Batalla de Ilerda

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Batalla de Ilerda
Segunda Gran Guerra Civil Romana
Mondo romano nel 56 aC al tempo del primo triumvirato.png
Mundo romano en el 56 a. C., repartición del Convenio de Lucca. Las provincias de Hispania Citerior y Ulterior y África para Cneo Pompeyo Magno, Siria para Marco Licinio Craso e Ilírico y las Galias Cisalpina y Narbonense para Cayo Julio César. Gracias a su carrera militar, Pompeyo contaba con aliados en Hispania, Massilia, Numidia, los Balcanes y Asia Menor y el apoyo de Berebistas. En cambio, César contaba con sus provincias, la recién conquistada Galia Comata y la fácilmente ocupada Italia.
Fecha Operaciones: desde el 20 de junio
Asedio final: 30 de julio-2 de agosto de 49 a. C.[1]
Lugar Ilerda y zonas colindantes, Hispania
Coordenadas 41°22′00″N 0°30′00″O / 41.36666667, -0.5Coordenadas: 41°22′00″N 0°30′00″O / 41.36666667, -0.5
Resultado Victoria cesariana
Beligerantes
Cesarianos Pompeyanos
Comandantes
Cayo Julio César
Lucio Munacio Planco
Cayo Fabio
Lucio Afranio Rendición
Marco Petreyo Rendición
Fuerzas en combate
Según César:
6 legiones romanas (24 000 hombres), 6000 auxiliares de infantería, 3000 jinetes, 2000 aliados de Aquitania y los Pirineos[2] y 900 jinetes de la escolta de César[3]
Según Bunson:
25 000 legionarios y 12 000 auxiliares[4]
Según Bennett:
35 000-40 000 hombres (6 legiones y 7000 jinetes)[5]
Según César:
5 legiones (20 000 hombres), 30 cohortes (12 000 auxiliares) y 5000 jinetes[6]
Según Cawthorne:
30 000 legionarios y 5000 jinetes[7]
Según Bennett:
35 000-40 000 hombres (7 legiones, auxiliares y 5000 jinetes)[8]
Bajas
Relativamente pocas Todo el ejército se rinde al final de la campaña
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La batalla de Ilerda fue un enfrentamiento militar librado durante la Segunda Guerra Civil de la República de Roma en el verano del año 49 a. C.; primero en Ilerda, la actual Lérida, y luego al sur; entre los ejércitos de Cayo Julio César y los lugartenientes de Cneo Pompeyo Magno en Hispania.

Antecedentes[editar]

Tras las victorias del procónsul Cayo Julio César en la Guerra de las Galias, el Senado romano temía a su poder y busco la protección del cónsul Cneo Pompeyo Magno asegurando que solo se eligieran cónsules adeptos a Pompeyo. Por su parte, César ambicionaba obtener el consultado del año 49 a. C., pero eso exigía volver a Roma y ser vulnerable a ser juzgado y condenado jurídicamente por sus enemigos. La postura de Pompeyo sobre la situación de César, cuyos poderes e inmunidad jurídica expiraban el 1 de marzo del 50 a. C., quedó clara en una reunión con Quinto Cecilio Metelo Escipión el 29 de septiembre, no se podía actuar contra él hasta la expiración.[9]

César cruza el Rubicón.

Por eso, llevó en el 50 a. C. una solicitud para ser elegido cónsul in absentia, medida que ya se le había negado en el 61 a. C. Sin embargo, pudo comprar las elecciones de tribuno de la plebe para que se nombrara a sus partidario Gayo Escribonio Curión. Estos propusieron que tanto César como Pompeyo disolvieran sus ejércitos para finales de ese año, pero el Senado prefirió ordenar a César que cediera una de sus legiones para una expedición que se preparaba contra el Imperio parto, además de elegir a dos acérrimos enemigos del procónsul, Lucio Cornelio Léntulo Crus y Cayo Claudio Marcelo, como cónsules para el año 49 a. C. Entonces César avanzó a Rávena y ordenó a los tribunos presentar una nueva propuesta, si le dejaban seguir siendo procónsul y poder ser candidato in absentia para el año 48 a. C., él licenciaría su ejército con excepción de dos legiones. La propuesta se presentó el 1 de diciembre pareció aceptable a Marco Tulio Cicerón pero Marco Porcio Catón y sus partidarios se negaron a aceptar, el cónsul Marcelo salió del Senado gritando que de aceptar se ganarían al procónsul como dueño; Marcelo fue a la villa de Pompeyo para tenderle su espada y pedirle defender la república.[10] Los senadores exigieron a César la disolución completa de sus legiones antes de acabar el 50 a. C. y regresar a Roma como un ciudadano más bajo el riesgo de ser nombrado publicus hostis. El 25 de diciembre Cicerón se reunió con Pompeyo en su villa y al darse cuenta que el general estaba decidido a combatir a César decidió unirse a la causa de Catón.[11]

El 1 de enero del 49 a. C., César ordena a Curión entregar un ultimátum a los cónsules. La carta fue leída ante el Senado al día siguiente; la mayoría era anti-cesariana y en que destacaba el suegro de Pompeyo, Metelo.[12] [13] En esa sesión solamente los senadores Marco Calidio y Marco Celio Rufo hablaron a favor de César, alegando que para mantener la paz Pompeyo debía renunciar a su mando en sus provincias y que el procónsul temía que se usaran las dos legiones que ya había entregado para la campaña contra los partos, la I y la XV, en su contra. El cónsul Léntulo intervino y los hizo callar.

Así Marcelo, aterrado con los baldones, abandonó su parecer, y así violentados los más por la destemplanza del cónsul, terror del ejército presente, y amenazas de los amigos de Pompeyo, siguen mal de su grado la sentencia de Escipión: «que dentro de cierto término deje César el ejército; donde no, se le declare por enemigo de la República».[14]

El 5 de enero vuelven a reunirse los senadores, donde hay un debate sin frutos. El 7 de enero el Senado envió su propio ultimátum a César exigiendo disolver sus tropas antes del 1 de enero. La propuesta fue bloqueada por los nuevos tribunos Marco Antonio y Quinto Casio Longino, pero cuando sus amigos les informaron que no era seguro seguir en la ciudad por los soldados y partidarios de Pompeyo merodeando, ambos tribunos no asistieron a la sesión del Senado y con Curión huyeron a Rávena esa noche disfrazados como esclavos. En su ausencia el Senado aprueba la Senatus consultum ultimatum, César estaba fuera de la ley y era legal matarlo sin juicio. Ese mismo día las noticias de la ley llegaban a oídos de César.[15] [16]

Durante los días siguientes, numerosos senadores se reunieron con Pompeyo a las afueras de Roma, informándole de las fuerzas a su disposición, unas diez legiones. De inmediato el Senado ordenó hacer levas en toda la península itálica.[17] También se envió a Escipión para Siria y a Lucio Domicio Enobarbo para la Galia Cisalpina a reclutar ciudadanos romanos. Las medidas fueron efectuadas sin la aprobación legal del pueblo romano; mientras los cónsules abandonaban la ciudad, se ordenaba tomar las armas y dinero que había en los templos y edificios públicos para el esfuerzo bélico.[18]

Cuando César se enteró, arengó a sus tropas (adlocutio) diciéndoles que era un proscrito por deseo de sus enemigos, que Pompeyo había sido engañado y que el derecho de veto de los tributos había sido violado por las armas. Instó a aquel ejército, que le había servido por nueve años de guerra hasta desarrollar una lealtad fanática a su persona, a defenderlo.[19]

Por tanto, los exhorta a defender el crédito y el honor de su general, bajo cuya conducta por nueve años han felicísimamente servido a la República, ganado muchísimas batallas, pacificado toda la Galia y la Germania. Los soldados de la legión decimotercia, que se hallaban presentes (que a ésta llamó luego al principio de la revuelta, no habiéndose todavía juntado las otras), todos a una voz responden estar prontos a vengar las injurias de su general y de los tribunos del pueblo.[20]

Tras obtener el apoyo de su ejército, César partió de Ariminum con la Legio XIII, cruzando en la noche del 11 de enero el río Rubicón.[21] Cruzando la frontera de Italia se convirtió en proscrito oficialmente, enemigo de la res publica.

Era una sinrazón manifiesta pretender que César saliese de Rimini y volviese a su provincia, mientras él mismo retenía las provincias y legiones ajenas; querer que César licenciase sus tropas, y hacer él reclutas; prometer de ir a su gobierno, y no determinar plazo de la ida; de modo que pudiera muy bien Pompeyo mantenerse quieto en Italia, aun pasado el consulado de César, sin faltar a su palabra o sin incurrir la nota de pérfido. Sobre todo el no dar tiempo para las vistas, ni haberlas querido aceptar cerraba la puerta a toda esperanza de paz. Por tanto, destaca desde Rimini a Marco Antonio con cinco cohortes a la ciudad de Arezo; él se queda en Rimini con dos, y allí empezó a hacer levas. Guarnece a Pésaro, Fano y Ancona con cada cohorte.[22]

Su avance fue fulminante a causa del pánico. Léntulo escapo de Roma tras retirar el tesoro público (Aerarium Sanctius) para entregarlo a Pompeyo según un decreto del Senado. Marcelo y la mayoría de los magistrados huyeron. Pompeyo estaba en Apulia, en sus cuarteles de invierno (hiberna), con las dos legiones entregadas por César.[23]

Muchas ciudades se rindieron ante el procónsul, solo Corfinio le ofreció una breve resistencia.[24] Las tropas que capitularon fueron sumadas al ejército de César. Poco después asediaba Brindisi, donde estaba Pompeyo, pero este último pudo escapar a Epiro gracias a su flota.[25]

César creía que era más ventajoso seguir a su rival por mar antes que concentrara sus ejércitos de Macedonia y Oriente, alrededor de cien mil hombres,[26] pero Pompeyo había requisado todos los barcos de la zona, impidiéndole actuar de inmediato. Debía esperar que se reunieran sus barcos, que estaban en las costas galas, el Piceno y el estrecho de Mesina, pero eso tomaría mucho tiempo. César decidió aprovechar ese lapso para acabar con las poderosas fuerzas que los pompeyanos tenían en Hispania, especialmente la Citerior, lugar donde su rival tenía muchos aliados y recursos desde la Guerra Sertoriana y que amenazaban con invadir la Galia e Italia por el oeste.[27]

Casus belli[editar]

Busto de Julio César.

Entró en Roma el 1 de abril después años de ausencia.[28] Tomó posesión de las riquezas en las arcas fiscales, y tras pasar una semana salió a Hispania, región asignada a Pompeyo en el Convenio de Lucca. En la capital de la república, César reúne a los senadores restantes y hace recordar los agravios que sufrió.[29]

Convocado el Senado, cuenta los desafueros de sus enemigos; hace ver cómo no había él pretendido dignidad alguna extraordinaria, sino que esperando el plazo legal para pretender el consulado, se había contentado con lo que a ningún ciudadano se niega; que a pesar de las contradicciones de sus enemigos y de la oposición porfiadísima de Catón (que con sus prolijos razonamientos, como lo tenía de costumbre, tiraba a entretener el asunto), los diez tribunos decretaron se contase con él en su ausencia, siendo cónsul el mismo Pompeyo; (...).[30]

Recordó que los Patres habían puesto a Pompeyo en su contra, amenazando su carrera y su vida y negándose a llegar a un acuerdo. También acusó que se habían limitado ilegalmente los poderes de los tribunos de la plebe. Finalmente, él enumeró las numerosas propuestas de solución pacífica, ninguna de las cuales fue escuchada. Después pidió el gobierno de la república y anunció que enviaría embajadores para tratar con Pompeyo.[31]

Los senadores aprobaron el enviar embajadores, pero no había voluntarios, pues todos temían lo que había dicho Pompeyo.[32]

El Senado aprueba el que se envíen diputados, mas no se hallaba quién fuese, y el motivo principal de rehusar esta comisión era el miedo; porque Pompeyo, al despedirse de Roma, había dicho en el Senado: «que a lo que se quedasen en Roma los miraría como a los que siguiesen a César». Así se gastan tres días inútilmente. Tras esto sobornan los enemigos de César al tribuno Lucio Mételo para que vaya dilatando la conclusión del negocio y ponga embarazos a todas las demás cosas que había propuesto de hacer. Descubierta por César esta trama, malogrados ya varios días, por no perder más tiempo, sale de Roma sin haber hecho nada de lo que tenía deliberado ejecutar y entra en la Galia Ulterior.[33]

Para no perder más tiempo, César abandona Roma y llega a la Galia pocos días después.[34] Entre tanto, dejaba a Marco Emilio Lépido como prefecto en la capital y a Marco Antonio al mando en el resto de la península itálica.[35] César se entera que Lucio Vibullio Rufo había sido enviado por Pompeyo a Hispania, mientras Enobarbo ocupaba Massilia con siete barcos comprados en la isla de Giglio y Cosa. Lo había precedido un joven noble local, que como embajador pompeyano, había salido de Roma poco antes de su abandono por Pompeyo.[36]

Campaña de Roma a Massalia.

Los habitantes de Massilia cerraron las puertas a César y pidieron ayuda a los albici, tribu bárbara que vivía en las montañas al nordeste de la ciudad, que eran desde hace mucho sus protectores. Acumularon todo el trigo que pudieron de las regiones vecinas, organizaron fábricas de armas en la urbe y repararon las murallas, puertas y la flota. Estaban listos para aguantar un largo asedio.[37] César envió quince embajadores para recordarles que había conquistado toda Italia con facilidad y no deseaba hacerles la guerra.[38] Fue durante esas negociaciones que llegó Enobarbo con su flotilla. Bien recibido por los locales, fácilmente se hizo con el gobierno de la ciudad. Su primera orden fue enviar la flotilla en todas direcciones para capturar todos los buques de carga disponibles, algunos de estos son desguazados para reparar otros navíos y otros mercantes son armados. Se organiza las reservas de trigo y demás materias primas para soportar el asedio. César respondió trayendo tres legiones en las cercanías e iniciando un asedio. También estableció en Arelate la construcción de doce buques de guerra, que fueron acabados en treinta días y cuyo mando se confió a Décimo Junio Bruto Albino. Las legiones quedaron a las órdenes del legado Gayo Trebonio.[39] El 5 de junio partía a Hispania.[40]

Fuerzas en combate[editar]

Pompeyanos[editar]

Hispania estaba bajo el dominio de tres ejércitos pompeyanos a las órdenes de Lucio Afranio, Marco Petreyo y Marco Terencio Varrón. El primero ocupaba con tres legiones la Citerior, el segundo tenía dos legiones en la Ulterior, entre el paso Cástulo y el río Anas, y el tercero otras dos en tierras de los vetones, cruzando el Anas, en la Lusitania.[41] ?[42] En la zona septentrional de la península ibérica estaban estacionados alrededor de 65.000 legionarios y auxiliares pompeyanos, mientras que otros 45.000 guarnecían el resto de la península.[43] Afranio y Petreyo empezaron a unir sus fuerzas mientras Varrón permaneció como retaguardia en la Ulterior. El primero se dedico a congregar a todos los auxiliares y jinetes que podía desde la Lusitania, mientras el segundo hacía lo mismo pero con celtiberos, cántabros y tribus del litoral. Decidieron que debían confluir en Ilerda, ciudad de gran importancia estratégica por su ubicación.[44] Sumaban cinco legiones más una treintena de cohortes provenientes de la Citerior y armadas con scutum y auxiliares con caetra. Contaban con más de cinco mil jinetes[45] y hasta 18.000 auxiliares.[46]

Como corrió el rumor que Pompeyo pensaba en pasar por la Mauritania con las legiones a España y que muy en breve vendría, tomó dinero prestado de los tribunos y centuriones y distribuyólo a los soldados. Con lo cual logró dos cosas: el empeñar en su partida a los oficiales con el empréstito, y el ganar las voluntades de los soldados con el donativo. 19 [47]

Cesarianos[editar]

Al comenzar la guerra César contaba con unos 60.000 soldados, entre sus ocho legiones veteranas y los auxiliares.[48] César dice que Cayo Fabio llegó a Hispania con tres legiones (VII, IX, XI) antes que él. Fabio se encontraba en el Narbo Martius, cerca de Narbona, y recibió la orden de ocupar los pasos de los Pirineos, lo que hizo sin dificultad. Después César envió mensajeros para que otras legiones (VI, X y XIX), ubicadas entre la Galia Comata y Matisco, se unieran en la campaña.[49] [50]

Contaban con cerca de tres mil auxiliares de caballería y el doble en infantería, muchos de ellos habían servido en campañas anteriores en la Galia. Por último, llegaron de la Galia Aquitania y regiones pirénaicas otros dos mil aliados.[51]

Campaña entre Massilia y Ilerda.

La campaña militar[editar]

Primeros enfrentamientos[editar]

Operaciones de Fabio y Planco contra los pompeyanos.

Fabio expulso a las guarniciones de Afranio de los pasos pirenaicos,[52] envió mensajeros para ganar el apoyo de las tribus de la región y realizó varias incursiones en busca de alimentos, enfrentándose a la caballería pompeyana. Posteriormente construyó dos puentes de madera sobre el Sicoris, el pons propior y el pons ulteriores.[53] Los pompeyanos controlaban un puente de piedra cercano a la ciudad.[54]

Como una vez, según la costumbre diaria, saliesen con los forrajeadores para escoltarlos dos legiones de Fabio y hubiesen pasado el río, siguiéndolas el bagaje y toda la caballería, sucedió que por un repentino huracán y grande aguacero se rompió el puente y quedó atajada mucha parte de la caballería. Conociendo esto Petreyo y Afranio por los ripios y zarzos que llevaba el río, pasando Afranio prontamente con cuatro legiones y toda la caballería el puente que tenía junto a la ciudad y a su campo, vino al encuentro de las legiones de Fabio.[55]

Afranio y Petreyo llegaron a Ilerda con su ejército el 20 de junio decidieron buscar batalla inmediatamente, procediendo a avanzar con el objetivo de ocupar un puente con 4 legiones. Lucio Munacio Planco, comandante de una legión, decidió ocupar una colina cercana al pons propior, enfrentándose exitosamente a un enemigo superior. Cuando Fabio llegó con el resto del ejército los pompeyanos se retiraron, pero controlaban la zona y dificultaban el abastecimiento a sus enemigos.[56]

Llegada de César[editar]

El 23 de junio[57] César llegaba al campamento de Fabio escoltado por una guardia personal de 900 jinetes. Mientras tanto, uno de los puentes era destruido por una inundación repentina causada por una tormenta pero durante la noche siguiente se trabajó para reconstruirlo completamente. Después de reconocer personalmente el lugar, el procónsul ordenó a las seis cohortes guarnecer el campamento y el nuevo puente. Desplegó al resto del ejército en tres líneas (Acies triplex) y marchó hacia Ilerda, llegando a un llano perfecto para una batalla campal, muy cerca de Afranio.[58]

Los pompeyanos respondieron desplegándose frente a su campamento, que estaba sobre una colina. César percibió que Afranio no tomaría la iniciativa y decidió acampar a cien yardas de su rival. Conocedor que podía ser atacado mientras se construía el campamento (como le había pasado durante la batalla del Sabis), el procónsul ordenó a su tercera línea no levantar una empalizada o valum, fácilmente visible desde la distancia, sino que cabo una fosa o fossatum de quince pies o 4,5 metros de profundidad. Al llegar la noche los cesarianos se retiraron tras los fosos y permanecieron en armas toda la noche.[59]

Al día siguiente César decidió continuar la construcción. Se asigno a tres legiones un sector por fortificar mientras otras tantas daban cobertura. Entre tanto, Afranio y Petreyo desplegaron sus legiones al pie de la colina de su campamento y ofrecieron batalla. César no interrumpió su trabajo y los pompeyanos no atacaron y volvieron a sus cuarteles. En la tercera jornada las empalizadas estaban listas y algunas cohortes empezaron a traer el equipaje desde el campamento de Fabio, que es abandonado y destruido.[60]

Batalla frente a Ilerda[editar]

Operaciones militares tras la llegada de César.

Entre Ilerda y el campamento pompeyano había una llanura de trescientas yardas (450 metros) atravesada por una bajísima elevación. El 27 de junio César quiso ocupar esa cima y bloquear el acceso enemigo a la ciudad, así que ordenó a tres legiones ocupar el terreno. La maniobra fue detectada por los vigías de Afranio, que envió tropas a ocupar primero el área en disputa. Pronto ambos bandos enviaron refuerzos y se inicio una batalla.[61] [62]

La manera de pelear de los contrarios era esta: arremetían con gran furia; intrépidos en tomar puesto, no cuidaban mucho de guardar sus filas y combatían desunidos y dispersos; en viéndose apretados, no tenían por mengua el volver pie atrás y dejar el sitio, hechos a este género de combate peleando con los lusitanos y otros bárbaros; como de ordinario acaece que al soldado se le pega mucho de la costumbre de aquellos países donde ha envejecido. El hecho es que con la novedad quedan desconcertados los nuestros, no acostumbrados a semejante modo de pelear y creyendo que iban a ser rodeados por los costados descubiertos al verlos avanzar corriendo cada uno por sí, cuando ellos al contrario estaban persuadidos a que debían guardar las filas y no apartarse de las banderas ni desamparar sin grave causa el puesto una vez ocupado. Así que desordenados los adalides, la legión de aquella ala flaqueó y retiróse al collado vecino. [63]

Esa manera de luchar desconcertó a los desacostumbrados cesarianos, volviéndose insostenible su posición. Creyendo que estaban por ser envueltos por el flanco derecho empezaron a retirarse hacia una colina. El procónsul decidió enviar a la IX para ayudar a sus tropas y esta hizo retirarse a sus enemigos detrás de los muros de Ilerda, pero los soldados quedaron vulnerables, pues estaban en la posición baja de la colina. Cuando se les ordeno retirarse los legionarios de Afranio atacaron cuesta abajo.

César, viendo el escuadrón casi todo despavorido (cosa ni entonces pensada ni antes vista), animando a los suyos, envíales de refuerzo la legión nona; la cual reprime al enemigo que furiosamente iba persiguiendo a los nuestros, y aun le obliga a volver las espaldas y retirarse hacia Lérida hasta ampararse debajo del muro. Pero los soldados de la legión nona por el demasiado ardor de vengar el desaire pasado, corriendo incautamente tras los fugitivos, se empeñan en un mal sitio penetrando hasta la falda del monte sobre el cual la ciudad estaba fundada. Al querer de aquí retirarse, los enemigos desde arriba revolvieron la carga contra ellos. Era el lugar escarpado y pendiente de ambas partes, ancho solamente cuanto cabían en él tres cohortes escuadronadas, que ni podían ser socorridas por los lados ni amparadas en el trance por la caballería. Por la parte de la ciudad había un declive menos agrio como de cuatrocientos pasos. Por aquí debía de ser la retirada de los nuestros, ya que su ardor inconsiderado los llevó tan adelante. Peleaban en este sitio igualmente peligroso por su estrechura, como porque, puestos a la misma raíz del monte, no malograban tiro los enemigos; sin embargo, a esfuerzos del valor y sufrimiento aguantaban toda la carga. Ibanse engrosando los enemigos, destacando continuamente de las reales cohortes de refresco que pasaban por la ciudad a relevar a los cansados. Eso mismo tenía que hacer César para retirar a los cansados y reemplazarlos con gente de refresco.[64]

Los cesarianos eran blancos fáciles para los proyectiles lanzados desde la ciudad, mientras los pompeyanos recibían refuerzos desde su campamento. César debió hacer lo mismo.[65] Tras cinco horas de combate sin tregua, acabados los proyectiles, los cesarianos cargaron desesperadamente colina arriba contra el enemigo, barriendo a las primeras líneas, pero fueron rechazados en los muros y el interior de Ilerda. Finalmente, cuando la caballería cesariana llegó por ambos flancos pudieron retirarse seguros de no ser perseguidos.[66]

En el primer encuentro cayeron de los nuestros al pie de setenta, y entre ellos Quinto Fulginio, comandante de los piqueros de la legión decimocuarta, que de soldado raso había subido a este grado por sus señalados méritos. Los heridos fueron más de seiscientos. De los contrarios quedó muerto Tito Cecilio, centurión de la primera fila, y murieron también cuatro capitanes con doscientos y más soldados.[67]

Afranio conquistó la pequeña loma, dejando una pequeña guarnición atrincherada en una nueva fortificación.[68]

Problemas de César[editar]

Al día siguiente una tormenta repentina produjo una violenta inundación que destruyó los puentes de Fabio, dificultando las comunicaciones a los cesarianos, atrapados sin posibilidad de cruzar el Sicoris o el Cinga. En cambio, el puente de piedra pompeyano seguían funcionando, permitiéndoles cruzar cuando querían.[69] No le podían llegar convoyes con trigo de las tribus aliadas, Italia o Galia. Los auxiliares de la Citerior y Lusitania, ligeramente armados podía cruzar los ríos para forrajear, pero los romanos, con armaduras pesadas no. La temporada era desfavorable también, Afranio había podido cosechar y cobrar tributos antes que llegara César, y el procónsul había usado lo poco que pudo recolectar en las semanas anteriores. Además, la guerra había asustado a los locales, que apartaron a sus ganados de la zona del conflicto.[70]

Por el contrario, Afranio tenían grandes reservas de alimentos y le llegaban nuevos suministros por Ilerda.[71] César no podía reconstruir los puentes, pues el fuerte caudal impedía los trabajos tanto como los ataques de proyectiles pompeyanos, que controlaban las riveras.[72] Cuando el general pompeyano supo que una caravana con numerosos materiales de construcción esperaban encontrar un método para cruzar y llegar a César, decidió atacar. La caravana contaba con arqueros rutenos de Aquitania,[73] jinetes, legionarios, esclavos y no combatientes. Alrededor de seis mil personas. Afranio salió con toda su caballería y tres legiones para destruirlos. Les atacó por sorpresa, pero los jinetes cesarianos lograron organizar cierta resistencia, permitiendo a la mayoría escapar a las colinas. Murieron doscientos arqueros, algunos jinetes y una pequeña cantidad de porteadores.[74]

Operaciones militares de Caesar

Retirada de Afranio y Petreyo[editar]

Pero cuando las aguas menguaron, César restauró la llegada de suministros construyendo un nuevo puente cruzando el río con navíos similares a los curragh celtas (10 de julio).[75] Después, sabiendo que al norte, río arriba, el curso del agua formaba una pequeña isla hizo construir zanjas para desviar el río a la llanura para que su superior caballería pudiera vadear el río (19 de julio). Los comandantes pompeyanos decidieron retirarse para unirse a Varrón antes de que los jinetes cesarianos llegaran a la orilla oriental y los dejaran atrapados. Dejaron un destacamento menor para guarnecer el puente, su campamento e Ilerda (25 de julio).[76]

César salió en su persecución tras dejar una legión en el campamento. Usando a los animales de carga en líneas para ralentizar la corriente zanja arriba, pudo cruzar el vado de la llanura y perseguirlos en la orilla oriental. La caballería cesariana acoso constantemente la retirada enemiga hasta obligarlos a detenerse el 29 de julio. Al amanecer César retiró su ejército, aparentando que se dirigía hacia Ilerda y acababa su persecución, pero dio un rodeo por las montañas sin ser detectado y apareciendo en la meseta hacia la que se dirigían Afranio y Petreyo.[77] Los pompeyanos podían retirarse hacia Ilerda para volver a ser acosados por la caballería del procónsul, tratar de forzar el paso montañoso en desventaja o quedarse donde estaban. Eligieron esto último y sufrieron de hambre y sed. Finalmente, capitularon el 2 de agosto sin luchar.[78]

Consecuencias[editar]

Los soldados pompeyanos fueron incorporados a las unidades cesarianas. Tras la victoria César se dirigió contra las tropas de Varrón, quien rápidamente se rindió y recibió el perdón del procónsul, al igual que los otros generales rendidos.[79] César avanzó a Gades, donde embarco en septiembre para Massilia[80] para suervisar la rendición de la ciudad a finales de octubre, dejando dos legiones en ella.[81] Quinto Casio Longino quedó a cargo de la península Ibérica con cuatro legiones.[82] Varrón sirvió bajo las órdenes de Pompeyo en la batalla de Farsalia y nuevamente capituló y fue perdonado. Afranio también luchó contra César en Farsalia y después en Tapso, donde fue capturado por los aliados locales del procónsul tras esta batalla y ejecutado. Petreyo volvió a luchar contra César en Farsalia, Ruspina y Tapso, después de esta última derrota libro un duelo a muerte con el rey de Numidia, Juba II, y, siguiendo lo pactado, el vencedor (Petreyo) se suicidó.[83]

Referencias[editar]

  1. Según Mayals
  2. César, De bello civili, I, 39
  3. César, De bello civili, I, 41
  4. Bunson, 2009: 122
  5. Bennett, 1998: 159
  6. César, De bello civili, I, 38-39
  7. Cawthorne, 2005: 55
  8. Bennett, 1998: 159
  9. Sheppard, 2009: 12
  10. Sheppard, 2009: 14
  11. Sheppard, 2009: 14
  12. César, De bello civili, I, 1
  13. Sheppard, 2009: 15, 18
  14. Julio César. De bello civili, I, 2
  15. Sheppard, 2009: 15
  16. Julio César, De bello civili, I, 5
  17. Julio César, De bello civili, I, 6
  18. Julio César, De bello civili, I, 6
  19. Julio César, De bello civili, I, 7
  20. Julio César, De Bello Civili, I, 7
  21. Julio César, De bello civili, I, 8
  22. Julio César, De Bello Civili, I, 11
  23. Julio César, De bello civili, I, 13; Veleyo Patérculo, II, 44.
  24. Julio César, De Bello civili, I, 15-16
  25. Julio César, De bello civili, I, 18-27
  26. Bunson, 2009: 122
  27. Julio César, De bello civili, I, 29
  28. Plutarco, Cesare, 35.3; Apiano, Le guerre civili, II, 41; Dion Casio, XLI, 15.1.
  29. Julio César, De bello civili, I, 33.4
  30. Julio César, De bello civili, I, 32
  31. Julio César, De bello civili, I, 32
  32. Julio César, De bello civili, I, 33
  33. Julio César, De Bello Civili, I, 33
  34. Julio César, De bello civili, I, 33
  35. Tucker, 2009: 124
  36. Julio César, De bello civili, I, 34
  37. Julio César, De bello civili, I, 34
  38. Julio César, De bello civili, I, 35
  39. Julio César, De bello civili, I, 36
  40. Sheppard, 2009: 18
  41. César, De bello civili, I, 39
  42. Sheppard, 2009: 35
  43. Tucker, 2009: 124
  44. César, De bello civili, I, 38
  45. César, De bello civili, I, 39
  46. Zamora, 2003: 136, cuadro IV
  47. Julio César, De bello civili, I, 39
  48. Bunson, 2009: 122
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Bibliografía[editar]

Obras clásicas[editar]

Obras modernas[editar]

Enlaces externos[editar]