Discurso de Posen

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Se denomina Discurso de Posen a una proclama histórica de Heinrich Himmler, dirigente de la Alemania nazi, dada a una selecta audiencia de 60 Gauleiters y Reichsleiter, empresarios y altos oficiales civiles y militares de las SS en el Castillo de Posen, el 6 de octubre de 1943.

El objetivo de este no sólo era informar claramente del exterminio judío a la asamblea, sino involucrarlos como cómplices con esta revelación y extender la responsabilidad por la Solución Final que se estaba llevando a cabo.

Este discurso implicó además al Ministro de Armamentos, Albert Speer, quien mucho más tarde en sus memorias, aseguró nunca haber estado allí y haberse retirado apenas terminó su propio discurso a los Gauleiters sobre la necesidad de mano de obra.

Extractos del Discurso de Posen sobre los judíos[editar]

Ya lo ven, por supuesto que hay judíos; es evidente que no son más que judíos. Pero piensen por un momento cuántas personas - incluso camaradas del partido - han formulado una de esas famosas peticiones (que llegaron a nosotros) en las que por supuesto se decía que todos los judíos eran unos cerdos; pero Fulano es un judío decente que debe ser excluido de lo que se estaba haciendo. Me atrevería a decir que, de acuerdo con el número de esas peticiones (...), seguramente hay más judíos decentes que judíos en general.

Himmler

Menciono esto sólo para que cada uno de ustedes sepan que en sus respectivas provincias hay nacionasocialistas buenos y respetables, cada uno de los cuales conoce a algún judío decente (...). Les pido que sólo escuchen pero jamás hablen de lo que estoy diciéndoles. Vean, a nosotros se nos plantea la cuestión: ¿Qué hacemos con las mujeres y los niños?...

Himmler

[...] Y decidí también en este punto que debía encontrar una solución final. Pues no me pareció que se justificara exterminar - quiero decir matar u ordenar que mataran - a los hombres; pero, ¿dejar a los niños que crezcan y se venguen contra nuestros hijos y nuestros nietos?

Himmler

Había que adoptar la difícil decisión de conseguir que esa gente desapareciera de la faz de la Tierra. Ya que para la organización que debía ejecutar la orden fue la más difícil que jamás tuvimos [...] Creo que puedo afirmar que esta orden se ejecutó sin dañar la mente o el espíritu de nuestros hombres y nuestros líderes. El peligro era grave y siempre estaba presente, pues la diferencia entre convertirse en seres crueles y sin corazón, y ya nunca respetar la vida humana, o ablandarse y sucumbir a la debilidad y los colapsos nerviosos [...] es la brecha que media entre Scilla y Caribdis, es abrumadoramente estrecha.

Himmler

Bibliografía y autor de referencia[editar]

  • Albert Speer, el arquitecto de Hitler, Gitta Sereny, páginas 447-449. Editorial Vergara.

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