Liga de Delos

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Imperio Ateniense hacia el 450 a. C.

La Liga de Delos fundada en el 478 a. C.,[1]​ fue un grupo político-militar, liderado por Atenas, que incluía numerosas ciudades-estado griegas, entre 150 y 330[2]​, del Ática, de las islas del mar Egeo y las costas de Asia Menor. Su sede se encontraba en la isla de Delos. Su propósito era continuar la lucha con el imperio Persa luego de la victoria griega en la batalla de Platea al final de la segunda invasión persa a Grecia.[3]

El nombre moderno de la Liga deriva de su lugar de reunión oficial,[4]​ la isla de Delos, donde se celebraban congresos en el templo y donde se encontraba el tesoro hasta que, en un gesto simbólico,[5]Pericles lo trasladó a Atenas en el 454 a.C.[6]​.

Poco después de su creación, Atenas comenzó a utilizar los fondos de la Liga para sus propios fines, lo que provocó conflictos entre Atenas y los miembros menos poderosos de la Liga. Hacia el 431 a.C., la amenaza que la Liga representaba para la hegemonía espartana, combinada con el control de la Liga Délica por parte de Atenas, provocó el estallido de la Guerra del Peloponeso; la Liga se disolvió al concluir la guerra en el 404 a.C. bajo la dirección de Lisandro, el comandante de Esparta.

Antecedentes[editar]

El Imperio ateniense en el 445 a.C., según las listas de tributos. Las islas de Lesbos, Quíos y Samos (sombreadas en el mapa) no pagaban tributos.

Las guerras greco-persas tienen su origen en la conquista de las ciudades griegas de Asia Menor, y en particular de Jonia, por parte del Imperio Persa Aqueménida de Ciro el Grande poco después del año 550 a.C. Los persas encontraron a los jonios difíciles de gobernar, conformándose finalmente con patrocinar a un tirano en cada ciudad jónica.[7]​ Aunque en el pasado los estados griegos habían sido gobernados a menudo por tiranos, esta forma de gobierno estaba en declive.[8]​ Hacia el año 500 a.C., Jonia parece haber estado madura para la rebelión contra estos clientes persas. La tensión latente estalló finalmente en una revuelta abierta debido a las acciones del tirano de Mileto, Aristágoras. Intentando salvarse tras una desastrosa expedición patrocinada por los persas en el año 499 a.C., Aristágoras optó por declarar Mileto una democracia.[9]​ Esto desencadenó revoluciones similares en toda Jonia, extendiéndose a Dória y Aeolis, comenzando así la Revuelta Jónica.[10]

Búho de Atenea, patrona de Atenas.

Los estados griegos de Atenas y Eretria se dejaron arrastrar a este conflicto por Aristágoras, y durante su única temporada de campaña (498 a.C.) contribuyeron a la captura e incendio de la capital regional persa de Sardes. [11]​ Después de esto, la revuelta jonia continuó (sin más ayuda exterior) durante otros cinco años, hasta que finalmente fue completamente aplastada por los persas. Sin embargo, en una decisión de gran trascendencia histórica, el rey persa Darío el Grande decidió que, a pesar de haber sometido la revuelta, quedaba la asignatura pendiente de imponer un castigo a Atenas y Eretria por apoyar la revuelta. [12]​ La revuelta jónica había amenazado gravemente la estabilidad del imperio de Darío, y los estados de la Grecia continental seguirían amenazando esa estabilidad si no se les hacía frente. Así, Darío comenzó a contemplar la conquista completa de Grecia, empezando por la destrucción de Atenas y Eretria.[12]

En las dos décadas siguientes se producirían dos invasiones persas a Grecia, ocasionando, de acuerdo a los historiadores griegos, algunas de las batallas más famosas de la historia. Durante la primera invasión, Tracia, Macedonia y las islas del Egeo se añadieron al Imperio persa, y Eretria fue debidamente destruida.[13]​ Sin embargo, la invasión terminó en el año 490 a.C. con la decisiva victoria ateniense en la Batalla de Maratón.[14]​ Tras esta invasión, Darío murió, y la responsabilidad de la guerra pasó a su hijo Jerjes I.[15]

A continuación, Jerjes dirigió personalmente una segunda invasión persa de Grecia en el año 480 a.C., llevando un enorme (aunque muchas veces exagerado) ejército y armada a Grecia.[16]​ Los griegos que decidieron resistir (los "aliados") fueron derrotados en las batallas gemelas y simultáneas de las Termopilas en tierra y la de Artemisio en el mar.[17]​ Habiendo caído así toda Grecia, excepto el Peloponeso, en manos de los persas, éstos, buscando destruir la armada aliada de una vez por todas, sufrieron una derrota decisiva en la batalla de Salamina.[18]​ Al año siguiente, 479 a.C., los aliados reunieron el mayor ejército griego visto hasta entonces y derrotaron a la fuerza de invasión persa en la batalla de Platea, poniendo fin a la invasión y a la amenaza para Grecia.[19]

La flota aliada derrotó a los restos de la flota persa en la batalla de Mícala, cerca de la isla de Samos, el mismo día que Platea, según la tradición.[20]​ Esta acción marca el final de la invasión persa, y el comienzo de la siguiente fase en las guerras greco-persas, el contraataque griego. [21]​ Después de Mycale, las ciudades griegas de Asia Menor volvieron a sublevarse, con los persas ahora impotentes para detenerlos.[22]​ La flota aliada navegó entonces hacia el Quersoneso tracio, aún en poder de los persas, y sitió y capturó la ciudad de Sestos. [23]​ Al año siguiente, 478 a.C., los aliados enviaron una fuerza para capturar la ciudad de Bizancio (la actual Estambul). El asedio tuvo éxito, pero el comportamiento del general espartano Pausanias alienó a muchos de los aliados, y provocó la retirada de Pausanias.[24]

Estructura[editar]

Esta organización fue una alianza militar (simaquia) marítima, creada y controlada en un principio por el estadista ateniense Arístides (que redactó los estatutos y la puso en marcha), en el año 478 a. C., al finalizar las guerras médicas, con el fin de poder defenderse de posibles y nuevos ataques por parte de los persas. Fue también una consecuencia de la pérdida de la hegemonía por parte de Esparta, a la que sucedió Atenas en el mando de las expediciones.

Los miembros de la liga tenían la obligación de proporcionar hombres, navíos y dinero para las campañas de guerra. Por su parte, la ciudad de Atenas se comprometía a organizar y dirigir dichas campañas y a procurar que las demás ciudades no fueran asaltadas ni invadidas por los persas. Las decisiones importantes se tomaban en los Sínodos, consejos a los que acudían representantes de todas las polis confederadas, teniendo derecho a voz y voto en estas. Aunque, ciertamente, estas tenían poca relevancia en la toma de decisiones sobre la Liga, pues Atenas acaparaba el 50% de los votos en estos consejos.

Actuaciones de la alianza[editar]

Las fuerzas militares de la Liga conquistaron el mar Egeo y sus costas al mando del ateniense Cimón. Se enfrentaron y vencieron a la marina persa y conquistaron bastantes tierras que después colonizaron, además de abrir rutas seguras por mar hacia el Ponto Euxino o mar Negro.

Después de obtener estos éxitos contra los persas, Cimón pensó en una expansión por Egipto, donde estaban sufriendo también una invasión persa. Pero los confederados no vieron con buenos ojos esta incursión militar que sólo podía traer ventajas a Atenas y que les iba a costar a ellos buena parte del tesoro. Tanto la expedición como las campañas contra los persas en Egipto fueron un fracaso, y finalmente Atenas tuvo que negociar la paz. El negociador fue el estadista ateniense Calias, y lo acordado consistía en que los persas dejaran libre el mar Egeo y las costas de Asia Menor, mientras que Atenas debía renunciar a su intervención en la política de Egipto y Chipre (ver Paz de Calias). De esta manera llegó a su fin la guerra entre los griegos y los persas.

Hegemonía de Atenas[editar]

Después de todos estos acontecimientos, Atenas eligió a Pericles como nuevo jefe. Pericles comenzó su gobierno poniendo fin a una política de conquistas. Hizo de Atenas la primera y más importante ciudad griega y consiguió una total hegemonía sobre las demás ciudades de la Liga de Delos, que se fueron transformando de ciudades aliadas en ciudades subyugadas. Era el comienzo de un Imperio sometido a Atenas, que era quien dirigía la armada, la marina y la diplomacia y que quiso además establecer en las ciudades su propio régimen político. En el 454 a. C., amedrentados por el fracaso de la expedición enviada a Egipto, se ordenó trasladar el tesoro de la Liga a la ciudad de Atenas, donde estaría más seguro. Todos estos hechos, unidos al aumento de impuestos requerido para el mantenimiento de la guerra, hicieron que las ciudades de la Liga se rebelaran y empezaran a sentirse enemigas de Atenas, que además les impuso su moneda, su sistema de pesos e incluso la forma de gobierno.

Los recursos económicos del Estado ateniense no eran muy holgados. Toda la grandeza de Atenas en el siglo de Pericles, sus construcciones, obras públicas, edificios religiosos, esculturas, etc. no habrían podido llevarse a cabo sin el gran recurso del tesoro de la Liga de Delos.

Fin de la Liga[editar]

Continuaron, sin embargo, siendo dominadas por Atenas hasta la derrota de ésta por Esparta en el año 404 a. C., como consecuencia de la guerra del Peloponeso. A partir de este momento, la alianza se disolvió hasta el año 377 a. C., en que tuvo un renacimiento para protegerse en este caso del poder de Esparta. No obstante, Atenas ya era incapaz de imponer su autoridad. Esta denominada Segunda Liga ateniense dejó de existir definitivamente en el 338 a. C. cuando Filipo II de Macedonia derrotó a los atenienses en la batalla de Queronea.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Roisman y Yardley, 2011, Timeline, p. xliii; Martin, 1996, pp. 96, 105–106.
  2. Nelson y Allard-Nelson, 2005, p. 197.
  3. Roisman y Yardley, 2011, 18: The Athenian Empire, pp. 246–266.
  4. Rhodes, 2006, p. 18. En las fuentes antiguas, no existe una designación especial para la liga y sus miembros como grupo son simplemente referidos con frases del tipo "los atenienses y sus aliados" (véase Artz, 2008, p. 2).
  5. Keuls, 1993, p. 18.
  6. Thucydides. The Peloponnesian War. 1.96. 
  7. Holland, 2005, pp. 147-151.
  8. Fine, 1983, pp. 269-277.
  9. Heródoto. Las Historias. 5. 37. 
  10. Holland, 2005, pp. 155-157.
  11. Holanda, 2005, pp. 160-162.
  12. a b Holland, 2005, pp. 175-177.
  13. Holland, 2005, pp. 183-186.
  14. Holland, 2005, pp. 187-194.
  15. Holland, 2005, pp. 202-203.
  16. Holland, 2005, pp. 240-244.
  17. Holland, 2005, pp. 276-281.
  18. Holland, 2005, pp. 320-326.
  19. Holland, 2005, pp. 342-355.
  20. Holland, 2005, pp. 357-358.
  21. Lazenby, 1993, p. 247.
  22. Thucydides. The Pelopponesian War. perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.01.0200%3Abook%3D1%3Achapter%3D89 1.89. 
  23. Herodotus. The Histories. 9.114-115. 
  24. Thucydides. La guerra del Peloponeso. 1.95. 

Bibliografía[editar]

  • Artz, James (2008). Natural Resources and 5th Century Athenian Foreign Policy: The Effect of Natural Resources on Fifth Century Athenian Foreign Policy and the Development of the Athenian Empire. Saarbrücken: VDM Verlag. ISBN 978-3-639-08667-6. 
  • Brand, Peter J. (2020). «Athens & Sparta: Democracy vs. Dictatorship». University of the People. Archivado desde el original el 9 de octubre de 2022. 
  • Fine, John Van Antwerp (1983). The Ancient Greeks: A Critical History. Cambridge, MA: Harvard University Press. ISBN 0-674-03314-0. 
  • Fuller, John (1954–1957). A Military History of the Western World Volume I: From the Earliest Times to the Battle of Lepanto. New York: Funk and Wagnalls. 
  • Holland, Tom (2005). Persian Fire: The First World Empire and the Battle for the West. New York: Anchor Books. ISBN 978-0-307-38698-4. 
  • Keuls, Eva C. (1993). The Reign of the Phallus: Sexual Politics in Ancient Athens. Berkeley: University of California Press. ISBN 978-0-520-07929-8. 
  • Lazenby, John Francis (1993). The Defence of Greece: 490–479 BC. Liverpool: Liverpool University Press. ISBN 978-0-856-68591-0. 
  • Martin, Thomas R. (1996). Ancient Greece: From Prehistoric to Hellenistic Times. New Haven and London: Yale University Press. ISBN 978-0-300-08493-1. 
  • Nelson, Eric D.; Allard-Nelson, Susan K. (2005). The Complete Idiot's Guide to Ancient Greece. Indianapolis, IN: Alpha. ISBN 978-1-592-57273-1. 
  • Rhodes, Peter John (2006). A History of the Classical Greek World: 478–323 BC. Malden and Oxford: Blackwell Publishing. ISBN 978-0-631-22565-2. 
  • Roisman, Joseph; Yardley, John C. (2011). Ancient Greece From Homer to Alexander: The Evidence. Malden and Oxford: Wiley-Blackwell. ISBN 978-1-405-12776-9. 
  • Historia Universal Oriente y Grecia de Ch. Seignobos. Editorial Daniel Jorro, Madrid 1930
  • Egypte Orient Grèce. Autor Maurice Meleau. Editorial Bordas 1963
  • Quién es quién en la Antigua Grecia. John Hazel. Editorial Acento, 2002. ISBN 84-483-0655-4

Enlaces externos[editar]