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Heráldica

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La Heráldica proviene del nombre masculino heraldo, es decir, el que anunció y describió a los caballeros que entraban al torneo, el que anunció los hechos, el que llevó las declaraciones de guerra como funcionario público en la Edad Media. Además de ser un adjetivo, la heráldica es un sustantivo que denota la ciencia que nos ayuda a entender y a componer adecuadamente los escudos de armas, o el código de reglas que permite representar y describir correctamente los escudos de armas.[1]

Estrictamente definida, la Heráldica denota lo que pertenece al oficio y deber de un Heraldo, cuya cabeza visible era el Rey de Armas; esa parte de su trabajo que trata de los escudos de armas se denomina propiamente armería. Pero en el uso general, heráldica ha llegado a significar lo mismo que armería.[2]

La Heráldica es un discliplina relacionada al diseño, exhibición y estudio de escudos de armas (conocida como armería), así como disciplinas relacionadas, el estudio de la ceremonia, rango y pedigrí[3]

La rama de la armería, se refiere al diseño y transmisión del logro heráldico. Este incluye un escudo de armas, Yelmo, cimera, junto con cualquier ornamento y elemento que lo acompañe, como soportes, estandartes heráldicos y lemas.[4]

Orígen[editar]

La heráldica se desarrolló durante la Edad Media en toda Europa hasta convertirse en un código coherente de identificación de personas, progresivamente incorporado por estamentos de la sociedad feudal como la nobleza y la Iglesia católica para la identificación de linajes (el blasón pudiendo ser transmitido por herencia, traduciendo el grado de parentesco) y miembros de la jerarquía, siendo igualmente adoptado por otros colectivos humanos, como gremios y asociaciones, además de ser adoptado para la identificación de ciudades, villas y territorios.

Además de ser un sistema emblemático único en un tiempo en el que el reconocimiento y la identificación pasaba raramente por un documento escrito. Aparecida en el Siglo XII al seno de los miembros masculinos de la aristocracia, fue rápidamente difundida en el conjunto de la sociedad occidental: mujeres, clérigos, aldeanos, burgueses y comunidades. En consecuencia, han servido también para representar ciudades, regiones, países, y corporaciones de profesiones.

Etapas de la Heráldica[editar]

Heráldica antigua[editar]

Las primeras representaciones de distintas personas y regiones en el arte egipcio muestran el uso de estandartes rematados con las imágenes o símbolos de varios dioses, y los nombres de los reyes aparecen en emblemas conocidos como Serej, que representan el palacio del rey, y generalmente coronados con un halcón que representa el dios Horus. Emblemas y dispositivos similares se encuentran en el arte mesopotámico antiguo del mismo período, y también se pueden encontrar los precursores de bestias heráldicas como el grifo.[6]

Los escritores griegos y latinos describen con frecuencia los escudos y símbolos de varios héroes,[7]​ y las unidades del ejército romano a veces se identificaban con marcas distintivas en sus escudos (ver Notitia dignitatum).

Hasta el siglo XIX, era común que los escritores heráldicos citaran ejemplos como estos y símbolos metafóricos como el León de Judá o el Águila de los Césares como evidencia de la antigüedad de la heráldica misma; e inferir de ahí que las grandes figuras de la historia antigua portaban armas que representaban su noble condición y ascendencia. El Libro de San Albans, compilado en 1486, declara que el mismo Cristo fue un caballero de armadura.[8]​ Estas afirmaciones se consideran ahora como la fantasía de los heraldos medievales, ya que no hay evidencia de un lenguaje simbólico distintivo similar al de la heráldica durante este período temprano; ni muchos de los escudos descritos en la antigüedad se parecen mucho a los de la heráldica medieval; tampoco hay evidencia de que símbolos o diseños específicos se transmitieran de una generación a la siguiente, que representen a una persona o línea de ascendencia en particular.[9]

Los heraldos medievales también atribuyeron armas a varios caballeros y señores de la historia y la literatura. Los ejemplos notables incluyen los sapos atribuidos a Faramundo, la cruz y la mertleta de Eduardo el Confesor, y las diversas armas atribuidas a los Nueve de la Fama y los Caballeros de la Mesa Redonda. Estos también son fácilmente descartados como inventos fantasiosos, en lugar de evidencia de la antigüedad de la heráldica.

Heráldica moderna[editar]

El desarrollo del idioma heráldico moderno no se puede atribuir a un solo individuo, tiempo o lugar. Aunque ciertos diseños que ahora se consideran heráldicos, evidentemente, estaban en uso durante el siglo XI, la mayoría de las cuentas y representaciones de los escudos hasta principios del siglo XII contienen poca o ninguna evidencia de su carácter heráldico. Por ejemplo, el Tapiz de Bayeux, que ilustra la Conquista normanda de Inglaterra en 1066, y probablemente encargó alrededor de 1077, cuando la catedral de Bayeux fue reconstruida, representa una serie de escudos de varias formas y diseños, muchos de los cuales son simples, mientras que otros están decorados con dragones, cruces u otras figuras típicamente heráldicas. Sin embargo, ningún individuo se representa dos veces con los mismos brazos, ni los descendientes de las distintas personas representadas a los dispositivos transmitidos que se han asemejándose a los que se parecen a los de la tapicería.[10]

Del mismo modo, un relato de los caballeros franceses en la corte del emperador bizantino Alejo I Comneno a principios del siglo XII describe sus escudos de metal pulido, desprovistos de diseño heráldico. Un manuscrito español de 1109 describe escudos sencillos y decorados, ninguno de los cuales parece haber sido heráldico.[11]

La Basílica de Saint-Denis contenía una ventana que conmemoraba a los caballeros que se embarcaron en la Segunda Cruzada en 1147, y probablemente se hizo poco después del evento; pero la ilustración de Montfaucon de la ventana antes de que fuera destruida no muestra ningún diseño heráldico en ninguno de los escudos.[12]

En Inglaterra, desde la época de la conquista normanda, los documentos oficiales debían estar sellados. A partir del siglo XII, los sellos asumieron un carácter claramente heráldico; varios sellos que datan de entre 1135 y 1155 parecen mostrar la adopción de dispositivos heráldicos en Inglaterra, Francia, Alemania, España e Italia.[13]

Un ejemplo notable de un sello de armadura temprano se adjunta a una carta otorgada por Felipe de Alsacia, en 1164. Los sellos de la última parte del siglo XI y principios del XII no muestran evidencia de simbolismo heráldico, pero a finales del siglo XII, los sellos son uniformemente de naturaleza heráldica.[14]

Logro Heráldico[editar]

Elementos del Logro heráldico en la Heráldica

Elementos del Logro Heráldico[editar]

Un logro heráldico consiste en un escudo de armas, junto con todos los elementos que lo acompañan, soportes, y otros ornamentos exteriores heráldicos.

Los logros más elaborados a veces muestran el escudo de armas completo debajo de un pabellón, una carpa adornada o un dosel del tipo asociado con el torneo medieval,[15]​ aunque esto solo se encuentra muy raramente en Logros ingleses o escoceses


Elementos dentro del Escudo[editar]

El término escudo de armas técnicamente se refiere al escudo o blasón en sí, pero la frase se usa comúnmente para referirse a todo el logro. El único elemento indispensable de un escudo de armas es el escudo. Muchos de ellos, los más antiguos, no consisten en nada más, pero no existe ningún logro o armadura sin un escudo de armas.

Los principales elementos de un escudo/blasón son:

  1. Esmaltes (Colores, Metales y Forros): Se denomina esmalte del escudo a cualquiera de los colores, metales o forros del mismo. Los esmaltes y metales, al ser representados en blanco y negro o sobre grabados, están sujetos a unas convenciones para distinguirlos.
  2. Campo: El campo es lo que está dentro del Escudo, el cual tiene diversas partes o variaciones.
    • Composición del campo: Es la repetición y llenado del campo del escudo.
    • Sembrado (heráldica): Representación de elementos idénticos, generalmente figuras, dentro del campo de escudo, o del campo de ciertos elementos, en cuyos bordes sólo se representan las mitades de los elementos repetidos.
  3. Partición heráldica: La partición es la división en diversas zonas geométricas de un campo, de una figura o de un elemento de una partición precedente.
  4. Piezas heráldicas: Las piezas son cargos o figuras de forma geométrica, limitadas al trazo por líneas geométricas que las separan del campo.
  5. Figuras heráldicas: La figura es todo lo que se pone a guisa de ornato sobre un escudo raso.

Elementos dentro del Timbre[editar]

Desde una fecha muy temprana, las ilustraciones de armas fueron adornadas con frecuencia con Yelmos colocados sobre los escudos. Estos a su vez llegaron a estar decorados con cimeras escultóricas o en forma de abanico, incorporando a menudo elementos del escudo de armas; así como una corona o Burelete, o a veces una pequeña corona (coroneta), de la que dependía el Lambrequín.

  1. Cimera. La cimera descansa sobre un Yelmo que a su vez se apoya en la parte más importante del logro: el escudo.
  2. Yelmo
  3. Corona
  4. Burelete
  5. Lambrequín (manto)

Lema[editar]

Un lema de armadura es una frase o colección de palabras destinadas a describir la motivación o intención de la persona o entidad, la que se muestra en una cinta, generalmente debajo del escudo.


Tenante, Soporte, Sostén y Ornamentos Exteriores[editar]

Los tenantes son figuras humanas, de animales, o arquitectónicas, que acompañan a cada lado del escudo de armas con la acción de sustentación. Aquellos que se componen de figuras de animales (reales o imaginarios) se denominan soportes, mientras las figuras de vegetales y objetos inanimados reciben el nombre de sostenes.

Los ornamentos exteriores del escudo según el Larousse 1922

Raíces históricas de la heráldica[editar]

Caballeros y batallas[editar]

Caballero[editar]

De gules con un caballero de plata, portando un escudo de azur con una cruz patriarcal en oro, que es de Lituania

El uso de las armerías viene de la evolución del equipo militar entre los siglos XI y XII, que hicieron prácticamente imposible el reconocimiento del rostro de un caballero. El casco de los caballeros (que figura todavía en los ornamentos exteriores) cubría progresivamente la cara: la nariz está protegida por un nasal, la cota de malla (que protege la cabeza y el cuello) tiende a cubrir la parte baja del rostro y está definitivamente cerrado por una visera móvil.

Para hacerse reconocer en las batallas y los torneos, los caballeros comienzan a pintar figuras distintivas sobre sus escudos (muebles y piezas o figuras geométricas).

Escudero[editar]

El escudero es un gentil hombre que acompaña a un caballero y carga su escudo. A partir del momento en el que el escudo porta las figuras distintivas, el escudero que porta el escudo puede representar al caballero, aun en su ausencia. El escudero es probablemente el origen de la representación de los tenantes en los ornamentos exteriores.

Las cinco regiones principales del escudo (jefe, corazón, flancos diestro y siniestro, punta) se refieren a partes del cuerpo del escudero que porta el blasón en el pecho y se presenta de frente. Como el escudero está visto de frente, “diestra” y “siniestra” están invertidos en heráldica en cuanto a su significación usual: la diestra del escudero es la izquierda del observador y viceversa.

Escena de un torneo - Códice Manesse

Torneos y batallas[editar]

La razón de ser de un caballero es librar batallas. La batalla le permite probar su valentía a través de sus encuentros y los rescates recolectados sobre los vencidos aumentaban sus bienes materiales.

En un comienzo no hay gran diferencia entre el desarrollo de una batalla y el de un torneo. En los dos casos se trata de una gran trifulca armada organizada en un campo de batalla entre dos bandos, donde los participantes respetan ciertas reglas. La diferencia es en el entorno de la confrontación.

  • Los torneos se desarrollan en tiempos de paz, para permitir a los caballeros ganar gloria y riqueza, y mostrar cual es el bando más fuerte y prestigioso, para el honor colectivo.
  • Inversamente, las batallas son organizadas en tiempos de guerra para mostrar cual es el bando más fuerte, por ejemplo para vencer a quien gobierna sobre tal o cual territorio. Permiten también a los caballeros participantes ganar gloria y riquezas (y por tanto no tenía sentido matar al adversario ya que no habría nadie para pagar el rescate).
  • Lo que caracteriza el estado de guerra, en esta época, es la marcha de caballería. Ella consiste en atravesar el territorio enemigo quemando y masacrando todo a su paso. La marcha no es muy peligrosa para la tropa armada y sirve sobre todo como provocación contra el señor del lugar: no pudiendo proteger sus tierras y sus sirvientes contra las agresiones de los enemigos, se muestra incapaz y por tanto deshonrado (además, como los cultivos fueron quemados, está privado de ingresos financieros de sus tierras).

La batalla de Crécy es la primera gran batalla donde la “regla del juego” no fue respetada: las tropas inglesas libraron una batalla no para obtener gloria y rescates, sino para neutralizar a las tropas francesas (y lo lograron). Los franceses protestaron que los ingleses no hubieran respetado las reglas del juego (pérfidamente, de ahí la locución "pérfida Albión") aplicada a Inglaterra, pero esas reglas simplemente habían cambiado ya. A partir entonces los géneros se separan. Los torneos se desarrollan en campos cerrados y las batallas se convierten cada vez más en un asunto de mercenarios y soldados, no de caballeros.

Heraldo[editar]

Para los grandes señores, el rol del escudero tomó progresivamente una dimensión diplomática y se especializó en la función del heraldo. Desarmados, sin valor de rescate, se benefician de inmunidad diplomática de facto, y pueden desplazarse libremente para asegurar su misión, incluyendo los campos y países enemigos. Son sujetos, en consecuencia, de una imparcialidad y discreción estrictas. La actividad de los heraldos se rige por todo un código de derechos y obligaciones.

Los heraldos de armas portan una túnica, el tabardo, que los hace inmediatamente identificables. Es una túnica densa y desciende hasta las rodillas, armada de las armas de su señor por adelante, detrás y en las mangas. Es una vestimenta que indica que su portador se beneficia de los privilegios de inmunidad de los heraldos. El tabardo transforma al heraldo en un símbolo viviente de las armas y del honor de su señor.

En la Edad Media, el heraldo se vuelve un servidor público al servicio de un príncipe o un señor. En el desarrollo de la guerra, está encargado de llevar la declaración de guerra, las advertencias. Para los caballeros que participan en una refriega (sea en batalla o en torneo), puede recibir testamentos o depósitos sagrados y se asegura de los dignos servicios funerales en caso de ser necesario. Su papel se completa finalmente sobre todo lo que respecta al honor: reconoce las armas de los nobles y vigila los blasones, preside las ceremonias y los juegos, y es testigo de actos de valor.

Aunque menos conocidas, también podemos encontrar en esta época heraldas. Tenían las mismas ocupaciones que los heraldos. Las más destacadas fueron Escolástica de Muñón y Cesarea Taberné.[cita requerida]

Creación de la heráldica[editar]

En los torneos y las justas, los heraldos anunciaban al caballero mencionando su blasón, es decir la descripción de las figuras cubriendo su escudo, antes de nombrar a su titular. Esta práctica es el origen del lenguaje heráldico, en un origen natural y comprensible para todo el público. Es esta práctica la que funda y establece la heráldica.

  • Por una parte, fija el vínculo entre un titular y sus armas, lo que impone como primera regla el no tomar las armas pertenecientes a otros.
  • Por otra parte, implica la equivalencia heráldica entre la representación gráfica (armerías) y la descripción oral (el blasón), que no describe sino lo más significativo.

A partir del siglo XIV, los heraldos se convierten en especialistas de la heráldica, o la ciencia de las armerías y blasones. Son ellos quienes codifican la composición y la descripción formulando, notablemente, las reglas del blasón, viajando y estableciendo armerías para pintar y retener las que encontraban.

El rey de armas es aquel que está designado para juzgar las armerías (y los títulos de nobleza).

La heráldica en la sociedad[editar]

Representar una identidad[editar]

Las figuras pintadas en el escudo, establecidas y enunciadas por los heraldos, dan origen a la heráldica. La heráldica es esencialmente la ciencia de los heraldos, y su origen no puede comprenderse sino a través de su rol.

El primer elemento que fue armado, con un objetivo militar, fue el escudo del caballero. Después estos elementos fueron retomados en todo su equipo, para permitir reconocer al titular (en los lados de sus armas) pero también para representar (estandarte) o marcar su propiedad (cascos y armaduras de caballos)...

Este vínculo entre las armas y su titular fue retomado en la composición de los sellos. Las armerías fueron así transformadas en la imagen de la personalidad jurídica. La práctica de sellos armados se extendió hasta ser de uso común de todas las entidades capaces de tener un sello. Esta práctica aún está viva en el uso de los anillos armados, los cuales están, en principio, destinados a servir de sello —es por lo que están grabados de manera cóncava y normalmente usados en el dedo meñique—.

Sello armado

Desarrollo histórico[editar]

En un principio reservadas a los jefes de guerra que las portaban en sus escudos (fin del s. XI), el uso de armerías se extendió progresivamente a los caballeros y después a la nobleza (s. XII). A través de la identificación de la persona por las armerías, notablemente en los sellos, el uso se extendió a las mujeres y a los nobles prelados (fin del s. XII). y de los prelados a los burgueses, artesanos y jueces, capítulos, corporaciones, comunidades urbanas (principios del s. XIII), comunidades eclesiásticas y órdenes religiosas (s. XIV), señoríos, dominios, provincias, universidades y administraciones civiles... Transformadas en un signo de identidad social, las armas se vuelven hereditarias y designan a casas, es decir a las familias y vínculos de parentesco (s. XV), después, y más generalmente, a vínculos sociales, que son cada vez más representados.

Hasta el siglo XVI, las figuras empleadas eran principalmente figuras animales, en número bastante restringido (una quincena de uso corriente), así como algunos muebles inanimados (varias veces abstractos), y sobre todo figuras geométricas. Sin embargo, el repertorio se engrandece con objetos, armas, partes del cuerpo, edificios, etcétera.

Estudio de objetos armados[editar]

Armar un objeto le agregaba un elemento decorativo y afirmaba un vínculo con el titular, legible y comprensible por aquellos que no sabían leer. Las armerías se encontraban así en todos los testimonios del pasado: documentos, libros, tapicerías, monumentos, placas de chimeneas, muebles, joyas, vehículos... La identificación de las armerías (cuando no son fantásticas) permiten reemplazar su soporte en el tiempo y el espacio social, y de retrasar parte de la historia del origen geográfico. La identificación del titular es facilitada por los ornamentos exteriores, notablemente las órdenes de caballería representadas. Estos pueden conducir a una gran precisión (incluyendo el año de creación), cuando esta ha modificado frecuentemente la composición de sus armas y la conjunción de armas sobre un mismo soporte puede conducir a conclusiones incluso más precisas.

La nobleza y las armas[editar]

De azur al chevrón de oro

La composición de un blasón representó gráficamente la situación de un titular conforme a un cierto orden social, entre los siglos XIII y XIX. El estudio del blasón supone entonces un cierto conocimiento de la sociedad y de su organización en nobleza, rangos, órdenes y costumbres.

Sin embargo, tener armerías nunca ha sido, desde el punto de vista histórico, un privilegio de una clase noble.

Las armas no son nobles por naturaleza, en un inicio no son más que la insignia del titular. Es la obligación de este titular “ennoblecerlas”, es decir manifestar su nobleza por sus actos, otorgándoles honor y gloria a sus armas. El reconocimiento social oficial de este carácter noble, o “ennoblecimiento”, no viene a reconocer sino una nobleza que ya ha sido adquirida previamente.

El noble es esencialmente el “jefe” de algo, es quien tiene gloria y honor. El medio para acceder puede ser por las armas, por violencia o usurpación, por herencia de posesiones o siendo el titular de un cargo... En esta lógica, el ejercicio eficaz y durable del poder es su propia legitimación y solo el resultado cuenta en el largo plazo. Una persona es reconocida como noble cuando ocupa una situación de mando o responsabilidad por un tiempo prolongado, al punto de identificarla con esa persona social. Las armas representan a la vez a la persona, su poder actual y la gloria acumulada por muchas generaciones.

El éxito atrae más éxito, incluido a los miembros de su familia, y una casa “noble” tiende a mantenerse así. La dirección de unas tierras o de un territorio es generalmente hereditaria y no es siempre posible distinguir las armas de una tierra de aquellas de la casa que la dirige. En cambio, un cargo es generalmente personal, aunque está más a voluntad que figure en los ornamentos exteriores que en las armas propiamente dichas.

Las armas más famosas son el signo de una propiedad colectiva con las que se debe o desea relacionar. La relación se traduce en retomar las armas integralmente (en caso del jefe de la rama), con una brisura o en una composición. Esta relación se obtiene por derecho (título, herencia y rama), por adquisición (dominios poseídos) o por privilegio adquirido o concedido. Es un honor el portar armas famosas y este honor obliga en principio al titular a contribuir a la gloria de esas armas. Es eso lo que se expresa en la frase “Nobleza obligada”: portar armas nobles significa simplemente que se es de una rama noble pero no dice nada más sobre su propio carácter.

Titular[editar]

Sello polaco presentando las armas de posesión real

El titular de un blasón es la “persona” que designa ese blasón. Las armas le pertenecen a un cierto titular, del cual se representan los atributos por los adornos exteriores. Es el conjunto de esta relación lo que representan las armerías. El titular puede ser de cualquier tipo (individuo, familia, colectividad o institución).

La composición de armas nuevas traduce lo que el titular poner por delante en relación a un tejido de vínculos y de derechos sociales: simbólica primitiva, pero también pertenencia a una rama (por las armas de la familia), afirmación de su genealogía (por composición de las armas de sus padres, abuelos), matrimonio (por composición de las armas del cónyuge), dominios sobre los cuales se tienen derechos reales o supuestos, actuales o pasados. Las armas de las ciudades o instituciones se componen con aquellas de su fundador o señor.

Las armas, propiamente dicho, son generalmente invariables pero los adornos exteriores dependen generalmente del titular: sus títulos, dignidades y cualidades, su función o su condición social.

Orden de caballería[editar]

Las órdenes de caballería nacen con las cruzadas, alrededor de órdenes religiosas con vocación militar (Orden del Temple, Orden del Santo Sepulcro, Orden de los Hospitalarios...). Como todas las órdenes monásticas, esas órdenes pueden asociar a no-religiosos: la pertenencia a una orden manifiesta su asociación con una cierta vocación (varia de acuerdo a la orden) y el prestigio de la orden descansa sobre el miembro asociado. Al término de la Edad Media, las órdenes de corte sin vocación religiosa fueron creadas, la más prestigiosa siendo la orden del Toisón de Oro.

Las órdenes pueden ser soberanas (por ejemplo, la Orden de Malta). Lo más frecuente es que estaban unidas al país o a la casa dinástica que la ha creado.

Las insignias de la orden de caballería fueron generalmente parte de los ornamentos exteriores de las armerías. Ciertas órdenes se inscribían, dependiendo del jefe, en el escudo del titular. Lo más usual es que se añadiera un collar de la orden alrededor del escudo. Cuando el titular era miembro de muchas órdenes, la orden más prestigiosa se situaba en el exterior.

La admisión a una orden era el objeto de un acto oficial y registrado, es por ello que la representación de un collar de la orden en las armerías permiten identificar al titular más precisamente que simplemente enunciando las armas familiares.

En Francia, las órdenes de caballería nacionales (Saint-Michel, Saint-Esprit...) fueron suprimidas por la Asamblea Constituyente, al mismo tiempo que los atributos de la nobleza. Napoleón creó la orden nacional de la Legión de Honor y la Orden Nacional del Mérito fue creada en el Siglo XX.

Nobleza y armerías[editar]

Ejemplo de armerías del Imperio francés

En Francia, la Asamblea Constituyente decreta el 19 de junio de 1790 la supresión de la nobleza (como estatuto de la persona) y de sus atributos reales o supuestos: títulos de dominio, privilegios, órdenes de caballería, armerías y libertades. Prohibidas por un tiempo, las armerías fueron restauradas al principio del s. XIX por Napoleón por decreto el 1 de marzo de 1808 que limitó, durante el Imperio, su uso a los nobles, limitación abolida por Luis XVIII durante la restauración. Las armerías ya no son el objetivo social en las que se habían convertido al final del antiguo régimen.

Derecho de armas[editar]

Jurídicamente, las armas son el equivalente designado de un nombre propio (nombre de familia o nombre de lugar) y son accesorios a ese nombre. Las armas son una propiedad regular, de transmisión hereditaria y susceptible de ser adquirido o conferido. El derecho asociado con las armerías se parece como a aquel de las marcas y es probablemente el primer tema sobre el que se elaboró un derecho internacional (por normas o costumbres).

Como regla general, cada uno puede portar armas, a reserva de no usurpar aquellas de otros. Algunos países que han conservado una nobleza (notablemente el Reino Unido) le han impuesto una reglamentación específica, hasta un tribunal dedicado (Escocia). Sin embargo, el “derecho” a portar tales o tales armas es por la mayor parte un asunto de costumbre.

El principal problema del derecho de armas es, para un titular, el probar la anterioridad en el uso de un blasón que ha reivindicado. Esta prueba es generalmente aportada a través de actos oficiales que registran un blasón dado o acuerdan una modificación en las armas preexistentes.

Las reglas del blasón per se, es decir aquellas que hablan sobre la composición de las armas, están implícitas y responden a las costumbres. El carácter bien o mal constituido de un blasón se evalúa en función de un “espíritu heráldico”. La evaluación se apoya sobre el concejo de autoridades eminentes que pronuncian sus lecciones en sus tratados de heráldica a los que hacen referencia. Estas reglas modificadas o movibles como aquellas de buen tono: cuando el consejo de las autoridades es unánime, el juicio puede ser trazado, para los casos más marginales este debe ser modificado.

Significado de las armas[editar]

Las armas son indudablemente significativas, hay sistemas precisos y completos de interpretación simbólica de armas ya definidos, pero tales sistemas aparentan ser una mancia (arte adivinatorio). Aunque hay armas que han sido deliberadamente compuestas en referencia a uno de esos sistemas, no es el caso general, y la identificación precisa del sistema utilizado es igualmente una tarea delicada.

El valor que puede tomar una figura en un sistema particular es el propio de cada sistema y no puede generalizarse. Si muchos cruzados portaron una cruz, si el bezante carga usualmente el blasón de un antiguo cruzado, no podemos deducir por eso que todas las cruces heráldicas fueron creadas en las cruzadas, ni que la pieza honorable en forma de cruz haya tenido siempre un motivo religioso: puede no ser más que una figura puramente geométrica, o resultar de una composición, o referirse a un lugar.

Pero después de establecer como principio que hay siempre un significado en cada elección de figuras, hemos de decir que numerosas armas no tienen significados conocidos, y los que se les dan habitualmente no son, frecuentemente, más que hipótesis. La interpretación de lo simbólico debe ser prudente con su contexto: el titular de las armas no las ha compuesto arbitrariamente y un significado puede tener su origen en armas preexistentes.

Armas compuestas[editar]

Los escudos compuestos pueden corresponder a matrimonios, a piezas concedidas por la Gracia del Rey o por adquisiciones. Quienes cargan sus derechos en las armas correspondientes los traducen gráficamente en la composición de las armerías. La composición más simple consiste en poner dos escudos juntos manteniendo la forma individual de cada uno. En la Edad Media se tenía el hábito de juntar los blasones de los cónyuges, el marido a diestra (el lugar de honor) y la mujer a la siniestra. Después esta moda evolucionó y se acuartelaron los blasones con las armas de los esposos —en el primer y cuarto las armas del esposo, en el segundo y el tercero las de la esposa—.

En los siglos XVII al XVIII, las armas subcompuestas buscaban (muy artificialmente) representar sistemáticamente todas las alianzas y ancestros de un personaje, por sus cuarteles de nobleza, al punto de volverse globalmente ilegibles. En estos excesos, que completaban las grandes armas, la composición se opone a la primera regla del blasón, que le impone a las armas el ser simples. Sin embargo, es legítimo (aun por vanidad) representar sobre un mismo escudo las armas de todos los abuelos, bisabuelos, tatarabuelos etc. (para mostrar respectivamente 8, 16, 32 o 64 cuarteles de nobleza), pero esta composición es artificial y no muestra más que las alianzas. Las armas personales deben mantenerse simples.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Origen de la heráldica, en la Breve introducción a la Heráldica, web Heráldica Hispanica
  2. Término Heraldry, en Encyclopaedia Britannica.com
  3. Fox-Davies, Arthur Charles (1909). A Complete Guide to Heraldry (en inglés). Londres: T.C. & E.C. Jack. LCCN 09023803. p. 183. «- vía Wikisource.org». 
  4. Fox-Davies, Arthur Charles (1909). A Complete Guide to Heraldry (en inglés). Londres: T.C. & E.C. Jack. LCCN 09023803. pp. 57 a 59. «- vía Wikisource.org». 
  5. British Library Cotton MS Nero D I, fol 171v
  6. Fox-Davies, Arthur Charles (1909). A Complete Guide to Heraldry. Londres: London: T.C. & E.C. Jack. LCCN 09023803 (https://lccn.loc.gov/09023803). 
  7. Fox-Davies, Arthur Charles (1909). A Complete Guide to Heraldry (en inglés). Londres: T.C. & E.C. Jack. LCCN 09023803. pp. 6 a 10. «- vía Wikisource.org». 
  8. Fox-Davies, Arthur Charles (1909). A Complete Guide to Heraldry. Londres: London: T.C. & E.C. Jack. LCCN 09023803 (https://lccn.loc.gov/09023803). p. 6. 
  9. Fox-Davies, Arthur Charles (1909). A Complete Guide to Heraldry. Londres: London: T.C. & E.C. Jack. LCCN 09023803 (https://lccn.loc.gov/09023803). pp. 11 a 16. 
  10. Woodward's a treatise on heraldry, British and foreign: with English and French glossaries.. Edimburgo: W. & A. B. Johnson. 1892 [1884]. pp. 29 a 31. 
  11. (Woodward y Burnett, 1892, p. 26)
  12. (Woodward y Burnett, 1892, p. 31)
  13. (Woodcock y Robinson, 1988, p. 1)
  14. (Wagner, 1946, p. 8)
  15. Fox-Davies, Arthur Charles (1909). A Complete Guide to Heraldry (en inglés). Londres: T.C. & E.C. Jack. LCCN 09023803. pp. 57 a 59. «- via Internet Archive». 

Bibliografía[editar]

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  • Montaner Frutos, Alberto (2012). «Identificación, evocación y conformación en los emblemas heráldicos: el caso de las armas parlantes» (PDF). Emblemata 18: 41-70. ISSN 1137-1056. Consultado el 2 de octubre de 2014. 
  • Marqués de Avilés: Ciencia Heroyca reducida a las Leyes del Blasón, Madrid, 1725.
  • Castañeda, V.: Arte del Blasón, Madrid, 1954.
  • Fox-Davies, A. C.: The Art of Heraldry, Londres, 1986.
  • Pardo de Guevara, E.: Manual de Heráldica Española, Madrid, 1987.
  • Atienza, J.: Diccionario Nobiliario. Madrid, 1947; reeditado parcialmente como Nociones de Heráldica, Madrid, 1989
  • Messia de la Cerda y Pita, L.F.: Heráldica Española, El diseño heráldico. Madrid , 1990.

Enlaces externos[editar]