Anton Bruckner

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Josef Anton Bruckner
Bruckner Anton Postcard-1910.jpg
Información personal
Nacimiento 4 de septiembre de 1824 Ver y modificar los datos en Wikidata
Ansfelden, Austria Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 11 de octubre de 1896 Ver y modificar los datos en Wikidata (72 años)
Viena, Austria Ver y modificar los datos en Wikidata
Residencia St. Florian's Priory y Viena Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Austríaca Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión Catolicismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Compositor, musicólogo, teórico de la música, profesor de música, organista y catedrático Ver y modificar los datos en Wikidata
Empleador Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Música clásica y sinfonía Ver y modificar los datos en Wikidata
Obras notables Ver y modificar los datos en Wikidata
Distinciones
  • Orden de Francisco José
Ver y modificar los datos en Wikidata
[editar datos en Wikidata]

Josef Anton Bruckner (Ansfelden, 4 de septiembre de 1824 - Viena, 11 de octubre de 1896) fue un compositor y organista austriaco.

Biografía[editar]

Nació en la pequeña ciudad de Ansfelden, en el norte de Austria. Su padre, que era maestro de escuela y tocaba el órgano de la iglesia local, imbuyó a su hijo las dos vocaciones a las que dedicaría su actividad profesional: la enseñanza y la interpretación como organista.[1] Devoto católico, sus estudios musicales se extendieron hasta la edad de 40 años, bajo la dirección de Simon Sechter y Otto Kitzler. Éste último lo introdujo en el universo musical de Richard Wagner, que Bruckner estudió extensivamente desde 1863. Después de terminar sus estudios escribió su primera obra considerada de madurez: la Misa en re menor.

A partir de 1875 impartió armonía y contrapunto en la Universidad de Viena. Dentro del círculo de sus adeptos en la Universidad se encontraban Hans Rott, Hugo Wolf y Gustav Mahler, en ese entonces aún estudiantes.

La escena musical vienesa estaba polarizada por los partidarios del estilo musical de Richard Wagner y los que preferían la música de Johannes Brahms. Al dedicar a Wagner su Tercera Sinfonía, Bruckner se ubicó sin desearlo en uno de los dos bandos. El crítico musical Eduard Hanslick, líder de la corriente conservadora, escogió a Bruckner como blanco de su ira antiwagneriana al calificar esta sinfonía como "si la Novena de Beethoven y la Walkiria de Wagner se mezclaran, y la primera acabara pisoteada por los cascos de los caballos de la segunda".

A pesar de todo, Bruckner tenía partidarios, entre los que se contaban famosos directores de orquesta como Arthur Nikisch y Franz Schalk, que intentaban constantemente acercar su música al público. Con este buen propósito propusieron al maestro gran cantidad de modificaciones a sus obras para hacer su música más aceptable al público. El carácter retraído de Bruckner hizo que consintiera en realizar algunos cambios, aunque se cercioró de conservar sus manuscritos originales, seguro de su validez. Éstos fueron posteriormente legados a la Biblioteca Nacional de Viena.

Otra prueba de la confianza de Bruckner en su capacidad artística es el hecho que él a menudo comenzaba el trabajo en una nueva sinfonía pocos días después de acabar la anterior. Además de sus sinfonías, Bruckner escribió misas, motetes, y otras obras corales sacras.

Aunque Bruckner era un organista renombrado en su tiempo, impresionando a audiencias en Francia e Inglaterra con sus improvisaciones, no compuso ninguna obra importante para este instrumento (aunque sí compuso varias obras menores y escribió algunas transcripciones al órgano de sus sinfonías). Sus sesiones de improvisación le proporcionaron a veces ideas que desarrollaría posteriormente en sus sinfonías.

El gran éxito del estreno de su Séptima Sinfonía en Leipzig en 1884 proporcionó finalmente a Bruckner el reconocimiento público que se le había negado hasta entonces. Según el propio Bruckner, encontró la inspiración para componer el tema principal del Adagio al saber que Wagner, su amado maestro, estaba agonizando, e incluyó por primera vez en su orquestación unas tubas wagnerianas para entonar el lamento fúnebre con el que concluye la pieza.[2]

No obstante, Bruckner vuelve a tener un serio contratiempo al preparar el estreno de su Octava Sinfonía, cuando el director de la orquesta, Hermann Levi, le devuelve la partitura con numerosas correcciones y críticas. Apesadumbrado, el maestro emprende una revisión general de la obra, que es finalmente estrenada, en esta segunda versión, por Hans Richter en Viena en 1892, con un éxito notable. Posiblemente afectado por el rechazo de la primera versión, Bruckner lleva a cabo una revisión exhaustiva de otras sinfonías anteriores, al tiempo que avanza lentamente en la composición de su Novena Sinfonía, que quedará finalmente inacabada.

Al final de su vida, Bruckner recibió diversos reconocimientos oficiales, entre los que destacan la condecoración con la Orden de Francisco José en 1886 y su nombramiento como doctor honoris causa por la Universidad de Viena en 1891.

La vida del maestro se apaga en Viena el 11 de octubre de 1896. Sus restos reposan en la entrada de la iglesia de San Florián, justo debajo del gran órgano.

Obra[editar]

Anton Bruckner (Retrato por Josef Büche).

La obra de Anton Bruckner se concentra primordialmente en obras sinfónicas y música religiosa. Durante su vida también destacó en sus interpretaciones e improvisaciones con órgano, la mayoría de las cuales no fueron transcritas y, por tanto, no se han conservado. Su música, imbuida de una intensa religiosidad, busca la perfección formal al tiempo que quiere ser un gran himno de alabanza al Dios en el que creía fervientemente (y a quien dedicó incluso su última obra, la Novena sinfonía). En los países latinos su obra es relativamente poco conocida, aunque es programada de forma cada vez más frecuente, pero en los países germánicos goza de un gran reconocimiento y se le considera como uno de los mayores compositores de la Historia.

Sus sinfonías constituyen una síntesis entre la armonía romántica y la tradición contrapuntística. En ellas Bruckner recoge las conquistas armónicas e instrumentales de su admirado Wagner, introduciendo con frecuencia pasajes de gran cromatismo, con otros más reposados de colores sobrios. El procedimiento de desarrollo del discurso musical, centrado en el contrapunto, tiene poco que ver con la variación continua manejada por Wagner y su técnica del leitmotiv.

Los aspectos estructurales de las sinfonías brucknerianas se aproximan al modelo de Schubert. Bruckner no renuncia al empleo de la forma sonata o a la tonalidad básica en las secciones principales y sus movimientos adquieren largas dimensiones. Estas grandes duraciones se basan en la presencia de tres temas, extensamente desarrollados desde su presentación, con tempi casi siempre lentos o reposados incluso en los scherzos de transición. La densidad formal contrapone momentos de clímax muy potentes a otros de gran lirismo, asociados principalmente a la belleza de las melodías. Su orquestación se caracteriza por la alternancia de las distintas familias instrumentales, un poco como el timbre de su propio instrumento, el órgano. Por otro lado Bruckner irá ampliando progresivamente la plantilla orquestal a lo largo de su trayectoria, hasta alcanzar dimensiones wagnerianas, pero con una sonoridad muy distinta.[3]

Entre las interpretaciones integrales de sus sinfonías destacan las de cuatro directores muy diferentes, pero que se han convertido con el tiempo en las versiones de referencia de estas obras. En primer lugar hay que destacar los dos ciclos grabados por Eugen Jochum, el primero con la Filarmónica de Berlín i con la Orquesta de la la Radio Bávara y el segundo con la Staatskappelle de Dresde, que han quedado como la interpretación clásica tradicional por excelencia de estas sinfonías y que gozan de la característica solidez de las interpretaciones de Jochum.

La segunda es la integral de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín, en la que destacan las versiones de la séptima y la octava (de hecho la séptima fue la obra que interpretó en su último concierto). El estilo de Karajan se adaptaba muy bien a las características de las obras de Bruckner permitiéndole brillar en los momentos de intensidad y plenitud orquestal y a la vez, con su tendencia a acentuar los contrastes, aportar luminosidad a obras que pueden resultar monótonas al oyente.

La tercera integral que es quizá la considerada como la más perfecta, es la de Sergiu Celibidache con la Filarmónica de Múnich. Es conocida la obsesión de Celibidache por la obra de Bruckner, que interpretó sin cesar a lo largo de su carrera. Las grabaciones más difundidas están realizadas en directo en conciertos de la Filarmónica de Múnich en sus últimos años y reflejan una comunión total entre el autor y el director intérprete, que modula la obra a su manera, alargado los tempi como acostumbraba y acentuando la expresividad de los desarrollos. Estas grabaciones son reconocidas como una de las cumbres de la interpretación sinfónica registradas.

Finalmente hay que destacar las interpretaciones del ciclo del maestro Gunter Wand, otro director especialista en Bruckner. Tanto su integral de 1989 con la Orquesta de la Radio de Hamburgo como sus versiones de los año 90, de las sinfonías 4, 5, 6, 7, 8 y 9 con la Filarmónica de Berlín rayan a una gran altura. Retomando una lectura más clásica del compositor pero cuidando todos los detalles, especialmente los tímbricos y las transiciones rítmicas, consigue unas versiones de gran belleza que quizá alcanzan su culminación en la interpretación de la octava sinfonía grabada en directo en la catedral de Lübeck.

Sinfonías[editar]

SINFONÍAS
Título Sobrenombre Tonalidad Composición, Revisión Duración
Sinfonía de estudio « 00» fa menor 1863 40-45 minutos
Sinfonía n° 1 do menor 1866, 1877, 1891 45-55 minutos
Sinfonía n° 0 «Nullte» re menor 1869 45-55 minutos
Sinfonía n° 2 do menor 1872, 1876, 1892 65-75 minutos
Sinfonía n° 3 « Wagneriana» re menor 1873, 1876, 1877, 1889 70-80 minutos
Sinfonía n° 4 « Romántica» mi bemol mayor 1874, 1878, 1880, 1888 65-80 minutos
Sinfonía nº 5 si bemol mayor 1876 65-80 minutos
Sinfonía nº 6 la mayor 1881 55-65 minutos
Sinfonía n° 7 mi mayor 1883 60-75 minutos
Sinfonía n° 8 do menor 1887, 1890 75-90 minutos
Sinfonía n° 9 (inacabada) re menor 1896 55-65 minutos

Otras obras para orquesta[editar]

  • Tres piezas para orquesta (1862)
  • Marcha en re menor (1862)
  • Obertura en sol menor (1862, revisión en 1863)

Música de cámara[editar]

  • Cuarteto en do menor (obra de juventud, 1862)
  • Quinteto para cuerdas en fa mayor (1881)

Música religiosa[editar]

  • Varias misas, de las que 3 están numeradas y suelen interpretarse en forma de concierto: la Primera en re menor (1864), la Segunda en mi menor (1866) y la Tercera en fa menor (1867)
  • Te Deum para coro y orquesta (1885)
  • Salmo 150, para coro y gran orquesta (1892)
  • Más de 30 motetes, entre ellos, Locus Iste y Ave Maria

Otras obras corales[editar]

  • Helgoland, para coro de hombres y gran orquesta (1893)

Notas[editar]

  1. Eduardo Storni, Bruckner, Espasa-Calpe, Madrid, 1977, págs. 19-22.
  2. Storni, op.cit., pág. 86.
  3. «La Séptima Sinfonía de Anton Bruckner. | Melómano Digital». orfeoed.com. Consultado el 6 de julio de 2016. 

Enlaces externos[editar]