Albert Speer

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Albert Speer
Albert Speer
Albert Speer en 1933

Reichsadler der Deutsches Reich (1933–1945).svg
Ministro de Armamento y Guerra
8 de febrero de 1942-23 de mayo de 1945
Canciller Adolf Hitler
Lutz Schwerin von Krosigk
Predecesor Fritz Todt (como Ministro de Armamento y Municiones)
Sucesor Nadie

Datos personales
Nacimiento 19 de marzo de 1905
Bandera de Imperio alemán Mannheim, Baden, Imperio alemán
Fallecimiento 1 de septiembre de 1981 (76 años)
Bandera del Reino Unido Londres, Reino Unido
Partido Bandera de Alemania Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP)
Cónyuge Margarete Weber (1928-1981)
Hijos Albert Speer, Hilde Schramm, Fritz Speer, Margret Nissen, Arnold Speer y Ernst Speer.
Firma Firma de Albert Speer
Para el hijo de Albert Speer, véase Albert Speer (hijo).

Albert Speer (nacido Berthold Konrad Hermann Albert Speer;[1] Mannheim, 19 de marzo de 1905-Londres, 1 de septiembre de 1981) fue un arquitecto alemán y Ministro de Armamento y Guerra del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Speer fue arquitecto jefe de Adolf Hitler antes de asumir la oficina ministerial. Se lo conoce como «el nazi que pidió perdón»[2] porque en los juicios de Núremberg y en sus memorias aceptó su responsabilidad en los crímenes del régimen nazi. A pesar de ello, su nivel de implicación en la persecución de los judíos y su conocimiento del Holocausto siguen siendo motivo de controversia.[3] [4]

Speer se unió al Partido nazi en 1931 y enseguida comenzó una carrera política y gubernamental que duró catorce años. Su formación como arquitecto le ayudó a ganar importancia dentro del partido y además se convirtió en miembro del círculo más cercano al Führer, pues Hitler le encargó diseñar y construir varios edificios, entre ellos la Cancillería del Reich y el Campo Zeppelín de Núremberg, sede de los multitudinarios congresos del partido. Speer también diseñó una ambiciosa reconstrucción de Berlín que contemplaba la creación de enormes edificios, amplias avenidas y un sistema de transportes reorganizado. Ministro de Armamento y Guerra de Adolf Hitler desde febrero de 1942, Speer fue capaz de mantener durante el conflicto una elevada producción de material militar a pesar de los masivos y devastadores bombardeos de los Aliados sobre Alemania.

Acabada la guerra, fue juzgado en Núremberg y sentenciado a veinte años de prisión por su rol en el régimen nazi, principalmente por el uso de trabajadores forzados. Cumplió toda su condena, la mayor parte de ella en la prisión de Spandau, en Berlín Oeste, y tras su liberación en 1966 publicó dos exitosos libros autobiográficos: Memorias: Hitler y el Tercer Reich vistos desde dentro y Diario de Spandau. En ellos detalla su estrecha relación con Hitler y ofrece una perspectiva única sobre el funcionamiento del régimen nazi. Más tarde escribió un tercer libro, Infiltración, sobre las SS. Albert Speer murió por causas naturales en 1981 durante una visita a Londres.[5]

Primeros años[editar]

Albert Speer nació en Mannheim en el seno de una familia adinerada de clase media, segundo de los tres hijos de Albert y Luise Speer. En 1918 la familia se trasladó permanentemente a su residencia de verano, Schloss-Wolfsbrunnenweg, en Heidelberg.[6] De acuerdo con Henry T. King, fiscal adjunto en los juicios de Núremberg que más tarde escribió un libro sobre Speer, «el amor y la calidez escaseaban en el hogar de juventud de Speer».[7] Speer fue un activo deportista que practicó esquí y alpinismo, y su escuela en Heidelberg le ofreció rugby, algo inusual en Alemania.[8] Quiso convertirse en matemático, pero su padre le dijo que si escogía ese camino «iba a llevar una vida sin dinero, sin posición y sin futuro»,[9] por lo que acabó siguiendo los pasos de su padre y su abuelo y estudió arquitectura.[10]

Comenzó sus estudios de arquitectura en la Universidad de Karlsruhe en lugar de en una institución más prestigiosa por culpa de la crisis de hiperinflación de 1923, que limitó los ingresos de sus padres.[11] Al año siguiente, con el alivio de la crisis, se trasladó a la «mucho más reputada» Universidad Técnica de Múnich[12] y en 1925 se trasladó de nuevo, en este caso a la Universidad Técnica de Berlín, donde estudió con Heinrich Tessenow, a quien Speer admiraba.[13] Tras aprobar sus exámenes en 1927, Speer se convirtió en asistente de Tessenow, un gran honor a sus 22 años.[14] De este modo Speer pudo impartir algunas de las clases de Tessenow mientras continuaba con sus estudios de posgrado.[15] En Múnich y Berlín comenzó una estrecha amistad que duraría medio siglo con Rudolf Wolters, quien también estudió con Tessenow.[16]

A mediados de 1922 Speer empezó a cortejar a Margarete (Margret) Weber (1905–1987), aunque su relación no era aprobada por la conciencia de clase de su madre, que sentía que los Weber eran de clase inferior (el padre de Weber era un artesano de éxito que empleaba a cincuenta trabajadores). A pesar de esta oposición la pareja contrajo matrimonio en Berlín el 28 de agosto de 1928, aunque pasarían siete años antes de que Margarete Speer fuera invitada a quedarse en casa de sus suegros.[17]

Arquitecto nazi[editar]

Ingreso en el Partido (1930-1934)[editar]

Speer aseguró que de joven era apolítico y que acudió a un mitin del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en Berlín en diciembre de 1930 por petición de algunos de sus estudiantes.[18] Se sorprendió al ver a Hitler vestido con un traje azul limpio, en lugar de con el traje marrón que lucía en los carteles del Partido Nazi, y quedó gratamente impresionado, no sólo con sus propuestas, sino también con la persona. Varias semanas después asistió a otro mitin, en ese caso presidido por Joseph Goebbels, quien le sorprendió por la manera en que arengaba al público, algo que no menoscabó la grata impresión que Hitler le había causado. El 1 de marzo de 1931 solicitó la adhesión al Partido Nazi y se convirtió en el militante número 474 481.[19] [20]

El primer puesto de Speer en el Partido Nazi fue como jefe del Cuerpo de Motoristas Nacional-socialistas del suburbio berlinés de Wannsee, pues era el único nazi de la ciudad con coche propio.[21] Speer contó que fue contratado, sin honorarios, por el líder del partido del Westend de Berlín, Karl Hanke, para redecorar una villa que acababa de alquilar. Hanke se mostró entusiasmado con el resultado.[22]

En 1931 Speer renunció a su puesto como asistente de Tessenow debido a los recortes salariales y se trasladó a Mannheim con la esperanza de aprovechar los contactos de su padre. Tuvo poco éxito, por lo que su progenitor le dio un trabajo como gestor de las propiedades del abuelo Speer. En julio de 1932 los Speer visitaron Berlín para ayudar al partido antes de las elecciones al Reichstag. Mientras estaban allí Hanke recomendó el joven arquitecto a Goebbels para ayudar en la renovación de la sede del partido en la capital alemana. Speer, que había estado a punto de irse de vacaciones con su esposa a Prusia Oriental, accedió a hacer el trabajo, al término del cual retornó a Mannheim, donde permaneció hasta la llegada al poder de Hitler en enero de 1933.[23] [24]

Tras el ascenso al poder de los nazis, Hanke volvió a llamar a Berlín a Speer. Goebbels, nuevo ministro de Propaganda, lo contrató para renovar el edificio de su ministerio en la Wilhelmplatz.[25] El arquitecto también diseñó en 1933 la conmemoración del MayDay en Berlín. En sus Memorias menciona que, viendo el diseño original para este congreso en Berlín en el escritorio de Hanke, señaló que el sitio se asemejaba a una Schützenfest.[26] Hanke, entonces Secretario de Estado de Goebbels,[27] lo retó a crear un diseño mejor. Como Speer supo más tarde, Hitler se entusiasmó con su diseño (que usaba banderas gigantes), aunque Goebbels se llevó todo el mérito del mismo. Tessenow se mostró indiferente: «¿Piensas que has creado algo?. Es llamativo, eso es todo».[26]

Speer y Hitler examinando unos planos en el Berghof en 1938.

Los organizadores del congreso del partido Nazi en Núremberg en 1933 llamaron a Speer para que presentara sus diseños y le pusieron en contacto con Hitler por primera vez. Ni los organizadores ni Rudolf Hess estaban dispuestos a decidir qué plan era aprobado, por lo que Hess envió a Speer al apartamento de Hitler en Múnich para buscar su aprobación.[28] Cuando Speer entró, el nuevo canciller estaba limpiando una pistola, que rápidamente puso a un lado para poder echar un vistazo a los planos y aprobarlos sin siquiera mirar al arquitecto.[29] Este trabajo le dio a Speer su primer puesto nacional como «Comisionado para la Presentación Artística y Técnica de los Congresos y Demostraciones del Partido».[30]

La siguiente tarea de importancia de Speer fue servir como enlace en Berlín para las obras de renovación de la Cancillería que llevaba a cabo Paul Troost. Como canciller, Hitler tenía una residencia en el edificio e iba todos los días para ser informado por Speer y por el supervisor de la obra sobre el progreso de la construcción. Tras uno de estos encuentros, Hitler lo invitó a almorzar, para gran excitación del arquitecto.[31] Hitler mostró mucho interés por Speer durante la comida y le dijo que había estado buscando un joven arquitecto capaz de llevar a cabo sus sueños arquitectónicos para la nueva Alemania. Speer se convirtió rápidamente en parte del círculo íntimo de Hitler, y esperaba la llamada del canciller por la mañana para pasear o charlar, ofrecer asesoramiento en materia arquitectónica y discutir sus ideas. La mayoría de los días era invitado a cenar.[32]

Ambos tenían mucho en común: Hitler hablaba de Speer como un «alma gemela» hacia la que había mantenido siempre «sus más cálidos sentimientos humanos».[33] El joven y ambicioso arquitecto quedó deslumbrado por el rápido ascenso de Hitler y su cercanía a él le garantizó el sustento económico por parte del gobierno y de los más altos escalafones del Partido.[34] Speer testificó en Núremberg: «Pertenecí a un círculo compuesto por otros artistas y su equipo personal. Si Hitler hubiera tenido amigos, yo hubiera sido sin duda uno de los más cercanos».[35]

Primer arquitecto del Tercer Reich (1934-1939)[editar]

La Catedral de Luz sobre la tribuna del Campo Zeppelín.

A la muerte de Troost el 21 de enero de 1934, Speer lo reemplazó como arquitecto jefe del partido. Hitler lo nombró dirigente de la Oficina Principal de la Construcción, puesto con el que entró nominalmente en el equipo de Rudolf Hess.[36]

Uno de los primeros encargos de Speer tras la muerte de Troost fue el Campo Zeppelín, el campo de paradas militares que aparece en el documental de Leni Riefenstahl —obra maestra de la propaganda— El triunfo de la voluntad. Esta enorme obra tenía capacidad para 340 000 personas[37] y contaba con una tribuna inspirada en el Altar de Pérgamo, aunque magnificado a una escala inmensa.[38] Speer insistió en que se celebraran de noche el mayor número de espectáculos posibles tanto para resaltar los efectos de iluminación como para ocultar a los miembros del Partido Nazi, muchos de los cuales tenían sobrepeso.[39] Rodeó el área del campo con 130 reflectores antiaéreos destinados a crear una «Catedral de Luz» o, como fue llamada por el embajador británico Sir Nevile Henderson, una «Catedral de Hielo».[40] Speer consideraba ésta su obra más bella y la única que resistiría el paso del tiempo.[40]

Núremberg fue sede de muchos de los edificios oficiales del Partido Nazi, algunos de los cuales nunca se construyeron, caso del Deutsches Stadion, que podría haber acomodado a 400 000 espectadores, u otro Campo para los congresos nazis que podría haber dado cabida a un millón de personas.[37] Mientras planeaba estas estructuras, Speer inventó el concepto del «valor de la ruina»: los grandes edificios debían ser construidos de tal manera que fueran ruinas estéticamente agradables pasados miles de años, como testamentos de la grandeza del Tercer Reich, del mismo modo que las ruinas grecorromanas eran símbolos de la grandeza del mundo de la antigüedad clásica. Hitler abrazó con entusiasmo estos conceptos y ordenó que los edificios más importantes del Reich fueran construidos de acuerdo a ellos.[41]

Las construcciones modernas no eran muy apropiadas para constituir el puente de tradición hacia futuras generaciones que Hitler deseaba: resultaba inimaginable que unos escombros oxidados transmitieran el espíritu heroico que Hitler admiraba en los monumentos del pasado. Mi teoría tenía por objeto resolver este dilema: el empleo de materiales especiales, así como la consideración de ciertas condiciones estructurales específicas, debía permitir la construcción de edificios que cuando llegaran a la decadencia, al cabo de cientos o miles de años, pudieran asemejarse un poco a sus modelos romanos.

Albert Speer[42]
Pabellón alemán de Speer (izquierda) frenta al pabellón soviético (derecha) en la Exposición Internacional de París de 1937.

Speer no podía evitar ser testigo de los excesos del régimen nazi. Poco después de la consolidación en el poder de Hitler, en la noche de los cuchillos largos, el canciller ordenó a Speer tomar varios trabajadores e ir al edificio que albergaba las oficinas del vicecanciller Franz von Papen para empezar su conversión en un cuartel de seguridad, a pesar de estar aún ocupado por funcionarios de Von Papen. Speer y su grupo entraron en el edificio y se encontraron un charco de sangre, aparentemente del cuerpo de Herbert von Bose, secretario de Papen que había sido asesinado allí. Speer afirmó que esa visión no tuvo ningún efecto en él, más allá de hacer que evitara aquella estancia.[43]

Cuando Hitler despreció el diseño de Werner March para el Estadio Olímpico de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 por considerarlo muy moderno, Speer modificó los planos añadiendo un exterior de piedra.[44] También diseñó el pabellón alemán para la Exposición Internacional de París de 1937, donde los pabellones alemán y soviético estaban el uno frente el otro. Sabiendo, gracias a una filtración clandestina de sus planos, que los soviéticos iban a construir dos figuras colosales que parecerían avanzar hacia el pabellón alemán, Speer modificó su diseño para incluir una enorme masa cúbica que se oponía a su avance, rematada en la parte superior por una gran águila que miraba hacia abajo a las dos figuras soviéticas. Ambos pabellones fueron galardonados con medallas de oro por sus diseños.[45] Junto al pabellón alemán estuvo situado el celebrado Pabellón de la República Española, cuyo diseño racionalista contrastaba vivamente con la monumentalidad de la propuesta de Speer. Speer también recibió, de parte del líder de las Juventudes Hitlerianas y más tarde compañero suyo en la cárcel de Spandau, Baldur von Schirach, la Medalla de Oro de Honor de las Juventudes Hitlerianas con Hojas de Roble.[46]

Maqueta de Welthauptstadt Germania, la ambiciosa reforma de Berlín planeada por Speer.

En 1937 Hitler nombró a Speer Inspector General de los edificios de la capital del Reich con el rango de subsecretario de estado en el gobierno del Reich. Este puesto suponía extraordinarios poderes sobre el gobierno de la ciudad de Berlín y lo hizo responsable solo ante Hitler.[47] También hizo al arquitecto miembro del Reichstag, aunque este organismo tenía entonces muy poco poder efectivo.[48] El canciller le ordenó elaborar planos para reconstruir Berlín como capital del mundo, Welthauptstadt Germania. Speer elaboró un trazado que se basaba en una larga avenida de cinco kilómetros que corría de norte a sur y que el arquitecto llamó Prachtstrasse, la Calle de la Magnificencia,[49] o también el «Eje norte-sur».[50] En el extremo norte de esta avenida Speer dispuso la Volkshalle, un enorme edificio de asamblea cerrado por una gigantesca cúpula de más de 200 metros de altura y con espacio interior para 180 000 personas. En el extremo sur de la avenida habría un arco de triunfo, también de colosales proporciones, de al menos 120 metros de altura y capaz de contener el Arco de Triunfo de París. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 obligó a posponer y finalmente abandonar estos planes.[51] Parte del terreno para la gran avenida iba ser obtenido de la consolidación del sistema de vías férreas berlinesas.[52] Speer contrató a Wolters para su equipo de diseño y le dio una especial responsabilidad para diseñar la Prachtstrasse.[53] Cuando el padre de Albert Speer vio la maqueta del nuevo Berlín le dijo a su hijo: «Todos ustedes se han vuelto completamente locos».[54]

Galería de Mármol de la nueva Cancillería del Reich.

En enero de 1938 Hitler consultó a Speer para construir una nueva Cancillería del Reich en el mismo lugar que la ya existente, y le dijo que la necesitaba por urgentes razones de política exterior para no más tarde que el próximo año nuevo —el 10 de enero de 1939—, cuando se celebraría una recepción de diplomáticos. Este era un proyecto de gran envergadura, especialmente porque la cancillería existente funcionaba a pleno rendimiento, pero tras consultar con sus asistentes, Speer accedió. Aunque el emplazamiento del nuevo edificio no estuvo disponible hasta abril, el arquitecto construyó con éxito una enorme e impresionante estructura en tan sólo nueve meses, un edificio que incluía la «Galería de Mármol», de 146 metros de largo, casi el doble que la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles. Para conseguirlo Speer empleó miles de trabajadores en dos turnos. Hitler, que había permanecido fuera del proyecto, quedó abrumado cuando su arquitecto lo entregó, totalmente amueblado, con dos días de antelación.[55] En reconocimiento por la labor del arquitecto en la construcción de la nueva cancillería, Hitler lo condecoró con la Placa Dorada del Partido.[56] Tessenow no se mostró tan impresionado y sugirió a Speer que se tendría que haber tomado nueve años para realizar ese proyecto.[57] Esta segunda cancillería resultó muy dañada durante la batalla de Berlín en 1945[58] y fue finalmente desmantelada por los soviéticos, que usaron sus piedras para crear el Monumento de Guerra Soviético.[59]

El escultor Arno Breker realizando en 1940 un busto de Speer (derecha).

Durante el proyecto de la nueva cancillería se produjo el pogromo de la noche de los cristales rotos. Speer no hizo mención a este suceso en el primer borrador de sus Memorias, y fue sólo tras el aviso urgente de su editor que añadió una reseña que afirma que vio desde su coche las ruinas de la Sinagoga Central de Berlín.[60]

Speer estuvo bajo una gran presión psicológica en esta época de su vida, como más tarde recordó:

Poco después de que Hitler me hiciera los primeros grandes encargos arquitectónicos comencé a sufrir ansiedad en túneles largos, aviones y habitaciones pequeñas. Mi corazón se desbocaba, me quedaba sin aliento, mi diafragma parecía ser más pesado y tenía la impresión de que mi presión sanguínea aumentaba enormemente… ¡Ansiedad en medio de toda mi libertad y poder!.[61]

Arquitecto durante la guerra (1939-1942)[editar]

Speer apoyó la invasión alemana de Polonia y la guerra subsiguiente, aunque reconoció que pospondría sus sueños arquitectónicos.[62] En sus últimos años el arquitecto, en conversaciones con su biógrafa Gitta Sereny, explicó cómo se sintió en 1939: «Por supuesto estaba perfectamente al tanto de que [Hitler] buscaba la dominación del mundo… En ese momento yo no pedía nada más. Ese fue el punto central de mis edificios. Todo lo que yo quise para ese gran hombre era que dominara el mundo».[63]

Speer (centro) junto a Hitler en el París ocupado el 23 de junio de 1940.

El arquitecto puso su departamento a disposición de la Wehrmacht, y cuando Hitler protestó y dijo que Speer no era quién para decidir como debían ser usados sus trabajadores, éste simplemente lo ignoró.[64] Entre las innovaciones del arquitecto alemán estuvieron los escuadrones de reacción rápida para construir carreteras y limpiarlas de escombros, unidades que poco después fueron usadas para despejar lugares bombardeados.[62] Con el avance de la guerra, favorable en un principio a los intereses alemanes, Speer continuó con sus trabajos preliminares sobre los trazados urbanos de Berlín y Núremberg, siempre ante la insistencia de Hitler, al que no logró convencer de la necesidad de suspender los proyectos constructivos previos a la guerra.[65] [66] Speer también supervisó la construcción de los edificios de la Wehrmacht y la Luftwaffe y desarrolló una notable organización para afrontar estos proyectos.[67]

En 1940 Stalin propuso que Speer visitara Moscú. El líder soviético había quedado particularmente impresionado por el pabellón alemán que el arquitecto había diseñado para la exposición internacional en París y deseaba encontrarse con el «arquitecto del Reich». Hitler, con acusados cambios de humor, no permitió ir a Speer por temor a que el líder soviético lo metiera en un «agujero de ratas» hasta que emergiera una nueva Moscú.[68] Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en 1941 Speer llegó a dudar, a pesar de las garantías de Hitler, de que sus proyectos para Berlín se materializaran algún día.[69]

Ministro de Armamento[editar]

Nombramiento y mayor poder[editar]

El 8 de febrero de 1942 el Ministro de Armamento Fritz Todt moría en un accidente de avión poco después de despegar del cuartel oriental de Hitler en Rastenburg. Speer, que había llegado a Rastenburg la noche anterior, había aceptado el ofrecimiento de Todt de volar con él a Berlín, pero lo canceló pocas horas antes del despegue, algo que el arquitecto explica en sus Memorias que se debió a que estaba exhausto del vuelo de ida y una reunión nocturna con Hitler. El mismo día del accidente Hitler nombró a Speer sustituto de Todt con todos sus poderes. En sus memorias Speer recuerda su reunión con el Führer y su renuencia a asumir la cartera ministerial, y que sólo aceptó por orden de Hitler. También cuenta que Göring corrió al cuartel del canciller al enterarse del fallecimiento de Todt con la esperanza de asumir sus poderes, pero se encontró con la decisión irrevocable del nombramiento de Speer.[70]

Speer (derecha) galardonado con el anillo de la Organización Todt por Hitler (mayo de 1943).

En el momento de la llegada de Speer al ministerio, la economía alemana no estaba totalmente orientada, a diferencia de la británica, a la producción militar. En Alemania todavía se producían bienes de consumo casi en la misma cantidad que en tiempo de paz. Al menos cinco autoridades supremas tenían jurisdicción sobre la producción de armamento, una de las cuales, el Ministerio de Asuntos Económicos, había declarado en noviembre de 1941 que las condiciones actuales no permitían un aumento de la producción armamentística. Había pocas mujeres empleadas en las fábricas, en las cuales sólo se trabajaba un turno. Una noche, poco después de su nombramiento, Speer fue a visitar una fábrica de armas en Berlín y no encontró a nadie.[71]

Speer, pensativo, volando en avión (1943).

Speer superó estas dificultades centralizando todos los poderes sobre la economía de guerra en él mismo. A las fábricas se les dio autonomía o, lo que Speer llamó, «auto responsabilidad», y se centraron cada una en un solo producto.[72] Respaldado plenamente por Hitler, quien le dijo «Speer, firmaré todo lo que venga de ti»,[73] el nuevo ministro dividió la producción militar de acuerdo al sistema de armas, y colocó expertos en los puestos que antes ocupaban sirvientes con la finalidad de supervisar cada departamento. Ningún jefe de departamento podría tener más de 55 años (cualquiera más viejo podía caer en la «rutina y la arrogancia»)[74] y ningún sustituto más de 40. Sobre estos departamentos habría un comité central de planificación encabezado por Speer, quien tuvo cada vez más responsabilidad en la producción militar y, con el tiempo, en toda la economía alemana. De acuerdo con las actas de una reunión del Alto Mando de la Wehrmacht en marzo de 1942, «Sólo la palabra de Speer vale ahora… Puede interferir en todos los departamentos».[75] Goebbels anotaría en su diario, en junio de 1943, que «Speer sigue estando arriba con el Führer. Es un verdadero genio de la organización».[76] El arquitecto tuvo tanto éxito como ministro que, a finales de 1943, era ampliamente considerado entre la élite nazi como un posible sucesor de Hitler.[77]

Aunque Speer tenía un enorme poder, todavía era un subordinado de Hitler. Los oficiales nazis algunas veces recurrían al ministro buscando órdenes directas del Führer. Cuando Speer ordenó que se suspendieran todas las obras arquitectónicas de tiempo de paz, los Gauleiter (líderes de distrito del partido Nazi) obtuvieron una exención para sus proyectos. Speer solicitó el nombramiento de Hanke como jefe de la mano de obra para optimizar el uso de los trabajadores alemanes, pero Hitler, por influencia de Martin Bormann, nombró en su lugar a Fritz Sauckel. Éste, en lugar de aumentar el número de mujeres trabajadoras y tomar otras medidas para organizar mejor a los trabajadores germanos, como Speer quería, importó mano de obra de naciones ocupadas para trabajar en las fábricas de armamento de Speer bajo las condiciones más brutales.[78]

El 10 de diciembre de 1943 Speer visitó la factoría subterránea Mittelwerk de cohetes V-2, que recurría a mano de obra de un campo de concentración. Impactado por las condiciones del lugar, en el que murió un 5,7% de trabajadores sólo en ese mes, Speer ordenó mejorar sus condiciones de trabajo y las instalaciones del campo de concentración de Mittelbau-Dora.[79] A pesar de estos cambios, la mitad de los trabajadores de este lugar acabó muriendo, sobre lo que Speer comentaría: «las condiciones para estos prisioneros eran en realidad bárbaras, y siempre que pienso en ellos se apodera de mí un sentido de profunda implicación y culpa personal».[80]

Speer inspeccionando un tanque soviético T-34 capturado (junio de 1943).

En 1943 los aliados habían ganado la superioridad aérea sobre Alemania y eran comunes los bombardeos sobre las ciudades y la industria germanas. Sin embargo, la campaña de bombardeos aliados no se centró sobre la industria y Speer, con su habilidad para la improvisación, fue capaz de sobreponerse a los efectos de las bombas, pues en 1943 aumentó más del doble la producción de tanques, en un 80% la de aviones de combate y el tiempo de entrega de submarinos para la Kriegsmarine se redujo de un año a dos meses. La producción siguió aumentando hasta la segunda mitad de 1944, cuando se estaba produciendo equipamiento para abastecer a 270 divisiones de ejército aunque la Wehrmacht sólo tenía desplegadas 150 divisiones.[81]

En enero de 1944 Speer cayó enfermo debido a las complicaciones de una rodilla inflamada y estuvo fuera del ministerio tres meses. Durante su ausencia sus rivales políticos, principalmente Göring y Martin Bormann, intentaron que algunos de sus poderes les fueran transferidos de forma permanente. De acuerdo con Speer, Heinrich Himmler, jefe de las SS, intentó mantenerlo aislado haciendo que fuera tratado por su médico Karl Gebhardt, cuyos cuidados no sirvieron para nada. La esposa y amigos de Speer consiguieron que fuera atendido por su amigo, el doctor Karl Brandt, y se recuperó lentamente.[82] En abril, sus rivales por el poder consiguieron privarlo de responsabilidad sobre la construcción, por lo que el arquitecto envió rápidamente a Hitler una amarga carta que concluía con su dimisión. Sin embargo, juzgando a Speer indispensable para el esfuerzo de guerra, el mariscal de campo Erhard Milch persuadió a Hitler para que convenciera a Speer de recapacitar. El Führer envió a Milch a Speer con un mensaje que no abordaba el conflicto pero que le recordaba que lo tenía en tan alta estima como siempre. Según Milch, una vez oído el mensaje Speer lo echó diciendo «¡El Führer me puede besar el culo!».[83] Tras una larga conversación, Milch lo convenció para retirar su solicitud de dimisión con la condición de que todos sus poderes fueran restablecidos.[84] El 23 de abril de 1944 Speer fue a ver a Hitler, quien coincidió en que «todo será como antes, [Speer] permanecerá como jefe de toda la construcción alemana».[85] Según el arquitecto, mientras él obtuvo lo que quería, Hitler también ganó, «porque él me quería y me necesitaba de vuelta a su lado, y me consiguió».[86]

Caída del Reich[editar]

El Reichsminister Speer descansa sentado en un escalón.

El nombre de Speer fue incluido en la lista de componentes de un gobierno pos Hitler elaborada por los conspiradores que estuvieron detrás del atentado del 20 de julio de 1944 para matar al Führer. La lista tenía un signo de interrogación y la anotación «persuadir» junto al nombre del arquitecto, detalle que quizá le salvó de las extensivas purgas del régimen que siguieron a este complot.[87]

Ya en febrero de 1945 Speer, que hacía tiempo que había llegado a la conclusión de que la guerra estaba perdida, trabajaba para abastecer a las zonas que iban a ser ocupadas en previsión de los difíciles tiempos que se avecinaban.[88] El 19 de marzo de 1945 Hitler emitió la Orden Nerón para poner en marcha la táctica de tierra quemada tanto en Alemania como en los territorios ocupados.[89] La orden de Hitler, por sus términos, privaba a Speer de cualquier poder para interferir con el decreto, por lo que el arquitecto se enfrentó con el Führer diciéndole que la guerra estaba perdida.[90] Hitler le dio 24 horas para reconsiderar su posición, y cuando se reunieron ambos al día siguiente, Speer respondió «Estoy contigo incondicionalmente».[91] Sin embargo, también demandó poderes exclusivos para poner en marcha la Orden Nerón y Hitler firmó una orden a tal efecto. Usando esta segunda orden, Speer intentó persuadir a los generales y a los Gauleiter para evadir el decreto Nerón y evitar el sacrificio innecesario de personal y la destrucción de la industria que sería necesaria tras el fin del conflicto.[92]

Speer consiguió llegar a una zona relativamente segura cerca de Hamburgo durante el colapso final del régimen nazi, pero decidió realizar una última y peligrosa visita a Berlín para ver a Hitler una vez más.[93] El ministro dijo en Núremberg: «Sentí que era mi deber no huir como un cobarde, sino presentarme ante él de nuevo».[94] Así, el 22 de abril el arquitecto visitó el Führerbunker. Hitler parecía tranquilo y un poco distraído y ambos mantuvieron una larga y distendida conversación en la que el dictador defendió sus acciones e informó al ministro de su intención de suicidarse y de que su cuerpo fuera cremado. En la edición publicada de sus Memorias Speer relata que confesó a Hitler que había desafiado la Orden Nerón, pero le aseguró su lealtad personal, lo que hizo asomar lágrimas en los ojos del Führer.[93] Gitta Sereny, biógrafa de Speer, argumentó: «Psicológicamente es posible que esta sea la manera en que él recordó la ocasión, porque es como le hubiera gustado que se comportase y reaccionase Hitler, pero el hecho es que nada de eso sucedió. Nuestro testimonio de ello es el propio Speer».[95] Sereny apunta que el escrito original de sus memorias no contiene esta confesión y la reacción lacrimógena de Hitler, pero sí una negación explícita de cualquier confesión o de que tuviera lugar un intercambio emocional, como se afirmó en el artículo de una revista francesa.[96]

A la mañana siguiente el arquitecto abandonó el Führerbunker con Hitler despidiéndolo secamente. Visitó la destruida cancillería por última vez antes de abandonar la capital con destino a Hamburgo.[93] El 29 de abril, el día antes de suicidarse, Hitler dictó un último testamento político que nombraba un nuevo gobierno para después de su muerte, del que se omitía a Speer. El Ministro de Armamento habría de ser su propio subordinado Karl Saur.[97]

Juicios de Núremberg[editar]

Tras la muerte de Hitler, Albert Speer ofreció sus servicios al autodenominado Gobierno de Flensburgo, liderado por el sucesor de Hitler, el almirante Karl Dönitz, y tuvo un papel relevante en este efímero régimen. El 15 de mayo llegaron los estadounidenses y preguntaron a Speer si estaría dispuesto a ofrecer información sobre los efectos de la guerra aérea. El arquitecto accedió y en los siguientes días les proveyó datos sobre numerosos temas. El 23 de mayo, dos semanas después de la rendición de las tropas alemanas, los aliados arrestaron a los miembros del Gobierno de Flensburgo, poniendo así final formal a la Alemania nazi.[98]

Los acusados en los juicios de Núremberg escuchan los procedimientos (Speer, sentado en la fila superior, es el quinto por la derecha).

Speer pasó por varios centros de detención para oficiales nazis y fue interrogado. En septiembre de 1945 se dijo que iba a ser juzgado por crímenes de guerra, y varios días después fue trasladado a Núremberg y encarcelado allí.[99] Speer fue imputado en los cuatro cargos posibles: primero, participar en un plan común o conspiración para perpetrar un crimen contra la paz; segundo, planear, iniciar y librar guerras de agresión y otros crímenes contra la paz; tercero, crímenes de guerra, y por último, crímenes contra la humanidad.[100]

Robert H. Jackson, juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos y fiscal jefe estadounidense en Núremberg, alegó: «Speer se unió a la planificación y ejecución del programa para emplear prisioneros de guerra y trabajadores extranjeros en la industria de guerra alemana, que creció en producción mientras los trabajadores se morían de hambre».[101] El abogado de Speer, Hans Flächsner, presentó a su defendido como un artista empujado a la vida política, que había permanecido siempre fuera de la ideología y que había tenido que prometer a Hitler que no retornaría a la arquitectura tras la guerra.[102] Durante su testimonio, Speer aceptó su responsabilidad por las acciones del régimen nazi:

En la vida política cada persona es responsable de su propio sector. Por ello él es, por supuesto, totalmente responsable. Pero más allá, hay una responsabilidad colectiva en la que él ha sido uno de los líderes. ¿Quién más va a ser responsable del curso de los hechos, si no los más cercanos asociados al jefe del estado?.[103]

Albert Speer durante los juicios de Núremberg.

Un observador en el juicio, el periodista y escritor William L. Shirer, escribió que, comparado con el resto de acusados, «Speer causó la mayor impresión de todos y… durante el largo juicio habló honestamente y sin ninguna intención de eludir su responsabilidad y culpabilidad».[104] El arquitecto también testificó que había planeado matar a Hitler a comienzos de 1945 dejando caer una granada de gas venenoso en los conductos de aire de su búnker,[105] pero que sus intentos se frustraron por un alto muro construido alrededor de la toma de aire.[106] Dijo que su motivo era la desesperación al darse cuenta que Hitler pretendía arrastrar al pueblo alemán en su caída.[105] Este supuesto plan de asesinato fue recibido con cierto escepticismo, pues el rival arquitectónico de Speer, Hermann Giesler, dijo burlonamente: «el segundo hombre más poderoso del estado no tenía una escalera».[107]

Speer fue encontrado culpable de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, aunque fue absuelto de los otros dos cargos, y el 1 de octubre de 1946 fue sentenciado a veinte años de prisión.[108] Aunque tres de los ocho jueces (dos soviéticos y uno norteamericano) inicialmente abogaron por condenarlo a muerte, el resto de jueces no lo hizo, y el acuerdo de sentencia se alcanzó «tras dos días de discusiones y varios amargos tira y afloja».[109] La sentencia declaró:

…en las etapas finales de la guerra [Speer] fue uno de los pocos hombres que tuvo el coraje de decirle a Hitler que la guerra estaba perdida y que tomara medidas para evitar la destrucción sin sentido de las instalaciones productivas, tanto en los territorios ocupados como en Alemania. Se opuso al programa de tierra quemada de Hitler… tomando un considerable riesgo personal.[110]

Doce de los acusados fueron condenados a muerte (incluido Bormann, ausente) y tres fueron absueltos, mientras que sólo siete fueron sentenciados a prisión.[108] Permanecieron en celdas en Núremberg mientras los aliados debatían dónde, y bajo qué condiciones, debían ser encarcelados.[111]

Encarcelamiento[editar]

Speer en su celda durante los juicios de Núremberg (1945).

El 18 de julio de 1947 Albert Speer y sus seis compañeros de prisión, todos antiguos altos funcionarios del régimen nazi, fueron trasladados de Núremberg a Berlín fuertemente custodiados.[112] Allí ingresaron en la prisión de Spandau, en el sector británico de lo que sería Berlín Oeste, y se les asignaron unos números (a Speer le dieron el 5).[113] En un principio los presos fueron mantenidos en confinamiento solitario salvo media hora al día, y no se les permitía hablar a los demás o a sus guardias.[114] Con el tiempo esta rigidez se relajó, especialmente durante los tres meses de cada cuatro en que tenían el control las potencias occidentales (EE. UU., Francia y Reino Unido), pues las cuatro naciones que controlaban Berlín se rotaban mensualmente.[115] Speer se consideraba a sí mismo un paria entre sus compañeros de cautiverio, pues era el único que había asumido su responsabilidad en Núremberg.[116]

El arquitecto hizo un deliberado esfuerzo por aprovechar al máximo su tiempo. Escribió: «Estoy obsesionado con la idea de emplear este período de confinamiento en escribir un libro de gran importancia… Ello podría significar transformar la celda de la prisión en un lugar de estudio».[117] Los prisioneros tenían prohibido escribir memorias y su correo estaba muy limitado y censurado, pero gracias a un ofrecimiento Speer consiguió obtener material para escribir. En 1954 había completado sus memorias, 20 000 hojas que envió a Wolters y éste transformó en 1100 páginas escritas a máquina.[118] También fue capaz de enviar cartas e instrucciones financieras y obtener papel de escritura y cartas del exterior.[119] Sus muchas cartas a sus hijos, todas enviadas secretamente, formarían la base de Diario de Spandau.[120]

Con el borrador de sus memorias completo y secretamente enviado, Speer buscó un nuevo proyecto y lo encontró mientras hacía su ejercicio diario, caminar en círculos por el patio de la prisión. Midiendo cuidadosamente la distancia de su recorrido, el arquitecto se dispuso a caminar la distancia de Berlín a Heidelberg. Más tarde amplió esta idea a un recorrido alrededor del mundo, visualizando los lugares a través de los que «viajaba» mientras caminaba por el patio de Spandau.[121] Pidió libros de viajes y otros materiales sobre los países por los que él imaginaba que estaba pasando y mapas con las distancias reales del mundo, comenzando por el norte de Alemania, atravesando Asia por el sur antes de entrar en Siberia, cruzar el estrecho de Bering y poner rumbo al sur para finalizar a 35 km al sur de Guadalajara, México.[122]

Prisión de Spandau, Berlín, en la que Speer cumplió la mayor parte de su condena.

Speer también dedicó gran parte de su tiempo y energía a leer. Aunque los prisioneros se llevaron algunos libros como propiedad personal, la prisión de Spandau no tenía biblioteca propia y los libros debían ser enviados desde la biblioteca municipal de Spandau.[123] A partir de 1952 los prisioneros también pudieron pedir libros de la biblioteca central de Berlín en Wilmersdorf.[124] Speer fue un lector voraz y completó más de 500 libros en sus tres primeros solitarios años en Spandau.[125] Sus lecturas incluyeron novelas clásicas, libros de viajes, libros sobre el Antiguo Egipto y biografías de personajes como Lucas Cranach el Viejo, Friedrich Preller y Gengis Kan.[124] El arquitecto iba al jardín de la prisión a disfrutar y trabajar para superar el bloqueo del escritor,[126] y se le permitió construir un ambicioso jardín con la transformación de lo que él describió en un principio como un «desierto»[127] en lo que un comandante estadounidense de Spandau llamó «El jardín del Edén de Speer».[128]

Los partidarios de Speer pidieron continuamente su liberación. Entre los que apoyaron la conmutación de la pena del antiguo ministro estuvieron Charles de Gaulle,[129] el diplomático estadounidense George Ball,[129] el ex Alto Comisionado John J. McCloy[130] y el que fuera fiscal en Núremberg Hartley Shawcross.[130] Willy Brandt también fue un firme defensor de Speer y de su liberación,[131] pues le envió flores a su hija el día de su puesta en libertad[132] y puso fin a los procesos de desnazificación contra Speer[133] que habrían llevado a la confiscación de sus bienes. La reducción de su condena habría requerido el consenso de las cuatro potencias ocupantes, pero los soviéticos se opusieron rotundamente a cualquier propuesta.[130] Así, Albert Speer cumplió toda su condena y fue puesto en libertad al filo de la medianoche que daba comienzo al 1 de octubre de 1966.[134]

Liberación y vida posterior[editar]

La puesta en libertad de Albert Speer fue un acontecimiento mundial en los medios de comunicación, pues los periodistas abarrotaron tanto las calles de los alrededores de Spandau como el vestíbulo del hotel berlinés en que el antiguo ministro de Hitler pasó sus primeras horas de libertad en 20 años.[135] Habló poco y reservó la mayoría de sus palabras para una gran entrevista publicada en el periódico Der Spiegel en noviembre de 1966, en la que volvía a asumir su responsabilidad en los crímenes del régimen nazi.[136] Abandonó sus planes para retornar a la arquitectura (dos posibles socios murieron poco después de su liberación)[137] y revisó sus escritos de Spandau en dos libros autobiográficos. Más tarde publicó un tercero sobre Himmler y las SS. Sus libros, especialmente Memorias (en alemán Erinnerungen, literalmente Recuerdos)[138] y Diario de Spandau proporcionan una única y particular visión sobre las personalidades de la era nazi y son muy positivamente valorados por los historiadores. Joachim Fest y Wolf Jobst Siedler, de la editorial Ullstein, asesoraron a Speer en la redacción de ambos libros.[139]

Por otra parte, Speer se encontró incapaz de retomar la relación con sus hijos, incluso con su hijo Albert, que también era arquitecto. Según su hija Hilde, «Uno por uno mis hermanas y hermanos renunciaron. No había comunicación».[140] Tras la publicación de sus exitosos libros, Speer donó una considerable cantidad de dinero a organizaciones benéficas judías. Según Siedler, estas donaciones representaron en torno al 80% de sus derechos de autor, aunque el propio Speer las mantuvo en el anonimato tanto por temor al rechazo como por miedo a ser tachado de hipócrita.[141]

Ya en 1953, cuando Wolters se opuso enérgicamente a que Hitler fuera referido en los borradores de las memorias como un criminal, Speer había previsto que con la publicación de los escritos perdería «algunos buenos amigos».[118] Y de hecho esto pasó, pues después de la publicación de las Memorias tanto Wolters como el escultor Arno Breker se distanciaron de él. Hans Baur, piloto personal de Hitler, sugirió que «Speer debe haber perdido la cabeza».[142] Wolters se preguntó si el arquitecto ahora iba a «caminar por la vida vestido con un cilicio, distribuyendo su fortuna entre las víctimas del Nacional Socialismo, perjurando todas las vanidades y placeres de la vida y viviendo de langostas y miel silvestre».[143]

Tumba de Albert Speer en Heidelberg.

Speer estuvo a disposición de historiadores y cualquiera que quisiera información.[144] Concedió una extensa y profunda entrevista para el número de junio de 1971 de la revista Playboy, en la que declaró: «Si no lo vi, es porque no quería verlo».[145] En octubre de 1973 el arquitecto alemán hizo su primer viaje al Reino Unido volando a Londres con un nombre falso[144] para ser entrevistado en el programa Midweek de Ludovic Kennedy en la BBC. A su llegada fue detenido durante casi ocho horas en el aeropuerto de Heathrow cuando las autoridades británicas de inmigración descubrieron su verdadera identidad. El Ministro de Interior británico, Robert Carr, permitió a Speer permanecer en el país 48 horas.[146] Ocho años después, cuando volvió a Londres para participar en el programa Newsnight de la BBC, Albert Speer sufrió un derrame cerebral y murió el 1 de septiembre de 1981.[5] El arquitecto mantenía una relación con una mujer inglesa de origen alemán y estaba con ella en el momento de su muerte.[147]

Incluso al final de su vida, Speer se continuaba cuestionando sus acciones bajo el mando de Hitler. En su último libro, Infiltración, se pregunta: «¿Qué hubiera pasado si Hitler me hubiera pedido que tomara decisiones que requirieran una dureza extrema?... ¿Hasta dónde habría llegado?... Y si hubiera ocupado un puesto diferente, ¿en qué medida habría ordenado atrocidades si Hitler me hubiera pedido que las hiciera?».[148] Speer dejó todas estas preguntas sin respuesta.[148]

Legado y controversia[editar]

La visión de Albert Speer como un «hombre milagro» apolítico es desafiada por el historiador de Yale Adam Tooze.[149] En su libro de 2006, The Wages of Destruction, Tooze, siguiendo a Gitta Sereny, argumenta que el compromiso ideológico del arquitecto con la causa nazi fue mayor de lo que él afirmó.[3] [4] Tooze sostiene además que no se ha buceado lo suficiente en la «mitología» de Speer[150] (en parte fomentada por el mismo arquitecto por motivos políticos a través del uso tendencioso de las estadísticas y otra propaganda),[151] lo que ha llevado a muchos historiadores a conceder a Speer demasiado crédito en el incremento de la producción armamentística y dar insuficiente consideración a la función en la «alta política» del llamado «milagro armamentístico».[152]

Legado arquitectónico[editar]

Tribuna del Campo Zeppelín de Núremberg, diseñada por Speer, en la actualidad.
Templete de acceso a subterráneo, diseñado por Speer, en la Straße des 17. Juni de Berlín.

Poco queda, más allá de fotos y planos, de las obras arquitectónicas más personales de Albert Speer. En Berlín no queda casi ningún edificio diseñado por el arquitecto en la era nazi, salvo dos hileras de farolas diseñadas por él a lo largo de la calle Straße des 17. Juni, que todavía se conservan,[153] y una torre de defensa antiaérea (Flakturm) en el parque Humboldthain, cuyo diseño fue supervisado por Speer.[154] [155] La tribuna del Campo Zeppelín en Núremberg, aunque parcialmente demolida, se puede visitar.[156] El trabajo de Speer también se puede ver en Londres, donde rediseñó el interior de la embajada alemana en el Reino Unido, sita en los números 7-9 de la calle Carlton House Terrace y que desde 1967 alberga las oficinas de la Royal Society. Su trabajo aquí, despojado de la iconografía nazi y parcialmente cubierto por tapices, se conserva en parte.[157]

Otro legado suyo fue el Arbeitsstab Wiederaufbau zerstörter Städte (Grupo de trabajo para la reconstrucción de las ciudades destruidas), autorizado por Speer en 1943 para reconstruir la ciudades alemanes bombardeadas y hacerlas más habitables en la era de los automóviles.[158] Las recomendaciones del Arbeitsstab sirvieron como base para los planes de desarrollo de muchas ciudades en la posguerra y sus miembros llegaron a ser importantes en la reconstrucción europea.[158]

Sobre los judíos[editar]

Como Inspector General de la Construcción, Speer fue responsable del Departamento Central para el Reasentamiento.[159] De 1939 en adelante el Departamento aplicó las Leyes de Núremberg para desalojar a los inquilinos judíos en Berlín, para así hacer sitio a inquilinos no judíos desplazados por la reurbanización o los bombardeos.[159] Finalmente, 75 000 judíos resultaron desplazados por estas medidas.[160] Speer estaba al tanto de estas acciones y preguntó por su progreso,[161] pues existe todavía al menos un memorando del arquitecto sobre el particular,[161] y también lo refleja la Crónica de las actividades del Departamento, conservada por Wolters.[162]

Después de su liberación de Spandau, Speer presentó a los Archivos federales de Alemania una versión editada de la Crónica, despojada por Wolters de cualquier mención a los judíos.[163] Cuando David Irving advirtió discrepancias entre esta Crónica editada y otros documentos, Wolters explicó la situación a Speer, quien respondió que las páginas correspondientes de la Crónica original habían «dejado de existir».[164] Wolters no destruyó la Crónica, y, debido al deterioro de su amistad con Speer, permitió acceder a la Crónica original al estudiante de doctorado Matthias Schmidt (quien, tras obtener su doctorado, desarrolló su tesis en un libro titulado Albert Speer: Fin de un Mito).[165] Speer consideró las acciones de Wolters una «traición» y una «puñalada por la espalda».[166] La Crónica original acabó en los Archivos alemanes en 1983, tras las muertes de Speer y Wolters.[167]

Conocimiento del Holocausto[editar]

Speer sostuvo en los juicios de Núremberg y en sus memorias que no tenía conocimiento del Holocausto. En Memorias escribe que a mediados de 1944 Hanke (entonces Gauleiter de Baja Silesia) le dijo que el ministro nunca debía aceptar una invitación para inspeccionar un campo de concentración en la vecina Alta Silesia porque «él había visto algo que no se le permitía describir y, además, no era capaz de describirlo».[168] Speer más tarde llegó a la conclusión de que Hanke debía referirse a Auschwitz, y se culpó a sí mismo por no indagar más en Hanke o haber buscado información de Himmler o Hitler:

Esos segundos [cuando Hanke le contó eso a Speer y éste no investigó] ocupaban mi mente cuando afirmé ante la corte internacional de los juicios de Núremberg que, como miembro importante del liderazgo del Tercer Reich, tenía que compartir la total responsabilidad por todo lo sucedido. Desde ese momento me estaba contaminando moralmente de forma irremediable. Por temor a descubrir algo que me hiciera cambiar de rumbo, cerré mis ojos… Debido a que fallé en ese momento me siento, todavía hoy, responsable por Auschwitz en un sentido personal total.[169]

Gran parte de la controversia sobre el conocimiento de Speer del Holocausto se ha centrado en su presencia en la Conferencia de Posen el 6 de octubre de 1943, en la que Himmler dio un discurso en que detallaba a los líderes nazis el Holocausto que ya se estaba produciendo. Himmler dijo: «La crucial decisión tuvo que ser tomada para borrar a este pueblo de la tierra… En las tierras que ocupamos, la cuestión judía se tratará a final de año».[170] Speer fue mencionado varias veces durante el discurso y Himmler parecía dirigirse a él directamente.[171] En sus Memorias el arquitecto menciona su propio discurso ante los oficiales, que tuvo lugar al principio del día, pero no menciona el de Himmler.[172] [173]

Águila de bronce procedente de la cancillería de Speer, ahora en el Museo Imperial de la Guerra en Londres.

En 1971 el historiador estadounidense Erich Goldhagen publicó un artículo en el que argumentaba que Speer estuvo presente en el discurso de Himmler. De acuerdo con la biografía de Speer escrita por Joachim Fest, «la acusación de Goldhagen podría haber sido ciertamente más convincente»[174] de no haber colocado la supuesta incriminación de Speer en el Holocausto entre comillas, atribuida a Himmler, y que fue de hecho inventada por Goldhagen.[174] En respuesta, tras una exhaustiva búsqueda en los Archivos federales de Alemania en Coblenza, Speer dijo que había abandonado Posen alrededor del mediodía, antes del discurso de Himmler, con la intención de viajar al cuartel de Hitler en Rastenburg.[174] En sus Memorias, publicadas antes que el artículo de Goldhagen, el arquitecto recordó que la noche posterior a la conferencia muchos oficiales nazis estaban borrachos y necesitaban ayuda para subir al tren especial que los llevaría a un encuentro con Hitler.[175] Uno de sus biógrafos, Dan van der Vat, sugiere que esto necesariamente implica que él aún estaba en Posen y que debía haber oído el discurso de Himmler.[176] Para rebatir el artículo de Goldhagen, Speer alegó un error en la redacción de sus Memorias, en las que en realidad informaba de un suceso acaecido en otra conferencia celebrada en Posen un año después.[177]

En 2005 el periódico británico The Daily Telegraph informó que habían aparecido documentos que indicaban que Speer había aprobado el envío de materiales para la ampliación de Auschwitz después de que dos de sus asistentes visitaran las instalaciones del campo de concentración un día en que fueron asesinados miles de judíos. Esos documentos llevaban supuestamente anotaciones de puño y letra de Speer. La biógrafa Gitta Sereny dijo que, debido a su carga de trabajo, Speer no habría estado personalmente al tanto de ese tipo de actividades.[178]

El debate sobre el conocimiento, o la complicidad, de Speer en el Holocausto lo convierten en un símbolo para gente que estuvo implicada en el régimen nazi pero que sin embargo no tuvieron (o así afirman) parte activa en las atrocidades del régimen nazi. Como dijo el cineasta Heinrich Breloer, «[Speer creó] un grupo de gente que decía ‘Créeme, no sabía nada [del Holocausto]. Basta con mirar al amigo del Führer, pues ni siquiera él lo sabía’».[178]

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]