Pecado mortal

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De acuerdo al catolicismo, un pecado serio, grave o mortal es la violación con pleno conocimiento y deliberado consentimiento de los mandamientos de Dios en una materia grave.[1] Debe tenerse en cuenta que si Jesús dio su vida por la salvación de todos y cada uno de los seres humanos, aceptando incluso ser martirizado en la cruz, su sacrificio no ha de ser en vano. Una conducta humana de poca gravedad no puede lógicamente desvirtuar el destino que Dios ha dispuesto, que no es otro que la salvación. Se podrían considerar como tales (si se cumplen las condiciones señaladas): el secuestro, el asesinato, el incesto, el robo, la promiscuidad, el adulterio, la violación, el aborto, el suicidio, entre otros.

La materia grave[editar]

El Catecismo de la Iglesia Católica, el documento oficial y autorizada de la Iglesia Católica donde se consignan las enseñanzas de la fe, define estos pecados tan grave asunto. El número que está escrito el asunto grave preocupación en El Catecismo de la Iglesia Católica está a la derecha de la palabra.
(Esto no es necesariamente todos los asuntos graves posibles.)

  • Aborto (2272)
  • La adulación es una falta grave, si se hace cómplice de vicios o pecados graves de los otros(2480)
  • El adulterio (Cuando dos personas, de las cuales al menos una de ellas está casada con otra persona, y estas tienen relaciones sexuales entre sí, cometen ambos adulterio) (2380)
  • La blasfemia (puesta en circulación de odio, reproche, desafío o hablar mal de Dios, la Iglesia, los santos o las cosas sagradas) (2148)
  • Estafar a un trabajador de su salario [retiene e impide su habilidad para sostener las necesidades básicas para él y su familia] "El salario justo es el fruto legítimo del trabajo. Negarlo o retenerlo puede constituir una grave injusticia". (2434)
  • Omisión deliberada de la obligación del domingo (no ir a misa el domingo y días de Precepto) (2181)
  • La adivinación, la magia, la brujería, etc. (2117)
  • El divorcio (a excepción de un cónyuge que es la víctima inocente de un divorcio que no se trate de obtener el divorcio a sí mismo) (2384-2386)
  • Del Abuso de Drogas (2290 y 2291)
  • Poner en peligro su propia seguridad y de otros por la embriaguez o el amor por la velocidad en el mar, en la carretera, o en el aire (2290)
  • La envidia ("Se refiere a la tristeza a la vista del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque injustamente Cuando se desea un grave daño al prójimo es un pecado mortal:".) (2539)
  • La eutanasia (2277)
  • La ira extrema ("El deseo de venganza.", Como la Enlopedia Católica define. "Cuando se trata de conformidad con las prescripciones de la razón equilibrada, la ira no es un pecado. Es más bien una cosa loable y justificada con un celo adecuado. Se convierte en pecaminosa cuando se trató de vengarse de alguien que no ha merecido, o en un grado mayor de lo que se ha merecido, o en conflicto con las disposiciones de la ley, o por un motivo impropio. El pecado es la continuación, en un sentido general mortal como se opone a la justicia y la caridad. Puede, sin embargo, ser venial, porque la sanción que conlleve no es más que un insignificante uno o por falta de deliberación. Del mismo modo, la ira es pecado cuando hay una excesiva vehemencia en la pasión misma, ya sea interna o externamente. Por lo general es entonces considerado un pecado venial a menos que el exceso sea tan grande como para ir en contra en serio al amor de Dios o del prójimo ".) (2302)
  • El falso testimonio y perjurio [El falso testimonio es una declaración pública en contra de la corte a la verdad. El perjurio es un falso testimonio bajo juramento. Condenan a los inocentes, exonerar a los culpables o aumentar la pena del acusado. Están en contradicción con la justicia.] (2152 y 2476)
  • Gula (una pasión desordenada de los apetitos mundanos, amor ej excesiva de alimentos, cuando se pone seriamente en peligro su seguridad ni la de los demás.) (2291)
  • El odio de un vecino / a desear deliberadamente a él o ella un gran daño (2303)
  • El incesto (2388)
  • Mentir ("La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones del que la comete, y el daño sufrido por sus víctimas. Si la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, que llega a ser mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad ". ) (2482)
  • El asesinato (homicidio doloso) (2268)
  • Perjurio y juramento en falso (prestando juramento en el nombre del Señor y no para mantenerlo, o romper el juramento en una fecha posterior) (2163)
  • La masturbación (2352)
  • La fornicación (unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio) (2353)
  • La pornografía (2354)
  • La prostitución (2355)
  • La violación (2356)
  • La negativa de las naciones ricas para ayudar a aquellos que son incapaces de garantizar los medios de su desarrollo por sí mismos (2439)
  • El sacrilegio (profanar o tratar indignamente los sacramentos y acciones litúrgicas de la Iglesia, así como las cosas consagradas a Dios) (2120)
  • El escándalo (una actitud o comportamiento que induce a otro a hacer pecados graves) (2284)
  • El suicidio (2281)
  • El terrorismo que amenaza, hiere y mata sin discriminación (2297)
  • Apuestas desleales y tramposos en los juegos (el robo) (Estos no son mortales si el daño causado es tan pequeño que quien la padece no pueda razonablemente considerarlo significativo) (2413 y 2434)

¿Violación grave o cualquier violación en materia grave?[editar]

Un reproche a Dios, puede ser tanto directo como indirecto, como lo es el dirigido a su obra. Parece evidente que no todo reproche indirecto puede ser catalogado de blasfemia y de pecado mortal. La relación del ser humano con Dios es equivalente a la de un buen hijo con su padre, donde los reproches deben ser juzgados en su justa medida y no alteran el profundo amor paterno filial.

Las conductas descritas más arriba, como la pornografía por poner un ejemplo, admiten distintos modos de ejecución (a tendiendo a quien la produce, quien la distribuye, quien la consume) y el pecado puede ser de pensamiento o de obra. No parece que el transportista que en el ejercicio de su profesión lleve revistas de todo tipo para su comercialización, entre ellas pornográficas, merezca idéntico reproche (y menos el sujeto que le vende la gasolina para su vehículo). Pues su comportamiento se asemeja a la del vendedor de armas, que no es responsable de los homicidios que con ellas se cometan, o a la del vendedor de coches (en relación a las muertes, estadísticamente inevitables, que puedan ocurrir con ellos).

La raíz de pecado (venial o mortal) se halla en la desobediencia a la voluntad de Dios. Se dice que cierto rey de España no quería construir un canal en Panamá pues decía que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. La interdicción de la pornografía se basa en que el acto sexual tiene un fin propio (ya que la misma desnaturaliza la finalidad del acto sexual). El problema surge cuando la función orgánica de dicho acto se identifica con la finalidad que Dios le atribuye. Una interpretación restrictiva es aquella que identifica la función de las cosas con su fin. Pero el hombre tiende a dar fines a las cosas más allá de la función para la que Dios las ha creado. Cuál sea la naturaleza de estos fines (positiva o negativa) es lo que convierte un acto en contrario o no a la voluntad divina. Cuanto más perverso sea el fin buscado, más grave será el pecado.

La legislaciones estatales en materia de faltas (en el ámbito penal las faltas más graves se denominan delitos) contemplan los distintos grados de ejecución (tentativa, frustración, consumación), los distintos grados de participación (autor, cómplice y encubridor), la concurrencia de circunstancias agravantes, atenuantes, e incluso eximentes de la responsabilidad, la relación de causalidad (no parece que aquel que pone gasolina al vehículo del asesino participe en el delito pues no hay causalidad necesaria), valoran la concurrencia de dolo (intención cierta y buscada) o imprudencia (negligencia punible). Castigan conductas que merecen un reproche (más que juzgar a la persona, cosa que se deja para Dios), pues no entran a valorar los fines íntimos del sujeto que las realiza, quizá legítimos, más allá del dolo o la culpa (o ciertos fines que quedan plasmados en la norma que establece la falta). Al derecho estatal le da igual que uno robe un pollo para irse de vacaciones o para pagar los estudios de sus hijos. Pero el derecho canónico sí valora los fines íntimos, no se queda en la conducta.

Es conocido que en ciertos momentos históricos, para probar la consumación del matrimonio regio se colaba un tercero en las alcobas reales. La finalidad no era pornográfica, pues había un interés cierto en la consumación del matrimonio cuando no había pruebas de paternidad (y se producían asesinatos de personajes reales con frecuencia por concurrir intereses sucesorios). Los fines son en cierto sentido culturales (patrimonio de los seres humanos), pues los animales no conocen qué es la intimidad.

En las legislaciones estatales, la pornografía es, normalmente, considerada un comportamiento reprobable en ciertos casos, pues puede caer en manos de menores (que en su inmadurez banalizarían el acto y sus graves consecuencias, como los embarazos no deseados). Se salvaguarda el interés del menor estableciendo límites de edad para su consumo. En cuanto al ámbito religioso, se entra en los fines (o intención buscada concretamente del individuo) y el ánimo lujurioso merece reprobación. Cabe decir que el que busca satisfacer sus apetitos sexuales mediante la contemplación de la belleza al natural en papel puede no buscar directamente la contemplación del acto carnal. Viene a ser lo que en materia penal se llama dolo eventual (en que incurre aquel que no busca asesinar al chófer de la víctima, pero acepta que pueda suceder). Los matices en esta cuestión son determinantes a la hora de valorar el reproche. Muchas conductas de los adolescentes quedan fuera de lo que es la pornografía, aunque sí incurran en lujuria. En muchas ocasiones, los consumidores de pornografía son más víctimas que culpables. En este sentido, un fuerte sentimiento de culpa (al incurrir un sujeto en una conducta tan alarmante) puede hacer que el sujeto se libere del mismo, poniéndose él mismo por encima de la ley de Dios y abandonando la pertenencia a la iglesia. De ahí que, sólo en algunos casos, la confesión sea un modo de liberación.

En las legislaciones estatales, las leyes que persiguen determinadas conductas merecedoras de reproche social contemplan lo que se denomina bien jurídico a proteger, que en los delitos de hurto es la propiedad (por su función social) y en los homicidios es la vida (y en los de lesiones, la integridad física de la persona), cosa que coexiste con la voluntad del legislador de mantener la paz social. La reprobación de la conducta viene dada por constituir un ataque contra dicho bien jurídico concreto. En el caso del derecho canónico, ademas de la voluntad divina como bien a proteger, tiene que haber un bien a proteger, que en la pornografía (banalización del acto sexual) no puede ser la voluntad de procrear, pues existirá pornografía aunque el acto concreto busque la procreación (si se dan las condiciones para ello). Y es que el bien a proteger en el ámbito religioso sería la integridad moral de las personas y no la procreación. La procreación es uno de los fines del matrimonio, pero no el bien jurídico a proteger por el derecho canónico en la pornografía. Si el pecador no sabe cuál es el bien jurídico a proteger, es difícil que tenga conciencia de la gravedad de su vulneración (y que la conducta sea una violación grave y voluntaria).

En conclusión, los casos más graves del uso de la pornografía son aquellos en que la misma se utiliza para degradar a la persona, buscando corromper su integridad moral, incitándola a banalizar el acto sexual exponiéndola a los riesgos que ello conlleva (lo que puede suceder con menores o con individuos que por su vulnerabilidad económica se lanzan a activididades de este tipo).

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. O'Neil, Arthur (abril de 1912). «El pecado mortal». The Catholic Encyclopedia. Nuevo York: Robert Appleton Company. 

http://www.vatican.va/archive/ESL0022/_P6C.HTM http://www.vatican.va/archive/ESL0022/_P6D.HTM