Alergia

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Alergia
Urtikaria Fuss.jpg
Alergia
Clasificación y recursos externos
CIE-10 T78.4
CIE-9 995.3
CIAP-2 A92
DiseasesDB 33481
MedlinePlus 000812
eMedicine med/1101
MeSH D006967
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Una alergia (del griego αλλεργίαallergía— y éste de las palabras en el mismo idioma αλλος —‘otro’—, y εργíα —‘trabajo’—; la palabra así compuesta tiene el significado de «reacción extraña») es una hipersensibilidad a una partícula o sustancia que, si se inhala, ingiere o toca, produce unos síntomas característicos. Es un tipo de reacción inmunológica exagerada ante un estímulo no patógeno para la mayoría de la población. Sus manifestaciones clínicas son diversas, ya que dependen del agente causal y del órgano afectado. En la actualidad, más de un tercio de la población mundial presenta alguna enfermedad de origen alérgico.[1]

La alergia es la causa fundamental de enfermedades tan frecuentes como rinoconjuntivitis o asma y de enfermedades tan graves como anafilaxia.

Historia[editar]

En 1905 Pirquet sugiere que la enfermedad del suero, un fenómeno de hipersensibilidad, tiene relación directa con la producción de anticuerpos contra antígenos en el suero inyectado, introduciendo el término de alergia para referirse a la reacción inmunológica alterada en la cual suele presentarse una fuerte liberación de histaminas.

De hecho, una alergia es una reacción anormal, inadaptada y exagerada del sistema inmune ante sustancias que comúnmente no son bien toleradas. La especialidad médica que estudia las enfermedades relacionadas con procesos alérgicos es la alergología. La alergología está muy relacionada con la inmunología, la dermatología, la neumología y la otorrinolaringología, puesto que en los procesos alérgicos interviene el sistema inmunitario, y sus manifestaciones aparecen frecuentemente en la piel y en el aparato respiratorio.

No se debe confundir la alergia a alimentos con la intolerancia a los alimentos. La intolerancia a los alimentos se distingue de las alergias en que estas últimas provocan una respuesta del sistema inmune, activando la Inmunoglobulina E (IgE) u otras vías del sistema inmune; y en las intolerancias no participa el sistema inmune.

Clasificación[editar]

Ácaro.

La alergia se incluye entre las reacciones de hipersensibilidad de la clasificación de Gell y Coobms, que pese a haber sido establecida en 1963, aún es ampliamente utilizada en todo el mundo.[2] En octubre de 2003, el Comité de Revisión de Nomenclatura de la Organización Mundial de Alergia (WAO) actualizó la declaración de consenso de expertos sobre terminología en alergia publicada en 2001 por la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAACI), con el objetivo de unificar términos. La nomenclatura puede ser utilizada independientemente del órgano diana o grupo de edad del paciente. Se basa en los mecanismos que inician y median en las reacciones alérgicas, que normalmente son inflamatorios, y causan los síntomas y signos de la enfermedad alérgica. Puesto que inflamaciones y sintomatologías muy similares pueden ser iniciadas por diferentes mecanismos, es de gran importancia para el investigador, el médico y el paciente comprender el mecanismo iniciador para evitar conclusiones erróneas, un asesoramiento inadecuado en la prevención y tratamientos ineficaces.[3] Según este documento de consenso, la nomenclatura de las enfermedades alérgicas quedaría como sigue:[3]

  • Asma. El asma resultante de las reacciones inmunológicas debe ser llamada asma alérgica. La mayoría de los casos son iniciados por anticuerpos del tipo IgE, y si hubiera interés en destacar este hecho, un término apropiado sería asma alérgica mediada por IgE. El 80% del asma infantil y más del 50% en los adultos es de origen alérgico y su prevalencia va en aumento.
  • Rinitis. Cuando los síntomas de hipersensibilidad de la nariz (como picazón, estornudos, aumento de la secreción y obstrucción) son mediados inmunológicamente, se debe llamar rinitis alérgica. Debido a que la gran mayoría de los casos son mediados por anticuerpos del tipo IgE, un término adecuado sería rinitis alérgica mediada por IgE. Si los síntomas son estacionales, por ejemplo la rinitis alérgica inducida por el polen, rinitis alérgica estacional es un término apropiado. Intermitente y persistente describen la duración de los síntomas; y leve y moderada-severa definen el efecto de los síntomas sobre el sueño, el trabajo y otras actividades. Una gran variedad de formas de rinitis está cubierta por el término rinitis no alérgica.
  • Conjuntivitis. La conjuntivitis alérgica mediada por IgE comúnmente acompaña a la rinitis alérgica, por lo que este trastorno se denomina apropiadamente rinoconjuntivitis alérgica. Además de la conjuntivitis mediada por IgE, puede aparecer conjuntivitis alérgica de contacto que implica mecanismos Th1. La conjuntivitis no alérgica también acompaña a menudo a la rinitis no alérgica.
  • Dermatitis. Es el término genérico para una inflamación local de la piel.
Eccema. Lo que generalmente se conoce como eccema/dermati­tis no es una única entidad sino una suma de varias patologías con ciertas características comunes. Por lo tanto, es más apropiado el término eccema. En el subgrupo asociado a asma alérgica y rinoconjuntivitis, como por ejemplo el eccema que se presenta en niños y adultos jóvenes de constitución atópica, la inflamación subyacente está dominada por una reacción asociada a anticuerpos del tipo IgE, lo que permitiría el uso de eccema atópico. En algunos países, el término correspondiente sería dermatitis atópica, que no es plenamente coherente con la nueva nomenclatura.
Mientras el mecanismo inmunológico del eccema no sea claro, la enfermedad debe ser denominada eccema. La clasificación de atopia y eccema atópico se basa en la sensibilización de IgE y, por lo tanto, no se puede alcanzar sin una prueba de determinación de anticuerpos del tipo IgE o pruebas cutáneas positivas. En los casos crónicos, la inflamación parece ser menos influenciado por IgE, y las células que dominan en las biopsias son linfocitos.
La diferenciación del eccema atópico del eccema parece ser en general de gran importancia en el pronóstico. El eccema sin ningún signo de una constitución atópica es común en niños de preescolar, con una prevalencia estimada recientemente del 45% al 64%, pero incluso en adultos se han registrado cifras de hasta un 40%. Los niños no-atópicos con eccema tienen menos riesgo de desarrollar asma en la adolescencia que los niños atópicos con eccema. Sin embargo, el eccema no-atópico en los niños puede convertirse en eccema atópico.
- Dermatitis de contacto. El contacto directo con sustancias químicas de bajo peso molecular o irritantes puede provocar una reacción inflamatoria local en la piel, que cuando está mediada por mecanismos inmunológicos, predominantemente linfocitos Th1, debe ser llamada dermatitis alérgica de contacto.
Los alérgenos típicos son el níquel, los iones de cromo, fragancias, conservantes y el urushiol, de la planta de la hiedra venenosa. La exposición puede ocurrir a través de absorción oral, la denominada dermatitis de contacto alérgica sistémica. La variante no alérgica puede también describirse con el término dermatitis de contacto no alérgica o dermatitis de contacto irritante/tóxica.
Un subgrupo de dermatitis de contacto, dermatitis de contacto por proteínas, es probablemente una reacción asociada a IgE causada por la absorción de las proteínas a través de piel dañada. Se puede resaltar con la denominación dermatitis alérgica de contacto con proteínas asociada a IgE.
- Otras formas de dermatitis. Este término se aplica a entidades como la dermatitis numular y la dermatitis fotosensible, y también a otros trastornos conocidos como eccema, tales como el eccema dishidrótico y el eccema seborreico.
  • Urticaria. Cuando la reacción está determinada por mecanismos inmunológicos, se debe denominar urticaria alérgica, que comúnmente es mediada por IgE, pero también puede estar asociada a complejos inmunes. La urticaria se puede desarrollar a nivel local después del contacto con el alérgeno, como ocurre en las manos de una persona con alergia al látex que llevaba guantes de látex o en una persona con alergia a los perros que es lamida por un perro. Tales urticarias, que pueden ser mediadas por IgE, deben ser denominadas como urticaria alérgica de contacto. En algunos casos de urticaria crónica, pueden estar involucrados autoanticuerpos y, por lo tanto, deben considerarse como una variedad de urticaria alérgica.
  • Hipersensibilidad alimentaria. El término apropiado es alergia alimentaria cuando se han demostrado mecanismos inmunológicos. La presencia de anticuerpos IgG específicos contra alimentos en el suero no es de importancia clínica, sino simplemente indica exposición previa a ese alimento. Si la IgE está implicada en la reacción, el término apropiado es alergia alimentaria mediada por IgE. Todas las demás reacciones deben ser referidas como hipersensibilidad no alérgica a los alimentos.
  • Hipersensibilidad a medicamentos. Cuando se han demostrado mecanismos inmunológicos, ya sean anticuerpos o mediados por células, las reacciones deben ser denominadas como alergia a medicamentos. Los adjetivos inmediata o retardada describen la aparición de los síntomas e indican el mecanismo inmunológico responsable probable, es decir, mediada por células IgE o linfocitos, respectivamente. La alergia a fármacos mediada por IgE representa una pequeña parte de las hipersensibilidades a drogas en comparación con la hipersensibilidad no alérgica a fármacos. El mecanismo inmunológico es a menudo difícil de identificar. Una prueba positiva intradérmica (prueba cutánea <3 mm) o una prueba de provocación de basófilos en una concentración muy alta de la droga (por ejemplo, ≥1 mg/ml), no son suficientes para identificar un mecanismo inmunopatológico cierto. Del mismo modo, la detección de anticuerpos IgG o una prueba de estimulación de linfocitos positiva, sólo indican exposición previa, a menos que la dosis de estimulación del antígeno sea muy baja (<1 mg/mL).
  • Hipersensibilidad a picaduras de insectos. La hipersensibilidad al veneno o la saliva de insectos mediada por un mecanismo inmunológico debe ser denominada como alergia al veneno o la saliva, como por ejemplo la alergia al veneno de abeja. Para poner de relieve el papel de los anticuerpos IgE, se debería definir como alergia al veneno de abeja mediada por IgE. La gran cantidad de alérgeno de veneno existente en una sola picadura es comparable con años de inhalación de alérgenos del polen.
  • Anafilaxia. El término anafilaxia se utiliza de manera diferente por los médicos en todo el mundo. Se propone que la anafilaxia es el término para describir una reacción de hipersensibilidad generalizada o sistémica grave potencialmente mortal. El término anafilaxia alérgica se debe utilizar cuando la reacción está mediada por un mecanismo inmunológico, por ejemplo del tipo IgE, IgG o relacionada con el sistema del complemento. Una reacción anafiláctica mediada por anticuerpos IgE puede ser denominado como anafilaxia alérgica mediada por IgE. La anafilaxia por cualquier causa no inmunológica debe ser referida como anafilaxia no alérgica.

El término hipersensibilidad se debe utilizar para describir los síntomas o signos objetivamente reproducibles iniciados por la exposición a un estímulo definido en una dosis tolerada por personas normales. La sensibilidad es una alternativa aceptable en circunstancias especiales. Como consecuencia de esta definición estricta, entidades de la auto-denominada "Medicina Ambiental", tales como la sensibilidad total a los medicamentos, la sensibilidad química múltiple y reacciones multi-sintomáticas como las atribuidas a las amalgama dentales y las ondas eléctricas, no cumplen los criterios y, por lo tanto, no deben ser denominadas hipersensibilidad.[3]

Etiología[editar]

Se acepta, en general, que el desarrollo de las enfermedades de origen inmunológico es debido a la interacción entre los genes de susceptibilidad específicos y ciertos factores ambientales;[4] en el caso de las alergias, antígenos como pólenes, ácaros del polvo doméstico, alimentos, mohos, caspa de animales, medicamentos, etc.[5] Sin embargo, menos del 10% de aquellas personas con una mayor susceptibilidad genética desarrollan la enfermedad, lo que sugiere la existencia de un fuerte desencadenante, que afecta también al progreso y pronóstico de la enfermedad.[4] Además de la predisposición genética y la exposición a los antígenos, el tercer elemento clave necesario es la pérdida de la función protectora de las barreras mucosas, principalmente las mucosas intestinal y pulmonar.[6] La predisposición genética para presentar reacciones alérgicas se denomina atopia, definida como la tendencia personal o familiar para producir anticuerpos IgE en respuesta a alérgenos. Por tanto, la atopia no significa presencia de enfermedad alérgica (rinitis, asma, alergia alimentaria, dermatitis, etc), sino una tendencia aumentada a desarrollarla.

Aumento de la permeabilidad intestinal[editar]

El intestino constituye la mayor superficie mucosa del organismo. Cuando está sano, actúa permitiendo el paso a la sangre de los nutrientes y bloqueando el de sustancias potencialmente dañinas. Sin embargo, cuando su mucosa está dañada y aumenta la permeabilidad intestinal, pasan a la sangre sustancias que no deberían pasar (toxinas, químicos, microorganismos, macromoléculas y alimentos incompletamente digeridos). En función de la predisposición genética de la persona, esto puede provocar el desarrollo de alergias y otro gran número de enfermedades, tales como enfermedades autoinmunes e inflamatorias, infecciones o cánceres, tanto intestinales como en otros órganos.[4]

Los dos desencadentantes más potentes que provocan aumento de la permeabilidad intestinal son ciertas bacterias intestinales y la gliadina (fracción proteica del gluten),[4] independientemente de la predisposición genética, es decir, tanto en celíacos como en no celíacos.[7] Otras posibles causas son la prematuridad, la exposición a la radiación y la quimioterapia.[4] Las enfermedades de naturaleza inmuno-alérgica pueden ser la manifestación de una enfermedad celíaca no diagnosticada, incluso en ausencia de síntomas digestivos o de otro tipo.[8] El descubrimiento del papel de la permeabilidad intestinal desbarata las teorías tradicionales y sugiere que estos procesos pueden ser detenidos si se impide la interacción entre los genes y los factores ambientales desencadenantes, a través del restablecimiento de la función de la barrera intestinal.[4]

Defectos en la barrera pulmonar[editar]

Las células epiteliales de la vía aérea forman una barrera con el mundo exterior y se encuentran en la primera línea de la inmunidad de la mucosa. Estudios recientes en la piel y el tracto gastrointestinal demuestran que se requiere un aumento de la permeabilidad para iniciar la respuesta inmune, pero no está claro cómo se aplica esto a la inmunidad de la mucosa del pulmón. Crecientes evidencias indican que un funcionamiento defectuoso de la barrera epitelial es una característica de la inflamación de las vías respiratorias en pacientes asmáticos.[9]

Hipótesis de la higiene[editar]

La esencia de la "hipótesis de la higiene" sostiene que la incidencia creciente de enfermedades de origen inmunológico se debe, al menos en parte, al estilo de vida y a los cambios ambientales que nos han hecho "demasiado limpios".[6] Parece ser que al mantenerse libre de bacterias el sistema inmunológico se distorsiona, se exalta al momento de enfrentar cualquier mal bacteriológico y es lo que provoca la reacción inmunológica.[10] [11]

Patogenia[editar]

En los sujetos genéticamente predispuestos, se producen moléculas de IgE específicas para un determinado alérgeno, que tienden a fijarse a su receptor de alta afinidad, presente en la membrana de mastocitos y, en menor medida, de los basófilos, y a su receptor de baja afinidad, que se encuentra en otras muchas células. Posteriores contactos con el alérgeno producirán una liberación de mediadores capaces de producir los síntomas característicos de las enfermedades alérgicas de mayor o menor intensidad dependiendo de la hiperreactividad del órgano de choque. La reacción alérgica se denomina de hipersensibilidad inmediata, porque, en general, aparece rápidamente (en la primera hora) tras el contacto con el antígeno (alérgeno).

Los mediadores mastocitarios se clasifican en preformados o primarios y secundarios o sintetizados de novo. Los primeros son los responsables de la respuesta temprana (primera hora tras la exposición antigénica) y los segundos de la respuesta tardía (aparece más de una hora después del estímulo). Estos mediadores causan vasodilatación con aumento de la permeabilidad vascular, contracción del músculo liso, agregación plaquetaria, infiltrado inflamatorio eosinófilos, aumento de la secreción de moco y estímulo de los nervios sensitivos.

La fase tardía tiene como protagonista indiscutible la aparición de una reacción inflamatoria. Esta vía final común de muchas reacciones alérgicas está facilitada por la actividad de los mediadores mastocitarios de fase tardía. Esta fase tardía inflamatoria es la responsable del daño epitelial, y de la aparición de infiltrados celulares y depósitos de fibrina en el órgano diana, que cronifican la reacción de hipersensibilidad.[12]

Cuadro clínico[editar]

Los síntomas se manifiestan clínicamente según el órgano en el que actúen los mediadores liberados, que pueden producir:[12]

El eccema atópico (o dermatitis atópica) es a menudo la primera manifestación del paciente atópico, sobre todo en niños, y la intervención temprana puede ofrecer una oportunidad de impedir o detener la denominada marcha alérgica: aparición progresiva de distintas enfermedades alérgicas (alergia alimentaria, rinoconjuntivitis, asma).

No se debe confundir la alergia con la intolerancia. La intolerancia (como la que puede aparecer a determinados alimentos) se distingue de la alergia en que estas últimas el origen es una respuesta alterada del sistema inmune, mientras que en las intolerancias no participa el sistema inmune.

Crisis alérgica[editar]

Las crisis alérgicas graves pueden estar acompañadas por:

Siendo las alergias una respuesta anormal del sistema inmune se considera que existe bajo cuatro aspectos posibles:

  • Inmediata: Depende de los anticuerpos ya mencionados del tipo E (IgE) (en la urticaria y edema de Quincke).
  • Cito-tóxica: Con los anticuerpos del tipo IgG.
  • Inmune compleja: Igualmente vinculada al IgG aunque formando complejos inmunes.
  • Retardada: Ligada a una inflamación celular como lo es la alergia responsable del eczema.

Diagnóstico[editar]

Para diagnosticar una enfermedad alérgica se debe establecer una correlación entre la sintomatología observada, el alérgeno desencadenante y la participación del sistema inmune. Debe iniciarse con una historia clínica del paciente, considerando los antecedentes familiares, y un examen físico. En muchos casos se debe recurrir a una serie de pruebas complementarias que permiten poner en evidencia la presencia del alérgeno sospechoso.

Los profesionales de la salud pueden utilizar los resultados de los tests para identificar los desencadenantes de alergia específicos que posiblemente estarían contribuyendo a los síntomas. Con esta información, utilizada conjuntamente con la exploración física y la historia clínica, el médico puede diagnosticar la causa de los síntomas y diseñar un tratamiento personalizado para ayudar al paciente a experimentar una mejoría. Un resultado negativo puede ayudar al médico a descartar alergias para poder considerar otras posibles causas. Descartar las alergias es tan importante como confirmar su existencia, para limitar tanto las medidas de evitación como preocupaciones e impactos sociales negativos innecesarios[13]

El método diagnóstico más frecuentemente utilizado son las pruebas realizadas en la piel (conocidos como “test cutáneos” o Prick test) y son muy útiles para ayudar a confirmar / descartar las alergias y consecuentemente reducir las reacciones adversas y limitar la evitación y los medicamentos innecesarios.[13] [14] [15] Un diagnóstico y un asesoramiento correctos y los consejos sobre la evitación basados en resultados válidos de tests de alergia ayudarán a reducir tanto la incidencia de los síntomas como el uso de los medicamentos, mejorando la calidad de vida.[15]

Por regla general, todos los niños con “síntomas de alergia” persistentes/recurrentes/ graves, así como aquellos individuos que necesitan un tratamiento continuo, deben someterse a un test de alergia,[16] independientemente de la edad del niño.[13] Los signos y síntomas pueden estar relacionados con:

  • La piel, como por ejemplo prurito, eritema, urticaria aguda o angioedema.
  • El sistema gastrointestinal, como por ejemplo la hinchazón de los labios o lengua, náuseas, dolor abdominal espasmódico, diarrea, vómitos.
  • El sistema respiratorio, como por ejemplo prurito nasal, estornudo, congestión, tos, compresión en el pecho, sibilancias, respiración entrecortada.
  • Signos o síntomas de anafilaxis u otras reacciones alérgicas sistémicas.

Las directrices emitidas por el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (NICE) en febrero de 2011 ofrecen consejos en materia de mejores prácticas en el tratamiento de niños y adolescentes con posibles alergias alimentarias, hasta los 19 años. Las directrices NICE recomiendan que todos los niños y adolescentes con posibles alergias alimentarias mediadas por IgE sean sometidos a un test de alergia, como por ejemplo la determinación de anticuerpos IgE específicos.[15]

Análisis de sangre[editar]

Un análisis de sangre para el diagnóstico de la alergia es rápido y sencillo y lo puede pedir un profesional autorizado de la salud, como por ejemplo un especialista en alergias, un médico de cabecera o un pediatra. Aunque se pueden utilizar para cualquier alérgeno, son especialmente útiles en el diagnóstico de la alergia alimentaria. A diferencia del test tradicional de punción, la realización de un análisis de sangre no depende de la edad, el estado de la piel, los medicamentos, los síntomas, la actividad de la enfermedad o el embarazo. Tanto los adultos como los niños de cualquier edad pueden someterse a un análisis de sangre para la alergia. En el caso de los bebés y los niños muy pequeños, un análisis de sangre con un solo pinchazo suele ser más llevadero que varios tests.

Un análisis de sangre para la alergia se puede pedir a través de la mayoría de los laboratorios. Una muestra de la sangre del paciente se envía a un laboratorio para su análisis y los resultados se entregan en cuestión de días. Con una sola muestra de sangre es posible identificar múltiples alérgenos. El médico estudia los resultados del test y, teniendo en cuenta los síntomas e historia clínica del paciente, determina si el paciente padece alergias.

Las directrices NIH establecen que: “Los tests de IgE específica son útiles para la identificación de los posibles alimentos desencadenantes de reacciones alérgicas alimentarias mediadas por IgE y los puntos de corte especificados, definidos según un valor predictivo positivo del 95%, pueden ser más predictivos con respecto a la reactividad clínica en ciertas poblaciones que los tests de punción”. Indican a continuación que: “los tests de IgE específica son útiles para detectar la presencia de anticuerpos IgE, que indican la sensibilización alérgica. Los ensayos basados en el uso de anticuerpos marcados con fluorescencia tienen una sensibilidad comparable a la de los tests cutáneos de punción, y los niveles absolutos de anticuerpos IgE específicos pueden correlacionarse con la probabilidad de reactividad clínica en comparación con la provocación oral para identificar alimentos desencadenantes de la alergia mediada por IgE”.[17]

Los análisis de sangre para el diagnóstico de la alergia, como por ejemplo los de ImmunoCAP, se realizan sin variaciones en el procedimiento, y los resultados son de excelente estandarización.[18] Por el contrario, los reactivos y los métodos empleados para la realización de los tests de punción no están estandarizados.[14] [19] En “Evidence-based Allergy Diagnostic Tests”, Portnoy asegura que:

“Aunque los tests cutáneos sean tanto sensibles como específicos, también son altamente irregulares. Los resultados de los tests cutáneos de una persona pueden variar según el realizador del test y tienden a variar en función de la hora del día y la estación del año, la zona del cuerpo en que se realiza el test, el dispositivo utilizado, la fuente del extracto y la concentración. Desafortunadamente, costumbres tradicionales imperan en los procedimientos seguidos durante la realización e interpretación de los tests cutáneos. Por ejemplo, las técnicas pueden variar dependiendo de donde se haya formado el médico y quién haya impartido la formación; algunos sitios realizan únicamente tests de punción, mientras que otros solo realizan tests intradérmicos, y hay otros donde se realizan ambos”.[20]

Tests[editar]

Las directrices del NIH sobre el diagnóstico y tratamiento de la alergia alimentaria y el asma recomiendan o bien un análisis de sangre para la alergia o bien un test de punción para diagnosticar de forma fiable la sensibilización alérgica.[14] Los dos tests son muy precisos y tienen un valor diagnóstico parecido con respecto a la sensibilidad y la especificidad.[14] [21] Avances y mejoras en la tecnología del análisis de sangre para la alergia han mejorado la sensibilidad y precisión del test hasta tal punto que se considera que el análisis de sangre para la alergia y el test de punción son intercambiables.[14]

En el análisis de sangre para la alergia, se envía una muestra de sangre del paciente a un laboratorio. El médico estudia los resultados del test, los cuales le ayudan a determinar si el paciente padece alergias.

En el test de punción, se colocan en la piel del paciente varias gotas de una solución que contiene posibles alérgenos, y se realiza una serie de raspaduras o punciones con aguja para permitir que la solución penetre la piel. El médico busca reacciones pronunciadas como ronchas o pápulas rojas para ayudarle a determinar si el paciente padece alergias.

Según las directrices NICE, el test de punción y el análisis de sangre son igual de económicos y las evidencias sobre economía de la salud demuestran que tanto el test de anticuerpos IgE y el test de punción son económicos en comparación con la no realización de tests.[15] Además, los diagnósticos más precoces y más precisos ahorran dinero debido a la menor cantidad de consultas al médico de cabecera, derivaciones a atención segundaria, diagnósticos erróneos y visitas a urgencias.[22]

Seguimiento[editar]

La alergia evoluciona a lo largo del tiempo y los pacientes pueden superar alergias y desarrollar otras nuevas. Se recomienda la realización de forma frecuente de tests diagnósticos para los alérgenos pertinentes, ya que proporcionan información sobre si y cómo el tratamiento del paciente puede cambiarse para mejorar la salud y la calidad de vida. La necesidad y frecuencia de su realización es muy variable, dependiendo del paciente y del alérgeno implicado y debe ser decisión del médico especialista. Un test anual es en general la práctica recomendada para determinar si se ha superado la alergia a la leche, el huevo, la soja y el trigo y el intervalo entre tests se amplía a 2 o 3 años para la alergia al cacahuete, los frutos de cáscara arbóreos, el pescado y los crustáceos.[14] Los resultados de los tests de seguimiento pueden guiar la decisión relacionada con la posibilidad y el momento seguro para introducir o reintroducir alimentos desencadenantes de alergia en la dieta.[17] El intervalo de revaluación depende del alimento específico desencadenante de la alergia, de la edad del paciente y de la historia clínica.

Estudios genéticos[editar]

Se pueden realizar estudios genéticos sobre la relación que se establece entre diferentes loci y algunos síntomas claros de esta enfermedad. Para ello se llevan a cabo estudios de asociación del genoma completo o GWAS o también estudio eQTL o de expresión. El primero es el más usado al tratarse de un análisis de la variación genética a lo largo de todo el genoma humano con el objetivo de identificar su asociación a un rasgo observable, de este modo se puede concluir que la aparición de uno a varios SNPs o una deleción aparece en un fenotipo patológico.[cita requerida]

Tratamiento[editar]

El tratamiento de estos pacientes debe partir del concepto de que las enfermedades alérgicas están causadas por una reacción inmune alterada a un agente externo y son, en realidad, enfermedades crónicas que presentan reagudizaciones. Por tanto, debe evitarse realizar exclusivamente realizar tratamiento sintomático de las manifestaciones agudas y un tratamiento correcto debe incluir tres pilares: Evitación del alérgeno, tratamiento farmacológico y modificación de la respuesta inmunológica alterada.[1]

Evitación del alérgeno[editar]

Debe ser el primer pilar del tratamiento, especialmente en situaciones en que el alérgeno puede ser evitado: alimentos y medicamentos. Hay que tener en cuenta que alimentos o medicamentos de la misma familia o similar estructura química, pueden producir síntomas y también deben evitarse. Los alérgenos inhalados (ácaros, pólenes, hongos, epitelios de animales) son más difíciles de evitar y requieren medidas específicas para cada uno de ellos.

Tratamiento farmacológico[editar]

Se realiza sobre el órgano diana y debe incluir tratamiento de mantenimiento (generalmente antiinflamatorio) y tratamiento de los síntomas agudos que pueden aparecer tras el contacto intenso con el alérgeno. El tratamiento farmacológico varía según el órgano afectado: son comunes el uso de antihistamínicos en la Rinoconjuntivitis alérgica, así como glucocorticoides locales (nebulizados), que consiguen un efecto antiinflamatorio potente con escasos efectos adversos. En el Asma también se utilizan los glucocorticoides locales (inhalados) como fármacos de mantenimiento, aunque frecuentemente se asocian con broncodilatadores. También se utilizan otros fármacos como los antileucotrienos, que también producen un efecto antiinflamatorio. En las lesiones dérmicas también se utilizan los antihistamínicos, aunque con una eficacia variable. La presencia simultánea de síntomas alérgicos severos y generalizados (ahogos, hipotensión, taquicardia, angiedema, urticaria) tras la ingesta de un alimento o la administración de un medicamento al que el paciente es alérgico, (anafilaxia) exige tratamiento intensivo que, en muchas ocasiones requerirá el uso de adrenalina intramuscular. También puede ser necesario el uso de adrenalina tras una reacción anafiláctica tras picadura de himenópteros (avispa o abeja) en pacientes sensibles.

Para el Asma Alérgica se usan sobre todo cuatro tipos de tratamientos:

  • a) Los broncodilatadores o Beta-2 simpaticomiméticos: actúan relajando el músculo liso que rodea los bronquios y por tanto dilatándolos (que en el asmático están cerrados). Los hay de acción rápida(actúan inmediatamente y su efecto dura entre cuatro y seis horas) y de acción retardada (actúan entre veinte y treinta minutos después de su administración y duran entre doce y veinticuatro horas dependiendo del compuesto). El principal efecto secundario es que son cardiotónicos, por lo que deben usarse con precaución en personas con problemas cardíacos.
  • Existen otros broncodilatadores anticolinérgicos pero se emplean más en la bronquitis crónica obstructiva que en el asma.
  • b) Los antinflamatorios son principalmente los corticosteroides inhalados. Son dosis de corticoesteroides muy bajas por lo que comienzan a hacer efecto al tercer día de uso y por tanto se deben de usar por un tiempo más o menos largo. Actúan quitando la inflamación de los bronquios (los asmáticos tienen los bronquios inflamados), se usan en combinación con los boncodilatadores y a veces en ambos tipos de medicamentos en un solo inhalador, lo cual se denomina terapia mixta.
  • c) Anticuerpos Monoclonales es una terapia relativamente reciente que constituye una revolución en el tratamiento del asma alérgica grave. Consiste en la administración por vía subcutánea de omalizumab cuya función es inhibir la producción de Inmunoglobulina E (IgE). Su administración es en régimen hospitalario y debe de administrarlo un alergólogo debido a la poca experiencia con el medicamento y varios casos de anafilaxis refractaria que se produjeron al principio de su autorización en Estados Unidos.
  • d) Inhibidores de los leucotrienos es un tipo de antihistáminicos que actúan sobre los leucotrienos (sustancia que participa activamente en la inflamación de los bronquios) previniendo la inflamación bronquial. Su uso se recomienda para el asma leve a moderada que no está correctamente controlada. Los principales son Montelukast y Zafirlukast. Estudios recientes han evidenciado su eficacia en la rinitis alérgica.

Existen otros tipos de antinflamatorios como el cromoglicado disódico y nedocromil así como por vía oral los corticoides orales.

Para la rinitis alérgica se usan básicamente antihistamínicos en comprimidos o inhalados vía nasal o corticoides inhalados.

Para las urticarias, dermatitis y eczemas, antihistamínicos o corticoides en diferentes formas y combinaciones.
Esto es un repaso somero del tratamiento sintomático y jamás debe de sustituir al tratamiento que le ponga su médico.

Inmunoterapia con alérgenos[editar]

La modificación de la respuesta inmunológica alterada es muy útil en pacientes diagnosticados de alergia respiratoria (Rinoconjuntivitis y Asma), en los que es muy difícil evitar el contacto con el alérgeno, por la ubicuidad del mismo (pólenes, ácaros, epitelios de animales u hongos) y en pacientes alérgicos a veneno de himenópteros.

En ambos casos se ha demostrado que el uso de Inmunoterapia con alérgenos, es capaz de modificar las alteraciones inmunológicas de los pacientes alérgicos en distintos niveles y mejorar los síntomas de forma consistente y prolongada. El uso de este tratamiento debe realizarse por personal especializado y tras un diagnóstico alergológico riguroso que objetive el agente causante de los síntomas. Consiste en la administración controlada progresiva (vía subcutánea o sublingual) de un extracto purificado del alérgeno responsable de los síntomas del paciente, buscando que su organismo se vaya habituando o se vuelva "tolerante" al alérgeno poco a poco.

Existen varios tipos de Inmunoterapia o vacunas de alergia, en general se administran inicialmente de forma semanal o varios días y una vez alcanzada la dosis de mantenimiento, se hace mensualmente (o semanalmente en América), siendo necesario habitualmente que la vacuna se haga durante 3-5 años ya que su efecto curativo es lento y progresivo. Es la única terapia capaz de modificar el curso natural de las enfermedades alérgicas. Además, como en todas las enfermedades crónicas, en el tratamiento del paciente alérgico se debe incluir aspectos educativos, que incluya las características de su enfermedad, sus posibilidades terapéuticas y las peculiaridades del alérgeno causante de su sintomatología. Por ello, en todo paciente con sospecha de enfermedad de origen alérgico debe realizarse un estudio alergológico completo, que debe ser la base de todas las decisiones terapéuticas posteriores.[1]

Profilaxis[editar]

En la alergia es muy importante tomar medidas de prevención (profilaxis) del alérgeno cuando este es evitable.
En áreas urbanas los alérgenos abundan: smog, micromohos, pólenes, ácaros (los ácaros suelen infestar colchones y, sobre todo, alfombras), el pelo de las mascotas también puede ser portador de alérgenos, por ejemplo el gato al lamerse deja su saliva en sus pelos, esta saliva al secarse vuela en escamas por el aire y puede provocar alergia en la gente proclive.
La limpieza, el evitar ambientes encerrados o muy húmedos son hábitos profilácticos, también es suficiente profilaxis la vacunación específica contra los alérgenos en las personas alérgicas.
Debe tenerse en cuenta que el cambio estacional que va de verano a otoño, con bruscos enfriamientos, aumenta la susceptibilidad a diversas noxas (entre éstas los alérgenos), algo semejante aunque en menor grado ocurre durante el pasaje crítico que ocurre de invierno a primavera, esto en gran medida se debe a que el frío encoge los pelillos que recubren la mucosa nasal y esto facilita la penetración de los alérgenos por vía respiratoria.

En cuanto a los eczemas se ven favorecidos particularmente por el estrés y las depresiones y por ello se les ha calificado muchas veces de psicosomáticos.

Las estrategias terapéuticas actuales se basan en eliminar el contacto con el alérgeno identificado como nocivo junto a la aplicación de una terapia farmacológica. Evitar el contacto con el alérgeno es el único tratamiento eficaz al momento. Las drogas que se emplean son anti-histamínicos, broncodilatadores, corticoides locales o sistémicos y antagonistas de leucotrienos.

Dependiendo de la severidad de la enfermedad será la combinación de fármacos y procedimientos a aplicar por el alergólogo. La inmunoterapia consiste en administrar cantidades estandarizadas del alérgeno nocivo por distintas vías y en cantidades crecientes hasta observar la inducción de tolerancia.

También cabe mencionar que al momento de malestar producto de algún agente patógeno cualquiera sea éste, lo mejor será descansar adecuadamente, como también verificar los niveles de estrés de la persona.

La Aerobiología y la Alergia[editar]

La Aerobiología es la ciencia que estudia las partículas biológicas transportadas pasivamente a través del aire, tales como bacterias, esporas de hongos, insectos muy pequeños y polen. Uno de los principales campos de la Aerobiología ha sido el de analizar estas partículas para luchar en la prevención de los síntomas de la polinosis.

España cuenta con una Red Española de Aerobiología (REA) [2], constituida en 1992 y cuyo centro coordinador se encuentra en el Departamento de Botánica, Ecología y Fisiología de la Universidad de Córdoba. Entre las tareas de este centro coordinador se encuentran la difusión de información polínica nacional en los diferentes medios de comunicación. La Asociación Panamericana de Aerobiología (PAAA) [3] es una sociedad de individuos que comparten un interés profesional o académico en la ciencia de Aerobiología.

El método aerobiológio empleado y estandarizado por la Red Española de Aerobiología es ampliamente utilizado en el campo científico.[23] Los datos generados por la Red Española de Aerobiología están sometidos a un estricto control, asegurando su calidad área.[24] Posteriormente se publicaron las Mínimas Recomendaciones del método aerobiológico, tras un intenso trabajo de consenso internacional.[25]

La Aerobiología es una herramienta muy útil para la lucha en la prevención de la polinosis. Algunos campos de la Aerobiología tratan sobre el estudio de polen aerovagante, de esporas de hongos aerovagantes o del contenido de alérgenos en el ambiente, alérgenos.[26] Otros estudios tratan sobre modelos de predicción de contenido de polen en el aire o sobre el studio de las principales fuentes de partículas alergénicas.[27]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c World Allergy. Fecha de consulta: 1 de julio de 2013..
  2. Descotes, J; Choquet-Kastylevsky, G (2001 Feb 2). «Gell and Coombs's classification: is it still valid?». Toxicology 158 (1-2): 43-9. PMID 11164991. 
  3. a b c Johansson SG1, Bieber T, Dahl R, Friedmann PS, Lanier BQ, Lockey RF, Motala C, Ortega Martell JA, Platts-Mills TA, Ring J, Thien F, Van Cauwenberge P, Williams HC. (2004 May). «Revised nomenclature for allergy for global use: Report of the Nomenclature Review Committee of the World Allergy Organization, October 2003». J Allergy Clin Immunol 113 (5): 832-6. doi:10.1016/j.jaci.2003.12.591. PMID 15131563. 
  4. a b c d e f Fasano, A (2011 Jan). «Zonulin and its regulation of intestinal barrier function: the biological door to inflammation, autoimmunity, and cancer». Physiol Rev 91 (1): 151-75. doi:10.1152/physrev.00003.2008. PMID 21248165. 
  5. Causas de las alergias en www.nlm.nih.gov/medlineplus.
  6. a b Fasano, A (2009). «Conocimiento del diálogo de interacción entre el microbio y el hospedador». Ann Nestlé 67 (1): 9–18. doi:10.1159/000225912. 
  7. Fasano, A (2012 Oct). «Intestinal permeability and its regulation by zonulin: diagnostic and therapeutic implications». Clin Gastroenterol Hepatol 10 (10): 1096-100. doi:10.1016/j.cgh.2012.08.012. PMC 3458511. PMID 22902773. 
  8. Rodrigo, L (2010). «Enfermedad celiaca». IT Sistema Nacional Salud 34 (2): 52. 
  9. Georas, SN; Rezaee, F (2014 Sep). «Epithelial barrier function: at the front line of asthma immunology and allergic airway inflammation». J Allergy Clin Immunol 134 (3): 509-20. doi:10.1016/j.jaci.2014.05.049. PMID 25085341. 
  10. [Reacciones de hipersensibilidad. Brasó JV. En: Manual de Alergia clínica. Brasó JV y Jorro G Editores. Barcelona. Masson. 2003; 23-39.].
  11. Exceso de higiene, Carlos Colás, jefe del servicio de Alergología del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, de Zaragoza, habla sobre la provocación de dermatitis, asma y alergias por la 'obsesión' de higiene actual en www.consumer.es.
  12. a b [Mecanismos inmunológicos básicos. Thomson NC, Kirkwood M y Lever RS. En: Thomson NC, Kirkwood M y Lever RS. Editores. Manual de Alergia Clínica. Barcelona. Ediciones Mayo; 1990; 1-13.].
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  14. a b c d e f Boyce J y cols. Guidelines for the Diagnosis and Management of Food Allergy in the United States: Report of NIAID-Sponsored Expert Panel. J Allergy Clin Immunol 2010; 126: S1–S58
  15. a b c d NICE Diagnosis and assessment of food allergy in children and young people in primary care and community settings 2011. http://guidance.nice.org.uk/CG116/Guidance
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  18. Hamilton R y cols. Proficiency Survey-Based Evaluation of Clinical Total and Allergen-Specific IgE Assay Performance. Arch Pathol Lab Med. 2010; 134: 975–982
  19. Jay A. Lieberman & Scott H. Sicherer, Diagnosis of Food Allergy: Epicutaneous Skin Tests, In Vitro Tests, and Oral Food Challenge. Curr Allergy Asthma Rep. Published online: 5 de octubre de 2010
  20. M. Portnoy, Doctor en Medicina, and Mercedes Amado, Doctora en Medicina, Evidence-based Allergy Diagnostic Tests. Current Allergy and Asthma Reports 2006, 6:455–461
  21. Cox, L. Overview of Serological-Specific IgE Antibody Testing in Children. Pediatric Allergy and Immunology. 2011
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  23. Galán, C., González, P. C., Teno, P. A., & Vilches, E. D. (2007). Spanish Aerobiology Network (REA): management and quality manual. Servicio de Publicaciones, Universidad de Córdoba
  24. Oteros, J., Galán, C., Alcázar, P., & Domínguez-Vilches, E. (2013). Quality control in bio-monitoring networks, Spanish Aerobiology Network. Science of the total environment, 443, 559-565
  25. Galán, C., Smith, M., Thibaudon, M., Frenguelli, G., Oteros, J., Gehrig, R., ... & EAS QC Working Group. (2014). Pollen monitoring: minimum requirements and reproducibility of analysis. Aerobiologia, 30(4), 385-395.
  26. Galán, C., Antunes, C., Brandao, R., Torres, C., Garcia‐Mozo, H., Caeiro, E., ... & Buters, J.T.M. (2013). Airborne olive pollen counts are not representative of exposure to the major olive allergen Ole e 1. Allergy, 68: 809-812
  27. Oteros, J., García-Mozo, H., Hervás-Martínez, C., Galán, C. (2013). Year clustering analysis for modelling olive flowering phenology. International Journal of Biometeorology, 57(4): 545-555[1]

Enlaces externos[editar]