Califato fatimí

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الخلافة الفاطمية
al-Jilāfa al-Fātimiyya
Califato islámico fatimí

Flag of Afghanistan (1880–1901).svg

909-1171

Flag of Ayyubid Dynasty.svg
Flag of Morocco 1147 1269.svg

Bandera de Califato fatimí

Bandera

Ubicación de Califato fatimí
Capital Mahdia (Túnez) (909-69)
El Cairo (969-1171)
Idioma principal árabe
Otros idiomas bereber, copto, arameo, siciliano
Religión Ismailismo (oficial)
sunnismo (mayoritaria)
Gobierno monarquía
Califa
 • 909-934 (primero) Ubayd Allah al-Mahdi Billah
 • 1160-1171 (último) Al-'Āḍid
Historia
 • Establecido 5 de enero de 909
 • Fundación de El Cairo 8 de agosto de 969
 • Disolución 1171
Superficie
 • 969 4 100 000 km²
Población
 •  est. 6 200 000 
Moneda Dinar
Mezquita de al-Hâkim en El Cairo. Comenzada bajo el reino de al-Azîz Billâh, se terminó en 1013, bajo el reinado de su hijo al-Hâkim, cuyo nombre lleva.
Árbol genealógico de los califas fatimíes (en amarillo). También se muestra su supuesto parentesco con los siete imanes ismailíes (en gris) y con el profeta Mahoma (en mayúsculas).

El Imperio fatimí o califato fatimí (árabe: الفاطميون/ al-Fāṭimiyyūn[1] ) fue el cuarto califato islámico y pertenecía a la rama chií ismailita. Dominó el norte de África del año 909 al 1171. Inicialmente establecida en Túnez, la dinastía controló la costa mediterránea de África y convirtió Egipto en el centro de su califato en la segunda mitad del siglo x. En su apogeo, el califato incluía, además de Egipto, parte del Magreb, Sudán, Sicilia, el Levante y Hiyaz.

Orígenes: la rebelión de los fatimíes[editar]

La ideología religiosa del califato fatimí se originó en un movimiento chií ismailita —una de las corrientes más extremas del chiismo—[2] lanzado en Siria por el octavo imam, Abd Allah al-Akbar. Afirmaban que descendían de Muhammad ibn Ismail, el séptimo imán chií, al que consideraban el mesías (al-Mahdi) y que debía reaparecer el año 300 A. H.[3] Los fatimíes afirmaban ser descendientes de Fátima —hija de Mahoma— y de su marido 'Alī Ibn-Abi-Talib, el primer imán chií, de donde derivaba su nombre de «fatimíes».[4] [5] Los suníes rechazaban tal pretensión.[4] [6] [nota 1] El nuevo califato, proclamado en el año 909,[2] se oponía al suní de los abasíes establecido en Bagdad (750-1258).[5] Los califas fatimíes pretendieron al comienzo estar cumpliendo la profecía que prometía el regreso del séptimo imán en el año 300 de la Hégira y se arrogaban poderes carismáticos y conocimiento sobrenatural gracias a su descendencia del profeta Mahoma.[8] Esta capacidad era necesaria para interpretar el sentido oculto del Corán que, según los ismailíes, no debía tomarse literalmente.[9] Según sus seguidores, los califas fatimíes podían obrar milagros y eran infalibles.[10] A pesar de sus creencias mesiánicas —el imán regresado como mesías o mahdi debía relevar la religión verdadera y acabar con todas las demás—, los fatimíes no trataron de imponer su credo a las poblaciones que gobernaron.[9]

El surgimiento de la dinastía se debió al éxito de la prédica de uno de los proselitistas chiitas a finales del siglo ix, Abu Abd Allah, que se estableció entre los bereberes kutama en el año 893.[11] [12] El imán ismailí se trasladó a la región desde la localidad siria de Salamiya, donde residía perseguido por los abasíes.[6] El predicador Abu Abd Allah organizó un ejército bereber que derrotó a los emires aglabíes y permitió la fundación del califato fatimí en el 909.[13]

Argelia produjo la dinastía nativa de los fatimíes, entre la tribu de los kutama, el pueblo de Argelia, en 899 Ubayd Allah al-Mahdi Billah, el decimoprimer imán, se convirtió en el líder del movimiento. Huyó de Oriente Medio a Siyilmasa en el actual Marruecos (905), donde comenzó a hacer proselitismo con el pretexto de ser un comerciante. No fue encarcelado debido a sus creencias ismaelitas. Ubaid Allah y su hijo habían hecho su camino a Siyilmasa, huyendo de la persecución de los abasíes, que encontraron sus creencias ismailíes no solo poco ortodoxas, sino también una amenaza para el status quo de su califato. Según la leyenda, Ubaid Allah y su hijo estaban cumpliendo una profecía de que el Mahdi vendría de Mesopotamia a Sijilmassa. Se escondieron entre la población de Sijilmassa durante cuatro años bajo el semblante de los gobernantes Midrar, específicamente un príncipe Yasa .

Al-Mahdi fue apoyado por el dedicado chií Abu Abdullah al-chií, y al-chií comenzó su predicación después de encontrarse con un grupo de musulmanes del norte de África durante su hajj. Estos hombres se jactaban sobre el país de los Kutama en el oeste de Ifriqiya (hoy parte de Argelia), y la hostilidad de estos hacia los Abasís, y su total independencia de los gobernantes aglabíes. Esto dio lugar a que al-chií viajara a la región, donde comenzó a predicar la doctrina Ismaili. Los campesinos bereberes, que habían sido oprimidos durante décadas por la corrupta regla aglabí, muestran ser una base perfecta para la sedición. Al instante, al-chií comenzó la conquista de ciudades de la región: primero Mila, a continuación, Sétif, Kairuán, y eventualmente Raqqada, la capital aglabí. En 909 Al-chií envió una fuerza de expedición grande para rescatar a al Mahdi, conquistando el Estado jariyí de Tahert en su camino. Después de obtener su libertad, Ubaid Allah se convirtió en el caudillo del nuevo Estado y asumió el cargo de imán y califa en Kairuán,[14] con el título de al-Mahdi («el guiado»), título de gran tradición[5] entre los chiitas.[4] Su reinado duró hasta el 934.[5]

Los fatimíes existieron durante la Edad de Oro Islámica. La dinastía fue fundada en 909 por el undécimo imán, 'Abdullah al-Mahdi Billah. Para la primera mitad de su existencia el poder del imperio descansaba principalmente en su fuerza, ya que su ejército conquistó el norte de África, Palestina, Siria, y por un corto tiempo, Bagdad.

Una nueva capital se estableció en al-Mahdiyya en el 912.[4] Pronto, los fatimíes dominaron toda Ifriqiya —el Magreb oriental, correspondiente aproximadamente a Túnez—.[2] Fue elegida como la capital debido a su proximidad al mar y el promontorio sobre el que un asentamiento militar importante estuvo desde la época de los fenicios. La situación estratégica del territorio controlado por la nueva dinastía les permitió expandirse tanto en la costa continental como en las islas y el Mediterráneo central.[4] El mismo año se proclamó heredero al trono al que más tarde se convirtió en segundo califa de la dinastía y que adoptó el título de al-Qaim bi-amr Allah («el que se alza con el mandato divino»); al mismo tiempo los bereberes kutama, que habían tenido un papel crucial en el establecimiento de la dinastía, proclamaron un mahdi rival, desilusionados con los fatimíes.[5]

En el Magreb y en Egipto[editar]

Periodo magrebí[editar]

Tras la revuelta de los kutama en el 912, el segundo califa tuvo que enfrentarse a una nueva amenaza interna por la rebelión jariyí de Abu Yazid (conocido como «el Hombre del Asno») en el 944, que recibió el apoyo de los enemigos occidentales de la dinastía, los omeyas cordobeses.[5] Fue el tercer califa de la dinastía —Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah, que reinó del 946 al 953— el que consiguió aplastar el alzamiento de Abu Yazid, hazaña por la que adoptó el título de al-Mansur bi-nasr Allah («el Victorioso por la Victoria de Dios»).[5] Ismail ascendió al trono en un momento de crisis, pero logró derrotar a Abu Yazid, en parte por la tardanza omeya en sostener a este; cuando la flota cordobesa llegó al Magreb oriental en el 947 los fatimíes ya habían desbaratar la rebelión y poner en fuga a Abu Yazid.[15] Ismail se proclamó califa el día que mandó ejecutar y humillar a Abu Yazid —fue desollado, y su pellejo relleno paseado para vejarlo en público, acosado por monos amaestrados—.[16] La dinastía presentó esta victoria como prueba de legitimidad, tanto de la dinastía como de su doctrina religiosa, y a Abu Yazid como el Anticristo, figura cuyas fechorías debían preceder a la aparición del mesías y que debía ser derrotado por este.[15] En su campaña de recuperación territorial primero conquistó Tiaret y en enero del 948 retomó Kairuán.[16]

Ismail comenzó además la construcción de una nueva capital —circular, a imitación de la abasí de Samarra—, Al-Mansuriya.[15] Cambió además la acuñación de moneda que, a partir de entonces, se realizó dejando una inscripción central rodeada de tres bandas concéntricas.[15]

Dinares magrebíes
Dinar típico de Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah, tercer califa fatimí, con inscripción central.
Dinar típico del cuarto califa, Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, con punto central.

El cuarto califa —Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, que reinó entre el 953 y el 975— redujo la propaganda mesiánica en la que se había apoyado la dinastía en los primeros años.[5] La llegada del mesías ya no se tenía por inminente.[10] Este califa continuó la construcción de Al-Mansuriya, que había comenzado su padre en el 946-947.[10] Modificó una vez más la forma de las monedas que se acuñaban en el territorio fatimí, cambiando la inscripción central por un punto con una inscripción chiita alrededor, manteniendo las tres bandas concéntricas características.[15]

Disputa por el control del Magreb[editar]

El califato fatimí creció para incluir a Sicilia y extenderse a través del Norte de África desde el océano Atlántico a Libia. El control de Abdullah al-Mahdi pronto se extendió sobre todo el centro del Magreb, un área que consiste en los actuales países de Marruecos, Argelia, Túnez, y Libia, que gobernó desde Mahdia, su capital de nueva construcción en Túnez. Al-Mansuriya, o Mansuriyya ( árabe: المنصوريه ), cerca de Kairuán, Túnez, fue la capital del califato fatimí durante los reinados de los imanes Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah (. r 946-953) y Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah (. r 953-975).

En su expansión hacia el oeste, los fatimíes amenazaban las rutas comerciales que desde el centro del Sáhara traían oro y esclavos a Al-Ándalus, una de las razones —además de la diferencia religiosa— que les hizo enfrentarse[14] a los omeyas andalusíes.[4] La lucha entre las dos dinastías continuó hasta el traslado de la capital fatimí a Egipto en el 969.[17]

En el 955, la flota fatimí asaltó a la omeya en Almería y le infligió graves daños.[18]

Disputa por el control del Mediterráneo central[editar]

El califato se disputó con los bizantinos el control de Sicilia y del sur de la península italiana.[18] Estos, para enfrentarse a los fatimíes, trataron con los omeyas cordobeses.[18]

Periodo egipcio[editar]

Conquista de Egipto[editar]

El general fatimí Jawhar As-Siqilli conquistó Egipto en el año 969,[19] y se construyó una nueva ciudad palacio allí, cerca de Fustat, que también llamó al-Mansuriyya. Bajo Al-Muizz Lideenillah, los fatimíes conquistaron a la Dinastía Ijsida,y fundaron una nueva capital en al-Qahira (El Cairo) en el año 969.[19] El nombre era una referencia al planeta Marte, "El Invicto", que era prominente en el cielo en el momento en que la construcción de la ciudad comenzó. El Cairo fue concebido como un recinto real para el califa fatimí y su ejército, aunque la capital administrativa y económica real de Egipto fue ciudad la de Fustat hasta 1169. Después de Egipto, los fatimíes siguieron la conquista de los alrededores hasta que gobernaron desde Túnez a Siria, así como Sicilia. Una vez fundado El Cairo, el interés político de los famitíes se trasladó al Oriente Próximo, donde fueron la potencia musulmana dominante hasta la llegada a la región de los turcos selyúcidas un siglo más tarde.[19]

Bajo los fatimíes, Egipto se convirtió en el centro de un imperio que incluía en su apogeo el norte de África, Sicilia, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, la costa africana del Mar Rojo, Tihamah, Hejaz y Yemen. Egipto floreció, y los fatimíes desarrollaron una extensa red comercial en el Mediterráneo y el Océano Índico. Su comercio y relaciones diplomáticas se extendieron por todo el camino a China, y su dinastía Song, que finalmente determina el rumbo económico de Egipto durante la Alta Edad Media. El enfoque fatimí en el comercio a larga distancia fue acompañado por una falta de interés en la agricultura y un abandono del sistema de riego del Nilo.

Administración y cultura[editar]

A diferencia de los gobiernos de Europa occidental de la época, el ascenso en la Administración fatimí se basaba más en los méritos del funcionario que en su origen. Los miembros de otras ramas del islam, como los suníes, tenían las mismas probabilidades de ser nombrados para cargos gubernamentales que los chiíes. La tolerancia religiosa se aplicaba también a los no musulmanes, como los cristianos y los judíos,[20] que ocupaban altos niveles en el gobierno debido a su capacidad; la tolerancia facilitaba asimismo las contribuciones monetarias que servían para financiar el gran ejército califal en el que abundaban los mamelucos, traídos de Circasia por comerciantes genoveses. Hubo excepciones a esta actitud general de tolerancia, entre las que destacó la actitud de Huséin al-Hakim Bi-Amrillah, figura controvertida.[20]

Los califas de esta dinastía adquirieron fama de bibliófilos, protectores del saber y, algunos de ellos, autores de escritos.[18] Su patrocinio de los estudios incluía la filosofía y las historia preislámica de los territorios que regían.[18]

Los fatimíes también eran conocidos por sus exquisitas artes. Un tipo de cerámica, la loza dorada, era frecuente durante la época fatimí. Cristalería y metalmecánica también era popular. La arquitectura fatimí utilizaba sillares de piedra y diferentes tipos de columnas, bóvedas (de arista), mocárabes y multitud de nichos.[1] Muchos vestigios de la arquitectura fatimí existen hoy en El Cairo; los ejemplos más definitorios incluyen la Universidad de Al Azhar y la Mezquita Al-Hakim. La Universidad Al Azhar fue la primera universidad en el este y tal vez la más antigua de la historia. La madrasa es una de las reliquias de la dinastía en la época fatimí de Egipto, los descendientes de Fátima, hija de Mahoma. Fátima se llamaba Az-Zahra (el brillante), y la madrasa fue nombrada en su honor. Fue fundada como una mezquita por el comandante fatimí Jawhar a las órdenes del califa Al-Muizz cuando fundó la ciudad de El Cairo. Era (probablemente el sábado) en Jamadi al-Awwal en el año 359 AH . Su construcción fue terminada el 9 de Ramadán del año 361 AH . Tanto Al-Aziz Billah y Al-Hakim bi-Amr Allah la ampliaron. Fue reparado, renovado y ampliado por Al-Mustansir y Al-Hafiz Li-Din-illah. Los Califas fatimíes siempre alentaron a estudiosos y juristas a tener sus círculos de estudio y reuniones en esta mezquita y así se convirtió en una universidad que tiene el derecho a ser considerada como la Universidad más antigua que aún funciona.

La vida intelectual en Egipto durante la época fatimí alcanzó un gran progreso y la actividad, debido a muchos eruditos que vivían en o vinieron a Egipto, así como el número de libros disponibles. Los Califas fatimíes dieron posiciones prominentes a estudiosos en sus patios, alentando a los estudiantes, y las bibliotecas establecidas en sus palacios, por lo que los estudiosos podían ampliar sus conocimientos y obtener beneficios a partir de la obra de sus predecesores.

Quizás la característica más importante de la regla fatimí, fue la libertad de pensamiento y la razón extendida a las personas, que podían creer en lo que quisieran, siempre que no infrinjan los derechos de otros. Los fatimíes reservaron púlpitos separados para distintas sectas islámicas, donde los estudiosos expresan sus ideas en cualquier manera que les gustaba. Los fatimíes dieron patrocinio a los estudiosos y los invitaron de cada lugar, gastaron dinero en ellos, incluso cuando sus creencias estaban en conflicto con las de ellos. La historia de los fatimíes, desde este punto de vista, es en realidad la historia del conocimiento, la literatura y la filosofía. Es la historia de la sagrada libertad de expresión.

Sistema militar[editar]

El ejército fatimí se basó en gran medida en los guerreros de las tribus bereberes Kutama traídos a lo largo de la marcha a Egipto, y que seguían siendo una parte importante de los militares, incluso después de que Túnez comenzó a independizarse . Después de su exitoso establecimiento en Egipto, las fuerzas egipcias locales fueron también incorporadas en el ejército, por lo que el Ejército fatimí fue reforzado por soldados norteafricanos de Argelia a Egipto en el noreste. (Y de tener éxito dinastías también).

Un cambio fundamental se produjo cuando el califa fatimí trató de presionar a Siria en la segunda mitad del siglo X. Los fatimíes se enfrentaron con las fuerzas turcas que ahora dominaban al califa abasí y comenzaron a darse cuenta de los límites de su poder militar actual. Así, durante el reinado de Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah y Al-Hakim bi-Amr Allah, el califa empezó a incorporar contingentes turcos y más tarde de los africanos negros (más tarde incluso se utilizaron también tropas de otros orígenes, como los armenios).[21] Las unidades del ejército se formaban generalmente según criterios culturales; así, los bereberes formaban generalmente el grueso de las unidades de caballería y de exploradores de infantería, mientras que los turcos (conocido como «mamelucos») se concentraban en las de arqueros a caballo y de caballería pesada. Los africanos negros, sirios y árabes se empleaban en general en los cuerpos de infantería pesada y arqueros de infantería. Tanto esta división por grupos culturales como el origen esclavo de muchas de las tropas sobrevivieron a la desaparición del Estado fatimí.

Los fatimíes ponen todo su poder militar hacia la defensa del imperio cada vez que estaba amenazado por peligros y amenazas, que fueron capaces de repeler, especialmente durante el gobierno de Al-Muizz Lideenillah. Durante su reinado, el Imperio Bizantino era gobernado por Nicéforo II, que había destruido el Emirato musulmán de Chandax en 961 y conquistó Tartus, Al-Masaisah, 'Ain Zarbah, y otros lugares, para obtener el control completo de Irak y las fronteras sirias como así ganarse el sobrenombre de "The Pale Muerte de los sarracenos". Con los fatimíes sin embargo, resultó ser menos exitoso. Después de renunciar a sus pagos de tributo a los califas fatimíes, envió una expedición a Sicilia, pero se vio obligado por las derrotas en tierra y mar a evacuar la isla por completo. En 967, él hizo las paces con los fatimíes de Kairuan y se volvió para defenderse contra el enemigo común, Otón I, que se había proclamado emperador de Occidente y había atacado las posesiones bizantinas en Italia.

Guerra civil y decadencia[editar]

Aunque el ejército en general resultó victorioso en el campo de batalla, sus divisiones internas en torno a la cultura de sus componentes comenzaron a tener efectos negativos en la política interna fatimí. Tradicionalmente, el elemento bereber del ejército había disfrutado de la supremacía en los asuntos políticos del califato pero, según el elemento turco se hizo más poderoso, empezó a cuestionar esta situación; por añadidura, hacia el 1020 graves disturbios habían comenzado a estallar entre las tropas africanas negras, que se enfrentaban a una alianza bereber-turca en el seno de las fuerzas armadas fatimíes.

En la década de 1060, el delicado equilibrio entre los diferentes grupos del ejército fatimí desapareció debido a la grave crisis que Egipto estaba sufriendo por la grave sequía y la consecuente hambruna. Los menguados recursos acrecentaron los problemas entre las diferentes facciones étnicas y se desató una guerra civil que enfrentó principalmente a los turcos y con los soldados africanos negros, mientras que los bereberes oscilaron entre los dos bandos. Las fuerzas turcas del ejército fatimí tomaron la mayor parte de El Cairo y capturaron al califa, mientras que las tropas bereberes y las sudanesas dominaban el resto Egipto.

En el 1072, el califa fatimí Al-Mustansir, en un intento desesperado por salvar a Egipto, convocó al general Badr al-Jamali, que era en ese momento el gobernador de Acre. Badr al-Jamali condujo a sus tropas a Egipto y fue capaz de reprimir con éxito a los diferentes grupos de los ejércitos rebeldes, en gran parte para purgar a los turcos en el proceso. Aunque el Califato se salvó de la destrucción inmediata, la larga década de rebelión devastó Egipto y nunca fue capaz de recuperar tanto poder. Como resultado, Badr al-Jamali también se hizo el visir del califa fatimí, convirtiéndose en uno de los primeros visires militares ("Amir al Juyush", en árabe: امير الجيوش, comandante de las fuerzas de los fatimíes) que dominarían más tarde la política fatimí. Al-Jam`e Al-Juyushi ( árabe: الجامع الجيوشي, La Mezquita de los Ejércitos), o Mezquita Juyushi, fue construida por Badr al-Jamali. La mezquita se completó en 478 H / 1085 dC, bajo el patrocinio del entonces califa e imán Ma'ad Al-Mustansir. Fue construida en un extremo de la Mokattam, asegurando una vista de la ciudad de El Cairo. Esta Mezquita / mashhad también era conocida como un monumento de la victoria que conmemora la restauración del visir Badr y el fin para el Iman Mustansir. Como los visires militares se convirtieron efectivamente en jefes de Estado, el propio califa se redujo al papel de una figura decorativa. El hijo de Badr al-Jamali, Al-Afdal Shahanshah, le sucedió en el poder como visir.

Después de que el imán XVIII, Al-Mustansir muriera, la secta Nizari hace de su hijo Nizar su sucesor, mientras que otra rama ismailí conocida como el Mustaali (de quien finalmente desciende el Dawoodi Bohra ), apoya a su otro hijo, al-Musta ' li. La dinastía fatimí continuó con al-Musta'li tanto como Iman y Califa,y con la posición conjunta celebrada hasta el imán XX, Al-Amir Bi-Ahkamillah (1132 dC). A la muerte del imán Amir, una rama de la fe Mustaali afirmó que había transferido el Imanato a su hijo al-Tayyib Abi l-Qasim, que entonces tenía dos años de edad. Otra facción afirmó que Amir murió sin un heredero, y apoyo al primo de Amir al-Hafiz ya que el se proclamo legítimo califa e Iman. La facción de al-Hafiz se convirtió en los ismaelitas Hafizi, que más tarde se convirtieron durante el gobierno del sultán Saladino Yusuf ben Ayyubi. Los partidarios de Tayyeb se convirtieron en los ismailí Tayyibi. La afirmación de Tayyeb al Imanato fue aceptada por la Hurratu l-Malika ("La Noble Reina") Arwa al-Sulayhi, la Reina de Yemen. Arwa fue designada hujjah (o, piadosa señora santa), el más alto rango en el Dawat yemení, por al-Mustansir en 1084. Bajo la reina Arwa, el Dai al-Balagh (intermediario entre el imán de El Cairo y la sede local) Lamak Ibn Malik y luego Yahya Ibn Lamak trabajaron por la causa de los fatimíes. Después de la reclusión del Iman Taiyab Dai fue determinado cargo independiente por la reina Arwa, y fueron llamados Dai ​​al Mutlaq. El Primer Dai Mutlaq fue Syedna Zoib, Dai común de todos los Taybians.

Decadencia y caída[editar]

Extensión del califato fatimí durante su periodo egipcio.

En las década de 1040, los bereberes ziríes (gobernadores del norte de África en el marco del gobierno de los fatimíes) declararon su independencia de estos y su reconocimiento de los califas sunitas abasíes de Bagdad, lo que llevó a que los fatimíes enviaran a los Banu Hilal a castigarlos. Después de alrededor de 1070, los fatimís mantenían la costa del Levante y partes de Siria, pero su dominio fue desafiado por primera vez por invasores turcos, y por la Primera Cruzada, de modo que el territorio fatimí se contrajo hasta que consistía sólo en Egipto. Los fatimíes perdieron gradualmente el Emirato de Sicilia más de treinta años bajo el Italo-normando Roger I, que tenía el control total de toda la isla en 1091.

La dependencia del sistema iqta también arruino a la autoridad central fatimí, a medida que más y más oficiales militares recibían tierras en los extremos más alejados del imperio y que se convirtieron en semiindependientes y eran a menudo una fuente de problemas.

Después de la decadencia del sistema político fatimí en la década de 1160, el gobernante zanguí Nur al-Din envió a su general Shirkuh a apoderarse de Egipto, objetivo que logró mediante el derrocamiento del visir Shawar en 1169. Shirkuh murió dos meses después de asumir el poder, y el Estado eligió sucesor a su sobrino, Saladino. Este comenzó el Sultanato ayubí de Egipto y Siria.

Califas fatimíes[editar]

  1. Abdullah al-Mahdi Billah (909-934; fundador de la dinastía fatimí)
  2. Muhammad al-Qa'im Bi-Amrillah (934-946)
  3. Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah (946-952)
  4. Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah (952-975; Egipto es conquistado durante su reinado)
  5. Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah (975-996)
  6. Huséin al-Hakim Bi-Amrillah (996-1021)
  7. Ali az-Zahir (1021-1035)
  8. Ma'ad al-Mustansir Billah (1035-1094)
  9. al-Musta'li (1094-1101)
  10. al-Amir Bi-Ahkamillah(1101-1130)
  11. al-Hafiz (1130-1149)
  12. az-Zafir (1149-1154)
  13. al-Faiz (1154-1160)
  14. al-Adid (1160-1171)

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. La descendencia del profeta Mahoma era necesaria ya que los chiitas consideran que solo la descendencia de este cuenta con el carisma para convertirse en guía de la comunidad musulmana. este guía, el imán, para los chiitas ismalitas era infalibre, obraba milagros y contaba con el conocimiento sobrenatural para interpretar correctamente el sentido oculto del texto sagrado del islam. El gobernante legítimo para los fatimíes solo era aquel nombrado directamente por Mahoma o por el imán anterior, que recaía en un miembro de la familia del profeta[7]

Referencias[editar]

  1. a b Lajo Pérez, Rosina (1990). Léxico de arte. Madrid - España: Akal. p. 80. ISBN 978-84-460-0924-5. 
  2. a b c Fierro, 2011, p. 18.
  3. Fierro, 2011, p. 74.
  4. a b c d e f Fletcher, 1999, p. 71.
  5. a b c d e f g h Fierro, 2011, p. 95.
  6. a b Fierro, 2011, p. 134.
  7. Fierro, 2011, p. 18, 21.
  8. Fierro, 2011, p. 19, 95.
  9. a b Fierro, 2011, p. 142.
  10. a b c Fierro, 2011, p. 115.
  11. Fletcher, 1999, p. 70-71.
  12. Fierro, 2011, p. 43, 134.
  13. Fierro, 2011, p. 43.
  14. a b Fierro, 2011, p. 135.
  15. a b c d e Fierro, 2011, p. 127.
  16. a b Fierro, 2011, p. 183.
  17. Fierro, 2011, p. 21.
  18. a b c d e Fierro, 2011, p. 141.
  19. a b c Fletcher, 1999, p. 72.
  20. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas gold84
  21. Cambridge History of Egypt, Vol. 1, pg. 155.
  22. Mahdia (en inglés)

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]