Pecado venial

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En la moral católica, un pecado venial es más grave que una falta y menos grave que un pecado mortal. Según la mencionada teología, el cometer un pecado venial no rompería la relación con Dios, aunque sí la debilitaría [cita requerida], por lo que quien no luche contra estos pecados se haría más vulnerable al pecado mortal [cita requerida].

El pecado venial, también llamado pecado leve, sería una negligencia, tropiezo o vacilación en el seguimiento de Cristo[cita requerida]. El cometer pecados veniales, además, añadiría tiempo de purgatorio [cita requerida]. En el sacramento de la confesión, los cristianos no tienen la obligación de culparse por los pecados veniales, como sí la tienen con los mortales[cita requerida].

Condiciones[editar]

Según el catolicismo, un pecado venial es aquel que se hace con desconocimiento y sin completo consentimiento. Comparativamente, un pecado mortal o pecado serio grave, aquel que implica la muerte «espiritual» del alma o separación de Dios, es la violación con pleno conocimiento y deliberado consentimiento de la ley de Dios en una materia grave.

Como manifiesta el Nuevo Testamento al condenar hasta al que mira con deseo sexual a una mujer[cita requerida], el pecado podría ser interior (selección del deseo solamente) o exterior (selección del deseo seguido por la acción). Según esta teología moral, la persona que por su propia voluntad desea fornicar, matar, robar o cometer otro pecado grave, ya habría ofendido seriamente a Dios al escoger interiormente lo que Dios habría prohibido[cita requerida].

Estas dos categorías de pecado se encuentran explícita mente en las Escrituras. En el Antiguo Testamento, había pecados que meritaban la pena de muerte y pecados que se podían expiar con una ofrenda. En el Nuevo Testamento, estas categorías materiales son reemplazadas por las espirituales, y la muerte natural por la muerte eterna.

Referencias[editar]