Batalla de Almonacid

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Batalla de Almonacid
Guerra de la Independencia Española, dentro de las Guerras Napoleónicas
Fecha 11 de agosto de 1809
Lugar Almonacid de Toledo, España
Resultado Victoria francesa
Beligerantes
Bandera de Francia. Primer Imperio Francés Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Reino de España
Comandantes
Mariscal Sebastiani Francisco Javier Venegas de Saavedra
Fuerzas en combate
26.000 regulares, 4.000 caballos y 40 piezas de artillería 22.000 infantes, 3.000 caballos y 29 piezas de artillería
Bajas
2.000 muertos 4.000 muertos
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La Batalla de Almonacid tuvo lugar durante Guerra de la Independencia Española el 11 de agosto de 1809 junto al pueblo toledano de Almonacid de Toledo. Enfrentó a una Grande Armée francesa de unos 26.000 infantes, 4.000 caballos y 40 piezas al mando del mariscal Sebastiani con otro español de unos 22.000 infantes, 3.000 caballos y 29 piezas de artillería al mando del general Venegas.

Preparación[editar]

Después de la batalla de Aranjuez, animado el general Venegas por la pequeña ventaja conseguida, y en la persuasión de que los franceses no pasaban de 14.000 hombres, se dirigió con todo el ejército de La Mancha hacia Toledo, reuniendo el 10 de agosto en Almonacid todas sus fuerzas, consistentes en 22.000 infantes, más de 3.000 caballos y 29 piezas de artillería. Dicho ejército estaba organizado en cinco divisiones comandadas respectivamente por D. Luis Lacy, D. Gaspar de Vigodet, D. Pedro Agustín Girón, D. Francisco González de Castejón y D. Tomás de Zeraín. Ejercían el cargo de Mayor general de Infantería y de Caballería, D. Miguel de los Ríos y el marqués de Gelo, y los de Comandante general de Artillería y de Ingenieros, los brigadieres D. Antonio de la Cruz y D. Juan Bouligni. Tan confiados estaban con en el triunfo, que no se respetaron ninguna de las reglas establecidas en los reglamentos para campar en tiempo de guerra, sobre todo, estando tan próximo el enemigo, que el día anterior había pasado el Tajo por Toledo y los vados de Añover de Tajo, estableciéndose el mismo día 20 en el inmediato pueblo de Nambroca, a una legua de Almonacid.

Movimientos previos[editar]

El caudillo español, tras escuchar la opinión del resto de generales, de acuerdo con la suya a pesar de saber la retirada del ejército aliado desde Talavera de la Reina hacia Extremadura, había determinado atacar a los franceses el 12 de agosto para dar descanso a sus tropas; pero aquellos se anticiparon, presentándose frente a las posiciones de los españoles a las cinco y media de la mañana del 11 de agosto, en número de 26.000 infantes, 4.000 caballos y 40 piezas del IV Cuerpo al mando de Sebastiani, y del de Reserva a las órdenes de Dessolles y del rey José en persona. El ejército de La Mancha se situó apresuradamente delante de Almonacid y en ambos costados: la división Vigodet, un poco retrasada, en la extrema derecha, con gran parte de la caballería; seguían por su izquierda, la división Castejón, establecida en el cerro de Utrera, la división Zeraín a su lado cubriendo el llamado cerro Santo, y la de Lacy, más próxima al arroyo Guazalate; la 3ª, (de Girón), se distribuyó entre la altura de los Cerrojones, extrema izquierda y verdadera llave de toda la línea de batalla, y el cerro de la Cruz o del castillo, llamado así por las ruinas del que asienta en su cima, para servir como de reserva.

Primeros ataques[editar]

Atacada primero la izquierda española por el general Lewal con las divisiones polaca y alemana después de un fuego muy violento de artillería, bien contestado por la española, lograron los batallones de Bailén y Jaén, de la 3ª División, rechazar dos veces a los polacos. Pero animados éstos por los alemanes que marchaban a su izquierda y no llegando a tiempo algunas tropas de la reserva para sostener a aquellas escasas fuerzas que peleaban, pudo el ejército francés arrebatar a paso de carga las importantes posiciones de los Cerrojones, si bien a costa de pérdidas enormes (los tres regimientos polacos que constituían la división, tuvieron 47 bajas de jefes y oficiales), apoyada su derecha en un gran cuadro que avanzaba por el llano al pie de aquel cerro, efectuando un movimiento envolvente sobre la extrema izquierda, sin que pudiera impedirlo una carga de los jinetes de Fernando VII y Granada, dirigidos por el coronel D. Antonio Zea y comandante D. Nicolás Chacón (murió en dicha carga el capitán D. Francisco Soto). La 1ª división, para poder hacer frente a los alemanes, tuvo que retroceder algún tanto y colocarse oblicuamente a la retaguardia resintiéndose algún tiempo, pero como entonces retrocedían ya a su vez el centro y la derecha, acometidos por las restantes fuerzas enemigas, apoyadas por la reserva, que con Dessolles y José Bonaparte acababan de llegar al campo de batalla, se vio obligada también a acogerse al cerro del Castillo.

Comienza la batalla[editar]

La 4ª división, rudamente combatida por numerosa artillería enemiga, a cuyo fuego contestaba tan solo una batería a caballo (su jefe el teniente coronel, capitán de Artillería, Don José Chacón, cayó muy pronto mortalmente herido y murió de sus resultas el 13 de agosto en Tembleque). También murió sobre el campo de batalla el teniente coronel del mismo Cuerpo Don Álvaro Chacón), se sostuvo con gran energía, distinguiéndose por su serenidad y denuedo los regimientos de Jerez, Córdoba y Guardias Españolas, guiado el segundo por su coronel el brigadier don Francisco Carvajal; mas la caballería de su derecha no llevó adelante la carga iniciada para contener a los franceses y éstos consiguieron llevar a cabo su ataque con toda felicidad, y como la 5ª división cedió del mismo modo el campo, no tardó mucho el enemigo en ocupar también el pueblo y el cerro del Castillo, no pudiendo las tropas españolas resistir en él la terrible lluvia de proyectiles que de todas partes se dirigía la artillería francesa.

Intervino con mucha oportunidad en la contienda, impidiendo que la rota fuese desde luego inmediata y desastrosa, la división Vigodet, que ejecutó con gran presteza y habilidad un cambio de frente, protegida por el vivo fuego de nuestros cañones, conteniendo así la persecución de las desbandadas tropas del centro y pasando luego con el mismo orden a la izquierda, donde las divisiones polaca y alemana amenazaban envolver por completo la línea y cortar la retirada. Allí se opuso nuevamente la 2ª División al avance de los vencedores, los cuales trataron entonces de quebrantar por todas partes aquel inesperado obstáculo que les impedía sacar mayor partido de su triunfo, cargando una gran masa de caballería francesa, los terribles dragones de Milhaud, hacia su izquierda, y en aquel último periodo de la batalla las tropas de Vigodet se coronaron de gloria, rivalizando las tres armas en valor y abnegación; la artillería, que hacía fuego en retirada, cubriendo de metralla las cabezas de las columnas imperiales; la caballería, formada por jinetes de diferentes Cuerpos que se fueron reuniendo de los dispersos, imponiendo aún con su firme actitud a la muy superior del enemigo; y la infantería sosteniéndose impertérrita en medio del violento fuego que recibía y de la confusión y desorden que reinaba a su alrededor (un pelotón de granaderos del Provincial de Ronda mandado por el teniente don Antonio Espinosa, haciendo punta hacia los jinetes enemigos con la bayoneta calada, consiguió detenerlos y hasta arrancar de sus manos un cañón, que clavó su jefe. El subteniente de artillería, Don Juan Montenegro logró también salvar una pieza de su batería) y sacrificándose heroicamente por sus compañeros de armas; sólo el desgraciado accidente de la voladura de unos carros de municiones, espantando los caballos, produjo algún desorden que aprovechó el enemigo, hostigando y acosando más de cerca de los últimos escalones, para acuchillar unos pocos soldados y coger algunas piezas.

Final de la batalla[editar]

Los imperiales, que habían tenido ya 2.500 bajas, no llevaron la persecución activa más allá de Mora, y el ejército vencido pudo tomar la carretera de Andalucía y llegar en buen orden a Manzanares; pero corriendo allí la voz infundada de que los contrarios estaban en Valdepeñas, se desbandaron muchos Cuerpos, no parando hasta Sierra Morena. Las pérdidas de los españoles no pasaron de 4.000 hombres, entre muertos, heridos y prisioneros, contando entre los primeros al coronel del regimiento de infantería de España, de la 1ª división, Don Vicente Martínez, y entre los segundos, el coronel de dragones de Granada Don Diego Ballesteros, que quedó prisionero (para conmemorar este hecho de armas se creó por Real Orden de 30 de mayo de 1816, una condecoración con la inscripción siguiente en el centro: "Por Fernando VII", y en su contorno: "En Almonacid, 11 de agosto de 1809").

Véase también[editar]

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