Carlos Borromeo

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San Carlos Borromeo
Orazio Borgianni - St Carlo Borromeo - WGA2468.jpg
San Carlos Borromeo de Orazio Borgianni.
Cardenal presbítero de Santa Práxedes
Arzobispo de Milán

Otros títulos Cardenal diácono de Santos Vito, Modesto e Crescenzia
Cardenal diácono de Santos Silvestre y Martín en Monti
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 4 de septiembre de 1563 por Federico Cesi
Ordenación episcopal 7 de diciembre de 1563 por Giovanni Antonio Serbelloni
Proclamación cardenalicia 31 de enero de 1560 por el papa Pío IV
Culto público
Beatificación 1602 durante el pontificado de Clemente VIII
Canonización 1 de noviembre de 1610 por Paulo V
Festividad 4 de noviembre
Información personal
Nombre Carlos Borromeo
Nacimiento 2 de octubre de 1538
Arona, Ducado de Milán
Fallecimiento 3 de noviembre de 1584
Milán, Ducado de Milán
(46 años)
Alma máter Universidad de Pavía

DSC02997 - Duomo di Milano - Scurolo di san Carlo - Stemma dei Borromeo - Foto Giovanni Dall'Orto - 29-jan-2007.jpg
Humilitas

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Carlos Borromeo (Arona, Ducado de Milán, 2 de octubre de 1538 - Milán, 3 de noviembre de 1584), fue un cardenal italiano, arzobispo de Milán y uno de los grandes reformadores católicos de la época postridentina. Era sobrino del papa Pío IV y la Iglesia católica le venera como santo.

Biografía[editar]

Particular del retrato del joven Carlos Borromeo con su madre Margarita de Medici de Marignano, conservado en el Palacio Borromeo de Isola Bella.

Origen y formación[editar]

Carlos Borromeo (en italiano, Carlo Borromeo) nació el 2 de octubre de 1538. Era el segundogénito del conde Gilberto Borromeo y de Margarita de Médicis, hermana de Pío IV.[1] A los ocho años de edad (15 de octubre de 1545), recibió la tonsura clerical, de manos del obispo de Lodi, Giovanni Simonetta.[2] Poco más tarde fue enviado a Milán para cursar los estudios humanísticos, donde tuvo como preceptor a Bonaventura Castiglioni, uno de los reformadores católicos milaneses más reconocidos en la historia de la Iglesia.[3]

En el otoño de 1552 se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Pavía, donde el 6 de diciembre de 1559 obtuvo el doctorado in utroque jure.[2] El 25 del mismo mes, su tío, el cardenal Juan Ángel de Médicis, fue elegido papa con el nombre de Pío IV. Este hecho fue decisivo en la vida del joven Carlos.[1]

Carrera eclesiástica[editar]

Pío IV se caracterizó por ser un papa nepotista, al día siguiente de su exaltación, envió a Carlos Borromeo a Roma y lo colmó de honores y dignidades. En 1560 el papa concedió a su sobrino diversos títulos y cargos: protonotario apostólico y referendario de la Signatura (13 de enero); miembro de la consulta para la administración de los Estados Pontificios (22 de enero); abad comendatario de Nonántola, San Gallo di Moggio, Serravalle y Santo Stefano del Corno (27 de enero); cardenal (31 de enero); cardenal diácono con el título de los Santos Vito y Modesto (14 de febrero); administrador de la diócesis de Milán (7 de febrero); legado pontificio de Bolonia y de Romaña (26 de abril); cardenal diácono de San Silvestro e Martino ai Monti (4 de septiembre). El mismo papa le ordenó diácono, el 21 de diciembre del mismo año. Contaba entonces Carlos Borromeo con 22 años.[1]

El papa halló en su sobrino el más fiel y abnegado colaborador de su pontificado,[4] a tal punto que en 1561, no contento con los honores ya ofrecidos, le nombró Secretario de Estado. El 1 de junio del mismo año le nombró gobernador de Civita Castellana y Ancona y el mismo día fue proclamado ciudadano de honor de Roma. Todavía en 1561, el 1 de diciembre, Pío IV le nombró gobernador de Spoleto y miembro del Santo Oficio.

Era de estatura algo más que mediana, grandes ojos azules, cabello negro, nariz larga y tez pálida. Llevó barba corta y desaliñada hasta que en 1574 mandó al clero que se la cortase precediendo él con el ejemplo. La impresión que producía en los embajadores era de timidez y modestia, hasta el punto de tenerle algunos por poco apto para los cargos. Un defecto de la lengua que lo hacía precipitarse al hablar, reforzaba todavía la impresión desfavorable. Pero la práctica en el oficio, la energía de su carácter y su espíritu sobrenatural le fueron dando mayor destreza en el desempeño de sus funciones, hasta quedar patente su talento de gobierno. «Es hombre de frutos, no de flores; de hechos y no de palabras», dirá de él algo más tarde desde Trento el cardenal Seripando.[5]

El trabajo de la correspondencia diplomática era imponente, pero a Carlos le secundaba Tolomeo Gallio,[6] antiguo secretario del cardenal de Médicis y luego cardenal. Con él acudía todas las mañanas a su tío para presentarle los resúmenes de la correspondencia recibida y tomar nota de las respuestas que había que dar. Al adquirir con la experiencia un sentido más expeditivo en el despacho de los negocios, fue teniendo también más libertad de movimientos, pero siempre se mostró fiel intérprete del pensamiento y del gusto del Pontífice, aun en cosas contrarias a su propia opinión. Al mismo tiempo, el papa acogía gustoso las sugerencias del sobrino que poco a poco tuvieron un mayor influjo sobre él. El cardenal nepote respondió plenamente a las esperanzas de Pío IV.

Una fecha divisoria en la vida interior de Carlos Borromeo fue la de su ordenación sacerdotal (17 de julio de 1563). Su anterior vida como cardenal no era licenciosa, pero tampoco era la del asceta de los años posteriores. Amaba extraordinariamente la caza y a ella se dedicaba, según algunos, con mayor entusiasmo del que convenía a su dignidad. Jugaba al ajedrez y se divertía con la música. Él mismo tocaba el laúd y el violoncelo. Le gustaba la pompa y la fastuosidad. Le atraían grandemente las veladas literarias y para ello fundó una academia con el nombre de Noches Vaticanas.[7]

Federico Borromeo, su hermano, a quien el papa acababa de nombrar capitán general de la Iglesia, murió inesperadamente por un acceso de fiebre el 19 de noviembre de 1562. La muerte del mayorazgo causó hondo dolor al Pontífice y al nepote.[8] Incluso corrió el rumor de que Carlos Borromeo, ya subdiácono, sería dispensado del celibato, para continuar el nombre familiar. Pero Pío IV lo desmintió categóricamente en el consistorio de 3 de junio, en el que lo elevó al orden del presbiterado. El 17 de julio de 1563 fue ordenado sacerdote y el 7 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 17 de noviembre de 1564, el papa le dio el título de cardenal presbítero de Santa Práxedes.[9]

Cambio de vida[editar]

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio jugaron también un papel muy importante en aquel viraje. Antes de su ordenación sacerdotal se retiró a la casa profesa de los jesuitas para hacer los Ejercicios bajo la dirección de Juan Bautista Ribera, de la Compañía de Jesús, con quien por razón de su cargo de procurador general de la Orden había tenido que tratar muchos asuntos de la misma. En adelante fue Ribera su director espiritual. El cambio obrado en su espíritu comenzó pronto a manifestarse al exterior. Renunció a sus diversiones preferidas y fue tal la austeridad de su comportamiento personal que disgustaba a su mismo tío, que llegó a prohibir a los jesuitas Ribera y Laínez pisar en adelante el palacio del cardenal. A pesar de ello, Carlos no mitigó sus rigores, por el contrario, con su ejemplo de vida fue arrastrando a otros, e incluso a su mismo tío. El embajador veneciano P. Soranzo decía de él que hacía más bien en la corte de Roma que todos los decretos tridentinos juntos.

Concilio de Trento[editar]

Una sesión del Concilio de Trento en la Iglesia de Santa María Mayor. Pintura en el Museo Diocesano Tridentino.

Pío IV fue el autor de la tercera convocatoria del concilio de Trento. La difícil reapertura se celebró el 18 de enero de 1562, aunque la bula de indicción, de 29 de noviembre de 1560, señalaba el 6 de abril de 1561. Algunos biógrafos han exagerado el papel que desempeñó Carlos Borromeo en aquella asamblea ecuménica, pero no se puede desconocer que como secretario de Estado, el joven cardenal dirigió la negociación previa y toda la correspondencia entre Roma y Trento. Además tomó también parte especial en la acción mediadora de Carlos Visconti, obispo de Ventimilla, en el desacuerdo entre el cardenal de Mantua, presidente del concilio, y el cardenal Simonetta, representantes uno y otro de las dos tendencias conciliares sobre el derecho de residencia de los obispos.[9]

También logró Carlos del concilio que la reforma de la curia romana se reservase a la decisión del papa, con lo que se evitó una cuestión muy espinosa que hubiera originado serios conflictos. Una comisión cardenalicia encargada de la reforma de la música sacra delegó en los cardenales Borromeo y Vitelli esta misión. Ellos encargaron a Palestrina, maestro de capilla de Santa María la Mayor, la composición de tres misas con arreglo a la norma de hacer una música inteligible.

A partir de 1563 se suavizó la tensión entre Roma y Trento. El cardenal nepote concentró sus esfuerzos en la terminación del concilio, cuyos decretos se promulgaron con la bula de 26 de enero de 1564, donde figura su firma.[9]

Arzobispo de Milán[editar]

El triunfal ingreso de San Carlos Borromeo en Milán de Filippo Abbiati, Catedral de Milán.

Como arzobispo de Milán, de donde fue preconizado el 12 de mayo de 1564, quiso implantar cuanto antes en su diócesis las reformas tridentinas. Envió como vicario general a Nicolás Ormaneto[8] con el encargo, entre otros, de abrir un seminario diocesano, cuya dirección y profesores (en número de 30), obtuvo del general de los jesuitas, Diego Laínez. Para la reunión del concilio provincial, prescrito por Trento, solicitó permiso de Pío IV para ir a celebrarlo personalmente. Hizo la entrada solemne en Milán el 23 de septiembre de 1565. En su viaje de vuelta a Roma, recibió noticias alarmantes sobre la salud de su tío. Apresuró entonces el paso y a duras penas llegó a tiempo para administrarle los últimos sacramentos y recibir su postrer suspiro (9 de diciembre de 1565).[8]

Celebrado el cónclave del que después de tres semanas salió elegido Pío V, el 7 de enero de 1566, trató en seguida de reintegrarse a su diócesis, a la que efectivamente llegó el 5 de abril de 1566.[9] Milán era una de las diócesis más importantes de Italia y llevaba largo tiempo abandonada por sus pastores.[10] Comenzó en seguida una reorganización de la diócesis, dividiéndola en 12 circunscripciones. Creó el puesto de vicario general, hizo más ágiles los servicios judiciales y cancillerescos, y veló especialmente por la integridad de los funcionarios y la gratuidad de los servicios. Urgió el cumplimiento de lo prescrito en el concilio provincial referente a la redacción de los libros parroquiales (bautismo, confirmación, matrimonio y sepultura), y al liber status animarum (enumeración de las casas de la parroquia, con el número y edad de sus habitantes; inmigrantes y emigrantes, etc.). En 1574 dio normas precisas sobre el modo de llevar estos libros y ordenó el envío anual de un ejemplar al arzobispado. En el cuarto concilio provincial mandó que cada párroco hiciera listas nominales de 35 categorías de cristianos de su parroquia. Por estas y parecidas medidas, Carlos puede ser considerado como un precursor de la estadística religiosa. Sus colaboradores y familiares estaban sometidos a una disciplina casi claustral. Inspirándose en los modelos de San Ignacio, compuso reglas especiales para cada oficio. Los actos piadosos del día confiados a la dirección de un prefecto de espíritu, estaban minuciosamente establecidos. De aquella escuela salieron hombres notables que luego desempeñaron altos cargos eclesiásticos: obispos o nuncios.[7]

Pero su principal preocupación fue la formación de un clero capaz y virtuoso. Por eso dedicó al seminario su atención preferente. También abrió una casa para vocaciones tardías. Para atender mejor a las necesidades pastorales de la diócesis, fundó la Congregación de Oblatos de San Ambrosio, sacerdotes al servicio del ordinario, pero de vida común y dispuestos a ir a donde se les enviase. Cuidó también de la educación de la juventud[11] y fundó el Colegio Helvético para suizos católicos; el Colegio Borromeo en Pavía; el Colegio de Nobles de Milán; la Universidad de Brera, confiada a los jesuitas, etc. En el aspecto social, creó obras de beneficencia y de rehabilitación: asilo de arrepentidas, orfanatos, asilos nocturnos, etc.[12]

Aunque era de carácter autoritario e intransigente, supo organizar la acción apostólica de la diócesis utilizando los cuadros de las órdenes religiosas. Los barnabitas colaboraron muy estrechamente con él, hasta el punto de que le consideraban como su segundo fundador. Con los jesuitas mantuvo excelentes relaciones, fuera de algún caso aislado, por ejemplo, con los generales de la Compañía de Jesús tuvo cierta tirantez por negarse estos a darle todas las personas que él pedía, entre las que figuraba Roberto Belarmino, futuro cardenal.

A los trabajos de la administración central de la diócesis, añadió las visitas pastorales de los extensos territorios de su jurisdicción, que abarcaba también parte de los cantones suizos, y otras misiones pontificias. Intervino activamente en los cónclaves de Pío V y Gregorio XIII para asegurar una elección digna.[12] En fin, fue un celoso pastor y un obispo reformado y reformador según el concilio de Trento.[13]

En relación con los gobernadores de Milán, especialmente con el marqués Antonio de Ayamonte, tuvo serios encuentros de jurisdicción, motivados por las opuestas tendencias político-eclesiásticas de aquella época. Pero siempre procedió con pureza de intención en el servicio de la Iglesia.[14]

San Carlos Borromeo dando la comunión a las víctimas de la peste, por Tanzio da Varallo, hacia 1616 (Domodossola, Italia).

La peste de San Carlos[editar]

Hay un acontecimiento célebre en la vida de Carlos que define la abnegación y sentido de responsabilidad de su cargo: la llamada peste de San Carlos. Cuando el 11 de agosto de 1576 hacía su entrada solemne en Milán Juan de Austria, gobernador de los Países Bajos, que marchaba camino de Flandes, estalló la espantosa noticia de que había peste en la ciudad. Aquel mismo día prosiguió el gobernador su viaje y los milaneses comenzaron a aprestarse para luchar contra el terrible enemigo. Borromeo, que se encontraba fuera de la ciudad, al saber la noticia aceleró la vuelta para tomar las medidas oportunas. Los lazaretos rebosaban ya de apestados, a los que faltaban no solo los auxilios materiales, sino también los espirituales.

El arzobispo de Milán, para contrarrestar la peste, hizo pedir limosna por la ciudad y de su patrimonio vendió los objetos preciosos que le quedaban. Incluso cedió las colgaduras de su palacio para hacer vestidos. Dormía escasamente dos horas para poder acudir personalmente a todas partes, visitaba todos los barrios alentando el ánimo de los que desfallecían, administraba él mismo los últimos sacramentos a los sacerdotes que sucumbían en aquella obra de caridad. Despreció el peligro de contagio, y ordenó un triduo de oraciones públicas y procesiones. Pero la peste siguió en aumento durante el otoño y todo el año siguiente de 1577. Hasta el 20 de enero de 1578 no se declaró su extinción. Por su extraordinaria conducta durante la peste, aquella dura prueba se denominó la peste de San Carlos.[15]

Últimos años de su vida[editar]

Agotado prematuramente por su trabajo, le acometió una fuerte calentura en una de sus correrías pastorales. Gravemente enfermo llegó a Milán el 2 de noviembre de 1584, y al anochecer del día siguiente entregó su alma a Dios. «Una lumbrera de Israel se ha extinguido», exclamó Gregorio XIII al recibir la noticia de su muerte. L. Pastor resume su vida en estas palabras:

«El cardenal de Milán, con la acerada rectitud de su carácter se presenta a los ojos de sus contemporáneos y de la posteridad como uno de los grandes hombres que lo sacrificaron todo para hallarlo todo; que renunciaron al mundo y precisamente por su renuncia ejercieron un inmenso influjo sobre él. Fuera del fundador de la Compañía de Jesús, ningún personaje ejerció tan honda y duradera influencia en la restauración católica como S. Carlos Borromeo; es una columna de la historia eclesiástica en la frontera de dos épocas, el Renacimiento moribundo y la victoriosa Reforma católica»

Pastor, vol. 19, 116

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Culto[editar]

Cripta de Carlos Borromeo, en la Catedral de Milán.
Intercesión de San Carlos Borromeo ayudado por la Virgen de Rottmayr, Karlskirche, Viena.

Luego de la muerte de Carlos Borromeo, se le empezó a tener devoción como un santo. Dicha devoción empezó a crecer de tal manera que los milaneses observaron su aniversario, aún cuando no estaba canonizado. En un principio, la devoción era privada, pero después de 1601 el cardenal César Baronio escribió que su aniversario ya no debería seguir manteniéndose como una Misa de réquiem, sino que un Te Deum debía ser cantado. Debido a esto, se iniciaron las diligencias para su canonización. El proceso comenzó en Milán, Pavia, Boloña y en otros lugares. En 1604 se envió su causa a la Congregación de Ritos,[9] la cual culminó con su canonizado, el 1 de noviembre de 1610, por el papa Paulo V. La Iglesia católica celebra su fiesta se celebra el 4 de noviembre.[16]

Su cuerpo se conserva incorrupto en la cripta de la catedral de Milán, encerrado en una soberbia caja de plata, regalo de Felipe IV de España. Una reliquia importantes, su corazón, se venera en la Iglesia de San Carlos y San Anbrosio de Roma.

En el tercer centenario de su canonización (26 de mayo de 1910) el papa Pío X escribió la encíclica Editae Saepe, en la que recordó la memoria del santo y alabó su obra apostólica y doctrinal en el ámbito de la Reforma Católica. En este documento, el pontífice coloca a san Carlos como modelo de la lucha contra el modernismo.[17]

La iconografía del santo es muy rica. Entre ellas: Retrato de San Carlos Borromeo, pintado por Ambrosio Figini y conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán; San Carlos Borromeo adorando a la Trinidad de Orazio Borgianni, que conserva en la Iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane en Roma; San Carlos Borromeo dando la comunión a las víctimas de la peste de Tanzio da Varallo en Domodossola (Italia).

Las dos congregaciones relacionadas con el arzobispo de Milán en su diócesis, como las Ursulinas, a quienes ayudó con su aprobación (1566), y los Oblatos de San Ambrosio, fundados por él (1578),[11] luego de su canonización, añadieron a sus nombres el de San Carlos, a saber; Ursulinas de San Carlos y Oblatos de los Santos Ambrosio y Carlos.

Algunos Institutos de vida consagrada y Sociedades de Vida Apostólica de la Iglesia católica llevan su nombre, tales como: las Hermanas de la Caridad de San Carlos, fundadas en Nancy, Francia (1652); las Hermanas de la Caridad de San Carlos Borromeo de Maastricht, fundadas en Bélgica (1837); las Hermanas de la Caridad de San Carlos Borromeo de Viena, fundadas en Austria (1845); la Congregación de los Misioneros de San Carlos, fundada por Juan Bautista Scalabrini en Piacenza (1887); las Misioneras de San Carlos Borromeo, del mismo fundador en 1895; las Hermanas de la Caridad de San Carlo Borromeo de Trzbnica, Polonia (1923); las Hermanas enfermeras de San Carlos, fundadas por Giovanni Masciadri en Milán (1932), la Fraternidad Sacerdotal de Misioneros de San Carlos Borromeo, fundada por Massimo Camisasca en Roma (1999).

Es patrono de Humaitá (Paraguay), Municipio de San Carlos (México),[18] de la diócesis de Ciudad Quesada (Costa Rica),[19] de la Diócesis de San Carlos (Filipinas),[20] de Lombardía (Italia), del Cantón del Tesino (Suiza), de Monterrey (California), de los municipios italianos de Saló, Portomaggiore, Rocca di Papa y Nizza Monferrato. Además de la Misión de San Carlos Borromeo de Carmelo.

También es considerado patrono de los catequistas, seminaristas y empleados de banca y de bolsa.[16]

Referencias[editar]

  1. a b c De Certau, 1977, párrafo 1.
  2. a b De Certau, 1977, párrafo 4.
  3. Mezzadri, 2001, p. 86.
  4. De Certau, 1977, párrafo 9.
  5. De Certau, 1977, párrafo 11.
  6. De Certau, 1977, párrafo 7.
  7. a b De Certau, 1977, párrafo 5.
  8. a b c Mezzadri, 2001, p. 87.
  9. a b c d e Ffrench Keogh, 1910.
  10. Mezzadri, 2001, p. 88.
  11. a b Mezzadri, 2001, p. 91.
  12. a b Galviati, 1933, párrafo 11.
  13. Mezzadri, 2001, p. 78.
  14. Galviati, 1933, párrafo 14.
  15. Mezzadri, 2001, p. 90.
  16. a b Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María. «San Carlos Borromeo». www.corazones.org. Consultado el 2 de diciembre de 2015. 
  17. Pío X, 1910, título.
  18. Culminan las fiestas de San Carlos. Milenio.com Tamaulipas. 6 de noviembre de 2015.
  19. Portal de la Diócesis de Ciudad Quesada.
  20. Gcatholic.org Consultado el 10/11/2015.

Bibliografía[editar]

Obras consultadas[editar]

  • De Certau, Michel (1977). «Carlo Borromeo, Santo». Dizzionario Biografico degli italiani (en italiano) 20. Treccani. 
  • Ffrench Keogh, Willian (1910). «San Carlos Borromeo». Enciclopedia Católica. Nueva York. Consultado el 2 de diciembre de 2015. 
  • Galviati, Giovanni (1933). «Carlo Borromeo, san». Enciclopedia Italiana (en italiano). Treccani. 
  • Mezzadri, Luigi (2001). Storia della Chiesa tra Medioevo ed epoca Moderna (en italiano) III. Roma: Centro Liturgico Vicenziano. ISBN 88-86655-94-0. 
  • Pío X (1910). Editae Saepe (en inglés, italiano y latín). Roma: Libreria Editrice Vaticana. Consultado el 8 de diciembre de 2015. 

Otras obras[editar]

  • Opere complete di S. C. Borromeo, ed. G. A. SASSI, 5 vol., Milán 1747, 2 vol., ed. Augsburgo 1758;
  • A. SALA, Documenti circa la vita e le gesta de S. C. B., 3 vol., Milán 1857-61;
  • Acta Ecclesiae Mediolanensis, ed. A. RATTI (más tarde Pío XI), vol II y III Milán 1890-92;
  • C. BASCAPÉ, De vita et rebus gestis Caroli card. S. Praxedis arch. Mediolani, Ingolstadt 1592 (obra capital);
  • Pastor, Barcelona 1010-61, vol. 15, 117-38, vol. 19; 94-116;
  • DHGE GII,486-534;
  • Bibl. Sanct. 111,812-50.

Enlaces externos[editar]