Germanía

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La germanía es la jerga usada por presos, criminales, etc. El término germania significa ‘hermandad’ en catalán, (hermandades gremiales), y proviene de la palabra catalana germà, la cual tiene a su vez etimología en el latín germānus, que significa ‘hermano mayor’. El nombre se remonta a ciertas comunidades valencianas destacadas por su rebelión contra la nobleza local en el siglo XVI, pasando luego a denominar su jerga. La jerga hablada por los delincuentes de otros países recibe otros nombres; por ejemplo, el lunfardo en Argentina.

Se ha de tener en cuenta que la germanía originalmente, ni debe ser considerada jerga ni proviene directamente del latín (aunque sí de una lengua de raíz latina) y su trayectoria es mucho más amplia, terminando su deriva en el caló gitano.

La primera dificultad que existe al acercarse a este término es averiguar los límites que presenta con el caló o lengua propia de los gitanos españoles. La germanía es definida como jerga especial de los delincuentes y, aunque antes del siglo XVIII los dos lenguajes se mantuvieran diferenciados, a partir de entonces se confunden.

Procedencia del término germanía[editar]

No es invento jergal, pues es bien conocido el levantamiento de las Germanías en Valencia y Mallorca durante el reinado de Carlos I; así, pues, la palabra está claramente vinculada a la palabra germà de las lenguas de la Corona de Aragón, como el idioma catalán y el idioma aragonés (y corresponde a ‘hermano’ en castellano). La idea de hermandad es muy fuerte en ella; de ahí que se llamara de este modo la asociación de rufianes, ladrones y cualquier tipo de delincuentes en los siglos XV y XVI. Como en el caso del argot francés, que de designar comunidad de malhechores pasa a ser usado en 1680, por Richelet, como designación del lenguaje utilizado por éstos, la germanía española denominó no ya al grupo social, sino también a la lengua propia de él, un lenguaje «definidor de sus condiciones sociales», como dice Salillas.

Puede fijarse la existencia de una jerga delincuente en España anterior al s. XVI. Leyendo el Romance de Perotudo, incluido en los publicados por Juan Hidalgo en el s. XVII, encontramos estos cuatro versos: «Habla nueva germanía / Porque no sea descornado / Que la otra era muy vieja / Y la entrevan los villanos»; prueba esto que esa jerga antigua estaba ya tan difundida que no podía cumplir su fin primario, y en este caso fundamental, de ocultamiento. Rodríguez Marín, en su edición crítica del Rinconete y Cortadillo cervantino, opina que hacia 1580 la vieja germanía decaía.

En 1612, Rodrigo de Reynosa (o Rodrigo de Reinosa) publica en germanía Coloquio entre la Torres-Altas y el rufián Corta-Viento, en dialecto jácaro,[1] de 140 versos: «Vida, pague lo muflido / Tu nante de godería / O entruje tu partido / Que el borce no haya entendido / El garlo de Germanía / Y echa más una charnela / Y por la gomarra torna, / Que no hallará mi suela / Que también te saque muela / Allá a boca de sorna.»

El elemento gitano provocó más tarde la disolución de la germanía. Cuando este pueblo llega a España, entra en contacto con las comunidades delincuentes que viven al margen de la sociedad común, sus lenguajes se influyen mutuamente y si en la germanía de los s. XVI y XVII los gitanismos son casi desconocidos, en la actual predominan. Aunque no se haya formado una sociedad única, gitano-delincuente, la lengua señala esta unión, ya que en la actualidad puede afirmarse que la germanía no se conoce con tal nombre, sino con el de caló jergal. Son ejemplos de términos usados indistintamente: birlesca ‘junta de ladrones’, garfiñar ‘hurtar’, erdicha ‘pobreza’, etc.

Fuentes de estudio[editar]

En 1609 se publica en Barcelona, por Sebastián de Cormellas. el conocido Romancero de germanías, compilado por Juan Hidalgo, al final del cual aparecen las voces recogidas por este autor con el fin de «ayudar a la justicia». Sigue siendo el Vocabulario de Hidalgo, que alcanzó en su época mucha difusión, el más interesante para el estudio de las voces germanescas; se hicieron varias ediciones a lo largo del s. XVII. Ya en el s. XVIII, concretamente en 1737, Mayans y Siscar lo recoge en sus Orígenes de la Lengua Española. Anterior a la obra de Hidalgo, Cristóbal de Chaves, procurador sevillano, publica su Relación de lo que pasa en la cárcel de Sevilla, donde ya aparece la denominación de trena para ‘cárcel’, que pervive hasta nuestros días en la jerga delincuente. Pero es, sobre todo, en la Literatura española del Siglo de Oro, donde encontramos abundantes términos de germanía; Cervantes, Mateo Alemán o Quevedo son una buena razón para que estos vocablos aparezcan en el Diccionario de la RAE a pesar de los «pudores» de algunos filólogos, como Mac Hale, que opinan deberían omitirse en absoluto.

Carácter lingüístico[editar]

La germanía, como cualquier otra jerga, es parasitaria de la lengua común donde crece y se desarrolla; por esto, a la pregunta del autor de The Zincali (Los zíngaros), Georges Borrow, de si todos los lenguajes rufianescos tendrán un origen común, resultaría bastante difícil contestar que sí. Pero hay que señalar, sin embargo, que aunque no haya una jerga internacional, sí pasan términos de una a otra; así, la germanía española presta al argot francés (ejemplos de ello son: cabéche, caboche, usado ya familiarmente con el significado de ‘cabezón testarudo’). La germanía sustituyente de la anterior al s. XVI se formó, según Rodríguez Marín, con voces castellanas usadas tropológicamente y de otras antiguas perdidas para la lengua común; cita almifora ‘mula’ y criojero ‘carnicero’, registrado en el Diccionario de Besses.

Cabría preguntarse si, dentro del campo de las jergas la germanía o el actual caló jergal está más cerca de las llamadas jergas técnicas o de los argots crípticos. Las primeras surgen por necesidad de precisión, de adecuar término a cosa, bien porque ésta sea desconocida para la lengua común, bien porque el aspecto que de ella interese a determinado grupo profesional sea diferente al que ve el hablante corriente. En este caso, si la lengua no cuenta más que un término, la jerga técnica se ve en la necesidad de crear otros nuevos.

El argot críptico, por el contrario, no se limita a términos de oficio, sino que sustituye los usuales por otros que designan la misma cosa. Tenemos buenos ejemplos en el español coloquial; tener canguelo, ‘tener miedo’, es una expresión oscura para un hablante extranjero que no haya tenido un contacto muy directo con el español. A distinto nivel, es el mismo fenómeno que ocurre con los argots crípticos.

Se puede afirmar que la germanía participa de las dos características. Como lengua propia de un grupo profesional, distinguirá operaciones que para el habla común se designan con un solo término. P. ej., el ladrón, según su especialidad o forma de robar: alcatifero, ‘roba en tiendas de seda’; chinador, ‘corta la ropa para robar la cartera’; percador o picador, ‘roba con ganzúa’; gomarrero, ‘roba gallinas’. Para conseguir su fin críptico, la germanía acude a la alteración fonética: lepar, ‘pelar’; a los extranjerismos: grido (griddo, italiano) ‘grito’, alarse (s'aller, francés) ‘irse’; pero, sobre todo al uso metafórico: «Al procurador remedio / al letrado llama amparo / al procurador en contra / llama, con razón, padrastro»; la cárcel es llamada madrastra, angustia, trabajo, temor; metáforas tan simples no necesitan explicación. Por tanto, la germanía no sólo intenta ser un instrumento de comunicación para los miembros de un cierto tipo de sociedad, sino que procura que dicho instrumento sea desconocido para cualquier hablante no perteneciente a ella. De todo ello podemos afirmar que la germanía es una jerga cripto-técnica.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • M. V. Romero Gualda, Germania (lingüística).
  • B. Barsealy Dávila y Pérez, Apuntes del dialecto “caló” o gitano puro, Madrid 1943.
  • L. Besses, Diccionario de argot español, Barcelona.
  • La vida del pícaro, ed. crítica por A. Bonilla San Martín, París 1902.
  • J. Hesse, Romancero de Germanía, Madrid 1967.
  • J. Hidalgo, Romances de Germanía, Madrid 1779.
  • G. Mayans y Siscar, orígenes de la Lengua Española, Madrid 1737.
  • R. Salillas, El delincuente español, Madrid 1896.
  • J. M. Hill, Poesías germanescas, Bloomington 1945.
  • J. M. Hill, Voces germanescas, Bloomington 1949.

Enlaces externos[editar]