Lavapiés

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'Manola' del siglo XXI en Lavapiés, durante las fiestas autogestionadas por el vecindario en la calle del Oso.
Majas y manolos en el balcón, atribuido a Francisco de Goya.

Lavapiés es una barriada del centro de Madrid, dentro del más amplio barrio de Embajadores en el distrito Centro de la capital de España.[1] En el siglo XVIII también se conoció como barrio del Avapiés por la influencia de los sainetes de Don Ramón de la Cruz, volviendo a su antiguo nombre con el siglo XIX. Se ha considerado icono del casticismo manolo madrileño.[2] Marca su corazón la plaza de Lavapiés y su arteria más importante fue la calle Real de Lavapiés. Aunque no aparece como entidad administrativa oficial, Lavapiés se considera el área comprendida entre El Rastro, Tirso de Molina y el Museo Reina Sofía.[3]

La descripción de Mesonero[editar]

"Entramos en pleno distrito de Lavapiés o del Avapiés, como antiguamente solía escribirse, sin que acertemos a explicar la etimología de este nombre con la candidez del buen D. Nicolás Fernández de Moratín, porque con ambos títulos viene emblematizando hace tres siglos la población indígena matritense en el último término de la escala social. No nos meteremos en eruditas y empalagosas investigaciones para buscar en tales o cuales razas el origen de esta parte del pueblo bajo de Madrid, apellidado la Manolería, que tiene su asiento principal en el famoso cuartel de Lavapiés, aunque rebosando también a los inmediatos de la Inclusa, el Rastro y las Vistillas. Para nosotros es evidente; que el tipo del Manolo se fue formando espontáneamente con la población propia, de nuestra villa y la agregación de los infinitos advenedizos que de todos los puntos del reino acudieron a ella desde el principio a buscar fortuna. Entre los que vinieron guiados de próspera estrella y cambiaron luego sus humildes trajes y groseros modales por los brillantes uniformes y el estudiado idioma de la corte, vinieron también, aunque con más modestas pretensiones, los alegres habitadores de Triana, Macarena y el Compás de Sevilla, los de las Huertas de Murcia y de Valencia, de le Mantería de Valladolid, de los Percheles y las islas de Riaran de Málaga, del Azoguejo de Segovia, de la Olivera de Valencia, de las Tendillas de Granada, del Potro de Córdoba, y las Ventillas de Toledo, y demás sitios célebres del mapa picaresco de España, trazado por la pluma del inmortal autor del QUIJOTE; todos los cuales, mezclándose naturalmente con las clases más humildes de nuestra población matritense, adoctrinándola con su ingenio y travesura, despertando su natural sagacidad, su desenfado y arrogancia, fueron parte a formar en los Manolos madrileños un carácter marcado, un tipo original y especialísimo, aunque compuesto de la gracia y de la jactancia andaluzas, de la viveza valenciana y de la seriedad y entonamiento castellanos."

Mesonero Romanos, cronista y bibliotecario perpetuo de la villa de Madrid [4]

Origen documental[editar]

Los documentos más antiguos sobre la existencia de habitantes en lo que hoy es el barrio, basados en los documentos del archivo del Ayuntamiento de Madrid, dicen que el origen del barrio de Lavapiés estaría en los asentamientos comerciales extramuros de finales del siglo XV relacionados con el camino real de Toledo y el camino de Atocha, y la existencia del antiguo matadero en lo que hoy es El Rastro que aprovechaba el gran desnivel hacia el valle del río Manzanares para evacuar los rastros de la sangre y demás desechos de los animales sacrificados.

Topónimo[editar]

Placa del callejero tradicional de Madrid, por el ceramista Ruiz de Luna.

En la toponimia moderna existe acuerdo sobre un posible topónimo de etimología popular, basado en el evidente desnivel de las calles del barrio hacia el valle del Manzanares (aprovechado para instalar el matadero de la villa) y las evidencias sobre los arroyos que corrían por el centro y los consiguientes barrizales, no parece aconsejable descartar lo obvio: "Lava-pies". En esta línea, Mesonero en cuanto al origen misterioso del topónimo Lavapiés, admitía que pudiera tener alguna relación higiénica con la gran fuente que hubo en su plaza central hasta finales del siglo xix. En cuanto a la denominación "El Avapiés", se considera una ultracorrección de Lavapiés,[5] que algunos autores atribuyen al capricho de don Ramón de la Cruz.[6]

La judería legendaria[editar]

A pesar de la leyenda popular, algunos historiadores proponen que en Lavapiés nunca hubo una judería, propuesta que según sus investigaciones se extiende a partir de finales del siglo XVIII y se recoge en otros estudios considerados menos serios,[7] [8] Las frecuentes referencias a una supuesta sinagoga y un enterramiento judío en la calle Salitre se consideran restos de esta leyenda sin que, al parecer exista ninguna prueba en la literatura arqueológica profesional de ambos hechos.[9]

"La Corrala", símbolo arquitectónico del Lavapiés del Madrid galdosiano del sigl XIX, mostrando su interior a la calle de Mesón de Paredes.

Al inicio del siglo XXI, algunos autores aportaron estudios para desmitificar el supuesto pasado de Lavapiés como enclave de una judería en los arrabales de la Villa de Madrid. Una de las evidencias de trabajo fue que las fuentes de este mito parten de algunas obras del regionalismo tardío, predecesor del romanticismo nacionalista de finales de siglo XIX en Europa. Ramón Mesonero Romanos, en su obra Escenas matritenses, parece adjudicar el nacimiento de esta leyenda al escritor Ramón de la Cruz y, en concreto a la trama de su obra teatral Los bandos de Lavapiés.[10] Aunque la supuesta judería o aljama de Lavapiés fue apoyada por autores de los siglos XVIII y XIX como Amador de los Ríos, Antonio de Capmany o Fidel Fita,[11] un investigador más moderno, Manuel Montero Vallejo, las calificó de «patrañas», alegando la escasa población de la zona, eminentemente rural, durante la Edad Media,[12] opinión que también suscribe el también medievalista Gonzalo Viñuales Ferreiro.[11] Ambos profesores explican que antes de 1492, año de la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón, la villa de Madrid ocupaba el interior de los muros que se extendían por lo que hoy es la calle de la Cava Baja y Alta, muy lejos, por lo tanto, de un supuesto arrabal de Lavapiés. Dichos especialistas consideran como dato en contra de una judería en Lavapiés el hecho de que no existiera en esta zona una muralla que cerrando sus puertas al anochecer protegiese a los vecinos, condición que se ha dado en los barrios judíos de otras ciudades de España.[13] Insisten también en que el Madrid medieval, el altozano que después ocuparían el palacio Real y la catedral de la Almudena, quedaba muy distante de lo que luego se llamaría Lavapiés, que en dicho periodo medieval era campo de cultivo, probablemente deshabitado y sin construcciones de entidad antes del siglo XVI, cuando ya habían sido expulsados los judíos.[14]

Las excavaciones realizadas para la instalación del futuro Museo de las Colecciones Reales refuerzan la tesis de que la judería de Madrid se extendía en el perímetro situado bajo la actual catedral de la Almudena, dentro de los muros, tal y como, por otra parte, sucede en el resto de juderías hispanas y de acuerdo a la extensión del Madrid medieval.[15]

Estas tesis no excluyen la evidencia de que en el arrabal de Lavapiés habitasen grupos de judeoconversos (cristianos nuevos) y que en su evolución cultural diesen origen a algunas tradiciones a lo largo de su convivencia con cristianos viejos asentados en la misma zona entre los siglos XVII al XIX.[16]

Cuna de la manolería[editar]

Manola, según dibujo y grabado de Antonio Rodríguez (1801).

Varios de los autores referidos o citados -Mesonero, Ramón de la Cruz, Pedro de Répide- han dejado entretenidas páginas sobre la tipología humana de Lavapiés.[17] Anteriores a los estudios del siglo XXI, suelen coincidir estos y otros literatos y cronistas del casticismo madrileño en el origen hebreo de muchos vecinos de la zona, que haciendo "ostentación de cristianos nuevos" ponían el nombre de Manuel a sus primogénitos.[6] Andando el tiempo, el barrio de los Manueles se convirtió en el barrio de los Manolos y por extensión de las Manolas y de la "manolería" en general. En ese mismo crisol castizo se fraguarían los majos o "mayos", por la costumbre festiva de adornar el mayo y elegir la maya el día de Santiago el Verde (y que luego llenarán la obra más festiva de Francisco de Goya). Rivales de manolos y majos serían a su vez los chisperos o "tiznaos" del gremio de herreros que con el tiempo se reuniría en los barrios 'altos' del otro lado de la cerca, en lo que luego será el castizo Chamberí. Y participando de la suficiente dosis de casticismo de unos y otros menudearon hasta hacerse mayoría los 'chulos y chulapos, chulas y chulapas', con una etimología que Répide recoge de origen árabe (chaul en esa lengua denomina al "mozo o muchacho"), y que ya en el siglo XVIII Diego de Torres Villarroel menciona en sus Sueños morales en estos términos:

"Encendióse el mozo yesca a los primeros relámpagos del aire de la chula".

Diego de Torres Villarroel

Cita y metáfora que parecen dejar claro el origen de otra de las singularidades del casticismo madrileño: el piropo.[18]

"Manolas", "chulas" y "chisperas" fueron desarrollando su propia iconografía y personalidad. Así las hace cantar Vicente Cobos en su melodrama en un acto Los chisperos de Madrid:[19]

"Con mi chispero contenta y satisfecha

vivir yo quiero.

De Madrid son chisperas las Maravillas,

del Lavapiés las majas, nobles y vivas".

Abandono en la posguerra[editar]

La 'republicana' fuente de Cabestreros, en 2007.
Ruinas y espacio urbano de las Escuelas Pías de San Fernando, en 2009.

El estigma de 'barrio bajo dejado de la mano de Dios', que Lavapiés casi tuvo desde su origen y que ilustró páginas inmortales de Galdós y buena parte de la novela social del siglo XIX, se continuó con el abandono en que cayó tras la guerra civil española. Como paradójicos ejemplos de ello pueden citarse: la fuente de Cabestreros y el hecho insólito de que se conservara en ella una de las pocas menciones a la República que existen en un monumento público madrileño, ya que tales menciones fueron sistemáticamente eliminadas por el franquismo. Otra paradoja, dada la profunda religiosidad del régimen de Franco, fue el estado de abandono y ruina en que permanecieron las Escuelas Pías de la que ya en el siglo XXI sería llamada plaza de Agustín Lara; este edificio, como otras instalaciones religiosas de Madrid, fue incendiado el 19 de julio de 1936, por partidarios de la CNT tras el estallido de la guerra civil española, después de que falangistas atrincherados en su interior dispararan contra los transeúntes.[20]

Abundando en ese referido 'abandono del Lavapiés madrileño', el conjunto de las Escuelas Pías se mantuvo tal y como quedó tras el incendio hasta el año 2002, en el que se aprovecharon las ruinas para construir una biblioteca y crear un entorno ciudadano de chocante arquitectura.[21]

Transformación[editar]

Fachada decorada en la calle de los Ministriles Chica.
Mural callejero en el viejo edificio de la Fábrica de Tabacos, en la glorieta de Embajadores.

A partir de la década de 1970 un flujo de gente joven fue relevando en Lavapiés a los tradicionales vecinos del Madrid chulo y castizo de la postguerra, atraídos por la abundancia de viviendas de renta baja. El progresivo abandono de los inmuebles por sus dueños y la proliferación de casas abandonadas hizo que en los noventa se instalasen allí colectivos libertarios, anarquistas y okupas:[22] llegando a considerarse en algunos medios esta zona de Madrid como una de las de mayor densidad de casas ocupadas. En el inicio del siglo XXI es el barrio con mayor cantidad de asociaciones y movimiento vecinal de Madrid.[23]

Otro fenómeno paralelo de absorción social de Lavapiés ha sido el de acoger a amplios sectores de inmigrantes. Algunas cifras aseguran que, en la segunda década del siglo XX, alrededor del 50% de la población del barrio es de origen extranjero. Debido a esta multiculturalidad eventos como el año nuevo chino o el ramadán tienen especial resonancia.[24] Si bien, la popular verbena de las fiestas de San Lorenzo sigue siendo el evento más celebrado en el barrio de Lavapiés y con la más alta participación vecinal.[23]

Vecinos del barrio[editar]

  • El escritor Arturo Barea, residió durante su infancia y juventud en Lavapiés, asistiendo a las Escuelas Pías, como relata en su autobiografía La forja de un rebelde.[25] [26]
  • La poeta Gloria Fuertes nació en Lavapiés.[27]
  • Algunos miembros de la familia Churriguera: el arquitecto Alberto Churriguera, José Benito y Joaquín Churriguera (todos ellos en la calle del Oso).[28]
  • El historietista Carlos Giménez también es oriundo del barrio,[29] donde está ambientada su serie Barrio, basada en sus recuerdos de adolescencia. Otra serie suya Malos tiempos, sobre la guerra civil española, también está ambientada en Lavapiés.
  • La cantante y actriz Ana Belén, que nació en la calle del Oso.[30]
  • Pablo Picasso habitó en el número 5 de la calle San Pedro Mártir durante su estancia en Madrid entre los años 1897 y 1898.[31]
  • El arquitecto Pedro de Ribera autor del cuartel del Conde Duque, el puente de Toledo o el Real Hospicio de San Fernando (Actual museo de Historia de Madrid)
  • El escritor, jurista y político ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos entre los años 1782 y 1806
  • El actor Pepe Isbert fue vecino de la misma casa en la que habitó Picasso.[32]

Lavapiés en la cultura[editar]

Monumento al compositor mexicano Agustín Lara, autor del chotis Madrid; en la calle del Sombrerete.

Música[editar]

El barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri es una de las varias zarzuelas ambientadas en el barrio. Isaac Albéniz dedicó también una pieza para piano de su suite Iberia (cuaderno 3), a la que tituló «Lavapiés».

Literatura[editar]

Arturo Barea sitúa varias escenas de su novela autobiográfica La forja (primera parte de su trilogía La forja de un rebelde) en el barrio de Lavapiés, donde el autor pasó su infancia y juventud, en los tiempos de la monarquía de Alfonso XIII.

José Ángel Barrueco, escritor zamorano instalado en Lavapiés, recoge un caleidoscopio literario de la vida en el barrio en su obra Vivir y morir en Lavapiés.[33]

Cine[editar]

Además de la cinematografía dedicada al cine de género costumbrista (a partir de la zarzuela y otros fenómenos del folclore castizo madrileño), o de ejemplos del neorrealismo cinematográfico español como Surcos, película de 1951 dirigida por José Antonio Nieves Conde, es interesante reseñar trabajos en el campo del documental cinematográfico como El otro lado... un acercamiento a Lavapiés, producción de Básel Ramsis en 2002.[34]

Lavapiés contracultural[editar]

La propia personalidad del barrio, históricamente núcleo autóctono en Madrid y generador de un casticismo propio, parece reflejarse en la estética contracultural que la fusión de culturas y razas han favorecido desde el último tercio del siglo XX entre sus vecinos.[35] Todo ello permite a algunos analistas plantear las coordenadas, características y manifestaciones que presenta este barrio en el siglo XXI.[36] Entre las muestras de arte callejero que ese fenómeno produce podrían destacarse las diferentes tendencias de pintura mural y grafiti, que en algunos lugares, como la abandonada Fábrica de Tabacos han llegado a generar una sucesión espontánea de ejemplos de este tipo de expresión denigrada por unos y defendida por otros.[37]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Gea, 2002, pp. 153-154.
  2. Mesonero, 1861, pp. 189-197.
  3. Peregil, Francisco (10 de febrero de 2002). «La vuelta al mundo en Lavapiés». El País (Madrid). 
  4. Mesonero, 1861, p. 189.
  5. Lorenzo Arribas, 2008.
  6. a b Gea, 2002, p. 153.
  7. Markman, Sidney David (2003). Restos judíos en España (Jewish Remnants in Spain: Wanderings in a Lost World). Scribbe Publishers. pp. 41-45. Consultado el 23 de mayo de 2015. 
  8. Domingo, M.R. (9 de abril de 2015). «La fuente de las abluciones judías que forjó el mito de Lavapiés». Diario ABC (Madrid). Consultado el 23 de mayo de 2015. 
  9. Markman, Sidney David (2003). Restos judíos en España (Jewish Remnants in Spain: Wanderings in a Lost World). Scribbe Publishers. pp. 41-45. Consultado el 23 de mayo de 2015. 
  10. . «Los bandos de Lavapiés». Cervantes Virtual. Consultado el 26 de mayo de 2015. 
  11. a b Viñuales Ferreiro, 2002, p. 292.
  12. Montero Vallejo, 2001, p. 33.
  13. . «Lavapiés judío». Consultado el 26 de mayo de 2015. 
  14. . «Madrid medival». Consultado el 26 de mayo de 2015. 
  15. Mediero y Paños Cubillo, 2012, pp. 53-72.
  16. Blázquez Miguel, Juan (1990). Madrid: judíos, herejes y brujas. El Tribunal de Corte (1650-1820). Toledo: Arcano. pp. 65-85. ISBN 8487167039. 
  17. Mesonero, 1861, pp. 194-197.
  18. de Répide, 2011, pp. 353 a 355.
  19. Simón Díaz, 1993, p. 71.
  20. Así lo cuenta Arturo Barea en su relato autobiográfico La forja de un rebelde, vol. III. La llama, Madrid, Bibliotex (Biblioteca El Mundo), 2001, págs. 122–124. Barea afirma que las Escuelas Pías llevaban ya algún tiempo siendo utilizadas como polvorín por la Falange, que realizaba instrucción militar en su patio bajo el manto de una asociación católica. El 19 de julio de 1936 una ametralladora disparó desde la torre hacia las calles de Embajadores y Mesón de Paredes, matando a un transeúnte e hiriendo a otros cinco.
  21. (19 de octubre de 2012). «Aulario y biblioteca para las Escuelas Pías». Biblioteca UNED, Lavapiés. MADRID.Proyecto publicado en la revista N°CA 12. Consultado el 26 de mayo de 2015. 
  22. Cañedo Rodríguez, 2012, pp. 359-384.
  23. a b Veksler, 2004.
  24. Schmidt, 2012.
  25. Brenan, Gerald (6 de marzo de 1975). «An Honest Man». The New York Revew of Books (en inglés). 
  26. Rodríguez Richart, José (1989). «Algunos aspectos de La forja de un rebelde». En Antonio Vilanova. Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. III-IV. pp. 223-239. 
  27. Barderas, Sara (27 de noviembre de 2008). «10 años sin Gloria Fuertes, una poeta comprometida y un icono infantil». El Cultural. 
  28. Fernández García, Matías (1995). Caparrós, ed. Parroquia madrileña de San Sebastián: algunos personajes de su archivo (primera edición). Madrid: Indugraf. p. 82. ISBN 84-87943-39-X. 
  29. Altares, Guillermo (26 de agosto de 2014). «La memoria histórica de Carlos Giménez». El País (Madrid). 
  30. «Ana Belén regresa el 6 de marzo con un nuevo disco: ‘Anatomía’». El País. 26 de febrero de 2007. 
  31. Richardson, John (2013). A Life Of Picasso Volume I: 1881-1906. Random House. p. 90. ISBN 9781409016571. 
  32. Rioyo, Javier (2 de junio de 2014). «Picasso y Pepe Isbert, dos adolescentes en Lavapiés». El País. 
  33. Miguel Baquero, «Vivir y morir en Lavapiés, José Ángel Barrueco», La tormenta en un vaso, 5 de noviembre de 2011.
  34. . «El otro lado... un acercamiento a Lavapiés». Festival Cine Africano Córdoba. Consultado el 26 de mayo de 2015. 
  35. Chamorro, Ángel. «Photowalking: Tapas y grafitis en Lavapiés». Música y pitanzas (safari fotográfico en Lavapiés). Consultado el 31 de mayo de 2015. 
  36. . «Migraciones: Desde Lavapiés. Tenemos la muerte cerca.». 'Ecléctica' (revista de estudios culturales). Consultado el 31 de mayo de 2015. 
  37. . «La Tabacalera a debate». Consultado el 31 de mayo de 2015. 

Bibliografía[editar]

  • Schmidt, Hebe (marzo de 2012). «Lavapiés: Fenómeno migratorio y claves de la convivencia». Cuadernos de la EPIC nº 7. p. 10. Consultado el 23 de mayo de 2015. «Lavapiés tiene su origen en el barrio judío de la ciudad. Actualmente la iglesia de San Lorenzo ocupa el solar en el que en tiempos pasados se erigía la sinagoga, que se conectaba con la Plaza de Lavapiés a través de la calle que hoy se llama de la Fe, llamada entonces calle de la Sinagoga.» 
  • Veksler, Bernardo (2004). Lavapiés: Pasado presente y futuro de un barrio cosmopolita (Primera edición). Madrid: Vision-Net. pp. 68-72. ISBN 84-9770-993-4. 

Enlaces externos[editar]

Coordenadas: 40°24.51′N 3°42.06′O / 40.40850, -3.70100