Columna salomónica

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Columna salomónica.

En las diversas artes la columna salomónica, torsa o entorchada es una columna con fuste de forma helicoidal, que se utilizó fundamentalmente en Europa y en América en la arquitectura barroca. Recibe su nombre por la creencia de la época en que así fueron las columnas del Templo de Salomón.

Historia[editar]

Fue un elemento de construcción empleado en la época antigua pero su nombre procede de la denominación dada por los arquitectos barrocos, a partir de la descripción que se hace en la Biblia de las columnas del gran templo del rey Salomón en Jerusalén, destruido en el año 586 antes de Cristo. Se dice que este templo tenía dos columnas principales flanqueando el vestíbulo, con fuste retorcido, cuyos nombres eran Boaz y Jachin, que simbolizaban respectivamente la fuerza y la estabilidad.

Este peculiar tipo de fuste puede haber evolucionado desde el estilo manifestado en la Columna de Trajano de la Roma antigua, erigida como homenaje al Emperador del mismo nombre, la antigua columna tiene el fuste decorado con una banda única continua, en forma de espiral. Esta banda tiene una serie de imágenes que representan el poder militar de Trajano en la batalla. Estas columnas también parecen haber tenido uso en la arquitectura y decoración bizantina.

Su difusión en el periodo barroco se debió a los dibujos de Rafael para los tapices de los Hechos de los Apóstoles, que a su vez dieron lugar al soporte del baldaquino de San Pedro de Roma realizado en 1624 por Bernini.[1]

Descripción[editar]

Una columna salomónica comienza en una basa y termina en un capitel, como la columna clásica, pero el fuste tiene un desarrollo retorcido de forma helicoidal que da comúnmente seis vueltas y que produce un efecto de movimiento, fuerza y dramatismo. La introducción de la columna salomónica en el barroco manifiesta la condición de arte en movimiento. En muchas ocasiones se encuentra el fuste cubierto con decoración vegetal a base de hojas de parra. Los capiteles pueden ser de diversos órdenes, predominando el compuesto y el corintio. Es corriente que su uso sea más como una columna ornamental, que tectónica, por lo que es muy habitual que aparezca en retablos o adosada junto con otros adornos.

Utilización de esta columna en arquitectura[editar]

Baldaquino de Bernini en la Basílica de San Pedro.

El uso más destacado de columnas salomónicas se da en el baldaquino diseñado por Bernini dentro de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Este tipo de columna se hizo popular en la Europa católica, incluyendo la parte sur de Alemania, se extendió a España, casi al mismo tiempo que Bernini construía sus columnas, y de España pasó en muy poco tiempo a las colonias americanas, donde se usó corrientemente en iglesias como elemento característico del estilo churrigueresco. Su utilización fue menos frecuente en Gran Bretaña, el único ejemplo encontrado por Robert Durman (Durman 2002) fue el porche sur de St Mary the Virgin, en Oxford y también fue raro en el diseño de interiores ingleses, un ejemplo, quizá único, es el monumento funerario para Lady Helena Gorges, muerta en 1635, en Salisbury.

Después de 1660, este tipo de ornamentación se convirtió en característica básica de diseño de mobiliario en Francia, Holanda e Inglaterra, tanto en las patas de los muebles como en las puertas de cristal de los relojes de pared de finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Fuste entorchado[editar]

Columnas entorchadas con decoración de cosmatesco. Pertenece al púlpito de la catedral de Ravello en Italia.

Un fuste entorchado (o columna entorchada) es un fuste estriado en espiral. Por extensión se llama así a veces a la columna salomónica. También toma el nombre de columna torsa. A veces estas columnas se ven adornadas con trabajos cosmatescos. Este tipo de fuste entorchado fue muy empleado en el barroco español por Alonso Cano. Después se sustituyó por el tipo salomónico que se empleó por vez primera en el retablo de la capilla de las Reliquias de la catedral de Santiago de Compostela, trazado y construido por Bernardo Cabrera entre 1625 y 1630.[2] [3]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. José Manuel Pita Andrade y José Álvarez Lopera. La arquitectura española del siglo XVII. Summa Artis. Historia General del Arte, volumen XXVI. Espasa Calpe 1982. ISBN 84-239-5226-6. Página 524.
  2. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Lopera._1982
  3. Adoración Morales Gómez. Diccionario visual de términos arquitectónicos. Grandes Temas. Cátedra, 2008. ISBN 978-84-376-2506-5

Enlaces externos[editar]