Achamán

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Según la mitología, el cuerpo físico de Achamán era el cielo.

Achamán, y sus varianes en Amazigh insular: Achuhuran, Achahucanac (Dios Grande y Sublime), Achguayaxerax, Achoron, Achaman (el Sustentador de los Cielos y la Tierra), era el nombre que recibía una de las entidades mitológicas divinas en las que creían los antiguos pobladores de la isla de Tenerife, los guanches.

Achamán ostentaba el título del dios del cielo en la mitología guanche y era considerado el dios supremo. Su nombre significa literalmente "los cielos", en alusión a la bóveda celeste (el cielo).

Etimología[editar]

A pesar de las diferentes conjeturas que plantean una eventual relación con el dios Amón venerado en el Antiguo Egipto,[1] la realidad es que Achamán o "a-ššam-an" remite a los "relámpagos o rayos" como evocación del "cielo’. Dicha interpretación queda aún más clara en otra locución aplicada al dios guanche: "Atguaychafanataman" o "at_wayya_tafat_n_aššaman", es decir; "he aquí la esencia luminosa de los relámpagos" o, en una traducción un tanto más libre, "el espíritu de la justicia del cielo", que recuerda al Zeus griego.[2]

Mitología[editar]

La creación del hombre[editar]

En un principio era Achamán, dios poderoso y eterno que se bastaba a sí mismo. Antes de él sólo había la nada y el vacío, el mar no reflejaba el cielo y la luz aún carecía de colores. Achamán también se llamaba Abora y también Alcorac. A él debían su existencia las criaturas, pues creó la tierra y el agua, el fuego y el aire, y toda la vida que en ellos cabía. Achamán habitaba las alturas y a veces las cumbres de las montañas para regocijarse contemplando lo que ante su mirada se avivaba.

Un día se detuvo Achamán en la cima de Echeyde. Desde allí su obra le pareció más bella y perfecta, como si la descubriese por vez primera, y pensó que debía compartirla. Entonces decidió hacer a los seres humanos para que también ellos admirasen lo creado, para que de ellos hicieran uso y para que lo conservasen.

Achamán y Guayota[editar]

Según las creencias guanches, Guayota vivía en el interior del volcán Teide (el infierno), Guayota era el demonio rey del mal. Según la leyenda, Guayota secuestró al dios Magec (dios de la luz y el sol), y lo llevó consigo al interior del Teide, sumiendo a todo el mundo en la oscuridad. Los guanches pidieron clemencia a Achamán, su dios supremo. Tras una encarnizada lucha, Achamán consiguió derrotar a Guayota, sacar a Magec de las entrañas de Echeyde y taponar el cráter con Guayota en su interior. Dicen que el tapón que puso Achamán es el llamado Pan de Azúcar, el último cono, de color blanquecino, que corona el Teide. Desde entonces Guayota permanece encerrado en el interior del Teide, cuándo el Teide entraba en erupción, era costumbre que los guanches encendieran hogueras con el fin de espantar a Guayota. Otra versión dice que esas hogueras servían para que si Guayota lograba salir de Echeyde, creyera que seguía en el infierno y pasase de largo.

Los nombres del dios supremo en cada isla[editar]

En el idioma guanche, el vocablo «Achamán» se utiliza para referirse a la deidad suprema en la que creían los guanches de Tenerife. Sin embargo, éste no era el nombre dado a la divinidad suprema en otras islas. Algunos nombres se refieren o se pueden referir al mismo dios, o con los mismos atributos:

  • Achamán: en Tenerife. Esta palabra significa "cielo o bóveda celeste". Era el dios "bueno", el dios supremo, el dios de la suerte y de lo benévolo.
  • Eraorahan: en El Hierro. Dios benigno supremo.

En Lanzarote y Fuerteventura se desconoce el nombre del dios supremo.

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]

Véase también[editar]