Minas de Laurión

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Mapa de la antigua Laurión.

Las minas de Laurión son antiguas minas de cobre y plomo, pero principalmente conocidas por el metal de plata que producen. Muchos restos (pozos, galerías, talleres de superficie) aún marcan el paisaje del extremo sur de Ática, entre Tórico y Cabo Sounión, a unos cincuenta kilómetros al sur de Atenas, Grecia.

Después de una fase Prehistórica de explotación de galena de cobre y plata, data del período clásico una recuperación general de la explotación. Los atenienses desplegaron una energía espectacular e inventiva para aprovechar al máximo el mineral, afectando en particular a muchos esclavos. Esto contribuyó significativamente a la fortuna de la ciudad y fue un factor indudablemente decisivo en el establecimiento, a la escala del mundo egeo, de la talasocracia ateniense. El desarrollo de la moneda ateniense y su función como moneda de referencia en todo el mundo griego en ese momento también explican la riqueza de los depósitos explotados en Laurion, el primer hito importante en la historia de la extracción de plata.

Reversiones en el período bizantino, como se muestra por los restos de cerámica y restos de galerías de espeleología antiguas, las minas son abandonadas en el siglo I a. C.[1]​, para ser luego ser "redescubiertas" en 1860 y explotadas por sus residuos de plomo por compañías francesas y griegas (hasta 1977).

Historia de la explotación de las minas[editar]

Todavía se conoce de manera incompleta, pero los primeros períodos son el tema de un Programa de Investigación Internacional en curso.[2]​.

Según la datación reciente de restos de cerámica, mazos (roca sedimentaria volcánica), estas minas se explotan al menos desde fines del Neolítico / Helladic antiguo, o alrededor del 3200 aC. J. C.[1]

Las excavaciones arqueológicas iniciadas en 2012, en el lecho de roca geológica de mármoles y esquistos de la acrópolis de Thorikos están en el proceso de actualización de un vasto laberinto de pozos, obras de construcción y galerías de la mina (casi 5 kilometros han sido objeto de un mapeo fotogramétrico en 4 años que lo convierte en la red subterránea más grande explorada en esta parte del mundo egeo, llamada "red Mythos"). Los mineros (probablemente en su mayoría esclavos y probablemente muchas veces niños o adolescentes porque la altura de las galerías generalmente no supera los 30 a 40 cm) trabajajaban allí bajo condiciones muy difíciles en un aire caliente (más de 21°C), y donde estaban en la tenue luz de las lámparas de aceite, a menudo excavar roca dura y sin oxígeno - en el mineral de plata-plomo - la inhalación y la ingestión de polvo rico en plomo, fuente de envenenamiento por dicho metal;

«Que estas minas han sido explotadas desde la más remota antigüedad, es algo que todo el mundo sabe»,[3]​ escribe Jenofonte en 355 a. C. De hecho, la explotación de las minas de Laurión comenzó en la Edad del Bronce antiguo; los análisis isotópicos del plomo presente en los objetos de esta época indican que eran fabricados, en gran parte, con metal procedente de Laurión.[nota 1]​ Descubrimientos recientes datan las primeras minas en 3200 a. C.[5]​ Se dispone además, de pruebas materiales de esta explotación a principios de la época micénica, en el siglo XVI a. C., ya que se ha hallado en Tóricos un bloque de litargirio que atestigua la práctica de la copelación desde esta época;[4]​ práctica que continuó, puesto que se han encontrados escorias de litargirio en estratos que datan del periodo protogeométrico (siglo XI a. C.) La explotación del filón tenía lugar en la superficie, pues el mineral afloraba en el contacto del esquistos y de la caliza.

Descubrimiento del tercer contacto y desarrollo de la talasocracia ateniense en el siglo V a. C.[editar]

El filón de Maronea y la ley naval de Temístocles (483 a. C.)[editar]

La explotación de las minas, más sistemática a partir del fin del siglo VI a. C., devino en el siglo V a. C. uan fuente importante de ingresos para los atenienses. La ciudad explotaba en esta época un nuevo filón particularmente rico, cerca de la población de Maronea, que contrariamente a los dos precedentes, no apareció en la superficie, sino que se situaba en las profundidades del subsuelo ateniense, en el contacto-veta común del esquisto inferior y del mármol inferior. El mineral presente en este «tercer contacto» precisaba pues de una explotación subterránea, extracción que fue intensa: se han contado en la actualidad más de mil pozos [6]​ y de 120 a 150 km de galerías datados en la época clásica.[7]​ El conjunto de estos vestigios mineros cubren varias decenas de hectáreas.[8]

Bajorrelieve que representa un trirreme. «Relieve Lenormant», hacia 410-400 a. .C., Museo de la Acrópolis de Atenas.

Este nuevo descubrimiento permitió al estado ateniense disponer, en la época de las Segunda Guerra Médica, en 483 a. C., de un ingreso excepcional de alrededor de cien talentos (600.000 dracmas, es decir, 2,5 toneladas de plata,[9]​, cantidad de la que no se sabe si fue el resultado de la acumulación de los ingresos procedentes de uno o de varios años.[nota 2][nota 3]​ En lugar de repartir esta plusvalía entre todos los ciudadanos, Temístocles propuso que las ganancias de la mina fueran confiadas a los atenienses más ricos de Atenas, para que se encargaran de hacer construir a su costa, en dos tramos anuales, doscientos trirremes.[nota 4][nota 5]

Un filón descubierto cuarenta años después[editar]

En los siglos V a. C. y IV a. C., la ciudad ateniense obtuvo importantes ingresos procedentes de la explotación de este tercer contacto-veta. Su descubrimiento real probablemente se remonte al último cuarto del siglo VI a. C. De hecho, dadas las limitaciones de la minería, no está clara la coincidencia entre el descubrimiento del filón y la obtención de unos ingresos de 200 talentos en el 483 a. C., tal y como los historiadores han considerado durante mucho tiempo sobre la base de una mala traducción de un pasaje de la Constitución de los atenienses de Aristóteles que se refiere a las minas.[14]

De hecho, el descubrimiento se produjo, sin duda, unos decenios antes de la ley naval Temístocles,[nota 6]​ probablemente hacia el año 520 a. .C. según se ha confirmado mediante el análisis de monedas atenienses de la época.[16]​ Parece que la explotación del tercer contacto-veta se corresponde con la aparición de un nuevo tipo monetal de plata en Atenas: el tetradracma con la lechuza; esta época de la historia de la minería ateniense fue denominada en la Antigüedad con el nombre de periodo de la «lechuza lauriótica,» lo que confirma el vínculo existente entre la presencia de estos filones y el cambio en la acuñación coetánea ateniense, compuesta exclusivamente de plata proveniente de las minas de Laurión. Esta moneda de plata, de gran reputación debido a la calidad del mineral de Laurión, se impone en la época clásica como moneda de intercambio internacional a escala del Mediterráneo oriental, lo que contribuyó a la preponderancia comercial de la atenienses.

Las guerras médicas y la prosperidad de las minas durante la Pentecontecia[editar]

Teatro de Tóricos y bahía de Laurión.

La ocupación y la destrucción de Atenas por el ejército persa del rey Darío I en 480/479, durante la Primera Guerra Médica en 480/479 a. C. afectó a la explotación de las minas: la reducción de la plata fue confirmada por numismáticos, que constataron que «la composición de los tesoros orientales -en los que las lechuzas estaban masivamente representadas- atestigua una disminución de la producción monetal [...]; las exportaciones masivas [de moneda ateniense] no se reemprendieron hasta poco antes de la década del 460 a. C.»[17]

Los cincuenta años siguientes a las Guerras Médicas (Pentecontecia) fueron un periodo floreciente para Atenas y para los empresarios de las minas de Laurión. En un contexto de desarrollo del comercio en el Egeo en el marco de la talasocracia ateniense, la demanda de plata y de plomo de Laurión fue moderada, sobre todo porque la producción de las minas de Tasos, Sifnos estaba entonces lejos de ofrecer volúmenes comparables al rico tercer contracto-veta descubierto en Maronea.[18]​ Numerosos elementos indican la prosperidad de la minería en ese momento. No es casualidad que Jenofonte para evocar la «edad de oro» de las minas de Laurión, recurra al ejemplo de los explotadores mineros de esa época (Nicias, Hipónico, Filomónidas)[19]​ y los ingresos de las minas parecen haber sido lo bastante importantes para ser en parte destinados a a los prestigiosos monumentos construidos en Atenas, sobre todo en los Propileos (IG I 3 465, l. 126-127: 434/3 a. C..) «de la mención de Laurión se puede concluir que la plata invertida en este monumento provenía de allí».[4]​ Esta gran actividad minera entrañó además un desarrollo urbanístico importante, por ejemplo en Tóricos -demo situado en la costa oriental ática-, apreciable en la creación y/o ampliación de la zona urbana, e incluso de un pequeño «centro industrial» que reunía los talleres de superficie, en torno al núcleo cívico, y la construcción en esta época de un teatro de 2700 plazas.

La guerra del Peloponeso y el colapso de la producción[editar]

Los beneficios procedentes de la explotación de las minas de Laurión contribuyeron en gran medida a sostener la política imperialista de Atenas en el siglo V a. C., lo que explica la voluntad de Esparta de dificultar la extracción de los recursos metalíferos, desde el principio de la Guerra del Peloponeso, mediante incursiones militares en la región de Ática (Cf. Invasiones espartanas del Ática durante la guerra arquidámica), y especialmente en Laurión, con el objetivo de devastar la infraestructura de producción; pues los espartanos eran conscientes de que «la guerra no dependía tanto de las armas como del dinero que permitía su fabricación a gran escala».[20]​ La primera invasión estuvo bajo las órdenes del rey espartanos Arquídamo II en el año 430 a. C., y la segunda, tuvo lugar en el año 427 a. C.[nota 7]​ La siguiente invasión fue en el 427 a. C.[nota 8]​ Aunque la minería fue, sin duda, afectada por la destrucción en los inicios de la guerra, ligada a la estrategia de Pericles de disminuir los efectos de las incursiones, con los habitantes al abrigo de los Muros Largos y el abandono de la chora al enemigo, los daños no fueron irreparables y la producción minera continuó. Por otra parte, la paz de Nicias, firmada en el 425 a. C., evitó eventuales invasiones durante doce años, se abrió un período beneficioso para la economía ateniense (Tucídides hace hincapié en que la ciudad «había saneado sus finanzas durante la Paz»),[23]​ y la actividad minera fue pujante en el 424 a. C. El vendedor de salchichas que protagoniza la comedia de Aristófanes, titulada Los caballeros, planea adquirir una concesión minera.[24]​ En el año 414 a. C., el propio Aristófanes, en Las aves (verso 1106) promete a los jueces que van a premiar su obra, que nunca les faltarán las «lechuzas de Laurión». En el año 355 a. C., Jenofonte instó a los lectores de sus Ingresos (IV, 25) a recordar la importancia de los ingresos obtenidos por la explotación de las minas «antes de los acontecimientos de Decelia».

Estos «acontecimientos en Decelia» constituyen en realidad un punto de inflexión en la explotación de las minas de Laurión. Según Tucídides, en 413 a. C., los espartanos, con el consejo de Alcibíades, decidieron establecerse permanentemente en Ática, en Decelia, para reducir los ingresos del enemigo. La operación fue un éxito, según el discurso pronunciado por el alcmeónida ante la Apella (asamblea espartana), del que Tucídides se hace eco.[nota 9]​ El historiador dice que «los atenienses sufrieron mucho con esta situación y sus negocios fueron particularmente amenazados por las enormes pérdidas de bienes y de vidas humanas. Hasta entonces, las invasiones fueron de corta duración y no impidieron, el resto del tiempo, la explotación agrícola, ganadera y minera. Pero la instalación permanente del enemigo, la devastación del campo [...], causó un daño inmenso a los atenienses. Fueron privados de todas sus tierras de labor; además de veinte mil esclavos que se escaparon, en su mayoría artesanos».[26]​ La fuga de los 20.000 esclavos, todos los que trabajaban en Laurión, causó la interrupción abrupta de la explotación y la ruina de muchos concesionarios de las minas. La fortificación del Cabo Sunión (413 a. C.), de Tóricos (410-409 a. C.) y Anaflisto, permitió garantizar el aprovisionamiento de la ciudad, sobre todo de trigo, sin entrañar la reanudación de la actividad minera.

El hecho de que en 408 a. C., según las cuentas de la construcción del templo de Atenea Poliade, se vendiera a 5 dracmas el peso de un talento de plomo en el mercado (aproximadamente 36 kg),[27]​ frente a 2 dracmas en la década de 330/320 a. C.,[28]​ periodo de intensa explotación minera, es otra señal del cese casi total de la producción de plata y plomo en Laurión en aquel momento. La falta de dinero del Estado ateniense se comprueba también en la lectura de los expedientes utilizados al final de la guerra del Peloponeso, en 407 a. C., «como después de seis años las minas no producían nada, la ciudad utilizó el oro que revestía las estatuas de las «victorias» (nikai) de la Acrópolis para acuñar moneda»;[29]​, que fue emitida por primera vez en el 406 a. C. Aristófanes se queja de que «usamos las monedas de bronce, de pésima acuñación, en lugar de las nuevas de oro, que están bien acuñadas».[30]

Las minas en el siglo IV a. C.[editar]

Mapa de la antigua Laurión.

Reanudación de la actividad y reorganización de las minas (primera mitad del siglo IV a. C.)[editar]

La reanudación de la actividad en las minas fue lenta y progresiva, al menos hasta el primer tercio del siglo IV a. C. Se explotaban pequeñas cantidades de mineral en los talleres de superficie y en las galerías antiguas, sin abrirse otras galerías nuevas.[31]​ Tal falta de inversión se explica tanto por la dificultad de la reconstitución de la gran fuerza de trabajo existente antes de 413 a. C. y por los parcos ingresos obtenidos por los atenienses de las concesiones de la explotación de las minas, en relación con la cantidad de dinero que invirtieron para abrir nuevas galerías. Jenofonte destaca estas ganancias reducidas en sus Los ingresos públicos (IV, 28).

La escasez de dinero de que se quejaba Atenas en aquel entonces,[nota 10]​ es el testimonio de la baja explotación de la minería por la falta de inversión. Es particularmente evidente, como ha demostrado Raymond Descat,[32]​ por una parte,debido al carácter elevado de las altos tipos de interés cobrados (25% por ejemplo en Lisias XIX = Sobre los bienes de Aristófanes, 25-26), por otra, a los precios bajos y a la proporción oro/plata (1/14 en 438 a. C.[33]​ contra 1/11 en 402-401 a. C. por ejemplo) [34]​ Esta penuria económica instauró «un círculo vicioso en la industria minera: la falta de dinero, los empresarios que no contaban con los medios para invertir en la reactivación de la explotación, obstaculizando la recuperación monetaria».[34]

A principios del 360 a. C., la ciudad parece que intentó una reorganización de sus recursos, incluyendo la minería, reestructuración realizada conjuntamente con una política monetaria para distinguir la producción de monedas áticas de las imitaciones que circulaban en esa época (ley de 375/374 a. C.). Por lo tanto, los procedimientos de registro de las concesiones mineras cambiaron: mientras que antes el anuncio hecho por la demarcación en el terreno, la concesión minera a cada particular, se grababa en estelas por los poletas.[nota 11]

Aunque parece que el dinero llega a ser más abundante (tasas de interés inferiores al 12 o 15%, estabilización de la ratio oro/plata a 12),[35]​ la cronología de las listas de los concesionarios indica que la recuperación seguía siendo lenta, según lo confirmado por Jenofonte en 355 a. C., cuando afirma en Ingresos que la explotación minera es aún poco importante.[36]​ Se aceleró a partir de entonces, posiblemente mediante la reorientación de los recursos de los atenienses ricos, debido a la política pacífica de Eubulo, tras la liquidación de la Segunda Liga ateniense, de la financiación de las operaciones militares (trierarquía ...) hacia las concesiones mineras.[nota 12][37]

Explotación intensa y crisis conyuntural (segunda mitad del siglo IV a. C.)[editar]

Fue en la segunda mitad del siglo IV a. C., cuando las minas alcanzaron las más altas cotas de producción: la prospección y apertura de nuevos pozos y galerías se multiplicaron,[31]​ corroborado por el hecho de que la mayoría de las lámparas encontradas pertenecen a este período.[38]

El desarrollo de muchas fundiciones, en dicha época en las zonas portuarias de Laurión es otro indicativo del aumento significativo de la actividad minera.

Los numerosos discursos de oradores de que disponemos hacen énfasis en las importantes fortunas que nacieron en esta época gracias a las minas.

La actividad, sin embargo, experimentó una recesión grave,[nota 13]​ mencionada por los logógrafos y oradores áticos en sus discursos judiciales. El demandante del Contra Fenipo de Demóstenes se queja así: «no me he librado de las desgracias de la industria minera» y «hoy en día lo he perdido casi todo», y señala un poco más adelante que «los empresarios de las minas han hecho malos negocios». En el Para Euxenipe de Hipérides se indica que «si en el pasado no se abrían nuevas galería (kainotomiai) por temor, ahora la apertura se reemprende».[40]​ En el momento de este discurso, en 328/327 a. C., la crisis ha claramente terminado: se puede pues situar a mitad del 330 a. C., lo que confirma la frecuencia de los contratos de arrendamiento «puesto que hay seis estelas que datan de 342-339 a. C., cuatro de 330/329 a. C., pero solo una entre estas fechas (en 335/334 a. C.)».[41]​ Los orígenes no están claros: según algunos, el aumento del precio del trigo en esta época habría tenido un impacto sobre la rentabilidad de las minas.[nota 14]​ (aumento de los costes de alimentación de los esclavos),[42]​ reorientación de los capitales hacia las actividades agrícolas y el comercio de grano, en adelante más rentables que las minas,[43]​ pero otros han señalado que estos precios elevados se mantuvieron entonces incluso cuando la crisis había pasado, en los años 320 a. C. Se ha mencionado además la posibilidad de marcos fiscales, jurídicos y, más ampliamente, sociopolíticos mal adaptados a las necesidades de los explotadores de las minas de Laurión,[44]​ pero estos diferentes elementos se encuentran actualmente en estado de hipótesis poco verificables.

En cualquier caso, la crisis parece haber sido coyuntural: aunque los testimonios directos son escasos a partir de entonces, no obstante, la explotación continuó hasta el final del siglo. Se considera así que el esplendor de Atenas en la época de Licurgo (338-326 a. C.) en particular no puede explicarse más que por la permanencia de la producción de la plata de Laurión.[45]​ Del mismo modo, la observación que Estrabón pone en boca de Demetrio de Falero sobre sus conciudadanos atenienses («que cavan con tanto ahínco que dan la impresión de ir a sacar al propio Plutón») manifiesta que se perpetúa tarde en el siglo IV a. C., a pesar de que la apertura de nuevas minas esté implícito en este pasaje (confirmado por Hipérides [40]​ como debido al aumento del número de minas kaitonomiai -«nuevas prospecciones»- en las últimas estelas de los poletas)[nota 15]​ pueden interpretarse como la evidencia del agotamiento de los yacimientos existentes, lo que obligó a los empresarios a proceder a nuevas prospecciones.[46]​ De hecho, el número de nombres presentes en las tablas de los poletas disminuye regularmente a medida que se acerca el final del siglo IV a. C.; los últimos fragmentos encontrados datan del 300/299 a. C.: las últimas estelas, entre 320 y 299 a. C., tienen solo una columna, y en el 340 a. C. constaba de 8 columnas, cuando la explotación de las minas era más intensa.[47]

Abandono progresivo de las minas en las épocas helenística y augustea[editar]

Tetradracma de plata ateniense del «estilo nuevo» (circa. 200-150 a. C.) Motivo: lechuza de pie sobre un ánfora tumbada. Cabinet des médailles de la Biblioteca Nacional de Francia.

Posteriormente, la explotación de las minas continuó de manera menos intensa, especialmente en las operaciones llevadas a cabo por Demetrio Poliorcetes en la chora durante el asedio de Atenas del año 295 a. C.,[48]​ no perdonaron sin duda a las instalaciones de Laurión. Por lo tanto, los atenienses redujeron la utilización de otras fuentes para asegurar la producción de su moneda: por tanto, la hipótesis de que la baja calidad del metal utilizado a partir del 287 a. C. para acuñar moneda se explicaría por el uso, al menos en parte, del dinero ofrecido a la ciudad por Lisímaco de Tracia, Ptolomeo I y Ptolomeo II.[49]​ Sin siquiera mencionar el agotamiento de las minas mismas, el carácter periférico de la ciudad en la vida política y económica internacional debido a la expansión desmesurada del mundo griego provocada por las conquistas de Alejandro Magno,[50]​ de una parte, la afluencia de metales preciosos procedentes de los tesoros de aqueménidas incautados por los macedonios, de otra parte, convierten la explotación de las minas a la vez en menos urgente y rentable.[51]

Aunque parece que la actividad pudo haberse reanudado parcialmente a mitad del siglo III a. C., es más claro en la segunda mitad del siglo II a. C, tal vez vinculado con la relativa prosperidad de la ciudad como consecuencia del restablecimiento a Delos de su importancia comercial por parte de Roma.[52]​ La aparición en esta época las bellas monedas atenienses del «estilo nuevo» [45]​ y las revueltas de esclavos que estallaron al final del siglo II y comienzos del siglo I a. C.,[53]​ demuestran que la plata seguía extrayéndose de Laurión en el período helenístico, a pesar de que era probable entonces que el metal extra que se usaba para la acuñación de monedas fuera marginal en comparación con el período clásico.

Tras el saqueo de Delos por las tropas de Mitrídates VI en el año 88, y la captura de Atenas por Sila en el 86 a. C., en una ciudad con el comercio definitivamente arruinado, «reducida al papel de una ciudad de provincias sin posesiones exteriores, sin papel político, sin actividad comercial, la casa de moneda funcionaba rara vez».[54]

Los ingresos de la mina llegaron a ser muy significativos. Así, en tiempo de Estrabón, no trabajos de demolición, sino que se limitaban a utilizar la escoria que contenía todavía un poco de mineral: «las minas de plata del Ática, que una vez fueron muy productivas, se encuentran actualmente completamente agotadas; el rendimiento en los últimos tiempos es muy escaso, tan poco en relación con el trabajo y los gastos, que los granjeros tuvieron la idea de poner en la fundición los escombros y las escorias de las primeras explotaciones, y han logrado así extraer una cierta cantidad de plata pura».[55]​ Las minas fueron finalmente abandonadas en el siglo I a. C.,[56]​ a pesar de un intento de reactivación el siglo IV, como demuestra el hallazgo de lámparas de este período descubiertas en algunas galerías.[57]

Empresarios y mineros[editar]

Empresarios[editar]

En la antigüedad, la explotación de los yacimientos de Laurión estaba muy fragmentada:[nota 16]​ había al menos 500 minas diferentes activas en los años 340 a. C., según G. G. Aperghis.[59]​ Es de suponer que estas concesiones eran de tamaños muy variados, aptas para responder a los deseos de inversión tanto de los atenienses más oscuros como de los más ricos: tanto el vendedor de morcillas de Aristófanes [60]​ como Epícrates de Palene, «que tenía de socios a los más ricos o casi de Atenas».[61]

Los concesionarios eran de fortunas diversas y los atenienses ricos estaban claramente sobrerepresentados: el 7% de los más ricos, los obligados a las liturgias representaban el 19% de los concesionarios.[62]​ De los 106 nombres listados por Margaret Crosby en las estelas de los poletas, 49 aparecen en otras fuentes: se trata a menudo de trierarcas. El hecho de que estos personajes fueran trierarcas, unido a que los ingresos procedentes de las minas estaban exentos de impuestos, indica que estos hombres tenían también otras fuentes importantes de ingresos (agricultura, comercio, etc.).[nota 17]

Esta sobrerrepresentación de los más acomodados entre los concesionarios, no es sorprendente, dado el relativo prestigio de la inversión minera, como señala Aristóteles: «en el orden natural, el arte de la agricultura está antes que todos los otros, y en segundo lugar las artes que extraen las riquezas del suelo, como es la explotación de las minas».[63]​ Pero fue principalmente debido a la importancia del capital necesario, en general, en la explotación, tanto en la propia extracción como en el tratamiento del mineral en los talleres de superficie.[nota 18][64]​ Por ejemplo, un esclavo costaba de media entre 150 y 200 dracmas, incluso si el valor de un esclavo variaba mucho en función de su competencia: un hombre o un niño asignado al transporte o al machacado de mineral podría valer más de 100 dracmas,[65]​ pero Nicias no dudó en invertir 6000 dracmas -el precio más alto que se conoce pagado por un esclavo en Grecia- por un capataz (épistatès) particularmente experimentado.[nota 19]​ La magnitud de los importes que tenían que adelantar muchos inversores, implicó la necesidad de unirse para explotar una concesión minera.[nota 20]​ La Excepción contra Panténeto (38) de Demóstenes menciona a los «concesionarios asociados», y las estelas de los poletas a una asociación que reunía en los años 340 a. C. a un tal Esquílides y a un hijo de Diceócrates con el orador Hipérides.[66]​ Jenofonte recomendaba en 355 a. C. ofrecer esta posibilidad a los inversores,[nota 21]​ lo que parece demostrar que las asociaciones de concesionarios no existían antes de la segunda mitad del siglo IV a. C.[67]

La posesión y la explotación de las minas podían dar lugar a la creación de ricas dinastías familiares, como lo muestran los apodos sugerentes de los padres de Hipónico II, que eran dueños de 600 esclavos en Laurión a finales del siglo V a. C.: su abuelo Hipónico I fue apodado Amón ("hombre de arena"), en la medida en que explotó los yacimientos argentíferos de superficie a principios del siglo V a. C.:, y su padre Calias, negociador de la paz de su mismo nombre, era apodado Lakoploutos «rico por sus agujeros» cuando explotaba Maronea.[68]​ Del mismo modo, se puede seguir el «itinerario» industrial de Fidipo de Pito, que explotó con su hijos, minas, talleres de superficie y propiedades inmobiliarias en Laurión de 367 a 338 a. C.[66]

Los concesionarios de Laurión, sobre todo los más ricos, podían —según David I. Rankin— aliarse para defender sus intereses, incluso implicarse mucho en la definición de la política de la ciudad. Este lobby minero, que no se identifica con el «partido de la paz» de Nicias de los años 420 a. C., habrían jugado un papel importante en las dos revoluciones oligárquicas de finales del siglo V a. C., pero habría sobre todo orientado las elecciones en la ciudad en el segundo cuarto del siglo IV a. C., apoyando la política pacífica de Eubulo, de la que pensaban se beneficiarían.[69]​ Sin embargo, sin negar las interacciones entre los intereses mineros y la ciudad, Saber Mansouri Rankin ha cuestionado la tesis de Rankin de un lobby minero que agrupaba al conjunto de personas interesadas en el desarrollo de las minas de Laurión. Las fuentes a nuestra disposición mencionan a varios concesionarios que, lejos de unirse a Eubulo, se situaron más bien en las filas del «partido de la guerra» y señalan la heterogeneidad de los posibles posicionamientos políticos en el seno del grupo de contratistas mineros: es el caso, por ejemplo, de Hipérides o Diotimo, hijo de Diofito.[70]

Los inversores no eran necesariamente nativos de Laurión: el 80% de las concesionarios no vivían en el demo. Algunos eran extranjeros: Jenofonte menciona que el Estado Ateniense «permite a cualquier extranjero que desee trabajar en nuestras minas aspirar a los mismos cargos que los ciudadanos».[71]​ Afirmación confirmada por los arrendamientos que tuvo un concesionario sifnio a mediados del siglo IV a. C., probablemente un descendiente de una familia de Sifnos, especializada en minas desde el siglo V a. C., la de Estesileidas y Calescro.[72]​ Del mismo modo, Sosias, administrador tracio de Nicias, compró un talento. sin duda por su experiencia minera adquirida en las minas del monte Pangeo en Macedonia; primero estuvo encargado de dirigir los mil esclavos de Nicias que trabajan en las minas, y poco después de ser manumitido se convirtió en concesionario:[73]​ «Mientras Nicias, hijo de Nicerato, tenía mil trabajadores en las minas, que había alquilado a Sosias de Tracia, a condición de pagarle la cantidad neta de un óbolo por día y hombre». Los inversores extranjeros parecen sin embargo que eran pocos: «para concesiones mineras como por el arrendamiento de tierras públicas, los ciudadanos atenienses disfrutaron de un monopolio de facto».[74]

Una mano de obra servil[editar]

Numerosos mineros y esclavos[editar]

Una mano de obra abundante[editar]
Mineros griegos. Reproducción de una tablilla de terracota de Corinto.

Los mineros eran casi exclusivamente de condición servil. Muchos de ellos eran bárbaros: consultando las listas de trabajadores inscritos en el siglo IV a. C., se encontró un tercio de tracios.[75]​ Como es frecuente en el caso para las personas asignadas a tareas serviles, han sobrevivido los nombres de pocos de ellos: solo se identificó en una inscripción (Inscriptiones Graecae, II2, 10051) un menor de origen paflagonio y admirador de Homero, Atotas, que «compara su esfuerzo con el de los héroes (se proclama a sí mismo descendiente de Pilémenes,[76]​ asesinado por Aquiles)».[77]

Los hombres libres podían codearse con estos esclavos, pero solo como propietarios de pequeñas concesiones y esencialmente en las funciones de gestión: un cliente de Demóstenes, propietario de una mina, dijo en uno de sus discursos de defensa haber trabajado «de su cuerpo»;[78]​ es necesario relativizar, sabiendo que formaba parte del 7% de los ciudadanos más ricos, los de las liturgias.[79]​ En cualquier caso no existe registro de hombres libres empleados en las minas con estatus de asalariado.[80]

El número de esclavos era muy muy importante. Es difícil establecer una cifra precisa,[81]​ se considera que por lo menos 10 000 y probablemente incluso 15 000 de los 20.000 esclavos mencionados en el anterior pasaje de Tucídides[nota 22]​ trabajaban en los talleres de superficie y en las minas (véase La guerra del Peloponeso y el colapso de la producción). [45][82][83][nota 23]​ Si el número de trabajadores varió significativamente durante el período clásico en función de la coyuntura minera,[nota 24]​ se trata en cualquier caso del único ejemplo conocido de concentración de esclavos en la Antigua Grecia,[84]​ que condujo a la creación de canales comerciales importantes para destinar a Atenas el flujo de esclavos que las minas necesitaban.[85]

Orígenes y consecuencias de la utilización masiva de mano de obra esclava[editar]

Este gran número de esclavos se explica debido al alcance del trabajo: «se estima que la producción de una tonelada de plata requería de 500 a 1000 esclavos al año.[9]​ Una concesión modesta, de las que había más de un centenar cuando las minas eran prósperas, tenía por lo menos 30 trabajadores (mineros, cargadores, cribadores, guardianes), o incluso más si la distancia que tenían que recorrer los porteadores desde el lugar de la extracción hasta la entrada de la mina superaba algunas decenas de metros.[86]​ Sin tener en cuenta todo el personal asignado a los lavaderos y hornos. Explotaciones como la de Sosias el Tracio, empleaba miles de esclavos.

El recurso masivo a la mano de obra esclava se explica también por su bajo coste. Si alquilar un esclavo costaba una media de 5 óbolos (de 2 a 3 óbolos para comida y ropa, de 1 a 2 para la amortización contable, 1 óbolo para su alquiler propiamente dicho), constituía en realidad una suma módica teniendo en cuenta los beneficios que su trabajo eran susceptibles de producir. Este bajo coste laboral comportaba dos consecuencias para las empresarios: por una parte, la actividad minera era particularmente rentable, puesto que los beneficios netos no se alejan de los beneficios brutos de las minas modernas;[87]​ por otra parte, esto llevó a los concesionarios a descuidar las ganancias que los nuevos métodos de explotación les podrían haber procurado.

Esto explica la utilización constante de hombres en lugar de animales para maniobrar o acarrear las piedras para trituración de mineral, el carácter no sistemático de instalación de cabrestantes para llevar a la superficie el material extraído en los pozos, la exigüidad de las galerías que excavaban los esclavos, y la estrechez que dificultaba la circulación de trabajadores y de mineral e impedía el transporte rodado. Al respecto, Édouard Ardaillon señala que: «el concesionario, que disponía solo de unos años antes que él para explotar su concesión, tenía el máximo interés en llegar a los filones. Una galería estrecha podía ocuparle tres meses, mientras que una galería más grande habría requerido seis u ocho meses a sus obreros. Habría sido, en su opinión, perder un tiempo valioso tiempo en un trabajo inútil; era mejor explotar durante tres meses un depósito de buena galena y pagar los costes de diez porteadores, en lugar de llegar tres meses más tarde y obtener el escaso rédito aportado por diez esclavos. [...] Es así como la abundancia de mano de obra, proporcionada en su mayoría por la esclavitud, perjudicó en cierta medida, no tanto el rendimiento de las minas, como el progreso de los métodos de explotación».[88]​ El vínculo entre causa y efecto establecido entre los sistemas técnicos y social, como el propuesto por Richard Lefèbvre des Noëttes entre la deficiencia de los sistemas de tracción hipomóvil y del recurso a la esclavitud en la Antigüedad, sin embargo debe ser matizado y relativizado.[89]

Condición y organización del trabajo[editar]

Las difíciles condiciones del trabajo[editar]

El bajo valor monetario de los esclavos y su abundancia relativa explica el carácter particularmente duro de sus condiciones de vida en Laurión, como en todas las minas antiguas: «la mano de obra no era costosa, por lo que no existía preocupación por perfeccionar los métodos de explotación».[88]​ Los obreros se movían por galerías estrechas e insalubres, lo que les obligaba a extraer el mineral en cuclillas, de rodillas e incluso tumbados, en una atmósfera sobrecalentada por el calor de las lámparas y de los cuerpos, y normalmente, ritmo al cual se sucedían los equipos, y que implicaba que los trabajadores se alimentaran en el interior de la mina. Prueba de ello, es el hallazgo en las galerías de restos de comida y osamentas de ciervo.[90]

Aunque Ateneo describe a lo esclavos encadenados,[91]​ es probable que esto corresponda a una realidad ulterior, bajo influencia romana. De hecho, Ateneo especifica este punto en el marco de la historia de una rebelión de esclavos menores de edad a finales del siglo II a. C., y no hay certidumbre de que unas cadenas encontradas en las minas se usaran para encadenar esclavos. Ante todo, porque los esqueletos encontrados in situ no tiene marcas de hierro, a excepción de la pierna de un individuo, que no ha podido ser datada.

Incluso sin estar encadenados, la mortalidad de los esclavos fue importante, tanto en las minas como en la superficie, debido a la naturaleza tóxica del polvo y los vapores de plomo. Olivier Picard calcula que la expectativa de vida de un esclavo a tiempo completo no superaba los cuatro a cinco años.[9]

Funciones[editar]

Los esclavos u hombres libres que trabajaban en las minas tenían funciones bien definidas. Los más competentes -los menores de edad- eran asignados al frente del corte; a menudo se trataba de hombres robustas, al contrario que los porteadores, sin duda niños la mayoría, encargados del transporte del mineral en las estrechas galerías. las tareas de los obreros destinados a trabajar en la superficie consistentes en la separación y trituración en las muelas y lavaderos de material, pertenecían a la categoría de maniobras de poca pericia, que no era el caso de los fundidores, encargados en el extremo de la cadena para operar la delicada transformación de mineral crudo clasificado en lingotes de plata y plomo.

De la dirección de este conjunto de trabajadores se encargaba un épistatès, maestro-minero o maestro fundidor, encargado en un caso de la búsqueda y extracción de mineral, y en el otro de supervisar el lavado, selección y fusión en las mejores condiciones de la galena extraída. Eran ayudados por guardias responsables de controlar y estimular a los trabajadores, incluso si ello comportaba castigar a los menos eficaces.[92]

La cuestión de las revueltas[editar]

En la superficie, un sistema de vigilancia de esclavos probablemente estaba más o menos organizado: se supone que las torres que salpicaban Laurión y de las cuales quedaban restos, eran puestos de observación y guardia de guarniciones hoplitas. La presencia de estas infraestructuras podría indicar la importancia del temor de los atenienses a un levantamiento general de los esclavos de Laurión, aunque si los testimonios de rebelión que se conservan son pocos.

Además de la deserción durante la ocupación espartana de Decelia en 413 a. C., se sabe que Laurión sufrió dos revueltas de esclavos en el período helenístico: la de 134, a. C. qeco de la gran revuelta de esclavos de Sicilia, la menciona Paulo Orosio citando un pasaje perdido de Tito Livio;[nota 25]​ La otra revuelta, más seria, sobre 100 a. C., se conoce gracias a Ateneo, citando al filósofo Posidonio, quien informa que «habiéndose rebelado, mataron a los oficiales asignados a la seguridad de las minas; además, que se apoderaron de la fortaleza de Sunión y durante mucho tiempo alimentaron Ática».[93]​ Incluso se asumió que acuñaron su propia moneda durante el período en que controlaban el distrito de Laurión.[94]​ Sin embargo, según la documentación da la sensación de que se trató de casos aislados, y las precauciones tomadas eran suficientes para limitar su multiplicación.[nota 26]

Técnicas mineras y metalúrgicas[editar]

Geología del sitio minero y metales explotados[editar]

Capa teórica de los terrenos de Laurión.
C1 : mármol inferior
C2 : mármol superior
E1 : esquisto inferior
E2 : esquisto superior
I (E2 sobre C2): primer contacto
II (C2 sobre E1): segundo contacto
III (E1 sobre C1): tercer contacto

Para el geólogo, el distrito minero metalífero de Laurión se extiende de norte a sur en una longitud de 15 km con un área de 120 km2.[1]​ Se caracteriza por una sucesión horizontal de capas de piedra caliza clara (mármol) y pizarra (rocas laminadas negruzcas o grises). Su formación está actualmente abierta al debate: la hipótesis clásica [95]​ de una sucesión normal de capas sedimentarias de diferentes edades se opone a una tesis reciente,[96]​ que parece confirmarse mediante el estudio de los fósiles presentes: mármoles superiores (C2 en el diagrama) y más bajo (C1) por un lado, los esquistos inferiores (E2) más bajos (E1) por otro lado serían de la misma edad y su superposición sería el resultado de un «pliegue gigantesco inclinado».[97]

Es en el borde de cada una de estas capas, en las cavidades que las separan, donde se encuentra el plomo argentífero. Estas zonas de contacto, tres en número (I, II y III en el diagrama opuesto), están por lo tanto a diferentes profundidades y requieren modos de operación específicos: el primer contacto (I), operado desde 1500 a. C., afloraba en la superficie, mientras que el tercero (III), cuya mineralización más abundante hizo la riqueza de Atenas en el período clásico, implica una explotación subterránea. Cuando se encontraba en estas zonas de contacto, el mineral era lenticular, es decir con bandas. También podría estar presente en las vetas delgadas en las fallas de piedra caliza.[98]

Los principales minerales explotados eran de dos tipos, con frecuencia mezclados:[nota 27]​ en primer lugar cerusita (PbCO3), u óxido de mineral, el tinte rojo o amarillo debido al óxido de hierro contenido en el mismo, en segundo lugar, galena, o mineral sulfuroso (PbS), que se caracteriza por sus granos negros. Su contenido de plomo es alto (77.5% para la cerusita, 86.6% para la galena), pero muy variable si tomamos en cuenta la ganga que rodea al mineral, que varía desde porcentajes del orden de la unidad hasta el 50%, para un promedio de 15%. La plata estaba dentro de estas moléculas de carbonato de plomo o sulfuro de plomo, en proporciones que van de 500 a 4000 g por tonelada de mineral extraído, con un promedio de 2 kg: por lo tanto, una tonelada del 20% de mineral de plomo contenía aproximadamente 400 g de plata (0,04%).[99]​ Debido a este carácter relativamente pobre para los metalúrgicos modernos, el mineral de Laurión requería un largo proceso de tratamiento y transformación para extraer la codiciada plata.

Galena argentífera (incrustaciones negras).
Laurionita, otra forma de plomo (cloruro de plomo cristalizado) así llamada debido a las minas de Laurión donde está presente.

Otros minerales se extraían de forma más o menos marginal en Laurión, incluido el ocre, el hierro y el cobre.[nota 28]​ Es probable que al menos una parte de las monedas de bronce de Atenas se fabricara con cobre laureático,[100]​ y numerosos descubrimientos subrayan la importancia y la antigüedad de la extracción de este metal en Laurión:[nota 29]​ recientemente se identificó una antigua mina de cobre en el sector de Spitharopoussi y durante las exploraciones arqueológicas realizadas en 2004, «las redes cutáneas en los cursos de exploración han revelado concentraciones significativas de hierro y cobre».[101]

El ocre, o sil, de Laurión, un sedimento de color con hidróxido de hierro, fue particularmente apreciado por sus cualidades colorantes: Plinio el Viejo considera que, entre los ocres, «el mejor es el que se llama sil ático; cuesta dos denarios por libra», [102]​es decir, dos veces más que el segundo en calidad, el mármol veteado. Vitruvio, para enfatizar el gran valor de este ocre, señala que en el momento de la explotación de las minas de Laurión», «cuando uno llegaba a encontrarse con alguna veta de sil, la seguía como si hubiera sido de dinero».[103]

El ocre ático era uno de los cuatro colores básicos utilizados por los pintores clásicos y era esencial para la producción de cerámica ática de figuras negras y rojas. Desde este punto de vista, sin duda la menor explotación de las minas de plata de Laurión desde el siglo III a. C., contribuyó a la disminución, al mismo tiempo, de las cerámicas pintada ática.[104]​ De hecho, al final del siglo I, ya no es posible obtenerlos, según lo informado por Vitruvio. La pintura antigua también utilizó otro tinte obtenido en Laurión, el cinabrio. El proceso necesario para su extracción se inventó a fines del siglo V a. C. por un contratista de Laurión, Calias, que había tomado por primera vez polvo de oro con arena amarilla que corría por las galerías de su mina. Esto es al menos lo que afirma Teofrasto, que también detalla la serie de moliendas y lavados necesarios para su extracción.[N 1]

Más tarde, cuando la geología del sitio estuvo mejor controlado, los agricultores abandonaron estas cavidades informes para excavar verdaderas galerías donde el minero «no se arrastraba temeroso en la superficie, a lo largo del afloramiento. Iba bajo tierra, en las profundidades, en busca de minerales de plomo. [...] Era una labor inútil intentar darle aire y espacio; era suficiente con que el hombre pudiera pasar y buscar la riqueza que huía».[105]​ Sin embargo, en las minas del segundo período, cuando la demolición se realizaba metódicamente, el trazado galerías no indica una organización real «no siguió ninguna regla, ningún cuidado en detalle, no existía un plan general. ERan laberintos oscuros cuyas ramificaciones corrían en todas las direcciones, y el trabajo era bastante parecido a esos bosques roídos y plagados de agujeros por gusanos silenciosos».[106]​ Solo lo suficiente para excavar galerías verticales de pozos de mayor o menor altura para garantizar la aireación y/o la evacuación del mineral. Estos pozos, a diferencia de los que serían cavados para acceder al tercer contacto, no eran pozos de investigación, ya que estaban excavados después de las galerías.[107]

Prospección y extracción mineral[editar]

Descubrimiento y método de búsqueda de depósitos[editar]

Explotación del primer contacto[editar]

Las primeras galerías fueron excavadas en los afloramientos de mineral en el primer contacto: los primeros operadores fueron guiados por señales visuales, incluyendo el color rojo de los óxidos de hierro, que se mezclaron con fragmentos de galena, «menos rápido de oxidar, demasiado pesado para ser impulsado por la escorrentía de agua [...]. El considerable peso de este mineral, las facetas brillantes y el brillo metálico de los cristales que lo componen no pudieron escapar a la atención de los primeros visitantes del país durante mucho tiempo», señala Édouard Ardaillon,[108]​ que vio en algunas excavaciones desordenadas de Laurión los primeros intentos de explotación de galena argentífera.

Conocimientos geológicos y métodos de explotación[editar]

A finales del siglo a. C., eran indudablemente raros los afloramientos del tercer contacto (por ejemplo, en la ladera oriental del monte Spitharopoussi) a los que apuntan los mineros en su camino. «Encontrando en la superficie la existencia de un tercer contacto mineralizado ubicado en un nivel más bajo que los otros dos, podrían extrapolar esta situación al depósito completo, un buen ejemplo de esta “geología empírica” que los antiguos se habían constituido».[109]

Diagrama del pozo Kitso. C = piedra caliza (mármol), S = esquisto.

En base a este razonamiento, así como en el conocimiento que habían acumulado sobre la lógica de las capas geológicas, los mineros, luego experimentados, eligieron las ubicaciones de los pozos necesarios para acceder al rico mineral del tercer contacto. [N 2]

Así, en el pozo Kitso, en la región de Maronea, los mineros comenzaron su prospección en el mármol superior, donde sabían que era delgado; cinco metros más abajo, llegaron al esquisto, sin siquiera interesarse por el segundo contacto, continuaron su descenso a una capa de mármol, de 59 metros de profundidad. Pensando que estaban en el nivel del tercer contacto (en el límite inferior de la capa de esquisto y superior de la segunda capa de mármol), rico en mineral, cavaron galerías laterales, sin encontrar el mineral deseado. De hecho, esta capa de mármol era en realidad un delgado bloque de piedra caliza insertada en el esquisto: el contacto real era veinte metros más bajo. Este es un caso raro en Laurión, y por lo tanto no se correspondía con la ciencia de los mineros. Concluyeron, basándose en su conocimiento, enla ausencia de mineral allí y, por lo tanto, abandonaron esta investigación fallida.

Notas[editar]

  1. «La otra fuente principal era la isla de Sifnos».[4]
  2. Sobre esta cuestión, y sobre otras controversias concernientes a la ley naval de Temístocles, véase [10]
  3. También sobre este punto, otras fuentes antiguas como Aristóteles y Polieno, indican que al descubrirse una rica veta de plata en Maronea, en el territorio de Laurión, la suma ascendió a unos cien talentos.[11]
  4. «Los atenienses tenían la costumbre de repartirse la ganancia de las minas de plata de Laurión; Temístocles osó presentarse ante el pueblo para decirle que había que detener el reparto y, con esas sumas, equipar trirremes»[12]
  5. «Había en el tesoro público grandes riquezas procedentes de las minas de Laurión. Se disponían a repartírselas entre todos a razón de diez dracmas por cabeza. Entonces, Temístocles convenció a los atenienses para que desistieran de llevar a cabo ese reparto y, con las sumas de que disponían, construyesen doscientas naves para la guerra».[13]
  6. Tesis defendida por Édouard Ardaillon en 1897,[15]
  7. «Los peloponesios después de devastar la llanura, avanzaron en la región costera del Laurión, donde se encuentran las minas de plata de Atenas. Primero devastaron la parte que mira al Peloponeso, y después la orientada hacia las islas de Eubea y Andros.[21]
  8. «Ellos [los espartanos] arrasaron todo lo que había quedado en las partes de Ática previamente saqueadas y todo lo que habían respetado durante sus incursiones anteriores».[22]
  9. «En cuanto a las ventajas derivadas de la construcción de fuertes en su territorio que vosotros [los espartanos] obtendréis y de las que privaréis a vuestros enemigos, pasaré por alto un buen número de ellas y os resumiré las principales. Los recursos del país [Ática] pasarán en su mayor parte a vuestras manos, unos mediante conquista y otros por sí mismos. Y en seguida se verán privados de los ingresos procedentes de las minas de plata de Laurión y de los beneficios que actualmente obtienen de la tierra, de los tribunales y talleres.»[25]
  10. Por ejemplo en 388-387 a. C., en Lisias XIX, Sobre los bienes de Aristófanes, 11.
  11. Se puede acceder al texto de la ley de 367-366 a. C. en Michel Austin, Pierre Vidal-Naquet, Économies et sociétés en Grèce ancienne, Armand Colin, 2007, p. 337-342. El conjunto de estelas que se han descubierto pueden ser consultadas en M. K. Langdon, Poletai Records, en The Athenian Agora. Results of Excavations Conducted by the American School of Classical Studies at Athens, vol 19, Inscriptions. Horoi, Poletai Records, Leases of Public Lands, Princeton, 1991, p. 55-143.
  12. El estudio de los nombres de los concesionarios revela que muchos de ellos son conocidos por su actividad política o por haber servido como trierarcas, y se puede suponer que estos hombres antes del 355 a. C., utilizaban sus recursos financieros «noblemente,» es decir, para armar un trirreme, reclutar mercenarios, sufragar banquetes públicos, organizar una coro (coregia), etc. La política pacífica de Eubulo, junto con una reorganización del sistema de concesiones, supuso un incentivo para abrir nuevas minas o para reanudar la actividad en las antiguas. Las grandes ganancias que algunos habían obtenido habría animado a muchos atenienses ricos a hacer lo mismo. Cf. Claude Mossé (1975), p. 111.
  13. La realidad de esta crisis fue cuestionada por Ardaillon, que esencialmente cuestiona las palabras del demandante del Contra Fenipo.[39]
  14. Esta inversión en términos de rentabilidad entre las actividades mineras y agrícolas es el tema del Contra Fenipo de Demóstenes.
  15. «Las primeras kainotomiai aparecieron en 320/19 a. C y fueron concedidas aún en 300/299 a. C.». Raymond Descat (2004), p. 394
  16. «La explotación no estaba monopolizado en Atenas, como es habitual en los estados modernos, por pocas empresas o por capitalistas».[58]
  17. Nicobulo, el adversario de Panténeto en el discurso homónimo de Demosténes, tiene intereses en las minas, pero se ve obligado a ausentarse e irse a la región del Ponto (Mar Negro,) debido a sus asuntos comerciales. Demóstenes XXXVII = Excepción contra Panténeto, 25.
  18. En un artículo publicado en The Economic Review («Silver Stocks and Losses in Ancient and Medieval Times», The Economic Review, 1972, pp. 205-235), el economista C. C. Patterson, que se basó en cifras conocidas de la extracción de plata en América Latina en el siglo XVIII, «estima que para extraer una tonelada de plata hacía falta tratar 1000 000 de toneladas de rocas estériles, de escoria y de plomo, cuyo valor era muy bajo; según el mismo cálculo, se requieren 10 000 toneladas de carbón para obtener un tonelada de plata»
  19. «Se dice que Nicias, el hijo de Nicerato, pagó el precio de un talento por un capataz para sus minas de plata.» Jenofonte, Memorables, II, 5, 2.
  20. En términos prácticos, sin embargo, parece que entre los socios, uno de ellos era el concesionario principal: era el responsable ante la ley y asumía las diversas contribuciones y multas pagadas al Estado en nombre de sus asociados. Ardaillon (1897), pp. 186-187.
  21. «Los individuos pueden unirse también y mediante la combinación de sus posibilidades, reducir sus riesgos». Jenofonte, Ingresos, IV, 32.
  22. Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, VII, 27. Se supone que entre los 20 000 esclavos, había un cierto número de agricultores.
  23. Algunos historiadores, sobre todo Claude Mossé apoyándose en Lauffer (Claude Mossé, La fin de la démocratie athénienne, PUF, 1962, p. 90), sostienen que los efectivos de esclavos no habrían sido tan importantes, del orden de 30 000, arguyendo que Jenofonte en Los ingresos públicos (IV) no parece considerar extravagante la posibilidad de que el número de esclavos públicos en las minas oscilara entre 60 000y 90 000 (si se considera que había 20 o 30 0000 ciudadanos atenienses en la época).
  24. Jenofonte (Los ingresos públicos, IV, 25) sugiere claramente que en número de esclavos en el año 355 a. C. era menor que antes de la guerra del Peloponeso.
  25. «En las minas de los atenienses también, una rebelión servil fue detenida por el prestamista Heráclito; en Delos también los esclavos que fomentaban un disturbio fueron aplastados por los ciudadanos que tomaron la iniciativa; por no mencionar el primer hogar del mal siciliano del que saltaron lo que podrían llamarse chispas que propagaron diversos incendios». Paulo Orosio, Historias, V, 9, 5; véase también Diodoro de Sicilia, XXXIV, 2, 19.
  26. Además, como señala Ardaillon «difícilmente se puede soñar con una mazmorra mejor que una mina antigua: la elevación de una escalera, la obstrucción de una galería, eran formas muy fáciles de encarcelar a los esclavos rebeldes y detener la propagación de un movimiento sedicioso». Cf.
  27. El zinc (esfalerita) presente en el subsuelo de Laurión no era extraído masivamente más que por los extractores de los siglos XIX y XX.
  28. Christophe Pébarthe (p. 79) recuerda el antimonio, el arsénico y el oro
  29. Según los análisis isotópicos de plomo efectuados por N. H. Gale en lingotes de cobre del tipo «piel de vaca» de Micenas (siglo IV a. C.), el metal del que están hechos podría provenir de Laurión.
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Referencias[editar]

  1. a b c Il y a près de 5 000 ans, l’exploitation de l’argent sur les rives de la mer Égée , The Conversation ; publicado el 19 de febrero de 2016, consultado el 28 de febrero de 2016
  2. Programme International de recherches pluridisciplinaires, intitulé Ressources minérales, peuplements, territoires dans le monde égéen l’Acropole de Thorikos (District minier du Laurion-Grèce) ; associant l'Université de Ghent (Belgique), l'école belge d’Athènes (ESBA) et l'Association Nationale ERMINA, via 6 laboratoires impliqués (en savoir plus ), in Site Internet de l'Unité Mixte de Recherche CNRS 5608 - T.R.A.C.E.S. - Travaux et Recherches Archéologiques sur les Cultures, les Espaces et les Sociétés version consultée le 28_02-2016 mise à jour : octubre de 2014
  3. Jenofonte, Los ingresos públicos 4,2.
  4. a b c Domergue, 2008, p. 180.
  5. Choros, Evgenia (17 de febrero de 2016). «Newly Discovered Greek Silver Mine Rewrites History». Greek Reporter (en inglés). Consultado el 18 de nero de 2018. 
  6. Christophe Pébarthe, Monnaie et marché à Athènes à l'époque classique, Belin, 2008, p.75
  7. Charles Victor Daremberg, Edmond Saglio, Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines, tomo 3, volumen 2, Hachette, 1877-1914, p. 1860.
  8. Morin y Photiadès, 2005, p. 329.
  9. a b c Picard, 2001, p. 5.
  10. Flament, 2007, pp. 65-67.
  11. Aristóteles, Constitución de los atenienses, 22; Polieno Estratagemas I, 30.
  12. Plutarco, Vida de Temístocles, 4,1.
  13. Heródoto, Historia, VII, 144.
  14. Picard, 2001, pp. 2-3.
  15. Édouard Ardaillon, Les Mines du Laurion dans l'Antiquité, París, Fontemoing, 1897.
  16. Picard, 2001, pp. 7-10.
  17. Flament, 2007, n. 307.
  18. Ardaillon, 1897, p. 143.
  19. Jenofonte, Ingresos, IV,14-15.
  20. Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, I, 83.
  21. Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, II,55.
  22. Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, III,26.
  23. Tucídides, VI 12 y 26.
  24. Aristófanes, Los caballeros 362.
  25. Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, VI, 91.
  26. Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, VII,27.
  27. Ardaillon, 1897, p. 118.
  28. Aristóteles, Económicos, II, 2,36.
  29. Ardaillon, 1897, p. 150.
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  38. Morin y Photiadès, 2005, p. 338.
  39. Ardaillon, 1897, p. 156-157.
  40. a b Hipérides IV = Para Euxenipe 36.
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  109. Domergue, 2008, p. 66.
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Bibliografía[editar]

Utilizada
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Complementaria


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