Ilustración escocesa

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La Ilustración o Escuela escocesa fue un movimiento cultural del siglo XVIII escocés caracterizado por la destacada producción intelectual, científica, y cultural desarrollada en Escocia, sobre todo a partir de la segunda mitad de siglo. Usualmente vista como una Edad de Oro en la historia de Escocia, la Ilustración escocesa significó la eclosión cultural de los escoceses, internacionalizándose y convirtiendo a Escocia en uno de los principales focos culturales de Europa. Para 1750, los escoceses se contaban entre los habitantes más cultos de Europa, con una tasa de analfabetismo estimada de tan sólo el 25%.[1] El impacto del movimiento fue notable: en algún momento de la segunda mitad del siglo XVIII, Edimburgo pasaría a ser apodada la «Atenas del Norte».

Monumento Nacional de Edimburgo, la «Atenas del Norte».

La Ilustración escocesa abrazó los preceptos humanistas y racionalistas de la Ilustración europea, dejándose influenciar principalmente por los intelectuales franceses, país con el cual Escocia siempre había mantenido contacto. Sin embargo, en vez de conformarse con ser un mero calco de la Ilustración francesa, la escocesa se caracterizó por su espíritu original e innovador; los intelectuales escoceses reafirmarían la importancia de la razón, negando cualquier tipo de autoridad que no pudiera ser justificada con ella, y sosteniendo un punto de vista esencialmente optimista sobre la capacidad del individuo en contribuir y mejorar la sociedad y la naturaleza empleando únicamente su entendimiento.

Fue esta última característica la que marcaría la diferencia fundamental entre la Ilustración escocesa y el resto de movimientos ilustrados, al plantear de manera seria la necesidad y la obligación de llevar a la práctica las ideas ilustradas. Así, en Escocia la Ilustración se caracterizaría por ser eminentemente práctica y empirista, valorando estos dos aspectos como las principales virtudes que conducían al progreso, mejora y beneficio práctico del individuo y de la sociedad en su conjunto.

Entre los productos más destacados de este movimiento se encuentran los logros en filosofía, economía, geología, ingeniería y sociología. Algunas de las principales figuras de la Ilustración escocesa fueron el filósofo Francis Hutcheson, el filósofo David Hume, los economistas Adam Smith y James Mill, el filósofo Thomas Reid, el antropólogo Lord Kames, Adam Ferguson, John Playfair, el químico Joseph Black, el geólogo James Hutton, el ingeniero James Watt y el lingüista Lord Monboddo.

Los efectos de la Ilustración escocesa se hicieron notar más allá de las fronteras de Escocia, no sólo por el prestigio y la estima que alcanzaron las ideas y actitudes de la Ilustración escocesa, sino porque muchos inmigrantes escoceses llevaron las ideas de la misma a las colonias inglesas en América, influyendo de manera decisiva en el desarrollo de los futuros Estados Unidos de América y de la sociedad industrializada.

Orígenes: el Acta de Unión de 1707[editar]

En 1707, el Parlamento inglés aprobó el Acta de Unión que abolía el Reino de Escocia como entidad formalmente independiente de Inglaterra y creaba el Reino de Gran Bretaña, formado por Inglaterra, Escocia y Gales. El Acta de Unión alteró de manera fundamental el lugar de Escocia en el mundo. A consecuencia de la misma, los escoceses se vieron desplazados políticamente (lo cual conduciría al desarrollo del nacionalismo escocés), pero fueron forzados a abandonar sus actitudes aislacionistas (surgidas de su continua oposición al Reino de Inglaterra), y a abrirse al mundo. Ello, junto con la expansión del nuevo Imperio Británico del que formaban parte condujo a un renacimiento del pensamiento filosófico en Escocia, que produciría una asombrosa variedad de intelectuales en todas las ramas del saber.

Probablemente la región más pobre[2] de la Europa Occidental en 1707, a raíz de la Unión Escocia pudo dirigir su atención al mundo sin la oposición de Inglaterra, que siempre había visto cualquier intento de acercamiento exterior de Escocia como una posible alianza militar en su contra. Establecida la Unión, las pretensiones inglesas parecían garantizadas, y Escocia, agotada económicamente tras una serie de enfrentamientos con Inglaterra que hundían sus raíces en la expulsión de la Casa Estuardo del trono inglés, supo aprovechar el impulso del libre comercio con los territorios del Imperio Británico para recuperarse económicamente de manera espectacular. La Iglesia Escocesa, de denominación calvinista, promovería al tiempo el establecimiento del primer sistema público de enseñanza en Europa. Para el calvinismo, la formación de misioneros, clérigos y expertos teólogos era algo fundamental, que no debía relegarse únicamente a un sector privilegiado de la sociedad, sino a toda ella, dado que todo el pueblo era parte de la comunidad cristiana; la necesidad de promover una educación general básica destinada a tales fines ya había sido puesta de manifiesto por el propio Juan Calvino en el siglo XVI, y la iglesia presbiteriana escocesa no hizo sino desarrollar el plan.

Bajo este estímulo doble, el de la educación y el del desarrollo económico, pronto surgieron en Escocia una serie de pensadores que comenzarían la característica revisión crítica de todo lo anterior; las tradicionales conexiones escocesas con Francia, por entonces cuna de la Ilustración, hicieron que los escoceses comenzaran a desarrollar una rama del iluminismo inusualmente práctica, hasta el punto de que Voltaire afirmara que «Miramos a Escocia para encontrar todas nuestras ideas sobre la civilización».[3] [4]

Empirismo y razonamiento inductivo[editar]

El primer gran filósofo de la Ilustración escocesa fue Francis Hutcheson,[5] Catedrático de Filosofía en la Universidad de Glasgow desde 1729 hasta 1746. Filósofo moral con alternativas a las ideas de Thomas Hobbes, una de sus principales contribuciones fue el desarrollo del primer utilitarismo y del principio consecuencionalista de que es la virtud la que proporciona, en sus propias palabras, «la mayor de las felicidades al mayor número de personas».

Buena parte del núcleo central del método científico (la naturaleza del conocimiento, prueba, experiencia y causalidad) y algunas de las modernas actitudes en lo que se refiere a la relación entre ciencia y religión fueron desarrolladas por el filósofo más famoso de la Ilustración escocesa, David Hume. «Como muchos de los intelectuales escoceses, Hume reverenciaba la nueva ciencia de Copérnico, Bacon, Galileo, Kepler e Newton; creía en el método experimental y aborrecía la superstición».[5] Las ideas de Hume, influenciadas por el empirismo de Locke, se oponían frontalmente a la escuela racionalista de Descartes, siendo el primero en señalar el Problema de la Inducción, en virtud del cual demostraba la imposibilidad de construir leyes generales a partir de hechos individuales. Esto condujo al marcado pesimismo de la filosofía de Hume, que a su vez espoleó la filosofía de Immanuel Kant.

Una de las figuras más trascendentales de la Ilustración escocesa fue Adam Smith. Médico de formación y filósofo de profesión, Adam Smith fue conocido en vida sobre todo por su obra Teoría de los sentimientos morales, en la que desgranaba el papel del individuo en la sociedad, construyendo una moral pública. Sin embargo, su obra más conocida e influyente es La riqueza de las naciones, tratado fundacional del liberalismo y de la economía moderna. Esta obra tuvo un impacto inmediato en la economía británica, y aun hoy en día es un referente en las teorías y decisiones económicas del siglo XXI, sobre todo en lo que respecta a sus actitudes frente al capital humano y la política económica de los gobiernos.[6]

Los pensadores escoces desarrollaron lo que Hume llamó ciencia del hombre,[7] esto es, la antropología, que fue desarrollada por intelectuales como Lord Monboddo, Adam Ferguson, John Millar, Lord Kames y William Robertson, todos los cuales abordaron el estudio científico de cómo los seres humanos se habían comportado en las culturas antiguas y primitivas, y cuáles habían sido los cambios que habían llevado al progreso y a la actualidad. Estudiaron las fuerzas de la modernidad, reuniéndose comúnmente en los cafés y salones literarios de Lord Kames y Lord Monboddo.

El aspecto más práctico de la Ilustración escocesa se materializa en la figura del ingeniero James Watt, creador de la máquina de vapor y del regulador centrífugo, que espolearon el desarrollo de la Revolución industrial. Las aplicaciones de ambos inventos, que permitían acelerar y abaratar la producción industrial, colocaron al Reino de Gran Bretaña a la cabeza económica de Europa. La mejora en la capacidad de producción industrial vino acompañada por los estudios empíricos de diversos terratenientes escoceses, que pretendieron mejorar la productividad agrícola introduciendo técnicas tales como el sistema Norfolk o la rotación de cultivos, estudiando las plantas que mejor se adaptaban al medio escocés y comenzando la mecanización del campo. También se realizaron las primeras reforestaciones en masa: una visita de Samuel Johnson a Escocia en 1774, en la que señaló mordazmente la escasa presencia de árboles tanto en las tierras altas como bajas condujo a una campaña de reforestación del territorio llevada a cabo con intenso celo, que tuvo como consecuencia colateral la mejora de la calidad de los terrenos escoceses.

Aunque la Ilustración escocesa concluyó formalmente a finales del siglo XVIII, dejó en Escocia un profundo poso cultural que justifica la desproporcionaba cantidad de científicos e ingenieros escoceses que destacaron en la ciencia y las letras británicas de los siglos XVIII y XIX, teniéndose a James Hutton, James Watt, William Murdoch, James Clerk Maxwell, Lord Kelvin, William Rankine, Alexander Graham Bell y sir Walter Scott, entre otros.

Figuras clave de la Ilustración escocesa[editar]

Algunos intelectuales marcamente influenciados por la Ilustración escocesa fueron:

Referencias[editar]

  1. Herman, Arthur (2003). The Scottish Enlightenment: The Scots' Invention of the Modern World. 4th Estate, Limited. ISBN 1841152765. 
  2. Herman, Arthur (2001). How the Scots Invented the Modern World: The True Story of How Western Europe's Poorest Nation Created Our World & Everything in It (Hardcover: ISBN 978-0-609-60635-3, Paperback: ISBN 978-0-609-80999-0 edición). Crown Publishing Group. 
  3. José Manuel Barroso, 11th President of the European Commission (28 de noviembre de 2006). «The Scottish enlightenment and the challenges for Europe in the 21st century; climate change and energy» (html). Enlightenment Lecture Series, Edinburgh University. «I will try to show why Voltaire was right when he said: 'Nous nous tournons vers l’Écosse pour trouver toutes nos idées sur la civilisation' [we look to Scotland for all our ideas on civilisation].».
  4. «Visiting The Royal Society of Edinburgh…» (html). Royal Society of Edinburgh. First published in The Scotsman Saturday 4 June 2005. «Scotland has a proud heritage of science, research, invention and innovation, and can lay claim to some of the greatest minds and greatest discoveries since Voltaire wrote those words 250 years ago.».
  5. a b David Denby (11 de octubre de 2004). «Northern Lights: How modern life emerged from eighteenth-century Edinburgh» (html). The New Yorker. Review of James Buchan's Crowded With Genius: Edinburgh's Moment of the Mind (Capital of the Mind: Edinburgh in the UK) HarperCollins, 2003. Hardcover: ISBN 0-06-055888-1, ISBN 978-0-06-055888-8. «The fountainhead was Francis Hutcheson, a kind of pan-Enlightenment figure who, from 1729 until his death in 1746, held the chair in moral philosophy at the University of Glasgow, where he broke with tradition by lecturing in English in addition to the common lecturing language of the time, Latin. Hutcheson, a frequent visitor to Edinburgh, was Adam Smith’s teacher and he encouraged Hume’s early efforts. He was suspicious of metaphysics or any claims not based on observation or experience. Empiricism and the inductive method was the clarion call of the Scottish Enlightenment.
    The intellectual break with the past was drastic and seemingly irreversible. In recent years, scholars have traced the rudiments of modern psychology, anthropology, the earth sciences, and theories of civil society and liberal education to eighteenth-century Scotland.».
  6. Fry, Michael (1992). Adam Smith's Legacy: His Place in the Development of Modern Economics. Paul Samuelson, Lawrence Klein, Franco Modigliani, James M. Buchanan, Maurice Allais, Theodore Schultz, Richard Stone, James Tobin, Wassily Leontief, Jan Tinbergen. Routledge. ISBN 978-0415061643. «Adam Smith's Legacy brings together ten Nobel Laureates in Economics, the greatest number since the prize was instituted in 1969. They explore themes as diverse as Smith's use of data, his attitude towards human capital, and his views on economic policy. Heirs to Smith and leaders of the discipline, the contributors also reflect upon the current state of economics, assessing the extent to which it measures up to the benchmark established by its founder.» 
  7. a b Magnus Magnusson (10 de noviembre de 2003). «Northern lights» (html). New Statesman. Review of James Buchan's Capital of the Mind: Edinburgh (Crowded With Genius: Edinburgh's Moment of the Mind in the U.S.) Londres: John Murray ISBN 0-7195-5446-2.
  8. a b Phillip Manning (28 de diciembre de 2003). «A Toast To Times Past» (html). Chapel Hill News. «Burns penned the song [Auld Lang Syne] in 1788 during the intellectual flowering known as the Scottish Enlightenment. Burns was part of a convivial group in Edinburgh whose writing and thinking produced the Enlightenment. One of the most original thinkers in that group, the man whose work would stimulate Charles Darwin’s ideas about evolution, was a well-to-do gentleman farmer named James Hutton. He discovered the immensity of our past, the days gone by that Burns wrote about so eloquently.».
  9. Dr David Allan. «A Hotbed of Genius: Culture and Society in the Scottish Enlightenment» (html). University of St Andrews.

Fuentes[editar]

  • Darwin in Scotland: Edinburgh, Evolution and Enlightenment. JF Derry.
• Whittles Publishing, 2009. Paperback: ISBN 1-904445-57-8.
  • A Hotbed of Genius: The Scottish Enlightenment 1731-1790. David Daiches, Peter Jones, Jean Jones (eds).
• Edinburgh University Press, 1986. Hardcover: ISBN 0-85224-537-8.
• Saltire Society 1996. Paperback: ISBN 0-85411-069-0.
  • Crowded With Genius: Edinburgh's Moment of the Mind. James Buchan.
Harper Perennial 2004. Paperback: ISBN 0-06-055889-X, ISBN 978-0-06-055889-5.
  • The Scottish Nation: A History 1700-2000. Thomas Devine.
Viking, 1999. Hardcover: ISBN 0-670-88811-7, ISBN 978-0-670-88811-5.
Penguin, 2001. Paperback: ISBN 0-14-100234-4, ISBN 978-0-14-100234-7.
  • The Scottish Enlightenment: The Historical Age of the Historical Nation. Alexander Broadie.
• Birlinn 2002. Paperback: ISBN 1-84158-151-8, ISBN 978-1-84158-151-4.
  • America's Founding Secret: What the Scottish Enlightenment Taught Our Founding Fathers. Robert W. Galvin.
• Rowman & Littlefield, 2002. Hardcover: ISBN 0-7425-2280-6, ISBN 978-0-7425-2280-0.
  • The Cambridge Companion to the Scottish Enlightenment. (Cambridge Companions to Philosophy) Alexander Broadie, ed.
Cambridge University Press, 2003. Hardcover: ISBN 0-521-80273-3, ISBN 978-0-521-80273-4. Paperback: ISBN 0-521-00323-7, ISBN 978-0-521-00323-0.
  • The Mark of the Scots: Their Astonishing Contributions to History, Science, Democracy, Literature, and the Arts. Duncan A. Bruce.
• (Publisher?) 1996. Hardcover: ISBN 1-55972-356-4, ISBN 978-1-55972-356-5.
• Citadel, Kensington Books, 2000. Paperback: ISBN 0-8065-2060-4, ISBN 978-0-8065-2060-5.
  • How the Scots Made America. Michael Fry.
• Thomas Dunne Books, St. Martin's Press, 2004. Hardcover: ISBN 0-312-33876-7, ISBN 978-0-312-33876-3.
  • Scotland: A New History. Michael Lynch.
• Pimlico, Random House, 1992 (new edition). Paperback: ISBN 0-7126-9893-0, ISBN 978-0-7126-9893-1.
  • Virtue, Learning and the Scottish Enlightenment: Ideas of Scholarship in Early Modern History. David Allan.
• Edinburgh University Press, 1993. ISBN 978-0-7486-0438-8.

Enlaces externos[editar]