Califato fatimí

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الدولة الفاطمية
ad-Dawlah al-Fāṭimiyya
Califato fatimí

Flag of Afghanistan (1880–1901).svg

909-1171

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Bandera

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Capital Kairuán (909-972)
El Cairo (972-1171)
Idioma principal Árabe
Otros idiomas Bereber, copto, arameo, siciliano
Religión Islam chií (ismailita)[1]
Gobierno monarquía
Califa
 • 909-934 Ubayd Allah
 • 1160-1171 Al-Adid
Historia
 • Proclamación califal de Ubayd Allah 5 de enero de 909
 • Fundación de El Cairo 972[1]
 • Muerte de Al-Adid 17 de junio de 1171
Superficie
 • 969 4 100 000 km²
Población
 •  est. 6 200 000 
Moneda Dinar
Mezquita de al-Hâkim en El Cairo. Comenzada bajo el reino de al-Azîz Billâh, se terminó en 1013, bajo el reinado de su hijo al-Hâkim, cuyo nombre lleva.
Árbol genealógico de los califas fatimíes (en amarillo). También se muestra su supuesto parentesco con los siete imanes ismailíes (en gris) y con el profeta Mahoma (en mayúsculas).

El califato fatimí (también califato de Egipto[1] o Imperio fatimí; en árabe: الفاطميون al-Fāṭimiyyūn)[2] fue el cuarto califato islámico, el único chií de toda la historia —ismailita, concretamente—.[1] Dominó el norte de África del año 909 al 1171. Inicialmente establecida en Túnez, la dinastía controló la costa mediterránea de África y convirtió Egipto en el centro de su califato en la segunda mitad del siglo x. En su apogeo, el califato incluía, además de Egipto, parte del Magreb, Sudán, Sicilia, el Levante mediterráneo y la región de Hiyaz.

Orígenes: la rebelión de los fatimíes[editar]

La ideología religiosa del califato fatimí se originó en un movimiento chií ismailita. El surgimiento de la dinastía se debió al éxito de la prédica de uno de los proselitistas chiitas a finales del siglo IX, Abu Abd Allah, que se estableció entre los bereberes kutama en el año 893.

Argelia produjo la dinastía nativa de los fatimíes, entre la tribu de los Kutama, en 899 Ubayd Allah al-Mahdi Billah, el decimoprimer imán, se convirtió en el líder del movimiento. Huyó de Oriente Medio a Siyilmasa en el actual Marruecos (905), donde comenzó a hacer proselitismo con el pretexto de ser un comerciante. No fue encarcelado debido a sus creencias ismailitas. Ubaid Allah y su hijo habían hecho su camino a Siyilmasa, huyendo de la persecución de los abasíes, que encontraron sus creencias ismailíes no solo poco ortodoxas, sino también una amenaza para el status quo de su califato. Según la leyenda, Ubaid Allah y su hijo estaban cumpliendo una profecía de que el Mahdi vendría de Mesopotamia a Siyilmasa. Se escondieron entre la población de Siyilmasa durante cuatro años bajo el semblante de los gobernantes Midrar, específicamente el Príncipe Yasa.

Al-Mahdi fue apoyado por el dedicado chií Abu Abdullah al-chií, y al-Chií comenzó su predicación después de encontrarse con un grupo de musulmanes del norte de África durante su hajj. Estos hombres se jactaban sobre el país de los Kutama en el oeste de Ifriqiya (hoy parte de Argelia), y la hostilidad de estos hacia los abasíes, y su total independencia de los gobernantes aglabíes. Esto dio lugar a que al-Chií viajara a la región, donde comenzó a predicar la doctrina ismailí. Los campesinos bereberes, que habían sido oprimidos durante décadas por la corrupta regla aglabí, mostraron ser una base perfecta para la sedición. Al instante, al-Chií comenzó la conquista de ciudades de la región: primero Mila, a continuación, Sétif, Kairuán, y eventualmente Raqqada, la capital aglabí. En 909 Al-Chií envió una fuerza de expedición grande para rescatar a al Mahdi, conquistando el Estado jariyí de Tahert en su camino. Después de obtener su libertad, Ubaid Allah se convirtió en el caudillo del nuevo Estado y asumió el cargo de imán y califa en Kairuán.

Para la primera mitad de su existencia el poder del imperio descansaba principalmente en su fuerza, ya que su ejército conquistó el norte de África, Palestina, Siria, y por un corto tiempo, Bagdad. Una nueva capital se estableció en al-Mahdiyya en el 912.

En el Magreb y en Egipto[editar]

Periodo magrebí[editar]

Tras la revuelta de los kutama en el 912, el segundo califa tuvo que enfrentarse a una nueva amenaza interna, la rebelión jariyí de Abu Yazid (conocido como «el Hombre del Asno») en el 944, que recibió el apoyo de los enemigos occidentales de la dinastía, los omeyas cordobeses.[3] Fue el tercer califa de la dinastía —Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah, que reinó del 946 al 953— el que consiguió aplastar el alzamiento de Abu Yazid, hazaña por la que adoptó el título de al-Mansur bi-nasr Allah («el Victorioso por la Victoria de Dios»).[3] Ismaíl ascendió al trono en un momento de crisis, pero logró derrotar a Abu Yazid, en parte por la tardanza omeya en sostener a este; cuando la flota cordobesa llegó al Magreb oriental en el 947 los fatimíes ya habían desbaratado la rebelión y puesto en fuga a Abu Yazid.[4] Ismaíl se proclamó califa el día que mandó ejecutar y humillar a Abu Yazid —fue desollado, y su pellejo relleno paseado para vejarlo en público, acosado por monos amaestrados—.[5] La dinastía presentó esta victoria como prueba de legitimidad, tanto de la dinastía como de su doctrina religiosa, y a Abu Yazid como el Anticristo, figura cuyas fechorías debían preceder a la aparición del mesías y que debía ser derrotado por este.[4] En su campaña de recuperación territorial primero conquistó Tiaret y en enero de 948 retomó Kairuán.[5]

Ismaíl comenzó además la construcción de una nueva capital —circular, a imitación de la abasí de Samarra—, Al-Mansuriya.[4] Cambió además la acuñación de moneda que, a partir de entonces, se realizó dejando una inscripción central rodeada de tres bandas concéntricas.[4]

Dinares magrebíes
Dinar típico de Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah, tercer califa fatimí, con inscripción central.
Dinar típico del cuarto califa, Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, con punto central.

El cuarto califa —Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, que reinó entre el 953 y el 975 redujo la propaganda mesiánica en la que se había apoyado la dinastía en los primeros años.[3] La llegada del mesías ya no se tenía por inminente.[6] Este califa continuó la construcción de Al-Mansuriya, que había comenzado su padre en el 946–947.[6] Modificó una vez más la forma de las monedas que se acuñaban en el territorio fatimí, cambiando la inscripción central por un punto con una inscripción chiita alrededor, manteniendo las tres bandas concéntricas características.[4]

Disputa por el control del Magreb[editar]

El califato fatimí creció para incluir Sicilia y extenderse a través del Norte de África desde el océano Atlántico a Libia. El control de Abdullah al-Mahdi pronto se extendió sobre todo el centro del Magreb, un área que consiste en los actuales países de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, que gobernó desde Mahdía, su capital de nueva construcción en Túnez. Al-Mansuriya, o Mansuriyya (árabe: المنصوريه), cerca de Kairuán, Túnez, fue la capital del califato fatimí durante los reinados de los imanes Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah (r. 946-953) y Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah (r. 953-975).

En su expansión hacia el oeste, los fatimíes amenazaban las rutas comerciales que desde el centro del Sáhara traían oro y esclavos a Al-Ándalus, una de las razones —además de la diferencia religiosa— que les hizo enfrentarse[7] a los omeyas andalusíes.[8] La lucha entre las dos dinastías continuó hasta el traslado de la capital fatimí a Egipto en el 969.[9]

En el 955, la flota fatimí asaltó a la omeya en Almería y le infligió graves daños.[10]

Periodo egipcio[editar]

Conquista de Egipto[editar]

Bajo Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, Jawhar as-Siqilli conquisto Egipto a la Dinastía Ijsí, y fundo una nueva capital al norte de Fustat, Al-Qahira (El Cairo) en el año 969.[11] El nombre era una referencia al planeta Marte, "El Invicto", que se veía en el cielo en el momento en que la construcción de la ciudad comenzó. El Cairo fue concebido como un recinto real para el califa fatimí y su ejército, aunque la capital administrativa y económica real de Egipto fue la ciudad de Fustat hasta 1169. Después de Egipto, los fatimíes siguieron la conquista de los alrededores hasta que gobernaron desde Túnez a Siria, así como Sicilia. Una vez fundado El Cairo, el interés político de los fatimíes se trasladó al Oriente Próximo, donde fueron la potencia musulmana dominante hasta la llegada a la región de los turcos selyúcidas un siglo más tarde.[11]

Bajo los fatimíes, Egipto se convirtió en el centro de un imperio que incluía en su apogeo el norte de África, Sicilia, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, la costa africana del Mar Rojo, Tihamah, Heyaz y Yemen. Egipto floreció, y los fatimíes desarrollaron una extensa red comercial en el Mediterráneo y el Océano Índico. Su comercio y relaciones diplomáticas se extendieron por todo el camino a China, y su dinastía Song, que finalmente determina el rumbo económico de Egipto durante la Alta Edad Media. El enfoque fatimí en el comercio a larga distancia fue acompañado por una falta de interés en la agricultura y un abandono del sistema de riego del Nilo.

Administración y cultura[editar]

A diferencia de otros gobiernos del área, el ascenso fatimí en cargos de Estado dependía más del mérito que del linaje, los cohechos y las intrigas. Los miembros de otras ramas del islam, como los sunníes, tenían tantas probabilidades de ser nombrados a puestos de gobierno como los chiíes. La tolerancia se extendía hasta los no musulmanes, como los cristianos y judíos que ocupaban los niveles más encumbrados del gobierno únicamente gracias a su capacidad. La tolerancia facilito asimismo las contribuciones monetarias que servían para financiar el gran ejército califal en el que abundaban los mamelucos, traídos de Circasia por comerciantes genoveses. Hubo excepciones a esta actitud general de tolerancia, entre las que destacó la actitud de Huséin al-Hakim Bi-Amrillah, figura controvertida.[12]

Los califas de esta dinastía adquirieron fama de bibliófilos, protectores del saber y, algunos de ellos, autores de escritos.[10] Su patrocinio de los estudios incluía la filosofía y la historia preislámica de los territorios que regían.[10]

Los fatimíes también eran conocidos por sus exquisitas artes. Un tipo de cerámica, la loza dorada, era frecuente durante la época fatimí. La Cristalería metalmecánica también era popular. La arquitectura fatimí utilizaba sillares de piedra y diferentes tipos de columnas, bóvedas (de arista), mocárabes y multitud de nichos.[2] Muchos vestigios de la arquitectura fatimí existen hoy en El Cairo; los ejemplos más definitorios incluyen la Universidad de Al Azhar y la Mezquita Al-Hakim. La Universidad Al Azhar fue la primera universidad en el este y tal vez la más antigua de la historia. La madrasa es una de las reliquias de la dinastía en la época fatimí de Egipto, los descendientes de Fátima, hija de Mahoma. Fátima se llamaba Az-Zahra (La Luminosa), y la madrasa fue nombrada en su honor. Fue fundada como una mezquita por el comandante fatimí Jawhar a las órdenes del califa Al-Muizz cuando fundó la ciudad de El Cairo. Era (probablemente el sábado) en Jamadi al-Awwal en el año 359 AH. Su construcción fue terminada el 9 de Ramadán del año 361 AH. Tanto Al-Aziz Billah y Al-Hakim bi-Amr Allah la ampliaron. Fue reparada, renovada y ampliada por Al-Mustansir y Al-Hafiz Li-Din-illah. Los Califas fatimíes siempre alentaron a estudiosos y juristas a tener sus círculos de estudio y reuniones en esta mezquita y así se convirtió en una universidad que tiene el derecho a ser considerada como la Universidad más antigua que aún funciona.

Los Califas fatimíes dieron posiciones prominentes a estudiosos en sus patios, alentando a los estudiantes, y las bibliotecas establecidas en sus palacios, por lo que los estudiosos podían ampliar sus conocimientos y obtener beneficios a partir de la obra de sus predecesores.

Quizás la característica más importante de la regla fatimí, fue la libertad de pensamiento y la razón extendida a las personas, que podían creer en lo que quisieran, siempre que no infrinjan los derechos de otros. Los fatimíes reservaron púlpitos separados para distintas sectas islámicas, donde los estudiosos expresaban sus ideas en cualquier manera que les gustaba. Dieron patrocinio a los estudiosos y los invitaron de cada lugar, gastaron dinero en ellos, incluso cuando sus creencias estaban en conflicto con las de ellos. La historia de los fatimíes, desde este punto de vista, es en realidad la historia del conocimiento, la literatura y la filosofía. Es la historia de la sagrada libertad de expresión.

Sistema militar[editar]

El ejército fatimí estaba integrado en gran parte por guerreros de las tribus bereberes Kutama traídos a lo largo de la marcha a Egipto, y que siguieron siendo una parte importante de los ejércitos, incluso después de que Túnez comenzó a independizarse. Después de su exitoso establecimiento en Egipto, las fuerzas egipcias locales fueron también incorporadas en el ejército, por lo que el Ejército fatimí fue reforzado por soldados norteafricanos de Argelia a Egipto en el noreste.

Un cambio fundamental se produjo cuando el califa fatimí trató de presionar a Siria en la segunda mitad del siglo X. Los fatimíes se enfrentaron con las fuerzas turcas que ahora dominaban al califa abasí y comenzaron a darse cuenta de los límites de su poder militar. Así, durante el reinado de Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah y Al-Hakim bi-Amr Allah, el califa empezó a incorporar contingentes turcos y más tarde de africanos negros (más tarde incluso se utilizaron también tropas de otros orígenes, como armenios).[13] Las unidades del ejército se formaban generalmente según criterios culturales; así, los bereberes formaban generalmente el grueso de las unidades de caballería y de exploradores de infantería, mientras que los turcos (conocidos como «mamelucos») se concentraban en las de arqueros a caballo y de caballería pesada. Los africanos negros, sirios y árabes se empleaban en general en los cuerpos de infantería pesada y arqueros de infantería. Tanto esta división por grupos culturales como el origen esclavo de muchas de las tropas sobrevivieron a la desaparición del Estado fatimí.

Los fatimíes pusieron todo su poder militar hacia la defensa del imperio cada vez que estaba amenazado por peligros y amenazas, que fueron capaces de repeler, especialmente durante el gobierno de Al-Muizz Lideenillah. Durante su reinado, el Imperio Bizantino, gobernado por Nicéforo II, destruyo el Emirato musulmán de Chandax en 961 y conquistó Tartus, Al-Masaisah, 'Ain Zarbah, y otros lugares, para obtener el control completo de Irak y las fronteras sirias como así ganarse el sobrenombre de "Focas Muerte de los sarracenos". Pero Nicéforo tuvo menos éxitos en sus guerras en Occidente. Después de renunciar a pagar tributo a los califas fatimíes, envió una expedición a Sicilia bajo el mando de Nicetas (964—965), pero se vio obligado a abandonar totalmente la isla tras las derrotas en el mar y en tierra. En 967 hizo las paces con los musulmanes de Kairuán y se volvió contra el enemigo común de ambos, el Emperador del Sacro Imperio Romano Otón I, que había atacado las posesiones bizantinas en Italia; pero tras algunos éxitos iniciales, sus generales resultaron derrotados y recluidos a la costa meridional.

Guerra civil y decadencia[editar]

Aunque el ejército en general resultó victorioso en el campo de batalla, sus divisiones internas en torno a la cultura de sus componentes comenzaron a tener efectos negativos en la política interna fatimí. Tradicionalmente, el elemento bereber del ejército había disfrutado de la supremacía en los asuntos políticos del califato pero, según el elemento turco se hacia más poderoso, empezó a cuestionar esta situación; por añadidura, hacia el 1020 graves disturbios habían comenzado a estallar entre las tropas africanas negras, que se enfrentaban a una alianza bereber-turca en el seno de las fuerzas armadas fatimíes.

Entre 1065 y 1072, el hambre hizo su aparición en Egipto. Mientras tanto, en 1062 y otra vez en 1067, la lucha entre la tropa turca y sudanesa deterioró en guerra abierta, terminando en una victoria para los turcos y sus aliados bereberes. Los bereberes en Egipto deliberadamente agravaron los problemas del país, destruyendo los terraplenes y los canales, y buscando la manera de reducir las capitales y los distritos vecinos por el hambre. Makrizi ve en este incidente el principio de la crisis en Egipto, que él refiere por las denominaciones, el desorden (fitna), la guerra civil (al-shidda al-mashhura), la corrupción del estado (fasad ad-dawla) y los días de la calamidad y de la penuria (ayyam al-shidda wal ghala).

En el 1072, el califa fatimí Al-Mustansir, en un intento desesperado por salvar a Egipto, convocó al general Badr al-Jamali, que era en ese momento gobernador de Acre. Badr al-Jamali condujo a sus tropas a Egipto y fue capaz de reprimir con éxito a los diferentes grupos de los ejércitos rebeldes, en gran parte para purgar a los turcos en el proceso. Aunque el Califato se salvó de la destrucción inmediata, la larga década de rebelión devastó Egipto y nunca fue capaz de recuperar su antiguo poder. Como resultado, Badr al-Jamali también se hizo el visir del califa fatimí, convirtiéndose en uno de los primeros visires militares ("Amir al Juyush", en árabe: امير الجيوش, comandante de las fuerzas de los fatimíes) que dominarían más tarde la política fatimí. La mezquita Al-Jam`e Al-Juyushi (árabe: الجامع الجيوشي, La Mezquita de los Ejércitos), o Mezquita Juyushi, fue construida por Badr al-Jamali. La mezquita se completó en 478 H / 1085 dC, bajo el patrocinio del entonces califa e imán Ma'ad Al-Mustansir. Fue construida en un extremo de la Mokattam, asegurando una vista de la ciudad de El Cairo. Esta Mezquita/mashhad también era conocida como un monumento de la victoria que conmemora la restauración del visir Badr y el fin para el Imán Mustansir. Como los visires militares se convirtieron efectivamente en jefes de Estado, el propio califa se redujo al papel de una figura decorativa. El hijo de Badr al-Jamali, Al-Afdal Shahanshah, le sucedió en el poder como visir.

Después de que el califa Al-Mustansir muriera, la secta Nizari hace de su hijo Nizar su sucesor, mientras que otra rama ismailí conocida como el Mustaali (de quien finalmente desciende el Dawoodi Bohra), apoya a su otro hijo, al-Musta'li. La dinastía fatimí continuó con al-Musta'li tanto como Imán y Califa, y con la posición conjunta hasta el imán XX, Al-Amir Bi-Ahkamillah (1132 dC). A la muerte del imán Amir, una rama de la fe Mustaali afirmó que había transferido el Imanato a su hijo al-Tayyib Abi l-Qasim, que entonces tenía dos años de edad. Otra facción afirmó que Amir murió sin un heredero, y apoyo al primo de Amir al-Hafiz ya que él se proclamo legítimo califa e imán. La facción de al-Hafiz se convirtió en los ismaelitas Hafizi. Los partidarios de Tayyeb se convirtieron en los ismailí Tayyibi. La afirmación de Tayyeb al Imanato fue aceptada por la Hurratu l-Malika ("La Noble Reina") Arwa al-Sulayhi, la Reina de Yemen. Arwa fue designada hujjah (o, piadosa señora santa), el más alto rango en el Dawat yemení, por al-Mustansir en 1084. Bajo la reina Arwa, el Dai al-Balagh (intermediario entre el imán de El Cairo y la sede local) Lamak ibn Malik y luego Yahya ibn Lamak trabajaron por la causa de los fatimíes. Después de la reclusión del imán Taiyab Dai fue determinado cargo independiente por la reina Arwa, y fueron llamados Dai ​​al-Mutlaq. El Primer Dai Mutlaq fue Syedna Zoib, Dai común de todos los Taybians.

Decadencia y caída[editar]

Extensión del califato fatimí durante su periodo egipcio.

En el 1042, los bereberes ziríes (gobernadores del norte de África en el marco del gobierno de los fatimíes) abandonaron la confesión Chií y reconocieron al Califa Abasí de Bagdad, lo que llevó a que los fatimíes enviaran a los Banu Hilal a castigarlos. Después de aproximadamente 1060, los fatimíes mantenían la costa del Levante y partes de Siria, pero su dominio de esos territorios finalizo con las invasiones de los turcos selyúcidas en 1073 y los cruzados durante la Primera Cruzada en 1099, el territorio fatimí fue encogiéndose hasta que apenas lo componía Egipto. Los fatimíes perdieron gradualmente el Emirato de Sicilia treinta años después bajo el ítalo-normando Roger I, que tenía el control total de toda la isla en 1091.

La dependencia del sistema iqta también arruino a la autoridad central fatimí, a medida que más y más oficiales militares recibían tierras en los extremos más alejados del imperio y que se convirtieron en semiindependientes y eran a menudo una fuente de problemas.

Después de la decadencia del sistema político fatimí en la década de 1160, el gobernante zanguí Nur al-Din envió a su general Shirkuh a apoderarse de Egipto, objetivo que logró mediante el derrocamiento del visir Shawar en 1169. Shirkuh murió dos meses después de asumir el poder, y el Estado eligió sucesor a su sobrino, Saladino. Esto dio comienzo al Sultanato ayubí de Egipto y Siria.

Califas fatimíes[editar]

  1. Abdullah al-Mahdi Billah (909-934; fundador de la dinastía fatimí)
  2. Muhammad al-Qa'im Bi-Amrillah (934-946)
  3. Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah (946-952)
  4. Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah (952-975; Egipto es conquistado durante su reinado)
  5. Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah (975-996)
  6. Huséin al-Hakim Bi-Amrillah (996-1021)
  7. Ali az-Zahir (1021-1035)
  8. Ma'ad al-Mustansir Billah (1035-1094)
  9. al-Musta'li (1094-1101)
  10. al-Amir Bi-Ahkamillah (1101-1130)
  11. al-Hafiz (1130-1149)
  12. az-Zafir (1149-1154)
  13. al-Faiz (1154-1160)
  14. al-Adid (1160-1171)

Véase también[editar]

Notas[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d Esparza, José Javier (2015). «La fragmentación del califato». Historia de la yihad (La esfera de los libros): 181-182. ISBN 978-84-9060-364-2. 
  2. a b Lajo Pérez, Rosina (1990). Léxico de arte. Madrid - España: Akal. p. 80. ISBN 978-84-460-0924-5. 
  3. a b c Fierro, 2011, p. 95.
  4. a b c d e Fierro, 2011, p. 127.
  5. a b Fierro, 2011, p. 183.
  6. a b Fierro, 2011, p. 115.
  7. Fierro, 2011, p. 135.
  8. Fletcher, 1999, p. 71.
  9. Fierro, 2011, p. 21.
  10. a b c Fierro, 2011, p. 141.
  11. a b Fletcher, 1999, p. 72.
  12. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas gold84
  13. Cambridge History of Egypt, Vol. 1, pg. 155.
  14. Mahdia (en inglés)

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]