Ley de fugas

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La llamada "aplicación" de la ley de fugas es un tipo de ejecución extrajudicial o paralegal que consiste en simular la evasión de un detenido, especialmente cuando es conducido de una prisión a otra, para, violando todo derecho de habeas corpus, poder así suprimir la vigilancia de la fuerza que lo custodia y encubrir el asesinato del preso tras el precepto legal que permite hacer fuego sobre un fugitivo que no obedece al «¡alto!» conminatorio de los guardias.

Historia[editar]

Para ello la guardia de custodia se retrasaba en el camino por detrás del detenido hasta que había la relativa distancia como para considerar que el preso se estaba fugando o indicarle que se le permitía "pasear", por lo que a este procedimiento se le llamó también dar un "paseo" durante la Guerra Civil española (1936-1939). Se disparaba por la espalda para dar más credibilidad a la fuga. Los presos empezaron a conocer esta añagaza y desde entonces se les disparaba por la espalda, sin más. Una generosa aplicación de la ley de fugas permitió acabar con el bandolerismo andaluz en el siglo XIX y, durante la Restauración y siendo Eduardo Dato el presidente del Consejo de Ministros, se firmó la Ley de Fugas el 20 de enero de 1921. La misma favoreció la guerra sucia oficial contra el movimiento sindical y permitió que el gobernador civil de Barcelona, el general Severiano Martínez Anido, a lo largo de los dos años en que le permitieron hacerlo, por medio de la Guardia Civil y pistoleros del Sindicato Libre, según cifras del propio Martínez Anido, perpetrar ochocientos atentados de terrorismo de estado y producir más de quinientos muertos entre diversos anarcosindicalistas de la CNT, entre ellos figuras tan destacadas como Salvador Seguí o Evelio Boal. Las cifras reales debieron ser, por tanto, probablemente superiores.[1] Estos atentados produjeron una respuesta especular y, por ejemplo, el promotor de tal política, Eduardo Dato, fue asesinado por un anarquista a su vez.

Normalmente la Ley de fugas se asocia en España con la época de la crisis social de la última fase de la Restauración borbónica y la dictadura de Francisco Franco, particularmente durante la represión de la guerrilla republicana de los maquis. Generalmente se utilizaba contra aquellos que mantenían posturas ideológicas diferentes al nacionalcatolicismo y no podían ser condenados a muerte por la vía judicial. Ha sido además práctica habitual en las dictaduras de otros países durante diferentes momentos del siglo XX.

Muchos intelectuales y escritores atacaron esta inhumana disposición, como por ejemplo Ramón María del Valle-Inclán en un par de escenas añadidas a la segunda edición (1924) de su esperpento Luces de Bohemia, a través del personaje del anarquista catalán preso que fue ejecutado de esta forma.

Posteriormente, se empleó la ley de fugas durante la Guerra Civil española y en la Posguerra, cuando se habilitaron las llamadas sacas de presos con el fin de encoger el excesivo número de reclusos republicanos que atestaban las cárceles franquistas por el procedimiento de elegir aleatoriamente un preso de cada diez para ser ejecutado, algo equivalente a la antigua decimatio romana, también llamada decimación o diezma.

La Ley de Fuga fue un tipo de ejecución muy utilizado en México durante el Porfiriato y la Revolución mexicana. También en la Segunda Guerra Mundial por soldados nazis. A veces simplemente llamada la "Ley fuga".

Origen y presunta legitimidad de la ley de fugas[editar]

La ley de fugas es un tipo de ejecución extrajudicial que infringe el derecho de habeas corpus y otros derechos del hombre, por lo que es considerada un delito, en concreto un crimen contra la humanidad. Su expresión legal fue una histórica ley española aprobada en 1921 con el propósito de endurecer la represión político-social del estado y así frenar la tensión y la inestabilidad que provocaban las numerosas huelgas y atentados terroristas de la extrema izquierda. Es, pues, una cobertura legal para el Terrorismo de estado. Los problemas económicos y la influencia de la revolución bolchevique, que provocó una gran efervescencia por parte del movimiento obrero en esos años, fue el pretexto que llevó a la aprobación de esta ley. Es el caso del llamado Trienio bolchevique en Andalucía (1918-1920) y de la aparición del Pistolerismo en Barcelona (1919-1923). Se sumaba, además, la inestabilidad política originada por la descomposición de los partidos dinásticos, lo que no ayudaba a mejorar la situación. También ayudó la actitud blanda y contemporizadora de una gran parte de la prensa de entonces, que de algún modo justificaba ante la opinión pública estos crímenes a posteriori.

Ley de fugas durante la Guerra Civil española[editar]

La suspensión del derecho que se da durante una guerra "autoriza" con frecuencia la aplicación de formas de ejecución encubierta más o menos similares a la ley de fugas. Para dar al asesinato político una apariencia legal, el procedimiento habitual durante la Guerra Civil fue la falsificación de una denuncia de desafección al régimen que fuera. Esta se lograba muchas veces a la fuerza, mediante torturas o chantaje a otro detenido y, con ese pretexto, se encarcelaba y ejecutaba, mediante el "paseo", a la víctima. El procedimiento se menciona en algunas novelas históricas sobre el periodo, por ejemplo, en Inés y la alegría, de Almudena Grandes.

Ley de Fuga en México[editar]

Específicamente en la época del Porfiriato, se utilizó la Ley de fugas como método represivo para eliminar a un grupo de personas que se sublevaban contra el presidente, cuando había problemas en Veracruz, donde Luis Mier y Terán era gobernador del Estado, se conoció un telegrama enviado por el entonces presidente Porfirio Díaz, que decía: "Matalos en caliente", en el sentido de que se diera a los prisioneros facilidades para escapar y usaran el intento de fuga como pretexto para dispararles.

Uso por la Gestapo[editar]

La policía secreta del estado nazi o Gestapo utilizó también este procedimiento en la Segunda Guerra Mundial para ejecutar a presos del ejército aliado que habían intentado fugarse de campos de concentración y habían sido capturados ulteriormente. Una ilustración histórica de este hecho se contiene en la película La gran evasión, inspirada en hechos reales: la evasión por parte de cincuenta soldados aliados del campo de concentración alemán de Stalag Luft III, adaptando el libro de Paul Brickhill, escrito en 1944.

La ejecución[editar]

Dicha ejecución consiste en juzgar y sentenciar a muerte en forma expedita al reo, llevarlo al lugar de su ejecución, liberarlo de las ataduras y vendas, y darle la oportunidad de huir, si las balas del pelotón de fusilamiento no lo alcanzan durante la huida es hombre libre. Las posibilidades de salir con vida son casi nulas.

Sumado a esto se le da al cuerpo abatido un tiro de gracia generalmente en la nuca para asegurar su deceso.

Referencias[editar]

  1. Cf. Javier Tusell, "Un año de dictadura", en 'Historia 16, núm. 58, p. 36.

Véase también[editar]