Síndrome del niño sacudido

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Síndrome del niño sacudido
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CIE-9 995.55
MedlinePlus 000004
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El Síndrome del niño sacudido también conocido como síndrome del niño zarandeado o agitado es una forma de maltrato físico infantil que incluye la existencia de un traumatismo intracraneal debido a que el cerebro aún no ocupa toda la caja craneal y que conlleva un conjunto de alteraciones clínicas y patológicas que conforman un síndrome bien definido, debido a la agitación violenta del infante por parte del abusador.

Historia[editar]

En 1971 el neurocirujano Norman Guthkelch, teorizó que la lesión por latigazo ocasiona hemorragias subdurales debido al desgarro de las venas del espacio subdural. El síndrome fue descrito por primera vez por John Caffey en 1972 como una forma de maltrato físico infantil debido a traumatismos intracraneales que conllevan a un grupo de alteraciones clínico-patológicas bien definidas, acompañado o no de signos externos de maltrato.[1]

Mecanismo[editar]

Se trata de un lactante con llanto incontrolado, inconsolable, al que una persona sostiene por el tórax y lo sacude bruscamente, con lo que se produce un mecanismo de aceleración-desaceleración de la cabeza que conduce por una parte a fracturas paravertebrales de las costillas, a hemorragias intracraneales y a lesiones oculares. Las hemorragias retinianas están presentes en el 80% de los casos, y su presencia debe hacer sospechar la existencia de este síndrome ante la ausencia de cualquier otra causa.

La mayoría de los casos ocurren en niños lactantes, los cuales tienen una desproporción exagerada entre el gran tamaño de la cabeza con respecto al resto del cuerpo, y un tono muscular insuficiente en los músculos del cuello, que no los permite soportar el peso y las oscilaciones de la cabeza. Como consecuencia de todo ello, tras la sacudida, se producen una serie de trastornos hipóxicos debidos a la dificultad respiratoria, que van a provocar alteraciones del centro respiratorio troncoencefálico, con frecuencia un edema cerebral, y hemorragias subdurales, con pequeñas contusiones parenquimatosas y múltiples hemorragias axiales adicionales.[2]

Signos y síntomas[editar]

Se trata de un amplio conjunto de signos y síntomas que pueden variar de leves a severos y de inespecíficos a obvios. Las lesiones asociadas en forma característica son las hemorragias retinianas, fracturas múltiples en huesos largos (visibles en las radiografías) y hematomas subdurales. La resonancia magnética puede ser útil para diagnosticar las hemorragias retinianas.[3] El médico debe sospechar maltrato infantil ante la presencia de estos signos y la incapacidad para explicarlos por medio de traumatismos accidentales u otras condiciones médicas. Otros efectos del síndrome de sacudida son el daño axonal difuso, la deprivación de oxígeno y el edema cerebral, los cuales conllevan a un importante deterioro neurológico en el infante en desarrollo, debido al daño sufrido por el tejido cerebral.[2] [4]

Referencias[editar]