Dinastía antigónida

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Después de la muerte de Alejandro Magno (356323 a. C.), sus generales se repartieron el imperio, siendo protagonistas durante veinte años de grandes luchas y peleas por obtener el poder. Fueron los llamados diádocos (‘sucesores’ o ‘herederos’). Después de estos antiguos generales, gobernaron los llamados epígonos (‘los nacidos después’ o sucesores). La lucha entre ellos para obtener el poder y la hegemonía duró casi cincuenta años, hasta el 281 a. C., en que murió el último de los diádocos, Seleuco I Nikátor.

Los protagonistas de los primeros tiempos fueron los comandantes Pérdicas y Meleagro, con sus intrigas y maniobras. También el gran general Antígono Monoftalmos, Antípatros (o Antípater, el último general que quedaba de la época de Filipo II), y más tarde los hijos de ambos Demetrio Poliorcetes y Casandro de Macedonia.

El vasto imperio de Alejandro Magno quedó dividido a su muerte de la siguiente manera:

  • Asia para Antígono I Monóftalmos. Era el que tenía más poder y más extensión de tierras. Sus sucesores darían lugar posteriormente a la dinastía Antigónida en Macedonia.
  • Egipto para Ptolomeo, cuya dinastía fue la más estable de todas (dinastía Ptolemaica).
  • Tracia y Asia Menor para Lisímaco.
  • Babilonia y Siria para Seleuco (dinastía seléucida). Se entendía por Siria a una enorme extensión de tierras que llegaban hasta las fronteras con la India.
  • Grecia, y Macedonia para Casandro, hijo del veterano general Antípatro.

Dinastía Antigónida de Macedonia[editar]

En Macedonia y Grecia se hizo con el mando Casandro (hijo del general Antípatros), que consiguió gobernar con el título de rey después de una serie de acontecimientos, destierros y asesinatos en lucha por el poder. Ninguno de sus tres hijos llegó a reinar seriamente pues Demetrio Poliorcetes (hijo del general Monoftalmos), los arrojó del trono y reinó durante diez años. Su hijo Antígono le sucedió en el año 283 a. C. y fue el fundador de la dinastía antigónida, cuyo fin se dio en el reinado de Perseo en el año 168 a. C., después de la Tercera Guerra Macedonia contra los romanos.

Los monarcas de esta dinastía se rodearon de consejeros macedonios y extranjeros. Se diferenciaba de las otras monarquías ―la seléucida y la ptolemaica― en que el rey continuó siendo el jefe supremo del ejército y además nunca fue considerado como objeto de culto ni como un dios.

Después de la muerte de Alejandro hubo una caída demográfica en toda esta región, debido a dos causas: la emigración y las continuas guerras internas. Las relaciones con los Estados de Grecia continuaron casi lo mismo. En las principales ciudades se conservaron guarniciones militares y se crearon ligas como en la época de Filipo II de Macedonia, que tenían una cierta libertad y autonomía. En realidad las relaciones fueron buenas hasta que Ptolomeo I Sóter de Egipto consiguió, con sus intrigas, levantar a Atenas y Esparta contra Macedonia. Así renacieron las antiguas rencillas.

Con Perseo, último rey, desapareció la dinastía. Después, Macedonia quedó a merced de Roma, sujeta a tributo y dividida al principio en cuatro partes o regiones. Se prohibió toda relación entre cada uno de esos distritos. Más tarde, en el año 148 a. C. Macedonia fue incorporada a Roma como provincia. Los romanos construyeron entonces la Vía Egnatia que empezaba en Dyrrhachium (Durazzo o Durrës, ciudad portuaria del oeste de Albania, cerca de Tirana), pasaba por Pella y Tesalónica y llegaba hasta el límite oriental de la nueva provincia. Esta vía facilitó mucho el control directo sobre dicha provincia nueva de Macedonia.

Reyes de la dinastía[editar]

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Seignobos, Charles : Historia Universal − Oriente y Grecia. Madrid: Daniel Jorro, 1930.
  • Levi, Peter: Grecia cuna de Occidente. España: Folio, sin fecha. ISBN 84-226-2616-0.
  • La Historia y sus protagonistas. España: Dolmen, 2000.

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