Mateo Alemán

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Mateo Alemán
Retrato de Mateo Alemán.jpg
Retrato de Mateo Alemán. Grabado en cobre de Pedro Perret aparecido en la edición príncipe del Guzmán de Alfarache, Madrid, Várez de Castro, 1599.
Nombre de nacimiento Mateo Alemán y de Enero
Nacimiento Septiembre de 1547
Sevilla
Defunción 1614[1]
México, Nueva España
Ocupación Escritor
Período Siglo de Oro
Género Novela
Obras notables Guzmán de Alfarache
Cónyuge Catalina de Espinosa (Sevilla)
Francisca Calderón (Madrid)[1]
Descendencia Antonio
Ana
Margarita
(3 con Francisca Calderón)[1]
Firma Firma mateo alemán signature.jpg
Óleo sobre lienzo pintado en el siglo XIX, obra de Manuel Cabral y Aguado Bejarano, inspirado en un grabado aparecido en su obra San Antonio de Padua, de 1605. Se encuentra en la Galería de Sevillanos Ilustres de la Universidad de Sevilla.

Mateo Alemán y de Enero (Sevilla, septiembre de 1547 - México,[3] 1614[1] ) es un escritor español del Siglo de Oro conocido fundamentalmente por la novela picaresca Guzmán de Alfarache, publicada en dos partes, en 1599 y 1604, que estableció y consolidó los rasgos característicos de dicho género.

Biografía[editar]

Fue bautizado en la iglesia colegial del Divino Salvador el 28 de septiembre de 1547, como hijo de Hernando Alemán, del que se discute su origen converso (entre sus antepasados pudo haber un judaizante que murió en la hoguera)[4] y médico-cirujano de la Cárcel Real de Sevilla desde 1557, y su segunda esposa, Juana de Enero, hija de un comerciante de ascendencia florentina. Nació, pues, el mismo año que Miguel de Cervantes, pero su concepción de la vida es misantrópica y mucho más pesimista que la de éste:

Todos vivimos en asechanza los unos de los otros, como el gato para el ratón y la araña para la culebra

Se cree que empezó a estudiar Humanidades en el estudio de Juan de Mal Lara; en todo caso, se graduó de bachiller en Artes y Teología (1564) en la universidad llamada Maese Rodrigo. Después estudió Medicina en la Universidad de Salamanca y en la Universidad de Alcalá de Henares, pero al morir su padre en 1567 quizá abandonó los estudios, puesto que no figura en los libros como licenciado.

En otoño de 1568 ya está en Sevilla, y él y su madre reciben un préstamo del capitán Alonso Hernández de Ayala, a condición de que Mateo se casase con doña Catalina de Espinosa si no devolvía el dinero en el plazo establecido; aunque Alemán intentó aplazar el compromiso, tuvo que casarse con doña Catalina, a riesgo de ser encarcelado; el matrimonio terminaría años después en separación.

Ejerció como recaudador del subsidio de Sevilla y su arzobispado; en Madrid, le nombraron contador de Resultas en la Contaduría Mayor de Hacienda. Desde 1573 residió en Sevilla, donde tenía diversos negocios según los documentos; en uno vende una esclava morisca, en otro, compra una capilla para la cofradía de los Nazarenos. Le encarcelaron por deudas en 1580 y pasó en la cárcel de Sevilla dos años y medio, donde aprovechó para asimilar las costumbres de la vida criminal que luego aparecerán en su famosa novela Guzmán de Alfarache y que ya debía de conocer a causa de la profesión del padre.

Aunque hizo información para pasar a las Indias, no llegó a hacerlo en aquel momento. En 1586 se hallaba en Madrid. En 1593 viajó a Almadén como juez visitador para inspeccionar las famosas minas de mercurio arrendadas por el monarca a los banqueros alemanes Fugger o Fúcares. Se conserva la relación que escribió con tal motivo, para la cual tuvo que interrogar a varios reos forzados a trabajar allí, que debieron de inspirarle algunos personajes y pasajes de su obra. En su encuesta a los penados se describen algunos hechos como el que sigue: en su declaración, Fray Juan de Pedraza habla, contestando a la pregunta de Mateo Alemán, sobre los tratos que daba a los forzados Miguel Brete:

en el tiempo que fue veedor andaba con un bastón hacía entrar a los forzados en el horno, estando abrasando, a sacar las ollas y que del dicho horno salían quemados y se les pegaban los pellejos de las manos a las ollas y las suelas de los zapatos se quedaban en el dicho horno y las orejas se les arrugaban hacia arriba del dicho fuego y que de la dicha ocasión habían muerto veinticuatro o veinticinco forzados... Entre los cuales han muerto en la dicha ocasión se acuerda este testigo de un esclavo de los Fúcares que se llamaba Francisco el Morisco y otro esclavo de un vecino de Toledo que se llamaba Juan Bautista y el amo Francisco de Tapia, que era forzado, y el dicho esclavo servía en su lugar... y vio este testigo que morían sin juicio y haciendo bascas como hombres rabiosos... y otros fueron rabiando que era menester atarlos de pies y manos y aun las cabezas y sabe que algunos de ellos murieron sin confesión ni sacramentos [...]

German Bleiberg, El «Informe Secreto» de Mateo Alemán sobre el trabajo forzoso en las minas de Almadén.

Una vez de vuelta a la Corte empezó a elaborar traducciones de varias odas de Horacio y redactó un prólogo para los Proverbios morales de Alonso de Barros, impresos en Madrid en 1598. También escribió la Primera parte de Guzmán de Alfarache, terminada a fines de 1597 y editada en 1599. Esta obra, una novela picaresca, estableció el canon del género a imitación del Lazarillo de Tormes y alcanzó un éxito formidable en España y Europa.

En 1601 volvió a Sevilla comido de deudas, por las que fue encarcelado otra vez en 1602 hasta que lo sacó su pariente Juan Bautista del Rosso. Este mismo año se publicó en Valencia una segunda parte apócrifa del Guzmán de Alfarache, escrita por Mateo Luxán de Sayavedra (seudónimo del abogado valenciano Juan Martí), y ambas partes se publicarían en Milán en 1603, atribuidas a Mateo Alemán. Una tercera parte debida al portugués Machado de Silva aparecerá mucho después de la muerte de ambos hacia 1650.

Alemán, enfadado y espoleado por esa segunda parte, se propuso acabar definitivamente su segunda parte; en 1604 publicó en Sevilla la primera edición de su Vida de san Antonio de Padua y en Lisboa, la auténtica Segunda parte del Guzmán de Alfarache, también en ese mismo año. El éxito europeo de su obra fue formidable: casi de inmediato salía una traducción italiana de las prensas venecianas de Barezzi (1606); en alemán se publicó en Múnich en 1615; G. Chappuys, tradujo al francés la primera parte, imprimiéndola en París en 1600; J. Chapelain tradujo las dos partes de la novela al francés y las publicó en París en 1620; dos años después se estampaba en Londres la versión inglesa de James Mabbe que, en un prólogo extraordinario, dice del pícaro Guzmán que era «semejante al navío que anda dando bordes en la ribera, y nunca acaba de tomar puerto». En 1623, en Colonia, se publicó la primera de las dos traducciones al latín que se hicieron del Guzmán en el siglo XVII.

En 1608 obtuvo licencia para pasar a México, ciudad a donde llegó ya viejo y cansado, y entró a servir al arzobispo fray García Guerra. En 1609 publicó una Ortografía castellana, que defendía la tendencia fonetista frente a la etimologista. En 1613 escribió Sucesos de don fray García Guerra, arzobispo de México, a cuyo cargo estuvo el gobierno de Nueva España, obra que incluye una "Oración fúnebre" en memoria del prelado. En 1615 residía en la localidad mexicana de Chalco.[3] No se tienen más datos de él y debió morir poco después.

Obra[editar]

La obra "Ortografía castellana" de Alemán, editada en México. Biblioteca Digital Hispánica (Biblioteca Nacional de España).

La obra maestra por la que se le recuerda es fundamentalmente el Guzmán de Alfarache, novela picaresca conocida como El pícaro por antonomasia, en la lengua de la época y publicada en dos partes: la primera en Madrid en 1599 y una segunda en Lisboa en 1604 con el subtítulo de Atalaya de la vida humana. La narración es autobiográfica como en el Lazarillo de Tormes, aunque el personaje posee una doble dimensión, como pícaro y como pecador arrepentido, que corresponden a las dos fases sucesivas de su vida.

La novela se convirtió en el primer best seller de la historia, siendo traducida al inglés, al italiano, al latín, al alemán y al francés.[2] Influyó en la literatura de toda Europa.[2] Si bien se suele citar a El Quijote como la primera novela moderna, otros opinan que ese mérito corresponde a Guzmán de Alfarache[2] y que esta novela influyó enormemente en Cervantes.[2]

El relato principal, narrado en un primoroso estilo, se halla cuajado de digresiones didáctico-moralizantes y ejemplos eruditos antiguos y modernos, sacros o profanos; dominan sin embargo Séneca, el Evangelio, el refranero popular y los lugares comunes de la predicación de la época. También se introducen novelas cortas como la novela morisca "Ozmín y Daraja", y otras de inspiración más bien italiana como la de "Dorido y Clorinia" o la historia de "Bonifacio y Dorotea", quizá con la función de reposar la acción principal.

El Guzmán consolidó la fórmula de la novela picaresca en España y Europa, pues fue muy traducida, a veces incluso expurgada de las digresiones de tono moral que trufaban la narración, lo que impedía el propósito moral que el autor se había propuesto; éste había prometido una tercera parte que no llegó nunca a publicar.

La principal característica de la filosofía de la vida emanada del Guzmán de Alfarache es un misantrópico pesimismo: la vida del hombre es una milicia en la tierra contra un mundo hostil que se mueve por la violencia; el protagonista intenta una y otra vez reformarse pero siempre vuelve a caer en el vicio, a la manera de Sísifo. Tan negra visión se suele atribuir a la atribulada vida del autor, o a su condición de descendiente de judíos conversos; en todo caso, las restantes obras del autor atestiguan que se trata de un moralista cristiano imbuido de la convicción de la absoluta igualdad de todos los hombres, y de la valoración de la virtud propia y de la dignidad por encima de los grupos y las castas.

Notas[editar]

  1. a b c d Villegas, Felipe (31 de julio de 2011). «Un historiador halla pruebas de que Mateo Alemán murió en 1614 en la extrema pobreza». ABC de Sevilla. 
  2. a b c d e Pradas, Miguel (31 de julio de 2009). «'Sin Mateo Alemán, 'El Quijote' no sería hoy lo que es'». El Mundo. 
  3. a b Mateo Alemán residía en la localidad mexicana de Chalco. Véase Evelyn Picon Garfield, Iván A. Schulman, Las literaturas hispánicas: introducción a su estudio, Wayne State University Press, 1991, vol. 2, pág. 119. ISBN 978-0-8143-1864-5
  4. Richard O. Jones, en su Historia de la literatura española, vol. 2: Siglo de Oro: prosa y poesía., Barcelona, Ariel, 2000 (14ª ed. rev., 1ª en inglés de 1971), pág. 192. ISBN 84-344-8366-1 , dice al respecto:

    Mucho se ha dicho de la supuesta ascendencia judía de Mateo Alemán. Recientemente se ha demostrado lo frágil y dudoso de la prueba [en referencia al artículo de E. Asensio, «La peculiaridad literaria de los conversos», Anuario de Estudios Medievales, 4, Barcelona, 1967, págs. 328-329], y no debe volver a afirmarse, a no ser que aparezca una evidencia nueva. Es casi cierto que Guzmán de Alfarache no derivó de una secreta angustia: los testimonios describen a Mateo Alemán como un hombre influyente y respetado

    Por su parte, José María Micó, en el estudio introductorio (págs. 15 - 102) a su edición de la primera parte del Guzmán de Alfarache (Madrid, Cátedra, 1987, pág. 15), ISBN 84-376-0685-3 , aduce, citando a Alberto Blecua, que

    «Se supone por conjeturas verosímiles, que no probatorias» que la rama paterna del escritor entroncaba con un Alemán, mayordomo de Sevilla a fines del siglo XV, cuyo fin en la hoguera inquisitorial nos desvela su condición de converso y la escarnecedora certidumbre de quienes le llamaban Poca sangre. Y creo que muy poca ya, efectivamente, la que llega a salpicar de amargura conversa las páginas de su posible descendiente.

    Pese a estas opiniones críticas, la ascendencia conversa de Mateo Alemán se viene reproduciendo en manuales y biografías sin que la sostenga una evidencia definitiva.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]