Liga Comunista 23 de Septiembre

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Liga Comunista 23 de Septiembre
Activa 1973 a 1990
País México
Tipo Guerrilla
Tamaño 388 elementos,[1] 400 elementos[2]
Cultura e historia
Aniversarios 15 de marzo de 1973
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La Liga Comunista 23 de Septiembre fue un movimiento guerrillero marxista-leninista urbano que emergió en México durante los primeros años de la década de 1970. A diferencia de otros movimientos guerrilleros, la Liga 23 de Septiembre tenía una importante presencia en las grandes ciudades, entre ellas Guadalajara (Jalisco), Monterrey (Nuevo León) y la Ciudad de México. Nació como resultado de la fusión de varios movimientos armados de ideología socialista, y tomó como nombre la fecha del ataque de una guerrilla al Cuartel de Madera (Chihuahua), liderado por el profesor Arturo Gámiz, ocurrido el 23 de septiembre de 1965.

Historia[editar]

La Liga comenzó a formarse a partir de un grupo originario de Sonora en 1967 que entró en contacto con dos sobrevivientes del ataque a Madera, Óscar González Eguiarte (asesinado por el ejército en 1968 en Tezopaco, Sonora) y Salvador Gaytán. La nueva organización clandestina se llamó Movimiento 23 de Septiembre (M-23).

Hacia finales de 1970, Salvador Gaytán entró en contacto con el líder del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), Fabricio Gómez Souza. En 1971 se fusionan los cuadros del M-23 y el MAR, dando origen al Movimiento de Acción Revolucionaria 23 de Septiembre (MAR-23). A finales de este mismo año el MAR-23 buscó una relación con la organización clandestina de Chihuahua, Los Procesos. En 1972 fueron capturados varios cuadros de estas organizaciones clandestinas en Jalapa, Acapulco y la Cd. de México. Este año murió el líder de Los Procesos, Raúl Ramos Zavala, profesor universitario de la entonces Escuela Nacional de Economía de la UNAM, miembro de las Juventudes Comunistas de México, sección juvenil del Partido Comunista Mexicano del cuál se escindió.

En estas circunstancias, la fusión que dio origen a la Liga Comunista 23 de Septiembre quedó terminada oficialmente el 15 de marzo de 1973. Las negociaciones estuvieron a cargo de José García Wenceslao y Manuel Gámez Rascón, por el MAR-23, y de Ignacio Arturo Salas Obregón, por parte de Los Procesos. José García Wenceslao ("Sam") era profesor normalista e indígena de Oaxaca; se había entrenado con otros 52 militantes del MAR en Corea del Norte. Manuel Gámez Rascón ("Julio") había estudiado Ingeniería Química en Guadalajara y era originario de Obregón, Sonora. Ignacio Salas Obregón ("Oseas") perteneció a las Juventudes Comunistas Cristianas de Monterrey. Participaron en la fusión también: el Frente Estudiantil Revolucionario de Guadalajara, el Movimiento Estudiantil Profesional (estudiantes cristianos) de Monterrey, los Enfermos de Sinaloa (estudiantes de la FEUS), el Comando Lacandones (estudiantes del IPN y de la UNAM), Los Guajiros, Los Macías y el grupo Oaxaca.

La Liga Comunista 23 de Septiembre estuvo involucrada en varios hechos de violencia que pretendían poner fin al régimen priísta de México, al que acusaban de autoritario y corrupto. La idea principal de la Liga era la incorporación de la clases populares a la lucha armada en México. Intentó articularse a la guerrilla del Partido de los Pobres de Lucio Cabañas, pero no fueron aceptados por esta organización de la Sierra Madre del Sur, dado que Lucio Cabañas disputaba el control de su organización con Carmelo Cortés y temía que la Liga lo despojara del mando. En la versión de Cabañas los acusó de querer imponer la ideología de la Liga al partido de los pobres.

Tuvo un periódico, distribuido en la clandestinidad, en el que estableció sus principios teóricos y análisis de la realidad nacional. Se llamó Madera y llegó a editar 58 números.

Una acción notable de la Liga fue el robo a la empresa IEM en su planta del Valle Ceylán, zona conurbada de la Cd. de México, el 12 de abril de 1973. Estos secuestros y asaltos tenían por objetivo conseguir la liberación de rehenes políticos y la obtención de recursos económicos para la lucha clandestina. Tres acciones que buscaban el secuestro de personalidades terminaron en fracaso, la muerte de guerrilleros, y generaron una respuesta cruel y aplastante por parte del gobierno mexicano: el intento de secuestro y muerte de Eugenio Garza Sada el 17 de septiembre de 1973; la tentativa de secuestro de Margarita López Portillo, hermana del entonces presidente electo de México, José López Portillo, en septiembre de 1976,[3] [4] y el secuestro del cónsul inglés de Guadalajara y el empresario tapatío Fernando Aranguren, en octubre de 1973, que concluyó con la liberación del primero y la muerte del último.

La Liga Comunista 23 de Septiembre fue desarticulada por la guerra sucia en México emprendida por el gobierno. Muchos de sus integrantes fueron detenidos y desaparecidos, sin que hasta el momento se tenga noticia de su paradero. También existieron purgas internas en las que se dio muerte a militantes y líderes bajo acusaciones de desviaciones ideológicas o morales.

El último líder oficial de la Liga, Miguel Angel Barraza García ("El Piojo Negro"), que también fungía como jefe del comité de redacción del periódico Madera, fue muerto el 24 de enero de 1981, cerca de Ciudad Universitaria, por agentes de la Brigada Blanca, el principal comando contraguerrillero del gobierno federal, creado en 1976 y disuelto en 1983. No obstante, la Liga desapareció hasta 1990, luego de un proceso de descomposición interna y de un sanguinario combate en su contra.

Se calcula que de 533 desaparecidos políticos de la guerra sucia, 151 pertenecían a la Liga Comunista 23 de Septiembre. La desaparición de Jesús Piedra Ibarra propició el surgimiento del Comité ¡Eureka!, que hasta la actualidad sigue demandando el esclarecimiento del paradero de los desaparecidos por la Guerra Sucia.

La Brigada Blanca[editar]

La Brigada Especial, como se le llamó oficialmente a la Brigada Blanca, integró en junio de 1976 un grupo con 240 elementos, entre policías capitalinos y mexiquenses; militares y personal de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), así como de la Policía Judicial Federal, para “investigar y localizar por todos los medios a los miembros de la llamada Liga Comunista 23 de Septiembre".

La orden era limitar las actividades de la liga y "detener” a los guerrilleros que actuaban en el valle de México, revelan documentos obtenidos de la Procuraduría General de la República (PGR), que son el respaldo de las investigaciones que aún se realizan en torno a hechos sucedidos durante la llamada guerra sucia.

Según los reportes oficiales, aunque la Brigada Blanca se formó en 1972 y operó en Guerrero, Sinaloa, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, Puebla y Morelos, fue hasta junio de 1976 cuando el gobierno de Luis Echeverría decidió que se integrara un grupo especial que actuara en la ciudad de México, y en el que los mandos estaban en manos del coronel Francisco Quiroz Hermosillo, el capitán Luis de la Barreda Moreno y Miguel Nazar Haro.

Los documentos consultados tienen su original bajo resguardo en el Archivo General de la Nación. En ellos se detalla el “Plan de Operaciones Número Uno: Rastreo”. El grupo contaba con 55 vehículos, 253 armas: de ellas 153 eran Browning calibre nueve milímetros.

Según estos informes, de los cuales La Jornada posee copia, cada agente, sin importar si era militar o no, recibía compensaciones mensuales de tres mil pesos, y sus “gastos generales” eran: “los que sean necesarios”.

El llamado “cuadro de necesidades” señala que los agentes de la Brigada Blanca utilizaban o tenía presupuestados 3 mil 300 litros de gasolina diarios y refiere que se dio la siguiente recomendación: “sería conveniente que Pemex satisficiera de este combustible a la gasolinería del Campo Militar número Uno, para que de ahí se surta a las unidades”. También se consumían 70 litros de aceite “por día”.

Los documentos acreditan que la DFS y particularmente la Brigada Blanca contaba con: “instalaciones dentro del Campo Militar número Uno”, había “oficinas, mobiliario, artículos de oficina y alojamiento para 80 personas; cada grupo descansaría 24 horas; otros estarían en entrenamiento y el resto en actividad, distribuidos”.

La Operación Rastreo en el Distrito Federal y los municipios conurbados de la capital mexicana estaba dividida en “grupos operativos”, integrados cada uno por “dos vehículos con ocho elementos y una motocicleta con dos agentes que operarían conjuntamente en su área designada”.

También había “tres grupos de localización y neutralización de artefactos explosivos, compuestos cada uno de cinco elementos y un vehículo.

“Cada grupo de acción integrado por 10 elementos con armamento especializado.

“Grupos de interrogadores compuestos por cuatro elementos especializados.

“Grupo aéreo, operará dos helicópteros de la Dirección General de Policía y Tránsito que funcionarán uno en el aire y el otro en alerta terrestre, durante horas de visibilidad.”

Las “áreas críticas”, según los documentos, eran Cuautitlán-Zumpango-Tlalnepantla; La Venta-Ciudad Azteca-Ecatepec-Campestre Guadalupana-Santa Clara-Xalostoc; Cuchilla del Tesoro-Agrícola Oriental-Romero Rubio; Iztapalapa-Tláhuac-Churubusco; Coapa-Xochimilco-Tlalpan; Álvaro Obregón-Magdalena Contreras; Santa Fe-Olivar del Conde; Naucalpan-San Mateo-Atizapán.”

Los integrantes de esta operación se sometieron a un programa de entrenamiento que incluía: “información y análisis sobre la integración, desarrollo y actividades de la llamada Liga Comunista 23 de Septiembre; conocimientos sobre armamento y prácticas de tiro; técnicas de seguridad; entrenamiento físico y combate sin armas; comunicaciones y codificación; conducción de vehículos en patrullaje y conservación del equipo de trabajo”.

También eran adiestrados en la “fabricación de artefactos explosivos e incendiarios; técnicas de búsqueda y seguridad y neutralización de artefactos explosivos”.

Cada agente contaba con “dos cargadores para sus pistolas Browning, igual número para las carabinas M-1”. La dotación inicial de cartuchos fue de 15 mil 300 para pistola; 30 mil 600 para el adiestramiento; 11 mil para carabina con el fin de usarse en enfrentamientos con grupos de guerrilleros; 11 mil para carabina para ser usados en el entrenamiento; 2 mil 750 cartuchos para escopeta para uso en operaciones, y 5 mil 500 para adiestramiento.

Los equipos de radiocomunicación que usaban estaban “constituidos por una central y 55 corresponsales. Se emplearía de momento patrullas de la Dirección General de Policía y Tránsito del Departamento del Distrito Federal”.

El Plan Rastreo consideraba que durante los primeros meses de 1976 los miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre desarrollaron “una serie de acciones a mano armada, que han motivado la alteración del orden público y puesto en entredicho la eficacia del sistema de seguridad gubernamental.

“Para realizar sus acciones (la liga) está organizada en comandos independientes que cubren las áreas más críticas del valle de México, concentrándose principalmente en zonas fabriles, estudiantiles y de construcciones, en las que busca cubrirse y donde tienen oportunidad de distribuir literatura de carácter subversivo o realizar pintas en contra del gobierno y la burguesía.

“Las áreas de acción de la liga generalmente están localizadas en razón de sus casas de seguridad, a fin de tener oportunidad de despistar a las corporaciones policiacas; sus objetivos, normalmente son el asesinato de agentes policiacos en situación pasiva, evitando los encuentros directos, así como asaltos y secuestros por los que piden como rescate varios millones de pesos, con los que día a día se fortalecen, teniendo medios para comprar armas, alquilar casas y para mantenerse en la clandestinidad”.

Las acciones de “rastreo permanente” iniciaron “a partir del 7 de junio de 1976 en zonas críticas del valle de México”.

Inclusive se planeó ofrecer 100 mil pesos de recompensa a quienes delataran a los guerrilleros, y una campaña mediática que incluyera “el anonimato absoluto”, con la “garantía de que no se daría molestias al denunciante”; los recursos para pagar saldrían de “un fideicomiso, creado para tal objeto, lo cual no sería criticado por la opinión pública”, y se ofrecería “protección policiaca sin límite al denunciante y sus familiares”.

Para el gobierno, según los documentos, las delaciones no debían sentirse como “un acto denigrante, sino por el contrario, como una actitud patriótica y viril”. Era parte de la guerra sucia en México.

Los grupos rebeldes

En los años 60 y 70, en México actuaban más de 25 distintas organizaciones guerrilleras, entre ellas el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, el Frente Urbano Zapatista y la Federación de Estudiantes Revolucionarios. La Liga Comunista 23 de Septiembre surgió de la unión del Frente Estudiantil Revolucionario, los Enfermos de Sinaloa, el Comando Lacandones, Los Guajiros y miembros del MAR.

Ante las acciones guerrilleras, el gobierno respondió con la creación de la Brigada Blanca, que entre otros, estuvo integrada por Arturo Acosta Chaparro, Francisco Quiroz Hermosillo, Miguel Nazar Haro, Salomón Tanuz y Francisco Sahagún Vaca.

La Brigada Blanca fue el instrumento para aplastar a las organizaciones armadas de esa época.

http://www.jornada.unam.mx/2008/07/07/index.php?section=politica&article=014n1pol El gobierno creó en 1976 brigada especial para “aplastar” a guerrilleros en el valle de México por Gustavo Castillo García (La Jornada)

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. General Mario Arturo Acosta Chaparro, Movimiento Subversivo en México, enero de 1990, Secretaría de la Defensa Nacional.
  2. Centro de Investigaciones Históricas de los Movimientos Armados.
  3. EFE (13 de agosto de 1976). «Secuestro fallido contra la hermana del presidente electo de México». El País. Consultado el 17 de septiembre de 1976.
  4. Zarembo, Alan (25 de junio de 2001). «Desapariciones lado oscuro del viejo régimen priísta». El Universal. Consultado el 17 de septiembre de 2012.

Enlaces externos[editar]

  • Beltrán del Río, Pascal. "Las ejecuciones internas de la guerrilla", en Proceso, 24 de febrero de 2002.
  • "Raúl Ramos Zavala, ideólogo de la guerrilla urbana. Treinta años después". Proceso.
  • Ramírez Cuevas, "Liga Comunista 23 de Septiembre: Historia del exterminio", La Jornada, suplemento Masiosare, No. 327, 18 de marzo de 2004.

Bibliografía[editar]

  • Reyes Peláez, Juan Fernando,"Introducción a la historia de la guerrilla en México.1943-1983",México, D.F, Editorial Lulu, 2005.
  • Cervantes Mejía, Javier. Raíces, aparición e impacto del levantamiento armado del EZLN: Una aproximación a la historia de la guerrilla en México, 1960-1994, tesis de licenciatura, UAEM, 2007.
  • Gámez Rascón, Manuel. A la luz de esta historia de batallas, mimeo, inédito, 1969.