Persona sin hogar

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Una persona sin hogar o indigente (o, en términos que se consideran menos discriminadores y más políticamente correctos, persona sin techo o persona en situación de calle o persona sin domicilio fijo o persona sin domicilio bien establecido o persona sin domicilio permanente) es aquella persona, menor o adulto y de cualquiera de ambos sexos, que carece de un lugar permanente para residir y se ve obligada a vivir a la intemperie, ya sea en la calle, en los portales de viviendas o temporalmente en albergues, a causa de una ruptura encadenada, brusca y traumática de sus lazos familiares, sociales y laborales. Este problema es más acentuado en las grandes ciudades y suburbios, siendo menos visible en los pueblos o en el campo.

El miedo a revivir situaciones traumáticas suele provocar en esta persona rechazo (de distintos grados, según los casos) a volver a intentar llevar una vida laboral y a rehacer relaciones familiares y sociales.

También la extrema indigencia a la que le conduce esta situación es un obstáculo para ello.

Persona sin hogar es el nivel máximo de exclusión social y marginación que realiza una sociedad moderna.

Una persona sin hogar en las calles de Tokio.

Terminología[editar]

Persona sin hogar durmiendo a la intemperie en la zona de Callao de Madrid en enero de 2006.

A lo largo de la historia las personas que se hallan en estas condiciones han recibido distintos nombres, entre otros los siguientes:

  • mendigos: se trata de un concepto que se considera incorrecto, ya que sólo una minoría de estas personas ejerce la mendicidad de forma habitual;
  • vagabundos: se considera incorrecto utilizarlo para este grupo, ya que muchas de estas personas son más sedentarias que nómadas, es decir, pueden permanecer años y décadas en el mismo portal, cajero o rincón;
  • carrilero: se refiere a las personas que recorren los carriles y que también vagabundean,como laura saavedra, no sólo entre las calles, sino entre ciudades; tampoco es generalizable, aunque haya personas sin hogar que sí cambian de lugar con cierta frecuencia, hay otras muchas que no lo hacen;
  • transeúntes: es un término probablemente tan incorrecto como lo es vagabundo; pone especial énfasis en que la mayoría de las personas sin hogar viven en las calles; no tiene por qué ser así, porque algunas residen en albergues;
  • indigentes: es un término demasiado general, ya que indigente también puede ser una persona que viva con su familia en una chabola o una persona inmigrante con un trabajo precario; un indigente no tiene por qué ver rotos sus lazos familiares y laborales de una forma tan extrema; además, este término suele relacionarse con carencias más materiales, cuando probablemente el problema más subrayado en las personas sin hogar no es la indigencia, sino la falta de autoestima, de voluntad y de relaciones sociales;
  • sin techo: es un término muy utilizado en los años recientes en los ámbitos académicos y periodísticos; subraya sobre todo la carencia material de un lugar donde dormir, pero se considera que las personas sin hogar tienen muchas más carencias como son las relaciones familiares, las relaciones sociales y la vida laboral. Además, el término sin techo también podría englobar a personas tan dispares como los pastores nómadas o cualquier grupo de población que viva a la intemperie;
  • personas en situación de calle: se refiere a las personas que habitan en las calles y transitan desde hospederías y residencias solidarias hacia la calle y viceversa; son personas que hacen de la vida en la calle un espacio vital de desarrollo de la identidad; la mayor parte de las ONG y muchas instancias gubernamentales utilizan este término;
  • persona sin hogar: buena parte del movimiento asociativo español ha adoptado este término porque consideran[cita requerida] que la carencia más grande no es sólo la de un techo, sino la de no tener una familia y un trabajo, es decir, un hogar.

Causas[editar]

Una gitana sin hogar y su perro en las calles de Roma.

Suele suceder que los indigentes de estos tipos cuentan con un miembro de tamaño descomunal y por eso tienen tantos hijos incidir en que las razones por las que estas personas se encuentran en esta situación son rupturas de lazos de tres tipos:

  • Ruptura de lazos familiares y personales. No tienen una relación habitual o no mantienen ya ningún contacto con su familia directa e indirecta. Puede deberse a la muerte de uno o varios miembros, a una pelea familiar, a la distancia que les separa, a una adicción, a una enfermedad o trastorno físico o mental, etcétera.
  • Ruptura de lazos laborales. Las personas sin hogar no tienen empleo o no tienen un empleo fijo que les proporcione ingresos estables. Aunque, probablemente, lo tuvieron. Se calcula que un 10% de estas personas tiene incluso estudios universitarios.
  • Ruptura de lazos sociales. La persona sin hogar (antes o después de serlo) puede perder sus amigos o puede tener dificultades institucionales (problemas judiciales o con la policía). Puede ser un proceso gradual o una ruptura brusca porque sus amigos le den la espalda al no aceptar su situación.

En psicología suele denominarse a estos acontecimientos sucesos vitales estresantes. Se trata de rupturas que pueden y suelen caracterizarse por tres rasgos:

  • Son encadenadas, es decir, una ruptura puede conducir a otra. Por ejemplo, la pérdida del trabajo puede provocar que la persona pierda los lazos familiares o, a la inversa, una fuerte ruptura familiar (por una muerte, una pelea, un maltrato, una adicción) le lleva a la persona a perder también el trabajo por no poder realizarlo correctamente debido a sufrir una profunda depresión.
  • Son traumáticas. Provocan un alto sufrimiento psicológico en la persona, de manera que su voluntad puede verse de tal manera debilitada que no encuentra motivación para volver a rehacer sus lazos y llevar una vida digna. Además, la vida en la calle suele agravar aún más esta apatía.
  • Son bruscas. Puede que la persona haya vivido varios grandes traumas encadenados y alejados en el tiempo durante su vida, pero probablemente uno de ellos le lleva directamente a la calle. Es decir, vivir en la calle no es algo meditado, sino una solución precipitada para alejarse del dolor o la única opción tras ser expulsada de su lugar de residencia habitual.

El perfil de las personas sin hogar[editar]

Por la naturaleza de este problema, resulta muy difícil llevar a cabo investigaciones que consigan abarcar todos los aspectos del problema.

Datos de España[editar]

En España apenas existen estudios oficiales de las características de este colectivo. Tanto es así que el número de personas sin hogar en España, según la fuente que se consulte, puede oscilar entre 20.000 y 30.000 personas en toda España y entre 2.000 y 9.000 personas en Madrid.

Según datos de diciembre de 2005 del Instituto Nacional de Estadística español, el 82,7 por ciento de las personas sin hogar son varones. La edad media de este colectivo es de 37,9 años y sus ingresos medios son de 302 euros al mes.

Además:

  • casi la mitad de esta población tienen hijos (46 por ciento), aunque sólo una décima parte viven con ellos;
  • el 30 por ciento de las personas sin hogar es abstemia y nunca ha consumido sustancias adictivas;
  • el 37,5 por ciento llevan más de tres años sin alojamiento propio;
  • la mitad de la población sin hogar busca trabajo;
  • el 51,8 por ciento son españoles y el 48,2 por ciento son extranjeros;
  • los extranjeros sin hogar llevan, de media, tres años y siete meses en España y un año y once meses en la comunidad autónoma donde se les ha localizado.

Dicha investigación realizó un muestreo de los usuarios de centros de acogida de ciudades de más de 20,000 habitantes; por tanto, tiene el sesgo de las personas que, aunque cumplen con los criterios de la definición dada en dicha investigación de "persona sin hogar", no son usuarios de los centros de acogida (posiblemente un porcentaje alto).

Según el estudio "Personas sin Techo en Madrid"[1] [2] de Pedro Cabrera y Mª José Rubio, profesores de sociología de la Universidad Pontificia de Comillas:

  • el 82 por ciento son varones;
  • la edad media de quienes viven sin techo está en torno a los 41 años:
    • 33 años, en el caso de quienes tienen alguna farmacodependencia;
    • 48 años, en el caso de quienes padecen alguna enfermos mentales crónicos que viven sin techo;
  • el 28 por ciento de quienes viven en la calle son mujeres y, entre ellas, son relativamente numerosas las ancianas mayores de 65 años;
  • el 80 por ciento de quienes viven en las calles de Madrid son españoles.

Esta investigación combinó métodos cualitativos y cuantitativos y realizó barridos sistemáticos a diferentes horas del día a lo largo de una semana de referencia, abarcó las zonas céntricas de Madrid e incluyó, según el estudio, "sus manifestaciones más visibles y notorias"; por tanto, dicho estudio no llega al fenómeno en ambientes rurales ni en zonas marginales de las grandes ciudades.

Datos de Chile[editar]

Según cifras del Ministerio de Planificación y Cooperación, en Chile existían 12 423 personas viviendo en «situación de calle» en 2011, incluidos 785 menores de edad. El 84 % de los catastrados correspondía a hombres. La mayoría (46,5 %) se concentraba en la Región Metropolitana de Santiago, seguida de la Región de Valparaíso (8,0 %) y la Región del Biobío (7,1 %).[3] En 2003 la cifra llegaba a 7254 personas,[4] mientras que en 2010 la cifra fue de unas 15 mil personas.[5]

El gobierno de Chile ha trabajado constantemente con las organizaciones de la sociedad civil para visualizar una pobreza no contemplada por las políticas sociales. Asimismo, ha trabajado para adecuar las políticas de protección social existentes —vía Chile Solidario— a las particularidades de la población.

Complicaciones[editar]

Persona sin hogar[cita requerida] con síndrome de Diógenes[cita requerida] en enero de 2006 en Madrid.
  • Farmacodependencia: La adicción a sustancias puede ser causa pero también puede ser consecuencia de la vida sin techo. La adicción más extendida en este grupo de población es el alcoholismo, pero también pueden darse adicciones a otros tipos de sustancias.
  • Problemas de salud
    • Problemas de salud física. Las condiciones de vida en las que viven pueden generar graves enfermedades. Por ejemplo, muchas personas soportan largos periodos de malnutrición, hipotermia, no acuden al médico o no tienen dinero para pagar medicamentos y tampoco cuidan su higiene. Así, existen numerosos problemas dentales, heridas infectadas y enfermedades mal curadas y cronificadas.
    • Problemas de salud mental. De igual modo que las adicciones, los problemas de enfermedad mental pueden ser causa o consecuencia de la situación en la que viven las personas sin hogar. La depresión es muy común, pero también hay personas que sufren algún tipo de paranoias, una alta cronificación o institucionalización o el síndrome de Diógenes. Este último probablemente es el más visible, ya que en la memoria de todos encontramos la figura típica de una persona sin hogar que arrastra un carro de la compra cargado con numerosos objetos aparentemente inútiles.

Agresiones[editar]

Al no tener familia, relaciones sociales fuertes y atención por parte de la administración, la situación de desamparo es muy extrema. Por esta razón sufren todo tipo de agresiones, como por ejemplo la agresión física directa. algunos criminales aprovechan la desprotección que sufren estas personas para robarles y agredirles.

En España, un caso famoso fue el de María del Rosario Endrinal Petit, que murió a los 51 años en un cajero de Barcelona quemada viva a manos de tres jóvenes, uno de ellos menor de edad.

Asistencia y reinserción[editar]

A través de las instituciones públicas, las organizaciones de beneficencia y las ONG, se han dado muchos tipos de atención a este colectivo:

  • atención asistencial: se trata del tipo de ayuda mayoritario y más tradicional; consiste en proveer servicios a las personas sin hogar como duchas públicas, servicios de lavandería, albergues o comedores sociales por precios muy reducidos o gratuitamente; si no se prevén otros tipos de programas, esta ayuda es muy criticada, ya que se piensa que fomenta la dependencia de estas personas en lugar de ayudarles a lograr su recuperación y su posterior reinserción en la sociedad;
  • inserción sociolaboral: consiste en ofrecer un acompañamiento a personas que están en situación de exclusión laboral y social, con el objetivo de incorporarse en el mercado laboral; tras unos talleres de formación previa, la inserción se desarrolla dentro de un entorno productivo, con funcionamiento de empresa, que resulta educativo para la persona;
  • prensa social: su principal objetivo no es la información, sino convertirse en un recurso para colectivos marginados que evite la mendicidad u otros métodos peores de hacerse con dinero como pueden ser la prostitución, la venta ilegal o los robos; esta prensa es la que vemos distribuirse por la calle y de la que parte del precio de cada ejemplar vendido va destinado al vendedor, que puede ser una persona parada, una persona con alguna adicción en proceso de rehabilitación, una persona sin hogar y -últimamente muy habitual- una persona inmigrante; algunos ejemplos son Milhistorias y la La Farola;
  • rutas de calor y café: se trata de salidas nocturnas de voluntarios hacia puntos donde se han localizado previamente a personas sin hogar; el café con leche o el bocadillo que se ofrecen no es más que un pretexto para romper el hielo; el objetivo es romper la incomunicación de la vida de las personas sin hogar y servirles de lazo con los recursos sociales;

En España, se está consolidando en los últimos años[¿cuándo?] el día 28 de noviembre como el 'Día de las Personas Sin Hogar'. Durante este día se realizan diversas campañas para sensibilizar a la sociedad sobre la situación de estas personas.

Jóvenes, nuevo perfil de personas sin hogar[editar]

En los años 2004 y 2005 se llevó a cabo un estudio descriptivo de los usuarios del centro de Acogida e Inserción de Alicante, dónde se observa un incremento de la población en el intervalo del año 2003 al 2005 de personas de entre 18 y 30 años.

Durante el año 2004, 1686 personas hicieron uso de algún programa del centro, el 22,5% de la población eran menores de 30 años de edad. Durante el año 2005 esta cifra se elevó tanto en el número de personas atendidas (1816 individuos) como la cifra de jóvenes menores de 30 años, que asciende al 29,42%. De estos datos, se observó que prevalecía el sexo masculino sobre el femenino, con una diferencia de un 50%.

En las entrevistas de corte sanitario que se llevaron a cabo se observaron los siguientes problemas:

  • conductas adictivas
  • salud mental
  • inmigración
  • estilos de vida
  • familias desestructuradas
  • usuario sin redes de apoyo

De una población de 347 personas entrevistadas en consulta de enfermería, el 45,14% declararon tener problemas de conducta adictiva, y el 42,96% de esa población eran policonsumidores (consumo combinado de cocaína, opiáceos, benzodiazepinas, cannabis y/o alcohol).

El 15,75% de los entrevistados tenían algún problema de salud mental diagnosticado.

Sólo el 12,63% solicitaron expresamente ayuda para cambiar sus estilos de vida.

Los datos son similares a los de otros estudios realizados en jóvenes sin hogar (Manolo Romero et al., 2002).

Autopercepción de las enfermedades y automedicación: Datos estadísticos[editar]

Sobre el desconocimiento del perfil sanitario de las personas sin hogar y el uso que hacen de los recursos sanitarios se recoge la siguiente información, generada a partir de un estudio realizado en Alicante sobre la automedicación en las personas sin hogar (muestra de 50 personas de edades comprendidas desde los 18 a los 65 años), donde el 32,6% tomaba, en el momento del estudio, medicación analgésica sin prescripción médica, de los cuales el 86,66% refería padecer alguna enfermedad que lo necesitara.

Refirieron haber padecido, en algún momento de los últimos tres meses, algunos de los siguientes problemas:

  • el 42,6% había sufrido cefaleas;
  • el 46,8% había sufrido dolor en miembros inferiores;
  • el 31,9% había sufrido dolor en la espalda (lumbalgias y cervicalgias;
  • el 19,1%;
  • otalgia y dolor en miembros superiores, el 14,9% cada uno;
  • el 12,8% sufría dolor de pecho;
  • el 31,9% sufrían otro tipo de dolores.

El 53,12% de la población va al médico para recetar medicación analgésica sin padecer patología alguna que lo requiera.

El 21,3% sufren dolores a diario y el 14,9% sufren dolores más de dos días a la semana.

El 34% de la población nunca acude al médico para que se les recete un medicamento.

En situaciones de dolor, el 63,9% referían tomar de una a cuatro pastillas al día. Y el 29,78% de la población no acudían al médico, a pesar de tener un dolor persistente.

El 27,9% de la población encuestada acude una vez a la semana a la farmacia a comprar medicación, otro 14,9% acuden una vez al mes.

El 80,9% de la población refieren no tener dificultad alguna para conseguir la medicación.

El 31,9% han tomado alguna vez alcohol con los medicamentos, y el 66,66% de ellos saben que ello podría ser perjudicial para su salud.

Sólo el 42,6% de los encuestados piensan que los medicamentos analgésicos puedan tener efectos secundarios, y el 40,4% piensan que el abuso puede tener efectos perjudiciales en su cuerpo.

Existen pocos recursos en la actualidad que trabajan con esta población y ninguno de ellos es reconocido como recursos oficiales sanitarios, situación que si se ofrece, por ejemplo, en el Reino Unido (Mistral, 2001), donde la intervención sanitaria en la población sin hogar se da desde el nivel de atención primaria. En el centro de acogida e inserción de personas sin hogar de Alicante se han podido solventar muchos de los problemas mencionados anteriormente, tanto de apoyo a nivel asistencia -comida, alojamiento- como de ayuda íntegra para que las personas puedan salir de esa situación: talleres de empleo, apoyo al tratamiento de las conductas adictivas, talleres individuales y grupales educativos, seguimiento psicológico, social y sanitario, etc.

Orden de Emaús[editar]

El abate Pierre (1912-2007) fue un religioso francés que fundó la Orden de Emaús, dedicada a quienes no tienen hogar.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • "Personas en situación de Calle: desafío pendiente para la política social en Chile". Felipe Estay e Ignacio Eissmann. Persona y Sociedad. Vol. XX, Abril. Santiago, 2006.
  • "Huéspedes del aire. Sociología de las personas sin hogar en Madrid". Pedro Cabrera. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1988.
  • "Un despacho sin puertas. Trabajo de calle con personas sin hogar". Coord: José Manuel Caballol.
  • "A ciegas: milhistorias de la calle". Mónica Sánchez. Editan: Fundación RAIS y Obra Social Caja Madrid. Madrid, 2003.
  • "Un techo y un futuro. Buenas prácticas de intervención social con personas sin hogar". Autores: Cabrera, Pedro (Dir.) Graciela Malgesini, J. Antonio López. Edita: Icaria Editorial, s.a. Barcelona, 2002.
  • Jóvenes: nuevo perfil de personas sin hogar. Rodríguez Picazo, P, Gallar, M, Domínguez J.M, Lillo, M. CECOVA. Vol 49. Pag. 95-104. Mayo 2006.
  • Cabrera, P (dir.), Graciela Malgesini, J., López, A. Un techo y un futuro. Buenas prácticas de intervención social con personas sin hogar. Ed. Icaria, 2001.
  • Manolo Romero, Manuel Ramos, Joan Carles March, y cols. Perfil de los jóvenes sin hogar. Dificultades para la utilización de los servicios sociosanitarios y propuestas de mejora. Enf Emerg 2002;4(1):14-23.
  • Gómez-Galán R., López M.J., Gallego M.J. Jóvenes y uso de drogas en un área de salud de Extremadura. Metas de Enfermería oct 2003; 6(8): 06-10.
  • Los adolescentes: El alcohol y otras drogas. Nº3 (Revisado julio 2004). American Academy of child and adolescent psichiatry.
  • Mistral, W. y Hollingworth, M. El enfermero del equipo de metadona supervisada y realojamiento: un enfoque eficaz con indigentes dependientes de opiáceos. Int. Nursing Rev 48(2): 121-128.

Enlaces externos[editar]