Diferencia entre revisiones de «Elefante de guerra»

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[[Plinio el Viejo]] (45 a. C.), uno de los grandes historiadores romanos, en el libro 6 de su 37 volúmenes de historia dice que [[Megástenes]] había recogido la opinión de [[Onesícrito]] de que los elefantes de Sri Lanka eran más grandes, fieros y mejores para el combate que cualquier otro. Por ello y por la proximidad de los elefantes al mar, Sri Lanka comenzó a explotar un lucrativo negocio de venta de elefantes. Incluso en tiempos de paz se utilizaba el [[aplastamiento por elefante]] para dar muerte a traidores y otros criminales.
 
En Europa, los elefantes se usaron contra la [[República romana]] por [[Pirro de Epiro]] en la [[batalla de Heraclea]], en [[280 a. C.|280 a. C.]], y por el general cartaginés [[Aníbal]] durante la [[Segunda Guerra Púnica]]. Los [[ejército de Cartago#Elefantes de guerra|elefantes de Cartago]] que Aníbal guio a través de los [[Alpes]], aterrorizaron a las [[legión romana|legiones romanas]]. Sin embargo, los romanos encontraron un modo de contrarrestar el efecto devastador de la carga de los elefantes. En la [[batalla de Zama]] ([[202 a. C.|202 a. C.]]), la carga de los elefantes resultó inútil cuando los [[manípulo (formación)|manípulos]] romanos se hicieron a un lado y les permitieron pasar. Siglo y medio después, en la [[Batallabatalla de Tapso]] ([[46 a. C.|46 a. C.]]), [[Julio César]] armó a los soldados de la [[Legio V Alaudae|Legión V]] con hachas para herir las patas de los elefantes. La legión fue capaz de resistir el ataque y el elefante se convirtió en adelante en su símbolo. La [[batalla de Tapso]] fue la última vez que los elefantes tuvieron un uso militar en Occidente.
 
Se decía que los [[cerdo]]s eran un arma más efectiva contra los elefantes. Plinio el Viejo comenta que "los elefantes se asustan del menor chillido de un cerdo" (VIII, 1.27). El sitio de [[Megara]] fue roto cuando los megarenses vertieron aceite sobre una piara de cerdos, les prendieron fuego y los lanzaron contra los elefantes de guerra enemigos. Los elefantes se desbocaron, aterrorizados por los chillidos de los cerdos llameantes.
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