Rinconete y Cortadillo

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Rinconete y Cortadillo
1613 cervantes novelas exemplares.png
Autor Miguel de Cervantes
Género Novela picaresca, Sátira
Idioma castellano
Título original Novela de Rinconete y Cortadillo[1]
País España
Fecha de publicación 1613

Rinconete y Cortadillo (o Novela de Rinconete y Cortadillo),[1] obra de Miguel de Cervantes, es una de las doce narraciones breves incluidas en las Novelas ejemplares

Es un retrato picaresco de la actividad delictiva en la época de Cervantes, sin embargo, como bien lo argumenta Carlos Blanco Aguinaga en uno de sus ensayos críticos, la de Cervantes no es propiamente una novela picaresca, pues trasciende los presupuestos que ese género literario poseía, y proyecta a sus personajes hacia una profundidad muy característica, distante por mucho de otras creaciones parecidas, como La vida del Buscón o el Guzmán de Alfarache.[cita requerida]

Cervantes hace referencia a ella en el capítulo 47 de la primera parte de El Quijote, por lo que aunque las Novelas ejemplares se publicaron después, esta obra ha de ser anterior a la primera parte de El Quijote.

Picaresca y literatura[editar]

La literatura picaresca surge en una situación histórica y social concreta como la que se da en la España de los siglos XVI y XVII. Literariamente el pícaro es un producto de esta época puesto que como elemento social lo podemos encontrar en otras sociedades y otros tiempos. La novedad está en que en esos siglos se produce una proliferación de tales personajes por la confluencia de factores económicos, sociales, políticos y espirituales. Es cierto que la decadencia económica y moral que afectaba a España en aquellos momentos, propició la multiplicación del lumpen; sobre todo cuando la riqueza que seguía recibiendo España no repercutía en las clases bajas, ni tampoco en la prosperidad general del país, al contrario que en otros estados europeos. De ella solo se beneficiaba una clase social cuya ostentación y lujo producían un fuerte contraste con la miseria de los bajos estratos sociales. Consecuencia directa de la crisis económica fue la aparición de multitud de pícaros, ladrones y pedigüeños.

España quedó rezagada del resto de naciones europeas en las que se fue imponiendo el avance técnico y la vida burguesa. El desinterés de España hacia estos modelos fue producto de los ideales del Imperio (religión, patriotismo, valor y honor), reforzados por la reacción contrarreformista. Este desdén se manifiesta fundamentalmente en dos formas: la espiritualista, producto de la cual será la literatura mística, y la picaresca, que supone el rechazo de la vida burguesa. Efectivamente, al pícaro le gusta la aventura y es básicamente nómada, pues no es amigo de permanecer demasiado tiempo en un mismo lugar. Ejemplo de ello encontramos en Rinconete y Cortadillo, pues ambos pícaros escapan de sus casas, uno de ellos -Cortado- porque le aburre la aldea. En el pícaro se manifiesta también el amor al dinero, ese dinero que en grandes cantidades circulaba por España, pero del que se beneficiaban muy pocos. En este personaje se da también un deseo de libertad e independencia que refleja, en cierto modo, el ideal individualista de la época

Ángel González Palencia en su obra La España del Siglo de Oro retrata acertadamente al pícaro de esta manera:

... es producto del orgullo nacional, en una clase de gentes no habituadas al trabajo, y que viven de ciertos servicios, y no se avergüenzan de comer la sopa de los conventos. Literariamente es el pícaro, hombre que, sin ser verdaderamente criminal, pertenece al hampa; tiene pocos o ningunos escrúpulos, particularmente en proporcionarse medios de mantenimiento; es humano, buen creyente, aunque pecador; no está habituado en modo alguno al trabajo regular y constante, sino que es perezoso y holgazán; su ocupación normal es la de servir a otro; hurta pero no roba, es astuto, ingenioso e imprevisor y simpático

Sin duda esta detallada descripción encaja con nuestros personajes.

La correlación entre decadencia y literatura picaresca queda demostrada al comprobar que el auge de ésta coincide con aquélla. En este sentido hay autores que consideran El Lazarillo de Tormes una anticipación de la novela picaresca. Lo cierto es que el pícaro es un personaje real en la vida, que cobra interés literario con el Lazarillo y tiene su auge en el siglo XVII con obras de la importancia de Guzmán de Alfarache, seguida de otras como pueden ser La vida del Buscón o Estebanillo González entre un largo etcétera.

La Sevilla de Rinconete y Cortadillo[editar]

Sevilla era en esta época el principal puerto de España. Los galeones reales llegaban a esta ciudad procedentes de América con cargamentos de oro y otras riquezas. El comercio exterior estaba también centralizado en el puerto sevillano, donde se encontraba la Inspección Central de Impuestos. Allí se hallaban establecidos comerciantes de muchos países. Debido a todo ello, esta ciudad andaluza era posiblemente en ese momento la más rica de España, de ahí que resultara sumamente apropiada para el hampa. El hervidero de gente que debía ser Sevilla ofrecía muchas posibilidades al pícaro, lo que la convertía en una ciudad atractiva. A este respecto es curioso observar como Rincón y Cortado se dirigen a Sevilla, o como Guzmán de Alfarache parte de Sevilla al igual que Pablo de El Buscón. Se trata de tres ejemplos de la literatura picaresca.

Sevilla era una ciudad cosmopolita por su carácter comercial y -como toda ciudad cosmopolita- caótica en cierto modo. En ella el hampa se podía mover con cierta facilidad. El Compás era el lugar de reunión del hampa sevillana de la época. Otro aspecto de esta Sevilla era la religiosidad, a la que también se alude en la novela que nos ocupa. La doctrina de la Inmaculada Concepción fue acogida en ella con mucho fervor. Así, sabemos que Pedro de Castro, Arzobispo de Sevilla, afectado de este fervor y adoración mariana, ordenaba en 1610 el cierre de los burdeles sevillanos en los días consagrados a la Virgen, al tiempo que recomendaba a las muchachas llamadas María que no trabajasen en ellos. Si bien es cierto que esto ocurría años después de la composición de Rinconete y Cortadillo, no es menos cierto que el ambiente fervoroso ya existía allí, y así lo demuestra un diálogo entre los truhanes en el que uno de ellos manifiesta que «...ni tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sábado». Por otra parte hay testimonios de la existencia en Sevilla, ya en aquel tiempo, de cofradías que realizaban procesiones o sacaban pasos con motivo de festividades religiosas. Este fervor sevillano por la Virgen y las procesiones ha sido tan fuerte que se ha prolongado hasta nuestros días.

La detallada ilustración acerca del ambiente sevillano de la época que realiza Cervantes, es probable que se deba a las observaciones llevadas a cabo durante sus repetidas estancias en la ciudad hispalense. No hay que rechazar el que nuestro autor mantuviera relaciones con gentes del hampa, lo que explicaría el conocimiento minucioso que demuestra con respecto a sus formas de actuación.

Los personajes y la sociedad[editar]

Rinconete y Cortadillo (F. Coullaut-Valera, 1960). Detalle del monumento a Cervantes en la Plaza de España de Madrid.

En cuanto a los personajes y comenzando por los dos centrales, Rinconete y Cortadillo, hay que señalar que no son sino una repetición del mismo tipo. Ambos han salido de su casa por amor al dinero, pero también vagan con ansias de libertad e independencia. Éstas parecen ser las causas de que abandonen el hogar, en el que, a excepción de Cortadillo, no hay muchos problemas. La miseria, pues, no aparece aquí como la causa de su vagar.

El resto de personajes se muestra más difuso y sólo en Monipodio pueden advertirse rasgos paternalistas. Monipodio es como un padre y como tal se desenvuelve en esta comunidad; es temido, admirado y querido; tiene prestigio y fuerza para resolver las querellas, así como para asumir la representación de toda la cofradía a fin de defenderla y administrarla. En realidad esta «comunidad» tiene la forma de un gremio, asociación que agrupa a los artesanos de un mismo oficio. Efectivamente, la organización gremial era cerrada y solidaria; en ella se daban el reparto proporcional del trabajo y el auxilio a los enfermos y desvalidos. Y se encontraba bajo la advocación de un santo. Ello no es sino un vivo retrato de la «cofradía» de Monipodio.

No se descarta la existencia de auténticas cofradías del hampa en aquella época; una especie de «mafia» del siglo XVII. En cualquier caso, es patente que se cometían robos, asesinatos y venganzas por encargo y, muy posiblemente, ello fuera producto de ese amor al dinero característico del momento. El hampa estaba organizada, y no sólo organizada y con santo patrón, sino que, además, tenía hasta su propio lenguaje: las germanías, jerga utilizada por los rufianes de aquel tiempo.

Cabe destacar el fuerte espíritu religioso de la época del que, no sabemos si con ironía, Cervantes hace partícipes a sus personajes. El sentimiento religioso en España estaba muy acentuado: hay que tener en cuenta que se vivía la Contrarreforma. Tal espíritu se da también en los personajes del hampa de la obra; así, vemos como éstos cumplen «piadosamente» con los preceptos religiosos: rezan el rosario, no roban (es decir, «guardan») los viernes, sienten devoción por las imágenes, dan misas por los difuntos... Esta piedad que muestran los hampones puede que no sea sino un recurso utilizado por Cervantes para satirizar a la alta sociedad, muy preocupada por su imagen exterior pero, en realidad, carente de escrúpulos; un mundo dónde tiene más valor la apariencia que la propia realidad. Posiblemente nos encontremos ante una crítica del autor a las fórmulas y ceremonias vacías que con tanta profusión se daba en aquel tiempo, tal vez como consecuencia de las influencias erasmistas que pueden advertirse en Cervantes.

La sociedad que forman los malhechores es una imagen deformada de la sociedad «respetable»; tiene sus leyes, su código de honor, etc., lo que viene a confirmar que sólo se vivía de acuerdo con la forma externa, máxime si tenemos en cuenta que son las clases más elevadas las que encargan al hampa los trabajos sucios. Valga como ejemplo el caballero que paga a la cofradía por una puñalada de «catorce puntos» a dar a la persona por él señalada. No menos significativo para demostrar la degeneración y corrupción de la época es el caso del alguacil, funcionario de la justicia que a cambio de dinero hace la vista gorda a las actividades de los delincuentes.

En conclusión, podemos afirmar que el pícaro es un personaje que encuentra un caldo de cultivo muy apropiado para su proliferación en la España de fines del siglo XVI y todo el XVII, en los que la decadencia moral y económica, unida al espíritu contrarreformista, producen una sociedad muy preocupada por la forma exterior y el espiritualismo pero que en la práctica muestra un crudo materialismo.

La ejemplaridad de la novela, por otra parte tan puesta en duda, podría encontrarse en este sentido, y se resumiría en el famoso refrán de «a Dios rogando y con el mazo dando».

Referencias[editar]

  1. a b «Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes». Consultado el 21 de julio de 2011.

Enlaces externos[editar]