Batalla de Munda

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Batalla de Munda
Segunda Guerra Civil de la República de Roma
Caesar campaigns from Rome to Munda-fr.svg
Campaña de César hasta Munda.
Fecha 17 de marzo de 45 a. C.[1]
Lugar Ubicación discutida dentro de la Bética (en la actual España)
Resultado Victoria cesariana decisiva
Consecuencias César pacifica la Hispania Citerior, sobrevive una resistencia menor en la Ulterior al mando de Sexto Pompeyo.[2]
Beligerantes
Cesarianos
Reino de Mauritania
Pompeyanos
Celtíberos[3]
Figuras políticas
Cayo Julio César
Cayo Octavio Turino
Marco Vipsanio Agripa
Bogud de Mauritania
Quinto Fabio Máximo
Quinto Pedio
Tito Atio Labieno 
Cneo Pompeyo el Joven
Sexto Pompeyo
Publio Accio Varo 
Fuerzas en combate
Total: ~40.000[4] [5]
8 legiones romanas[4] [6]
8.000 jinetes[7] [6]
Total: ~70.000[4] [5] [2]
13 legiones romanas[4]
6.000 jinetes[4] [2]
6.000 auxiliares[4] [2]
Bajas
1.000 muertos y 5.000 heridos[4] 30.000[4] [5] -33.000[8] muertos (30.000 infantes y 3.000 jinetes)[9]
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La Batalla de Munda (17 de marzo de 45 a. C.) fue una victoria de los ejércitos de Julio César sobre los pompeyanos al mando de Tito Labieno y los hijos del difunto Pompeyo el Grande, Cneo y Sexto, en las llanuras cercanas a la antigua colonia romana inmune de Munda,[10] así como la última batalla de la Segunda Guerra Civil Romana.

Se trató de la más peligrosa y difícil de las batallas de César, según Apiano «se dice que César manifestó que siempre había luchado por la victoria, pero que en esta ocasión también había tenido que luchar por su vida».[6] El dictador presentó batalla en un terreno desfavorable en grado sumo, al tener que atravesar un torrente y subir a la elevada colina donde se había fortificado Pompeyo el Joven. Sin embargo, la ferocidad con la que combatió la Legio X Equestris (futura Gemina) evitó que los cesarianos fueran rodeados y permitió que desplegaran su caballería. Tito Labieno trasladó entonces sus tropas para interceptarlos, pero el movimiento fue interpretado por el resto de los pompeyanos como el inicio de la retirada, lo que precipitó el desastre.

Después de esta sangrienta victoria y la muerte de los líderes de la factio pompeyana, Tito Labieno, Publio Accio Varo y Cneo Pompeyo, César pudo regresar a Roma y ser investido con la dictadura perpetua.

Su posterior asesinato, menos de un año después de la batalla, inició el proceso que pondría en marcha la Tercera Guerra Civil y llevaría a su sobrino-nieto Cayo Julio César Octaviano a convertirse en el princeps, el primer emperador romano.

Antecedentes[editar]

Ubicación[editar]

Tradicionalmente los historiadores españoles y extranjeros habían venido ubicando esta ciudad y el escenario de la batalla, el Campus Mundensis de las crónicas antiguas[11] en muy diversos lugares,[12] entre los cuales gozaba de más favor la población malagueña de Monda (siguiendo la opinión de Ambrosio de Morales, Rodrigo Caro o Enrique Flórez), seguida por la de Montilla (defendida por el influyente Miguel Cortés y López y otros, además de por la lógica cercanía a las referenciadas Corduba/Córdoba y Obulco/Porcuna).[13] Aunque en 1861 los hermanos Oliver Hurtado razonaron mucho en favor de "Ronda la Vieja", cerca de Ronda, terminaron imponiéndose "Los Llanos de Vanda", cerca de la actual Montilla, a raíz de la terminante propuesta de 1887 del coronel Eugène Stoffel, colaborador de Napoléon III[14] que, tras ser apoyada con fuerza por Adolf Schulten en 1940,[15] no tuvo más discusión.

A ellas vinieron a sumarse dos nuevas propuestas de ubicación, en el "Cerro de La Atalaya" (1973)[16] y en el "Alto de las Camorras" (1984-1986),[17] ambas en el término de la moderna Osuna, a cinco kilómetros de distancia una de otra. También hay otro escenario que ha sido defendido como el sitio en el que se dio lugar esta batalla, en la loma en la que se encuentra el castillo de Alhonoz o Aljonoz, antigua fortaleza árabe situada en el término municipal de Herrera, entre las localidades de Herrera y Écija teniendo a sus pies el río Genil.

Todas ellas son localidades de la Bætica (Hispania), pero lo cierto es que no hay aún elementos convincentes para decidirse por alguna en concreto, pues todas tienen algo a favor y algo en contra, y ninguna cuenta con inscripciones geográficas probatorias. Incluso la ciudad podría estar en cualquier otro lugar bético en el ámbito de los cursos fluviales y las otras ciudades citadas por las fuentes en relación con la batalla, por lo que el problema de la ubicación de Munda permanece abierto.[18]

Preludio[editar]

La Hispania romana había quedado sometida al poder cesariano tras su victoria en Ilerda (2 de agosto de 49 a. C.).[19] César dejó como gobernador a Quinto Casio Longino, quien actuó de forma tan despótica que generó una revuelta en Corduba reprimida con dureza, pero a ésta le siguieron otras y cuando intentó escapar en noviembre-diciembre del 47 a. C. robando un gran tesoro público murió, posiblemente asesinado.[20] Esto condujo al colapso de la posición cesariana en la provincia[21] y las cuatro legiones dejadas para Longino se sublevaron.[19] Sin duda, el gobierno despótico y a la larga fracasado de Longino fue el factor clave para que la causa pompeyana volviera a tener apoyos en Hispania.[2]

Mientras tanto, César estaba ocupado sometiendo a sus enemigos internos y externos en el Mediterráneo Oriental. Cneo Pompeyo Magno era vencido en Farsalia,[22] el faraón Ptolomeo XIII a orillas del Nilo,[23] Farnaces II del Ponto en Zela[24] y Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón en Tapso.[6] Forzando a los últimos pompeyanos a buscar constantemente nuevos refugios, su mando estaba diezmado y en descomposición, sus restos combatían por supervivencia, honor y venganza más que por la República de Roma.[6]

Después de Tapso, conducidos por Tito Labieno, buscaron refugio en la Hispania Ulterior[25] brillante comandante de caballería que había servido a las órdenes de César en la Guerra de las Galias pero se enfrentó a él durante la guerra civil,[26] y los hijos de Pompeyo Magno, Cneo Pompeyo el Joven y Sexto Pompeyo. Estos dos últimos se habían reunido en las islas Baleares, conquistadas por el menor, Sexto, y de ahí pasaron a la península Ibérica donde lograron levantar un último gran ejército[25] aprovechando el motín de las legiones cesarianas.[6] Según los cronistas, sólo cuatro de las legiones pompeyanas tenían verdadero valor militar, las otras nueve eran formadas por tropas de segunda categoría a ojos romanos, auxiliares locales, destacando los celtiberos.[27] Apiano menciona que gran parte del ejército pompeyano se componía de libertos con años de entrenamiento en combate.[28] Probablemente no más de veinte mil serían ciudadanos romanos de la península, como mucho, el resto eran antiguos soldados pompeyanos, partidarios de Pompeyo, desertores cesarianos, esclavos fugitivos, veteranos auxiliares y civiles romanizados sin ciudadanía romana.[29] La mayoría de los reclutas procedían de la Bética y la Citerior.[30] También había gran número de celtíberos, tribus muy ligadas a Pompeyo.[3] La mayoría de los jinetes y auxiliares eran celtíberos, iberos y lusitanos con armamento ligero.[2] La mitad del ejército se concentraba en la Ulterior y Carthago Nova e incluía un pequeño contingente de númidas al mando del príncipe Arabión, hijo de Masinisa II.[31] Los lugartenientes de César en la península, Quinto Fabio Máximo y Quinto Pedio, se vieron rápidamente sobrepasados, pidiéndole ayuda a su comandante mientras ellos se atrincheraban en Obvulco u Obulco (Porcuna),[6] que salió de Roma el 5 de noviembre y llegó a Corduba el 2 de diciembre,[21] en menos de un mes había recorrido más de 2000 km, escribiendo un breve poema llamado Iter.[6]

Clave para el éxito de Cneo Pompeyo Menor fue el apoyo de las tribus locales. A lo largo de toda la guerra civil, tribus de Hispania habían combatido del lado de su padre. Posiblemente contó con la alianza de varios centros poblados, pero como no todos lo hicieron también debió encontrar resistencia.[32] Un contingente de Hispani combatió en un lugar tal alejado como Grecia, lo que demostraría la influencia política que Pompeyo Magno ejercía sobre ellos, capaz de aglutinar pueblos distintos y llevarlos a luchar muy lejos de sus hogares. Sin embargo, estos se agruparon en unidades romanas, lo que hace posible que en realidad fueran ciudadanos nacidos en la provincia o colonos recientemente instalados.[33] En la época, los colonos italianos (todos ciudadanos de Roma desde la Guerra Social, causada por el deseo de los itálicos de ser integrados con todos los derechos a la vida política de la floreciente República)[34] formaban las legiones reclutadas en las campañas, los extranjeros o habitantes locales de las zonas de conflicto se agrupaban en unidades auxiliares propias.[35] Los si sirvieron como auxiliares desde el primer momento fueron los Iberi, iberos, habitantes de la costa mediterránea.[36] Pero probablemente, los que más ayuda dieron a los pompeyanos fueron los Celtiberi o celtiberos[36] (las fuentes romanas probablemente incluyan a los carpetanos, oretanos y otros pueblos entre ellos), inicialmente por medio de levas forzadas y esporádicas, pero después con enrolamientos voluntarios y continuos ya que el servir en los ejércitos romanos era un modo de ganar status social (y de paso, atraía a otros pueblos a la causa pompeyana). Este clientelismo militar venía desde los tiempos de las Guerras Sertorianas, donde todos los romanos reclutaron numerosos auxiliares celtíberos. Esto no significa que se sintieran identificados con alguno de los partidos, el sentido político de la guerra civil era necesariamente exclusivo para los ciudadanos romanos.[27] Además, estaban los Lusitani o lusitanos, que lucharon también en la campaña del 49 a. C. contra César y enfrentándolo nuevamente en Munda, Carteia e Hispalis, llegando a dar muerte al comandante de la flota cesariana en Gades, legado Gayo Didio.[37] Quizás fueran motivados a sumarse a luchar viendo los beneficios que sus vecinos celtiberos ganaban sirviendo a Pompeyo,[27] porque durante las luchas sertorianas no establecieron contacto con dicho general, sino con su compañero Quinto Cecilio Metelo Pío, quien ganó su lealtad tras vencerlos en el campo de batalla.[32] Por último, las tribus del norte y oeste de la península se sumaron a los pompeyanos por anticesarianos y oportunismo, especialmente cántabros y vacceos.[32]

Llevó consigo ocho legiones y 8000 soldados de caballería,[6] incluyendo legiones veteranas de demostrada capacidad desde la Guerra de las Galias: Legio V Alaudæ, la VI Ferrata y la Legio X Equestris, y otras más modernas como la III Gallica y la XIII –luego Gemina–. A pesar de ello, también hubo de recurrir al reclutamiento local.

El ejército pompeyano había ocupado Corduba, por lo que César se movió para bloquearla. Cneo estaba en la ciudad y debió pedir a su hermano Sexto traer tropas, empezaron las escaramuzas y César rápidamente aseguro sus suministros tomando Ategua el 19 de febrero.[6] Cneo se retiró hacia el sur y César lo persiguió al oppidum de Munda, montando cada uno sus campamentos el 16 de marzo.[6] Cneo había cometido el mismo error que todos los que habían enfrentado a César. El conquistador de la Galia sufría de los mismos problemas que todo militar de su tiempo, la ineficacia de las líneas de suministros le obligaba a depender por entero de los recursos que tuviera en esos momentos la comarca donde realizaba la campaña, siendo muy exitoso pues era muy buen improvisador. Sin embargo, esto le hacía vulnerable a las tácticas fabianas.[38] Durante toda la guerra civil sus enemigos tenían superioridad numérica terrestre y naval, control de reductos fortificados, provisiones y el territorio, pero ninguno intento atacar la logística de la que dependía César. Nunca recurrieron a la tierra quemada, hostigar a sus forrajeadores o cortar sus rutas de comunicación, todos le dieron la batalla campal decisiva que él buscaba.[38]

La batalla[editar]

Los dos ejércitos se enfrentaron en las llanuras de Munda, en la Bætica. El ejército pompeyano estaba acampado en una colina suave, una posición desfavorable para el ataque de César. Permanecieron a la vista varios días hasta el 17 de marzo, día en el que César inició la batalla.

La batalla duró un tiempo sin ventaja aparente para ningún lado, viéndose forzados los generales a dejar sus posiciones de mando y a unirse a la misma a fin de levantar la moral. César tomó el mando del ala derecha, donde la Legio X Equestris peleaba duramente. Su presencia elevó la moral de la X y empezó a avanzar. Dándose cuenta de la maniobra, Cneo Pompeyo desplazó una legión de su ala derecha para reforzar la izquierda, lo que constituyó un error fatal, ya que el ataque de la Legio X Equestris no era más que una treta.

Tan pronto el flanco derecho de Pompeyo fue debilitado, la caballería de César lanzó un ataque por dicho flanco que cambiaría el desenlace de la batalla. Al mismo tiempo, el rey Bogud de Mauretania, aliado de César, atacó el campamento de Pompeyo desde la retaguardia. Tito Labieno, comandante de la caballería pompeyana, se dio cuenta del ataque y se desplazó al campamento para responder. No obstante, los legionarios pompeyanos, sometidos al fuerte ataque de la X Equestris por el flanco izquierdo, y de la caballería por el derecho, creyeron que Labieno se retiraba. Temiendo lo peor, los legionarios rompieron el frente y huyeron.

Muchos soldados pompeyanos murieron durante la retirada. Otros murieron defendiendo la ciudad de Munda. Atio Varo y Tito Labieno murieron, pero Sexto y Gneo Pompeyo alcanzaron la ciudad de Corduba, donde se refugiaron.

Consecuencias[editar]

Las cabezas de Publio Accio Varo y Tito Atio Labieno, todas las águilas de las legiones pompeyanas y las armas que había dejado atrás los vencidos para huir más deprisa fueron presentadas al general victorioso.[39] Muchos de los vencidos buscaron refugio en la ciudadela pero César ordenó bloquear con estacas atravesadas a los cuerpos de los muertos toda posible ruta de escapatoria,[40] luego fue tarea de Máximo conquistarla, al igual que la vecina Urso.[39] Nueve de las trece legiones, con todos los auxiliares sobrevivientes, huyeron hacia la actual Córdoba.[41]

Pacificación de la provincia[editar]

El general victorioso regresó a Corduba el 18 de marzo, lugar donde se había refugiado Sexto; los defensores, al ver la afluencia de recién llegados y temerosos que estos habitantes se unieran a César, prendieron fuego a la urbe.[42] Se sabe que también hubo combates entre distintas facciones por el control de la misma.[43] Cuando llegó la ciudad era un montón de ruinas y fue incapaz de contener a sus soldados, que furiosos por no encontrar nada masacraron a 22.000 «ciudadanos de todas las edades».[44] Los vencedores exigieron que los sobrevivientes fueran subastados como esclavos, César no pudo contener a sus tropas en ningún momento, ni en la masacre ni la subasta.[42] Otros lograron escapar, dispersándose por los alrededores.[45] Las ciudades de Híspalis, Hasta, Carteya y Gades fueron sometidas por la fuerza, exigiendo duros rescates a todos aquellos que estuvieron involucrados en la sublevación, en esa última ciudad se le presentó la cabeza de su último enemigo de peso.[42]

Pompeyo el Joven buscó huir con su flota desde Carteia pero Cayo Didio salió de Gades y hundió sus galeras, obligándolo a regresar al interior de la provincia, donde fue traicionado y entregado por indígenas a los que había pedido protección en una caverna cerca de Lauro,[39] y acabó siendo ejecutado por Lucio Cesennio Lento. Su cabeza fue llevada a Gades ante César[42] y expuesta en la actual Sevilla el 12 de abril.[46] Hispania quedaba sometida, aunque Sexto lograba escapar y buscaba venganza, César decidió volver a Italia en la segunda mitad de julio, llegando en septiembre a Roma y celebrando su quinto y último triunfo.[47] Anteriormente había humillado en paseos triunfales al caudillo galo Vercingétorix, los númidas de Juba I, la princesa egipcia Arsínoe IV y los pónticos de Farnaces II, pero por respeto no había hecho mención de Pompeyo Magno, Catón el Joven o su victoria en Farsalia, sin embargo, esta vez no dudaría en exhibir su poder y gloria en su última victoria.[48] En junio se reunió con Octavio en Calpia, cerca del actual Alicante, volvería con él a Roma.[49] El 15 de septiembre, en la villa de Lavico, César cambiaría secretamente su testamento, adoptaría a su sobrino-nieto y le haría heredero de todos sus bienes.[50]

Después de la batalla, César procedió, tras un célebre discurso recriminatorio en Híspalis (mes de abril),[51] a "castigar" a las ciudades filopompeyanas, convirtiéndolas en Municipium Civium Romanorum, y a recompensar a las pocas que le habían sido fieles con el estatuto de Coloniæ Civium Romanorum, según reciente nueva traducción y reinterpretación del famoso pasaje de Dión Casio, Historia Romana, libro XLIII, 39, 5.[52] [53]

Resistencia de Sexto Pompeyo[editar]

Con la campaña finalizada, la Hispania Citerior quedaba sometida[2] y César se preparaba a volver a Italia, dejando a Gayo Carrinas como gobernador de la Ulterior, donde subsistía una débil resistencia.[2] Por su parte, Sexto acababa de escapar de Córdoba para refugiarse entre los lacetanos o Lacetani, que dieron su protección por respeto a su difunto padre.[54] Gracias a su apoyo, Sexto recluto un poderoso contingente de indígenas, aprovechando que César acababa de llevarse al grueso de su ejército con él.[55] La región estaba azolada por partidas de facciosos y bandoleros, quienes contaban con una geografía ventajosa para sus actividades, dificultando el intento de las autoridades de controlarlos.[56] La lealtad de los celtíberos al nombre de Pompeyo Magno quedaría manifestada una última vez, cuando Sexto se refugie entre ellos tras la derrota y gane su apoyo por su apellido.[37] Las fuentes mencionan también a los lacetanos como otra tribu entre la que se refugió Sexto tras huir de Corduba, quedando sujetos a su persona por la vieja relación de clientelismo que tenían con su padre.[37] Los lusitanos serían otros de los muchos que se sumaron para enfrentar al cesariano Longino.[32] Sin muchos problemas, venció a las escasas fuerzas de Carrinas y conquisto toda la Lusitania, invadiendo la Bética.[57] Fue entonces que se enfrentó al sucesor de Carrinas, Cayo Asinio Polión,[58] quien contaba con dos legiones veteranas más una de reclutas hispanos[59] y había llegado a inicios del 44 a. C. a Hispania.[58] Sin embargo, Sexto tenía siete legiones,[60] apoderándose de ciudades, aumentando sus fuerzas y debilitando la posición del gobernador cesariano. Sintiéndose seguro, Sexto avanzó sobre Carthago Nova,[61] importante ciudad de la Citerior, aprovechándose que Marco Emilio Lépido, quien había sido nombrado gobernador de esa provincia y la Galia Transalpina, estaba ausente.[59]

Sexto invadía la Citerior pero desguarnecía la Bética, lo que Polión aprovecho para atacar pequeños contingentes y ciudades pompeyanas. Sexto debió volver a la Ulterior,[62] aparentemente ya había conquistado Carthago Nova y establecido ahí su campamento general. Ambos ejércitos se encontraron en algún no determinado, posiblemente en el valle del Guadalquivir.[59] En el curso del combate, los cesarianos creyeron que Polión había muerto y se rindieron en masa,[63] dándole a Sexto la victoria y el control de toda la provincia.[64]

Posteriormente, Lépido saldrá de Roma en abril o mayo del 44 a. C., llegará a Hispania en junio y ofrecerá una amnistía a Sexto para volver a Roma y reclamar la herencia de su padre.[64] Confiando en la debilidad de las autoridades sucesoras de César, Sexto exigió una indemnización de cincuenta millones de dracmas y un mandato proconsular sobre los océanos.[65] Finalmente, aceptó y de esa manera salió de Hispania, no por las armas sino por negociación, lo que prueba la fortaleza de su posición, en especial, en la Bética.[66] Estas negociaciones se vieron facilitadas por el resurgimiento de los pompeyanos, que veían en Sexto a un héroe. El rebelde aceptó y en agosto o septiembre salió con rumbo de Massilia acompañado de una poderosa flota y un numeroso ejército,[67] quizás de seis mil hombres,[65] que le servirían para comenzar la revuelta siciliana.[68]

Contaba con un fuerte apoyo en esa ciudad, su padre le había dado grandes beneficios;[69] en cambio, César la había privado de sus antiguos derechos, armas, máquinas de guerra, barcos y tesoros por su apoyo a los pompeyanos, aunque no fue arrasada por la clementia del dictador[70] (curiosamente, durante la Guerra de las Galias César fue un verdadero caudillo, como tantos otros, con un ejército profesional y pagado leal sólo a él[71] que se había mostrado absolutamente despiadado y en la guerra civil siguió una política de «perdonar y olvidar»).[72] Posteriormente, tras la muerte de César, Massilia pidió a sus sucesores la restitución de sus derechos,[70] especialmente recuperar su posición de privilegio entre el comercio entre las Galias e Italia, mientras Sexto veía a sus habitantes como posibles aliados y aguardaba como se desarrollaban los acontecimientos en Roma antes de intervenir. Ambos se verían frustrados por el ascenso de Cayo Octavio Turino durante el 43 a. C.[69]

Retorno a Roma[editar]

Con esta victoria e Hispania pacificada, César no tuvo mayor oposición.[73] Marchó a Roma donde asumió el cargo de dictador, pero fue asesinado el 15 de marzo del año siguiente por los senadores conservadores romanos de la generación más joven, liderados por Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino. Por aquella época, la facción optimate carecía prácticamente de apoyos, fuera de la citada resistencia de Sexto y, uno a uno, los herederos políticos de César fueron exterminando también a sus asesinos y con ellos a casi todo el partido optimate; Sexto fue también finalmente capturado y ejecutado en el año 35 a. C., en Mileto.

Octavio terminaría la obra de su tío eliminando uno por uno a todos sus rivales y convirtiendo la República en un Principado en el 27 a. C.[74]

Referencias[editar]

  1. Rendu, Victor (1840). Leçons espagnoles de littérature et de morale précédés d'une noticie sur la litterature castillane. París: Librairie Europeenne, pp. 38.

    Dióse esta batalla á los diez y siete de marzo, día en que Roma celebraba las fiestas del dios Baco. (...)

  2. a b c d e f g h Amela Valverde, 2002: 1897. Cincuenta a sesenta mil pompeyanos según estimaciones modernas.
  3. a b Amela Valverde, 2002: 1778; 1792
  4. a b c d e f g h Tucker, 2009: 128
  5. a b c Marin, Pamela (2009). Blood in the Forum: The Struggle for the Roman Republic. A&C Black, pp. 162. ISBN 9781847251671.
  6. a b c d e f g h i j k Sheppard, 2009: 89
  7. Fields, 2008: 161
  8. Gabriel, 2002: 18
  9. Beltrán Fortes, 2010: 238
  10. ...huius conventus [scil., Astigitani] sunt reliquae coloniae inmunes... inter quae fuit Munda, cum Pompeio filio rapta.

    Plinio, Nat. Hist. III, 11.
  11. Véase el interesante apéndice con la relación de textos antiguos que se refieren a esta campaña, ordenados por localidades, la bibliografía esencial y los principales lugares donde se ha ubicado Munda (hasta 1973) en el artículo de C. Pemán, “Nuevo ensayo de interpretación de la topografía del «Bellum Hispaniense»”, de 1973, publicado póstumamente en Anejos de Gerión I, 1988, pp. 35-80[1].
  12. Todas las opciones desde el siglo XIII hasta 1861 en el Apéndice III de la Memoria de los Hermanos Oliver Hurtado
  13. Véase portal sobre la ciudad de Obulco en Obvlco.org.
  14. A. Blanco Freijeiro, “La Munda del coronel Stoffel”, anexo a Ategua, Noticiario Arqueológico Hispánico nº 15, 1983, pp. 130-132
  15. "Die Schlacht bei Munda" en Deutsche Zeitschrift für Spanien, 27 de oct. y 10 de nov. de 1923 (traducción española en el Boletín de la Academia de Ciencias, Letras y Artes de Córdoba, 1924), y por último en Fontes Hispaniae Antiquae (FHA), tomo V: Las guerras del 72-19 a C., Barcelona, 1940, pp. 136 y ss.
  16. R. Corzo Sánchez, "Munda y las vías de comunicación en el Bellum Hispaniense", Habis, 4, 1973, pp. 241-252.
  17. V. Durán Recio y M. Ferreiro López, "Acerca del lugar donde se dio la batalla de Munda", Habis, 15, 1984, pp. 229-235 y, M. Ferreiro López, "Acerca del emplazamiento de la antigua ciudad de Cárruca", Habis, 17, 1986, pp. 265-270.
  18. B. Segura Ramos, “Munda”, Faventia 25/1, 2003, pp. 179-183
  19. a b Sheppard, 2009: 36
  20. Sheppard, 2009: 36, 87
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  27. a b c Amela Valverde, 2002: 1791
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  42. a b c d Carcopino, 2004: 518
  43. González de la Llana, 1867: 15
  44. Carcopino, 2004: 518; Madoz, 1847: 647
  45. Madoz, 1847: 647
  46. Sheppard, 2009: 90
  47. Carcopino, 2004: 518; Sheppard, 2009: 90
  48. Carcopino, 2004: 518-519
  49. Novillo, 2011: 193
  50. Novillo, 2011: 181, 264
  51. Novillo, 2011: 264
  52. Alicia M. Canto, Algo más sobre Marcelo, Corduba y las colonias romanas del año 45 a. C., Gerión 15, 1997, págs. 253-282, espec. 276 y ss., en [2]. Esta interpretación de las colonias cesarianas como no "privilegiadas", sino todo lo contrario, ha sido ya aceptada por diversos autores (aunque no todos identifican su origen, vid. por ejemplo éste).
  53. Amela Valverde, 2002: 1928
  54. Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 10, 1.
  55. Casio Dión. Historia Romana. Libro XLIII, 10, 2.
  56. Amela Valverde, Luis (2001). “C. Asinio Polión en Hispania”. Iberia. Revista de Antigüedad . Vol. 4, pp. 90. Universidad de La Rioja. ISSN 1575-0221.
  57. Alcalá Galiano, Antonio (1844). Historia de España desde los tiempos primitivos hasta la mayoría de la Reina doña Isabel II. Tomo I. Madrid: Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipográfica, pp. 48.
  58. a b Amela, 2001: 87
  59. a b c Amela, 2001: 88
  60. Marco Tulio Cicerón. Cartas a Atico. Libro XLI, 4, 2.
  61. Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 10, 3.
  62. Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 10, 4.
  63. Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 10, 5
  64. a b Dion Casio. Historia Romana. Libro XLIII, 10, 6.
  65. a b Duruy, Victor & ‎Sir John Pentland Mahaffy (1884). History of Rome and the Roman People: From Its Origin to the Establishment of the Christian Empire. Volumen 3. Número 2. Kelly & Company, pp. 421.
  66. Amela, 2001: 89
  67. Apiano. Historia Romana. Las guerras civiles de los romanos. Libro IV, 84.
  68. Amela, 2001: 90
  69. a b Amela Valverde, Luis (2011). “Sobre unos bronces massaliotas y su relación con Sexto Pompeyo”. Acta Numismática, no. 41, pp. 94. Societat Catalana d’Estudis Numismàtics.
  70. a b Amela, 2011: 93
  71. Sheppard, 2009: 9
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Bibliografía[editar]

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