Historia de Escocia

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La historia de Escocia comienza alrededor de 10 000 años hasta el presente, cuando los seres humanos actuales comenzaron a habitar Escocia tras el fin de la glaciación de Würm o Wisconsin, la última era del hielo. De las civilizaciones de la Edad de Piedra, Edad del Bronce y Edad del Hierro que existieron, quedan muchos artefactos, pero quedaron pocos registros escritos.

Los 120 kilómetros de la Muralla de Adriano delimitaban la frontera entre Escocia, al norte, y el Imperio romano, al sur, con pequeños fuertes y puertas separados entre sí a una distancia de una milla Romana. El dominio Romano llegó más al norte pero duró poco tiempo.

La historia escrita de Escocia comienza con la llegada del Imperio romano en Gran Bretaña, cuando los romanos ocuparon lo que es actualmente Inglaterra y Gales, administrándola como la provincia romana de Britannia. Hacia el norte era territorio no gobernado por los romanos — Caledonia. Su pueblo eran los pictos. Desde un punto de vista histórico clásico, Escocia parecía un país periférico, lento para conseguir avances que se filtraban de la fuente de la civilización mediterránea, pero como el conocimiento del pasado crece, se ha hecho aparente que algunos desarrollos eran más primitivos y más avanzados de lo que se creía anteriormente y que los mares fueron muy importantes para la historia escocesa.

Desde el comienzo del siglo VIII hasta el siglo XIII fueron los celtas quienes estaban a cargo de la corona escocesa; el primer rey escocés fue Kenneth MacAlpin, que comenzó en el 840, y el último fue Alexander III, que finalizó su reinado en el 1249. Tras la colonización normanda, fueron ellos quienes dominaron el país (1286-constitución del voto).

Debido a la orientación geográfica de Escocia y su fuerte confianza en las rutas comerciales marítimas, éste tenía vínculos cercanos en el sur y este con los países bálticos, y con Francia a través de Irlanda y el continente europeo. Tras el Acta de Unión y la subsecuente Revolución industrial e Iluminación escocesas, Escocia se convirtió en una de las potencias comerciales, intelectuales e industriales de Europa. Su declive industrial seguido de la Segunda Guerra Mundial fue particularmente agudo, pero en décadas recientes el país ha gozado de algo de renacimiento cultural y económico, alimentado en parte por un resurgimiento de los servicios financieros, los ingresos del petróleo y gas del Mar del Norte y más recientemente, un parlamento devuelto.

Índice

Prehistoria[editar]

Se ignora si Escocia estuvo habitada durante el Paleolítico, ya que las sucesivas glaciaciones que cubrieron su actual territorio podrían haber destruido todas las evidencias de asentamientos humanos anteriores al periodo Mesolítico. Se cree que los primeros grupos de cazadores-recolectores llegaron hace unos 11.000 años, cuando los hielos de la primera glaciación comenzaron a retirarse hacia el norte. Los primeros asentamientos aparecieron en el territorio escocés hace aproximadamente 9.500 años, y los primeros pueblos hace unos 6.000. De este periodo data por ejemplo el asentamiento de Skara Brae, en la más grande de las islas Orcadas, que se encuentra en muy buen estado de conservación, así como otros restos de viviendas, enterramientos y centros rituales del Neolítico encontrados sobre todo en las islas escocesas. Esta abundancia de construcciones que han sobrevivido al paso del tiempo puede deberse a la ausencia de árboles en la zona, que permitió a los pobladores primitivos crear construcciones en la propia roca local.

Restos de un asentamiento neolítico en Skara Brae, en las islas Orcadas.

Romanización de Escocia[editar]

La historia escrita de Escocia comienza con la romanización del centro-sur de Gran Bretaña (las actuales Gales e Inglaterra, que formaban la provincia de Britannia). Los romanos llamaron inicialmente Caledonia ("Tierra de Caledonios") a Escocia, por el inmenso bosque de pinos caledonios que se extendía de norte a sur y de este a oeste por todo el país. El principal pueblo asentado en aquella época en la región escocesa era el de los pictos, así llamados, aparentemente, por su costumbre de pintarse el cuerpo. Los escotos, por su parte, eran un pueblo de origen irlandés, también conocido como dalriadas, que se estableció en el oeste de Escocia. Durante este periodo existían por lo tanto dos reinos diferenciados: el del oeste de Escocia, Scotland, y el reino picto del este, Alba.

La romanización de Escocia fue un largo proceso con multitud de interrupciones: en el año 83 a. C., el general Cneo Julio Agrícola derrotó a los caledonios en la batalla del Monte Graupio,[1] [2] lo que permitió la construcción de una cadena de fortificaciones conocida como Gask Ridge, cerca de la Falla de las Highlands (sin adentrarse, al parecer, más al norte); poco después, sin embargo, los romanos se retiraron a los Southern Uplands ("Mesetas del Sur"), es decir, al tercio más meridional de Escocia, y comenzaron la construcción del Muro de Adriano para controlar a las tribus de la zona. Esta línea marcó durante casi todo el periodo de ocupación romana el límite septentrional del Imperio romano, pese a la construcción, más al norte aún, del Muro de Antonino. Esta frontera sólo pudo ser defendida durante breves períodos, de los cuales el más tardío tuvo lugar entre los años 208 y 210, durante el mandato del emperador Septimio Severo. En total, la ocupación de estas zonas de Escocia por parte de los romanos se extendió durante no más de 40 años, aunque la influencia latina en la parte más meridional, sobre todo entre las tribus de origen bretón, fue más duradera.

Historia medieval[editar]

El reino de los pictos (con sede en Fortriu hacia el siglo VI) experimentó un importante desarrollo durante la Edad Media, quizás como respuesta al propio imperialismo romano.[3] Un hito importante en esta lucha por la supervivencia y la ampliación fue la batalla de Dunnichen (685), en la que los pictos derrotaron a las tribus de Northumbria durante el reinado de Bridei III (671693). El reinado de Óengus I (732761) fue igualmente un periodo de consolidación para el reino picto.[4] El reino de los pictos ocupaba en esta época, según la descripción de Beda el Venerable, una extensión similar a la que después ocuparía el reino de los escotos durante el reinado de Alejandro I (11071124). Sin embargo, ya en el siglo X, el reino picto fue dominado por una cultura de origen gaélico procedente del Reino de Dalriada, estableciendo el mito de la ascendencia irlandesa de la dinastía real de Cináed mac Ailpín (Kenneth MacAlpin o Kenneth I).[5] En los siglos siguientes, partiendo desde su territorio original en el este de Escocia, al norte del fiordo de Forth y al sur del río Oykel, el Reino de Escocia o Alba logró controlar las tierras del norte y del sur. Hacia finales del siglo XII, los reyes de Alba habían añadido a su territorio el área angloparlante del sureste de Escocia y dominaban también las zonas de Galloway y Caithness; al final del siglo XIII, este reino se había extendido hasta alcanzar la extensión aproximada de la Escocia actual.

Estatua de Robert the Bruce a la entrada del Castillo de Stirling.

Sin embargo, ciertos procesos culturales y económicos iniciados en el siglo XII iban a hacer que durante la Baja Edad Media Escocia adquiriera rasgos bien diferentes. El principal impulso a esta transformación se produjo durante el reinado de David I de Escocia, que inició lo que se conoce como la Revolución davidiana. Esta es la época en la que se introduce el feudalismo en Escocia, se reorganizan las formas de gobierno y se fundan las primeras ciudades y pueblos con fueros propios (los llamados burghs). Estas instituciones, así como la inmigración de caballeros y clérigos franceses y anglo-franceses, facilitaron un proceso de "ósmosis cultural", durante el cual los territorios meridionales y costeros del reino de Alba se convirtieron en angloparlantes, como ya lo eran muchas de las tierras recién conquistadas en el sur; el resto del reino, en cambio, siguió conservando la lengua gaélica.[6]

La muerte de Alejandro III en 1286, seguida por la de su nieta Margarita I, rompió la línea sucesoria de la dinastía reinante. Esto llevó a la intervención de Eduardo I de Inglaterra, quien puso en el trono a su protegido Juan de Balliol. Cuando su relación se deterioró, se produjo un intento de conquista por parte de Inglaterra, que fue rechazado por William Wallace en la Guerras de independencia de Escocia. Por su parte, Robert the Bruce, conde de Carrick, se proclamó Rey de Escocia con el nombre de Roberto I de Escocia. La guerra con Inglaterra duró varias décadas, y la guerra civil entre los partidarios de la dinastía de Robert the Bruce (quien aseguraba ser descendiente de David I) y los partidarios de los Balliol, apoyados por Inglaterra, duró hasta mediados del siglo XIV. Pese a que la dinastía Bruce fue la vencedora, la ausencia de descendientes de David II permitió a su sobrino, Roberto II, ascender al trono y situar en él a la dinastía Estuardo.[7] Los Estuardo gobernaron Escocia durante el resto de la Edad Media, un periodo de prosperidad que va desde el final del siglo XIV hasta la Reforma Protestante, pasando por el Renacimiento. Pese a ello, las luchas con Inglaterra continuaron, así como la división interna entre las Highlands o "Tierras Altas" y los Lowlands o "Tierras Bajas".[8]

Historia moderna[editar]

Retrato de la Reina Ana de Inglaterra, que se convertiría en Ana de Gran Bretaña tras la firma del Acta de Unión.

La Edad Moderna se abrió en la historia escocesa con el Rough Wooing o "cortejo violento" (1544 - 1551), una serie de ofensivas militares intermitentes mediante la cuales Inglaterra pretendía forzar un casamiento entre María I Estuardo y Eduardo VI de Inglaterra, objetivo que finalmente no logró. Además, el siglo XVI es el siglo de la Reforma Protestante, encabezada en Escocia por figuras como John Knox y apoyada desde Inglaterra.

En 1603, Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra heredó el trono de Inglaterra y se convirtió en Jaime I de Inglaterra. Sin embargo, con la excepción de un breve periodo conocido como "Protectorado", Escocia continuó siendo un estado independiente, aunque sacudido por constantes enfrentamientos entre la corona y los Convenanters, sobre la forma de gobierno de la Iglesia. Tras la Revolución Gloriosa y el derrocamiento del católico Jaime VII de Escocia por Guillermo III de Inglaterra y su esposa María II (1688), Escocia amenazó con elegir a un rey protestante distinto al de Inglaterra.[9] En 1707, sin embargo, tras las amenazas inglesas de cerrar el comercio con Escocia, se firmó el Acta de Unión, que certificaba la creación del Reino de Gran Bretaña.

Pese a esta unificación de los dos reinos, los defensores de la Casa de Estuardo, conocidos como jacobitas, seguían teniendo influencia en las Highlands y en la zona noreste del país, especialmente entre los no presbiterianos. Sin embargo, los levantamientos jacobitas producidos en 1715 y 1745 no lograron apartar del trono británico a la Casa de Hannover. Dichos levantamientos sirvieron además como excusa para el desplazamiento masivo de los habitantes de las Highlands, en lo que se conoce como Highland Clearances.

Tras la Ilustración y la Revolución industrial, Escocia se transformó en uno de los centros comerciales, intelectuales y culturales de Europa. Glasgow y Edimburgo, sobre todo, se desarrollaron rápidamente a finales del siglo XVIII, y durante el siglo XIX el surgimiento de la industria pesada en las riveras del río Clyde transformó a Glasgow en la "Segunda ciudad del Imperio Británico" después de Londres. La situación empeoró tras la Primera Guerra Mundial, en la que murieron un gran número de escoceses, provenientes sobre todo de las Highlands, pero en especial después de la Segunda Guerra Mundial, tras la cual la situación económica de Escocia empeoró rápidamente, con la desaparición de un gran número de industrias que ya no eran competitivas en el mercado internacional.[10] Sólo en las últimas décadas del siglo XX logró el país apuntar una recuperación económica y cultural, gracias al surgimiento de nuevos servicios financieros y del sector electrónico (en lo que se conoce como Silicon Glen), así como a los beneficios del petróleo y gas del mar del Norte.[11] En 1998 el Gobierno del Reino Unido concedió mayores niveles de soberanía a Escocia, restableciendo el Parlamento Escocés y devolviendo a Edimburgo, simbólicamente, la Piedra de Scone.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Fraser, The Roman Conquest Of Scotland: The Battle Of Mons Graupius AD 84
  2. Churchill, A History of the English-Speaking Peoples, p. 9
  3. Peter Heather, "State Formation in Europe in the First Millennium A.D.", en Barbara Crawford (ed.), Scotland in Dark Ages Europe, (Aberdeen, 1994), pp. 47–63
  4. Véase Alex Woolf, "The Verturian Hegemony: a mirror in the North", en M. P. Brown & C. A. Farr, (eds.), Mercia: an Anglo-Saxon Kingdom in Europe, (Leicester, 2001), pp. 106–11.
  5. Dauvit Broun, "Dunkeld and the origin of Scottish identity", en Innes Review, 48 (1997), pp. 112–124, repr. in eds. Dauvit Broun and Thomas Owen Clancy (eds.), Spes Scotorum: Hope of Scots, (1999), pp. 95–111; Dauvit Broun, "Kenneth mac Alpin", en M. Lynch (ed.), The Oxford Companion to Scottish History, (New York, 2001), p. 359; Sally Foster, Picts, Gaels and Scots: Early Historic Scotland, (Londres, 1996); Simon Taylor, "Place-names and the Early Church in Eastern Scotland", en Barbara Crawford (ed.), Scotland in Dark Age Britain, (Aberdeen, 1996), pp. 93–110; David N. Dumville, "St Cathróe of Metz and the Hagiography of Exoticism," en John Carey et al (eds.), Irish Hagiography: Saints and Scholars, (Dublín, 2001), pp. 172–176; Maire, Herbert, "Rí Érenn, Rí Alban, kingship and identity in the ninth and tenth centuries", en Simon Taylor (ed.), Kings, Clerics and Chronicles in Scotland, 500–1297, (Dublín, 2000), pp. 63–72.
  6. El único estudio exhaustivo sobre el tema es el de L. W. Sharp, The Expansion of the English Language in Scotland, (Cambridge University Ph.D. thesis, 1927), pp. 102–325; un estudio más conciso y más reciente puede encontrarse en Derick S. Thomson, Gaelic in Scotland, 1698–1981, (Edinburgh, 1984), pp. 16–41; también pueden encontrarse trabajos sobre las transformaciones de las instituciones gaélicas en las obras colectivas coordinadas por G.W.S. Barrow, The Kingdom of the Scots, 2nd Edn, (Edinburgh, 2003) y Scotland and Its Neighbours In the Middle Ages, (London, 1992); véase también Dauvit "Broun, Anglo-French acculturation and the Irish element in Scottish Identity", en Brendan Smith (ed.), Insular Responses to Medieval European Change, (Cambridge, 1999), pp. 135–53; Wilson MacLeod, Divided Gaels: Gaelic Cultural Identities en Scotland and Ireland: c.1200–1650, (Oxford, 2004), y Thomas Owen Clancy. «Gaelic Scotland: a brief history». Bòrd na Gàidhlig. Consultado el 21 de septiembre de 2007..
  7. Sobre los acontecimientos de esta época, véase Alexander Grant, Independences and Nationhood: Scotland, 1306–1469, (Edinburgh, 1984), pp. 3–57; Michael Brown, The Wars of Scotland, 1214–1371, (Edinburgh, 2004), pp. 157–254; G. W. S. Barrow, Robert Bruce & the Community of the Realm of Scotland, 4th Edition, (Edinburgh, 2005)
  8. Véase Alexander Grant, Independences and Nationhood: Scotland, 1306–1469, (Edinburgh, 1984) y Jenny Wormald, Court, Kirk and Community, New Edition, (Edinburgh, 1991).
  9. TM Devine The Scottish Nation 1700-2007 ISBN 0-141-02769 P6 "...Stated that the Scots Parliament had the right to decide on Queen Anne's successor, and that England and Scotland could not have the same sovereign in the future unless the London Parliament granted Scots 'Free Communication of trade'..." ("Afirmó que el Parlamento Escocés tenía derecho a decidir al sucesor de la Reina Ana, y que Inglaterra y Escocia no podría tener el mismo soberano en el futuro a no ser que se garantizase a los Escoceses 'Libre Comunicación de comercio'...")
  10. Harvie, Christopher (1981) No Gods and Precious Few Heroes: Scotland 1914-80. London. Edward Arnold.
  11. Stewart, Heather (6 de mayo de 2007). «Celtic Tiger Burns Brighter at Holyrood». The Guardian. Consultado el 25 de abril de 2008.

Enlaces externos[editar]