Concilio de Nicea I

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Primer Concilio de Nicea
I concilio ecuménico
de la Iglesia católica
Nicaea icon.jpg
Icono conmemorativo del Primer Concilio de Nicea
Inicio 325
Término 325
Aceptado por Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Iglesia copta, Iglesia luterana e Iglesia anglicana
Convocado por Emperador Constantino I el Grande
Presidido por Obispo Osio de Córdoba
Asistencia 200
Temas de discusión Arrianismo
Cronología
Concilio de Jerusalén Primer Concilio de Nicea Concilio de Constantinopla I
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El primer Concilio ecuménico se celebró en el año 325 en Nicea (en turco: İznik), ciudad de Asia Menor, en el territorio de la actual Turquía, y de la que recibe el nombre por el que es conocido, Concilio de Nicea I. Fue convocado por el emperador romano Constantino I el Grande, por consejo del obispo Osio de Córdoba.

Convocatoria[editar]

El emperador Constantino I acababa de imponer su dominio sobre la totalidad del Imperio Romano después de vencer a Majencio. Previamente, Constantino ya había dado muestras de sus simpatías por el cristianismo al dictar el Edicto de Milán del año 313, que daba a los cristianos libertad para reunirse y practicar su culto sin miedo a sufrir persecuciones. No obstante, el emperador era consciente de las numerosas divisiones que existían en el seno del cristianismo, por lo que, siguiendo la recomendación de un sínodo dirigido por Osio de Córdoba en ese mismo año, decidió convocar un concilio ecuménico de obispos en la ciudad de Nicea, donde se encontraba el palacio imperial de verano. El propósito de este concilio era establecer la paz religiosa y construir la unidad de la Iglesia cristiana.[1]

En aquellos momentos, la cuestión principal que dividía a los cristianos era la denominada controversia arriana, es decir, el debate sobre la naturaleza divina de Jesús. Un sector de los cristianos, liderado por el obispo de Alejandría, Alejandro, y su discípulo y sucesor Atanasio, defendía que Jesús tenía una doble naturaleza, humana y divina, y que por tanto Cristo era verdadero Dios y verdadero hombre; en cambio, otro sector liderado por el presbítero Arrio y por el obispo Eusebio de Nicomedia, afirmaba que Cristo había sido la primera creación de Dios antes del inicio de los tiempos, pero que, habiendo sido creado, no era Dios mismo.

Este fue el primer concilio general de la historia de la Iglesia cristiana, a excepción del llamado concilio de Jerusalén del siglo I, que había reunido a Pablo de Tarso y sus colaboradores más allegados con los apóstoles de Jerusalén encabezados por Santiago el Justo y Pedro.

El Concilio[editar]

Aunque todos los obispos cristianos del Imperio fueron formalmente convocados a reunirse en Nicea, en realidad asistieron alrededor de 300 (según Atanasio), o quizá un número ligeramente inferior.[2] La mayoría de los obispos eran orientales, si bien participaron también dos representantes del papa Silvestre I. El concilio fue presidido por Osio de Córdoba. También estuvo presente Arrio y algunos pocos defensores de sus posiciones teológicas. La posición contraria a Arrio fue defendida, entre otros, por Alejandro de Alejandría y su joven colaborador, Atanasio de Alejandría.

Constantino I, aunque simpatizaba con los cristianos, no se bautizó hasta que se hallaba en su lecho de muerte. Sin embargo, aparentemente ya se había convertido al cristianismo tras su victoria militar sobre Majencio en 312, ya que había invocado al Dios de los cristianos antes de la batalla. Por ello interpretó su victoria como indicio de la superioridad del Dios cristiano, aunque se guardó de compartir esta interpretación con sus tropas.[3]

El papel de Constantino en el Concilio[editar]

La visión que presenta Eusebio de Cesarea en su obra Vida de Constantino: el emperador participando e influyendo activamente en el desarrollo del concilio. Sin embargo, el autor J. M. Sansterre, en su obra Eusebio de Cesarea y el nacimiento de la teoría cesaropapista, ha rebatido esta posición, señalando que la actuación de Constantino fue respetuosa de los temas que eran de estricta competencia de los padres conciliares. Esto se ve reforzado por los artículos de la Enciclopedia Católica, que sostiene que Constantino I nunca pudo influir sobre los temas teologales, ya que su formación a este respecto era prácticamente nula. Por el contrario, sostiene la misma fuente, Constantino I se encargó de dar el marco físico y político al concilio, con el fin de evitar que los disensos dogmáticos (herejías) pudiesen desembocar de hecho en una fractura política del Imperio.

Consecuencias[editar]

Después de Nicea los debates sobre este asunto siguieron por décadas y el propio Constantino I y sus sucesores fueron alternando su apoyo entre los arrianos y los partidarios de las resoluciones de Nicea. Finalmente, el emperador Teodosio estableció el credo del Concilio de Nicea como la norma para su dominio y convocó el Concilio de Constantinopla en 381 para aclarar la fórmula. Aquel concilio acordó colocar al Espíritu Santo en el mismo nivel de Dios y de Cristo y empezó a perfilarse la doctrina trinitaria.


Predecesor:
-
Concilio de Nicea I
del 20 de mayo al 25 de julio de 325
Sucesor:
Concilio de Constantinopla I

Textos eliminados del Canon Bíblico

Existe confusión respecto a escritos doctrinales y evangelios eliminados, pero en el Concilio de Nicea no se trató el tema del canon bíblico. Los actuales libros del Nuevo Testamento eran de facto reconocidos como inspirados por todas las iglesias locales (aunque había alguna epístola y el Apocalipsis que eran reconocidos en la mayoría pero no en todas) por eso se confirmaron de iure como parte del canon bíblico pero no en Nicea, sino ya después de Constantino. La mayoría de los evangelios no inspirados (que hoy llamamos apócrifos) no solo no fueron destruidos sino que se siguieron leyendo en muchas iglesias aunque no se considerasen libros inspirados, pero sí inspirantes. No fue hasta el Concilio de Trento (s. XVI) cuando se desaconsejó su uso en servicios religiosos.

Los únicos libros declarados heréticos por este concilio fueron los libros arrianos, que no eran evangelios sino escritos doctrinales, y cuyos ejemplares fueron quemados tras el concilio. El emperador decretó pena capital para quien conservara dichos libros, pero no existe constancia de que se produjeran gran cantidad de muertes por ello. El propio Constantino suavizó sus órdenes solo tres meses después del concilio y acabó incluso simpatizando con los arrianos y atacando a los obispos ortodoxos, o sea, católicos. El propio autor, Arrio, fue excomulgado por la Iglesia y exiliado por el emperador, pero no ejecutado, y años más tarde sería readmitido y exiliado, y readmitido según las presiones que recibía el emperador, aunque la Iglesia mantuvo siempre su excomunión.

A finales de siglo, año 382, en el Concilio de Roma iniciado en el año 381 en el Conclio de Aquilea, el papa Dámaso I declara la lista de los libros que desde entonces serán considerados oficialmente los inspirados, habiéndose debatido qué libros eran los más universalmente aceptados en toda la Iglesia, rechazando aquellos que eran aceptados solo en zonas locales. Esto zanjo la polémica que rodeaba a varios libros. El libro más conflictivo fue el Apocalipsis de San Juan, cuya inclusión encontró cierta oposición en algunas iglesias orientales hasta el siglo IX*, y que el mismo Lutero quiso excluir de la Biblia (junto con la epístola de Santiago) sin conseguirlo.

Durante el Concilio de Nicea, no se declararon falsos los evangelios gnósticos, dado que el gnosticismo fue una herejía más antigua que surgió ya en tiempos del apóstol San Juan. La Iglesia desde los tiempos apostólicos ya consideró herejía al gnosticismo.

Referencias[editar]

  1. E. Mitre, Ortodoxia y herejía: Entre la Antigüedad y el Medievo, Cátedra, 2003, págs. 60-61.
  2. Cf. B. Llorca Vives, Historia de la Iglesia católica. I: Edad Antigua: la Iglesia en el mundo grecorromano, BAC, Madrid 1990, 7ª ed., p. 388.
  3. Véase Henri-Charles Puech (Ed.), Las religiones en el mundo mediterráneo y en el Oriente Próximo, Vol. I: Formación de las religiones universales y de salvación. Siglo XXI, 4ª ed., Madrid, 1985, págs 416-18.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]