Isidoro Máiquez

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Isidoro Máiquez
Goya isidoro maiquez.jpg
Isidoro Máiquez, retrato realizado por Francisco de Goya
Nacimiento Cartagena, Región de Murcia
17 de marzo de 1768
Fallecimiento Granada, Andalucía
18 de marzo de 1820 (52 años)
Ocupación Actor
Año de debut 1791
Familia
Pareja Antonia Prado
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Isidoro Máiquez (Cartagena, 17 de marzo de 1768 - Granada, 18 de marzo de 1820), actor español del tránsito entre el siglo XVIII y el XIX, considerado el mejor de su época.

Biografía[editar]

Hijo de cómicos, empezó muy joven en los teatros de Cartagena, Málaga, Valencia y Granada, e hizo su debut en el Coliseo del Príncipe de Madrid en 1791, dentro de la Compañía del actor Martínez, en la que actuaban las mejores actrices del momento, María del Rosario Fernández, "la Tirana", inmortalizada por Goya, y Rita Luna.

Se casó con Antonia Prado, también actriz.

Enfrentado a los convencionalismos y amaneramientos que dominaban la interpretación a fines del siglo XVIII, Máiquez extendió el naturalismo propio de los entremeses de Lope de Rueda a la comedia, al drama y a la tragedia, con lo que pasó de ser un perfecto desconocido a primer actor del Teatro del Príncipe.

Su primera actuación exitosa fue El celoso confundido representada en el Teatro de los Caños del Peral el 20 de junio de 1801.

Admirador de Shakespeare y del gran actor francés de la Revolución François-Joseph Talma, el gobierno español le concedió una pensión de cuatrocientos reales mensuales por mediación del ministro Manuel Godoy para que fuera a conocerlo y a estudiar su técnica en persona a París; regresó en 1802 y consiguió grandes éxitos con Otelo (Shakespeare, 1802), en el Coliseo de los Caños del Peral; Macbeth, un año más tarde; Polinice (Vittorio Alfieri); La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca; Pelayo, de Manuel José Quintana; Bruto, de Alfieri y la Numancia de Miguel de Cervantes.

Introdujo algunas reformas importantes en la vida teatral madrileña, como suprimir los vendedores ambulantes en los teatros y al gracioso que anunciaba a telón corrido las funciones de días sucesivos, dar representaciones de noche y anunciar las comedias en carteles impresos. Imitando a Talma cuidó el vestuario y el decorado en sus actuaciones.

Protegió la incipiente carrera teatral del después famoso comediógrafo Manuel Eduardo de Gorostiza.

Guerra de la Independencia Española[editar]

Al estallar la Guerra de la Independencia participó en el 2 de mayo y fue enviado a Francia como reo de Estado, pero José Bonaparte revocó la orden, le permitió volver a España y le otorgó una pensión de 24.000 reales.

Durante el sexenio absolutista (1814-1820) Máiquez fue perseguido por sus ideas liberales; en 1818 redactó un Reglamento de teatros que fue un modelo de sensatez y reforma de la escena española: se colocaba la autoridad de las compañías bajo el control del corregidor, se fundían los intereses de las dos compañías de verso con una de cantado y otra de baile; se conservaba el cargo de autor; se creaba una junta compuesta por los dos autores y dos cómicos de cada teatro para administrar los fondos; se establecía el anuncio en los carteles del nombre de los artistas; se suprimían los vendedores ambulantes en los teatros; se instituían las representaciones nocturnas; se erradicaba el anuncio, por un gracioso, de las funciones sucesivas; y se establecía la preeminencia del criterio del director en los ensayos y orden del trabajo, resolviendo siempre, en caso de duda o desavenencia, el corregidor; fue desterrado a Ciudad Real y después a Granada, donde murió loco el 18 de marzo de 1820, al poco de triunfar la revolución liberal, cumpliendo la pena que por desacato le había impuesto en Madrid el corregidor José Manuel de Arjona.

Fue retratado por Goya cuando ambos estaban en la cúspide de sus respectivas carreras, en 1807. Fue uno de los pioneros en la defensa de la creación de una Escuela Nacional de Declamación. Enrique Funes, en su La declamación española, escribió sobre él lo siguiente:

Harto consiguió con fundar la dirección de escena, no conocida mientras él no vino [...] Como ingenio de primer orden, se adelanta, realizándose en él y por él la armonía entre la declamación trágica, la de la comedia, la de los géneros intermedios y la de los ínfimos: la recitación y la mímica líganse para engendrar la expresión propia del carácter, de la pasión y de las situaciones, con las indefinidas causas que lo modifican; álzase un trono en el escenario a la verdad y a la belleza. El maestro cuida de que tonos y acción de los actores estén en armonía con la frase, con las ideas y con el diálogo, con los afectos y con las situaciones, con los personajes y con la obra entera, muchas veces con el espíritu del autor y siempre con la naturaleza.

Entre sus discípulos tuvo al gran actor Carlos Latorre.

Fuente[editar]

  • Genoveva Dieterlich, Diccionario del teatro. Madrid: Alianza Editorial, 1995.
  • Manuel Gómez García, Diccionario del Teatro. Madrid: Akal, 1997.
  • Enciclopedia Espasa, tomo 32