Punción lumbar

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Un paciente se somete a una punción lumbar a manos de un neurólogo. Los arcos marrones y rojizos son tintura de yodo (un antiséptico).

En medicina, la punción lumbar es un procedimiento de diagnóstico que se lleva a cabo para recoger una muestra del líquido cefalorraquídeo para un análisis bioquímico, microbiológico y citológico, o en raras ocasiones para disminuir la presión del fluido cerebroespinal.

Propósitos[editar]

El propósito más común para recoger una muestra de líquido cefalorraquídeo mediante una punción lumbar es confirmar o descartar la sospecha de meningitis, ya que no hay otra herramienta fiable con la que la meningitis puede ser excluida y es a menudo una amenaza para la vida, pero una condición muy tratable. Los niños pequeños comúnmente requieren punción lumbar como parte de la rutina para diagnosticar la fiebre sin motivo, ya que tienen un riesgo mucho mayor de meningitis que las personas de edad y no siempre muestran signos de irritación meníngea. En cualquier grupo de edad, una hemorragia subaracnoidea, hidrocefalia, hipertensión intracraneal, esclerosis múltiple y muchos otros diagnósticos pueden ser confirmados o descartados con esta prueba.

Método de aplicación[editar]

El proceso, que, efectuado por profesionales entrenados, no implica más que una pequeña molestia en el momento de la colocación de la anestesia cutánea, consiste en la inserción de una aguja, con un mandril en su interior (aguja de punción lumbar), entre las vértebras lumbares LIII y LIV o LIV y LV[1] (lugares escogidos debido a las facilidades anatómicas que posee la columna a este nivel y a que la médula termina entre LI y LII en adultos, y en infantes entre LII y LIII) hasta llegar al canal raquídeo (espacio subdural). El LCR fluye pasivamente gracias a la presión del mismo y no debe ser aspirado bajo ningún concepto. La cantidad de líquido recogido deberá ser la mínima indispensable y dependerá del tipo de análisis a realizar y de la enfermedad que se esté investigando. Previo al proceso se desinfecta la zona de punción con tintura de yodo.

Después, el paciente deberá permanecer en posición supina (boca arriba) durante 4 a 6 horas y beber mucho líquido para facilitar la recuperación y evitar la ocurrencia de una de las complicaciones más frecuentes, que es la cefalea post-punción.

Referencias[editar]

  1. Anatomía para estudiantes, Gray, 2° edición,2010, página 116