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Arte románico

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San Clemente de Tahull
Iglesia de los Santos Julián y Basilisa, en Bagüés

El arte románico fue el estilo artístico predominante en la Europa Occidental cristiana durante los siglos XI, XII y parte del XIII.[1][2]

El arte románico fue el primer gran estilo claramente cristiano y europeo que agrupó a las diferentes opciones que se habían utilizado en la temprana Edad Media (romana, prerrománica, bizantina, germánica y árabe) y consiguió formular un lenguaje específico y coherente aplicado a todas las manifestaciones artísticas.[3]​ No fue producto de una sola nacionalidad o región, sino que surgió de manera paulatina y casi simultánea en España, Francia, Italia, Alemania y en cada uno de esos países surgió con características propias, aunque con suficiente unidad como para ser considerado el primer estilo internacional, con un ámbito europeo.[2]

Surge como consecuencia de la prosperidad material y de la renovación espiritual que inspiró la construcción de gran número de iglesias y de edificios religiosos. Las primeras construcciones[4]​ se hicieron en Lombardía, Borgoña y Normandía. Desde allí se difundió por toda Europa, debido a:

  • Expansión de las órdenes religiosas (Cluny y Císter) que construyen monasterios. Estos son fuente de riqueza y centro cultural y urbano de la sociedad.[5]
  • Las peregrinaciones (en España el románico se introduce a través del Camino de Santiago).[6]
  • Aumento de la influencia de la iglesia.

Debido a las relaciones entre religiosos y nobles, los reyes, nobles, obispos y abades de los monasterios impulsaron la construcción de las grandes iglesias y a veces eran aldeanos quienes las costeaban y construían. Las obras las realizaban artesanos especializados como arquitectos, picapedreros, pintores, etc. El arte románico fue sobre todo un arte religioso, que reflejaba los valores de la nueva sociedad feudal, que a la vez era guerrera y cristiana.[3]

Colegiata de San Pedro de Cervatos, Cantabria

Cuestión terminológica

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El término «románico», como concepto que define un estilo artístico, lo utilizó Charles de Gerville por primera vez en 1820 considerando con este término todo el arte que se realiza anterior al estilo gótico desde la caída del Imperio romano; y por analogía al término ya conocido de lenguas románicas, el arte románico sucedía al arte antiguo tal y como las lenguas románicas eran las sucesoras del latín.

Posteriormente, la acepción de arte románico se fue restringiendo y pasó a designar el arte desarrollado en Occidente entre los siglos XI y XII, aunque todavía hoy siguen las controversias para determinar con exactitud la amplitud de espacio y tiempo que abarca este estilo.[7]

Diversidad geográfica y cronológica

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Durante el siglo XX diferentes estudios y eruditos han defendido que el románico nació en España, en la actual Ampurdán, y en el Rosellón francés durante el siglo IX, momento en el que surgieron los condados catalanes. Es el caso de Alexandre Deulofeu en su obra académica El Empordá, cuna del arte románico publicada el 1961, donde defiende que las capillas e iglesias mas antiguas de Europa y plenamente románicas se ubican en esta región. El 1972 un grupo de profesores de la Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid publicaron Tesoros artísticos de España, donde decían: "Aparecieron a ambos lados de la frontera natural de los Pirineos pequeñas construcciones que presentaban las características románicas y que han sido bautizadas como «el primer arte románico»". También José Gudiol escribió en su obra The Arts of Spain que "Las primeras construcciones románicas se iniciaron en la zona pirinaica antes del año 1000".[8][9]

Contexto político y religioso

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Desde el siglo X, una serie de acontecimientos históricos posibilitaron la renovación y expansión de la cultura europea: la subida al trono de Francia de los Capetos, la consolidación y difusión del cristianismo, el inicio de la Reconquista en la península ibérica y, fundamentalmente, el cimiento de las lenguas románicas, son los hitos que marcaron este resurgimiento.[10]

Alrededor del año 1000, una expansión generalizada en los ámbitos económico y cultural propició un importante crecimiento demográfico en las sociedades occidentales, roturándose nuevas tierras y abriéndose antiguas rutas de comercio, que posibilitarán los caminos de peregrinación. Toda Europa se vio invadida por una auténtica fiebre constructiva;[4]​ se había conseguido formular un arte capaz de representar a toda la cristiandad: el románico.[11]

En la definición de este primer arte europeo, es fundamental la reforma monacal que realizó la orden cluniacense como resultado de una revisión en profundidad de las comunidades benedictinas. El monasterio de Cluny, fundado en el año 930, se convierte en el gran centro difusor de la reforma, alcanzando rápidamente una gran expansión y consiguiendo, a través de sus monasterios, que el arte románico se difundiera por todo el mundo cristiano europeo. Antes de que la orden de Cluny capitalizara y extendiera, el románico ya se había desarrollado en Italia, en la región de Como: el llamado románico lombardo o primer románico, concepto debatido, debido a Puig i Cadafalch, que se aplica a su extensión a los reinos hispano-cristianos, especialmente al románico catalán y el románico aragonés, con menor incidencia en el románico castellano y leonés.[6][1]

Arquitectura

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Iglesia de Saint-Étienne de Nevers (1063-1097), considerada por Viollet-le-Duc como «el monumento más perfecto que el siglo XI ha dejado en Francia» por su pureza estilística y disposición.[12]
Claustro de la abadía de Saint-Pierre de Moissac (h. 1100), con 116 columnas con capiteles esculpidos en sus cuatro caras.
Interior de la basílica de Paray-le-Monial, que reproduce el modelo de la gran abadía de Cluny.
Tribuna esculpida del priorato de Serrabona, considerado el conjunto románico más destacado del Rosellón.

La arquitectura románica fue el primer gran estilo arquitectónico desarrollado en la Edad Media en Europa tras la decadencia de la civilización grecorromana. Su consolidación se produjo hacia 1060, aunque los inicios varían según la región: algunos autores los sitúan entre los siglos siglo VI y siglo XI. Se distinguen fundamentalmente dos fases: el primer románico (o románico lombardo/temprano) y el segundo románico (o alto románico/maduro). A partir del siglo XII, la arquitectura gótica fue sustituyéndolo de manera gradual.

El auge de la vida monástica, las aspiraciones espirituales y morales, junto con la importancia de las rutas de peregrinación, favorecieron la difusión del arte románico en una Europa que había recuperado cierta estabilidad. Factores como el movimiento de reforma eclesiástica, las cruzadas, la reconquista en la península ibérica tras la caída del califato de Córdoba, así como la progresiva desaparición del patrocinio real y principesco, contribuyeron a convertirlo en un estilo común a gran parte de la cristiandad medieval.

La arquitectura románica se extendió desde el norte de España hasta Irlanda, Escocia y la mitad meridional de Escandinavia. También tuvo amplia difusión en Europa Central y Oriental (Polonia, Bohemia, Moravia, Hungría, Eslovaquia y Eslovenia), en Italia y sus islas, y en regiones bajo influencia de la Iglesia católica. Entre los primeros centros románicos destacados (hacia el año 1000) se encuentran Cataluña, la Lombardía, Borgoña, Normandía, el valle del bajo Rin, la Alta Renania y la Baja Sajonia. Posteriormente se consolidó en regiones como Westfalia, Toscana, Apulia, Provenza y Aquitania. En Inglaterra, la introducción del estilo se debió al rey Eduardo el Confesor, y tras la conquista normanda (1066), se desarrolló el denominado románico anglonormando.

Aunque en este período también se construyeron castillos y fortalezas, la mayor producción arquitectónica correspondió a iglesias, abadías y monasterios, que se convirtieron en centros de dinamización económica y cultural. Entre ellas destacó la Abadía de Cluny, cuya influencia se extendió a todo el continente.[13]​ El estilo románico fue sucedido por la arquitectura gótica, que en muchos casos transformó o reconstruyó edificios románicos, especialmente en áreas prósperas como Inglaterra, Francia septentrional o Portugal. Sin embargo, en regiones rurales como el sur de Francia, el norte de España y partes de Italia, subsisten importantes conjuntos románicos. La arquitectura civil no fortificada de este período se conserva en menor medida, aunque utilizó los mismos recursos formales adaptados a escala doméstica.

Desde el punto de vista técnico, el románico supuso el paso del uso de piedra sin labrar a la piedra tallada y el desarrollo del pilar compuesto y la consolidación de elementos como la fachada armónica, las cabeceras con deambulatorio, las bóvedas de medio cañón y de aristas, además de los primeros ensayos con bóveda de crucería. Su aspecto característico incluye muros gruesos con pocas aberturas, arcos de medio punto, pilares robustos, torres macizas y el uso de bandas lombardas como elemento decorativo. Los capiteles, a menudo esculpidos con motivos vegetales, animales o simbólicos, constituyen una de las manifestaciones escultóricas más ricas del estilo. La planta suele presentar formas regulares y simétricas, con una imagen general de solidez y simplicidad frente a la posterior arquitectura gótica. Sus interiores son oscuros lo que lograba el recogimiento de los fieles.

El término «arte románico» apareció en Francia en 1818. En la historiografía alemana, se considera heredero inmediato del arte otoniano y se reserva la expresión «románico pleno» para su fase más desarrollada. En Inglaterra, se conoce tradicionalmente como «arquitectura normanda».

Escultura

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Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela
Pórtico de la catedral de Autun, obra de Gislebertus (c.1130), que representa a Cristo entronizado en el centro de una mandorla
Portal con tímpano de la abadía de Moissac
Pórtico del monasterio de Santa María de Ripoll
Relieve representando la Duda de Santo Tomás, monasterio de Santo Domingo de Silos
Pontile de la catedral de Módena (1160-1180), de Anselmo da Campione

La escultura románica corresponde a la práctica de la escultura en la época del arte románico que se expandió por toda Europa entre los siglos siglo XI y XII —y en algunas partes hasta la primera mitad del XIII[14]​ —, y que, al igual que le sucedió a la pintura, en ese momento estaba muy relacionada con la arquitectura religiosa, conexión que se mantuvo durante toda la Edad Media. La Iglesia católica —que en esa época estaba orientada, por un lado, por las directrices de la Orden de Cluny y, por otro, por el incremento de las rutas de peregrinación, principalmente las de la Camino de Santiago y de la abadía de Santa Fe de Conques[Su. 1]​— confiaba a la escultura un papel educativo, el de difundir la fe ilustrando a una población iletrada con relieves de piedra que fueran comprensibles, mostrando pasajes del Antiguo Testamento y enseñando a los monjes y fieles la vida de los apóstoles y de los santos. Al principio del periodo románico, para los teólogos como Rabano Mauro, los buenos artesanos debían instruir con sencillez y emocionar con la expresión vigorosa de su arte.[15]​ El concepto de artista no estaba definido como tal sino que se llamaba artifex theoricus a quien leía, entendía y proyectaba las manifestaciones para construir y hacer las obras y el artifex practicus, el pictor o el magister operis que era el que trabajaba con «arte» y en definitiva materializaba la obra.[16]​ Los temas iconográficos más representados fueron el Maiestas Domini y el Juicio Final.[Su. 2]​ Se inspiraba en bajorrelieves y capiteles romanos, pero sobre todo en imágenes que consultaban en manuscritos iluminados y en objetos de orfebrería; aunque ocasionalmente se reprodujeron motivos romanos, en general se trató de un nuevo comienzo y no de una continuación de la Antigüedad.

Primero se decoraron los capiteles de criptas, reutilizándose algunos de la Antigüedad, y luego se tallaron capiteles de pilares y columnas que separaban las naves de las iglesias y después en los claustros. La escultura en los capiteles se generalizó a partir del año 1000, aunque sus inicios fueron tímidos: en las iglesias italianas de la primera mitad del siglo XI se adoptó el modelo corintio, más o menos estilizado (capitel con palmetas). En otros lugares (Borgoña, Cataluña) se experimentaba con capiteles entrelazados y hojas de acanto. Pero pronto aparecieron animales y figuras antropomorfas, aunque seguían siendo escasas antes de 1050 (abadía de Fleury). La basílica de San Sernín de Toulouse (segunda mitad del siglo XI) conserva 260 capiteles románicos.[17]

El final del siglo X y el siglo XI fue un período de experimentación llevado a cabo por numerosos centros artísticos de Europa occidental, como el norte de España, Toulouse, Italia, el Loira... desarrollando cada uno su propio carácter, que irradiará más o menos, mezclándose con otras influencias antes de formar una corriente más estructurada en el siglo siguiente, en torno a tres categorías principales de motivos: plantas y entrelazados, animales y figuras humanas. La constitución de la cronología de las obras ha suscitado numerosas controversias entre historiadores del arte durante el siglo XX.[18]

Un gran impulso para la producción de la nueva escultura fue la ruta de peregrinación a Compostela para visitar la tumba del apóstol Santiago —descubierta sobre el año 820 entre los restos de un asentamiento romano—, que en el siglo XI ya estaba plenamente establecida hasta el punto de acometerse desde 1075 la construcción de la nueva catedral de Santiago. A lo largo de la ruta se levantaron nuevas iglesias bajo la organización de la Orden de Cluny. Estos templos fueron construidos en lugares de paso en este periodo de fervor religioso, para una acogida espiritual de peregrinos y la exposición de las reliquias. Francia y el norte de España son también lugares donde se puede ver los ejemplos de la primera producción de la escultura románica aplicada a la arquitectura. A lo largo de los distintos caminos a Santiago se difundieron sugerencias técnicas, estilísticas e iconográficas a través de talleres de construcción itinerantes.

A finales del siglo XI, en el sur de Francia (Cluny, Autun, Vézelay, Moissac, Toulouse), así como en el norte de Italia y el norte de España, los tímpanos, capiteles y muros de los portales comenzaron a ser ricamente decorados con adornos y figuras tratados con un gran realismo. La escultura ya era un componente importante en las fachadas de las iglesias, al estilo de los antiguos arcos triunfales.[19]​ La escultura se vuelve entonces monumental, las primeras esculturas monumentales que se presentaban desde el siglo V, periodo en el que dejaron de tallarse piezas de bulto redondo (piezas tridimensionales) aunque se observó durante el período prerrománico un aumento de la producción de pequeñas esculturas y trabajos en metal.

Se utilizó el relieve como la mejor técnica para la narración de escenas impresionantes, donde el volumen ayudaba a crear una mayor sensación de realismo que las simples superficies pintadas, retratando escenas como la Visión del Apocalipsis y esculpiendo en cada superficie el espíritu del concepto de Dios vengativo presente en el Antiguo Testamento; también se llenaron no solo de figuras bíblicas como los evangelistas, apóstoles y ángeles, sino con series de criaturas monstruosas, que ante su visión no se olvidaban: demonios y criaturas compuestas de cuerpos desproporcionados y horribles que daban temor de la tortura del infierno confrontado con el reino de Dios.[20]​ Su objetivo no era imitar la naturaleza y la realidad.[21]​ Iconográficamente, el Dios fuerte, gobernante y juez es el foco de la escultura monumental; las ubicaciones pictóricas subordinadas a menudo fueron ocupadas con temas moralizantes en los que los demonios y las criaturas míticas también desempeñan su papel.[22]

No se conocen muchos nombres de los escultores del románico, destacando el Maestro de Cabestany, Bernard Gilduin, Gislebertus, Unbertus, Gofridus y Gilabertus de Toulouse, en Francia; Wiligelmo, Niccòlo y Antelami, en Italia; Arnau Cadell, Leodegarius, Micaelis y Ramón de Bianya, en España. Destacadas esculturas y conjuntos románicos en Francia son: la fachada de Notre-Dame la Grande de Poitiers, considerada una obra maestra del arte románico, el dintel de Sant Genís, la escultura románica datada más antigua, la iglesia de San Trófimo de Arlés (portal, 1180-1190), la abadía de Saint-Benoît-sur-Loire (torre-pórtico), abadía de Moissac (portal sur, ca. 1120 y claustro en 1100), catedral de Autun (portal occidental, c.1130-1135), catedral de Santa María de Olorón (portal oeste, hacia 1130), la abadía de Charlieu (portal norte, ca. 1170, catedral de Angulema (fachada, 1115-1130); abadía de Beaulieu-sur-Dordogne (tímpano).

Además de la piedra, la madera fue un material importante para la construcción de iglesias sobre todo en la parte norte de Europa y para tallar las imágenes exentas de devoción o de altar que pocas veces se trabajaron en piedra. La madera policromada, y el marfil, fue el material más utilizado, a veces, recubierta con metales de bronce o plata (crucifijos y pequeñas imágenes).[Su. 3]​ Los relicarios también se chapaban con metales.

La obra en bronce fue de especial importancia en las piezas litúrgicas, las puertas de las iglesias, pilas bautismales y lápidas de tumbas. Para la parte superior de las tumbas, una nueva tipología se fue extendiendo desde el norte de Francia a mediados del siglo XII: la aplicación de la figura del difunto sobre el ataúd en posición yacente. Una de las primeras tumbas con la efigie del difunto con carácter románico fue la del abad Isarn de la abadía de San Víctor de Marsella.

Pintura

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Anunciación de la iglesia de Sant Pere de Sorpe (Alto Aneu, España), mediados del siglo XII.
Cristo triunfante con los apóstoles de la iglesia de San Ambrosio Viejo[23]​ (Negrentino, Suiza), siglo XI.
Anunciación a los pastores del panteón de reyes de San Isidoro de León, ca. 1180.

La pintura románica es la denominación historiográfica[24]​ de las manifestaciones pictóricas del periodo considerado convencionalmente como "Románico" en Europa Occidental (la cristiandad latina); de forma restrictiva se limita a los siglos XI y XII, aunque puede extenderse a los periodos denominados convencionalmente como "Prerrománico" (siglos V al X) y "Tardorrománico" (siglo XIII, coexistiendo con el denominado convencionalmente como "Gótico").

Llamando pintura románica en conjunto a la desarrollada en Occidente desde la invasión de los bárbaros hasta mediados del siglo XIII en que empezó la gótica pueden distinguirse en ella varios estilos a semejanza de la arquitectura, destacando los siguientes: El estilo de imitación bizantina y el románico se manifiestan en pintura mural, miniaturas y mosaicos; mientras que los estilos restantes son propios de miniaturas o iluminaciones de códices ya que han desaparecido las demás obras de los mismos.
Francisco Naval y Ayerbe, Tratado compendioso de Arqueología y Bellas Artes, 1920.[26]
Siguiendo la tradición antigua ininterrumpida durante la Alta Edad Media, el edificio románico no se consideraba totalmente acabado hasta que sus muros se cubrían de pintura.
La pintura románica es un capítulo original y breve, ya que la desaparición de los muros continuos, las bóvedas y ábsides lisos con la llegada del gótico pondrá fin a esta experiencia de pintura mural. Muchas de sus características son semejantes a las de la escultura. ... Nota peculiar será por lo tanto la subordinación al espacio arquitectónico.[28]

Los temas, muy repetidos, son casi únicamente religiosos y se encuadran en una función didáctica imprescindible dado el analfabetismo generalizado, además de incluir contenidos alegóricos sólo accesibles a una minoría iniciada (la élite monacal y el alto clero).[29]

El origen de las formas y la iconografía es doble: el mosaico bizantino, revitalizado en el Sur de Italia; y la tradición altomedieval de iluminación de manuscritos en los scriptoria monásticos de España, Irlanda y Centroeuropa. La plástica románica está dominada por el horror vacui, la necesidad de llenar los espacios vacíos, tanto en las páginas de los manuscritos como en los muros de las iglesias, de formas y colores; preferentemente formas sintetizadas y simétricas, delimitadas por trazos rígidos (contornos de líneas negras), y colores puros y brillantes, lo que se ha interpretado como una reacción a la oscuridad tanto de los edificios como del ambiente vital.[30]​ En entornos convencionales, sin sombras ni profundidad, con poca o ninguna representación de paisaje, y sin perspectiva lineal (pero sí perspectiva jerárquica), las figuras son hieráticas y simplificadas (por ejemplo, los pliegues paralelos, los rasgos faciales idénticos), yuxtapuestas y frontales, multiplicadas en ritmos repetitivos (como también hace la decoración abstracta en bandas, cenefas o grecas); un conjunto de rasgos que produce un efecto de intemporalidad y ubicuidad, interpretado a la vez como dramático e ingenuo o primitivista, que fascinaba a las vanguardias del siglo XX. Por el contrario, muy poco valorado era este estilo desde los siglos finales de la Edad Media, siendo reemplazado por obras posteriores e incluso destruido (muchas veces junto con su entorno arquitectónico); lo que trajo como consecuencia que, salvo excepciones (como el Panteón de reyes de San Isidoro de León),[31]​ la mayor parte de los ejemplos que han llegado hasta la actualidad sean en realidad los menos importantes, frescos de pequeñas iglesias rurales en zonas alejadas de los grandes centros artísticos, que a veces se han preservado precisamente por haberse cubierto para dejar la pared encalada.[32]

Aunque con una gran variedad expresiva, entre la calma majestuosa y severa y la agitación delirante y visionaria, la románica es una pintura fuertemente distorsionada y estilizada, con muy pocos restos de la calidez naturalista y humanizadora apreciable tanto en el arte clásico de la Antigüedad como, más tarde, en la pintura gótica.[33]
Frontal de la Seo de Urgel.

La pintura de época románica solía realizarse sobre la pared, al fresco. Se utilizaba un dibujo de trazo grueso, con contornos negros. Los colores son puros (sin mezclar) y planos. Las figuras se disponen de forma paralela y frontal y carecen de volumen. Además del fresco, también son un elemento importante de la pintura románica las miniaturas que se realizaban para ilustrar libros.[34]

Románico ibérico

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Iglesia de San Martín de Frómista
Panteón de los Reyes de la Basílica de San Isidoro de León
Porta Speciosa del Monasterio de Leyre
Claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos
Canecillos de la iglesia de San Juan Bautista de Villanueva de la Nía
Monasterio de Sant Pere de Roda

En los condados catalanes se hicieron los primeros abovedamientos de las iglesias de la península.[5]​ Algunas características del importante arte románico catalán son:

  • Empleo del arco de medio punto.
  • Piedra escuadrada, pero no pulida.
  • Cabeceras de semitambor adornadas con arquillos y bandas rítmicamente dispuestas (arcos o bandas lombardas).
  • Los templos se cubren con bóvedas pétreas de cañón y horno.[4][35]
  • Las naves son más amplias y elevadas, al menos en comparación con antiguos edificios prerrománicos.
  • Se emplean los pilares como sustentación.
  • No hay figuración escultórica.

La época dorada del estilo por su calidad y belleza (románico pleno), se extiende en la última mitad del siglo XI y la primera del XII, procedente de Francia y transmitido fundamentalmente a través del Camino de Santiago.[6][1]​ Floreció en el reino de Castilla, sobre todo.

Durante la segunda mitad del siglo XII y siglo XIII, a medida que las soluciones arquitectónicas[5]​ se afianzan y mejoran, surge el tardorrománico. Una de sus expresiones es el llamado arte cisterciense, que se expande con las abadías de la orden del Císter, expresando las concepciones estéticas y espirituales de Bernardo de Claraval (ausencia de ornamentación y reducción a los elementos estructurales).[4]

El románico floreció en los territorios cristianos, al amparo de la ruta de peregrinación jacobea. El románico español es uno de los más ricos y variados de Europa.[11]​ Son particulares los influjos islámicos, franceses, lombardos y visigodos que se amalgamaron para crear un estilo propio. Muchos y muy importantes son los monumentos que se conservan, destacándose dos focos principales, centrados en Castilla y Aragón. Sin duda, la obra fundamental del románico hispano es la Catedral de Santiago de Compostela, modelo de iglesia de peregrinación, con conjuntos escultóricos (Pórtico de la Gloria) de entre los más singulares de Occidente.

A lo largo del Camino de Santiago fueron surgiendo algunos de los hitos románicos en suelo español, como la catedral de Jaca, San Martín de Frómista o San Isidoro de León. Desde allí irradiaría el estilo a zonas más alejadas, expandiéndose por todo el norte peninsular.[5]

En la actualidad, varios de los mejores conjuntos románicos de España se concentran en Castilla y León:

En los condados catalanes, el románico tendrá características propias. De influencia lombarda, crearán las bóvedas de cañón en las naves con arcos ojivales en los espacios menores y en las cúpulas.[35]​ El primer periodo está marcado por la austeridad que dará paso a la majestuosidad.

Románico francés

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Interior de la iglesia de la abadía de Notre-Dame de Fontgombault

El románico alcanzó gran vigor y difusión gracias al monasterio de Cluny (desaparecido en su mayor parte), centro irradiador del nuevo arte. Surgieron varias escuelas o centros artísticos, cada uno con características particulares y propias. Algunos de los monumentos más destacados son:

Románico alemán

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El románico siguió la estela del arte otoniano, creando conjuntos arquitectónicos de gran monumentalidad, muchos de los cuales aportan soluciones completamente novedosas, como la solución de «doble cabecera» o Westwerk. Podemos citar entre los más señeros:

Iglesia de Ják, en Hungría, construida en el siglo XIII

Románico húngaro

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El arte románico evolucionó bajo una fuerte influencia germánica, pues luego de que los húngaros fueron cristianizados en el año 1000, paulatinamente recibieron a muchos nobles y clérigos alemanes que arribaron al reino para ocupar cargos eclesiásticos y militares. Para mediados del siglo XI resultaba frecuente en basílicas húngaras y claustros el uso de ábsides cerradas con tres arcos semicirculares[4]​ colocadas en lugares con tres naves sostenidas por pilares que descansaban en soportales, caracterizado por estar cubierto por una armadura abierta, a excepción de la semicúpula que cubría el ábside.[35]​ Fue muy común este estilo en las estructuras religiosas de:

  • La catedral de Vác construida por el rey Géza I de Hungría alrededor de 1074.
  • La iglesia benedictina de Garamszentbenedek construida también por órdenes del rey anterior cerca de 1075.
  • La abadía de San Edigio en Somogyvár, fundada por el rey San Ladislao I de Hungría en 1091.

Románico italiano

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La herencia clásica y paleocristiana se dejó sentir profundamente. Como aportación original, surgió allí el «estilo lombardo», un arte prerrománico que se extendería después por otras regiones como Cataluña o Provenza. La arquitectura románica en Italia se distingue por su suntuosidad y decorativismo, a la vez que por su claridad estructural. Las portadas del románico italiano emplean con frecuencia el pórtico avanzado, llamado protiro en italiano. Algunos de los templos románicos más destacados son:

Sin duda, el monumento más conocido del románico italiano es la catedral de Pisa, excepcional conjunto que incluye el baptisterio, el edificio catedralicio propiamente dicho y el campanario, llamado Torre inclinada de Pisa, que sigue el modelo de torre cilíndrica con decoración de arcos llevándolo a su máxima perfección.

Galería de imágenes

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Capitel con elefante, basílica de Santa María de Agramunt, Lérida.
Capitel con elefante, Santa María de Agramunt, Lérida

Véase también

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Referencias

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  1. a b c d e «Centro Expositivo ROM: Románico y Territorio | Aguilar de Campoo». aguilardecampoo.es. Consultado el 2 de julio de 2020. 
  2. a b c d e «La fundación | Fundación Santa María la Real del patrimonio histórico». www.santamarialareal.org. Consultado el 2 de julio de 2020. 
  3. a b «Románico Digital, portal sobre Arte Románico | Base de datos documental». www.romanicodigital.com. Consultado el 2 de julio de 2020. 
  4. a b c d e «La construcción de la arquitectura románica». 
  5. a b c d «La arquitectura románica: características del nuevo sistema constructivo». Apuntes de Historia del Arte (UNED). 25 de julio de 2014. Archivado desde el original el 20 de julio de 2020. Consultado el 20 de julio de 2020. 
  6. a b c d e «Rutas del Románico | Portal Diputación de Palencia». www.diputaciondepalencia.es. Consultado el 2 de julio de 2020. 
  7. VALERO ROGER, FRANCISCO. DESARROLLO DEL DISEÑO CONSTRUCTIVO EN LA ARQUITECTURA SOSTENIBLE. APORTACIONES DE LA ARQUITECTURA TRADICIONAL. Universitat Politecnica de Valencia. Consultado el 20 de julio de 2020. 
  8. «La tesi del Empordà cuna del arte románico». 
  9. «El románico empordanés, el gran tesoro olvidado». 
  10. Schlunk, Helmut (1934-09). «Historia del Arte Labor, VI: Arte de la Alta Edad Media… con un estudio original sobre El Arte de la Alta Edad Media y del Periodo Romanico en España.By Max Hauttmann and Leopoldo Torres Balbas». The Art Bulletin 16 (3): 304-306. ISSN 0004-3079. doi:10.1080/00043079.1934.11408894. Consultado el 20 de julio de 2020. 
  11. a b «Arquitectura románica en España. Artículo de la Enciclopedia.». enciclopedia.us.es. Consultado el 2 de julio de 2020. 
  12. Ville de Nevers (ed.). «Nevers. Ambiances architecturales» (en francés). Archivado desde el original el 7 de octubre de 2014. Consultado el 23 de junio de 2015. 
  13. Bannister Fletcher, A History of Architecture on the Comparative Method.
  14. De Vecci/Cerchiari, 1999
  15. Sureda, Joan, 1988: pàg.20
  16. Sureda, Joan, 1988: pàg.28
  17. Georges Duby, Jean-Luc Daval, La Sculpture…, p. 276.
  18. Marcel Durliat, « La sculpture du XI×10{{{1}}} siècle en occident », en Bulletin Monumental, 1994-2, p. 129-213 (leer en línea).
  19. Georges Duby, Jean-Luc Daval, La Sculpture…, p. 266.
  20. Bozal 1983: p. 169.
  21. Rupprecht, p. 15-17.
  22. Rupprecht, p. 34-41.
  23. Johann Rudolf Rahn, I monumenti artistici del medio evo nel Cantone Ticino, fuente citada en Chiesa di Sant'Ambrogio vecchio
  24. Joseph Pichard, La peinture romane, Rencontre, 1965 (traducción inglesa Romanesque painting, Heron, 1968). VV. AA., Les fonts de la pintura romànica, Ars picta, Universitat Barcelona, 2008, ISBN 84-475-3349-2. Juan Ainaud y Andre Held, Romanesque Painting, citado en Romanesque Painting (c.1000-1200)
  25. A. L. Frothingham, Jr., Byzantine Artists in Italy from the Sixth to the Fifteenth Century, en The American Journal of Archaeology and of the History of the Fine Arts, n.º 9, 1894. Byzantine Art and Painting in Italy during the 1200s and 1300s, National Gallery
  26. Estos párrafos y las siguientes secciones del artículo provienen de Francisco Naval y Ayerbe, Tratado compendioso de Arqueología y Bellas Artes - 1. pte. Teórico-artística. 2. pte. Histórico-artística: Arquitectura. Artes figurativas, 1920, pg. 505 y ss.
  27. Isidro G. Bango Torviso, La pintura románica y las influencias bizantinas, en Artehistoria
  28. Textos e ideas, procedentes de manuales, repetidos de forma idéntica o casi idéntica en múltiples webs docentes ([1], [2], [3], [4], [5]).
  29. Ernst Gombrich, citado en Grupo Ágora, Historia del Arte, Akal, pg. 125.
  30. Umberto Eco, Historia de la belleza, Historia de la fealdad.
  31. La pintura protogótica en Artehistoria.
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Bibliografía

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  • Álvaro López, Milagros (2006). Historia del arte. Madrid: Anaya. ISBN 84-667-2430-3. 

Enlaces externos

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