Esperpento

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El esperpento es un estilo literario creado y denominado así por Ramón María del Valle-Inclán, y que se caracteriza por la exposición del cuerpo feo desnudo ante los ojos de la literatura, y de la violencia verbal, los detalles grotescos y extravagantes, y una visión amarga y degradada de la realidad, todo ello puesto al servicio de una implícita intención crítica de la sociedad española de su tiempo. Como afirmó Valle-Inclán en Luces de Bohemia (obra representativa del estilo y donde este es definido), "el sentido trágico de la vida española sólo puede ofrecerse con una estética sistemáticamente deformada". Esta técnica se empleó también en la trilogía Martes de Carnaval y tiene sus precedentes en Quevedo y Francisco de Goya. Algunas de sus características son:

  1. Lo grotesco como forma de expresión:
    • la degradación de los personajes.
    • la reificación o cosificación de los personajes, reducidos a mero signo o a muñecos.
    • la animalización o fusión de formas humanas y animales
    • la literaturización del lenguaje coloquial, frecuentemente investido de todo tipo de intertextualidades.
    • el abuso del contraste
    • la mezcla de mundo real y de pesadilla
    • la distorsión de la escena exterior
  2. La deformación sistemática de la realidad:
    • la apariencia de burla y caricatura de la realidad
    • el significado profundo, semi transparente, cargado de crítica e intención satírica que constituye la auténtica lección moral
  3. La presencia de la muerte como personaje fundamental.

Esta técnica teatral hizo de Valle-Inclán un precedente cinematográfico, debido a los continuos cambios de escenario así como a la profusión de historias durante el desarrollo de la obra, que finalmente acababan por cruzarse.

[editar] Curiosidades

Este estilo nuevo teatral partió de un famoso bar situado en el madrileño "callejón del gato", situado a las traseras de Sol, aproximadamente. Valle Inclán era un gran asiduo al mismo, cuya característica más llamativa era la fachada, donde se hallaban unos espejos cóncavos y otros convexos que deformaban la figura de todo aquel que frente a ellos posase. Esto, que se convirtió en un entretenimiento de la época, sería utilizado por Valle-Inclán como inspiración. La deformación de la realidad bien podía ser divertida, como de hecho lo era para los transeúntes, pero podía convertirse en algo más: en un espejo social, en una crítica, en una deformación de la realidad exagerada, delicia para un escritor rebelde como lo era Valle-Inclán.

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