoría destacada es la Teoría de la Verdad por Defecto (Levine, 2014) en donde se nos presenta una serie de proposiciones de las cuales destacamos cuatro:

  1. La mayoría de las personas dice la verdad la mayor parte del tiempo.
  2. Tanto los mensajes sinceros como las mentiras son medios para lograr ciertos objetivos. La mayoría de las personas no miente si puede alcanzar sus objetivos diciendo la verdad.
  3. Debido a que (excepto para unos pocos mentirosos transparentes) la relación entre veracidad y comportamiento es escasa, la mentira no se detecta con exactitud observando pasivamente el comportamiento de los emisores en el momento en que cuentan la mentira.
  4. La pericia en la detección de mentiras no consiste en la capacidad de detectar e interpretar el comportamiento de forma pasiva, sino en lograr generar información diagnóstica en los emisores.

En los últimos años se han llevado a cabo muchos trabajos acerca de la detección de mentiras, sobretodo por Vrij y Granhag. Lo que se busca es desarrollar estrategias para que en las entrevistas desarrolladas por la policía, principalmente, sea posible detectar mentiras provenientes de sospechosos. Así, en este tipo de entrevistas, el entrevistador participa activamente, fijándose en diferencias psicológicas en los sinceros y en los mentirosos.

Los sospechosos cuando mienten, tienen a usar estrategias de evitación y huida, dando pocos detalles de la información, detalles que no se puedan verificar...Por el contrario, a los sinceros no les importará dar toda la información posible (Granhag, Hartwig, Mac Giolla y Clemens, 2015).

Algunas estrategias para detectar estas diferencias son:

- Uso estratégico de la evidencia: aquí se usa la técnica SUE, donde no se desvelan las incriminaciones hasta el final, para que los sujetos mentirosos no se basen en esa información a la hora de contestar las preguntas y los inocentes digan lo máximo posible. (Hartwig, Granhag y Luke, 2014)

- Verificabilidad: los sospechosos no darán muchos detalles porque se pueden corroborar por parte de la policía, pero tampoco pocos porque puede parecer que mienten, entonces utilizarán detalles no verificables. Los inocentes darán más detalles verificables (estar con otra gente, grabaciones, tarjetas de crédito). (Nahari, Vrij y Fisher, 20 l 4a).

- Carga cognitiva: los sospechosos deberán de realizar una carga cognitiva mayor, ya que tienen que dar una verdad alternativa al no decir la verdad real. Esto será todavía más difícil si el entrevistador le pide ciertas instrucciones que hacen que se le complique el trabajo (mirar a los ojos, redactar en orden inverso…). (Vrij y colaboradores, 2010)

Hay dos estrategias: decir al sospechoso que cuente más cosas y hacerle preguntas inesperadas, cuyas respuestas no las han podido preparar.

La exactitud a la hora de distinguir entre verdades y mentiras es mayor cuando se utiliza un enfoque cognitivo que uno estándar.

Objeciones sobre mentir:

- A veces mentir y decir la verdad conlleva el mismo esfuerzo. (P. ej., Blandón-Gitlin, López, Masip y F enn, 2017; Burgoon, 2015; Sporer, 2016).

- Si se sobrecarga al sujeto es posible que tanto los mentirosos como los sinceros muestren factores visibles.

Para solucionar esto se realizan las entrevistas TRI-Con: se informa sobre que va a ir la entrevista. El objetivo de respuesta de la pregunta no se dirá hasta el final de la formulación (para que mentir sea fácil, pero decir la verdad también). También habría que tener en cuenta los límites de la cognición. (Walczyk et al., 2012)[14]

Cultura popular[editar]

  • En Pinocho, de Carlo Collodi, el personaje principal, cuyo nombre da título a la obra, es un muñeco de madera cuya nariz crece cada vez que dice una mentira.
  • En la película Liar Liar, dirigida por Tom Shadyac y protagonizada por Jim Carrey, el abogado Fletcher Reede (Carrey) no puede mentir durante 24 horas, debido a un deseo de cumpleaños de su hijo que, mágicamente, se hace realidad.
  • En la serie de televisión Lie to Me, el Dr. Cal Lightman y su equipo trabajan descubriendo las mentiras y engaños en la gente a través de las expresiones faciales, tono de voz y Actitud.
  • Mark Bellison en The Invention of Lying es la primera persona en desarrollar la capacidad de mentir en un mundo ideal donde todos siempre dicen la verdad.
  • La fábula de Pedro y el lobo (o El pastor mentiroso) de Esopo tiene como moraleja la consecuencia que puede traer el mentir por costumbre.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Definición del Diccionario de la Lengua Española para "mentira. 
  2. Padilla Gálvez, Jesús. El mentiroso. Genealogía de una paradoja sobre verdad y autorreferencia. Tirant Humanidades. ISBN 978-8418656-18-7. 
  3. De la Serna, Juan Moisés. La Mitomanía: Descubriendo al Mentiroso Compulsivo. Tektime. ISBN 978-8873047094. 
  4. La República, III, 389b-c
  5. «Aristóteles Moral a Nicómaco 4:7 De la veracidad y de la franqueza». www.filosofia.org. Consultado el 30 de octubre de 2019. 
  6. a b «San Agustín - Sobre la mentira». www.augustinus.it. Consultado el 30 de septiembre de 2019. 
  7. Kant, Immanuel (1799). On a Supposed Right to Lie Because of Philanthropic Concerns. 
  8. Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-IIae, q. 110, a.1.
  9. Manzanero, Antonio L.: «Psicología jurídica.» En Papeles del Psicólogo, 2015. Vol. 36(2), pp. 81-82.
  10. Masip, Jaume y Carmen Herrero: «Nuevas aproximaciones en detección de mentiras i. Antecedentes y marco teórico.» En Papeles del Psicólogo, 2015. Vol. 36(2), pp. 83-95.
  11. «Lies take longer than truths.»
  12. Masip, Jaume. «¿SE PILLA ANTES A UN MENTIROSO QUE A UN COJO? SABIDURÍA POPULAR FRENTE A CONOCIMIENTO CIENTÍFICO SOBRE LA DETECCIÓN NO-VERBAL DEL ENGAÑO». Papeles del psicólogo, 2005. Vol. 26, pp. 78-91. 
  13. Masip, Jaume (2015). Avances científicos en la detección de la mentira. pp. 3-4. Consultado el 03-2015. 
  14. Masip, Jaume (2017). «DETECCIÓN DE :MENTIRAS: ESTADO DEL ARTE Y PERSPECTIVAS DE FUTURO». Revista Psicothema. 

Bibliografía adicional[editar]

Enlaces externos[editar]