Mitología guanche

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Reconstrucción de altar aborigen en la cima de Garajonay (La Gomera), con el Teide al fondo.

La mitología guanche o religión aborigen canaria era el cuerpo de creencias que constituía la religión de los primeros pobladores de las islas CanariasEspaña− antes de la conquista europea a lo largo del siglo xv.

Como la mitología guanche fue transmitida y alterada por los conquistadores cristianos, las creencias, actitudes y prácticas religiosas originales no pueden definirse con certeza.

Creencias[editar]

En cuanto a las creencias, el culto astral estaba generalizado. Junto a él había una religiosidad animista que sacralizaba ciertos lugares, fundamentalmente roques y montañas (El Teide en Tenerife, Idafe en La Palma o Tindaya en Fuerteventura). Especialmente singular era el culto a los muertos, practicándose la momificación de cadáveres.

Cabe destacar también la fabricación de ídolos de barro o piedra.

Divinidades[editar]

Ídolo de Tara, en el Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria.

Las poblaciones de cada isla poseían diferentes entidades divinas relacionadas principalmente con las fuerzas de la Naturaleza, con un Ser Supremo como principal deidad de su mitología.

  • En El Hierro tenían dos divinidades importantes: el dios Eraorahan −'quien es o está en lo ardiente'− y la diosa Moneiba −'resplandor humeante'− como dioses benignos. Asimismo, creían en otro espíritu con apariencia de cerdo al que rogaban en tiempos de desesperación llamado Aranfaybo 'mediación para el derrame de la lluvia'.[1]
  • En La Gomera se desconoce el nombre que poseía el Ser Supremo ni ninguna otra divinidad, a excepción de un espíritu maligno denominado Hirguan −'diablo, genio'− y que se aparecía en la forma de un perro de pelo espeso.[1] [2]
  • En La Palma daban al Ser Supremo la denominación de Abora o Abara −'enorme, muy grande'−, y creían que habitaba en el cielo o tigot. También creían en una entidad maligna con forma de perro lanudo al que denominaban Iruene, 'diablo, genio, espíritu maligno'.[1]
  • En Tenerife el dios supremo poseía diferentes denominaciones según los atributos que se le asociaban. Así, era nombrado como Achamán 'el Celestial' o 'el Centelleante', Achguayaxerax 'he aquí el Espíritu que sostiene el firmamento', Achuhucanac 'el que está en la lluvia', Achuhurahan 'el que está en lo ardiente o brillante', Atguaychafanataman 'he aquí la causa de la luz de los relámpagos', y Achuguayo 'el que es espíritu'. Por otro lado creían en una fuerza demoníaca denominada Guayota 'el Destructor', que habitaba en el Echeide o infierno, identificado con el volcán del Teide. Otras divinidades de la cosmogonía guanche eran el Sol Magec y la diosa Chaxiraxi, sincretizada en la imagen de la virgen de Candelaria.[3] Según Juan Bethencourt Alfonso los guanches también creían en otras entidades negativas como Guañajé −'el macho cabrío'−, Canajá y Jucancha −'he aquí o éste es el perro'−, deidades protectoras del ganado cabrío, del ovino y del perro respectivamente, así como en los ídolos Chayuga, Saguañic y Sagate.[4] [1]
  • En Gran Canaria el dios superior se denominaba Acorán, llamando también Magec al Sol. Creían asimismo en entidades malignas que también tomaban la apariencia de grandes perros y que denominaban Tibicenas 'malvado, peligroso'.[1]
  • En Fuerteventura y Lanzarote se desconoce el nombre de sus divinidades, pues la única referencia es la aportada por el naturalista Jean-Baptiste Bory de Saint-Vincent, quien recogió la forma Althos para la divinidad suprema de ambas islas. No obstante, historiadores posteriores dan como dudosa esta voz.[5] [6]

Ídolos[editar]

En las islas se han encontrado gran cantidad de ídolos aborígenes, como el ídolo de Tara en Gran Canaria, el de Guatimac en Tenerife o el Ídolo de Zonzamas en Lanzarote. También se han encontrado figuras similares en la Cueva de Los Ídolos (Fuerteventura), en La Palma, en El Hierro y en La Gomera.

Existe en El Sauzal (Tenerife), una cueva llamada Cueva de Los Ángeles en donde se encuentran dos ídolos representando una especie de ángeles, de ahí su nombre y de ahí el nombre del lugar o zona donde se encuentra, con el tiempo y la mala conservación una de las figuras está muy deteriorada y se puede ver que debajo de ella se encuentra un pequeño montículo de una especie de toba roja.

En general los ídolos guanches suelen ser representaciones de la fertilidad a través de la madre tierra o genios protectores. Los idolillos canarios son semejantes a los que aparecen en el neolítico de Grecia, Creta o el Egipto Antiguo, donde aparecen juntos estatuillas y pintaderas.

Lugares de culto[editar]

El Teide era la morada de Guayota, el demonio, según las creencias guanches.

Los aborígenes guanches nunca o rara vez tuvieron templos en el sentido moderno de la palabra. La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que los guanches realizaban sus cultos al aire libre, bajo árboles sagrados como el pino o el drago, o cerca de montañas sagradas como el Teide, el cual creían que era la morada de Guayota, el demonio. El monte Teide era sagrado para los aborígenes guanches. Al igual que con Idafe en La Palma, Bentaica en El Hierro, Tindaya en Fuerteventura, Bentayga en Gran Canaria (éstos últimos probablemente cognados de la misma raíz *wen-tāqqa, 'lugar que sostiene'), el recurrente arquetipo del 'sostén o soporte del firmamento' en la cosmogonía isleña respecto a estas montañas denota un culto al Axis Mundi, relacionado con el culto recogido por el historiador griego Heródoto del monte Atlas (o Atlante):..."El Atlante es descollado y como figura cilíndrica. Se afirma que es tan alto que no se puede ver su cumbre por estar cubierto siempre de nubes en el invierno y en el verano, y sus habitantes le llaman la Columna del Cielo"... El otro relato de Heródoto dice así;..."Hay en aquellos mares [Occidente] un monte llamado Atlante, el cual es alto, rotundo y tan eminente, que no se puede divisar bien su cumbre"...[7] Siguiendo esta línea, muchas personalidades relacionaron al Pico del Teide con el Monte Atlas y, por ende, a las Islas Canarias con La Atlántida, tales como Fray Bartolomé de las Casas o el escritor e historiador canario José de Viera y Clavijo.

Sin embargo en ocasiones los guanches también realizaban cultos en cuevas, como en las cuevas de Achbinico y Chinguaro en Tenerife, donde se daba culto a la Virgen de Candelaria. Además es sabido que también todo el valle de Aguere (en donde se extiende la ciudad de San Cristóbal de La Laguna) y principalmente la gran laguna o lago que había en este lugar, era un lugar de peregrinación para los aborígenes guanches de toda la isla de Tenerife.

Ritos y costumbres religiosas[editar]

Ritos[editar]

En La Palma se celebraban ofrendas animales en pirámides construidas por toda la isla al dios Abora.[8] Algunos accidentes geográficos se identificaban con esta entidad, el ejemplo más popular es el del Roque Idafe, en la Caldera de Taburiente. Los benahoaritas veían en este roque su Axis Mundi, una columna de piedra que sostiene el cielo, por ello en sus alrededores tenían lugar ceremonias rituales y ofrendas para que no se desplomase y, con ello, trajera el fin del mundo.

Festividades[editar]

La fiesta del Beñesmer era una festividad del calendario agrícola de los guanches (el año nuevo guanche) que se celebraba después de la recogida de las cosechas dedicada a Chaxiraxi (el 15 de agosto). En esta fiesta los guanches compartían leche, gofio, carne de cabra u oveja (alimentos bien preciados para los guanches). En la actualidad coincide con la peregrinación a la Basílica de la Virgen de Candelaria (Patrona de Canarias). La celebración del año nuevo guanche fue asimilada por sincretismo con la Fiesta de San Juan.

Entre las celebraciones culturales, se encuentran significativos vestigios de las tradiciones aborígenes en las fiestas actuales como en la Romería del Socorro, en Güímar (Tenerife) y la Bajada de la Rama, en Agaete (Gran Canaria).

La vida después de la muerte y la momificación[editar]

Los guanches de Tenerife y, con toda probabilidad el resto de las poblaciones insulares, creían que los espíritus de sus antepasados iban a parar al Sol, astro que, consideraban como Ser Superior por excelencia (junto con el dios del cielo, que lo sostiene) y era, por tanto, objeto de adoración. Esta deidad solar se sintetizaría de la siguiente manera: creían que los espíritus de sus antepasados iban a parar al Sol, y cada mañana a su salida por el Este aparecían por el firmamento, realizando el itinerario diurno hasta que finalmente desaparecían, para de nuevo regresar al día siguiente. En muchas culturas este viaje de las almas en su morada solar se ha simbolizado con un carro; en Tenerife este medio se ha sido sustituido por pájaros y, en islas como El Hierro se asimiló a una casa.

Cabe resaltar que la momificación guanche es en muchos aspectos parecida a la practicada por los egipcios. Para preservar la corrupción en los cadáveres cuidaban mucho el proceso, el cuerpo, y sobre todo guardaban una especial memoria y honra a los difuntos. La momificación o mirlado, como le llamaron los primeros cronistas españoles, no fue de uso general entre la población guanche, existiendo varios procesos que muestran cierta gradación en la práctica funeraria que corresponden a una diferencia social y económica entre las diferentes castas de su sociedad. Al contrario de lo que pueda parecer, la momificación no se practicó en todas las islas, sino principalmente en la isla de Tenerife y en algunos casos en Gran Canaria y La Palma, y en casos mucho más reducidos en La Gomera y El Hierro. A pesar de esto, indudablemente fue en la isla de Tenerife donde la técnica de momificación alcanzó mayor perfección, a la vez que es la más conocida y estudiada.

Según las referencias obtenidas, existía en el pasado de las islas una tribu de sacerdotes que hacía del arte del embalsamamiento un verdadero secreto y casi un misterio sagrado, confeccionando una especie de ritual alrededor de la momificación. Por desgracia, después de la conquista española, no ha quedado ningún conocimiento escrito de aquel arte, y sólo a través de la tradición se ha podido saber cómo y cuáles fueron las técnicas empleadas.

Los achicasnai, la casta más baja del estrato social guanche y que se dedicaban a los trabajos relacionados con la sangre, curtidores y matarifes– eran los encargados de realizar el mirlado, manteniendo vivas las técnicas y los actos que conllevaban todo el ritual.

Sacrificios[editar]

Se trata de un rasgo muy poco conocido de los Aborígenes canarios, pero se ha comprobado tanto arqueológicamente como por las crónicas que éstos realizaban tanto sacrificios de animales como sacrificios humanos.[9]

Así en Tenerife, durante el solsticio de verano, los guanches tenían la costumbre de degollar a parte del ganado y arrojarlo a una hoguera hasta que el humo subiera al cielo. Béthencourt Alfonso afirmó sin embargo que los cabritos eran arrojados a la hoguera vivos con las patas atadas para que sus balídos fueran oídos por la divinidad. También en las otras islas se sacrificaban animales.[9]

En cuanto a los sacrificios humanos ya Béthencourt Alfonso habla de que «hubo tiempo en que inmolaron víctimas humanas en los altares isleños», mencionando la presencia de un sacrificio de un niño durante el solsticio de verano. De hecho, los guanches de Tenerife tenían por costumbre arrojar por la Punta de Rasca a un niño vivo justo a la salida del sol en el solsticio de verano. En ocasiones estos infantes provenían de cualquier menceyato de la isla, incluso del menceyato más alejado de la Punta de Rasca, el de Anaga. De esto se deduce que era una costumbre común de toda la isla.[9]

También en Tenerife se conocen otros tipos sacrificios humanos asociados a la muerte del mencey o rey, donde hombres adultos se precipitaban al mar. Los embalsamadores que elaboraban las momias, también tenían la costumbre de arrojarse al mar un año después de la muerte del mencey.[9]

En Gran Canaria se han hallado huesos de niños mezclados con corderos y cabritos y en Tenerife han aparecido ánforas con restos de niños en su interior. Esto sugiere otro tipo de infanticidio ritual diferente a los que eran arrojados al mar.[10]

Leyendas[editar]

Entre sus principales leyendas destacan la de la Creación del Mundo:

Según las creencias guanches, Guayota vivía en el interior del volcán Teide (Echeide, el infierno), Guayota era el demonio, el rey del mal. Según la leyenda, Guayota secuestró al dios Magec (dios de la luz y el sol), y lo llevó consigo al interior del Teide. Los guanches pidieron clemencia a Achamán, su dios supremo. Achamán consiguió derrotar a Guayota, sacar a Magec de las entrañas de Echeyde y taponar el cráter. Dicen que el tapón que puso Achamán es el llamado Pan de Azúcar, el último cono, de color blanquecino, que corona el Teide. Después según sus creencias un terremoto separó o fraccionó la isla de Echeide, hasta que se crearon las siete islas Canarias. Desde entonces Guayota permanece encerrado en el interior del Teide, cuándo el Teide entraba en erupción, era costumbre que los guanches encendieran hogueras con el fin de espantar a Guayota. Otra versión dice que esas hogueras servían para que si Guayota lograba salir de Echeyde, creyera que seguía en el infierno y pasase de largo.

La creación del ser humano:

En un principio era Achamán, dios poderoso y eterno que se bastaba a sí mismo. Antes de él sólo había la nada y el vacío, el mar no reflejaba el cielo y la luz aún carecía de colores. A él debían su existencia las criaturas, pues creó la tierra y el agua, el fuego y el aire, y toda la vida que en ellos cabía. Achamán habitaba las alturas y a veces las cumbres de las montañas para regocijarse contemplando lo que ante su mirada se avivaba.

Un día se detuvo Achamán en la cima de Echeyde. Desde allí su obra le pareció más bella y perfecta, como si la descubriese por vez primera, y pensó que debía compartirla. Entonces decidió hacer a los seres humanos para que también ellos admirasen lo creado, para que de ellos hicieran uso y para que lo conservasen.

Los sacerdotes aborígenes[editar]

Los guanches tenían sacerdotes o chamanes que conectaban con los dioses, se ordenaban jerárquicamente:

  • Faicán (en Gran Canaria), responsable espiritual y religioso, dirigía los cultos.
  • Maguadas o Arimaguadas (en Tenerife y Gran Canaria), mujeres sacerdotisas dedicadas al culto. Participaban en algunos rituales.
  • Samaranes (en Tenerife), eran sacerdotes, en menor grado, que se ocupaban de la educación de los jóvenes, nobles y pudientes, valores como los de la guerra, ya que estos lugares a veces se indicaban con estos fines. También se encargaban del culto de la fertilidad para el ganado en general.
  • Samaras (en Tenerife), sacerdotisas, que al igual que los "Samaranes" se encargaban de la educación de las jovencitas y guiaban el culto de la fertilidad agrícola y del agua, siendo este tema, el de la agricultura un punto muy importante en la cultura aborigen.
  • Babilones (en Tenerife), eran una casta sacerdotal, tan enigmática como secreta, pues el único que los nombra en las crónicas escritas, es el Doctor Juan Bethencourt Afonso. Por lo que cuenta la tradición oral, nos inclinamos a pensar que tenían a cargo el culto Astronómico en general, relacionándolo así con las construcciones de las "morras" (construcciones como las "pirámides circulares") de la isla de Tenerife.

Se cree que en el sacerdocio guanche se traspasaban conocimientos entre miembros de una misma familia, preferentemente de abuelos a nietos, y de tíos a sobrinos manteniendo así el culto primitivo y también los aspectos hereditarios del sacerdocio.

Referencias[editar]

  1. a b c d e Reyes García, Ignacio (2011). Diccionario Ínsuloamaziq. Santa Cruz de Tenerife: Fondo de Cultura Ínsuloamaziq. ISBN 978-84-615-0960-7. 
  2. Millares Torres, Agustín (1893). Historia general de las Islas Canarias . Las Palmas de Gran Canaria: Imprenta de la Verdad de I. Miranda. 
  3. Fernández Rodríguez, Jesús M. (1996). «De las idolatrías de los antiguos guanches: Arqueología del culto en la prehistoria de Tenerife». Anuario de Estudios Atlánticos (Las Palmas de Gran Canaria: Patronato de la Casa de Colón) (42): 097-128. ISSN 0570-4065. Consultado el 1 de octubre de 2016. 
  4. Bethencourt Alfonso, Juan (1992). Historia del Pueblo Guanche: Etnografía y organizatión socio-política (2ª edición). San Cristóbal de La Laguna: Francisco Lemus Editor. ISBN 84-879-7300-0. 
  5. Millares Torres, Agustín (1893). Historia general de las Islas Canarias . Las Palmas de Gran Canaria: Imprenta de la Verdad de I. Miranda. 
  6. Wölfel, Dominik Josef (1965). Monumenta Linguae Canariae. Die Kanarischen Sprachdenkmäler. Eine Studie Zur Vor- und Frühgeschichte Weißafrikas [Monumenta Linguae Canariae. Los monumentos del habla canaria. Un estudio sobre la prehistoria y la historia del África Blanca] (en alemán). Graz: Akademische Druc. 
  7. Teide#Mundo cl.C3.A1sico
  8. (Abreu y Galindo, III, 4)
  9. a b c d Mederos Martín, Alfredo (2013). «Sacrificios de niños y sustitutorios de ovicápridos al dios Sol šmš en el litoral atlántico norteafricano». Byrsa. Arte, cultura e archeologia del Mediterraneo punico (Universidad de Bolonia) (19-20): 2013. ISSN 1721-8071. Consultado el 30 de septiembre de 2016. 
  10. Aparición de sacrificios de niños entre los Aborígenes Canarios

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]