Panteón de Belén

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
El Panteón de Belén a principios del siglo pasado.

El Panteón de Belén es un cementerio antiguo localizado en la ciudad de Guadalajara (Jalisco), México.

Actualmente funge como Museo Panteón de Belén, en 2007 fue sometido a una intensa y minuciosa restauración. Se ubica sobre la calle Belén # 648 a un costado del antiguo hospital civil de Guadalajara.

Fue proyectado por el arquitecto Manuel Gómez Ibarra a solicitud del Obispo don Diego de Aranda y Carpinteiro. Su funcionamiento duró poco menos de 50 años, pues fue cerrado el 1 de noviembre de 1896. La decisión fue tomada por el Consejo Superior de Salubridad de esa época. Actualmente funciona como un museo que representa parte de la historia de Guadalajara, el cual alberga un sinfín de nichos (900 para ser exactos) de cantera rosa. Anteriormente en el centro se encontraba la capilla de los hombres ilustres que hoy se encuentran en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Aunque el panteón está clausurado para eventos funerarios, sigue abriendo sus puertas al público sólo con el fin de que aprecie su interior. Para ello existen recorridos turísticos en los que se muestran las tumbas y se cuentan leyendas.

Nota[editar]

El Panteón de Belén es nombrado así por costumbre, mas su nombre correcto desde el siglo XIX es El Panteón De Santa Paula' ' El antiguo Panteón de Belén (inaugurado en 1848), fue testigo de un suceso donde un estudiante de medicina perdió el juicio; resulta que antaño, los que estudiaban el arte de curar a las personas, estaban de internos en el Hospital Civil.

El Pantéon de Belén se encuentra ubicado en la zona norte del Centro Histórico de Guadalajara, por su riqueza arquitectónica está protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia Y considerado Tesoro Arquitectónico Nacional.

El Panteón de Belén fue abierto al público a mediados del siglo XIX y la última inhumación se realizó hacia finales del mismo siglo. En la Actualidad es un museo de arquitectura y es administrado por el H. Ayuntamiento de Guadalajara. La característica principal del museo-panteón son las tumbas y mausoleos majestuosos, la riqueza arquitectónica de los mismos y las leyendas que han hecho que el Panteón de Belén sea uno de los museos más visitados de Guadalajara. En fechas recientes un programa de televisión a nivel nacional habló de algunas de las leyendas y esto motivó que se disparará la afluencia de visitantes, sobre todo a los recorridos guiados nocturnos que se realizan hacia la media noche.

El Cementerio de Belén fue también la primera Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, ya que en su mausoleo central o principal se encontraban los restos de muchos personajes importantes de Jalisco, los cuales fueron retirados a mediados del siglo XX y colocados en la actual Rotonda a un costado de Catedral.

Historia[editar]

De fosa común a cementerio de ricos e ilustres #nosepuedevivircontantoveneno

Después de servir como una fosa común para gente humilde, en al menos tres periodos de su existencia, el Panteón de Belén fue el depositario de los restos de la alta sociedad jalisciense del siglo XIX, revela Victoria Oliver Sánchez, investigadora del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

El cementerio se empezó a construir en 1787 como parte del proyecto integral del Antiguo Hospital Civil. Antes, en 1786, la Nueva España sufrió de una escasez de alimentos, lo que provocó que apareciera el hambre y una pandemia de enfermedades epidémicas, la más fuerte del siglo XVIII. Ahora se sabe que fallecieron alrededor de dos mil 300 personas, aunque en aquel entonces, Fray Antonio Alcalde hablaba de más de cinco mil.

“Se pone en evidencia que la ciudad no contaba con espacios funerarios suficientes, al igual que no tenía hospital. En ese momento, el obispo Fray Antonio Alcalde tomó la decisión de fundar el Hospital Civil, pero también de concluir un proyecto que había para hacerle un campo santo (cementerio) a la ciudad, porque la población crecía y no había espacio, y por cuestiones sanitarias se estaba prohibiendo que los muertos se enterraran en los templos”, explica la investigadora.

Al tiempo que iniciaron las labores de construcción del Antiguo Hospital Civil, agrega, se habilitó el terreno trasero como un cementerio en lo que ahora se conoce como Panteón de Belén, pero cuyo primer nombre fue el Campo Santo de la Convalecencia, como le llamaban los sacerdotes betlemitas.

“Cumplió una función muy importante: era un lugar para enterrar a los que morían en el hospital. Normalmente eran los pobres y para ese tiempo, una condición muy importante que cumplía ese campo santo, es que estuviera construido extramuros de la ciudad, o sea, hacia las orillas. Y se eligió ese lugar porque los contemporáneos decían que la ciudad ya no crecería porque estaba la barranca (de Huentitán)”.

Diez años después de su apertura, hacia 1797, la ciudad padeció de una epidemia de viruela, por lo que en el Panteón de Belén se habilitó una fosa común para enterrar a la gran cantidad de personas que fallecieron a causa de dicha enfermedad.

Además, abunda la investigadora, en 1833 Guadalajara vivió una epidemia de cólera morbus, por lo que en ese mismo lugar se abrió una nueva fosa común para las víctimas de la enfermedad, y que se le conoció como el “Panteón de la capirotada”, por la forma en que tenían que ser enterrados los cadáveres: una pila de cuerpos y después echaban cal o tierra.

Luego, en 1850, durante otra epidemia de esa misma enfermedad, en el lugar se habilitó una tercera fosa común: “Ese panteón ha cumplido una función muy importante para solucionar las necesidades funerarias de la ciudad, especialmente en épocas antiguas cuando las epidemias mataban a mucha gente”.

Fue hasta 1848, cuando el arquitecto Manuel Gómez Ibarra, a solicitud del obispo Diego de Arana y Carpinteiro, realizara la construcción de lo que ahora se conoce como el Panteón de Belén y que funcionaría con el nombre de Panteón de Santa Paula. Sin embargo, fue clausurado en 1896, por instrucciones del consejo superior de salubridad de la época: “De haberse iniciado como un panteón para el entierro de pobres y como fosa común durante las epidemias, se convirtió en el panteón donde se enterraba a la gente más importante, más destacada de la política, de la cultura, de las artes, de la élite… que después algunos de ellos se cambiarían a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres”.


Una apuesta trágica

Cuenta la leyenda que el Panteón de Belén fue testigo de un suceso donde un estudiante de medicina perdió el juicio. Resulta que antaño, los que estudiaban el arte de curar a las personas estaban de internos en el Hospital Civil.

Un día, un entusiasta y valiente estudiante les apostó a sus compañeros que entraría completamente solo al vecino panteón a las ocho de la noche, hora en que se daba el toque de ánimas y, según decían, salían los muertos de sus sepulcros.

Para confirmar su hazaña, les dijo que entraría hasta el fondo del corredor y clavaría un clavo, para que sus incrédulos compañeros lo vieran al siguiente día. Todos estaban a la espera del primer clamor de las ocho de la noche, dado por la campana del Templo de Belén. Al escuchar el primer campanazo, brincó la barda y entró al campo santo caminando con paso firme y seguro al fondo del corredor, cargando en sus manos un martillo y un clavo.

Cuando llegó al fondo del oscuro corredor, clavó el puntiagudo metal, pero al retirarse notó que alguien lo detenía. ¡Se le heló la sangre!, pues por más esfuerzo que hacía por correr, sentía que una tétrica mano lo tomaba fuertemente del hombro. Quiso gritar, pero no pudo; un nudo en la garganta se lo impidió. Estaba tan asustado y desesperado que se desmayó.

Sus compañeros, notando que había pasado una hora y no volvía, entraron al cementerio para ver qué había sucedido. Lo encontraron tirado en el suelo, pero sujeto a la pared con la capa clavada por el clavo. El estudiante volvió en sí, pero despertó completamente loco...


Algunos personajes enterrados en el recinto

Esteban Alatorre: Abogado especializado en Derecho. Nunca aceptó un puesto público.

Joaquín Angulo: Miembro del Foro Jalisciense y gobernador del Estado.

Fortunato Arce: Médico eminente, perteneció a la Academia Nacional de Medicina.

Jesús Camarena: Diputado local y federal, gobernador interino, varias veces presidente del Supremo Tribunal de Justicia y gobernador del Estado.

Juan Carlos Gonzalez Velazquez:piloto aviador en fuerza aérea mexicana.

Ramón Corona: Gobernador del Estado (sus restos descansan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres).

Juan N. Cumplido: Miembro de la Sociedad Patriótica de Guadalajara, diputado en varios congresos, vicegobernador de Jalisco, gobernador interino y gobernador de Jalisco.

Gregorio Dávila: Secretario del Ayuntamiento, diputado federal y local, secretario de Gobierno, inspector de la Guardia Nacional y gobernador del Estado.

Pbro. Severo Díaz: Historiador, director del Observatorio Astronómico de Ciudad Guzmán y de Guadalajara (sus restos descansan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres).

Enrique Díaz de León: Primer rector de la Universidad de Guadalajara, diputado federal y local (sus restos descansan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres).

Gral. Manuel M. Diéguez: Gobernador, precursor del Movimiento Obrero, estadista y legislador (sus restos descansan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres).

Pedro A. Galván: Gobernador del Estado.

Jacobo Gálvez: Constructor del Teatro Degollado (sus restos descansan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres).

Aurelio L. Gallardo: Escritor y poeta.

Manuel Gómez Ibarra: Arquitecto constructor del Panteón Belén. Epigmenio González: Mártir de la Independencia.

Alfonso Gutiérrez Hermosillo: Poeta.

Ignacio Herrera y Cairo: Médico cirujano defensor de los indios en los litigios sobre la tierra.

Manuel López Cotilla: Educador, formuló el plan para el arreglo de la institución primaria, proyectó la enseñanza Normal y publicó los primeros libros de texto (sus restos descansan en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres).

Juan B. Matute: Ingeniero que se dedicó al trabajo hidráulico en la Hacienda del Estado y profesor del Liceo de Varones.

Gral. Silverio J. Núñez: Segundo gobernador del Estado de Colima.

Aurelio Ortega: Educador, director de la Escuela Normal de Varones, director de Educación.

Alfredo R. Plascencia: Poeta.

Dionisio Rodríguez: Abogado y benefactor, secretario del Ayuntamiento, diputado local.

José Rolón: Compositor.

Enlaces externos[editar]