Fiabilidad histórica de los Evangelios

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

La cuestión de la fiabilidad histórica de los Evangelios es uno de los principales debates que existen entre los estudiosos del Nuevo Testamento. Algunos afirman que los cuatro evangelios canónicos cumplen los principales criterios de la fiabilidad histórica,[1]​ otros dicen que muy poco en los evangelios puede considerarse históricamente fiable.[2][3][4][5][6][7]

Casi todos los estudiosos de la Antigüedad están de acuerdo en que Jesús de Nazaret existió históricamente,[8][9][10][11]​ pero los eruditos difieren sobre la historicidad de episodios específicos descritos en los relatos bíblicos de Jesús,[12]​ y los únicos dos eventos sujetos a «asentimiento casi universal» son que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y fue crucificado por orden del prefecto romano Poncio Pilato.[13][14][15]​ Elementos cuya autenticidad histórica es objeto de controversia incluyen las dos narraciones del nacimiento de Jesús, los acontecimientos milagrosos, incluyendo la resurrección, y ciertos detalles acerca de la crucifixión.[16][17][18][19][20][21]

Según el punto de vista mayoritario, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, conocidos colectivamente como los evangelios sinópticos, son las principales fuentes de información histórica sobre Jesús y del movimiento religioso que fundó.[1][22][23]​ El cuarto evangelio, el evangelio de Juan, es muy diferente de los tres primeros evangelios. Los historiadores suelen estudiar la fiabilidad histórica de los Hechos de los Apóstoles en el estudio de la fiabilidad de los Evangelios, pues Hechos fue aparentemente escrito por el mismo autor que el evangelio de Lucas.

Los historiadores someten a los evangelios a un análisis crítico, en un intento de diferenciar mejor lo auténtico, información fidedigna de posibles invenciones, exageraciones, y alteraciones.[1]​ Puesto que hay más variantes textuales en el Nuevo Testamento (200-400 mil) que letras en sus escritos (c. 140 mil),[24]​ los estudiosos utilizan la crítica textual para determinar qué variantes del evangelio podrían teóricamente tomarse como «originales». Para responder a esta pregunta, los investigadores tienen que preguntarse quién escribió los evangelios, cuándo los escribieron, cuál era su objetivo al escribir,[25]​ qué fuentes utilizaron los autores, el grado de fiabilidad de estas fuentes, y cuán alejados temporalmente estaban las fuentes de la historias que narran, o si se alteraron después. Los estudiosos también pueden mirar en la evidencia interna de los documentos, para ver si, por ejemplo, el documento está citando erróneamente textos del Tanaj hebreo, está haciendo afirmaciones sobre la geografía que eran incorrectos, si el autor parece estar ocultando información, o si el autor ha hecho una profecía acertada.[26]​ Por último, los expertos recurren a fuentes externas, incluyendo el testimonio de los líderes de la iglesia primitiva, escritores fuera de la iglesia (los historiadores, principalmente judíos y grecorromanos) que habría sido más propensos a haber criticado a la iglesia primitiva, y la evidencia arqueológica.

Metodología[editar]

Al juzgar la fiabilidad histórica de los evangelios, los estudiosos se preguntan si los registros en los evangelios son, cuando se juzga el uso de los estándares normales que los historiadores utilizan en otros escritos antiguos, confiables o no.[27]​ Los principales problemas son los que son los evangelios «originales», si las obras del Evangelio originales eran testimonios precisos, y si esas versiones originales se han transmitido con precisión a través de los siglos para nosotros. En la evaluación de la fiabilidad histórica de los Evangelios, los estudiosos consideran una serie de factores. Estos incluyen la autoría y fecha de composición,[28]​ la intención y el género,[25]​ las fuentes del Evangelio y la tradición oral,[29][30]​ la crítica textual,[31]​ y la autenticidad histórica de los dichos específicos y eventos narrativos.[28]

El género de los evangelios es esencial en la comprensión de las intenciones de los autores en relación con el valor histórico de los textos. El estudioso del Nuevo Testamento Graham Stanton afirma que «los evangelios son ampliamente considerados como un subconjunto del amplio género literario antiguo de biografías».[32]​ Charles H. Talbert coincide en que los evangelios deben agruparse con las biografías grecorromanas, pero añade que esas biografías incluyen un elemento mitológico, y que los evangelios sinópticos también incluyen elementos de la mitología.[4]​ E.P. Sanders afirma que «estos evangelios fueron escritos con la intención de glorificar a Jesús y no son estrictamente biográficos en su naturaleza».[5]​ Ingrid Maisch y Anton Vögtle, escribiendo para Karl Rahner en su enciclopedia de términos teológicos, indican que los evangelios fueron escritos como elementos fundamentalmente teológicos, no históricos.[33]​ Erasmo Leiva-Merikakis señala que «debemos concluir, entonces, que el género del Evangelio no es el de la ‹historia› pura; pero tampoco es el del mito, cuento de hadas o leyenda. De hecho, el ‹evangelio› constituye un género muy particular, una novedad sorprendente en la literatura del mundo antiguo».[6]​ Por el contrario, algunos críticos han sostenido que el cristianismo no se basa en un personaje histórico, sino más bien en una creación mítica.[34][35]​ Este punto de vista propone que la idea de que Jesús fue la manifestación judía de un culto pan-helénico, conocido como Osiris-Dionisio,[36]​ que reconoce el carácter no histórico de la figura, utilizándola en su lugar como un dispositivo de enseñanza.

Los estudiosos tienden a considerar la obra de Lucas (Lucas y Hechos) está más cerca del género de la historia «pura»,[7][37]​ aunque también señalan que «esto no quiere decir que él [Lucas] fue informado siempre de forma fiable, o que (como tampoco los historiadores modernos) siempre presenta una registro serio fáctico de los acontecimientos».[7]​ El estudioso del Nuevo Testamento, James D.G. Dunn considera que «los primeros predicadores dentro de las iglesias cristianas [eran] preservadores más que innovadores [...] buscaban transmitir, narrar, explicar, interpretar, estudiar, pero no crear de novo [...]. A través del cuerpo principal de la tradición sinóptica, creo, nosotros tenemos, en la mayoría de los casos, el acceso directo a la enseñanza y el ministerio de Jesús como fue recordado desde el principio del proceso de transmisión (que a menudo precede a la Pascua) y el acceso, de manera bastante directa, con el ministerio y la enseñanza de Jesús a través de los ojos y los oídos de los que andaban con él».[38]​ Sin embargo, David Jenkins, un ex obispo anglicano de Durham y profesor universitario, ha declarado que «¡Por supuesto que no! No hay absolutamente ninguna certeza en el Nuevo Testamento acerca de cualquier cosa de importancia».[39]

Los estudiosos críticos han desarrollado una serie de criterios para evaluar la probabilidad, o autenticidad histórica, de un hecho atestiguado o dichos representados en los evangelios. Estos criterios se aplican a los evangelios con el fin de ayudar a los estudiosos en la reconstrucción del Jesús histórico. El criterio de disimilitud sostiene que si un dicho o acción es diferente, o contrario, a los puntos de vista del judaísmo en el contexto de Jesús o los puntos de vista de la iglesia primitiva, entonces puede, con mayor seguridad, considerarse como un auténtico dicho o acción de Jesús.[40][41]​ Un ejemplo comúnmente citado de esto es la controversial reinterpretación de la ley mosaica de Jesús en su Sermón del Monte, o la decisión de Jacobo y Pedro de permitir a los gentiles no circuncidados en lo que fue, en su momento, una secta del judaísmo. El criterio de vergüenza sostiene que los autores de los evangelios no tenían ninguna razón para inventar incidentes embarazosos, como la negación de Jesús por Pedro, o la huida de los seguidores de Jesús después de su detención, y por lo tanto estos detalles probablemente no se hubieran incluido a menos que fueran ciertos.[42]​ Bart Ehrman, utilizando el criterio de disimilitud para juzgar la fiabilidad histórica de la alegación que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, señala que «es difícil de imaginar un cristiano inventando la historia del bautismo de Jesús, ya que esto podría interpretarse en el sentido de que él estaba subordinado a Juan».[43]

El criterio de la atestación múltiple dice que cuando dos o más fuentes independientes presentan registros similares o compatibles, es más probable que esos datos son reportes precisos de eventos o que están informando una tradición que es anterior a las propias fuentes.[44]​ Esto se utiliza a menudo para señalar que los cuatro evangelios dan fe de mayor parte de los mismos acontecimientos, pero que las epístolas de Pablo a menudo dan testimonio de estos eventos también, al igual que los escritos de la iglesia primitiva, y en un grado limitado escritos antiguos no cristianos. El criterio de congruencia cultural e histórica dice que una fuente es menos creíble si es contradictoria con un registro conocido de los hechos históricos, o si entra en conflicto con las prácticas culturales comunes en el período en cuestión.[45]​ Es, por tanto, más creíble si está de acuerdo con los hechos conocidos. Por ejemplo, esto es a menudo utilizado en la evaluación de la fiabilidad de las alegaciones en Lucas-Hechos, tales como el título oficial de Poncio Pilato. A través de criterios lingüísticos una serie de conclusiones se pueden extraer. El criterio de los «arameísmos»[46]​ sostiene que si un dicho de Jesús tiene sus raíces en el arameo, que refleja el contexto palestino de Jesús, es más probable que el dicho sea auténtico.[47]

Primeros manuscritos existentes[editar]

Papiro Biblioteca Rylands P52, datado c. 125, contiene Juan 18:31-33, 37-38. La fecha de composición lo convierte en el más antiguo papiro confirmado del Nuevo Testamento.

El manuscrito más antiguo es un fragmento del tamaño de una tarjeta de presentación del Evangelio de Juan, Papiro Biblioteca Rylands P52, que data de la primera mitad del siglo II. Las primeras copias completas de los libros individuales del Nuevo Testamento aparecen alrededor de 200, y la copia más antigua completa del Nuevo Testamento, el Codex Sinaiticus, data del siglo IV.[48]​ En la siguiente tabla se muestran los primeros manuscritos existentes de los Evangelios.

Libro

Primeros manuscritos
existentes

Fecha

Condición

Mateo

P1, P19, P21, P25, P37, P45, P53, P64, P67, P70, P77, P101, P103, P104[49]

c. 150–250 (siglos II–III)

Fragmentos grandes

Marcos

P45

c. 250 (siglo III)

Fragmentos grandes

Lucas

P4, P69, P75, P45

c. 175–250 (siglos II–III)

Fragmentos grandes

Juan

P5, P6, P22, P28, P39, P45, P52, P66, P75, P80, P90, P95, P106

c. 125–250 (siglos II–III)

Fragmentos grandes

Autoría y fecha[editar]

La mayoría de los eruditos sostienen la hipótesis de las dos fuentes, la cual afirma que el evangelio de Marcos fue escrito primero. De acuerdo con la hipótesis, los autores de los evangelios de Mateo y el de Lucas utilizan entonces Marcos y el hipotético documento Q, además de algunas otras fuentes, para escribir sus evangelios individuales.[50][51][52][53][54]​ Los estudiosos coinciden en que el evangelio de Juan fue escrito último, mediante el uso de una tradición y cuerpo diferente de testimonios. Además, la mayoría de los estudiosos coinciden en que el autor de Lucas escribió los Hechos de los Apóstoles. Los estudiosos sostienen que estos libros constituyeron dos mitades de una sola obra, Lucas-Hechos.

Evangelist Mattheüs en de engel por Rembrandt.

Estrictamente hablando, cada Evangelio es anónimo.[55]​ El Evangelio de Juan es algo así como una excepción, si bien el autor simplemente se refiere a sí mismo como «el discípulo a quien Jesús amaba» y dice ser un miembro del círculo íntimo de Jesús.[56]​ Durante los siglos siguientes, cada evangelio canónico fue atribuido a un apóstol o a un estrecho colaborador de un apóstol.[57]

Evangelios sinópticos[editar]

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son referidos como los evangelios sinópticos, debido a que tienen una secuencia y una redacción similares. Además están compuestos en griego koiné, y la mayor parte de Marcos y aproximadamente la mitad de Mateo y Lucas coinciden en su contenido, en la misma secuencia, a menudo casi palabra por palabra.

Los evangelios sinópticos son las principales fuentes de información histórica sobre Jesús y del movimiento religioso que fundó.[22][23]​ Ellos relatan la vida, ministerio, crucifixión y resurrección de un judío llamado Jesús, que habló en arameo. Hay diferentes hipótesis sobre el origen de los textos debido a que los evangelios del Nuevo Testamento fueron escritos en griego para las comunidades de habla griega,[58]​ siendo más tarde traducidos al siríaco, latín y copto.[59]

Marcos[editar]

Marcos es la fuente primaria de información acerca de Jesús.[60]​ Fue posiblemente compuesto en Roma.[61]​ Los estudiosos del Nuevo Testamento generalmente dan crédito a su registro de Jesús como un hombre santo galileo, incluyendo su bautismo por Juan el Bautista, su reputación como exorcista y sanador, su predicación acerca de la venida del Reino de Dios, su grupo de discípulos más cercanos, la perturbación que causó en el templo, su traición, y su crucifixión en tiempos de Poncio Pilato.[1][23]​ En 1901, William Wrede impugnó la fiabilidad histórica del evangelio, concluyendo en especial que Marcos presenta a Jesús como reservado sobre su identidad mesiánica debido a que el Jesús histórico nunca había afirmado ser el Mesías.[62][63]​ La crítica de las formas reveló más tarde que la narrativa comprende fragmentos puestos en orden por Marcos, o por alguien antes que él.[64][65]​ Mientras que la mayoría de los expertos consideran que Jesús pudo haber sido un profeta apocalíptico, como aparece en Marcos, una minoría de prominentes eruditos contemporáneos sostienen que su reino venidero iba a ser una revolución social más que un apocalipsis sobrenatural.[66]

La tradición sostiene que el evangelio de Marcos fue escrito por Marcos el Evangelista, el intérprete de Pedro.[64]​ Numerosas fuentes antiguas dicen que el material de Marcos le fue dictado por el mismo Pedro, siendo más tarde compilado en su evangelio.[67][68][69][70][71]​ El evangelio, sin embargo, parece basarse en varias fuentes subyacentes, que varían en su forma y en la teología, en contra de la historia de que el evangelio se basó en la predicación de Pedro.[72]

La mayoría de los estudiosos creen que Marcos fue escrito por una segunda generación cristiana, alrededor o poco después de la caída de Jerusalén y la destrucción del Segundo Templo en el año 70.[73][74][75]

Richard Bauckham ha señalado que la geografía en Marcos es exacta si se mira desde la perspectiva de un pescador de Cafarnaum, lo cual es consistente con Marcos retransmitiendo el evangelio de Pedro, quien de hecho era un pescador. Muchos eruditos usan mapas modernos para evaluar Marcos, lo que a menudo da lugar a errores al juzgar la geografía de Marcos. Un pescador no habría tenido un mapa moderno en mente, pero en lugar de un mapa mental sobre la base de su mundo experiencial de pescador.[76]

Según algunos, la geografía de Marcos no siempre es precisa, por ejemplo, Marcos 7:31 describe a Jesús yendo desde Tiro hasta el mar de Galilea, por Sidón (20 millas más al norte y en la costa mediterránea). El autor de Marcos no parecía saber que uno no ir a través de Sidón para ir desde Tiro hasta el Mar de Galilea, y no había camino de Sidón al mar de Galilea en el siglo I, sólo uno saliendo de Tiro.[77][78]​ Los eruditos católicos han interpretado este pasaje como no problemático, ya que Jesús habría viajado en un amplio círculo, primero al norte, luego hacia el este y al sur.[79]

Mateo[editar]

Mateo fue probablemente escrito en Antioquía, entonces parte de la Siria romana.[80]​ La mayoría de los estudiosos sostienen que Mateo se basó en Marcos y añadió la enseñanza del documento Q.[81]​ Mientras que Mateo organizó este material en compilaciones, como el Sermón del Monte, gran parte de ello se remonta al Jesús histórico.[82]​ Según E. P. Sanders, el relato de la infancia es una invención. Mateo presenta el ministerio de Jesús como limitado a los judíos, aunque el Jesús resucitado más tarde comisiona a los discípulos a predicar a todo el mundo.[83]​ Géza Vermes juzga que el ministerio de Jesús era exclusivamente para los judíos, y que el fin de proclamar el evangelio a todas las naciones fue un desarrollo de los primeros cristianos.[84]

De acuerdo con el punto de vista mayoritario, es poco probable que haya sido escrito por un testigo presencial de este evangelio.[81]​ Mientras que Papías informó que Mateo había escrito la «Logia», esto difícilmente puede ser una referencia al evangelio de Mateo.[81]​ El autor fue probablemente un judeocristiano escribiendo para otros judeocristianos.[85]

Los eruditos bíblicos generalmente sostienen que Mateo fue compuesto entre los años c. 70 y 100.[86][87][88][89]

Lucas[editar]

Lucas fue escrito en una gran ciudad al oeste de Palestina.[90]​ Al igual que Mateo, Lucas se basó en Marcos y el material agregado de Q.[91]​ Lucas también incluye una gran cantidad de material único, como la parábola del buen samaritano, y muchas de estas parábolas parecen ser auténticas.[92]​ Lucas destaca el carácter universal de la misión y el mensaje de Jesús,[93]​ pero Géza Vermes concluye que este tema no es auténtico al Jesús histórico.[84]​ Como en el caso de Mateo, una gran controversia ha rodeado la narración del nacimiento de Lucas.[83]

Algunos estudiosos[94][95]​ sostienen la afirmación tradicional de que Lucas el Evangelista, un compañero de Pablo, quien probablemente no fue testigo ocular del ministerio de Jesús, escribió el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles. Otros señalan que Hechos contradice las propias cartas de Pablo y le niega el importante título de apóstol, lo que sugiere que el autor no era un compañero de Pablo.[96]

Como es el caso con todos los Evangelios, no se sabe exactamente cuando el Evangelio de Lucas fue escrito. Los estudiosos han propuesto una serie de fechas desde tan temprano como el 60 d. C. hasta tan tarde como el 90 d. C.[97][98][99]​ Donald Guthrie argumenta, sin embargo, que Hechos fue escrito a principios del 60 d. C. (ya que el libro termina antes de la muerte de Pablo, que muy probablemente se produjo durante la persecución de los cristianos bajo Nerón entre los años 64 y 68 d. C.), y por lo tanto el Evangelio de Lucas tendría que haber sido escrito antes de eso, en torno al año 60.[100]

Está generalmente acordado que el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles fueron ambos escritos por el mismo autor.[101][102]​ La evidencia más directa proviene de los prefacios de cada libro. Ambos prefacios fueron dirigidas a Teófilo; en Hechos de los Apóstoles (Hechos 1:1-2) se dice en referencia al Evangelio de Lucas: «En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido».[103][104]​ Por otra parte, hay similitudes lingüísticas y teológicas entre las dos obras, lo que sugiere que tienen un autor común. Ambos libros también contienen intereses comunes.[105]

Juan[editar]

Juan fue probablemente compuesto en Éfeso, aunque otras posibilidades son Antioquía, Palestina y Alejandría.[106]​ Algunos estudiosos creen que la enseñanza de Jesús en este evangelio no puede conciliarse con la encontrada en los sinópticos;[107]​ mientras que otros, incluyendo a John A.T. Robinson, sostienen la opinión de que los sinópticos son los que mejor armonizan dentro del marco de Juan.[108]

En la perspectiva mayoritaria, es poco probable que el apóstol Juan escribiera el Evangelio de Juan.[109][110]​ En lugar de un registro normal del ministerio de Jesús, el evangelio es una representación profundamente meditada del carácter y las enseñanzas de Jesús, por lo que la autoría apostólica directa resulta improbable.[111]​ La opinión, sin embargo, está ampliamente dividida en este tema y no hay un consenso generalizado.[112][50]

Muchos estudiosos creen que el «discípulo amado» es una persona que escuchó y siguió a Jesús, y el evangelio de Juan se basa en gran medida en el testimonio de este «discípulo amado».[113]

La mayoría de los estudiosos datan el Evangelio de Juan c. 80-95.[55][114]

Pruebas críticas e interpolaciones[editar]

Un manuscrito bizantino del siglo XI que contiene la apertura del Evangelio de Lucas.

La crítica textual se ocupa de la identificación y eliminación de errores de transcripción en los textos de los manuscritos. Los escribas antiguos cometieron errores o alteraciones (como la inclusión de adiciones no auténticas).[115]​ Al tratar de determinar el texto original de los libros del Nuevo Testamento, algunos críticos textuales modernos han identificado secciones como adiciones de material, de siglos posteriores al tiempo en el cual el Evangelio fue escrito. Son las llamadas interpolaciones. En las traducciones modernas de la Biblia, los resultados de la crítica textual han dado lugar a ciertos versos, palabras y frases que deben ser eliminados o marcados como no originales.

Por ejemplo, hay una serie de versículos de la Biblia en el Nuevo Testamento que están presentes en la versión King James (KJV) y la Reina Valera (RV) pero que están ausentes de la mayoría de las modernas traducciones de la Biblia. La mayoría de los eruditos textuales modernos consideran a estos versos interpolaciones (las excepciones incluyen los defensores del texto bizantino o mayoritario). Los números de los versículos se han reservado, pero sin ningún texto, a fin de preservar la numeración tradicional de los versos restantes. El erudito bíblico Bart Ehrman señala que muchos versos actuales no eran parte del texto original del Nuevo Testamento. «Estas adiciones de los escribas a menudo se encuentran en los manuscritos medievales tardíos del Nuevo Testamento, pero no en los manuscritos de los siglos anteriores», afirma, y debido a que la Biblia King James se basa en manuscritos posteriores, tales versos «se convirtieron en parte de la tradición bíblica en las tierras de habla inglesa».[116]​ Señala, sin embargo, que las traducciones modernas en inglés, como la Nueva Versión Internacional, fueron escritas por el uso de un método textual más apropiado.[117]

La mayoría de las Biblias modernas tienen notas al pie para indicar pasajes que están disputado en los documentos originales. Los comentario bíblicos también discuten sobre estos pasajes, a veces con gran detalle. Si bien muchas variaciones se han descubierto entre los primeros ejemplares de los textos bíblicos, la mayoría de ellos son variaciones en la ortografía, la puntuación o la gramática. Además, muchas de estas variantes son tan particulares de la lengua griega que no aparecerían en las traducciones a otros idiomas.[118]

Dos de las interpolaciones más importantes son los últimos versículos del Evangelio de Marcos[119][120][121]​ y la historia de la mujer adúltera en el Evangelio de Juan. Algunos críticos también creen que la referencia explícita a la Trinidad en 1 Juan es una adición posterior.[122][123]

El Nuevo Testamento se ha conservado en más de 5.800 manuscritos griegos fragmentarios, 10.000 manuscritos latinos y 9.300 manuscritos en varias otras lenguas antiguas incluyendo siríaco, eslavo, etíope y armenio. No todos los manuscritos bíblicos provienen de autores cristianos ortodoxos. Por ejemplo, los escritos gnósticos de Valentín provienen desde el siglo II, y estos cristianos eran considerados herejes por la iglesia general.[124]​ El gran número de testigos presenta dificultades únicas, aunque da estudiosos una mejor idea de lo cerca que las biblias modernas están a las versiones originales.[124]​ Bruce Metzger afirma: «Cuanto más a menudo se tengan copias que estén de acuerdo con los demás, sobre todo si surgen de diferentes áreas geográficas, más se puede cotejar a averiguar lo que el documento original era. La única manera de que hubieran coincidido sería regresar genealógicamente en un árbol genealógico que representa a los descendientes de los manuscritos».[118]

En El Texto del Nuevo Testamento [The Text Of The New Testament], Kurt Aland y Barbara Aland comparan el número total de los versos de variantes libres, y el número de variantes por página (con exclusión de los errores ortográficos), entre las siete ediciones principales del Nuevo Testamento griego (Tischendorf, Westcott-Hort, von Soden, Vogels, Merk, Bover y Nestle-Aland) concluyendo que el 62,9%, o 4999/7947, concuerdan.[125]​ Concluyen, «Así, en casi dos terceras partes del texto del Nuevo Testamento, las siete ediciones del Nuevo Testamento griego que hemos revisado están en completo acuerdo, sin diferencias más que en detalles ortográficos (por ejemplo, la ortografía de los nombres, etc.). Los versículos en el que cualquiera de las siete ediciones se diferencia por una sola palabra no se cuentan. [...] En los Evangelios, Hechos y Apocalipsis el acuerdo es menor, mientras que en las epístolas es mucho mayor».[125]​ Según Aland y Aland, la consistencia total alcanzada en el Evangelio de Mateo fue de 60% (642 versos de cada 1.071), la consistencia total alcanzada en el Evangelio de Marcos fue del 45% (306 versos de cada 678), la consistencia total alcanzada en el Evangelio de Lucas fue del 57% (658 versos de cada 1.151), y la consistencia total alcanzada en el Evangelio de Juan fue del 52% (450 versos de cada 869).[125]​ Casi todas estas variantes son menores, y la mayoría de ellas son errores ortográficos o gramaticales. Casi todo puede ser explicado por algún tipo de error de los escribas no intencional, tales como problemas de visión. Muy pocas variantes son disputadas entre los estudiosos, y pocas o ninguna de las variantes disputadas llevan algún significado teológico. Las traducciones bíblicas modernas reflejan este consenso de los expertos, donde existen las variantes, mientras que las variantes en disputa se anotan normalmente como tales en las traducciones.[117]

Un estudio cuantitativo sobre la estabilidad de los manuscritos antiguos del Nuevo Testamento en comparación a los manuscritos posteriores, hasta la Edad Media con los manuscritos bizantinos, se indica que el texto tenía la estabilidad de más de 90% durante este período de tiempo.[126]​ Se ha estimado que solamente el 0,1% y el 0,2% de las variantes del Nuevo Testamento afectan el significado de los textos de cualquier manera significativa.[126]

Consistencia interna[editar]

Autores como Raymond Brown señalan que los Evangelios se contradicen entre sí en varios aspectos y detalles importantes.[127]​ W. D. Davies y E. P. Sanders afirman que «en muchos puntos, sobre todo acerca de la vida temprana de Jesús, los evangelistas ignoraban [...] simplemente no conocían y, guiados por el rumor, la esperanza o la suposición, hicieron lo mejor que pudieron».[128]

Más eruditos críticos ven las historias de la natividad ya sea como registros completamente ficticios,[129]​ o, al menos, construidos a partir de las tradiciones anteriores a los Evangelios.[130][131]​ Un ejemplo son las narraciones de la Natividad que se encuentran en el Evangelio de Mateo (Mateo 1:1-17) y el Evangelio de Lucas (Lucas 3:23-38). Cada uno da una genealogía de Jesús, pero los nombres, e incluso el número de generaciones, difieren entre los dos. Los apologistas han sugerido que las diferencias son el resultado de dos linajes diferentes: Mateo desde el hijo del rey David, Salomón, hasta Jacob, padre de José; y Lucas, desde otro hijo del rey David, Natán, hasta Elí, padre de María y padre legal de José.[132]​ Sin embargo, el erudito Geza Vermes señala que Lucas no hace mención de María y pregunta con qué propósito una genealogía materna podría servir en un ambiente judío.[133]​ Ferrar Fenton, quien tradujo toda la Biblia en una de las primeras versiones en inglés moderno, omite la genealogía de Lucas, colocándola en su lugar como una nota al final de su traducción. Las razones que él mismo constituyó a la genealogía de Lucas era incompatible con las genealogías del Antiguo Testamento y también que el Evangelio se lee mejor con esta genealogía removida. Fenton pensó que era una glosa que se había añadido al evangelio original.

Raymond E. Brown afirma que existe una contradicción evidente con respecto a la muerte de Judas Iscariote: «El relato de Lucas de la muerte de Judas en Hechos 1:18 es difícilmente conciliable con Mateo 27:3-10».[134]​ En Mateo 27:3-8, Judas devuelve el soborno se le ha dado a la entrega de Jesús, lanzando el dinero en el templo antes de que él se ahorcara. Los sacerdotes del templo, no quiera regresar el dinero manchado a la tesorería,[135]​ en su lugar lo utilizan para comprar un terreno conocido como Campo del Alfarero, como una parcela para la sepultura de los extranjeros. En Hechos 1:18, por su parte, Judas utiliza el dinero de los sobornos para comprar el mismo campo, y su muerte se atribuye a lesiones por haber caído en este campo. Sin embargo, otros eruditos afirman que las historias contradictorias pueden reconciliarse.[135][136]

Fuentes externas[editar]

Además de la confiabilidad interna y textual de los evangelios, las fuentes externas también pueden ser utilizadas para evaluar la fiabilidad histórica. Hay pasajes pertinentes al cristianismo en las obras de cuatro grandes escritores no cristianos de finales del siglo I y principios del siglo II: Josefo, Tácito, Suetonio y Plinio el Joven. De los cuatro, los escritos de Josefo que documentan a Juan el Bautista, Jacobo el Justo, y al mismo Jesús, son del mayor interés para los estudiosos que se ocupan de la historicidad de Jesús. Tácito, en sus Anales escritos c. 115, menciona a Cristo [Christus], sin muchos detalles históricos. Hay una oscura referencia a un líder judío llamado «Cresto» en Suetonio. En el capítulo 25 de su De vita Caesarum, se produjo en Roma, durante el reinado del emperador Claudio (c. 50), «perturbaciones persistentes [...] por instigación de Cresto [Chrestus]». Este acontecimiento es mencionado en Hechos 18:2: «Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma». Además, muchos pasajes del Nuevo Testamento citan incorrectamente textos del Tanaj hebreo.[137]​ Una profecía básica parece estar completamente formada por el autor del Evangelio de Mateo sin ninguna fuente.[26]

Preservadas por la iglesia[editar]

El apóstol Pablo, un judío fariseo del siglo I que experimentó una conversión a la fe en Jesús, dictó cartas a varias iglesias e individuos c. 48-68.[138]​ Aunque hay debates sobre la autoría de Pablo para algunas de estas epístolas, casi todos los estudiosos coinciden en que Pablo escribió el corpus central de estas cartas (como la Epístola a los Romanos y 1 Corintios). Jerome Murphy-O'Connor cree que el Jesús histórico es fundamental para las enseñanzas de Pablo, quien rechazó la separación del Jesús de la fe del Jesús de la historia.[139]​ Si bien no es personalmente un testigo ocular del ministerio de Jesús, Pablo declara que él conocía a las personas que habían conocido a Jesús: el apóstol Pedro (también conocido como Cefas), el apóstol Juan, y Jacobo, descrito como el hermano de Jesús (Gálatas 1:19). Del mismo modo, Pablo alude a la humanidad y deidad de Jesús, la última cena, la crucifixión, y los informes de su resurrección.[140][141]

Los autores cuyas obras están contenidas en el Nuevo Testamento a veces citan credos o confesiones de fe, que, obviamente, son anteriores a sus escritos. Los eruditos creen que algunos de estos credos datan hasta dentro de unos pocos años de la muerte de Jesús, y se desarrollaron dentro de la comunidad cristiana de Jerusalén.[142]​ Aunque incrustados dentro de los textos del Nuevo Testamento, estos credos son una fuente distinta para el cristianismo primitivo. 1 Corintios 15:3-4 dice: «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras». Esto contiene un credo cristiano de origen pre-paulino.[143][144][145][146][147][148][149]​ La antigüedad del credo ha sido localizada por muchos estudiosos de la Biblia a menos de una década después de la muerte de Jesús, proveniente de la comunidad apostólica de Jerusalén.[145][146][149][150][151][152]​ En cuanto a este credo, Campenhausen escribió: «Este relato reúne todas las exigencias de fiabilidad histórica que podrían hacerse de tal texto»,[153]​ mientras que A. M. Hunter dijo: «El pasaje, por lo tanto, conserva únicamente principios y testimonios verificables.[154]​ Se reúne cada demanda razonable de fiabilidad histórica». Otros credos relevantes que son anteriores a los textos que se encuentran en el Nuevo Testamento[155]​ que se han identificado son 1 Juan 4:2: «En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios»;[156]2 Timoteo 2:8: «Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio»;[157][158]Romanos 1:3-4: «acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos»;[159][160][161]​ y 1 Timoteo 3:16: «Él fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria», un himno de credo temprano.[158][162][163]

Julio Africano al escribir acerca de la crucifixión de Jesús c. 221, se refiere al historiador Thallus. Escribió: «A aquella oscuridad Thallus, en su tercer libro de Historia, llama (como parece a mí sin razón) un eclipse de sol».[164]​ No se sabe cuando Thallus vivió, o si su Historia hizo cualquier referencia a la crucifixión. Luciano, escritor satírico romano del siglo II, redactó: «los cristianos, ustedes saben, adoran a un hombre en este día: el distinguido personaje que introdujo sus nuevos ritos, y fue crucificado por eso [...]. Usted ve, estas criaturas equivocadas comienzan con la convicción general de que son inmortales para siempre, lo que explica el desprecio de la muerte y la auto-devoción voluntaria que son tan comunes entre ellos; y luego queda impreso en ellos debido su legislador original la idea que todos ellos son hermanos, desde el momento en que se convierten, y niegan a los dioses de Grecia y adoran al sabio crucificado y viven después según sus leyes».[165]Celso escribió, alrededor de 180, un libro en contra de los cristianos, que ahora sólo se conoce a través de la refutación de Orígenes del mismo. Celso aparentemente acusó a Jesús de ser un mago y hechicero[166]​ y es citado diciendo que Jesús era un «mero hombre».[167]​ F. F. Bruce señaló que Celso, al tratar de desacreditar a Jesús, trató de explicar sus milagros en lugar de afirmar que nunca ocurrieron.[168]

El historiador de la Iglesia Eusebio de Cesarea (264-340) citó una declaración del cronista pagano del siglo II Flegonte de Tralles, que durante el cuarto año de la 202ª olimpíada (32/33 d. C.) «un gran eclipse de sol se produjo en la sexta hora que destacó de todos los demás, convirtiendo esa oscuridad el día en noche: las estrellas se veían en el cielo, y la tierra se movía en Bitinia, derribando muchos edificios en la ciudad de Nicea».[169]​ En el mismo pasaje, Eusebio cita otra fuente griega sin nombre que también registró terremotos en los mismos lugares y un eclipse. Eusebio sostuvo los dos registros habían documentado acontecimientos que fueron simultáneos con la crucifixión de Jesús. Tertuliano, en su Apologética, cuenta la historia de la oscuridad que había comenzado al mediodía durante la crucifixión; los que no tenían conocimiento de la predicción, «sin duda pensaron que era un eclipse».[170]​ A pesar de que no menciona las afirmaciones de los otros, sugiere a los críticos de la iglesia que la evidencia era todavía disponible: «Ustedes mismos tienen el registro del presagio en todo el mundo todavía en sus archivos».[170]​ El historiador temprano y teólogo, Rufino de Aquilea, escribió sobre una apologética defensiva redactada por Luciano de Antioquía, alrededor del año 300.[171]​ Luciano, como Tertuliano, también estaba convencido de que el relato de la oscuridad que acompañó la crucifixión se podía encontrar entre los registros romanos. Ussher registró las palabras de Luciano sobre el asunto, presumiblemente también a los críticos de la iglesia, como «Buscad sus escritos y ustedes encontrarán que, en el tiempo de Pilato, cuando Cristo sufrió, el sol se retiró de repente y una oscuridad siguió».[172]

Fuera de la iglesia[editar]

Flavio Josefo, un judío y ciudadano romano que trabajó bajo un par de emperadores romanos, escribió cerca del final del siglo I su libro Antigüedades judías. En el Testimonium Flavianum, Josefo dice que Jesús «era el Cristo. Cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas».[173]​ Se han expresado inquietudes acerca de la autenticidad del pasaje, y se coincide ampliamente entre los estudiosos que al menos parte del pasaje ha sido alterado por un escriba posterior. Por ejemplo, cuando la versión actual dice que «él era el Cristo», su forma original puede haber sido «se pensaba que era el Cristo». A juzgar por estudio historiográfico de Alice Whealey (2003), parece que la mayoría de los estudiosos modernos consideran que Josefo realmente escribió algo aquí acerca de Jesús, pero el texto que nos ha llegado es corrupto.[174]​ No ha habido consenso sobre cuales partes se han alterado, o en qué grado.[175]​ En una segunda y breve mención, Josefo llama a Jacobo «el hermano de Jesús, quien fue llamado el Cristo».[176]​ La gran mayoría de los estudiosos consideran esta referencia más corta sobre Jesús es esencialmente auténtica (aunque el pasaje paralelo no se encuentra en La guerra de los judíos).[177]

Cerca de una década después de los escritos de Josefo, Plinio el Joven (c. 61-c. 112), un gobernador romano, escribió al emperador Trajano en relación sobre cómo tratar con los cristianos, que se negaban a adorar al emperador, y en su lugar adoraban a Jesús. Sus cartas muestran a los cristianos en su día eran muy fuertemente devotos, y lo bastante para ser un problema para él y llevarlo a solicitar asesoramiento al emperador.

Tácito, escrito c. 116, incluye en sus Anales una mención del cristianismo y «Cristo», visto por la mayoría de los estudiosos como una referencia a Jesús. En la descripción de la persecución de Nerón de este grupo tras el gran incendio de Roma (c. 64), escribió: «Nerón culpó e infligió las torturas más exquisitas a una clase odiada por sus abominaciones, quienes eran llamados cristianos por el populacho. Cristo, de quien el nombre tuvo su origen, sufrió la pena máxima durante el reinado de Tiberio a manos de uno de nuestros procuradores, Poncio Pilato, y la superstición muy maliciosa, de este modo sofocada por el momento, de nuevo estalló no solamente en Judea, la primera fuente del mal, sino incluso en Roma».[178]​ Se ha sugerido que se trata de una interpolación cristiana, pero la mayoría de los estudiosos concluyen que el pasaje fue escrito por Tácito.[179]​ R.E. Van Voorst señaló la improbabilidad de que los cristianos posteriores habrían interpolado «esos comentarios despectivos sobre el cristianismo».[180][181]

Suetonio (c. 69 a 140) escribió en su Vidas de los Doce Césares sobre los disturbios que estallaron en la comunidad judía de Roma bajo el emperador Claudio. Escribió: «A medida que los judíos estaban haciendo disturbios constantes por instigación de Cresto, él [Claudio] los expulsó de Roma».[182]​ El evento también es mencionado en Hechos 18:2. El término «Cresto» también aparece en algunos textos posteriores aplicados a Jesús, y Robert Graves,[183]​ entre otros,[184][185]​ lo consideran una variante ortográfica de «Cristo», o por lo menos un error de ortografía razonable.

En el diálogo cristiano-judío, los textos de la Biblia judía son conocidos por haber sido citados incorrectamente y alterados en las escrituras cristianas. A lo largo del proceso de traducción de los escritos originales hebreos a las escrituras griegas cristianas, alteraciones, errores de traducción, variantes interpretativas, fabricaciones y citas erróneas ocurrieron. Un famoso ejemplo puede ser la traducción del término hebreo עַלְמָה (almah) en Isaías 7:14, que significa «mujer joven», como «virgen» en Mateo 1:22-23.[137][186]​ Además, el Evangelio de Mateo afirma de manera inconsistente, el título «Nazareno» para Jesús fue derivado de la profecía del Antiguo Testamento «será llamado Nazareno» (Mateo 2:22-23), pero la profecía no existe explícitamente en el Tanaj hebreo.[26]

El Talmud, una serie de documentos religiosos redactados por los eruditos judíos entre 200 y 500 d. C., se refiere a varias personas llamadas «Jesús», utilizando el término «Ieshú». Estas referencias de Jesús en el Talmud, probablemente se remontan al siglo II.[187]​ Una referencia importante se refiere al juicio y la ejecución de una persona llamada Ieshú y sus discípulos,[187]​ diciendo: «En la víspera de la Pascua colgaron a Ieshú. El pregonero salió cuarenta días declarando que: ‹[Ieshú] va a ser apedreado por practicar la brujería, por atraer y conducir a Israel por mal camino. Cualquiera que sepa algo que lo justifique, debe presentarse y exculparlo›. Pero nadie se presentó a justificarle, y se le colgó la víspera de Pascua».[188]​ Estas referencias tempranas posibles a Jesús tienen poca información histórica independiente de los evangelios, pero pueden ser interpretadas como reflejando una imagen histórica de Jesús como un hombre que tenía discípulos y fue llevado a la muerte como un criminal durante la Pascua.[187]​ F. F. Bruce señaló que, en el intento de desacreditar a Jesús, el pasaje trató de explicar sus milagros en lugar de alegar que nunca ocurrieron.[168]

Alrededor del tiempo en estos pasajes se estaban escribiendo, Mara (un estoico sirio)[187]​ fue encarcelado por los romanos y escribió una carta a su hijo. En ella, dijo: «¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Dios, de manera justa, vengó [al rey sabio]: [...] los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total». Algunos eruditos creen que esto describe la caída de Jerusalén como castigo de los dioses a los judíos por haber matado a Jesús.[187]

Los rollos del Mar Muerto son escritos del siglo I o más antiguos que muestran el lenguaje y las costumbres de algunos judíos de la época de Jesús.[189]​ Según Henry Chadwick, el uso similar de idiomas y puntos de vista registrados en el Nuevo Testamento y los rollos del Mar Muerto son valiosos en demostrar que el Nuevo Testamento retrata el periodo del siglo I que informa y no es producto de un período posterior.[190][191]

Arqueología y geografía[editar]

Restos óseos de Johanán, víctima de crucifixión del siglo I, desde Guivat HaMivtar en Jerusalén, con un clavo todavía alojado en el interior del hueso del talón.

Las herramientas arqueológicas son muy limitadas con respecto a las cuestiones de la existencia de alguna de las personas concretas del pasado antiguo.[192]​ Según Eric Cline, no hay evidencia arqueológica directa de la existencia de un Jesús histórico o cualquiera de los apóstoles dado que la forma más directa para hacer frente a la existencia de cualquier persona en el pasado arqueológicamente sería con un cuerpo.[192]​ Craig Evans señala que los arqueólogos tienen alguna información indirecta sobre la vida de Jesús y las experiencias de los hallazgos arqueológicos de Nazaret, el osario del sumo sacerdote Caifás, numerosos edificios de las sinagogas, y Johanán, víctima crucificada que tuvo un entierro judío después de su ejecución.[193]​ Una posible ubicación de la casa de Pedro, que pudo haber albergado a Jesús mientras él estaba en Capernaum, es otro hallazgo.[194]​ Otros varios detalles mencionados en los evangelios han sido verificados por pruebas arqueológicas, como el estanque de Betesda, el estanque de Siloé, un barco pesquero de Galilea, la extensión de la plataforma del Monte del Templo por el rey Herodes, y un mosaico de una iglesia del siglo III en Meguido mencionando a Jesús.[192]

Richard Bauckham ha argumentado que la topografía que se encuentra en el Evangelio de Marcos, cuando se observa desde el punto de vista de un pescador de Cafarnaum, es bastante precisa.[76]​ Thomas Howe examinó la descripción de Lucas de los viajes marítimos de Pablo, incluidas las referencias de Lucas a treinta y dos países, cincuenta y cuatro ciudades y nueve islas, y afirmó que no pudo encontrar ningún error.[195]​ Sin embargo, Mark Allan Powell cree que el conocimiento de Lucas de la geografía palestina parece tan inadecuado que un erudito prominente fue llevado a señalar que «la ruta de Jesús no puede ser reconstruida en un mapa, y en todo caso Lucas no poseía uno».[196]

Referencias[editar]

  1. a b c d Sanders, 1993.
  2. Ellegård, 1992.
  3. Evans, 1993, p. 5.
  4. a b Talbert, 1977, p. 42.
  5. a b Sanders, 1993, p. 3.
  6. a b Leiva-Merikakis, Erasmo. «Introducción». Fire of Mercy, Heart of the Word: Meditations on the Gospel According to Saint Matthew II. Ignatius Press. 
  7. a b c Grant, Robert M. (1963). «The Gospel of Luke and the Book of Acts». A Historical Introduction to the New Testament. Harper and Row. Archivado desde el original el 21 de junio de 2010. 
  8. Ehrman, Bart D. (2011). Forged: writing in the name of God. HarperCollins Publishers. p. 285. ISBN 978-0-06-207863-6. «He certainly existed, as virtually every competent scholar of antiquity, Christian or non-Christian, agrees». 
  9. Price, Robert M. (2009). «Jesus at the Vanishing Point». En Beilby, James K.; Eddy, Paul Rhodes, eds. The Historical Jesus: Five Views. InterVarsity. p. 61. ISBN 0830838686. 
  10. Grant, Michael (2004). Jesus. Rigel. p. 200. ISBN 1898799881. «In recent years, no serious scholar has ventured to postulate the non historicity of Jesus or at any rate very few, and they have not succeeded in disposing of the much stronger, indeed very abundant, evidence to the contrary». 
  11. Burridge, Richard A.; Gould, Graham (1 de abril de 2004). Jesus Now and Then. p. 34. ISBN 0802809774. «There are those who argue that Jesus is a figment of the Church’s imagination, that there never was a Jesus at all. I have to say that I do not know any respectable critical scholar who says that any more». 
  12. Powell, 1998, p. 181.
  13. Dunn, James D. G. (2003). Jesus Remembered. p. 339. ISBN 0-8028-3931-2. «[...] two facts in the life of Jesus command almost universal assent». 
  14. Herzog, 2005, pp. 1–6.
  15. Crossan, John Dominic (1995). Jesus: A Revolutionary Biography. HarperOne. p. 145. ISBN 0-06-061662-8. «That he was crucified is as sure as anything historical can ever be, since both Josephus and Tacitus [...] agree with the Christian accounts on at least that basic fact». 
  16. Crossan y Watts, 1999, p. 108.
  17. Dunn, 2003, pp. 779–781.
  18. Edmunds, Rev. John (1855). The seven sayings of Christ on the cross. Londres: Thomas Hatchford Publishers. p. 26. 
  19. Stagg, Evelyn; Stagg, Frank (1978). Woman in the World of Jesus. Philadelphia: Westminster Press. ISBN 0-664-24195-6. 
  20. Funk, Robert W.; Jesus Seminar (1998). «Empty Tomb, Appearances & Ascension». The acts of Jesus: the search for the authentic deeds of Jesus. HarperSanFrancisco. pp. 449-495. 
  21. Metzger, Bruce M. Textual Commentary on the Greek New Testament. Lucas 24:51 no se encuentra en algunos importantes testigos tempranos; Hechos 1 varía entre las versiones alejandrina y occidental. 
  22. a b «Jesus Christ». Encyclopædia Britannica. 2010. Archivado desde el original el 6 de noviembre de 2015. «The Synoptic Gospels, then, are the primary sources for knowledge of the historical Jesus». 
  23. a b c Vermes, 2004.
  24. Ehrman, 2005, p. 90.
  25. a b Eddy y Boyd, 2008, p. 262–309.
  26. a b c El Evangelio de Mateo nombra con el título de Nazareno a Jesús, derivado de la profecía «habría de ser llamado nazareno» (Mateo 2:22-23), a pesar de la falta de cualquier fuente evidente del Antiguo Testamento.
  27. «Historicity». The Oxford English Dictionary. 
  28. a b Blomberg, 2009, p. 425.
  29. Blomberg, 1986, pp. 19–72.
  30. Eddy y Boyd, 2008, pp. 237–308.
  31. Blomberg, 2009, p. 424.
  32. Staton, 2004, p. 192.
  33. Rahner, Karl (2004). Encyclopedia of theology: a concise Sacramentum. pp. 730-741. ISBN 0-86012-006-6. 
  34. Thompson, 2006.
  35. Martin, 1991, pp. 36–72.
  36. Freke, Timothy; Gandy, Peter (1999). The Jesus Mysteries. Londres: Thorsons (Harper Collins). 
  37. Bauckham, 2008, p. 117.
  38. Dunn, James D.G. (1992). «Messianic Ideas and Their Influence on the Jesus of History». En James H. Charlesworth, ed. The Messiah: Developments in Earliest Judaism and Christianity. pp. 371-372.  cf. James D.G. Dunn. Jesus Remembered: Christianity in the Making.
  39. David Holloway (abril de 2007). «The Resurrection - Spiritual or Physical?». Archivado desde el original el 4 de abril de 2014. 
  40. Perrin, Norman (1976). Rediscovering the Teaching of Jesus. p. 43. Archivado desde el original el 5 de septiembre de 2015. 
  41. Tuckett, Christopher (2001). «Sources and Method». En Markus Bockmuehl, ed. The Cambridge Companion to Jesus. p. 132. 
  42. Meier, 1991, pp. 168–171. I
  43. Ehrman, 1999, p. 93.
  44. Porter, 2004, p. 118.
  45. Porter, 2004, p. 119.
  46. Ehrman, 1999, p. 193.
  47. Porter, 2004, p. 127.
  48. Ehrman, 2004, pp. 479–480.
  49. Willker, Wieland (17 de abril de 2008). «Complete List of Greek NT Papyri». Archivado desde el original el 12 de marzo de 2014. 
  50. a b Peter, Kirby. «Gospel of Mark». Early Christian Writings. 
  51. Achtemeier, Paul J. (1992). «The Gospel of Mark». The Anchor Bible Dictonary 4. New York: Doubleday. p. 545. ISBN 0-385-19362-9. 
  52. Easton, M. G. (1996) [1897]. «Luke, Gospel According To». Easton's Bible Dictionary. Oak Harbor: Logos Research Systems, Inc. 
  53. Meier, 1991, pp. 955–956. II
  54. Helms, Randel (1997). Who Wrote the Gospels?. Altadena, California: Millennium Press. p. 8. ISBN 0-9655047-2-7. 
  55. a b Harris, Stephen L. (1985). Understanding the Bible. Palo Alto: Mayfield. 
  56. Harris, Stephen L. (1985). «John». Understanding the Bible. Palo Alto: Mayfield. pp. 302-310. 
  57. Ehrman, Bart. «The History of the Bible: The Making of the New Testament Canon». The Teaching Company. Lesson 12. 
  58. Mark Allan Powell, ed. (1999). The New Testament Today. Westminster John Knox Press. p. 50. ISBN 0-664-25824-7. 
  59. Stanley E. Porter, ed. (1997). A Handbook to the Exegesis of the New Testament. Leiden. p. 68. ISBN 90-04-09921-2. 
  60. «The Gospel According to Mark». Encyclopædia Britannica. 2010. «[A]s the earliest Gospel, [Mark] is the primary source of information about the ministry of Jesus». 
  61. Brown, Raymond Edward; Meier, John P. (1983). Antioch and Rome: New Testament cradles of Catholic Christianity. p. 197. «Overall, then, the internal evidence is not unfavorable to the tradition that Rome was the place of provenance for Mark». 
  62. F. L. Cross, ed. (2005). «Messianic secret». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. 
  63. F. L. Cross, ed. (2005). «Wrede, William». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. 
  64. a b F. L. Cross, ed. (2005). «Mark, Gospel of St.». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. 
  65. F. L. Cross, ed. (2005). «Form criticism». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. 
  66. Theissen y Merz, 1998, pp. 1-16.
  67. Kollmann, Bernd (2004). Joseph Barnabas. Liturgical Press. p. 30. 
  68. Maier, Paul L. (2007). The Church History. Kregel Publications. p. 114. 
  69. Cross, F. L.; Livingstone, E. A. (1989). The Oxford dictionary of the Christian Church. Oxford University Press. pp. 874-875. 
  70. Halton, Thomas Patrick (1999). On illustrious men 100. Fathers of the Church. CUA Press. pp. 17-19. 
  71. Senior, Donald P. (1998). «Mark». En Everett Ferguson, ed. Encyclopedia of Early Christianity (2ª edición). New York and London: Garland Publishing, Inc. p. 719. ISBN 0-8153-3319-6. 
  72. Theissen y Merz, 1998, pp. 24-27.
  73. Funk, Robert W.; Hoover, Roy W.; Jesus Seminar (1993). The five Gospels: the search for the authentic words of Jesus: new translation and commentary. New York, New York: Macmillan. ISBN 0-02-541949-8. 
  74. Crossan, John Dominic (1991). The historical Jesus: the life of a Mediterranean Jewish peasant. San Francisco, California: HarperSanFrancisco. ISBN 0-06-061629-6. 
  75. Eisenman, Robert H. (1998). James the Brother of Jesus: The Key to Unlocking the Secrets of Early Christianity and the Dead Sea Scrolls. Penguin Books. p. 56. ISBN 0-14-025773-X. 
  76. a b Bauckham, Richard. «The Gospels as Eyewitness Accounts». Archivado desde el original el 3 de marzo de 2016. Consultado el 31 de agosto de 2015. 
  77. Cranfield, C. E. B. (1959). The Gospel According to St Mark. Cambridge University Press. p. 250. 
  78. Nineham, Dennis (1968). The Gospel of St Mark. New York: Seabury. pp. 40, 203. 
  79. Healy, Mary (2008). The Gospel of Mark (Catholic Commentary on Sacred Scripture). Baker Academic. p. 146. ISBN 978-0-8010-3586-9. 
  80. Allison, Dale C. (2005). «Introduction». Matthew: a shorter commentary. pp. XIII. «Modern scholarship has tended to place Matthew in Syria, especially in Antioch». 
  81. a b c F. L. Cross, ed. (2005). «Matthew, Gospel acc. to St.». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. 
  82. Funk, Robert W.; Hoover, Roy W.; Jesus Seminar (1993). «Matthew». The five gospels. HarperSanFrancisco. pp. 129-270. 
  83. a b Sanders, E.P. (1993). The Historical Figure of Jesus. Londres: Penguin Adult. p. 85. «The clearest cases of invention are in the birth narratives». 
  84. a b Vermes, Géza (2004). «Towards the authentic gospel». The authentic gospel of Jesus. Londres: Penguin Books. pp. 376-380. «[T]he order to proclaim the good news of salvation to all the nations must be struck out from the list of the authentic sayings of Jesus». 
  85. «Gospel According to Matthew». Encyclopædia Britannica. 2010. «Numerous textual indications point to an author who was a Jewish Christian writing for Christians of similar background». 
  86. Ehrman, 2004, p. 110 y Harris, 1985 especifican un rango c. 80-85; Gundry, 1982, Hagner, 1993 y Blomberg, 1992 argumentan a favor de una fecha antes del año 70.
  87. Mellowes, Marilyn. «The Gospel of Matthew». «The historical evidence suggests that he wrote between 80 and 90 CE». 
  88. Peter, Kirby. «Gospel of Matthew». Early Christian Writings. 
  89. Brown, 1997, p. 172.
  90. Theissen, Gerd; Merz, Annette (1998) [1996]. The historical Jesus: a comprehensive guide. Traducido desde el alemán al inglés. Fortress Press. p. 32. «Luke will have been composed in a large city west of Palestine». 
  91. «Biblical literature». Encyclopædia Britannica. 2010. 
  92. Funk, Robert W.; Hoover, Roy W.; Jesus Seminar (1993). «Luke». The five gospels. HarperSanFrancisco. pp. 271-400. 
  93. Harris, Stephen L. (1985). «Luke». Understanding the Bible. Palo Alto: Mayfield. pp. 297-301. 
  94. F. L. Cross, ed. (2005). «Luke, Gospel of». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. «[The tradition] has been widely accepted». 
  95. Theissen, Gerd; Merz, Annette (1998) [1996]. The historical Jesus: a comprehensive guide. Traducido desde el alemán al inglés. Fortress Press. p. 32. «[The tradition is] occasionally put forward». 
  96. Theissen, Gerd; Merz, Annette (1998) [1996]. The historical Jesus: a comprehensive guide. Traducido desde el alemán al inglés. Fortress Press. p. 32. «[The author was] certainly not a companion of Paul». 
  97. Carson, D. A.; Moo, Douglas J. (2005). «Luke». An Introduction To The New Testament. Zondervan Books. 
  98. Brown, 1997, p. 226.
  99. Meier, 1991, p. 43. I
  100. Guthrie, Donald. New Testament Introduction (3ª edición). Grove: InterVarsity Press. pp. 340-345. ISBN 0-87784-953-6. 
  101. Horrell, D. G. (2006). An Introduction to the study of Paul (2ª edición). T&T Clark. p. 7. 
  102. Knox, W. L. (1948). The Acts of the Apostles. Para argumentos más detallados y que todavía se mantienen. pp. 2-15. 
  103. Sobre lingüística, Kenny, A. (1986). A stylometric Study of the New Testament. 
  104. Schnelle, Udo (1998). The History and Theology of the New Testament Writings. p. 159. 
  105. Bruce, F. F. (1952). The Acts of the Apostles. p. 2. 
  106. Aune, David E. (2003). The Westminster dictionary of New Testament and early Christian literature. p. 243. 
  107. «Jesus Christ». Encyclopædia Britannica. 2010. Archivado desde el original el 6 de noviembre de 2015. «John, however, is so different that it cannot be reconciled with the Synoptics except in very general ways (e.g., Jesus lived in Palestine, taught, healed, was crucified and raised) [...]. The greatest differences, though, appear in the methods and content of Jesus’ teaching [...]. Scholars have unanimously chosen the Synoptic Gospels’ version of Jesus’ teaching». 
  108. Robinson, 1977, p. 125.
  109. F. L. Cross, ed. (2005). «John, Gospel of». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. «To most modern scholars direct apostolic authorship has therefore seemed unlikely». 
  110. «Gospel According to John». Encyclopædia Britannica. 2010. 
  111. F. L. Cross, ed. (2005). «John, Gospel of». The Oxford dictionary of the Christian church. New York: Oxford University Press. 
  112. Brown, 1997, p. 164.
  113. Thompson, M. M. (2013). «John, Gospel of». En Joel B. Green, ed. Dictionary of Jesus and the Gospels. Downers Grove. p. 370. 
  114. Bruce, 1981, p. 7.
  115. Ehrman, 2005, p. 46.
  116. Ehrman, 2005, p. 265.
  117. a b Ehrman, 2005.
  118. a b Strobel, Lee (1998). «The Documentary Evidence». The Case for Christ. Citando al estudioso Brutce Metzger. 
  119. Nave, Jr., Guy D. (2002). The Role and Function of Repentance in Luke-Acts. p. 194. 
  120. Spong, John Shelby (26 de septiembre de 1979). «The Continuing Christian Need for Judaism». Christian Century: 918. Archivado desde el original el 4 de junio de 2011. 
  121. Levine, Amy-Jill. Feminist companion to the New Testament and early Christian writings 5. Marianne Blickenstaff. p. 175. 
  122. Ehrman, 2005, p. 166.
  123. Metzger, Bruce (1994). A Textual Commentary on the New Testament (2.ª edición). German Bible Society. 
  124. a b Bruce, 1981, p. 14.
  125. a b c Aland, K.; Aland, B. (1995). The Text of the New Testament: An Introduction to the Critical Editions & to the Theory & Practice of Modern Textual Criticism. pp. 29-30. 
  126. a b Heide, K. Martin (2011). «Assessing the Stability of the Transmitted Texts of the New Testament and the Shepherd of Hermas». En Robert B. Stewart, ed. Bart D. Ehrman & Daniel B. Wallace in Dialogue: The Reliability of the New Testament. Fortress Press. pp. 134-138, 157-158. ISBN 9780800697730. 
  127. Brown, Raymond Edward (18 de mayo de 1999). The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in the Gospels of Matthew and Luke (The Anchor Yale Bible Reference Library). Yale University Press. p. 36. ISBN 0-300-14008-8. 
  128. Davies, W. D.; Sanders, E. P. (1984). «Jesus from the Jewish point of view». The Cambridge History of Judaism III (William Horbury edición). 
  129. Sanders, 1993, p. 85.
  130. Hurtado, Larry W. (junio de 2003). Lord Jesus Christ: Devotion to Jesus in Earliest Christianity. Grand Rapids, Mich: W.B. Eerdmans. p. 319. ISBN 0-8028-6070-2. 
  131. Brown, Raymond Edward (1977). The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in Matthew and Luke. Garden City, Nueva York: Doubleday. pp. 104-121. ISBN 0-385-05907-8. 
  132. Warren, Tony (2 de febrero de 1995). «Is there a Contradiction in the Genealogies of Luke and Matthew?». Archivado desde el original el 14 de noviembre de 2012. 
  133. Vermes, Geza (2006). The Nativity: History and Legend. Penguin Books. p. 42. 
  134. Brown, 1997, p. 114.
  135. a b Edersheim, Alfred (1883). «The morning of good Friday». The Life and Times of Jesus the Messiah. 
  136. Gordon J. Wenham; J. Alec Motyer; Donald A. Carson et al., eds. (1994). New Bible Commentary. 21st Century edition. InterVarsity Press. p. 1071. 
  137. a b Kravitz, Rabbi Zalman. «Misquoting Texts – What does Tanach really say». Jewsforjudaism.org. Jews For Judaism. Archivado desde el original el 20 de julio de 2014. Consultado el 4 de noviembre de 2015.  |sitioweb= y |publicación= redundantes (ayuda)
  138. Lightfoot, Joseph Barber (1865). Commentary on the Epistle to the Galatians. «At this point (Gal 6:11}) the apostle takes the pen from his amanuensis, and the concluding paragraph is written with his own hand. From the time when letters began to be forged in his name (2 Thess 2:2; 2 Thess 3:17) it seems to have been his practice to close with a few words in his own handwriting, as a precaution against such forgeries […]. In the present case he writes a whole paragraph, summing up the main lessons of the epistle in terse, eager, disjointed sentences. He writes it, too, in large, bold characters (Gr. pelikois grammasin), that his handwriting may reflect the energy and determination of his soul». 
  139. Jerome Murphy-O'Connor (1 de mayo de 1998). Paul: a critical life. Oxford University Press. pp. 91-. ISBN 978-0-19-285342-4. 
  140. Bruce, F. F. (1977). Paul and Jesus. Londres: SPCK. pp. 19-29. 
  141. cf. Romanos 1:1-4, 1 Corintios 11:23-26, 1 Corintios 2:8 y 1 Corintios 15:3-8.
  142. Cullmann, Oscar (1949). The Earliest Christian Confessions. Traducido por J. K. S. Reid. Londres: Lutterworth Press. 
  143. Neufeld, Vernon H. (1964). The Earliest Christian Confessions. Grand Rapids: Eerdmans. p. 47. 
  144. Fuller, Reginald H. (1971). The Formation of the Resurrection Narratives. New York: Macmillan. p. 10. 
  145. a b Pannenberg, Wolfhart (1968). Jesus – God and Man. Traducido por Lewis Wilkins y Duane Pribe. Philadelphia: Westminster. p. 90. 
  146. a b Cullmann, Oscar (1966). A. J. B. Higgins, ed. The Earlychurch: Studies in Early Christian History and Theology. Philadelphia: Westminster. pp. 64-66. 
  147. Conzelmann, Hans (1969). 1 Corinthians. Traducido por James W. Leitch. Philadelphia: Fortress. p. 251. 
  148. Bultmann, Rudolf (1951). Theology of the New Testament I. pp. 45, 80-82, 293. 
  149. a b Brown, Raymond E. (1973). The Virginal Conception and Bodily Resurrection of Jesus. New York: Paulist Press. pp. 81, 92. 
  150. Sheehan, Thomas (1986). The First Coming: How the Kingdom of God Became Christianity. New York: Ramdom House. pp. 110, 118. 
  151. Wilckens, Ulrich (1977). Resurrection. Traducido por A. M. Stewart. Edinburgh: Saint Andrew. p. 2. 
  152. Grass, Hans (1962). Ostergeschen und Osterberichte (2.ª edición). Gottingen: Vandenhoeck und Ruprecht. p. 96.  Grass favorece un origen en Damasco.
  153. Campenhausen, Hans von (1968). «The Events of Easter and the Empty Tomb». Tradition and Life in the Church. Philadelphia: Fortress. p. 44. 
  154. Hunter, A. M. (1973). Works and Words of Jesus. p. 100. 
  155. James L. Bailey; Lyle D. Vander Broek (1992). Literary forms in the New Testament: a handbook. Westminster John Knox Press. pp. 83-. ISBN 978-0-664-25154-3. 
  156. Cullmann, 1949, p. 32.
  157. Bultmann, Rudolf (1951). Theology of the New Testament I. pp. 49, 81. 
  158. a b Jeremias, Joachim (1966). The Eucharistic Words of Jesus. Traducción de Norman Perrin. Londres: SCM Press. p. 102. 
  159. Pannenberg, Wolfhart (1968). Jesus – God and Man. Traducción de Lewis Wilkins y Duane Pribe. Philadelphia: Westminster. pp. 118, 283, 367. 
  160. Neufeld, Vernon H. (1964). The Earliest Christian Confessions. Grand Rapids: Eerdmans. pp. 7, 50. 
  161. Dodd, C. H. (1980). The Apostolic Preaching and its Developments. Grand Rapids: Baker. p. 14. 
  162. Fuller, Reginald H. (1965). The Foundations of New Testament Christology. Nueva York: Scriner's. pp. 214, 216, 227, 239. 
  163. Neufeld, Vernon H. (1964). The Earliest Christian Confessions. Grand Rapids: Eerdmans. pp. 7, 9, 128. 
  164. Julio Africano (1973). «Extant Writings XVIII». En A. Roberts; J. Donaldson, eds. Ante-Nicene Fathers VI. Grand Rapids: Eerdmans. p. 130. 
  165. Luciano de Samosata (1949). «The Death of Peregrine». The Works of Lucian of Samosata IV. Traducción de H. W. Fowler. Oxford: Clarendon. pp. 11-13. 
  166. Smith, Morton (1978). Jesus the Magician: Charlatan or Son of God?. pp. 78-79. 
  167. Bertonneau, Thomas F. (1997). «Celsus, the First Nietzsche: Resentment and the Case Against Christianity». Anthropoetics III (1). 
  168. a b Bruce, 1981.
  169. Eusebio de Cesarea. «202ª Olimpiada». Crónica. En Carrier (1999). 
  170. a b Tertuliano (1869). «Apologética. XXI, 19». En A. Roberts; J. Donaldson, eds. Ante-Nicene Fathers III. pp. 53-140.  Citado en Bouw, G. D. (1998). «The darkness during the crucifixion». The Biblical Astronomer VIII (84). 
  171. Rufino de Aquilea. Historia Eclesiástica. Libro IX. Capítulo 6. 
  172. Ussher, J.; Pierce, L. (2007). Annals of the World. Green Forest: New Leaf Publishing Group. p. 822. ISBN 0-89051-510-7. 
  173. Flavio Josefo. Antigüedades judías. 18.3.3. 
  174. Whealey, Alice (2003). Josephus on Jesus, The Testimonium Flavianum Controversy from Late Antiquity to Modern Times. Nueva York. p. 194. 
  175. Vermes, Géza (1987). «The Jesus notice of Josephus re-examined». Journal of Jewish Studies. 
  176. Flavio Josefo. Antigüedades judías. 20.9.1. 
  177. Feldman, Louis H. «Josephus». Anchor Bible Dictionary III. pp. 990-91. 
  178. Tácito. Anales. 15.44. 
  179. Van Voorst, 2000, pp. 42-43.
  180. Van Voorst, 2000, p. 43.
  181. Theissen y Merz, 1998, p. 83.
  182. Suetonio. «Claudius 25». Vidas de los Doce Césares. «Iudaeos, impulsore Chresto, assidue tumultuantes Roma expulit». 
  183. Graves, Robert (1957). «Claudius 25». The Twelve Caesars. Traducción de Suetonio. Baltimore: Penguin. pp. 7, 197. 
  184. Amiot, Francois. «Jesus, an historical Person». The Sources for the Life of Christ. p. 8. 
  185. Bruce, F. F.J (1974). Jesus and Christian Origins Outside the New Testament. p. 21. 
  186. Singer, Rabbi Tovia. «Does the Hebrew Word Alma Really Mean "Virgin"?». outreachjudaism.org. Outreach Judaism.  |sitioweb= y |publicación= redundantes (ayuda)
  187. a b c d e Theissen y Merz, 1998.
  188. Sanedrín 43a.
  189. Douglas R. Edwards (2004). Religion and society in Roman Palestine: old questions, new approaches. Routledge. p. 164. ISBN 978-0-415-30597-6. 
  190. Henry Chadwick (2003). The Church in ancient society: from Galilee to Gregory the Great. Oxford University Press. p. 15. ISBN 978-0-19-926577-0. 
  191. George J. Brooke (1 de mayo de 2005). The Dead Sea scrolls and the New Testament. Fortress Press. p. 20. ISBN 978-0-8006-3723-1. 
  192. a b c Cline, Eric H. (2009). Biblical Archaeology: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press. ISBN 0195342631. 
  193. Evans, Craig. «The Archaeological Evidence For Jesus». Huffington Post. 
  194. «The House of Peter: The Home of Jesus in Capernaum?». Biblical Archaeology Society. 
  195. Howe, Thomas (1992). When Critics Ask. Wheaton Ill: Victor. p. 385. 
  196. Powell, Mark (1989). What are they saying about Luke?. Paulist Press. p. 6. ISBN 0-8091-3111-0. 

Bibliografía[editar]

  • Barnett, Paul W. (1997). Jesus and the Logic of History (New Studies in Biblical Theology 3). Downers Grove, Illinois: InterVarsity Press. ISBN 0-385-49449-1. 
  • Barnett, Paul W. (1987). Is the New Testament History?. Servant Publications. ISBN 0-89283-381-5. 
  • Bauckham, Richard (2008). Jesus and the Eyewitnesses: The Gospels as Eyewitness Testimony. 
  • Blomberg, Craig L. (1986). The Historical Reliability of the Gospels (1ª edición). InterVarsity Press. 
  • Blomberg, Craig L. (1992). Matthew. Broadman Press. ISBN 9780805401226. 
  • Blomberg, Craig L. (2008). The Historical Reliability of the Gospels (2ª edición). IVP Academic. ISBN 978-0-8308-2807-4. 
  • Blomberg, Craig L. (2009). Jesus and the Gospels: An Introduction and Survey (2ª edición). 
  • Brown, Raymond E. (1993). The Death of the Messiah: from Gethsemane to the Grave. New York: Anchor Bible. ISBN 0-85111-512-8. 
  • Brown, Raymond E. (1997). An Introduction to the New Testament. ISBN 9780300140163. 
  • Bruce, F.F. (1981). The New Testament Documents: Are They Reliable?. InterVarsity Press. 
  • Crossan, John Dominic; Watts, Richard G. (1999). Who is Jesus?: Answers to Your Questions about the Historical Jesus. Westminster John Knox Press. 
  • Eddy, Paul Rhodes; Boyd, Gregory A. (2008). The Jesus Legend: A Case for the Historical Reliability of the Synoptic Jesus Tradition. Baker Academic. 
  • Ehrman, Bart D. (1999). The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings. 
  • Ehrman, Bart D. (2004). A Brief Introduction to the New Testament. Oxford University Press. ISBN 0-19-516123-8. 
  • Ehrman, Bart D. (2005). Misquoting Jesus: The Story Behind Who Changed the Bible and Why. HarperCollins Publishers. ISBN 9780060844967. 
  • Ellegård, Alvar (1992). Myten om Jesus: den tidigaste kristendomen i nytt ljus. ISBN 91-34-51245-4. 
  • Evans, Craig (1993). Life-of-Jesus Research and the Eclipse of Mythology (54). Theological Studies. 
  • Gerhardsson, Birger (2001). The Reliability of the Gospel Tradition. Peabody, Ma: Hendrickson. ISBN 1-56563-667-8. 
  • Gundry, Robert H. (1982). Matthew: A Commentary on His Literary and Theological Art/A Commentary on His Handbook for a Mixed Church under Persecution. Grand Rapids: Eerdmans. ISBN 0-8028-0735-6. 
  • Hagner, Donald A. (1993). Matthew 1-13. Dallas: Word Books. 
  • Harris, Stephen L. (1985). Understanding the Bible. Palo Alto: Mayfield. 
  • Herzog, William R. (2005). Prophet and Teacher: An Introduction to the Historical Jesus. Westminster John Knox Press. ISBN 0664225284. 
  • Martin, Michael (1991). The Case Against Christianity. Philadelphia: Temple University Press. 
  • Meier, John P. (1991). A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus. Doubleday. 
(1991). The Roots of the Problem and the Person. I. ISBN 0-385-26425-9
(1994). Mentor, Message, and Miracles. II. ISBN 0-385-46992-6
(2001). Companions and Competitors. III. ISBN 0-385-46993-4
(2009). Law and Love. IV. ISBN 978-0-300-14096-5
  • Porter, Stanley E. (2004). The Criteria for Authenticity in Historical-Jesus Research: Previous Discussion and New Proposals. 
  • Powell, Mark Allan (1998). Jesus as a Figure in History: How Modern Historians View the Man from Galilee. Westminster John Knox Press. ISBN 0-664-25703-8. 
  • Robinson, John A. T. (1977). On Being the Church in the World. Mowbrays. 
  • Sanders, E.P. (1993). The Historical Figure of Jesus. Londres: Penguin Books. 
  • Stanton, Graham N. (2004). Jesus and Gospel. 
  • Talbert, Charles H. (1977). What is a Gospel?: The Genre of the Canonical Gospels. Fortress Press. 
  • Theissen, Gerd; Merz, Annette (1998) [1996]. The historical Jesus: a comprehensive guide. Traducido desde el alemán al inglés. Fortress Press. 
  • Thompson, Thomas L. (2006). The Messiah Myth: The Near Eastern Roots of Jesus and David. Jonathan Cape, Publisher. 
  • Van Voorst, Robert E. (2000). Jesus Outside the New Testament: An Introduction to the Ancient Evidence. Wm. B. Eerdmans. 
  • Vermes, Géza (2004). The authentic gospel of Jesus. Londres: Penguin Books. 
  • Wright, N. T. (1992). Christian Origins and the Question of God Series. Augsburg Fortress. 
(1992). The New Testament and the People of God. I.
(1996). Jesus and the Victory of God. II.
(2003). The Resurrection of the Son of God. III.
(2013). Paul and the Faithfulness of God. IV.

Enlaces externos[editar]