Arrianismo

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Grabado de Arrio argumentando la supremacía de Dios Padre, y que el Hijo tuvo un comienzo, al haber tenido un verdadero nacimiento.

El arrianismo es una creencia no trinitaria. Afirma que Jesucristo fue creado por Dios Padre y está subordinado a él. Las enseñanzas arrianas fueron atribuidas a Arrio (c. 250-335 d.C.), un presbítero en Alejandría, Egipto. Las enseñanzas están opuestas a las principales enseñanzas católico-romanas sobre la naturaleza de la Santa Trinidad y de la naturaleza de Cristo. La cristología arriana dice que el Hijo de Dios no existió siempre, sino que fue creado por Dios Padre. Esta creencia se basa en la interpretación del versículo 14:28 del Evangelio de Juan[1] donde Jesús dice:

Oyeron que les dije que me voy y volveré a visitarlos. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo.

El Primer Concilio de Nicea del 325 declaró herejía al arrianismo. En el Primer Sínodo de Tiro, en el 335, Arrio fue exonerado.[2] Tras su muerte, fue anatemizado de nuevo y fue declarado herético otra vez en el Primer Concilio de Constantinopla del 381.[3] Los emperadores romanos Constancio II (que gobernó del 337 al 361) y Valente (que gobernó del 364 al 378) fueron arrianos o cercanos al arrianismo.

Comienzos[editar]

En algunos grupos de los primeros cristianos se enseñaba que Cristo había pre-existido como Hijo de Dios desde antes de su encarnación en Jesús de Nazaret, y que había descendido a la Tierra para redimir a los seres humanos.[4]

Arrio creía que Dios Padre y Dios Hijo no habían existido juntos desde siempre.[5] Los arrianos creen que el Logos era un ser divino creado por Dios Padre antes que el mundo y que el Hijo estaba subordinado al Padre.[6] Arrio y sus seguidores apelaban al versículo 14:28 del Evangelio de Juan, donde Jesús dice:

Oyeron que les dije que me voy y volveré a visitarlos. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo.

También apelaban al versículo 8:22 de los libro bíblico Proverbios, que dice: [7]

El Señor me creó al comienzo de su obra

Arrio había sido discípulo de Luciano de Antioquía en la academia privada de Antioquía, y heredó de él una versión modificada de las enseñanzas de Pablo de Samosata.[8] Después de que las disputas acerca del arrianismo se politizasen, se adoptó una solución general a esta división. Hubo una gran mayoría que adquirió la posición trinitaria, y la posición arriana fue declarada heterodoxa.

La controversia acerca del arrianismo de finales del siglo III continuó a lo largo de buena parte del siglo IV. Incumbió a muchos miembros de la Iglesia: simples creyentes, sacerdotes, monjes, obispos, emperadores y miembros de la familia imperial romana. Los emperadores romanos, Constancio II y Valente, se convirtieron en arrianos o semi-arrianos. También se hicieron arrianos los godos, vándalos y lombardos antes de la caída del Imperio Romano. La profunda controversia en el seno de la Iglesia durante este periodo podría no haberse materializado sin la significativa influencia histórica de las doctrinas arrianas.[9] De los trescientos obispos que acudieron al Primer Concilio de Nicea, solo dos no firmaron el credo niceo, que condenaba el arrianismo.[10] Esta mayoría se debió, al menos en parte, a la pena de exilio o de muerte para aquellos que rehusasen firmar el credo de Nicea impuesto por Constantino.

Además, si se encuentra algún escrito sobre Arrio, podría ser arrojado al fuego, por lo que no solo se borra la maldad de su enseñanza, sino que no quedará nada para recordarlo. Y por esto hago una orden pública, de que si se descubriese que alguien esconde un escrito compuesto por Arrio, y no lo lleva inmediamente a su destrucción por fuego, la pena será la muerte. Tan pronto como se descubra su ofensa, él podría ser sometido a castigo capital [...]

Edicto del emperador Constantino contra los arrianos.[11]

El arrianismo continuó existiendo durante varias décadas, aunque el aparente resurgimiento del arrianismo después de Nicea fue, más bien, una reacción anti-nicea explotada por los simpatizantes de los arrianos que algo propiamente arriano.[12] A finales del siglo IV, se había derrotado todo resto de arrianismo en el seno de la jearquía oficial de la iglesia romana, que era trinitaria.[13] En la Europa Occidental, el arrianismo, que había sido predicado por Ulfilas, un misionero arriano entre las tribus germánicas, era dominante entre godos y lombardos (y en el crepúsculo del Imperio, fue significativo entre los vándalos); pero dejó de ser una creencia mayoritaria en estas tribus en el siglo VIII, a medida que los legisladores de esas tribus germánicas fueron adoptando gradualmente el catolicismo. Este proceso empezó Clodoveo I de los francos en el 496, siguió con Recaredo I de los visigodos en el 587 y culminó con Ariberto I de los lombardos en el 653.

Creencias[editar]

La reconstrucción de lo que realmente dijo Arrio y el por qué lo dijo es una gran tarea, porque ha sobrevivido muy poco de su propio trabajo, con la salvedad de las citas hechas con propósitos polémicos por sus oponentes, y también porque no se sabe a ciencia cierta qué teorías teológicas y filosóficas habían conformado su sistema de creencias.[14]

Los arrianos no creen en la doctrina tradicional de la Trinidad, que sostiene que Dios, Jesús y el Espíritu Santo son un único ser.[15]

La carta del arrio Auxentius de Durostorum[16] sobre el misionero arriano Ulfilas da una imagen clara de las creencias arrianas. Ulfilas fue ordenado obispo por el arriano Eusebio de Nicomedia y regresó a su pueblo para emplearse como misionero. Ulfilas creía que Dios Padre (el Dios Sin Comienzo, el Dios Todopoderoso) siempre había existido y era el único dios verdadero (Evangelio de Juan 17:3). Así mismo, creía que el Hijo de Dios, Jesucristo, (Dios "unigénito", Evangelio de Juan 1:18;[17] Dios Poderoso, Libro del profeta Isaías 9:6) empezó después de que el tiempo empezase (Proverbios 8:22-29; Libro de las revelaciones 3:14, Epístola a los colosenses 1:15), y quien es Señor/Guía (Primera epístola a los corintios 8:6). El Espíritu Santo (el poder iluminador y santificador) tampoco es Señor/Guía. El capítulo 8, versículo 6, de la Primera epístola a los corintios 8:6 dice:

[...] para nosotros existe un solo Dios, el Padre, que es principio de todo y fin nuestro y existe un solo señor, Jesucristo, por quien todo existe y también nosotros.

Primera epístola a los corintios 8:6. Escrita por san Pablo de Tarso a la comunidad cristiana de Corinto. Siglo I.

En una carta a Auxentius, Ulfilas resume así sus creencias:

Yo, Ulfilas, obispo y confesor, he creído siempre, y en esto, en la única fe verdadera, hago el camino hacia mi Señor: creo solo en un Dios Padre, el que no tiene comienzo y es invisible, y en su unigénito hijo, nuestro Señor/Guía y Dios, el diseñador y el hacedor de toda la creación, no habiendo otro como él. Por lo tanto, hay un Dios de todos, que también es Dios de nuestro Dios; y hay un Espíritu Santo, el poder iluminador y santificador, como dijo Cristo después de la resurrección a sus apóstoles: "Yo les enviaré lo que el Padre prometió, por eso quédense en esta ciudad hasta que sean revestidos con la fuerza que viene desde el cielo" (Evangelio de Lucas 24:49) y también dijo: "Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes [y serán testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaria y hasta el confín del mundo]" (Hechos de los apóstoles 1:8). Ni Dios ni Señor/Guía, sino fiel ministro de la fe de Cristo; no igual, pero sujeto a obediencia en todo al Hijo. Y creo que el Hijo está sujeto y es obediente en todo a Dios Padre.[18]

Arrio escribió una carta a Eusebio de Nicomedia que decía:

Algunos de ellos dicen que el Hijo es una erupción, otros que es una producción, otros que no tiene comienzo. Estos son impíos a los que no podemos escuchar, aunque los herejes nos amenacen con un millar de muertes. Nosotros decimos y creemos y tenemos que aprender, y que enseñar, que el Hijo no fue sin comienzo, ni ninguna parte suya fue sin comienzo, y que su subsistencia no depende de nada; sino que es por su propia voluntad y consejo por lo que ha subsistido antes del tiempo y antes de las eras tan perfecto como Dios, solo empezado e incanjeable, y que antes de ser empezado, o creado, o propuesto, o establecido, él no estaba. Porque él no carece de comienzo. Nosotros somos perseguidos porque decimos que el Hijo tiene un comienzo pero que Dios no tiene comienzo.[19]

El Primer Concilio de Nicea y sus consecuencias[editar]

En el 321, Arrio fue denunciado por un sínodo en Alejandría por enseñar un punto de vista heterodoxo de la relación entre Jesús y Dios Padre. Como Arrio y sus seguidores habían tenido una gran influencia en las academias de Alejandría (el antecedente de las modernas universidades y seminarios) sus opiniones teológicas se habían divulgado mucho, sobre todo en el Mediterráneo Oriental.

En torno al 325, la controversia se había vuelto lo suficientemente significativa y el emperador Constantino I convocó una asamblea de obispos, el Primer Conciclio de Nicea, que condenó la doctrina de Arrio y formuló el credo de Nicea original.[20] El término central del credo de Nicea, usado para describir la relación entre el Padre y el Hijo, es el homousismo (ὁμοούσιος), o consustancialidad, que significa "de la misma sustancia" o "un mismo ser". El Credo de Atanasio es usado menos habitualmente, pero es más abiertamente anti-arriano en lo que respecta a la Santísima Trinidad.

El foco del Concilio de Nicea fue la naturaleza del Hijo de Dios y su relación precisa con Dios Padre (véase la obra de Pablo de Samosata y los sínodos de Antioquía). Arrio enseñó que Cristo era divino/sagrado y que fue enviado a la Tierra para la salvación de la humanidad[15] pero que Jesucristo no era igual a Dios Padre (el infinito) en el escalafón y que Dios Padre y el Hijo de Dios no eran iguales al Espíritu Santo (que sería el poder de Dios Padre).[5] En el arrianismo, Cristo no era consustancial con Dios Padre[21] porque aunque tanto el Padre como el Hijo habrían sido una esencia, no eran la misma esencia ni el mismo ser (véase homousismo).[21] Dios Padre es una deidad y es divino y el Hijo de Dios no sería una deidad pero sí sería divino ("Yo, el Señor, soy el único Dios." Libro del profeta Isaías 46:9).[15] Dios Padre envió a Jesús a la tierra para la salvación de la humanidad (Evangelio de Juan 17:3). Ousia significa "esencia" o "ser" en la cristiandad oriental, y es un aspecto de Dios que es completamente incomprensible para la percepción humana. Es todo lo que subsiste por sí mismo y que no tiene su ser en otro.[22] Para los homousios el Dios Padre, el Hijo de Dios y el Espíritu Santo son seres no creados. Juan Damasceno escribió:

Dios no es originado, es interminable, eterno, constante, no ha sido creado, es inmutable, inalterable, simple, no complejo, incorpóreo, invisible, intangible, indescriptible, sin límites, inaccesible a la mente, incontenible, incomprensible, bueno, justo, el Creador de todas las criaturas, el Todopoderoso Pantocrator.[23]

De acuerdo con la enseñanza de Arrio, el Logos pre-existente que se encarnó en Jesucristo fue un ser creado; solo el Hijo fue directamente creado y empezado por Dios Padre, antes de las eras, pero era una esencia o sustancia distinta, aunque similar, de la del Creador. Sus oponentes argumentaban que esto podría hacer parecer a Jesús menos que a Dios y esto era herético.[21] Gran parte de la distinción entre las distintas facciones era sobre la frase que Cristo dijo en el Nuevo Testamento para expresar la sumisión al Dios Padre.[21] El término teológico para esta sumisión es kenosis. Este concilio ecuménico que declaró Jesucristo era una forma de Dios en existencia o en realidad (hypostasis), que los latinos tradujeron como "persona". Jesús era Dios en esencia, ser, y/no natural (ousia), que los latinos tradujeron como sustancia.

Se cree que Constantino exilió a todos aquellos que rehusaron aceptar el credo de Nicea (Arrio, el diácono Euzoios y los obispos libios Theonas de Marmarica y Secundus de Ptolemais) y también a los obispos que subscribieron el Credo pero que rehusaron unirse a la condena a Arrio (Eusebio de Nicomedia y Theognis de Nicea). El emperador también ordenó la quema de todas las copias del libro Talía, en el que Arrio había expresado sus tesis. No obstante, no hay evidencias de que su hijo y sucesor, Constancio II, que era arriano, fuese exiliado.

Aunque se le ordenó mantener lo que la Iglesia había definido en Nicea, Constantino también quiso que reinase la paz en la situación y, con el tiempo, se hizo más indulgente con aquellos condenados al exilio en el concilio. Primero permitió regresar a Eusebio de Nicomedia, que era un protegido de su hermana, y a Theognis una vez que firmaron una declaración algo ambigua de fe. Ambos, y otros amigos de Arrio, se afanaron en que se levantaran las prohibiciones de Arrio. En el Primer Sínodo de Tiro, en el 335, ellos esgrimieron acusaciones contra Atanasio, obispo de Alejandría, y principal oponente de Arrio; después de esto, Constantino desterró a san Atanasio y lo consideró como alguien que impedía la reconciliación. Ese mismo año, el Sínodo de Jerusalén, bajo la dirección de Constantino, readmitió la comunión de Arrio en el 336. No obstante, Arrio murió en Constantinopla de camino a este evento. Algunos académicos sugieren que Arrio podría haber sido envenado por sus oponentes.[24] [25] [26] Eusebio y Theognis mantuvieron el favor del emperador, y cuando Constantino, que había sido catequizado durante su vida adulta, aceptó el bautismo al final de su vida, este le fue administrado por Eusebio de Nicomedia.[27] [28]

Según Atanasio de Alejandría, opuesto a Arrio, estas son algunas de las enseñanzas arrianas, citadas en su obra Discurso contra los arrianos:

Dios no siempre fue Padre" sino que "hubo un tiempo en que Dios estaba solo y aún no era Padre, pero después se convirtió en Padre." "El Hijo no existió siempre;" pues, así como todas las cosas se hicieron de la nada, y todas las criaturas y obras existentes fueron hechas, también la Palabra de Dios misma fue "hecha de la nada" y "hubo un tiempo en que no existió" y "Él no existió antes de su origen", sino que Él y otros "tuvo un origen de creación". Pues Dios, dice, "estaba solo, y la Palabra aún no era, ni tampoco la Sabiduría. Entonces, al desear darnos forma, Él hizo a cierto ser y lo llamó Palabra, Sabiduría e Hijo, para que pudiera darnos forma por medio de Él.[29]

Debates teológicos[editar]

El Concilio de Nicea no terminó con la controversia, ya que muchos obispos de las proviencias orientales discutían el homousismo, el término central del credo niceo. Pablo de Samosata había avocado el monarquianismo cristológico. Tanto el hombre como su enseñanza, incluido el término "homousio" habían sido condenados por los sínodos de Antioquía en el año 269.

El hijo de Constantino I, Constancio II, que se había convertido en emperador de la parte oriental del Imperio Romano, animó a los arrianos y revocó el credo niceo. Su consejero en estos asuntos fue Eusebio de Nicomedia, que había sido del partido arriano en el Concilio de Nicea, y que también había sido ordenado obispo de Constantinopla. Constancio II usó su poder para exiliar a los obispos adheridos al credo niceo, sobre todo a san Anastasio de Alejandría, que se marchó a Roma. En el año 355 Constancio II se convirtió en el único emperador (Constantino I fallecería en el 337) y extendió su política a las provincias occidentales, usando a menudo la fuerza para presionar a los creyentes, y exiliando al papa Liberio para instalar al "antipapa" Félix II.

Como los debates hacían estragos a la hora de adoptar una nueva fórmula, se crearon tres grupos entre los oponentes al credo niceo. El primer grupo estaba opuesto sobre todo a la terminología de Nicea y prefería el término "homoiousios" (igual en sustancia) en lugar del "homousio" niceo, y, al mismo tiempo, rechazaban a Arrio y a sus enseñanzas y aceptaban la igualidad y el carácter co-eterno de las personas de la Trinidad. Por esta posición centralista, y a pesar de rechazar a Arrio, fueron llamados "semi-arrianos" por sus oponentes. El segundo grupo también evitaba invocar el nombre de Arrio, pero en buena medida seguía las enseñanzas de Arrio y, en otras palabras, describía al Hijo como un ser igual (homios) al Padre (homoios). El tercer grupo hablaba explícitamente de Arrio y describía al Hijo como diferente (anhomoios) al Padre. Constancio apoyaba al primer o al segundo grupo y perseguía al tercero.

El debate entre estos grupos produjo numerosos sínodos, entre los que estuvieron el Concilio de Sárdica en el 343, el Concilio de Sirmio en el 358 y el doble Concilio de Rímini y Seleucia del 359, y no menos de catorce formas de credos entre el año 340 y el 360, lo que llevó al pagano Amiano Marcelino a comentar sarcásticamente: "Las carreteras están llenas de obispos galopando". Ninguno de estos intentos fue aceptable para los que defendían la ortodoxia nicea: escribiendo sobre posteriores concilios, san Jerónimo señaló que el mundo "se despertó con un llanto cuando se descubrió arriano".

Después de la muerte de Constancio II en el 361, su sucesor, Juliano, un devoto de los dioses paganos de Roma, declaró que él no se plegaría a ninguna facción de la Iglesia, y permitió a todos los obispos exiliados regresar; esto provocó un aumento de las disensiones entre los cristianos. El emperador Valente, no obstante, recuperó la política de Constancio y apoyó al partido "homoiano", exiliando a los obispos y empleando la fuerza contra los opositores. Durante su persecución, se exiliaron muchos obispos a los extremos más lejanos del Imperio (por ejempo, el exilio de Hilario de Poitiers a las provincias orientales) Estos contactos y la difícil situación común dieron lugar a un acercamiento entre los partidarios occidentales del credo de Nicea y los "homousios" del este semi-arrianos.

Epifanio de Salamina etiquetó al partido de Basilio de Ancira en el 358 como "semi-arriano". Esto ha sido considerado inapropiado por el historador J. N. D. Kelly, que argumenta que algunos miembros de ese grupo eran prácticamente ortodoxos desde el principio pero que no les gustaba el adjetivo "homousio", mientras que otros se movieron hacia esa dirección después, con la llegada de los arrianos.[30]

Teodosio I y el Concilio de Constantinopla[editar]

No fue hasta el co-reinado de Graciano y Teodosio I cuando el arrianismo despareció de entre las clases dirigentes y las élites del Imperio Romano de Oriente. La esposa de Teodosio, Elia Flacila, fue una herramienta en la campaña para acabar con el arrianismo. Valente murió en la Batalla de Adrianópolis del 378 y fue sucedido por Teodosio I, que se adhirió al credo de Nicea. Esto permitió que se avivase la disputa.

Dos días después de que Teodosio llegase a Constantinopla, el 24 de noviembre del 380, expulsó al obispo homiousio y puso a las iglesias de esa ciudad bajo el gobierno de Gregorio Nacianceno, que era el líder de la pequeña comunidad nicea de allí. Este acto provocó una revuelta. Teodosio había sido bautizado por el obispo Acholius de Tesalónica, durante una grave enfermedad, como era habitual en los comienzos del mundo cristiano. En febrero, él y Graciano publicaron un edicto[31] que decía que todos sus súbditos debían profesar la fe de los obispos de Roma y de Alejandría (el credo niceo), o serían apresados para ser castigados.

Aunque buena parte de la jerarquía de la Iglesia oriental se oponían, Teodosio logró conseguir la unidad en las bases del credo niceo. En el 381, en el Primer Concilio de Constantinopla, un grupo conformado sobre todo por obispos del este se reunió en una asamblea y pactaron aceptar el credo de Nicea del 325 con algunos elementos propios, lo que fue conocido como el credo de Nicea-Constantinopla del 381.[32] Entre esos elementos nuevos había algunos comentarios en relación con el Espíritu Santo. Generalmente, esto se considera el fin de la disputa sobre la Trinidad y el fin del arrianismo en el Imperio Romano y entre los pueblos cristianos no germánicos.

Difusión posterior del arrianismo[editar]

Ulfilas, obispo y misionero, propagó el arrianismo entre los pueblos germánicos, particularmente los visigodos, vándalos, burgundios y ostrogodos. Después del Concilio de Constantinopla del año 381, el arrianismo fue definitivamente condenado y considerado como herejía en el mundo católico. Sin embargo, el arrianismo se mantuvo como religión de algunos pueblos germánicos hasta el siglo VI, cuando Recaredo I, rey de los visigodos, se bautizó como católico en el año 587 e impuso el catolicismo como religión oficial de su reino dos años después con la lucha y oposición de los visigodos arrianos, tras el III Concilio de Toledo (589). En Italia, las supervivencias arrianas en el reino longobardo persistieron hasta muy avanzado el siglo VII[33] y el rey lombardo Grimoaldo (662-671) puede considerarse como el último monarca arriano del reino[34] (y de Europa).

El arrianismo en la actualidad[editar]

Los socinianos, una denominación nacida luego de la Reforma Protestante en Polonia, no cree en el aspecto de Jesús Dios, por lo que en alguna medida podrían ser considerados herederos del arrianismo.

Teologías actuales surgidas en la iglesia católica son acusadas de reproducir esquemas arrianos, con una presentación no cristológica de Jesús. En 2007, Demetrio Fernández ―entonces obispo de Tarazona y hoy obispo de Córdoba― acusó al teólogo José Antonio Pagola por lo expuesto en su libro Jesús, aproximación histórica (PPC, 2007).

Esta «herejía» (desde el punto de vista católico), sigue en la mente de algunos miembros de la Iglesia: por lo general, se cree que determinadas nuevas eclesiologías combinan la teología liberacionista con el nuevo arrianismo científico, surgido de determinadas corrientes historicistas en la investigación bíblica. No obstante, la doctrina oficial de la Iglesia es concluyente al declarar el arrianismo como herejía en el Primer Concilio de Nicea (325), inicialmente, y desde el Primer Concilio de Constantinopla (381) de forma definitiva.

Una iglesia inglesa moderna, llamada Sagrada y Apostólica Iglesia del Catolicismo Arriano (The Holy Catholic and Apostolic Church of Arian Catholicism), dice seguir las enseñanzas de Arrio y lo canonizó el 16 de junio de 2006. Su doctrina dice que solo el Padre es el Dios absoluto, y que Jesús tuvo un comienzo, en la carne, y que está subordinado al Padre. Enseñan también que Jesucristo era el mesías redentor sin pecado, aunque no aceptan el nacimiento virginal de Jesús, la resurrección del cuerpo de Jesucristo, la divinidad o la adoración de Jesús ni la infalibilidad de Jesús, lo que los sitúa en una posición opuesta al propio Arrio, que sí aceptaba todo eso, con excepción del nivel de divinidad de Cristo. Las enseñanzas de esa iglesia arriana están más alineadas con el socinianismo que con el auténtico arrianismo.

Aunque, según el propio Arrio, Cristo existía antes de María, esa iglesia arriana cree que no. Dicha iglesia cree que Jesús era el hijo natural de José y María y que el Espíritu Santo supervisó la concepción, y también enseñan que la resurrección de Cristo no fue en la carne, sino que fue espiritual. De hecho, su credo "católico arrio" es una creación moderna, no una fe antigua.

Los Testigos de Jehová guardan unas pocas similitudes con el arrianismo, en el sentido que ambas consideran a Jesús como el unigénito del Dios Padre, y no como Dios mismo. Estos han sido llamados a veces "arrianos modernos" o "semi-arrianos",[35] [36] normalmente por sus oponentes.[37] [38] [39] Aunque hay algunas similitudes significativas en su teología y su doctrina, los Testigos de Jehová difieren de Arrio en lo de que el Hijo puede conocer por completo al Padre (algo que Arrio negaba), y por su negación de la personalidad literal del Espíritu Santo. Arrio consideraba que el Espíritu Santo era una "fuerza activa" de Dios, o una "energía", que no tenía comienzo, y que no era un sujeto existente, al igual que piensan los Testigos de Jehová. Los arrianos originales también rezan directamente a Jesús, mientras que los Testigos de Jehováh rezan a Dios, aunque Jesús es un mediador.[40]

Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) han sido acusados a veces de ser arrianos por sus detractores.[41] No obstante, su cristología difiere en varios aspectos de la teología arriana.[42]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Rowan Williams (2002). Arius: heresy and tradition. Wm. B. Eerdmans Publishing Co. p. 98. ISBN 978-0-8028-4969-4. 
  2. Sócrates de Constantinopla, Church History, libro 1, capítulo 33. Anthony F. Beavers, Chronology of the Arian Controversy.
  3. «First Council of Constantinople, Canon 1». ccel.org. 
  4. Esta concepción aparece reflejada al principio del Evangelio de Juan, que identifica a Jesús con el Logos de Dios. A esta visión se oponían otros grupos, como los ebionitas, que preferían mantenerse fieles a la tradición judaica. Véase Bart Ehrman: Cristianismos perdidos, los credos proscritos del Nuevo Testamento (págs. 151-156). Madrid: Crítica (colección Ares y Mares), 2004.
  5. a b Mark S. Ritchie. «The Story of the Church. Parte 2, capítulos 2 y 3». The Story of the Church. 
  6. M'Clintock y Strong. Cyclopedia. Volumen 7, página 45a.
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Enlaces externos[editar]