Revolución china de 1949

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Proclamación de la República Popular China por Mao Zedong el 1 de octubre de 1949.

La Revolución china de 1949 o Revolución Comunista china fue el resultado de la larga guerra civil china, iniciada en 1927, en la que se enfrentaron los nacionalistas del Kuomintang, encabezados por el Generalísimo Chiang Kai-shek, y los comunistas del PCCh de Mao Zedong, y que se saldó con la victoria de estos últimos, que instauraron la República Popular China proclamada en Pekín el 1 de octubre de 1949—, mientras que Chiang Kai-shek y sus partidarios se refugiaban en la isla de Taiwán donde fundaron la República de China (Taiwán), conocida durante los dos primeros decenios de la Guerra Fría como la «China nacionalista» opuesta a la «China comunista».

El fracaso de las negociaciones entre nacionalistas y comunistas (agosto, 1945-julio, 1946)[editar]

Tropas comunistas avanzando hacia Manchuria.

Tras la rendición de Japón en agosto de 1945, representantes de los dos bandos enfrentados en la guerra civil china iniciada en 1927 —y que había quedado relativamente en suspenso durante la ocupación japonesa (1937-1945)— mantuvieron conversaciones para poner fin al conflicto, pero éstas fracasaron. Se inició entonces el último acto de la guerra civil. Nada hacía presagiar entonces que tres años y medio después la victoria sería para los comunistas, dado que su ejército era mucho menos numeroso y estaba peor armado, y que el prestigio del líder nacionalista Chiang Kai-shek, encarnación de la resistencia contra el invasor japonés, se encontraba en su zénit.[1]

Antes incluso de hacerse oficial la rendición de Japón tras el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima (el 6 de agosto de 1945) y sobre Nagasaki (el 9 de agosto), los nacionalistas y los comunistas se lanzaron a una carrera desenfrenada para ocupar los territorios que habían estado en poder de los japoneses y para apoderarse de sus armas y equipamientos. La competición fue ganada por los nacionalistas gracias a que los norteamericanos reconocieron a Chiang Kai-shek como la única autoridad legitimada para recibir la rendición de las fuerzas japonesas, a que les proporcionaron los aviones necesarios para llegar antes a las zonas claves del norte y del este desde sus bases en el sudoeste de China, —a más de 1000 kilómetros de distancia— y a que alrededor de 50 000 marines de los Estados Unidos desembarcaron en las provincias de Shandong y de Hebei, ocupando los puertos y aeródromos en nombre de los nacionalistas —incluido el aeropuerto de Pekín—. De esta forma sólo tres meses después del final de la guerra toda la franja costera desde Cantón, en el sur, a Pekín, en el norte, estaba en poder de los nacionalistas.[2]

Por su parte los comunistas, desde su feudo del nordeste de China, se desplegaron en Manchuria, en el extremo norte del país, donde los japoneses se habían rendido al Ejército Rojo de la Unión Soviética que había declarado la guerra a Japón el 8 de agosto, dos días después del lanzamiento de la bomba atómica de Hiroshima. Allí el ejército comunista chino se vio fortalecido gracias al material japonés que los soviéticos le cedieron y al reclutamiento de antiguos soldados del ejército de Manchukuo —el Estado satélite creado por los japoneses tras la invasión japonesa de Manchuria en 1931—, consiguiendo alcanzar los 130 000 hombres, pero todavía muy lejos de los efectivos del ejército nacionalista.[3]​ Sin embargo, los soviéticos entregaron las ciudades a los nacionalistas, en virtud del pacto firmado con ellos el 14 de agosto —«Stalin se esforzaba en mantener todas las opciones abiertas, con el fin de preservar la influencia soviética en China fuera quien fuera el vencedor»—, mientras que enviaban a la Unión Soviética como botín militar la maquinaria de las fábricas instaladas por los japoneses, así como el oro que encontraron en los bancos manchúes.[4]

Mao Zedong y Chiang Kai-shek brindando en 1946.

Mientras tanto tienen lugar en Chongqing —sede del gobierno nacionalista del Kuomintang— cuatro entrevistas entre Mao Zedong y Chiang Kai-shek, auspiciadas por Estados Unidos, y durante las cuales Mao se declara dispuesto a participar en un «gobierno democrático de coalición». Pero las conversaciones se cierran el 11 de octubre de 1945 sin haber alcanzado acuerdos concretos. Dos meses y medio después viaja a China el general George C. Marshall en representación del presidente Harry Truman para forzar la formación de un gobierno de coalición nacionalista-comunista, consiguiendo inicialmente que se declare una tregua y que se forme en Chongquing un organismo tripartito formado por él mismo, el comunista Zhou Enlai, en representación del Mao, y un general nacionalista, en representación de Chiang Kai-shek. Pero la misión de Marshall se salda con un fracaso total por la falta de confianza entre los dos bandos chinos y en enero de 1947 regresa a Estados Unidos —donde al poco tiempo será nombrado secretario de Estado, lanzando el plan para la recuperación de Europa que lleva su nombre—. Los comunistas, por su parte, denuncian el «doble juego» norteamericano, dado que durante todo ese tiempo Estados Unidos había continuando proporcionando armas, municiones y equipamientos al gobierno nacionalista. [5]

Según el sinólogo francés Lucien Bianco, la reanudación de la guerra civil era inevitable, una vez que el enemigo común japonés había desaparecido de la escena, debido a «la oposición absoluta entre dos fuerzas políticas nacionales con programas antitéticos y con ambiciones irreconciliables: una espera conquistar el poder, la otra quiere conservarlo. Una está decidida a promover una revolución social en el campo, la otra quiere prevenirla».[6]

La reanudación de la guerra civil (1946-1949)[editar]

La ofensiva nacionalista y sus debilidades (julio, 1946-junio, 1947)[editar]

Aviones nacionalistas preparados para un ataque aéreo sobre las bases comunistas.

En julio de 1946 los comunistas anuncian la formación del Ejército Popular de Liberación y el 19 de noviembre Zhou Enlai abandona el comité tripartito de Chongqing auspiciado por Marshall y vuelve a Yan'an, al nordeste del país, la capital de la China controlada por los comunistas. Rotas las negociaciones los nacionalistas lanzan una ofensiva sobre Manchuria y el norte de China, ocupando 165 ciudades durante la segunda mitad de 1946. En marzo de 1947 obtienen una victoria con gran carga simbólica al entrar en Yan'an, aunque con poco valor estratégico. El rápido avance de las fuerzas nacionalistas se explica en gran medida porque los comunistas rehúyen de momento los grandes choques y abandonan las ciudades, prefiriendo hacerse fuertes en las zonas rurales —la misma estrategia que habían seguido durante su lucha contra los ocupantes japoneses—.[7]

Según el sinólogo francés Lucien Bianco, la ofensiva nacionalista de mediados de 1946 a mediados de 1947 acentuó el error estratégico de Chang Kai-shek que sería uno de los elementos claves que le conducirían a la derrota: [8]

El error estratégico más grave, lo conocemos ya: consiste en ocupar sistemáticamente la más grande extensión posible de territorios abandonados por los japoneses. Para aprovisionar desde la China central guarniciones tan alejadas como Changchun o Jilin, era indispensable mantener y proteger miles de kilómetros de líneas férreas. Pasados los meses y los años, las tropas nacionalistas se han encontrado dispersas un poco por todas partes: a lo largo de las vías de comunicación o en las ciudades. Ellas han perdido el hábito y los motivos de combatir: en el mejor de los casos preocupadas en mantener su fortaleza o su abrigo, donde amontonar víveres y municiones y de ahorrarlos para estar preparados para hacer frente al ataque temido. […] En el peor, que no es raro, se llama deserción. No sólo deserciones, sino defecciones de unidades enteras… que se pasan con armas y bagajes a las filas del Ejército Popular de Liberación. Las tropas, que no saben porqué combaten, saben al menos que los soldados del ejército enemigo no son maltratados….

El contraataque comunista (mediados de 1947-mediados de 1948)[editar]

A partir de mediados de 1947, el ejército comunista bajo el mando de Lin Biao lanza varias contraofensivas en Manchuria, inmovilizando a las guarniciones nacionalistas estacionadas en las ciudades de Changchun, Jilin y Shenyang, e inutilizando las líneas férreas que comunican con ellas, lo que obliga al gobierno nacionalista a enviar los refuerzos mediante un costoso puente aéreo. Al mismo tiempo lanzan una ofensiva más al sur que les permite ocupar una buena parte de las provincias de Hebei y Shanxi. El 25 de diciembre de 1947, Mao presenta un informe al Comité Central del Partido Comunista Chino que rebosa confianza en la victoria: «La guerra revolucionaria del pueblo chino ha llegado a un momento decisivo… Un momento decisivo de la historia». Cuatro meses después, el EPL reconquista Yan'an, y a continuación ocupa las dos principales ciudades de HenanLuoyang y Kaifeng— y Jinan, la capital de Shandong.[9]

Como consecuencia del victorioso contraataque comunista la moral de combate de las fuerzas nacionalistas se hunde, lo que contrasta con el optimismo imperturbable de sus dirigentes. Una prueba de ello es que los comunistas dejan de enviar a «campos de reeducación» a los soldados del ejército nacionalista hechos prisioneros porque con una única sesión de educación política ya están listos para combatir en las filas del EPL.[10]

Las victorias comunistas decisivas (septiembre, 1948 – enero, 1949)[editar]

Ofensiva de las tropas del Ejército Popular de Liberación durante la batalla decisiva de Huai-hai, cerca de Xuzhou.

En septiembre de 1948 Lin Biao lanza en el nordeste la mayor ofensiva desplegada hasta entonces por el ELP y en menos de dos meses se apodera de toda Manchuria —el ejército nacionalista perdió casi medio millón de hombres, entre los que se encontraban las mejores divisiones entrenadas y armadas por los norteamericanos—.[11]​ Un consejero militar norteamericano del ejército nacionalista explicó así la derrota de las fuerzas de Chiang Kai-shek:[12]

Desde mi llegada [a China], ninguna batalla se ha perdido por culpa de la falta de municiones o de equipamiento. En mi opinión, todos los desastres militares [de los nacionalistas] pueden ser atribuidos al peor mando que se haya dado en el mundo y a numerosos otros factores que minan la moral y pueden conducir a una pérdida total de la voluntad de combatir.

En noviembre comienza la batalla decisiva de la guerra, el Waterloo de Chiang Kai-shek —y la mayor batalla desde el final de la Segunda Guerra Mundial—. Fue la campaña de Huai-hai durante la cual cerca de medio millón de hombres —cincuenta y una divisiones— fueron cercados en los alrededores de la ciudad de Xuzhou (provincia de Jiangsu), ciento cincuenta kilómetros al norte de Nankín, por las fuerzas comunistas comandadas por los generales Chen Yi y Liu Bocheng, conocido como el dragón tuerto. Para romper el cerco Chang Kai-shek envió un ejército dotado de equipamiento pesado, pero los nacionalistas se rindieron el 10 de enero de 1949. Así entre septiembre de 1948 y enero de 1949 el ejército nacionalista perdió cerca de un millón de hombres, y a partir de entonces la superioridad del EPL fue aplastante, tanto en efectivos como en material.[13]

El Ejército Popular de Liberación entra en Pekín el 22 de enero de 1949.

Chan Kai-shek ofreció entonces entablar negociaciones y pidió la mediación de Gran Bretaña, Estados Unidos, la Unión Soviética y Francia, pero las cuatro potencias rechazaron la propuesta. El 14 de enero los comunistas dieron a conocer sus condiciones entre las que destacaba la eliminación del «criminal de guerra» Chang Kai-sheck. Siete días más tarde éste dimitía y cedía sus poderes al vicepresidente, el general Li Zongren. Al día siguiente, 22 de enero, las fuerzas comunistas entraban en Pekín, la antigua capital imperial.[14]

La ofensiva final y la proclamación de la República Popular de China (enero – octubre de 1949)[editar]

Soldados del Ejército Popular de Liberación ocupan el Palacio Presidencial en Nankín, 22 de abril de 1949.

En febrero comenzaron en Pekín las negociaciones entre nacionalistas y comunistas, mientras que el EPL llegaba al río Yangzi. Tras dos meses de conversaciones no se alcanzó ningún acuerdo, por lo que los comunistas cumplieron su amenaza de que después del 20 de abril reanudarían la ofensiva, y dos días después entraban en Nankín, la antigua capital de la República China. En mayo son ocupadas Shanghai y otras grandes ciudades y capitales de provincia. Mientras, Chang Kai-shek preparaba la huida con sus fuerzas a la isla de Formosa, en contra de la opinión de Li Zongren que proponía resistir en las provincias del suroeste. El 15 de octubre de 1949 el ELP llegaba a Cantón, la ciudad más importante del sur. Dos semanas antes, el 1 de octubre, Mao Zedong había proclamado en Pekín la República Popular de China.[15]

Conclusión: las causas de la victoria comunista[editar]

Mao y Stalin juntos en Moscú

Entre las causas de la victoria final de los comunistas se han destacado los militares, señalando las debilidades del ejército nacionalista frente a la fuerza del EPL comunista: «continuidad del mando (Zhu De, Peng Dehuai, Lin Biao, Chen Yi, Liu Bocheng)… Estrategia simple y audaz a la vez, que busca el aniquilamiento de las fuerzas enemigas y no la defensa o la toma de ciudades o de territorios. Movilidad extrema, o mejor, disponibilidad perpetua (se traslada todo —salvo a los desgraciados civiles— a toda prisa y se deja al enemigo el lugar vació y el éxito ilusorio), que contrasta con la relativa inmovilidad de las guarniciones nacionalistas. Rechazo de las batallas ordenadas y de los combates de desgaste, donde las pérdidas y ganancias se equilibran: se rodea, por el contrario, y se ataca con fuerza a pequeños grupos enemigos, una aplastante superioridad local compensando la inferioridad numérica global del Ejército Rojo. Junto a mil y una tácticas y astucias de la guerra de guerrilla, capacidad de pasar, cuando la oportunidad se presente, a la guerra convencional, a las grandes batallas y al asedio de ciudades. Finalmente, moral y disciplina que contrastan con las de las "fuerzas del orden": el reclutamiento, tragedia aquí, es un honor en las "regiones liberadas" [bajo control de los comunistas]. Moral reforzada por los éxitos tácticos: esta multiplicidad de escaramuzas y de pequeñas batallas, esta guerra sin nombre que desconcierta a los nacionalistas aumenta la confianza de los soldados del Ejército Rojo, testigos de esta acumulación de pequeños éxitos».[16]

Pero la victoria comunista también se debió a causas sociales y políticas. El EPL se ganó el apoyo de las clases populares, y singularmente del campesinado pobre, aunque no lo consiguió desde el primer momento y nunca de forma completa. En 1946 los comunistas deciden sustituir las reformas moderadas del período de la guerra mundial (reducción de los arrendamientos y de las tasas de interés) por una política radical basada en el principio de «la tierra para los que la trabajan». Se procede entonces al reparto de las propiedades y de los animales e instrumentos agrarios entre los campesinos arrendatarios y pobres, en medio de una ola de violencia y de terror protagonizada por éstos de la que son víctimas las elites rurales tradicionales (en revancha, en los pueblos que son reocupados por el ejército nacionalista se desata el «terror blanco» contra los activistas comunistas y contra los campesinos que se han beneficiado del reparto de la tierra). En 1948 se frena esta política radical, tachada de «desviacionismo de izquierdas», para atraerse el apoyo de los campesinos medios que también ha sido víctimas del «terror rojo», ya que para la dirección comunista la revolución agraria es un instrumento al servicio de un fin: ganar la guerra civil. De todas formas, con esta política el EPL consigue reclutar a cientos de miles de soldados pertenecientes a familias campesinas (sólo en Manchuria se incorporan al EPL más de un millón y medio de hombres).[17]

Chiang Kai-shek junto a su hijo Chiang Ching-kuo en 1948.

Simultáneamente el régimen de Chiang Kai-shek y su ejército se desmoronan a un ritmo acelerado, por lo que, como ha señalado Lucien Bianco, «los éxitos comunistas deben menos a su poder de atracción que a los fallos adversos». Una de las razones principales del desmoronamiento, junto con la corrupción que corroe al régimen nacionalista, es la hiperinflación provocada por las continuas emisiones de billetes para sufragar los gastos militares y estatales —la sustitución del fabi por el yuan de oro decretada en agosto de 1948, cuando un dólar americano se cambiaba ya por doce millones de fabis, no solucionó el problema—, ya que provoca la ruina sobre todo de las clases medias de las ciudades, el sector social en el que se apoyaba el régimen, y entre las que se incluyen lo funcionarios y los militares cuyos sueldos no aumentan al mismo ritmo en que crecen los precios, lo que, por otro lado, intensifica la corrupción —y las deserciones en el ejército—. La hiperinflación es tan brutal que el valor del papel con el que se hacen los billetes llega a superar al de su valor monetario, lo que explica que una gran papelera de la provincia de Guangdong comprara 800 cajas de billetes de dos mil yuan de oro para fabricar papel virgen. De esta forma se va extendiendo la convicción de que los comunistas no pueden ser peores, incluso entre los medios burgueses —«esto no puede durar más», escribe el autor de un informe escrito en diciembre de 1948—. A los comunistas «se les espera con esperanza o temor, resignación o alivio, pero se les espera: ¡que al menos cese la incertidumbre y que la guerra acabe, que se ponga fin al absurdo tormento cotidiano!».[18]

Alain Roux también explica la derrota de los nacionalistas de Chiang Kai-shek no sólo por causas militares:[19]

Chiang perdió un conflicto que no podía ganar. Había rechazado desde los años 1930 las reformas sociales y políticas indispensables para modernizar China. Su régimen, minado por la corrupción y la inflación, descansaba sobre un ejército desacreditado y desmoralizado. Por último, había escogido Manchuria para la prueba de fuerza final, contra la opinión de sus consejeros americanos, región donde los comunistas podían beneficiarse plenamente de la ayuda militar soviética, mientras que ese terreno de batalla alargaba peligrosamente las líneas de comunicación nacionalistas.

Referencias[editar]

  1. Bianco, 2007, p. 252.
  2. Bianco, 2007, p. 253-254.
  3. Bianco, 2007, p. 255.
  4. Bianco, 2007, p. 259-260.
  5. Bianco, 2007, p. 255-258.
  6. Bianco, 2007, p. 258.
  7. Bianco, 2007, p. 260-261.
  8. Bianco, 2007, p. 270-271.
  9. Bianco, 2007, p. 261-264.
  10. Bianco, 2007, p. 271.
  11. Bianco, 2007, p. 265.
  12. Bianco, 2007, p. 269.
  13. Bianco, 2007, p. 265-266.
  14. Bianco, 2007, p. 266-267.
  15. Bianco, 2007, p. 267.
  16. Bianco, 2007, p. 273-274.
  17. Bianco, 2007, p. 275-279.
  18. Bianco, 2007, p. 280-289.
  19. Roux, Alain (2012). «Chiang Kai-shek, malheur aux vaincus». Les Collections de l'Histoire (en francés) (57): 18-21. 

Bibliografía[editar]

  • Bianco, Lucien (2007). Les origines de la révolution chinoise 1915-1949 (en francés). París: Gallimard. ISBN 978-2-07-030642-8.